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lunes, 13 de julio de 2026

Maite. Fernando Aramburu. Tusquets. 2026. Reseña

 




    El segundo fin de semana de julio de 1997, hace exactamente veintinueve años, será recordado para siempre por todos los españoles. Fueron los días del secuestro y posterior asesinato del concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco tras no aceptar el gobierno español el plazo de 48 horas que la organización terrorista ETA dio para el acercamiento al País Vasco de todos los presos de su organización encarcelados en el territorio nacional. Obviamente, el gobierno de Aznar ni podía aceptar el chantaje ni, aunque hubiera querido ceder ante él, tenía tiempo material para cumplir los propósitos de los criminales en tan corto espacio de tiempo. Todos sabemos cómo acabó aquello. El joven concejal murió tras agonizar unas horas después de recibir dos tiros en la cabeza, muchos abertzales y miembros de ETA sintieron asco ante un acto de cobardía sin igual y comenzó la lenta división interna y posterior rendición y desaparición de la banda terrorista. Ese fin de semana es precisamente el que Fernando Aramburu eligió para situar la acción y la historia de su nueva novela.

    Como ya sucedió en Los peces de la amargura (2006), Años lentos (2012), Patria (2016) e Hijos de la fábula (2023), que forman parte de la serie de novelas denominada Gentes vascas junto a El niño (2024), única que no toca directamente el tema de ETA, el autor donostiarra disecciona el tejido social, la división entre los distintos pensamientos y sensibilidades a la hora de ser y de sentirse vascos y el tremendo impacto del fenómeno de la violencia extrema en la Euskadi de una de las épocas más negras de nuestra historia reciente. En el caso de Maite, así se llama la protagonista de su última obra, la ficción nos conduce probablemente a uno de los momentos más álgidos -y también a un claro punto de inflexión a partir del cual ya nada fue igual- del cruel e infausto período terrorista. La realidad del momento histórico en cuestión y la ficción creada por Aramburu caminan de la mano para regalarnos una novela que, por humana y conmovedora, contrasta con una atrocidad que nunca deja de estar presente en sus páginas.

    En Maite coinciden, en un mismo fin de semana, los tres hechos clave de la novela. En primer lugar, el ambiental o contextual -el secuestro y asesinato del edil de Ermua-; en segundo, que Andoni, el marido de la protagonista, oftalmólogo de profesión, está ausente de Donosti ya que ha viajado hasta Madrid para participar en un seminario sobre cirugía LASIK; y el tercero, que la hermana de Maite, Elene, regresa por primera vez a San Sebastián desde hace trece largos años para pasar con ella y su madre un solo fin de semana. Así, el nexo de unión de todas las historias es la protagonista. Una mujer de mediada la treintena de edad, traductora de textos, altamente sensible que se realiza a sí misma auto entrevistas e imagina situaciones y conversaciones consigo misma y con otras personas para ayudarse a ver y comprender la realidad del mundo que la rodea. Su trabajo es una manera de estar algo ocupada, ya que la realidad es que le resulta tedioso y aburrido, avanza muy poco a poco y queda claro que con el sueldo de su marido vive tranquila y sin agobios.             

    El aita de la protagonista, que falleció tres años atrás a causa de un aneurisma cerebral, también hablaba consigo mismo. La madre, que sufrió un ictus hace unos meses, se recupera poco a poco, camina apoyada en un andador y teme que su hija la meta en una residencia. Los dos siempre guardaron rencor a Elene, que pasó de ser la hija predilecta a una completa ignorada. Partió a los EE.UU. a estudiar inglés y ya no regresó hasta ahora, trece años después. Dejó a Leandro, su novio vasco, se casó con Johnny en una boda a la que no acudió ningún familiar suyo, tiene dos hijos que no conocen a su familia vasca, vive en Providence y apenas ha hablado con su familia por teléfono, whatsapp y, de forma más esporádica, a base de correos electrónicos. Es diabética, padece cansancio crónico y constantes mareos y toma anti depresivos, aunque dice a todo el mundo que es muy feliz. Obviamente, no cuenta la verdad. Tampoco Maite lo hace. También asegura ser feliz. No obstante, vive atrapada en una serie de convenciones que le impiden abrir los ojos y ver la realidad.

    Maite está enamorada de las manos de Andoni. Unas manos que son tibias, suaves: seda pura. Luce siempre un lazo azul contra la violencia -además de sensible, es atenta, empática y compasiva-, y trata de maquillarse con esmero para ocultar la marca de una cicatriz en la frente provocada por la pedrada recibida de parte de un abertzale en una manifestación de Denon Artean -Paz y Reconciliación, organización que promueve la pacificación y la reconciliación en la sociedad del País Vasco. Con la llegada de Elene, ha de hacer frente a una hermana que siempre compitió con -o contra- ella. La pequeña, delgada y guapa; la mayor, rellenita y feúcha. Entre el jueves diez y el domingo trece de julio, las hermanas se reconcilian -Maite consigue que también su madre haga las paces con Elene-, se acercan, se comprenden y se dan cuenta de que el tiempo pasa y no vale la pena estar enfadadas para siempre. Eso sí, mientras Elene se muestra temerosa y parece no querer tener que dar explicaciones a Johnny, Maite asegura que ella no discute jamás con Andoni, quien siempre le da la razón en todo.

