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viernes, 18 de mayo de 2018

La insoportable levedad del ser. Milan Kundera. Tusquets Editores. 1985. Reseña





     El novelista, dramaturgo, poeta y ensayista checo Milan Kundera suena casi cada año, como el japonés Murakami, como candidato al premio Nobel de Literatura. Ambos ven pasar los años sin que se les otorgue el galardón. Merecido, todo sea dicho, en los dos casos. El mes pasado, Kundera cumplió 89 años de edad. Su última obra publicada --la novela La fiesta de la insignificancia-- data de 2014. Probablemente no podamos leer ninguna obra más suya. No obstante, tenemos en las librerías y bibliotecas un total de diez novelas, cuatro ensayos, una obra de teatro, dos poemarios y varios cuentos y relatos cortos. Sin embargo, si es mundialmente conocido es por su celebérrima La insoportable levedad del ser, publicada en 1984 (a la que fue otorgada el Premio Jerusalén en 1985). 

     Se trata de una novela de difícil encaje categórico. Algunos la consideran filosófico-psicológica por sus ideas existencialistas y sus continuas referencias a ideas como el eterno retorno de Nietzsche y a teorías y a obras tan reconocidas como el psicoanálisis --los sueños y lo freudiano juegan un papel muy importante durante el desarrollo de la trama--, Parménides, Platón, Descartes, el Edipo de Sófocles, etc. Para otros, estamos ante una novela político-social, por cuanto describe cómo fue la vida en la capital checa durante la campaña soviética de 1968, así como en las épocas inmediatamente anterior y posterior, pertenecientes ambas a la etapa que conocemos como Guerra Fría. Por ello, no faltan quienes le otorgan también un componente histórico, aunque parece complicada su categorización como novela histórica propiamente dicha. Por último, muchos hablan de la obra como si se tratara de una obra sexual, afectiva y de pareja. Probablemente, todos tengan buena parte de razón. 

     De todo lo anterior es fácil deducir que nos encontramos ante una novela compleja y completa. El aspecto físico de los personajes no tiene ninguna importancia en la obra de Kundera. Modela sus protagonistas a base de una serie casi interminable de pinceladas --palabras-- que permite al lector tirar de su propia imaginación para hacerse una composición de las acciones y tramas de las novelas del escritor checo. La gran paradoja de este estilo literario es que, pese a tratarse de obras de gran componente psicológico, tampoco el mundo interior de los personajes forman parte de la composición esencial de los personajes de Kundera. Es decir, que cada lector ve de manera diferente a cada uno de ellos según otorgue mayor importancia a unos aspectos que a otros. 

     Temas como la disidencia, el exilio, la identidad, la forma de ver la vida, el amor, la sexualidad o el arte conforman las composiciones novelísticas del checo. Todo ello, para abofetearnos con la pura realidad. Con la pura realidad de cada uno de sus personajes. Las escenas de la vida cotidiana configuran el mapa de cada protagonista: sus dudas, su existencialismo, su vida en pareja, sus roces afectivos, sus experiencias sexuales, sus deseos o sueños no cumplidos, etc. Durante las siete partes de que consta la novela, Kundera desgrana las vidas de Tomás, Teresa, Sabina, Franz o Karenin. Unas vidas que el lector desea ir conociendo con el mayor detalle posible no por morbo sino por comprender sus actos. Porque una decisión --acertada o equivocada-- en un momento dado puede cambiar la vida de cada uno de ellos.

     Tomás es el protagonista principal de la trama. Cirujano de profesión, se ve obligado a dejar su trabajo tras escribir un artículo contrario al régimen establecido. Queda apartado de su vida anterior y decide, junto a su esposa, Teresa, cambiar de aires. Ginebra y Zurich no encajarán en Teresa, que decide regresar a Praga. Tomás la sigue, aunque ambos deberán afrontar su destierro rural como única manera de eludir las persecuciones policiales. Tomás ama profundamente a su esposa, pero no puede evitar serle infiel con cualquier otra mujer que se cruza en su camino. Teresa acepta sus infidelidades por temor a perderlo. No en vano, es él quien le ha dado razones para seguir viviendo una vez ha abandonado ésta a su madre, por la que solo siente vergüenza y odio.

