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lunes, 23 de diciembre de 2019

Más allá de mis canciones. Andrés Suárez. Aguilar. 2017. Reseña





     En su primer libro, Más allá de mis canciones, el cantautor de Ferrol Andrés Suárez (1983) repasa esos momentos, esas sensaciones, esos sucesos que han ido originando algunas de las mejores canciones de sus siete primeros discos, desde aquel lejano De ida (2002) hasta su último trabajo, titulado Desde una ventana (2017), aparecido unos meses antes que el presente libro. La colección reúne una quincena de temas, entre los que destaca quizá el más autobiográfico de ellos, Tengo 26, en el que nos narra cómo era su vida en 2009, momento de composición de la canción, y nos cuenta la importancia que para él tienen sus padres --no hay concierto en el que no los nombre, sobre todo a su madre--, sus hermanos, sus amigos y la música de autor.

     Hubo de abandonar Pantín para ir a buscarse una carrera musical al Madrid del Libertad 8, lugar de culto para los amantes del género de los cantautores, donde antaño se gestaron los Pedro Guerra, Ismael Serrano, Tontxu o Javier Álvarez, y más recientemente el propio Andrés, Luis Ramiro o Alfredo González. Como canta en el ya reseñado Tengo 26, echó de menos a sus padres, a sus hermanos (los mellizos Laura y Pablo) y a sus amigos (los tres mosqueteros: Javi, Brais y Miguel), bebió demasiado, trabajó mucho más, porque a nadie le regalan un éxito, se vio muerto en un lavabo teñido del rojo de su propia sangre, vivió feliz, aunque sin dinero, conoció gente nueva (sus inseparables Jorge y Raúl) y cantó en las calles y en muchos locales todavía vacíos para recibirlo.

     Repasa en las primeras páginas del libro una infancia feliz en la que los abuelos a los que conoció, Mundo y Soledad, que nunca abandonaron la playa de Baleo, fueron preparándolo para la vida: escuchándole cantar sonriente ella, para la que a veces sigue cantando en exclusiva; introduciéndolo en el horrible mundo del alzheimer, él, que jamás olvidó, no obstante, las letras de los boleros que cantaba a sus rosales y a su nieto Andrés. Confiesa nuestro protagonista que no llevó muy bien el nacimiento de sus hermanos mellizos, siempre juntos ellos. Y afirma ser quien es gracias a sus padres, dos obreros de costa que jamás impusieron mi camino. Así, nos canta que Soy fruto de un cuento que escribió mi padre, mi madre lo cantó. 

     Rosa y Manuel es el primero de los temas de los que nos habla Andrés en este libro. Es la historia de sus abuelos, aunque con diferentes nombres. La canción que años después provocaría que el gran Víctor Manuel se ahogara en sus lágrimas describe la terrible enfermedad del alzheimer y cómo esta devasta todos los recuerdos que encuentra a su paso. Una gran canción de amor eterno entre dos seres que no pueden vivir el uno sin el otro. Difícil imaginar cómo vivió aquello un niño que se daba cuenta de que su abuelo no le devolvía besos y abrazos, olvidaba fechas y cómo vestirse, pero no las letras de los boleros y la forma en que cuidar de sus rosales. Como si el disco duro de su cerebro solo se borrara en partes desiguales e inconexas.

     El sexo, el amor y el desamor, como no podía ser de otra manera, juegan un papel fundamental en las letras de un cantautor. Andrés no podía ser una excepción. La mayoría de sus canciones nos hablan de todo ello. Te doy media noche es un ejemplo. Un amor no correspondido por una mujer que ofrece media noche a alguien que estaría dispuesto a darle una vida y media. Algo tremendo y cruel, pero cotidiano. Así es esto del amor, claro. Aunque a veces le cambia a uno la vida. Como le ocurre en La vi bailar flamenco, canción en la que un gallego sueña bulerías en Cádiz, un diez de abril, al conocer y enamorarse perdidamente de una bailadora de flamenco a la que, a pesar de buscarla una y otra vez, no volverá a ver jamás. Toda una maldición, sin duda.

     Y es que Andrés ha viajado mucho --no menos que sus canciones, por supuesto--, y ello le ha permitido conocer mucho mundo y algunos/as de sus habitantes. Los bares son un buen lugar para ello. Nada de lo que ocurre en los bares es azar, afirma. Los del sur, mejor todavía. A Andrés, que jamás renegará del norte, le encanta el sur. Muchas de sus canciones se desarrollan allí. Como Dama que pinta en el sur, tema en el que una dama capaz de pintarlo todo no fue capaz de pintarme feliz. También la letra de Una noche de verano hace referencia a un bar andaluz. En este caso, también al desamor. No maldigo su mentira, solamente este querer. Complicado resulta no sentirse identificado con semejante sentimiento.

     Apenas te conozco cuenta la historia de cómo una cajera de supermercado con dos carreras salvó un vida con solo una sonrisa. A veces hay más vida en los mercados que en los bares, escribe Suárez. Y, sin embargo, a menudo uno ha de decirle a alguien que No te quiero tanto para poder afrontar una pérdida tras una época de borrachera sexual y/o amatoria. Un bálsamo sanador que nos prepare para el próximo amor, quizás el definitivo, siempre resulta más amable. Porque encontrar otro amor al que decirle que no latiré sin ti, como en la canción Estrellas, tema en el que dos jóvenes deciden largarse juntos para crear entre ambos la historia más dulce en el cielo, es una bonita forma de despedirse del mundo hasta entonces conocido. 

     Si llueve en Sevilla --¡otra vez el sur!-- es la historia de una persecución que finaliza cuando el perseguidor ya ha creído en su derrota. Se refugia en un bar --¡otra vez un bar!-- y resulta que, casualmente, quien le sirve su copa es aquella a la que acababa de perder por las calles mojadas del barrio de Triana. Nunca antes había deseado el cierre de un bar, nos cuenta Andrés en la explicación del origen de este tema. El hombre, la guitarra y el mar se unen para dar vida al amor eterno. Y, aunque de nuevo la historia no fructificó del todo y la cuestión solo queda en su memoria, en sus retinas y en sus canciones pasadas, presentes y futuras, nos canta que si llueve en Sevilla es que estoy recordando su piel.   

     De aquel chaval, auténtico artesano de la música, como a él le gusta calificarse --y doy fe de que lo es en el pleno sentido de la palabra--, que hace una década llegó a tocar para tan solo cuatro personas y que hoy llena estadios de veinte mil espectadores, poco ha cambiado. Ya no tiene 26, sino 36, y sigue siendo como fue por aquel entonces: original, pasional, enérgico y vital. Sigue bebiendo de los mismos maestros a los que siempre defiende --Serrat, Sabina, Aute, Silvio, Milanés, etc-- y leyendo libros de todo tipo, sobre todo poesía. Afirma que no soy poeta. No soy tanto. Pero cualquiera de sus seguidores, y cada día somos y seremos más, no compartimos su opinión a este respecto. Muy pronto, a principios de 2020, será publicado su octavo disco, en el que volverá a demostrar que, aunque él se empeñe en decir lo contrario, sí es poeta. Es tanto...             