    La sensibilidad de la protagonista se pone de manifiesto a la hora de lo que en la obra se denomina posibilidad de forzar un castillo. Se trata de la acción mediante la cual Maite busca un lugar lo más oscuro y silencioso posible para trasladarse a un sitio -por ejemplo, un castillo- en el que se reúne consigo misma o con cualquier otra persona. En este caso, logra establecer varios contactos con Miguel Ángel Blanco. Dialoga con él sobre la situación que está viviendo e intenta animarlo -y, de paso, animarse a sí misma-. También consigue visitar el piso de los padres del terrorista que ha de ejecutar al edil. Habla con ellos e intenta persuadirles de que contacten con su hijo para evitar la tragedia. Esa forma de Maite de imaginar realidades paralelas, por decirlo de algún modo, contrasta claramente con su forma de afrontar situaciones que sí son reales y sobre las cuales no actúa o actúa como si no existieran. Como, por ejemplo, hacer caso omiso a las reiteradas llamadas telefónicas recibidas en las que se le da a entender que Andoni no está de seminario en Madrid sino en un pisito de Hondarribia.     

    Para ilustrar esto último, me permito la licencia de acabar la reseña con dos fragmentos de la novela: El primero: estoy comparando tu vida con la mía -le dice Maite a Elene-. Siento un fuerte deseo de largarme de esta tierra -por todo lo que está ocurriendo ese fin de semana-. Me da igual adónde. No obstante, soy como un árbol que no se mueve del sitio donde germinó su semilla. Tú te marchaste hace años y no pasan cinco minutos sin que afirmes tu vocación de pájaro migratorio ansioso por volver. Y el segundo: para cuernos los que te pondría Johnny. No ibas a caber por la puerta -asegura Elene ante Maite-. ¿Y tú se lo permites? -le pregunta la protagonista principal-. Digamos que juego las cartas de la vida a mi manera y que, llegada la ocasión, no me chupo el dedo. ¿A ti cómo te va con las infidelidades? -le devuelve la pregunta Elene-. ¿Con las qué? No conozco la palabra -saca balones fuera Maite-. La conversación se zanja con una nueva pregunta de Elene -¡Ajá! Entonces, ¿esa es la carta que tú juegas, la de la mosca muerta?- y la respuesta final de su hermana -Puede ser. No me he parado a pensarlo-. Pues eso: las convenciones que impiden abrir los ojos y afrontar la realidad.               


lunes, 3 de abril de 2023

Hijos de la fábula. Fernando Aramburu. Tusquets Editores. 2023. Reseña

 




    A lo largo de su carrera literaria Fernando Aramburu ha tratado el tema de ETA de diversas maneras. En primer lugar, a través de los relatos que compusieron Los peces de la amargura en 2006. Más tarde, a modo de drama, de la mano de los novelas histórico-costumbristas Años lentos (2012) y Patria, la obra que lo encumbró (2016). Pues bien, en 2023 el autor guipuzcoano retorna a la temática con Hijos de la fábula, una sátira que, tirando de ironía y humor, nos muestra la reacción de dos jóvenes vascos que quedan abandonados a su suerte al otro lado de la frontera con Francia tras el abandono de las armas por parte de la banda terrorista en octubre de 2011. Una novela que, por su originalidad, virtuosismo y comicidad, nos recuerda a la más reciente obra de Luis Landero, Una historia ridícula (2022, misma editorial). Y es que solo dos genios como el extremeño y el vasco son capaces de sacar de donde parecía no haber nada unas historias tan peculiares.

    Durante los siete años transcurridos entre las publicaciones de Patria e Hijos de la fábula Aramburu nos obsequió con la aclamada novela Los vencejos (2021), los ensayos Vetas profundas (2019) y Utilidad de las desgracias y otros textos (2020) y una especie de autobiografía en forma de prosa poética que llevó por título Autorretrato sin mí (2018). Siete años en los que sus trabajos anteriores y su reconocimiento como escritor han aumentado hasta cotas tan altas como merecidas. No en vano, estamos ante uno de los grandes autores españoles contemporáneos. Junto al ya mencionado Luis Landero y otros no menos fantásticos escritores como Manuel Vilas, Víctor del Árbol o David Trueba. Buen ejemplo de su oficio literario lo encontramos en este último trabajo, en el cual entremezcla, con gran maestría, lo dramático y lo cómico, lo lógico y lo inesperado, lo breve y lo complejo, lo importante y lo banal. 

    La nueva novela de Aramburu mezcla, con resultado de gran veracidad, realidad histórica y ficción literaria. La realidad histórica nos dice que el 20 de octubre de 2011 ETA anunció el cese definitivo de su actividad armada. La ficción literaria que construye el autor en torno al fin de la fábula terrorista nos sitúa en una granja de pollos de Albi, al sur del territorio francés. Allí, un matrimonio local no del todo bien avenido pero simpatizante de la lucha secesionista vasca mantiene escondidos a Asier y Joseba, dos jóvenes exaltados e idealistas de la lucha armada que acaban de integrarse en ETA y esperan instrucciones de su enlace en la zona para comenzar de inmediato su adiestramiento en las prácticas terroristas. Ni qué decir tiene que el anuncio del fin de las hostilidades los pilla por sorpresa. Su frustración y su indignación por lo acontecido crece al verse además abandonados, sin dinero, sin experiencia y sin armas.

    Desolados y ávidos de gestas patrióticas, los jóvenes deciden continuar la lucha por su cuenta formando una nueva organización en la que Asier es el jefe e ideólogo y Joseba su subalterno. Prácticamente no se entienden con Fabien y Guillermette, para quienes realizan algunas tareas en la granja a modo de pago simbólico por alojarlos en un cuartucho de mala muerte, justo arriba del almacén. Se aburren sobremanera y solo piensan en realizar acciones para la causa. Únicamente las visitas a Txalupa, un antiguo militante más presumido que valiente -fardaba de méritos, de hazañas y ekintzas y de no haber caído en las garras de los txakurras-, los sacan de su ensimismamiento. De hecho, esas visitas, en realidad mucho más imaginativas que efectistas, equivalían para ellos al cursillo de armas que ya sabían que jamás tendrían. La disciplina, la precariedad y la cautela se convierten en el modus vivendi de los autoproclamados nuevos gudaris.  

