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martes, 14 de mayo de 2013

Gandia Bàsquet 2012-13: presente y futuro de un club en apuros





     Este fin de semana ha finalizado la liga en el grupo B de la EBA 2012-13. Y lo ha hecho con el Gandia Bàsquet en una décima posición que deja a propios y extraños bastante cariacontecidos. Se ha salvado la categoría, cierto, pero muchos esperábamos mucho más de un equipo que debería haber luchado por metas bien diferentes. Los de La Safor, con 12 victorias y 16 derrotas, han terminado a 3 partidos del descenso directo y a 6 de los play-offs de ascenso.
 
     Tras el descenso de la temporada pasada la directiva, previa asamblea de socios, acordó junto a éstos no aceptar la invitación recibida por parte de la FEB para salir de nuevo en LEB Plata. La situación económica demandó entonces poner los pies en el suelo y no asumir riesgos innecesarios y difíciles de cumplir en los tiempos de crisis que vivimos en la ciudad y en todo el Estado español. Algo que aplaudo desde estas líneas. ¿Qué es lo que ha fallado pues para que un club de notable fama en el basket nacional haya naufragado en este curso baloncestístico, tirando por tierra buena parte del renombre alcanzado en épocas no tan lejanas?
 
     Comencemos por los objetivos y las aspiraciones. La directiva, poco contenta con ciertas actitudes del entrenador Víctor Rubio, y consciente a la vez del merecido buen cartel de éste en la ciudad, le ofreció un proyecto deportivo falto de ambiciones y de objetivos motivadores, amén de reducir su nómina al cincuenta por ciento, nada más y nada menos. Conociendo a Víctor, ganador nato, estaba claro que no la aceptaría, sobre todo por la parte deportiva. Problema resuelto.
 
     Roberto Hernández fue el elegido para capitanear la nave morada tras "deshacerse" de Rubio. El objetivo: mantener la categoría EBA. El técnico duró cinco jornadas (consiguiendo una victoria y cosechando cuatro derrotas). Atraído por una oferta deportiva del baloncesto femenino húngaro decidió marcharse, como habría hecho cualquier hijo de vecino en su situación. El club debió moverse rápido para buscarle un recambio. Y llegó Quique Roig, proveniente del Godella, equipo situado a la cola de la tabla en Primera División Nacional.
 
     Continuemos con la plantilla. Para mi gusto, bastante descompensada. Aunque no soy entrenador (¡Dios me libre!). El quinteto titular, ciertamente, uno de los mejores de la liga. El juego interior muy potente pero sin recambios de garantías. Guille Gitterer (15 puntos, 9 rebotes y 17 de valoración de media en los 21 partidos que disputó antes de ser invitado a marcharse tras ser ofrecido a algunos equipos valencianos, alguno de los cuales ha contado con la presencia de otros exgandienses...) y Chemari Morales (10 puntos, 7 rebotes y 13 de valoración de media en los 28 encuentros disputados) han sido los mejores del equipo con diferencia. En cambio, el juego exterior, mucho más nutrido en cuanto a efectivos, ha carecido de un referente claro en ataque, algo que se intentó subsanar con el fichaje de Griffin Reilly, el cual podría haber aportado más que esos 14 puntos, 6 rebotes y 9 de valoración de media en sus 24 partidos (eso sí, con porcentajes de tiro bastante mediocres en muchos de ellos).
 
     ¿El resto? Salvo la explosión del canterano Carlos Gil, la sorpresa positiva del año, muy poco más. La falta de continuidad de Antonio Segovia (sólo ha podido disputar 18 encuentros debido a sus problemas físicos), la irregularidad e intermitencia de los bases Álex Camarena y Carlos Alagarda, el bajón de Piti Catalá en ataque, la escasa o nula presencia en cancha de Alberto Triguero, Carles Mañó o Vicente Úbeda, la garra pero escasa calidad de Manu Campi y la notable falta de confianza de los técnicos en Vicente Santamatilde (un hombre que debería haber sido más importante en este equipo) han contribuido al naufragio de un barco que contaba con un quinteto potente pero carecía de recambios de garantías. 
 
