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miércoles, 12 de marzo de 2025

Desde la sombra. Juan José Millás. Seix Barral. 2016. Reseña

 




    El escritor valenciano-madrileño Juan José Millás publicó en 2016 la novela breve Desde la sombra, una obra que bien podría calificarse como tragicomedia puesto que alterna momentos cómicos y dramáticos. El autor hace gala de su experta maestría literaria al colarle al lector una historia inverosímil que, sin embargo, lo atrapa de principio a fin. Y eso que el protagonista principal, Damián Lobo, es un caso clínico de manual. Traumatizado desde su niñez, ha vivido junto a su padre y su hermana adoptiva, una niña china dos años mayor que él con la que mantuvo una relación afectivo-casi-sexual que biológicamente no puede ser definida como incestuosa pero sí como mínimo como extraña. Más allá de sus escarceos con su hermana, jamás ha tenido una relación con ninguna mujer. Desde los dieciséis años ha trabajado como técnico de mantenimiento en una empresa en la que cada vez había menos cosas que mantener. Hasta que, después de veinticinco años, la empresa lo despidió tan solo unas semanas atrás.

    Damián es un cuarentón solitario que solo vivía para trabajar. Sin trabajo, confundido, hundido y perdido, comete un pequeño hurto en un mercadillo de antigüedades y, perseguido por un vigilante de seguridad, se esconde dentro de un viejo armario. En una escena que recuerda a la famosísima película de Antonio Mercero -La cabina- en la que José Luis López Vázquez queda atrapado, Damián debe permanecer escondido dentro del armario, que acaba de ser vendido y es trasladado a un domicilio de las afueras de Madrid. Domicilio en el que vive Lucía, nieta de los antiguos dueños del armario, que lo recupera tras ese encuentro casual. ¿Cómo sabe Lucía que ese es el armario de su niñez? Pues porque todavía mantiene en uno de sus laterales las inscripciones con su nombre y el de su hermano Jorge, fallecido a los siete años de edad. Un armario en el que ambos habían jugado durante los años compartidos más de treinta años atrás.

    La cuestión es que Damián queda atrapado en el armario, situado en el dormitorio principal del matrimonio que forman Lucía y Fede, quienes viven junto a su hija de dieciséis años, María. Cuando lo lógico sería huir a las primeras de cambio, Damián, movido por el aburrimiento de su vida cotidiana y atraído por el poder que otorga ver sin ser visto, se queda a vivir en el armario. Un armario que, situado justo delante de uno empotrado que queda anulado, es el escondite perfecto para un técnico de mantenimiento al que no le cuesta nada sacar el chapado posterior del armario y montarse una pequeña pero cómoda estancia en el armario empotrado. Poco a poco, cuando se queda solo, sale a pasear por la casa, desayuna, se ducha, se afeita, limpia los platos, ordena las estancias, hace las camas y realiza el resto de las tareas domésticas del hogar. Fede y María, acostumbrados a que ella se ocupe de todo, no parecen enterarse de lo sucedido. Lucía, atraída desde siempre por lo sobrenatural y lo paranormal y convencida de que se trata de la presencia de un fantasma, probablemente el de su hermano fallecido, lo da todo por bueno y sigue viviendo su vida como si tal cosa.

    Como he indicado más arriba, la acción de la novela parte de hechos increíbles, inverosímiles. No obstante, Millás nos los narra y expone de tal manera que acabamos dándolos por reales y, en lugar de abandonar la lectura, tomamos el libro y devoramos sus páginas. Unas páginas que diseccionan la vida cotidiana familiar, la de cada uno de sus miembros y la mente enferma de un joven reconvertido en un fantasma bienhechor. Porque lo que está haciendo, pese a no ser ni medio normal, tampoco puede ser calificado como malo. Puede que sea incorrecto, ilegal, anormal, amoral -pónganse aquí mil y un adjetivos-, pero no es malo. Hace la vida de Lucía más fácil y llevadera. Básicamente porque la de su anfitriona es una existencia vacía y desmotivada. Trabaja como una mula, dentro y fuera de la casa, se ocupa de su hija casi en solitario y mantiene con Fede una relación rutinaria, sin casi comunicación ni sexo. La llegada, junto al armario, de esa extraña pero agradable presencia la hace sentir tan bien que decide mantenerla en secreto. Guardarla para sí misma. Porque constituye un aliciente para seguir adelante.