    Joseba abandonó su vida, a su novia embarazada, Karmele, y a un bebé del que incluso desconoce su sexo para ingresar en ETA. Asier, un convencido misógino, trata de disuadir a su compañero de escribir una carta a la madre de su bebé. Me casé con ETA. Con nadie más. Y mis hijos serán las ekintzas. Que se me ponga delante una mujer en canicas. No pierdo la calma. No me ata una mujer, afirma Asier ante un Joseba melancólico y deprimido cuando todo el asunto está ya más que torcido. Entre desaforadas críticas a ETA, los jóvenes deciden militarizarse a base de escobas, palos y martillos a modo de pistolas y piedras en lugar de balas. Así, la mayor parte de la historia discurre entre el afán de entrar en acción y las peripecias más disparatadas y ridículas. Cualquier mínima acción, como el robo de comida o bebida en un supermercado, es elevado a la categoría de ekintza por unos jóvenes que parecen niños y que, por descontado, dan mucha más pena que miedo. 

    Por ejemplo: cuando Asier da un discurso a Joseba en relación a la pena y el remordimiento que nunca debe sentir un militante y hace referencia a la necesidad de endurecimiento y a que no hay guerra sin sangre la respuesta de Joseba es que hace dos años me sacaron sangre en el ambulatorio de mi pueblo y me mareé, me puse blanco, estuve diez minutos tumbado en la camilla y por poco devuelvo. No parece un comienzo muy prometedor, la verdad. Y, sin embargo, con todo, lo peor es que ellos mismos son conscientes del espantoso ridículo que protagonizan. Así, cuando hablan de hacer Historia de la lucha armada vasca y de que sus nombres sean estudiados en las ikastolas, Joseba afirma que el problema es pasar a la Historia como dos tarugos. Que nadie se ría de nosotros. Asier responde con un te callas lo ridículo. Cuentas lo demás. Conversación que Joseba finaliza de forma demoledora: ¿Qué queda entonces? Lo de hoy está siendo de película del Gordo y el Flaco

    El mundo prácticamente imaginario en el que viven Asier y Joseba salta por los aires al ver cómo su relación con el matrimonio francés y con Txalupa cambian radicalmente casi a la vez. Sois un par de subnormales. No tenéis ni medio dedo de frente. Vuestros planes me traen sin cuidado. Os veo tan verdes... No tenéis la menor idea de lucha armada. Os van a llover hostias de todos lados, empezando por las de los nuestros, les espeta su antiguo compañero de batallitas en un intento de hacerlos entrar en razón. La ingenuidad de los jóvenes salta a la vista. También su cabezonería y su falta de miras. Y Txalupa decide finalmente quitárselos de encima. Además, la entrada en escena de María Cristina, una zaragozana amiga de las revoluciones y enemiga de los fachas, hará que se resquebraje por momentos la hasta entonces imperturbable unión de Asier y Joseba. Con ella, toman la decisión de retornar a Euskal Herria para comenzar sus acciones salvadoras de la patria vasca.

    Los jóvenes malviven. Protagonizan constantemente peripecias nefastas. Discuten sobre si dejar o no entrar en su organización a mujeres, sobre los métodos a seguir en su revolución, sobre cualquier tema. Joseba cada vez echa más de menos a Karmele y a su hijo (¿o hija?). Recrimina a Asier las historias familiares narradas durante el último año. Y, para colmo de males, al volver a Euskal Herria no reconocen ni el comportamiento de sus gentes ni el ambiente que se respira. ¿Dónde están las pintadas de antaño? ¿Y los carteles? ¿Y aquellas pancartas, entre fachada y fachada, en favor de los presos de ETA? Todo Cristo llenando los bares, jamando y trincando tan felices. Cientos de compañeros en la cárcel; otros, caídos en defensa de nuestros derechos nacionales, ¿para qué? Años y años de lucha y sacrificio, ¿para esto? Y deciden que simularían hacer vida normal mientras montan una sólida estructura, necesaria para emprender la lucha. Todo poco a poco, con inteligencia y cálculo, para estar operativos en cuestión de un año o año y medio a lo sumo.

    Hijos de la fábula demuestra que es posible hacer sátira hasta de las grandes desgracias. Que en cualquier lugar y situación, por dramática que esta sea, cabe lo cómico. Que algunos escritores son capaces de construir una historia desde la nada. Que algunas de estas historias pueden tener finales inesperados y magistrales. Y que Fernando Aramburu es un escritor valiente que, cuando se pone a escribir, no puede evitar meterse en estanques llenos de caimanes. Hecho que, según algunos paisanos suyos, lo convierte en un tocapelotas. A lo que él responde: me da igual. Si sintiera miedo al escribir me dedicaría a la jardinería o al ajedrez. Quizás la jardinería o el ajedrez ganarían con ello. Pero los lectores perderíamos a un gran escritor. Así que: bien está lo que bien acaba.                     

        

            

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Patria. Fernando Aramburu. Tusquets Editores. 2016. Reseña





     La historia del País Vasco durante los últimos cuarenta años se ha escrito no con tinta sino con sangre. Gran cantidad de sangre. La violencia desatada no dio lugar a demasiada literatura. Hasta hace poco. Concretamente hasta que ETA anunció que abandonaba las armas. En los últimos años los escritores han comenzado a atreverse a abordar la situación dejando de lado el miedo a las posibles consecuencias. Lógico. Por eso una obra como la que nos ocupa resulta tan interesante a quienes sentimos lo ocurrido en una de las tierras más bonitas de nuestro país. A los que siempre creímos que la verdadera Euskal Herria nada tenía que ver con las extorsiones, los impuestos revolucionarios, las bombas, los autobuses ardiendo y los tiros en la cabeza.