     Resultado de todo ello: esta temporada el Gandia Bàsquet ha sido el tercer peor anotador de la competición (1954 puntos, 69,8 de media por encuentro), sólo por detrás del Santa Cruz de La Palma y del San Isidro, y el cuarto peor defensor (2117 puntos, 75,6 de media por encuentro), sólo por delante de Albacete, Universidad Politécnica de Valencia y Santa Cruz de La Palma. El equipo ha competido razonablemente bien en casa, donde ha conseguido 8 victorias y 6 derrotas. Sin embargo, como visitante, el balance ha sido de 4-10, perdiendo por una media de 18,4 puntos de diferencia. De esos diez encuentros perdidos no se pudo ni competir en cinco de ellos (derrotas apabullantes en Azuqueca (por 24 puntos), Rivas (25), Santa Cruz (29), Quintanar (30) y Alcobendas (35)), dando una imagen lamentable.
 
     Sí, ya sé: las estadísticas son frías y no siempre sirven para explicar ciertos aspectos. Pero a veces sí. Las cuatro victorias como visitantes fueron en Santa Cruz de La Palma (ante el colista de la competición, un equipo que se fue desintegrando a lo largo de la liga y que al final disputaba sus encuentros con sólo 6 o 7 efectivos, algunos de ellos demasiado jóvenes), Albacete, Murcia y Valencia (curiosamente, las pistas más cercanas a Gandia geográficamente hablando). ¿Casualidad? Me temo que no.
 
     Los viajes del equipo a lo largo de la liga han sido, como en temporadas anteriores, dignos del más ilustre representante del esperpento, don Ramón María del Valle-Inclán: noches sin dormir esperando enlaces en aeropuertos, interminables viajes en bus para llegar a los pabellones con una hora de antelación a la disputa de los encuentros, jugadores comiendo de tuppers que traían de sus respectivas casas, etc. Difícil dar la cara después en la cancha, ¿verdad? 
 
     Dada la situación económica que vive el club, con una fuerte deuda acumulada de temporadas anteriores (buena parte de la cual es justo reconocer ha sido amortizada por la actual directiva entre las temporadas pasada y actual) y a la espera de un par de resoluciones judiciales que, en caso de ser contrarias al club, podrían suponer el adiós de la entidad al baloncesto, se impone reflexionar sobre el futuro inmediato: la temporada 2013-14.
 
     Creo firmemente que el hecho de ir amortizando la deuda acumulada, pese a ser muy importante para cualquier club, no compensa si es a costa de construir un equipo que no dé la talla en la competición. Personalmente, prefiero un equipo potente en Primera Nacional, que recupere tanto el prestigio perdido como la comunión con la grada (también seriamente dañada este último año), que una repetición de la EBA de este año. Una EBA bastante más floja que en años anteriores, todo hay que decirlo. Urge, por tanto, la convocatoria de una nueva asamblea para tratar todas estas cuestiones y planificar bien la próxima campaña, sea en la categoría que sea.
 
     

lunes, 7 de mayo de 2012

El descenso del deporte gandiense en el 2012

     Gandia Bàsquet y Club de Fútbol Gandia han descendido esta temporada a la cuarta categoría del deporte nacional (EBA y Tercera División). ¿Se ha cebado la crisis económica en nuestros más emblemáticos clubs? Evidentemente, sí. Pero no sólo eso, al menos en el caso del equipo blanquiazul. Comparemos ambos clubs y veremos cómo hay maneras y maneras de descender.

     El verano pasado fue convulso en ambas oficinas. La directiva del Gandia Bàsquet decidió salir en LEB Plata tras el ascenso recién conseguido en Vic. Eso sí, anteponiendo el plano económico al deportivo. Se hizo el mejor equipo posible pero sin gastar un céntimo más de lo presupuestado. Austeridad total. Mientras tanto, el alcalde salvó al C. F. Gandia del descenso administrativo por impago de nóminas de la temporada anterior, por lo que el club se quedaba en Segunda B.

     De esta forma, la directiva del Gandia Bàsquet hizo conocer a los socios que la finalidad de esta temporada era aliviar la situación de las maltrechas arcas del club. Si se salvaba la categoría en la pista o no era otra cuestión que quedaba en un segundo plano. Sinceridad ante todo. ¿Qué hizo la directiva del C. F. Gandia por esas fechas? Prometer un equipo para subir a Segunda A. Algo no me cuadraba ya y la temporada todavía no había comenzado. La honestidad es algo muy importante en la vida. También la sinceridad.