    Damián, por lo visto, sufre una enfermedad mental que se verá acrecentada con el encierro y el apartamiento de la realidad. Se siente como una morena, que se mimetiza con el paisaje. O como una araña, que desde una esquina a la que nadie prestaba atención controlaba, protegida por la tela, los movimientos del universo. Si ya estaba un tanto perturbado al principio de la historia -había creado un personaje ficticio, Sergio O´Kane, una construcción mental que Damián utilizaba para hablar consigo mismo-, su estado irá empeorando. Tanto que acaba por desplazar de su mente a O´Kane, en su imaginación, un famoso presentador de televisión basura con la mayor audiencia del país, para sustituirlo por un Iñaki Gabilondo convertido en protagonista secundario de la novela. Un Iñaki que, tras aportar un poco de luz y esperanzas a base de mordacidad, reflexión e integridad, será a su vez sustituido por un tal Iñaki O´Kane, un híbrido, una especie mezcla de ambos presentadores. Vamos, una bomba de relojería. 

    Sea como sea, Damián se siente, por primera vez en su vida, respetado, importante, útil. Y poco a poco comprobará de todo lo que es capaz de hacer al sentirse por fin vivo. Así lo resume el Millás narrador en estas magníficas líneas: recordó a Sergio O´Kane, y a Iñaki Gabilondo, así como la fama más o menos banal que cada uno le había proporcionado, y pensó en la notoriedad de la que disfrutaba ahora como Mayordomo Fantasma. Una fama de la que su beneficiario permanecía ausente. Dios era quizá el ser más famoso del universo sin que nadie, jamás, con la excepción de algún trastornado, lo hubiera visto. Eso era el poder, la capacidad de actuar desde la sombra. De ese poder otorgado por el escondite inexpugnable, de esa capacidad de acción desde un anonimato protegido por Lucía, quien sustituye a la hermana de Damián en las fantasías sexuales de éste, surge la parte trágica de la novela. Porque el poder corrompe. Sobre todo cuando quien lo ejerce no está en sus cabales.

    Todas las historias de amor son historias de fantasmas. La cita pertenece a David Foster Wallace -el Kurt Cobain de la música o el James Dean del cine-, escritor fallecido en 2008. La utiliza Millás como cabecera en esta novela. Y no es una cita cualquiera. Le viene al pelo a Desde la sombra. Porque poco a poco Damián se enamora de Lucía. Y llega un momento en el que está dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de protegerla. Y es ese cualquier cosa lo que nos conduce a un final de historia de esos que nos deja boquiabiertos y nos hace reflexionar. Incluso sobre algo tan complejo como los límites de la locura. Porque, ¿quién se atreve a asegurar dónde termina la cordura y comienza la locura? ¿Cuál es el lugar exacto en el que se pasa de una cosa a la otra? Y, más todavía: ¿justifica la locura una acción horrible que evita otra acción igual de horrible? Quizá el lector encuentre algunas respuestas a estas preguntas en esta novela. 

    Desde la sombra fue adaptada a la gran pantalla en 2022 de la mano del director Félix Viscarret (Bajo las estrellas, Una vida no tan simple y la miniserie Patria). Interpretada de forma magistral por Paco León (Damián), Leonor Watling (Lucía) y Álex Brendemühl (Fede), el título de la película fue No mires a los ojos, en referencia a la famosa canción de Golpes Bajos. Su guión, de David Muñoz y el propio Viscarret, fue nominado a los Premios Goya como Mejor Guión Adaptado. Algo que no debe extrañar, pues el film hace justicia a la novela. En ambos formatos, la historia atrapa, conmueve, impacta y hace reflexionar sobre una gran diversidad de temas. Y lo mejor de todo es que, combinadas, dan para una tarde-noche la mar de entretenida.                           