     Afirma Fernando Aramburu que no ha escrito Patria para juzgar a nadie. Toda una declaración de intenciones que puede ser tomada al pie de la letra o justamente al contrario. Porque esta novela --para mí, la mejor que he leído durante este 2016 que ya casi agoniza-- es cierto que no juzga a nadie como individualidad, pero sí lo hace como comunidades de ciudadanos. Me explico: a lo largo de sus más de seiscientas páginas aborda temas como la lucha armada, el encarcelamiento de sus héroes, la ocultación de sus víctimas, la mentalidad de pueblo perseguido, el escalofriante papel jugado por la Iglesia católica y la perpetua división  entre buenos y malos. Todo un juicio social donde los haya. Unas sociedades --la vasca y la española-- a la postre tan similares que ponen los pelos de punta.

     Dos familias amigas enfrentadas por el conflicto se huyen y se buscan para solicitar el perdón de los otros. Un pueblo del que se dan datos pero no nombres ni apellidos. Un asesinato a sangre fría en una tarde lluviosa que aparece ya en la misma portada de la novela. Teñida de rojo. Como el paraguas de su portador. Dos amas de casa --Bittori y Miren-- de armas tomar que ejemplarizan la oscura sociedad matriarcal. Unos maridos --el Txato, empresario asesinado, y Joxian, quejón y llorón-- dominados por sus esposas. Y cinco hijos --Xabier, Nerea, Arantxa, Gorka y Joxe Mari-- que viven las tragedias de su época y ven cómo sus vidas se resquebrajan sin poder evitarlo de manera alguna. 

     Hasta nueve historias diferentes pero interdependientes dentro de una misma historia. Ahí es nada. Contadas desde diversos puntos de vista y utilizando una técnica por la cual todos los personajes nos hacen sentir sus impresiones, sus pensamientos, sus acciones en una primera persona narrativa que se entrelaza con la tercera persona del narrador omnisciente. Narrador que hace un cameo en su propia novela en uno de los capítulos, titulado "Si a la brasa le da el viento". Todas las historias contadas, además, a base de capítulos cortos (125) con gran maestría. La de un escritor al que servidor no conocía hasta esta novela. Craso error que desde ya mismo pienso corregir.

     El autor, que ya trató el tema vasco en 2006 y 2012 con sus obras Los peces de la amargura (Premio Vargas Llosa de Novela, Premio Dulce Chacón y Premio Real Academia Española) y Años lentos (Premio Tusquets Editores de Novela y Premio de los Libreros de Madrid), utiliza como guión/hilo conductor de la novela no la sucesión lineal de los hechos sino una serie de ráfagas o flashes emocionales de cada uno de sus protagonistas. Porque aunque asesinato hay uno, tragedias hay nueve. Porque cada uno de sus personajes lleva a cuestas su propia tragedia personal. Una mochila que en algunos casos parece pesar menos pero que en otros es demasiado pesada para seguir viviendo el día a día.   

     En Patria la tragedia y el dolor no se circunscriben a unos pocos sino que se convierten en algo mucho más generalizado. Sufren las familias de las víctimas, pero también las de los terroristas, que deben cruzar el país una vez al mes para poder ver a sus hijos, hermanos o padres, no solo encarcelados sino víctimas de la sinrazón de un gobierno central igual de inhumano. El desgarro emocional se agranda paulatinamente hasta volverse irreversible. Familias igualmente nacionalistas, con hijos simpatizantes de la izquierda abertzale, que en ocasiones se enamoran de inmigrantes que no saben hablar el euskera, que comparten las mismas ideas... hasta que la violencia los alcanza, divide y hasta destruye. Porque todos, absolutamente todos son humanos.

     Los peligros del nacionalismo --el vasco y también el castellano-- aparecen en cada una de las páginas de la novela. Tradicionalista, casi medieval, sacralizador de la tierra, excesivamente romántico y divisor y violento. Sobre todo, divisor y violento. No en vano, afirma Aramburu sobre las posibles reacciones hacia su libro que lo que de verdad me preocuparía es que gustara a los violentos. Otra declaración de intenciones que no debemos pasar inadvertida. Porque, si algo tiene Patria, es que nos habla de la imposibilidad de olvidar, pero también de la necesidad de perdón en una comunidad rota por el fanatismo político.  

     Existen novelas que nos emocionan por la historia que se nos cuenta. Otras lo consiguen a través de un lenguaje exquisito. Y solo unas pocas, casi contadas con los dedos de las manos, consiguen aunar ambos aspectos. Son lo que solemos llamar obras maestras. Muy raras veces estas se convierten en bestsellers. Pues bien, Patria es todo ello. Nos hace sufrir por la dureza de su contenido. Pero también nos deleita con su lenguaje y su construcción a modo de píldoras emotivas. Porque estamos ante un libro que todo el mundo debería leer: vascos y no vascos; interesados en la política y apolíticos; víctimas y verdugos; grandes lectores y aquellos que apenas leen un par de libros al año. Aramburu no toma partido por nadie. Se limita --¡como si esto fuera poco!-- a compartir con nosotros el dolor resultante de toda violencia. 

                              

martes, 2 de abril de 2013

Julio Anguita. Combates de este tiempo. Editorial El Páramo. 2012




     Decir que Julio Anguita es uno de los referentes políticos de nuestro país durante los últimos treinta años es de perogrullo. El libro que reseño a continuación es un resumen de cartas, disertaciones, conferencias, comparecencias en el Congreso de los Diputados, cartas abiertas y escritos internos de IU del que fuera líder del PCE y del referido partido izquierdista. Un compendio de su pensamiento político en su sentido más amplio. En definitiva, un repaso a los temas más controvertidos de las últimas cuatro décadas en España, Europa y el mundo. Una lectura obligada para todos los ciudadanos: mayores y jóvenes, de "izquierdas" y de "derechas", conservadores y revolucionarios, activos y pasivos.
 