      

viernes, 23 de noviembre de 2018

Reina roja. Juan Gómez-Jurado. Ediciones B. 2018. Reseña





     Hace quince días salió al mercado la séptima novela del escritor madrileño Juan Gómez-Jurado. Que es un autor que atrapa a sus lectores de principio a fin es algo que todos nosotros sabemos. Que la intriga no es su única aliada pues a ella suma el carácter aventurero de sus historias y unas altas dosis de psicología para describir a sus personajes, obvio. Y que reseñar una obra suya es una labor harto complicada ya que uno siempre corre el riesgo de deslizar algún que otro spoiler sin ser siquiera consciente de ello --a mí mismo me ocurrió con su anterior trabajo, ¡qué se le va a hacer!--, también. Sin embargo, después de reflexionar y santiguarme, lo voy a intentar. 

     Reina roja es un nuevo thriller --como todas sus novelas con la única excepción de La leyenda del ladrón, hasta ahora su mejor obra en mi modesta opinión-- en la que nos encontramos a dos personajes muy interesantes. La protagonista principal, la Reina roja, Antonia Scott, es una mujer de inteligencia superdotada, lo cual es un don pero también, en numerosas ocasiones, una piedra en el camino de su vida. Colaboradora de la policía en casos especialmente difíciles de resolver, ha salvado no pocas vidas y ha hallado la solución a trabajos muy controvertidos. En el último de ellos lo perdió todo, y vive recluida durante los últimos tres años en un piso del barrio de Lavapiés.

     Un piso del que no tiene intención ninguna de salir. A no ser para pasar las noches en el hospital velando a su esposo, quien se debate entre la vida y la muerte en estado vegetativo por culpa suya. A Antonia no le interesa en absoluto nada de cuanto acontezca fuera de ese piso vacío --porque ha eliminado cualquier vestigio de su existencia en común con su marido e hija para ahorrarse el sufrimiento que ello supone-- o en la referida habitación de hospital. Su estado mental corre, pues, grave peligro. Tanto que piensa a diario en el suicidio como forma de librarse de un dolor cada día más insoportable. 

     El inspector bilbaino Jon Gutiérrez es el protagonista masculino de la historia. Buena persona y mejor policía, se ha visto envuelto sin embargo en un grave caso de corrupción, por el cual ha sido suspendido de empleo y sueldo por el cuerpo de policía. Solitario, homosexual y muy sensible, piensa sobre todo en su madre y en acompañarla al bingo, única distracción de la pobre anciana. Con muy poco que perder, dada su situación, acepta una tarea a priori fácil: convencer a Antonia para que vuelva a su anterior trabajo. Su misión, no obstante, pronto se le antojará prácticamente imposible de cumplir. Pero se implica al cien por cien, porque, a cambio, un enigmático personaje lo ayudará a limpiar su nombre e imagen. 

     El desconocido y misterioso nexo de unión entre Antonia y Jon se hace llamar Mentor, y es el descubridor del gran don de la mujer. Jefe del operativo de tareas especiales en España de una red a nivel europeo, se dedica a mover los hilos necesarios para que ambos puedan realizar sus gestiones sin levantar sospechas ni susceptibilidades. A menudo cruzando líneas muy finas entre lo correcto y lo que no lo es. Y este caso, especialmente, requiere traspasar muchas líneas. Porque un tal Ezequiel ha asesinado al hijo de la banquera más importante de Europa y ha secuestrado a la hija del mayor empresario del continente.

     Y lo más perturbador de todo es que el móvil de ambos casos no es, como se podría pensar en un principio, el económico. No, Ezequiel no ha pedido rescate alguno, sino algo que los padres de ambos jóvenes no pueden cumplir aunque quieran y esté en sus manos. Y es ese intrigante misterio y el conjunto de aventuras que deben correr Antonia y Jon para cerrar los casos los que mantienen en vilo al lector hasta que todo se resuelve --¡con sorpresón incluido!-- en la última de las más de 560 páginas de que consta la novela. Una novela que llegará a introducirnos de lleno en el hasta ahora desconocido subsuelo de la capital de nuestro país.

     Gómez-Jurado repite la fórmula que le está dando tantos y tantos éxitos. A saber: intriga a raudales, peleas, persecuciones y explosiones, hondas reflexiones psicológicas y vitales, grandes dosis de humor y una narración de alto ritmo que no deja descansar al lector. Un lector que, al terminar un capítulo, no puede evitar la tentación de pasar página y continuar leyendo para ir esclareciendo los casos que se nos presentan. Algo que jamás logra, por cierto. Porque solo una mente como la de este autor --y unos pocos más en el resto del mundo-- es capaz de crear estas tramas. Una redes tejidas con la precisión de las más audaces de las arañas.

     En definitiva: Reina roja es otro novelón de Juan Gómez-Jurado que, aunque no llega al nivel de La leyenda del ladrón o El paciente, sí se sitúa en el podio de sus mejores obras al mismo nivel que Cicatriz o El emblema del traidor. Lo cual ya es mucho, muchísimo, tratándose del autor de thriller de mayor trayectoria en nuestro país (y en parte del extranjero). Eso sí: espero que no la lean Ana Botín o Amancio Ortega... Esperando la próxima...                      

                

viernes, 1 de junio de 2018

Se llamaba Manuel. Víctor Fernández Correas. Ediciones Versátil. 2018. Reseña





     El escritor extremeño afincado en Getafe Víctor Fernández Correas ha despejado dudas con su última novela. Si ya había dado muestras de su carácter polifacético con sus dos primeras obras --La conspiración de Yuste, en la que narró los últimos meses de vida del emperador Carlos V, y La tribu maldita, donde incluso hizo hablar a los hombres de Atapuerca--, con Se llamaba Manuel, novela que aborda temas diferentes que iré desarrollando de forma paulatina a lo largo de esta reseña, termina por demostrarlo de una manera clara y meridiana. Tercera novela publicada --que no escrita--, y ninguna de ellas tiene nada que ver con las demás. Algo que no está al alcance de cualquier escritor. Motivo, sin duda, para felicitar a este autor.