martes, 13 de octubre de 2020

Al oeste del Edén. Jean Stein. Anagrama. 2020. Reseña





    Jean Stein trabajó durante más de dos décadas para convertir en realidad este libro sobre los orígenes de Hollywood. Lo consiguió, por fin, en 2016. Un año después, a sus ochenta y tres años de edad, se lanzó al vacío desde su apartamento en un rascacielos de Manhattan. Muy lejos, en el tiempo y en el espacio, de ese lugar de los Estados Unidos que inspiró su gran obra. Una obra por la que desfilan muchos de los grandes personajes del Hollywood de los años centrales del siglo XX, es decir, desde 1920 hasta 1970. Lujo, glamour, poder, mansiones, palacetes y castillos, excesos, drogas, sexo, luchas y enfrentamientos intestinos, asesinatos, suicidios y toda clase de intrigas se detallan en las trescientas ochenta páginas que componen un texto que, escrito a base de testimonios directos recogidos durante esos veinte años de labor de investigación, resulta finalmente tan atractivo como desgarrador.


    El dinero y el poder no dan la felicidad. Esa es una de las conclusiones que puede extraer cualquier lector de este conjunto de textos. La mayoría de sus protagonistas fueron famosos, ricos, ostentaron gran poder e influencia, incluso a nivel político, pero basta con leer entre líneas para observar que una de las características que compartieron casi todos ellos fue la infelicidad. Lo cual hace bueno aquello de que cuanto más se tiene, más se desea poseer. Y es que, aunque nos pueda parecer mentira, la fábrica de sueños más potente del mundo destruyó los de muchos de sus propios integrantes y protagonistas. Secretos de alcoba, extravagancias, tensiones que explotan, todo tiene cabida en las páginas de Al oeste del Edén. En un lugar de Estados Unidos. Por muy emblemática que resulte una familia, nadie escapa a los pecados de la humanidad. Buena prueba de ello es este libro.


    La primera de las cinco sagas familiares tratadas en estas páginas es la de los Doheny, cuyo patriarca, Edward L. Doheny, inspiró la novela Petróleo!, de Upton Sinclair (1927), y la película Pozos de ambición, de Paul Thomas Anderson (2007). Doheny creó la industria petrolífera de Los Ángeles, que producía, en los años veinte, el veinte por cien del petróleo mundial. Antes había hecho negocios en México. Su amistad con Porfirio Díaz y los sobornos a funcionarios le habían hecho rico ya. Utilizó todo tipo de artimañas para salirse siempre con la suya e incrementar sus riquezas. Unos extraños asesinatos de los que salió indemne, un par de suicidios en el seno de la familia y las tensiones manifiestas entre varios de los miembros del clan demuestran que no es oro todo lo que reluce. Aunque dentro de una mansión encontremos una casa de muñecas más grande que la mayoría de hogares medios. Los Doheny siguen presentes en Los Ángeles. Lo más asombroso es que, para conservar su poder y su posición, Doheny acabó sacrificando a su propia familia, afirma un testigo de la época. El escritor Raymond Chandler afirmó, en relación a él, que la ley vale lo que pagas por ella y está en el lugar donde la compras. Para el famoso escritor, los Doheny son el paradigma del corazón podrido del paraíso.


    Los famosos hermanos Warner --Sam, Harry y Jack--, que crearon la mayor manifestación cultural del mundo en palabras de Arthur Miller, acabaron enfrentándose entre sí por ver quién controlaba los famosos estudios tras la prematura muerte de Sam. Vanidosos y vulgares, intrigaron contra su propia sangre mientras se reían de las producciones de la competencia, a los que llegaron a acusar de comunistas, y tiranizaban al gremio del cine, luchando contra unas huelgas justas y necesarias para el sector. Se codearon con los presidentes Roosevelt y Nixon, se enfrentaron a Walt Disney, no tenían amigos sino subordinados y aduladores, las tensiones le provocaron un derrame cerebral y la muerte a Harry y Jack se quedó al fin como año y señor de los estudios. Pero Jack, que tenía relaciones sexuales extra matrimoniales donde y cuando se le antojaba --temía perder la mitad de las acciones de sus estudios si se divorciaba, por lo que su esposa y él eran matrimonio solo sobre el papel, declara una de sus amantes--, tampoco tenía buena relación con su hijo, Jack Warner Jr.. Así, la historia de los conocidos Warner Bros ejemplifica perfectamente en qué consisten un fracaso (familiar y emocional) y un éxito (económico y empresarial) colectivo. 