     La temporada comenzó. El Gandia Bàsquet, como era de esperar, lo hizo en el furgón trasero aunque no llegaba a la cola. El C. F. Gandia en el de los primeros. Sin embargo, las cosas se torcieron con el tiempo. Una plantilla corta, con pocas rotaciones ni posibilidades de fichar a nuevos jugadores para suplir a los lesionados (sí, a perro flaco todo son pulgas y el equipo sufrió una auténtica plaga de lesiones que no le abandonó en el resto de la temporada) hizo que el Gandia Bàsquet se viera abocado a luchar por no ocupar la plaza de descenso. Y el C. F. Gandia se deshinchó y también se acercó a la zona de peligro. Empezaba a verse todo muy negro en la ciudad, deportivamente hablando.

     Así las cosas, la directiva del baloncesto hizo saber a la plantilla que si querían cobrar en fecha no se podía fichar a ningún otro jugador. Además, los viajes habían de ser en el día del partido y en bus; y podían durar hasta diez, doce o catorce horas. La plantilla asintió ante tal muestra de sinceridad por parte de sus directivos. Lucharían como fuera para tratar de conseguir los mejores resultados. ¿Y en el fútbol, qué pasó? Pues que todo se derrumbó. También en este caso la mala suerte (o, mejor dicho, las malas acciones del pasado) se cebaron con el club: el caso Muiño explotó en la cara de la directiva y las cuentas del club fueron embargadas por la Seguridad Social hasta que el club indemnice al ex-jugador blanquiazul con 600.000 euros.

    Ante eso, la alcaldía se desentendió y decidió no dar un céntimo más a un club que tenía un agujero negro insalvable en sus cuentas ya que cada día salían impagos por doquier. Ante la retirada del alcalde, también el presidente y su junta directiva dimitían sólo seis meses después de su llegada. El C. F. Gandia se veía abocado a la desaparición.

    Pero determinadas personas a las que el club debe dinero no están dispuestas a perderlo. Así que deciden poner a sus compañeros de APLEG nuevamente al mando del club para, desde la sombra, ver si es posible recuperar sus inversiones pasadas. Los jugadores llevan sin cobrar desde enero, amenazan con una huelga que luego no cumplen, la directiva les engaña con falsas amenazas de cobro y se hace el ridículo delante de toda España, dando una imagen penosa, no sólo del club sino de toda la ciudad.

     Efectivamente, el Gandia Bàsquet descendió en la penúltima jornada de Liga. El C. F. Gandia, también. Pero entre ambos descensos media un abismo en todos los sentidos. El Gandia Bàsquet ha sido un ejemplo en honestidad (dejando las cosas claras desde el principio y sin engañar a nadie), dignidad (luchando hasta el final), orgullo (la despedida de la afición a sus jugadores fue emocionante en el último partido en casa, con una sonora ovación de tres minutos tras haber descendido el equipo), unión de vestuario-técnicos-aficionados (todos remando en la misma dirección pese a las mil adversidades) y en pagar los salarios de sus jugadores (ya de merecidas vacaciones). Y el club tiene futuro: el año que viene habrá baloncesto en Gandia, a falta de saber en qué categoría saldrá el equipo (decisión ésta que no depende sólo del club sino también de la FEB, que programa una reestructuración de sus Ligas y podría invitar al Gandia Bàsquet a continuar en LEB Plata otro año más).

     ¿Y el C. F. Gandia? El club, quieran sus dirigentes o no, sólo tiene una salida: la disolución. Ha descendido a Tercera y será denunciado por impago por sus jugadores, lo que podría abocarlo a Regional Preferente. Debe, como dice un conocido, más que Alemania después de la II Guerra Mundial, tiene las cuentas y las taquillas embargadas, no hay ni una sola empresa que quiera echarle una mano y, lo peor de todo: ha sido abandonado por su salvador del pasado verano, el alcalde, y por una afición que ya no acude al campo pese a tener el pase pagado desde principios de temporada. A nadie le importa lo que ocurra con el C. F. Gandia. Bueno sí, a cuatro a los que el club debe dinero. Desde aquí, apelo a la cordura y pido que alguien acabe con esta pesadilla. El enfermo terminal está sufriendo y deben desconectarle la máquina y darle cristiana sepultura. Amén.