LIBROS

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viernes, 29 de mayo de 2026

Florentino Pérez. El poder del palco. Fonsi Loaiza. Akal. 2022. Reseña

 




    Fonsi Loaiza es un periodista y escritor de investigación español que se ha especializado en las redes de corrupción que entrelazan los mundos de la política y de la economía con el del fútbol. Conocido por su presencia en redes sociales y por la publicación de sus libros Qatar. Sangre, dinero y fútbol (2022), en el que denunció la corrupción y las sistemáticas violaciones de los derechos humanos en relación a la concesión, preparación y desarrollo del Mundial de Fútbol de 2022, y Oligarcas (Los dueños de España) y Sospechosos habituales (ambos de 2024), donde expone las estructuras de poder de la oligarquía española -desde la Conferencia Episcopal hasta el palco del Santiago Bernabéu, pasando por los medios de comunicación, los cuerpos armados, la Casa Real, el Consejo General del Poder Judicial y la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales)- que perpetúan la desigualdad social nacida al amparo del franquismo, su libro más famoso y polémico es, sin duda, Florentino Pérez. El poder del palco (2022).

    Los libros de Loaiza son de los que van al grano. No son especialmente extensos, pero sí muy directos. En cada una de sus páginas aparecen datos, estudios y constataciones de hechos constitutivos de delitos, sean o no estos castigados por la justicia española. Florentino Pérez. El poder del palco consta apenas de 180 páginas. Pero no tiene desperdicio. Además, transcribe conversaciones, declaraciones en juicios, entrevistas y recuerdos de muchas personas que guardan relación con el gran protagonista del relato, al que el propio Loaiza llega a comparar con Vito Corleone, el personaje protagonista de El padrino, de Francis Ford Coppola. Un personaje que busca mandar, ejercer el poder y perpetuarse en él. Algo que estaría en la base de la modificación de los Estatutos del Real Madrid (2012), que demanda a quien quiera presentarse a las elecciones del club un prohibitivo aval que debe responder al patrimonio personal. En fin, que el club ya no es de los socios, sino de su presidente. 

    Y es que, como el propio Florentino reconoció en una ocasión: a mí lo que más me ha gustado siempre es la política. Es donde se tiene el poder. La época más bonita de mi vida fue cuando era político. Yo no seguí en ella porque me echaron. Ser presidente del Real Madrid es lo más parecido que he encontrado. Algo muy lógico. Sobre todo si nos atenemos a lo que declararon en sendos juicios Luis Bárcenas, extesorero del PP -Florentino no necesitaba intermediarios, ya que los negocios se hacían en el palco, donde políticos y empresarios cerraban los tratos- y Francisco Correa, el cabecilla de la Gürtel -OHL de Villar Mir y ACS de Florentino eran corruptoras de la trama y pagaban mordidas a cambio de contratos-. Todo esto, y más, lleva al propio Loaiza a afirmar que el palco del Bernabéu cumple en democracia la función de las cacerías de Franco en la dictadura. Así, si el Pardo era el templo del Caudillo, el palco del Bernabéu es el del Ser Superior, tal y como lo apodó Emilio Butragueño.

    Loaiza explica cómo un político arribista fracasado se convirtió en no mucho tiempo en en constructor de éxito gracias a los partidos políticos. Y es que fue gracias a sus contactos con Miquel Roca y Jordi Pujol que el joven Florentino -cuyo nombre aparece en el sumario del caso del 3% (donaciones de ACS a CiU para conseguir los contratos públicos con un patrón sistémico de funcionamiento durante años, según el propio juez José de la Mata)- consiguió, a peseta la acción, hacerse con Construcciones Padrós (1983) y OCISA (1986). Asegura el autor, pues, que a Florentino le fue muy mal en el mundo de la política, pero que su breve paso por ese mundo le granjeó contactos que le vinieron muy bien en el futuro. Lo cual lo ayudó a ejercer el ambicionado poder a través no de la política sino del mercado. Así, el libro nos presenta una red de corrupción sistémica que implica a políticos, banqueros, periodistas, etc y que se sostiene a base de recalificaciones ilegales, contratos fraudulentos y amañados, adjudicaciones ilícitas, financiaciones ilegales, pelotazos, cuentas en paraísos fiscales y un apagón informativo que impide que Florentino aparezca relacionado con las distintas tramas.

    El libro, que bebe a su vez del del también periodista Juan Carlos Escudier -Florentino Pérez: retrato en blanco y negro de un conseguidor, 2005-, repasa lo que el autor califica como escándalos mayúsculos. Como la recalificación de los antiguos terrenos de la Ciudad Deportiva del Real Madrid -medio regalados por Franco-, que aportó al club más de quinientos millones de euros, con el beneplácito de Aznar, Gallardón y Álvarez del Manzano, pero también de personas afines a UGT, CCOO, Izquierda Unida y PSOE (Lissavetzky y Rubalcaba) -todos ellos se juntaban en el palco del Bernabéu- o la compra de Figo gracias al Banco Zaragozano -de los Albertos-, que pagó la cláusula de rescisión al Barcelona, y de Caja Madrid -de Blesa-, que puso el aval para la compra del jugador gracias a la creación de una empresa fantasma con un capital ridículo que en un solo día pudo prestar 60 millones de euros al Real Madrid para pagar el crédito al Banco Zaragozano -algo que ya explicó en su día detalladamente José María García en la famosa entrevista censurada de Jesús Quintero al Butanito-. 