     A lo largo de sus más de trescientas páginas analiza pormenorizadamente los asuntos de mayor actualidad de las distintas épocas. Y lo hace de forma clara, concisa y sin demasiadas florituras. Tal y como es él, vamos. Evidentemente, resulta imposible tratar tal diversidad temática en una reseña, por lo que daré breves pinceladas sobre ella.
 
     Respecto a la política mundial destaca su visión global, en la que cuestiona la legitimidad de la hegemonía de los USA en el mundo. Incluso califica algunas de sus acciones gubernamentales como de "terrorismo internacional de Estado" (por ejemplo, en sus intervenciones en Irak o Yugoslavia), incumpliendo la Carta Fundacional de la ONU y amparándose en la OTAN para imponer su liderazgo en Europa, algo que engloba a su vez en lo que él denomina "dictadura del mercado", una nueva etapa de la lucha de clases en la que los políticos están subordinados a los mercados que les imponen su preeminencia a costa de recortes sociales amplios y contrarios a la Declaración de los Derechos Humanos. Es decir, que vivimos en una Democracia sólo aparente pero cada vez menos consistente. Todo ello, a nivel planetario.
 
     Para Anguita, la ONU y la OTAN (la cual suplanta a la anterior en demasiadas ocasiones) y, por añadidura el mundo occidental, están en manos de la gran potencia mundial, la cual no duda en agredir y torturar a poblaciones civiles, utilizar armas de destrucción masiva (con bombas de racimo y de uranio empobrecido en muchos de los casos) y repartirse el botín en los distintos países invadidos por el (supuesto) bien de la comunidad internacional, incluso contraviniendo a las organizaciones referidas con anterioridad. A su líder actual, Barack Obama, lo califica como un "producto de la mercadotecnia", del márketing y del espectáculo, al más puro estilo deportivo, en que se ha convertido la política mundial. De él, dado que todo permanece inmutable en Guantánamo, Cuba, Palestina o Afganistán, dice que no merece en absoluto el Premio Nobel de la Paz con el que fue injustamente distinguido. El cambio político por él prometido se ha quedado en agua de borrajas, como sucedió en su día con Clinton o Kennedy, reduciéndose su papel a mero servidor del fundamentalismo del mercado. 
    
     Respecto a Europa y la Unión Europea también es muy crítico el otrora líder comunista español. Para él, está total y absolutamente plegada a los mandatos de los USA, algo que entra en una absoluta y completa contradicción respecto a parte de sus principales principios teóricos. La bajísima participación de la población española en los comicios europeos (que ha llegado a alcanzar casi el 80% de abstención en alguna ocasión) responde al neoliberalismo practicado por los gobiernos europeos, tanto de "derechas" como de "izquierdas" y a la destrucción del Estado de Bienestar (a manos de los mercados) que tanto costó de alcanzar en las décadas anteriores, lo cual ha generado una indiferencia común en los ciudadanos, quienes no ven, además, alternativa a todo lo anterior. En España, esto es todavía más grave, por lo que la Constitución Europea que se pretende instaurar entra en clara contradicción con muchos de los puntos de la propia Constitución Española de 1978, situación que, como Anguita anticipó, iba a traer a nuestro país paro, resignación, frustración y pérdida de confianza en los políticos. Todo ello, añado yo, ayudado por los flagrantes casos de corrupción de los que muchos de ellos son protagonistas desde hace ya demasiados años.
 
     Sin embargo, la mayoría de las críticas de Anguita se refieren a nuestra España. Así, se centra en la diferente vara de medir que tienen los políticos a la hora de establecer alianzas que llevan a investir a alcaldes y presidentes y en la imperiosa necesidad de acabar con la Ley d´Hont como fórmula para asignar escaños (haciendo especial hincapié en las negativas de PP y PSOE respecto a las repetidas peticiones de IU en el Congreso) ya que falsea la voluntad popular. Para él, la política española necesita una regeneración democrática que se ponga a disposición de la justicia y luche contra la corrupción. En este sentido, critica la no desclasificación de los documentos sobre los GAL. Asimismo, aboga por la separación de Iglesia y Estado y por la laicidad y modernidad del Estado español. E, incluso, llega a deslegitimar a la monarquía española y a Juan Carlos I.
 
     Mención aparte merece su condena de la alianza entre PP (Aznar-Rajoy) y PSOE (González-Zapatero), quienes se alternan en el poder para que, en realidad, nada cambie, pues su máximo interés es que campen a sus anchas el inmovilismo y la manipulación mediante unos medios de comunicación afines a ellos. Añade, además, la constante vulneración de la Constitución Española por parte de ambos en base a Maastricht y a la razón de Estado. A este respecto, llega a criticar a González por su falta de valores al intentar hacer disminuir las cifras del paro a costa de presionar a los ayuntamientos para que licitaran construcciones urbanísticamente ilegales, contraviniendo la Ley del Suelo en 1985. Al propio líder socialista lo acusa de "perder su ideología ante sus ansias de gobernar a cualquier precio, incluso apartándose de la calle y cambiando de bando", cuestión ésta que acabó con Aznar en La Moncloa tras la negativa de IU a pactar con el PSOE en 1996. Nadie ha perjudicado más los interes de España como los gobiernos del PP y el PSOE. De la misma manera que en el País Vasco nadie lo ha hecho tanto como ETA, a la que califica de "réplica del fascismo al que combate".
 