    Los Garland ocupan el espacio central del libro de Jean Stein. William Garland era un rico industrial ferroviario metido de lleno en el mundo del cine y dueño de muchas propiedades en Los Ángeles. Se casó con un bombón llamado Grace Garland, que quería ser actriz y había sido Miss Cleveland, y tuvieron una hija: Jane. Viuda ya Grace, se centró en la salud de su hija, que padecía una extraña clase de esquizofrenia. Contrató a cuidadores para ella, evitando así una indeseada hospitalización. Llevaba una vida aparentemente normal, aunque siempre acompañada de un cuidador. La pérdida de la figura paterna, los acosos de una niñera, las drogas y su coqueteo con una secta pusieron a la joven al borde del precipicio. Poco a poco, la familia fue gastando el dinero de la herencia del industrial. Hasta que solo quedó el de su hija. Y Grace, acostumbrada a un tren de vida demasiado relajado, sucumbió al hecho de que tenía toda aquella pasta al alcance de la mano y no podía echarle las zarpas. Otro ejemplo más de infelicidad manifiesta.                      


    La oscarizada Jennifer Jones (La canción de Bernardette, 1944) se divorció de su marido, David Walker, para casarse con el productor David Selznick. Terminó por arrepentirse años después. Como declara uno de sus hijos, Selznick tenía las llaves del reino cuando papá ni siquiera sabía dónde estaban. Madre era joven, fresca, recién llegada, buscaba nuevas aventuras, y, desde su punto de vista, papá probablemente fuera un hombre limitado. Ni mamá ni papá eran personas de mundo. Selznick, en cambio, vivía y respiraba el glamour de Hollywood y los reyes y las reinas de Hollywood le besaban los pies. Después de Lo que el viento se llevó, no había nadie con más poder en la industria del cine. Su ex esposo se convirtió en alcohólico y murió a los treinta y dos años. Pocos años después, su hija Mary Jennifer, con la que tenía muy mala relación, se suicidó, mientras que su hijo Michael también se echó en brazos del alcohol. Otra familia rota. Tras la muerte de Selznick, Jennifer se casó con el multi millonario Norton Simon, un magnate desaprensivo al más puro estilo de los mismísimos Rockefeller o Carnegie que poseía una gran colección de arte. De nuevo, los lujos no fueron capaces de mitigar las consecuencias de una existencia vacía y depresiva.


    El último de los capítulos del libro lo dedica Stein a su propia familia. Su abuelo, Jules Stein, reconocido médico oftalmólogo que acabó dejando su vocación para representar a grupos y bandas musicales y finalmente fundar la MCA (Music Corporation of America), construyó todo un emporio desde la nada. Su asesor y futuro presidente de la MCA, Lew Wasserman, recuerda que Stein fue el creador de las giras, que en aquellos tiempos no existían. Fue un visionario en lo relativo a los bolos de bandas de música, las llevó por pueblos y ciudades. El propio Stein, en una autobiografía, recuerda que quise diversificar el negocio y empecé con la representación de cantantes, grupos y otros talentos del gusto del público. La radio se estaba convirtiendo en un elemento importante dentro del sector del espectáculo, así que empezamos a representar a los artistas también en ese medio. Se codeó con Al Capone en el Chicago de los años 40 y trabó una gran amistad con el presidente Truman y con el por entonces actor y también futuro presidente Ronald Reagan. Jean Stein, por su parte, fue capaz de lograr una estrecha amistad con el escritor Gore Vidal. Se hizo editora y escritora y vivió hasta los ochenta y tres años.             

    La obra, escrita a través de los testimonios orales de muchos protagonistas y testigos de la colocación de los pilares sobre los que se asentó la fundación del Hollywood actual, nos presenta la ciudad con todas sus luces y también con todas sus sombras. Nos muestra cómo se vivieron el Gran Sueño Americano, la Gran Depresión, la preponderancia de la Mafia, el Comité de Actividades Antiamericanas --o Caza de Brujas--, etc. En definitiva, Al oeste del Edén, es un fresco de la historia de buena parte del siglo XX norteamericano, más concretamente, de Los Ángeles y Hollywood. Una obra para los amantes del cine, pero también para quienes pretenden ser emprendedores en plena época de pandemia. Nada mejor que inspirarse en los creadores de Hollywood para buscar la supervivencia en una época de crisis económica y de valores como la que vivimos en la actualidad.  