    Otros escándalos de los que habla Loaiza son, por ejemplo, las compras de Beckham, Cristiano Ronaldo o Kaká al amparo de la denominada Ley Beckham, creada por Aznar y desarrollada por Zapatero, por la cual los jugadores no tributan como millonarios sino como mileuristas en lo referente a los derechos de imagen; la polémica compra de Dragados, por 450 millones de euros, con la inestimable ayuda de Caja Madrid -otra vez- y del Banco de Santander (de la familia Botín); los contratos de la M-30 concedidos por Gallardón y Esperanza Aguirre; las privatizaciones de las residencias madrileñas, muchas de las cuales pasaron a estar a cargo de Clece -perteneciente al emporio de Florentino, y cuyo lema de negocio se basa en ganar dinero y no en ayudar a los ancianos, tal y como se vio durante la pandemia-; el control que ejerce nuestro protagonista en escuelas de educación infantil, en servicios de limpieza y en hospitales; o el apagón informativo -por la no información puede pagarse más y mejor que por la información- acerca del Ser Superior, a cargo del matrimonio Antonio García Ferreras-Ana Pastor, Eduardo Inda, Josep Pedrerol y los Tomás Roncero, Siro López o Susana Guasch de turno.

    En definitiva, en Florentino Pérez. El poder del palco, su autor nos retrata lo que para él es una red corrupta de intereses comunes a todos los niveles: político, económico, empresarial, policial, judicial, mediático y periodístico. Una red fundamentada en el miedo -o terror- en la que o se está con sus miembros o se está contra ellos. Y ¡ay de quienes estén contra ellos! Porque han caído torres tan altas como los periodistas José Antonio Abellán, Santiago Segurola o el mismísimo José María García -bueno, este último, lo que se dice alto no es, pero su talla periodística es imposible de alcanzar, sobre todo en una época dominada por bufones, monos de feria, chiringuitos y demás desinformadores y hooligans (que nunca periodistas) vendidos a un sistema podrido y nauseabundo dominado por unas élites que se creen por encima de ley. Y, con todo, lo peor sin duda, visto lo visto, es que lo están. Por eso es tan importante la valiente labor periodística de tipos como Fonsi Loaiza.  


miércoles, 20 de mayo de 2026

Hambre de gloria. Víctor Fernández Correas. Edhasa. 2024. Reseña

 




    Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, tercer duque de Alba, fue el mejor general de la Historia de España. Venerado e idolatrado por muchos y criticado a ultranza por otros, consiguió grandes victorias y logros diplomáticos para los reyes a los que sirvió: Carlos V y Felipe II. Fue clave en la victoria contra los protestantes alemanes, la defensa de Italia ante el Papa Paulo IV, el sofoco de la rebelión de Flandes y la conquista de Portugal para el Imperio español. Figura polémica donde las haya, cumplió a rajatabla los órdenes recibidas por parte de sus reyes, incluso cuando no era de la misma opinión que ellos o éstas iban en contra de sus propios intereses. Un personaje de nuestra Historia, sin duda, valeroso, insaciable, leal y con un alto sentido del honor. Según otros, un verdadero criminal sin escrúpulos. En ambos casos, un hombre sediento de reconocimiento y de gloria. Un hombre que, en sus últimos tiempos, solo quería retirarse a Alba de Tormes y descansar en paz junto a sus seres queridos.

    Víctor Fernández Correas sigue recorriendo la Historia de los Austrias -ya retratada con creciente maestría en La conspiración de Yuste. Hay que matar a Carlos V (La Esfera de los Libros, 2008) y en Mulhberg (Edhasa, 2022)- en Hambre de gloria (Edhasa, 2024). Carlos V y el duque de Alba son sus personajes preferidos. Y demuestra conocerlos muy bien. No solo militarmente. También en el aspecto más personal y humano. Así, en su última obra recorre los últimos dos años de vida del general más importante del Imperio español. Un general que se siente cansado, doliente y casi acabado en lo físico, pero que mantiene intactos su firme compromiso con su majestad Felipe II y con el Imperio y una capacidad analítica, militar y diplomática dignas de mención. Un hombre que siente que su cuerpo no responde a su mente. Una mente todavía privilegiada y ampliamente capacitada para conseguir para su rey su última encomienda: la conquista del reino de Portugal.