     Se llamaba Manuel se podría calificar como thriller por cuanto mantiene el suspense en todo momento en cada una de sus tramas y sub tramas. Sin embargo, también presenta rasgos de la novela costumbrista e incluso de la histórica. Costumbrista por la constante aparición de los artistas y las canciones de moda en el Madrid de los años 1952-3 (Antonio Machín, Gloria Lasso, Jorge Sepúlveda, Osvaldo Farrés, Nati Mistral, Conchita Piquer o Amália Rodrigues); los característicos trajes, vestidos, abrigos, gabanes y borsalinos de los madrileños de la época; y los cafés, clubs, cines, plazas, avenidas, calles y poblados de chabolas de la capital madrileña. Por no hablar del Metropiltano, antiguo estadio del Atlético de Madrid.

     Los rasgos de novela histórica también constituyen partes importantes de las tramas de esta historia. La principal: las negociaciones entre los gobiernos estadounidense y español en relación a las bases militares de los primeros en territorio nacional en plena guerra fría, en pleno enfrentamiento entre el comunismo --apoyado incluso desde dentro de nuestras propias fronteras a base de acciones de espionaje y sabotaje a cargo de células infiltradas en el tejido social español que debieron hacer frente a la policía política franquista-- y las nuevas democracias occidentales. Unas negociaciones descritas a la perfección en esta novela, con sus avances y sus tira y afloja entre las partes. A EE. UU. le urgía la conclusión de las mismas, y para España era muy importante su economía y su seguridad nacional.

     La guerra de Corea, la presencia de armas atómicas, el relevo en la presidencia de los EE. UU., la llegada a ella de Eisenhower, el precario estado de salud de Stalin (que falleció en marzo de 1953) y los diferentes caracteres de los negociadores (el general McKormick y Andrew Morton por parte de los EE. UU. y el teniente del Ejército de Tierra Arturo Saavedra y el general Agustín Malo de Molina por parte de España) son factores que nos dan una idea de lo complicadas que fueron estas negociaciones. Negociaciones que, como todos sabemos, concluyeron de forma positiva para los intereses de ambas partes. Sobre todo para España, que fue definitivamente reconocida internacionalmente. Aspecto, este, redondeado muy pocos meses después con la firma del Concordato con la Santa Sede. 

     La novela, además, nos habla de la infinita soledad de sus protagonistas. Para ello, se apoya en la famosa frase del Génesis --no es bueno que el hombre esté solo-- y en diversos fragmentos de una de las obras cumbre del inmortal Miguel Delibes, La sombra del ciprés es alargada. Como grandes ejemplos de lo anterior tenemos a los principales protagonistas de la trama: Marga Uriarte, la femenina, y Gonzalo Suárez, el masculino. En ambos casos, resulta sorprendente su absoluta incapacidad para entablar relaciones serias con nadie. El pasado, que siempre está presente, se lo impide. Y es que, a veces, la mochila es demasiado pesada para soportarla. Más si cabe en un país en el que reinaban la hipocresía, el libertinaje, la inmoralidad y las bajas pasiones.

     Escribe Fernández Correas sobre la España real frente a la que se propagaba por prensa, radio y púlpitos de iglesia. Esa España católica, apostólica y romana. Así lo explica en este párrafo: solo faltaban dos meses para la boda. Uno y otra sabían que debían pasar por el trámite para estar juntos; perfectamente evitable a sus ojos, pero no a los de una sociedad que se regía por costumbres ancestrales. Una cosa era lo que ellos quisieran y otra lo que imponían el momento y todo lo que conllevaba: padres, amigos, el sacerdote del barrio... También habla sobre la ilusión. Intacta, imperecedera. Una ilusión a la que agarrarse. Una ilusión que el protagonista principal se niega a arrancar a los inocentes, a las víctimas, a los marginados.         

     Y esa es una de las grandes enseñanzas de la novela: ser positivo en lo negativo, conservar la ilusión, coger al toro por los cuernos en las peores situaciones, luchar por una existencia mejor en una España en la que, según decía la letra del Cara al sol y se repetía desde el gobierno, volvía a amanecer. Pero no para todos. Porque, en contraposición a ese himno, existe otro que nos habla de que sus jugadores luchan como hermanos defendiendo sus colores. Derrochando coraje y corazón. El himno del Atlético de Madrid. Equipo del inspector Gonzalo Suárez. Equipo de Víctor Fernández Correas. Equipo de miles y miles de socios y aficionados. Equipo de servidor.

     El Madrid y su ambiente, sus gentes y sus vestuarios, sus luces y sus sombras cobran vida ante nuestros ojos de la mano de un autor versátil que sigue progresando con cada novela que publica. Desde este modesto blog, servidor no puede hacer más que recomendar la lectura de una novela que entretiene, enseña e ilustra sobre nuestro pasado. Un pasado que vuelve, una y otra vez. Contra el que debemos luchar. Aunque sea derrochando coraje y corazón...           


viernes, 26 de enero de 2018

El círculo del alba. Luisa Ferro. Planeta. 2016. Reseña





     Madrid, esta ciudad que es mujer, que reparte hostias como panes, también sabe encandilar con dulces besos de violetera. La frase, que aparece casi en la recta final de la acción de la novela, sirve para ejemplarizar y demostrar la presencia de la ciudad capital de nuestro país en cada una de las páginas del segundo trabajo de la madrileña Luisa Ferro (1967). Como un personaje más de la trama, Madrid y sus calles adoquinadas, múltiples tipos de carruajes tirados a caballo, elegantes palacios, jardines, fuentes, puentes, museos y villas circundantes se nos muestra de tal manera que nos parece estar viajando en el tiempo por lo que fue la ciudad hace más de un siglo.

     Monitora de taller literario, correctora de estilo y escritora, Luisa Ferro comenzó escribiendo relatos que fueron apareciendo en antologías como Crónicas de la Marca del Este II, Legendarium III o Fantasmagoria. Otros de sus primeros trabajos breves recibieron premios y menciones en importantes certámenes literarios de nuestro país. En 2014 dio el salto a la novela, publicando su opera prima Alcander (Click Ediciones), una novela romántica de fantasía paranormal, género en el que destaca especialmente, tal y como se puede apreciar también en diferentes pasajes de El círculo del alba, su segundo trabajo como novelista.

     Pese a que la acción se desarrolla en 1903, las primeras páginas hacen referencia a un asesinato acaecido en enero de 1878, justo el día de las bodas reales entre el rey Alfonso XII y María de las Mercedes de Orleans. Alba, la víctima, tenía nueve años y había aparecido muerta, desnuda, con el pelo y las cejas rasurados, con una enorme cicatriz a lo largo del esternón y la manita derecha cerrada sobre el corazón. Como las otras cinco pequeñas aparecidas días atrás, todas ellas casi idénticas, presentaba claros síntomas de haber estado recluida en un cubículo de reducidas dimensiones. Además, entre los dedos de la mano que descansa sobre el pecho de cada víctima siempre aparece una cría de golondrina muerta. Y en el interior de su buche, una libélula azul común. Y todas las niñas han sido abiertas en canal para extraerles el corazón. De ahí la inmensa sutura que fragmentaba en dos el diminuto tórax.