     Sabina es la eterna amante de Tomás. Es un personaje básico en la novela, por cuanto se mete en la cama con hombres comprometidos --no solo Tomás--, lo cual otorga a la infidelidad una importancia insignificante y a la moral y a los valores un papel de ligereza que constituye la verdadera levedad de la que habla el propio título de la obra. Además, Sabina es el nexo de unión de la trama principal con la secundaria, que protagoniza Franz, un hombre que, amante pasajero de Sabina, acaba de iniciar una relación con una alumna que lo admira, lo cual abre una nueva etapa en su vida que lo llevará a abandonar a su esposa y a su hija. La conducta de Franz, que también puede ser interpretada de diversos modos según cada lector, también nos habla de levedad, así como de madurez (o inmadurez).

     Karenin es la mascota de Tomás y Teresa. Es, nunca mejor dicho, un nexo de unión de la pareja. A través de la perrita, ambos reflexionan sobre sus vidas individuales y también sobre la conyugal. Especialmente emotivo es el pasaje final de la novela, donde el pequeño animal une y separa, más que nunca, a sus propietarios. Además, Tomás tiene un hijo de una relación de juventud fracasada. Simón no detesta a su padre pese a que éste jamás lo ha reconocido. Al contrario: su odio hacia su madre lo hace admirar a ese padre al que prácticamente nunca ha conocido. La vida los vuelve a unir (de alguna manera) muchos años después, y Tomás se siente incómodo al verse reflejado en él en algunas cosas.

     Ha quedado dicho más arriba que una de las claves de la novela son las palabras. Así, servidor ha destacado multitud de frases --en ocasiones, párrafos enteros-- que deberían subrayarse. Como es imposible recalcarlas todas, dejo al menos unas cuantas a modo de despedida de esta reseña:

-Tomas se decía: hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no solo distintas sino casi contradictorias. El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con una única mujer).

-Entonces se percató con sorpresa de que no era desdichado. La presencia física de Sabina era mucho menos importante de lo que había supuesto. Lo importante era la huella dorada, la huella mágica que había dejado en su vida y que nadie podría quitarle. Aquella inesperada felicidad, aquella comodidad, aquel placer que le producían la libertad y la nueva vida, ése era el regalo que le había dejado.

-Un drama vital siempre puede expresarse mediante una metáfora referida al peso. Decimos que sobre la persona cae el peso de los acontecimientos. La persona soporta esa carga o no la soporta, cae bajo su peso, gana o pierde. ¿Pero qué le sucedió a Sabina? Nada. Había abandonado a un hombre porque quería abandonarlo. ¿La persiguió él? ¿Se vengó? No. Su drama no era el drama del peso, sino el de la levedad. Lo que había caído sobre Sabina no era una carga, sino la insoportable levedad del ser.

-A los que creen que los regímenes comunistas de Europa Central son exclusivamente producto de seres criminales, se les escapa una cuestión esencial: los que crearon estos regímenes criminales no fueron los criminales, sino los entusiastas, convencidos de que habían descubierto el único camino que conduce al paraíso. Lo defendieron valerosamente y para ello ejecutaron a mucha gente. Más tarde se llegó a la conclusión generalizada de que no existía paraíso alguno, de modo que los entusiastas resultaron ser asesinos.

-¿Qué era entonces lo correcto? ¿Firmar o no firmar? La pregunta puede también formularse del siguiente modo: ¿Es mejor gritar y acelerar así la propia muerte? ¿O callar y lograr así una muerte más lenta? La vida humana acontece solo una vez y por eso nunca podremos averiguar cuáles de nuestras decisiones fueron correctas y cuáles fueron incorrectas. En la situación dada solo hemos podido decidir una vez y no nos ha sido dada una segunda, una tercera, una cuarta vida para comparar las distintas decisiones.

-La tierra puede estremecerse por las explosiones de las bombas, la patria puede ser expoliada cada día por un invasor distinto, todos los habitantes de la calle contigua pueden ser conducidos ante el pelotón de ejecución, todo eso lo soportaría con mucha mayor facilidad de lo que estaría dispuesto a reconocer. Pero era incapaz de soportar la tristeza de un solo sueño de Teresa.

-El redactor que organizaba la recogida de firmas para la amnistía de los presos políticos de Praga sabía perfectamente que aquello no ayudaría a los presos. El verdadero objetivo no era liberar a los presos, sino demostrar que aún había gente que no tenía miedo. Lo que hacía era teatro. Pero no tenía otra posibilidad. No podía elegir entre actuar o hacer teatro. La elección era: hacer teatro o no hacer nada. Hay situaciones en las que las personas están condenadas a hacer teatro. Su lucha contra el poder silencioso (el poder silencioso al otro lado del río, la policía convertida en silenciosos micrófonos en la pared) es la lucha de un grupo de comediantes peleando contra un ejército.                             


lunes, 2 de abril de 2012

El grito del silencio. David Casado Aguilera. Reseña




     Muchas novelas no gustan. Algunas están bien. Otras son muy buenas. Y casi ninguna emociona y cautiva. Pues bien, para mi fortuna, os presento una que corresponde al selecto último caso de los mencionados. Pese a no ser un autor conocido por las masas de lectores de este país, David Casado Aguilera ha entrado, por méritos propios, en la lista de mis autores favoritos (y ya espero poder leer próximamente su otra novela, "El vals de la soledad").