    Hambre de gloria es una divertida novela histórica y de aventuras con varias tramas y sub tramas que convergen en diferentes puntos de la narración. A través de todas ellas, a modo de puzzle, Víctor Fernández Correas refleja con todo detalle la sociedad del siglo XVI. Uno de los más convulsos de la Historia de la Humanidad. Y, como punto central, la campaña de 1580 para incorporar los territorios portugueses a un Imperio en el que nunca se ponía el sol. Una campaña dirigida por el duque de Alba, secundado por su hijo bastardo Hernando, el que más se le parece de todos sus hijos; su maestre de campo, Sancho Dávila; y el capitán general del Mar Océano, Álvaro de Bazán, el marqués de Santa Cruz. Estrategias, reuniones, órdenes y escala de mandos descritos con minuciosidad. El punto fuerte de la novela desde el punto de vista político y militar. Pero la novela es mucho más. Y, desde otros puntos de vista, contiene tramas más sugerentes en lo literario.

    La parte familiar de la vida del duque de Alba compone una sub trama interesante. Amaba a su esposa, pero su sentido del deber y del honor lo llevó a aceptar la encomienda de Felipe II. Incluso negándose a sí mismo el derecho a acabar sus días en paz, en sus propiedades, y junto a su esposa. Precisamente la familia está también en la base de otra sub trama que resulta más que interesante. El enfrentamiento entre la casa de Alba y la de Mendoza conlleva que la Princesa de Éboli, caída en desgracia y encarcelada por Felipe II, trate de sabotear la campaña portuguesa para perjudicar al duque. Así, se hace valer de una serie de personajes -no todos indignos, por cierto- para hacer caer en desgracia también al general. Así, las conspiraciones, las intrigas y las traiciones están también presentes entre los personajes de la novela. Unos personajes que, en no pocas ocasiones, no son lo que parecen. Y que deben actuar con mucha sangre fría para no ser descubiertos y cumplir sus objetivos.

    Y, siguiendo con el aspecto familiar, pero esta vez de Felipe II, encontramos el origen del conflicto sucesorio portugués tras la muerte sin descendencia del monarca Enrique I. Tanto Felipe como Antonio, prior de Crato, primos carnales y nietos de Manuel I de Portugal, reclamaron sus derechos sucesorios. Antonio consiguió el apoyo del pueblo llano, se auto proclamó rey y se atrincheró en Lisboa, consiguiendo para su defensa contra las huestes del duque de Alba un ejército extenso pero muy mal preparado. Apoyado por Fernando y Diego de Meneses y Enrique Simoes, se hizo fuerte a los alrededores de Alcántara, cerca de la capital portuguesa. La mayor parte de los componentes de sus fuerzas eran esclavos llegados desde distintos lugares de África. Como el joven Ebou, procedente de la isla senegalesa de Gorea, un pobre ser inocente víctima de un sistema de trata de esclavos que lo lleva a Portugal junto a Nyima, el amor de su vida.

    Hambre de gloria es también una novela de contrastes. De semejanzas -o semejantes- y también de antagonismos -y antagonistas-. Así, el soldado portugués Cristóbal Freire se muestra diferente de los soldados españoles -Ginés Méndez, Rodrigo de Cervantes, o Íñigo Sánchez-. Los españoles no discuten órdenes y luchan por su rey. Por contra, el portugués, conocedor de la figura del prior de Crato, lucha por sus principios y por sus paisanos, enfrentando en numerosas ocasiones los mandatos de su auto proclamado rey. La venganza toma un papel importante en la trama de la novela. También el honor, la lealtad -a un rey, a un general, a un pueblo-, la gratitud -como la que le profesa Íñigo Sánchez a cierto manco que en la batalla de Lepanto perdió el brazo por salvarle a él la vida- y el amor -el que florece entre Ebou y Nyima-. Por descontado, también aparecen en la novela los valores y los principios -y, por contra, la carencia de estos-. Sin olvidar que el paso del tiempo y los hechos vividos pueden hacer cambiar la forma de actuar de cada uno de los personajes. 

    La novela discurre entre las cartas del duque de Alba a Felipe II, en las que lo pone al día de los avatares de la campaña; los versos del añorado poeta y militar toledano Garcilaso de La Vega, gran devoción del duque; el continuo desfile de toda clase de personajes, algunos reales y otros ficticios; los deseos por parte del monarca de que la conquista se desarrolle sin excesos, saqueos, pillajes ni asesinatos, más allá de lo imprescindible; las ansias por parte de los soldados de cometer toda clase de maldades, físicas y de carácter económico; los esfuerzos por parte del duque de frustrar esas ansias de sus soldados pero a la vez dejando que saquen algo en claro de la campaña; las continuas referencias a Miguel de Cervantes, a sus desvelos en el cautiverio de Argel y a su deseo de dedicarse a contar historias que sobrevivan siglos después de su existencia en esta tierra; y los repetidos guiños culturales -literarios, musicales, etc- de tiempos posteriores -muchos, actuales- que provocan la sonrisa de un lector que, terminada esta novela, espera desde ya la pronta publicación de la nueva obra de un autor muy a tener en cuenta.