      Arturo del Romo, jefe de policía, y Ernesto Olmedo, joven estudiante de último curso de Medicina y Cirugía que se encarga de los temas forenses como asesor policial, se encargan de la investigación del caso. Caso que, pese a los enormes esfuerzos, quedará finalmente sin resolver. Hasta que, casi olvidado, en 1903, justo veinticinco años más tarde, todas estas circunstancias se repetirán de nuevo con los mismos patrones. Del Romo contará entonces con la colaboración de Bruno Moreto, sobrino de Olmedo, recientemente fallecido en extrañas circunstancias (supuesto e increíble suicidio). Juntos, tratarán de cerrar de una vez por todas el inconcluso caso.

     Sin embargo, el testamento de Olmedo encierra un secreto que pronto será desvelado: deja la herencia de su funeraria, La Luz de Helios, incluidas todas sus deudas, a un hermano suyo desconocido por Bruno. La llegada de Hugo Bonaventura, un conde italiano con fama de vividor, pondrá patas arriba la vida del joven, al que le cuesta asimilar todo lo que está ocurriendo a su alrededor. El incierto futuro económico de Bruno, sus preguntas sobre la gravedad de lo ocurrido entre ambos hermanos (suficiente como para dejar de hablarse durante tantos años) y la repetición del ciclo de extraños asesinatos dará un giro inesperado a su hasta entonces relajada vida.

     Bruno y Bonaventura, pese a sus diferencias iniciales, se verán obligados a confiar el uno en el otro para salir de sus problemas: recuperar el resuello económico perdido y destapar un misterio que se hunde en el pasado más oscuro de su hermano y tío respectivamente. Tras décadas de silencio, el recolector de cadáveres ha reaparecido, y dar con él será mucho más que un caso policial: una manera de rendir cuentas a quien pueda estar detrás del asesinato de Olmedo. El papel de Del Romo será clave de todo ello en un principio. En este sentido, la caracterización psicológica de los personajes y su evolución a través del tiempo es una de las cuestiones más destacables de la novela.

     La sociedad madrileña de principios del siglo pasado también está magistralmente trazada en las páginas de El círculo del alba. Desde la opulencia más burguesa hasta la pobreza más absoluta; desde el mundo de las apariencias hasta la realidad más cruel; desde los clubs de alterne y perversión hasta los privados solo para ricachones; desde las sesiones espiritistas hasta los revolucionarios y todavía no muy divulgados estudios de Sigmunnd Freud. Todo tiene cabida en una novela que atrapa desde la primera línea y que, por tanto, debe ser recomendada por cualquier tipo de lector: aventura, fantasía, romanticismo, pasiones, asesinatos, investigaciones policiales, medicina, botánica, etc.

     En definitiva, estamos ante una gran novela. De las que puede atraer a todo tipo de público, pues abarca prácticamente todos los grandes temas de la historia de la literatura. Y, todo ello, a través de una narrativa impecablemente sugestiva, descriptiva y reflexiva que, además, recuerda a las formas narrativas de antaño, haciendo un claro guiño a los estilos narrativos de la época que tan bien recrea la novela.                                                    

     

miércoles, 30 de noviembre de 2016

La colmena. Camilo José Cela. Clásicos Castalia. 1987. Reseña





     Cela escribió La colmena entre el Madrid de 1945 y el Cebreros de 1950. Cinco años de idas, venidas, correcciones, reeescrituras, más revisiones e incluso luchas contra la censura franquista. Cinco años en los que debió volverse loco encajando las piezas de un puzzle cuya resolución, me temo, solo conoció y conoce él, incluso más de medio siglo después de regalarnos una obra inmortal por varios motivos. Cerca de trescientos personajes en apenas trescientas páginas. Ahí es nada. Tres días. Una ciudad. Sexo, mucho sexo. Prostitución. Homosexualidad. Miseria. Una técnica narrativa que combina el narrador omnisciente clásico y otro, bien diferente, que comenta las actitudes de sus personajes, llegando en no pocas ocasiones a ironizar sobre ellos e incluso a burlarse de ellos. Pero, vayamos por partes. 

     La obra vio la luz en 1951 en Buenos Aires. En España tardó cuatro años en conseguir ganar la última batalla a la censura franquista. Las causas: las continuas referencias al sexo, el ambiente de prostitución y homosexualidad, la miseria de Madrid que presentaba. Aspectos que, en suma, no decían nada bueno de la España de la época. Un verdadero escándalo. Además, la novela no tiene un hilo argumental establecido. Más bien, es la suma de una gran multitud de escenas que en ocasiones nada tienen que ver entre sí. Anécdotas que acaban por conformar un conjunto de vidas cruzadas a modo de celdas de colmena. Una colmena --no se me ocurre un título mejor para esta novela--, la Madrid de finales de noviembre de 1943, que se convierte en la gran protagonista de la historia.

     Una Madrid descrita a base de retales de historias repletas de miseria, incomodidades, incertidumbre, inestabilidad, marginación. Y un Cela retratando la realidad social y política de la ciudad de manera excelente. Seleccionando solo lo preciso de cada una de las acciones de los trescientos personajes citados en el texto. Todo ello, fruto de un enorme trabajo de encaje, reflexión, estudio sociológico que uno no quiere siquiera imaginar. No es de extrañar que al autor le llevara cinco años plasmar sobre el papel la historia tal y como la tenía concebida en su mente. Y unos personajes, los carnales, que pertenecen a la clase media baja y a la burguesía venida a menos. Personajes que viven atrapados, cuyos mirares jamás descubren horizontes nuevos y que viven en una claustrofóbica mañana eternamente repetida.

     La novela está tan bien escrita que la aparente espontaneidad de la narración logra esconder ese cuidadosísimo trabajo de perfeccionamiento estilístico. La gran multitud de diálogos se combinan con unas narraciones que en unas ocasiones son tan largas que más bien parecen discursos y en otras, en cambio, son cortantes, directas, abruptas. Algo solo al alcance de un escritor de diez. Y valiente, muy valiente. Más todavía, teniendo en cuenta el contexto: posguerra, censura, enfrentamientos, divisiones, miedo. No en vano, la censura civil aconsejó su publicación solo si el autor atenuaba ciertas escenas, mientras que la eclesiástica la rechazó por atacar el dogma y la moral y poseer un escaso valor literario. Por suerte, en breve, podremos disfrutar de esta obra sin censuras de ningún tipo, tal y como fue concebida.