     Respecto a su propia formación, IU, afirma que el Programa y el diálogo son lo más importante en política. En relación a ésto, conviene en que se puede pactar con cualquier formación, de signo que sea, siempre que del diálogo salga un consenso sobre un Programa político válido para el ciudadano. El discurso de IU es rojo, verde y violeta; es decir, comunista, ecológico y republicano. En uno de los escritos del presente libro habla de propuestas para refundar su partido (2008).
 
     La presente crisis también está presente en "Combates de este tiempo". Para él, derivará en una ocasión de futuro que desembocará en una regeneración política y en un rearme moral que será capaz de vencer a la somnolencia, el pasotismo y la resignación en que estamos instalados ahora. Así, el 15M es un movimiento con vocación de mayoría cívica que acabará apartando a la otra mayoría, a la que traga y connive, cómplice del mercado. La realidad de este país ahora mismo no está, pues, en los medios de comunicación (la gran mayoría de ellos, mediatizados por el poder bipartidista), sino en las calles y las plazas de España, donde se defienden la rebeldía bien entendida, los derechos humanos, la igualdad, la solidaridad, la libertad, la justicia, la información, la austeridad, la sobriedad, la paz, la movilización, la concienciación, el pensamiento y la cultura. Y, todo ello, en aras de alcanzar la independencia y la libertad misma.
 
     Creedme, simpaticéis más o menos con el que fuera alcalde de Córdoba y líder del PCE e IU, la lectura de esta obra es indispensable para conocer de primera mano el pensamiento político de un personaje de gran calado. Yo no me he arrepentido. Es más, llega a impresionar la capacidad de este señor a la hora de vaticinar y adelantar muchas de las cosas que en la actualidad estamos viviendo. Sus mensajes, aunque puedan llegar a tener hasta treinta años de antigüedad, permanecen tan actuales, tan vigentes, que incluso asustan en ocasiones. Leer este tipo de libros abre mucho la mente. Y falta nos hace ahora mismo en España.
 
                

miércoles, 11 de enero de 2012

Arnaldo Otegi y el Premio Nobel de la Paz


     La noticia saltó a todos los medios digitales ayer por la mañana. Evidentemente, no estamos ante una inocentada, pues ayer era 10 de enero, sino ante algo muy grave y, sobre todo, muy serio. Una supuesta campaña de la izquierda abertzale busca la proposición de Arnaldo Otegi como candidato al próximo Premio Nobel de la Paz por su contribución al proceso de paz en el País Vasco. Como era de suponer, la polémica se ha expandido como la pólvora por doquier. Sobre todo en las redes sociales de moda.

     Otegi, de 53 años de edad, cumple actualmente diez años de condena por pertenencia a banda armada en calidad de dirigente. Militante activo, durante años, de ETA político-militar, también perteneció a las formaciones políticas Batasuna, Herri Batasuna y Euskal Herritarrok, ilegalizadas en 2002 por considerar que estaban bajo la tutela de la banda armada. Licenciado en Filosofía y Letras, casado y con dos hijos, niega su nacionalidad española y se considera vasco. Fue parlamentario por HB y EH.

     Nomenclaturas aparte, Otegi es un terrorista, un asesino, un criminal. Directa o indirectamente, es responsable, ejecutor y/o incitador, de la pérdida de numerosas vidas humanas. Y está en la cárcel por méritos propios. Además, ha hecho explotar gasolineras, ha robado coches a mano armada (usados luego para matar, secuestrar o extorsionar a seres humanos), ha asaltado el gobierno militar de San Sebastián, ha liberado a presos de hospitales, ha participado en varios secuestros (como los de Francoise Marhuenda, Javier Rupérez o Luis Abaitua) y ha tomado parte en numerosos actos en favor de compañeros etarras (siendo condenado por enaltecimiento del terrorismo por varias causas, como la de 2005, cuando participó en un acto homenaje a José María Sagardui (Gatza), el preso de ETA que más tiempo llevaba encarcelado).

     Ciertamente, no estamos ante un hombre que haya hecho méritos para recibir un Premio así. No obstante, es innegable que dicho galardón se ha devaluado sobremanera en los últimos años. Que personajes como Mahatma Gandhi (nominado hasta en cinco ocasiones) o Irena Sendler (nominada en 2007) no lo hayan recibido y sí Henry Kissinger, Al Gore o el propio Barack Obama (que incumple sus promesas electorales sobre el cierre de Guantánamo, que estos días cumple diez años, y ordenó y preparó, en 2011, los asesinatos de Bin Laden y Gadafi) dicen muy poco en favor de una institución que en otros tiempos no se preocupaba de intereses más o menos oscuros sino de valores humanos, premiando a la Madre Teresa de Calcuta, Martin Luther King, Andrei Sakharov, Lech Walesa o Nelson Mandela. 

     Por eso, entre las reacciones a la propuesta de Otegi se han levantado voces que, sin defenderla, critican a la institución noruega. Así, Fernando Savater, ha afirmado que "ha habido algunos Premios Nobel de la Paz que han sido casi tan malos como Otegi". Otros han comentado que "dar el Nobel a Otegi es como dárselo a Obama o a Kissinger". El debate está en la calle y en las redes sociales. Sin duda, el solo hecho de aceptar su pre-candidatura significaría el fin del poco crédito que todavía le queda al Comité Nobel Noruego. Antes que eso, convendría dejar desierto el galardón de este año, algo que ya ha ocurrido en diecinueve ocasiones a lo largo de sus más de ciento diez años de historia. 