lunes, 10 de noviembre de 2014

El abogado de pobres. Juan Pedro Cosano. Ediciones Martínez Roca. 2014. Reseña





     El abogado de pobres ha sido la novela galardonada con el Premio Abogados de Novela 2014, convocado por el Consejo General de la Abogacía Española, la Mutualidad de la Abogacía y Ediciones Martínez Roca (Grupo Planeta). El autor, Juan Pedro Cosano, titular del bufete jurídico Cosano y Asociados en su Jerez de la Frontera natal - que ya publicó con anterioridad las novelas Hispania y Las muertes pequeñas y el poemario La noche calma y otros poemas - se ha alzado con el Premio gracias a una novela ambientada en el propio Jerez de mediado el siglo XVIII y en la figura del abogado de pobres, lo que en la actualidad se conoce como de oficio.

     Pedro Alemán y Camacho, huérfano de madre desde su parto y de padre desde los 21 años de edad, hereda de su padre su modesto bufete, su cargo como abogado de pobres del concejo de Jerez y una serie de deudas - su padre fue mejor abogado y persona que administrador - que le hacen llevar una vida económicamente ajustada. Desde el principio de su ejercicio debe equilibrar los rectos valores aprehendidos de su padre y las sinvergüencerías de Antonio de la Fuente, con quien había ejercido durante dos años como pasante.

     La gran amistad existente entre su padre y el sastre, confesor y consejero Bartolomé Gutiérrez le sirve al protagonista para conseguir el puesto como abogado de pobres del concejo. Poco a poco, Pedro Alemán irá haciéndose un hueco entre la jerarquía de la abogacía de la ciudad. Y lo hará gracias a su locuacidad, su lucha y su tesón, habiendo de enfrentar causas que muchos de los más afamados abogados del lugar han rechazado antes por ser causas perdidas de antemano. 

     De ritmo ágil, trepidante en ocasiones, y de lenguaje elegante - al más puro estilo de la época que describe - la novela se hace muy amena y mantiene al lector pegado a sus páginas desde el prólogo hasta el epílogo. Los personajes enganchan, sobre todo el principal, una especie de anti-héroe que sobrevive pese a sus rémoras psicológicas y económicas y que llegará a conocer el amor de la mano de la hija de una clienta acusada de adulterio.

     Tanto el protagonista como el propio autor conocen al dedillo las leyes de la época merced a una investigación exhaustiva digna de elogio. En el caso del autor, dicha investigación se amplía a la historia de Jerez de la Frontera, sus calles y sus tabernas e iglesias. Lo cual otorga a la obra un realismo que aumenta el deseo del lector por conocer el desarrollo y el desenlace de la acción. Además, el tratamiento psicológico de los personajes también debe alabarse, así como las escenas de amor y erotismo. 

     La novela invita a reflexionar sobre cuestiones nada banales. Así, cabe destacar el tema de la soledad del abogado, que debe proteger lo más valioso de sus clientes (de pago o no): su libertad, su hacienda o incluso su vida. Ese sentimiento de soledad agobia al protagonista, lo que le hace más cercano y empático. Sus pensamientos sobre la imposibilidad de escapar de la justicia divina, los posibles fallos de la justicia humana - debido a la imperfección de las personas en general y de jueces, fiscales y abogados en particular - y la existencia en la vida del bien y el mal en permanente e inestable equilibrio nos hacen pensar sobre las diferencias entre los valores y la carencia de ellos.

      Otro tema de enorme importancia en la trama de la novela es el que hace referencia a los términos verdad, justicia y poder, y a los conflictos que pueden darse - y se dan - entre ellos. Queda claro que dar con la verdad no basta para poder hacer justicia, sobre todo cuando esta va en contra del poder establecido. Un poder que rara vez se queda quieto cuando sus intereses se ven amenazados por un abogado que se enfrenta al caso de su vida. 

     El abogado de pobres es, en definitiva, una novela de escritura impecable, mensaje claro y rectos valores. Si a todo ello le sumamos su impactante resolución - ¡qué gusto da leer una historia en la que la realidad, por frustrante y triste que sea, se impone a lo típico/tópico! - podemos llegar a la firme convicción de que el galardón obtenido por Juan Pedro Cosano es sobradamente merecido.