     Dice la crítica que, para escribir La colmena, Cela bebió de la literatura española anterior: de la novela picaresca --de personajes que deben buscarse su sustento de mil y una ingeniosas maneras, olvidando cualquier moral que no sea la de la mera supervivencia--, del esperpento de Valle-Inclán --muy de utilizar la colectividad como un personaje, utilizando técnicas deformadoras de la realidad--, de las novelas abiertas con multitud de personajes de Pio Baroja --para quien la novela ha de reflejar la vida misma--; pero también de la renovación novelística europea (Joyce, Proust, Sartre) y norteamericana (Dos Passos, Faulkner), que buscaba no solo describir sino denunciar la realidad a través de una compleja estructuración y temática. Todo ello, además, salpicado de escenas de sexo nada apropiadas para la época. 

     Si debiéramos resumir el comportamiento de los personajes de carne y hueso de la novela en una sola palabra no habría otra mejor que insolidaridad. Al menos durante el primer noventa por ciento de la obra. Cada uno de ellos, como ha quedado dicho ya, abandona toda moralidad para proporcionarse su propia supervivencia. Así ocurre durante la mayor parte de la novela, salvo en escasas y honrosas excepciones en las que algunos de ellos se prestan dinero, se pagan cafés --¡los cafés son los otros grandes protagonistas no carnales de la novela!--, o incluso piensan en prostituirse para conseguir dinero con el que curar a su novio tullido. En cambio, en las últimas páginas, ante el cariz de unos acontecimientos que desconocemos los lectores pero no los personajes, estos se vuelven solidarios, empáticos, dignos.

     En efecto, ha de meterse en un lío el poeta Martín Marco, protagonista que sirve de nexo de unión entre unos personajes cuyas relaciones parecen no tener nada en común justamente hasta ese desenlace sorprendente y abierto, para que estos saquen lo mejor de sí, dejando de ver únicamente sus propios ombligos, para tratar de ayudarlo y ponerlo a salvo de un peligro que desconocemos y que nos hace quedarnos con ganas de más. Solo entonces la sociedad individualista de la colmena se transforma en una nueva colmena en la que cada uno de sus moradores da la talla de verdad y se preocupa por el prójimo. Ya se sabe: la desgracia, une.  

     Por todo ello: por la temática tratada, por su estilo narrativo, por sus variadas técnicas de expresión, por denunciar la realidad de una sociedad patriarcal de puertas para afuera pero matriarcal en la esfera meramente doméstica, por escribir sin tapujos sobre sexo, por reunir en una misma obra las distintas tradiciones literarias españolas y extranjeras, por abrir un nuevo camino a seguir por la literatura de posguerra española, por, en definitiva, contar lo que cuenta y hacerlo como lo hace, La colmena ha pasado, por méritos propios, a la historia de nuestra literatura. Y también de nuestro cine. Conviene no pasar por alto la versión cinematográfica dirigida por Mario Camus en 1982, protagonizada, entre otros, por Paco Rabal, José Sacristán, José Luis López Vázquez, Victoria Abril o Ana Belén.   

          

     

jueves, 24 de diciembre de 2015

Hombres buenos. Arturo Pérez-Reverte. Alfaguara. 2015. Reseña





     Apenas una década antes de la Revolución Francesa dos miembros de la Real Academia Española de la Lengua fueron enviados por el director la misma, don Francisco de Paula Vega de Sella, y el resto de sus compañeros a París con el objetivo de comprar y llevar a su sede en Madrid los 28 volúmenes de la Enciclopedia de Diderot y D´Alembert. La aventura que emprendieron aquellos dos hombres buenos es la que recoge en esta magnífica novela el periodista y escritor Arturo Pérez-Reverte. Una novela que, quizá, sea la que mejor retrate a su autor como escritor y como intelectual. Porque le encontramos serio, ácido y crítico con la España de finales del siglo XVIII. Una España, la de Carlos III, que se resistía a los cambios que venían desde una Francia que alumbró el fin del Antiguo Régimen.

     Dice el autor, y no le falta razón, que en España, en tiempos de oscuridad, siempre hubo hombres buenos que, orientados por la Razón, lucharon por traer a sus compatriotas las luces y el progreso. Y no faltaron quienes intentaban impedirlo. Ese es, precisamente, el punto de arranque de la novela. Porque el bibliotecario de la Academia, don Hermógenes Molina, y el almirante don Pedro Zárate son esos hombres buenos de los que él habla. Por contra, aparecen otros dos académicos que buscan impedir que la Enciclopedia llegue a Madrid: el periodista conservador (y poeta mediocre) Miguel de Higueruela y el filósofo radical Justo Sánchez Terrón.

     En ambos bandos -por llamarlos de alguna manera- hubo contrastes. Mientras don Hermes es un hombre educado, respetuoso y profundamente religioso que alaba las virtudes de lo español, don Pedro Zárate es claramente anticlerical y crítico con los impedimentos que la Iglesia católica pone a los avances del progreso. Y entre don Miguel y don Justo también encontramos las mismas diferencias, aunque desde posiciones mucho más radicalizadas y encontradas. Eso sí, los dos comparten los mismos deseos: que las Luces no pasen de los Pirineos. Exactamente lo contrario de lo que pretenden sus dos compañeros y el resto de académicos. La diferencia entre ellos la encontramos en que, a pesar de las distintas opiniones, don Hermes y don Pedro se acercan y traban una gran amistad durante el viaje, mientras que don Miguel y don Justo cada vez se llevan peor entre sí.

     Aparte de los problemas habituales en los viajes de gran distancia de la época otros dos se añadirán a la epopeya que vivirán los dos académicos: la difícil tarea de encontrar los 28 volúmenes de la primera edición -sin duda, la mejor y más fiable de todas las editadas hasta entonces-, adquirirla y traerla hasta España -recordemos que la obra formaba parte del Índice de libros prohibidos de la Iglesia católica, tanto en Francia como en España, por lo que todo debía hacerse con la máxima cautela y, desde luego, de manera clandestina- y librarse de Pascual Raposo, un sicario contratado por Higueruela y Sánchez Terrón para evitar que su empresa tuviera éxito -algo evidentemente desconocido por parte de los dos grandes protagonistas pero que les situará en varias situaciones de difícil solución a lo largo de la historia.

     Como cabe esperar, todos los protagonistas están tratados con gran delicadeza y exactitud psicológica y física por parte del autor, incluido el abate Bringas, personaje de ficción inspirado en el abate Marchena, un personaje que resulta asqueroso pero que conmueve a la vez. Un ser adelantado a su época, intransigente y vividor, que acabó siendo protagonista real de la Revolución Francesa en su época de máximo terror robespierrano. Un tipo peligroso pero que se entregará por completo a la gesta que supone hacer llegar a esa España cerril de la que tiempo atrás debió huir una obra que adelantaba la sangre de los culpables que iba a ser derramada tan solo diez años después.