     "El grito del silencio" describe con gran precisión y detalle los sucesos acaecidos en el México pre-Olímpico del verano de 1968. Se trata de una dramática historia real pero poco conocida que fue silenciada y casi-negada por el gobierno mexicano, que ni condenó ni pidió disculpas por tan despreciables acontecimientos. Precisamente, la novela está dedicada "a la memoria de todos los que cayeron durante los acontecimientos del 68 mexicano", sobre todo en la matanza del dos de octubre en Tlatelolco.

     Sobre el libro de David conviene resaltar varios aspectos que me han llamado mucho la atención. En primer lugar, el léxico y la "jerga" utilizada por su autor en la narración de la historia y, sobre todo, en los diálogos entre los protagonistas. Sin duda, la ayuda de su mujer, mexicana, tiene mucho que ver en este sentido. Este aspecto nos mete de lleno en la acción, haciéndonosla más cercana y verdadera si cabe.

     En segundo lugar, aunque la novela se basa en hechos reales, los protagonistas principales son inventados. Y ahí radica, en mi opinión, el gran mérito del autor. Más allá de documentar e investigar los sucesos reales, donde David demuestra ser un gran escritor es en la facilidad con la que describe a cada uno de los cuatro protagonistas principales de la historia: Sergio, un tímido hijo de emigrantes españoles huidos tras la Guerra Civil; Francisco (apodado "Indio"), único hijo de una familia numerosa indígena que consigue estudiar en la Universidad de la capital; José, un hijo de padre trabajador cuya madre murió en su propio parto; y Elías, un amante del teatro que no puede luchar por sus sueños artísticos debido a un padre rígido y represivo que le impide tener carácter propio.

     Cada personaje tiene vida propia dentro de la obra y llega a ser comprendido y estimado por el lector, creando una empatía pocas veces vista en una novela. Cuatro chicos que poco tienen que ver unos con los otros más allá de pertenecer a la juventud estudiantil universitaria de la capital mexicana, sin embargo, crearán unos lazos que nada ni nadie podrá borrar.

     Estamos ante una historia de amistad auténtica. Y también de amor. De amor igualmente auténtico. Porque Sergio y Adriana, su chica, nacerán juntos al amor y al sexo en las páginas de esta novela. En compañía de sus amigos y de Adriana, Sergio pasa de ser un niño que vive encerrado en su cuarto y que no se relaciona con nadie a alcanzar el amor y a convertirse en uno de los héroes anónimos (y silenciados) gestados por un gobierno represivo, manipulador y sin escrúpulos capaz de cualquier cosa por acabar con las reivindicaciones estudiantiles antes de que el inicio de los JJ. OO. ofrezca al mundo la realidad de una disfrazada democracia que a nadie engaña de fronteras hacia adentro.

     Sin embargo, aunque parezca mentira, la novela de David tiene muchos más aspectos destacables. Como licenciado en Historia que es, a través de su libro nos cuenta la historia de México: desde el asentamiento de Teotihuacán, una de las primeras y mayores ciudades de Mesoamérica, anterior incluso a la civilización azteca, hasta la dictadura militar de la actualidad de 1968, pasando por la conquista hispana, la posterior independencia y la revolución de Zapata. Incluso hay sitio para establecer multitud de paralelismos entre la España de la posguerra y época franquista y la referida dictadura militar mexicana.

     La obra de David bebe de muy buenas fuentes: Elena Poniatowska ("La noche de Tlatelolco"), Luis González de Alba, estudiante que contó la revuelta con gran minuciosidad ya que la vivió desde dentro ("Los días y los años"), y Octavio Paz ("El laberinto de la soledad"). Sin embargo, más allá de ello, su novela me ha enganchado desde el principio, me ha enseñado mucho sobre historia y, ante todo, me ha mostrado que todavía quedan demasiadas muertes por investigar y demasiados tiranos por juzgar. Sin duda, para mí, "El grito del silencio" es una de las revelaciones del año; y David, un autor muy a seguir a partir de ahora.