     Otras reacciones a la noticia son las siguientes: Patxi López, lehendakari vasco, la califica de "sarcasmo"; la eurodiputada Teresa Jiménez Becerril, hermana del dirigente del PP andaluz, Alberto Jiménez Becerril, asesinado por ETA en 1998, ha afirmado que "por encima de mi cadáver. Moveré cielo y tierra en las instituciones europeas para que la Academia no premie al ex-portavoz de Batasuna"; Ángeles Pedraza, presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorimo (AVT), la tilda de "una inocentada de muy mal gusto" al tiempo que culpa de esta situación a las últimas acciones del gobierno español saliente; y Teo Uriarte, ex-miembro de ETA juzgado en el histórico proceso de Burgos, ha pedido que no se tome como una broma la candidatura puesto que "parece seguir el esquema de lo que sucedió en los procesos de paz de Sudáfrica e Irlanda del Norte". Según él, las negociaciones de ETA con José Luis Rodríguez Zapatero han propiciado que el entorno de Batasuna haya logrado "un prestigio evidente en los sectores alternativos de las Naciones Unidas y en otros círculos de decisión y poder".

     ¿Será este tema un legado más de las malas gestiones realizadas por ZP, Rubalcaba y sus compañeros? Esperemos que sí, aunque nunca se sabe. Lo que está claro es que, si le da el Nobel de la Paz a un terrorista, la Academia estará acabada. A lo mejor, por esas nos salvamos...   
            
    

viernes, 21 de octubre de 2011

Mis razones para desconfiar del anuncio de ETA


     ETA anunció ayer, 20 de octubre de 2011, a las 19:00 horas, el cese definitivo de la actividad armada a través de un comunicado oficial. Se trata de la gran noticia del año, de la década y de la historia reciente de España. Y lo hizo tras más de 40 años de asesinatos, secuestros, extorsiones y cobardes amenazas. Sin embargo, aunque no dejo de reconocer que es una noticia fantástica, creo que dejaré el champagne en la nevera algún tiempo antes de celebrarlo por todo lo alto. Porque veo razones para que este comunicado quede en agua de borrajas. Ojalá me equivoque. 

     Por todos es sabido que el estado de este grupo militar actualmente es caótico. Su situación no le permite por el momento seguir actuando, por lo que un descanso no le viene nada mal. Y el hecho de que Bildu esté en un momento de ascenso continuo en cuanto a número de seguidores y de posibles votantes de cara a las elecciones del 20-N ayuda a tomar una decisión como la de ayer. Está claro, dicha formación política se puede ver todavía más fortalecida, alcanzando unos grandes resultados en los próximos comicios. Es, sin duda, la gran beneficiada del comunicado de ayer.

     Todos sabemos, también, que la banda terrorista acostumbra a emitir comunicados de "alto el fuego" y de "tregua" cuando se acercan elecciones generales. Y como ambos términos ya carecen de significado dado que son un recurso demasiado utilizado en el pasado, han buscado dar el golpe con el "cese definitivo de la violencia", algo que, a buen seguro, saben que les dará mucho mejor resultado electoral a sus amigos de Bildu. Para completar el cuadro, la más que probable victoria el 20-N del PP (Partido con el que, históricamente, han mantenido peores relaciones tanto ETA como las distintas formaciones políticas colaboradoras) crea las condiciones necesarias para buscar nuevas estrategias y medios de presión hacia un nuevo gobierno central. 

     Más motivos para desconfiar. Cuando, en el comunicado, ETA expresa que "el reconocimiento de Euskal Herria y el respeto a la voluntad  popular deben prevalecer sobre la imposición. Ese es el deseo de la mayoría de la ciudadanía vasca", ¿se refiere a los votantes de Bildu y a la izquierda abertzale? Me temo que sí. ¿Y quién impone, el gobierno español? Me parece que también. De momento, la izquierda abertzale ya ha pedido abrir el proceso de independencia en Euskal Herria. Mal comienzo si es esta la primera condición para el diálogo.

     Y con ello seguimos, con el diálogo. En el comunicado, además, se hace un llamamiento a los gobiernos francés y español para "resolver las consecuencias del conflicto y superar la confrontación armada". Y digo yo, ¿desde cuando un gobierno ha de negociar con una banda de asesinos que, aunque hablen de dejar la violencia, no se disuelven ni entregan las armas? ¿Acaso se creen estar en igualdad de condiciones los terroristas que los gobernantes?

     Para colmo de nuestra indignación, ETA habla y homenajea a sus muertos y a sus presos de esta forma: "La crudeza de la lucha se ha llevado a muchas compañeras y compañeros para siempre. Otros están sufriendo la cárcel o el exilio. Para ellos y para ellas nuestro reconocimiento y más sentido homenaje". Asesinos de ETA: la cruda lucha a la que os referís la habéis creado vosotros. La cárcel y el exilio de vuestros compañeros es lo mínimo que os merecéis. ¿Y qué hay de las víctimas inocentes (900) cuyas vidas segásteis? ¿Para ellas no hay reconocimiento?

     En fin, que ETA sigue existiendo a todas luces (ni se ha disuelto ni ha entregado las armas) y que mucho me temo que cuando Bildu no consiga sus pretensiones políticas independentistas y la banda esté de nuevo en condiciones de volver a actuar volveremos a las andadas. Y repito, me encantaría equivocarme en esta cuestión. Sería fantástico que ETA fuera en serio y no hubiera ni una víctima inocente más. Sin embargo, como he explicado, creo que no se trata más que de una nueva estrategia electoralista.       
            

viernes, 25 de febrero de 2011

Baltasar Garzón: luces y...sombras

     Baltasar Garzón Real (nacido en 1955) es, sin duda, el magistrado español más conocido y reconocido. Asesor del Tribunal Internacional de La Haya y juez de la Audiencia Nacional hasta el 14 de mayo de 2010, fecha en que fue apartado de sus funciones de forma cautelar por el Consejo General del Poder Judicial después de que el magistrado del Tribunal Supremo Luciano Varela acordara la apertura de juicio oral contra él por presunta prevaricación por la decisión de declararse competente para investigar los crímenes del franquismo desde su juzgado de la Audiencia Nacional.