     Me detengo en el abate Bringas porque es el personaje que más ha despertado mi interés, tanto por sus ideas, como digo, adelantadas a su época, como por su radicalismo anticlerical y antinobiliario. Sus lúcidas ideas y divagaciones contrastan con sus expresiones directas y descarnadas, sangrientas y violentas, que hacen santiguarse al bueno de don Hermes y sonreír al almirante, don Pedro Zárate. Un personaje digno de admirar, pero también de temer. Como ocurre con el sicario Raposo: otro tipo peligroso que únicamente piensa en llevar a buen término una misión muy bien pagada. 

     Demoledor resulta el contraste entre el Madrid de Carlos III y el París de la época; entre la mojigatería y el libertinaje, simbolizado en Madame Dancenis, personaje ficticio basado en Teresa Cabarrús; entre el atraso -moral, ideológico y filosófico- y la modernidad plena, de la mano de los enciclopedistas (a los que se suman Voltaire y Rousseau y también, en persona, Condorcet o Benjamin Franklin); entre la mente cerrada sobre sí misma y la abierta al mundo. Porque París en sí mismo es otro de los personajes de la novela: calles, plazas, carruajes, caballos, cafés, hoteles, boulevards, teatros, etc.  

     Y, como colofón a todo lo anterior, la técnica narrativa, que alterna pasajes de la historia del siglo XVIII con otros de la actualidad, incluyendo los motivos de escritura de la novela, el complejo y detallado proceso de documentación -visitas in situ, mapas, libros, grabados, cuadros, etc- y el proceso creativo de la historia contada. En realidad, el propio libro introduce una especie de anexo que, en lugar de aparecer al principio o al final del mismo, aparece diseminado entre las escenas y se encarga de enlazar las distintas partes del viaje y de la estancia de los académicos en París.

     En resumen, Hombres buenos -sin duda, una de las mejores novelas del año- es un conglomerado de historias, individuales y colectivas, que enseñan Historia y Filosofía, entretienen y muestran con todo detalle cómo eran el Madrid y el París del período pre revolucionario. Un gran libro que a buen seguro sabrán apreciar los amantes de la literatura en general y de las de aventuras e históricas en particular. 

        

lunes, 7 de septiembre de 2015

Malas tierras. Jordi Sierra Fabra. Alfaguara. 1994. Reseña





     Jordi Sierra Fabra es un periodista y escritor catalán dedicado al estudio del rock y a la literatura juvenil. A los doce años, haciendo gala de una increíble precocidad - sobre todo en aquel momento, 1960 -, ya había escrito una novela de quinientas páginas. Fundó revistas de reconocido prestigio, como El Gran Musical o Popular 1, y ha escrito numerosas obras - en total, más de cuatrocientas -, de las cuales ha vendido más de diez millones de libros. Algo al alcance de muy pocos escritores.

     Su literatura se caracteriza por un estilo directo marcado por los diálogos, el ritmo, las frases cortas y cierto suspense. Algo que también se puede comprobar al leer la novela que nos ocupa: Malas tierras. He de confesar que el motivo de haber leído este libro es su portada y su sinopsis. El hecho de que aparezca Bruce Springsteen y de que parte de su trama se desarrolle en uno de sus míticos conciertos en el Palau Sant Jordi de Barcelona sirvieron para que me decidiera con rapidez.

     Se trata de una novela urbana desarrollada en la Barcelona inmediatamente posterior a los JJ. OO. de 1992. Y dos son sus puntos de partida: Barcelona, con el referido concierto del Boss en el Sant Jordi, y Madrid, donde una niña y sus padres esperan en el Gregorio Marañón un corazón que no acaba de llegar. Mientras muchos rockeros disfrutan en Barcelona, una familia agoniza en Madrid. El tiempo se detiene para unos, pero vuela para otros. La felicidad y la desesperanza corren de la mano durante las casi doscientas páginas de la novela.

     Mientras la niña alterna episodios de sueño y duermevela, sus padres no quieren separarse de ella ni un solo segundo. Porque puede ser el último de vida de su pequeña y no se perdonarían no aprovechar cada instante. Ambos viven momentos de esperanza, pero también de dolor y amargura. La situación está clara: o aparece un corazón durante la madrugada o su hija morirá. En las escenas que se desarrollan en el hospital madrileño los sentimientos están a flor de piel. Un donante es todo lo que se necesita. Tan sencillo. Tan difícil.

     Descripciones de algunas de las escenas del concierto del Boss aparte, el centro de la historia desarrollada en Barcelona está marcada por las relaciones entre los cuatro protagonistas: Cati, una joven estudiante de veterinaria que demuestra una seguridad y una madurez a prueba de bomba; Cristo, un inseguro y joven guitarrista aspirante a formar parte de una banda de rock local; Toni, que a la semana siguiente debe abandonar la ciudad para viajar a Melilla e incorporarse al servicio militar - todavía obligatorio por aquellas fechas -; y Neli, una alegre y extrovertida zaragozana que ha viajado de incógnito a la ciudad condal para tratar de ver a Bruce.

     Cati es el típico bombón que toda madre quisiera como novia de su hijo. Cristo y Toni, claro está, la quisieran como novia, pero ambos son tímidos y no se atreven a declararle su amor. Cristo cree tener más tiempo para hacerlo. Cuando su amigo se vaya a la mili tendrá su ocasión. Pero para Toni esa es su última noche: o se declara a Cati o la pierde para siempre (según cree él). Esa angustia crea situaciones tensas entre los amigos a lo largo de la noche: concierto + fiestas nocturnas.

     Y la tensión crece también porque otro personaje, secundario al principio, va cobrando protagonismo. Un protagonismo que nos anticipa una tragedia final. Y es que según avanzamos en la lectura, vemos cómo la niña de Madrid va a ser salvada por uno de los jóvenes de Barcelona. Porque ese otro personaje, recientemente divorciado y sin encontrar plan para esa noche - tras fundir su teléfono llamando a todas las chicas conocidas -, se dispone a salir a conducir como un loco por las calles barcelonesas. Alguien va a morir para que la niña madrileña viva. ¿Quién? He ahí la clave.

     La cuestión es que, en el amanecer barcelonés, el gozo, la rabia, la esperanza y la casualidad se encuentran en una encrucijada que decide el futuro de prácticamente todos los protagonistas de la acción. Los sentimientos de los chicos y chicas quedan a flor de piel y el lector, sin quererlo, busca saber quién va a morir, tomando partido por aquél o aquellos protagonistas que mejor le caen. Así es la vida en ocasiones: la desgracia de unos suele ocasionar la suerte de otros. Y la casualidad juega un papel importante en ella, mal que nos pese a todos (a veces).        

    

lunes, 3 de noviembre de 2014

Yonqui. Paco Gómez Escribano. Erein. 2014. Reseña





     Paco Gómez Escribano ha cambiado completamente de editorial y de registro para presentarnos su tercera novela, Yonqui, en la que nos cuenta cuatro años de la vida de su protagonista, el Botas, un adolescente que lucha contra la sociedad de fines de la década de los setenta y comienzos de los ochenta; una sociedad que había robado la juventud y las esperanzas de futuro de toda una generación abocada a la miseria y al paro. Un tema de triste actualidad también en nuestros días, por cierto.

     Tras publicar El círculo alquímico y Al otro lado de la mano de la editorial Ledoria, el polifacético escritor, músico y profesor de Formación Profesional madrileño, del barrio de Canillejas para más señas, nos propone un viaje a su barrio de hace tres décadas y media para narrarnos, con un estilo claro y directo y con el lenguaje de la calle de aquella época, la vida de varios chavales que debieron crecer demasiado rápido. Muchos de ellos, incluso, morirían antes incluso de comenzar a vivir.

     Yonqui, publicada por la editorial donostiarra Erein, es una novela negra que destila realidad por los cuatro costados. Una realidad que quizás nadie desea recordar pero que existió. Una realidad que, mal que nos pese, consistió en drogas, prostitución, delincuencia y, ante todo, desesperanza. Pero que, en contrapartida, fue el germen, entre otras cosas, de la denominada movida madrileña.

     El Botas, huérfano de padre e hijo de una madre alcohólica que termina por fugarse con un vecino del barrio, arrastra, además, la muerte de su hermano mayor y la huida de su hermana a una comuna hippie de Ibiza. Ese sentimiento de soledad debe suplirlo de alguna manera. Y, claro, las malas compañías y las drogas se encargarán de ponerle las cosas todavía más difíciles. Víctima de los monos, se verá obligado a delinquir, junto a sus colegas - el Conejo, el Mecánico, el Chino, el Pumby, el Porras y el Nani, este último de tan solo trece años de edad -, para conseguir la droga con que alimentar su castigado espíritu.

     Los jóvenes no dudan en robar coches o motos, atracar joyerías y bancos y hasta rajar a quien se ponga en su camino con tal de llevarse el dinero suficiente como para ir tirando una temporadita - unos pocos días tan solo - y poder meterse en el cuerpo lo que sea. Y es que, como dice el propio Botas, el dinero, cuando se trata de caballo, nunca dura demasiado.

     Sin embargo, el autor nos muestra al protagonista como un tipo honrado. Yonqui, sí; delincuente, también; pero honrado. En más de una ocasión se mete en algún que otro lío por defender a alguien en problemas o menospreciado por otros que se creen superiores a él. Porque la dignidad, si es que todavía le queda algo de ella al chico, debe ir siempre por delante. Impotente ante el círculo vicioso en que se ve metido, no duda en mandarse encerrar por sus amigos durante tres días para pasar el mono y tratar de desengancharse del caballo. 

     Y serán el amor por Lola - una preciosidad a la que conoce en un tugurio de poca monta de otro de los barrios periféricos de la capital - y su encuentro con la música - nada más y nada menos que de la mano de los Burning y de un par de nuevos amigos a los que conoce en una breve pero decisiva huida a Santiago de Compostela - los motores de su lucha por alcanzar una vida diferente. La música será su válvula de escape y Lola su apoyo, su sustento, su motivo para vivir.

     Lola admite desde pronto su amor por el Botas, pero solo accede a ser su pareja en caso de que él se desenganche del caballo. Y la guitarra y su entrada en un grupo musical le ayudarán a buscar esa redención que le permita un cambio de rumbo en su maltrecha existencia y, de paso, entrar en contacto con personajes tan importantes en el mundo de la música como Pepe Risi, Antonio Vega o Jaime Urrutia, que se convierten en personajes más o menos secundarios de la novela.

     En resumen, lo que nos propone Gómez Escribano en Yonqui es un viaje al pasado de su barrio. Con todo lo bueno y lo malo que este implica. Y con la historia personal de un colgao que pierde a diario a familiares, amigos y conocidos pero que jamás se rinde a la hora de salirse con la suya. Si consigue alcanzar una vida mejor o no debe descubrirlo cada uno de los lectores. Dudo mucho, muchísimo, que ninguno de ellos se arrepienta de hacerse con la mejor novela (hasta la fecha) del bueno de Paco. Como e´l siempre dice: no somos na... 

martes, 25 de septiembre de 2012

25S: el rescate de la democracia



     La democracia está secuestrada. El 25S vamos a rescatarla. Así comienza el manifiesto promovido por la coordinadora del 25S, que se propone rodear el Congreso de los Diputados de Madrid hoy mismo para defender los derechos del pueblo - todos y cada uno de nosotros - en contra de un sistema que huele más a dictadura que a democracia.
 
     Dicho manifiesto prosigue con la causa principal de que haya que tomar medidas de urgencia: el secuestro de la soberanía popular a cargo de los mercados financieros con la colaboración y el consentimiento de la mayoría de los partidos políticos de este país, que han traicionado sus programas electorales, a sus votantes y a la ciudadanía en general contribuyendo al progresivo empobrecimiento de la población.
 
     El movimiento se propone rodear el Congreso porque considera que éste ha perdido su originario papel democrático de defender al pueblo para dejar que el sistema capitalista instaure un régimen económico insostenible y depredador. Depredador del país y de cada uno de nosotros. Por eso, es necesario hacer frente a quienes quieren dejarnos sin futuro. Y ello sólo es posible con los medios de que disponemos los ciudadanos españoles: la inteligencia colectiva para decidir y construir la sociedad que queremos y merecemos.
 
     Estas acciones son una manera de decirles a aquellos a quienes gobernamos - no a quienes nos gobiernan - que desobedeceremos sus injustas imposiciones, como la de pagar una deuda generada por su incompetencia, y que defenderemos los derechos colectivos universales: sanidad, educación, vivienda, empleo, etc. Para iniciar un proceso por el cual los verdaderos responsables de la actual crisis no queden impunes sino que sean juzgados por ello: por dejar que otros poderes usurpen el que debería pertenecer al pueblo.
 
     Rescatar el Congreso es lanzar una invitación a la unión de todos los movimientos sociales para buscar una salida colectiva, dejando de aceptar el miedo, la impotencia y la desorientación surgidas de la reducción de lo político a lo económico.
 
     La coordinadora plantea, además, fuera ya del manifiesto, diversas posibles situaciones y cómo abordarlas. El problema principal puede venir de la represión policial, algo nada nuevo y para lo que ya se está bastante preparado. Dejar de lado la radio y la televisión y centrarse en la red es básico para poder conocer la realidad de los hechos que acontezcan, pues los medios estarán, en su mayoría, defendiendo a los partidos políticos que los sustentan. En cuanto a la represión policial, se anima a los participantes a sentarse, arrodillarse con las manos en la nuca o agarrarse formando una cadena humana.  
 