     Además, se han abierto contra él otras dos causas: por presunta prevaricación por escuchas ilegales en el Caso Gürtel y por supuesta prevaricación en favor del Banco de Santander. Respecto a la primera, el propio Garzón admitió en su declaración su participación al ordenar la intervención de las comunicaciones mantenidas en prisión por los cabecillas de la trama con sus abogados y otros letrados personados en la causa. Se justificó concluyendo que era su única vía para impedir la destrucción de pruebas.

     Respecto a la segunda, alegó que quién le pagó sus cursos fue la Universidad de Nueva York a través del Centro Rey Juan Carlos y negó tener relación con el Banco de Santander o con Emilio Botín. Se le acusa de haber sido patrocinado directamente por el Banco y del archivo de una causa contra Emilio Botín justo a su regreso de Nueva York. 

     Personalmente, pienso que todo esto forma parte de una campaña muy bien orquestada por la ultraderecha española (Falange y Manos Limpias) que lo que busca, en definitiva, es quitarse de en medio a un personaje repleto de luces y también de alguna que otra sombra. Vamos primero con las luces.

     A lo largo de su trayectoria judicial Baltasar Garzón ha llevado a cabo magistrales operaciones. Voy a destacar solo unas pocas para que el artículo no se alargue en exceso:
- Operaciones contra el narcotráfico, como las que acabaron con la organización gallega de Laureano Oubiña ("operación Nécora") o con "el clan de los Charlines" (operación "Pitón").
- Acusaciones contra Augusto Pinochet y las dictaduras chilena y argentina, por crímenes contra la Humanidad y por muerte y tortura de ciudadanos españoles durante su mandato.
- Acciones contra ETA y su entorno (Batasuna, Egin, Movimiento de Liberación Nacional Vasco, etc).
- El caso GAL : terrorismo de Estado contra ETA durante el gobierno socialista de Felipe González que causó la muerte de 23 personas, algunas de ellas sin relación alguna con la banda terrorista, entre 1983 y 1987. Durante el proceso se probó que la operación fue financiada por altos cargos del Ministerio del Interior. Acabaron en la cárcel, con mayores o menores penas, José Barrionuevo (Ministro del Interior), Rafael Vera (Secretario de Estado para la Seguridad), Ricardo García Damborenea (Secretario General del PSOE en Vizcaya), Enrique Rodríguez Galindo (General de la Guardia Civil) y los policías Amedo y Domínguez, entre otros.  
- El caso Gürtel: trama de corrupción que operaba en Madrid, Valencia y la Costa del Sol. A los implicados se les acusa de blanqueo de capitales, fraude fiscal, cohecho y tráfico de influencias. Actualmente hay 71 imputados relacionados con el Partido Popular.

     Ocupémonos ahora de las sombras. Principalmente son tres:
- Su carrera política: en 1993 decidió adentrarse en la política. Las malas lenguas dicen que con la intención de llegar a ser Ministro del Interior. Pero Felipe González "solo" le nombró delegado del Gobierno en el Plan Nacional sobre drogas, con rango de secretario de Estado, dentro del recién fusionado Ministerio de Justicia e Interior, con Juan Alberto Belloch como Ministro. Meses después dimitió como delegado del Gobierno y renunció a su escaño en el Congreso, aduciendo como motivo la pasividad de Felipe González ante la corrupción. Abandonó la política despechado y volvió a la judicatura.
- El caso Gal: en las investigaciones halló pruebas de que el "Señor X", el máximo responsable de todo lo ocurrido en torno al terrorismo de Estado contra ETA era el presidente del Gobierno, Felipe González, quién afirmó simplemente que "me enteré por la prensa". Durante su administración, el presidente González no permitió la investigación completa de los fondos reservados con los que se había financiado a los Gal. Sin embargo, a Baltasar Garzón le acabó temblando el pulso y el presidente no llegó a ser acusado de nada.
- Rechazo de la querella contra Santiago Carrillo, el PCE, el PSOE, la Comunidad de Madrid y el Estado español por delitos de genocidio, torturas y terrorismo por los sucesos conocidos como la Matanza de Paracuellos del Jarama: el juez rechazó de plano la querella alegando la «mala fe procesal» y «abuso del Derecho» por parte de los denunciantes, por lo que no admitió recurso alguno contra la resolución.

"Hay una preocupación de imparcialidad a la hora de enjuiciar hechos que ocurrieron hace tanto tiempo..., y la imparcialidad resulta imposible" (Santiago Carrillo hablando sobre las acusaciones del historiador socialista Ian Gibson sobre su conducta en el desarrollo de las matanzas de Paracuellos del Jarama en los últimos meses de 1936).

Gibson concluye que tanto Carrillo como su delegado, Segundo Serrano Poncela, prefirieron no darse por enterados del "sistema de terror y muerte implantado antes de su llegada al poder, de acuerdo, pero continuado durante su mandato. [...] A la vista de esta situación, tanto Carrillo como Serrano Poncela, a nuestro juicio, optaron por hacer la vista gorda".

     De todo lo anteriormente argumentado, y para finalizar con el artículo, he de decir que el magistrado está siendo vilmente perseguido por la ultraderecha española, que quiere hacerle pagar algunas de sus acciones pasadas y presentes. Sin embargo, igual de tajante he de ser respecto a una doble vara de medir por parte de nuestro protagonista. El franquismo cometió numerosos crímenes que, efectivamente, deben ser investigados hasta sus últimas consecuencias. Pero, de la misma forma, deberían ser investigados también los cometidos por los comunistas en Paracuellos del Jarama. Y la misma condena merecen. Todos son igual de criminales.

     Defendamos una injusticia, pero no convirtamos en santo a quien no lo es...