     Estos son los horarios para el día de hoy:
  • 12h: Bienvenida en Plaza de España y Atocha (esquina con Paseo del Prado).
  • 14h: Comidas populares en Plaza de España y en Paseo del Prado.
  • 16h: Charlas informativas sobre la acción en Plaza de España y Paseo del Prado.
  • 17.30h: Marchas desde Plaza de España a Sol y desde Paseo del Prado a Neptuno y Cibeles.
  • 18h: Rodeamos el Congreso (o, bueno, más bien: rodeamos el perímetro policial).


  •      Con el objetivo de descentralizar el 25S se han puesto autobuses desde muchas otras ciudades de España para que aquellos que quieran puedan apoyar a los madrileños. Desde Valencia hasta Pontevedra. Y también en muchos otros lugares del país habrá manifestaciones y rodeos de edificios tan importantes como Parlamentos, Cortes, Ayuntamientos, Delegaciones del Gobierno, etc.
     
         Para mayor información, pincha en el enlace de Coordinadora25S, de donde está extraído todo lo que acabas de leer. Buenos días y buena suerte!
     
          

    domingo, 3 de abril de 2011

    Fútbol, política y "corazón". Spain is different!

         A buen seguro todos hemos escuchado o leído en multitud de ocasiones esta frase. Y lo cierto es que lleva buena parte de razón quien la acuñó. En los últimos tiempos nuestro gobierno ha hecho una serie de recortes sociales que a todos nos ponen prácticamente la soga al cuello. Se han eliminado los cuatro cientos veintiséis euros de subsidio y el famosísimo cheque-bebé de dos mil quinientos euros (el que implantó precisamente el mismo gobierno de ZP), se han congelado las pensiones, se ha reducido el sueldo a los funcionarios y se ha elevado hasta los sesenta y siete años la edad de jubilación, obligándonos a cotizar hasta cuarenta años para cobrar la jubilación íntegra. Y mientras todo ello ocurre, hay políticos que cobran hasta los dos cientos treinta mil euros anuales y tienen aseguradas astronómicas pagas vitalicias como premio a su magnífica gestión al frente de este derrumbado y expoliado país. !Ah¡ Y dos de nuestros ex-presidentes del gobierno trabajan como asesores de Gas Natural y de Endesa, cobrando además su paga vitalicia...

         En Francia los sindicatos le montaron a su gobierno doce días de huelga general por elevar la edad de jubilación hasta los sesenta y dos años. Doce días si no recuerdo mal (porque perdí la cuenta al final). ¿Qué pasó en España en esas fechas? Bien, la votación para aprobar dicha ley se hizo el mismo día en que la selección española de fútbol hacía su debut en el Mundial. El gobierno puso esa fecha no por casualidad sino porque sabe que el fútbol tiene mucha mayor repercusión que las cuestiones verdaderamente prioritarias para el país. Así, la aprobación de dicha ley tuvo menor repercusión que la que habría tenido cualquier otro día. ¿Qué hicieron nuestros sindicatos? Hacer como que montan una huelga general que acaba siendo una auténtica charlotada. También los sindicalistas cobran sueldos que les permiten llegar a fin de mes con suficiente holgura y tranquilidad...

         Mientras nuestras señorías se tiran de todo menos flores en el Congreso o en el Senado, haciendo ver que no se tragan entre sí, a la hora de la verdad sí que llegan a acuerdos en las cuestiones que a ellos más les interesan. Véanse el pensionazo, la ley Sinde o la aprobación para colaborar en la intervención "humanitaria-petrolífera" en Libia, simplemente por citar los ejemplos más actuales. Es decir, que en lo que concierne a asegurarse "su" futuro nuestros políticos sí que saben llegar a acuerdos. Ni se os ocurra pensar que van a renunciar a su paga de por vida ni que van a aprobar una ley de listas abiertas para las próximas elecciones. Eso iría en beneficio nuestro, pero también en su perjuicio.

         Este fin de semana el presidente del gobierno español, J. L. Rodríguez Zapatero, ha anunciado que no se presentará como candidato del PSOE a las elecciones de 2012. ¿Qué notícias han sido las más comentadas por los medios y por los españolitos de a pie? Pues que Pep Guardiola ha dicho en una televisión italiana que su ciclo en el Barça está próximo a finalizar, que Ronaldo (CR7) está lesionado y que Belén Esteban tiene problemas con Jesulín respecto a las visitas a "su Andrea".

         Estamos a poco tiempo de que comience en España la campaña electoral para las elecciones municipales y autonómicas de mayo. Los españoles llenaremos plazas de toros, pabellones deportivos y hasta estadios de fútbol para aclamar, banderita de color rojo, azul o verde en mano, a nuestros ídolos políticos, a los salvadores de la patria española. Exactamente lo que ocurre con el fútbol o incluso con la presentación de un documental que versa sobre "la princesa del pueblo".

         Porque en este país lo importante es que nuestro equipo de fútbol o nuestro partido político ganen a sus rivales más directos. Y nos tiene sin cuidado que sea jugando de pena y marcando de penalty injusto en el descuento o que nuestro país se esté hundiendo en la miseria con nosotros mismos dentro. Somos del PP o del PSOE, del Madrid o del Barça, y eso va a misa. ¿Autocrítica, criterio? ¿Qué quieren decir esas palabras tan raras? Y cuando nuestra selección nacional gana el Mundial nos echamos a la calle con nuestras bufandas y nuestras banderitas de rojo y gualda para celebrar, orgullosísimos, que somos españoles y campeones. !Y de paso, diferentes! 

         En España todos conocemos a los futbolistas más ricos, guapos y famosos y a las estrellas más operadas, musculosas y tremendamente culturizadas de la prensa del "corazón". Importan más un escupitajo de Ronaldo, una lesión de Messi o una intervención quirúrgica para ponerse "tetas y morros" de Belén Esteban que si el país en que vivimos funciona bien o mal o si nuestros gobernantes nos gobiernan a nosotros o solamente a sí mismos y a sus familiares y amigos. Llenamos estadios para aclamar a nuestros héroes futboleros o políticos y hacemos largas colas para ver el estreno del documental "La princesa del pueblo" o incluso de "Torrente 4".

         Pero no leemos a los grandes intelectuales de nuestro tiempo, que están comprometidos con nuestra causa, ni movemos un dedo por obligar a nuestros gobernantes a hacerlo de forma digna y justa. En este país lo que mejor se nos da es criticar por criticar, insultar por insultar y desentendernos de los verdaderos problemas para discutir sobre las cejas de ZP, la barba de Rajoy, las operaciones de Carmen Lomana o de si es mejor entrenador Guardiola o Mourinho. Desde luego, no cabe duda, Spain is different! 

         Aunque la canción "Skaparate Nacional", de Celtas Cortos, está un poco anticuada en su letra (es de los noventa) sirve para ilustrar perfectamente este artículo. Gracias!