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jueves, 23 de febrero de 2023

Cuando era divertido. Eloy Moreno. Ediciones B. 2022. Reseña

 



    

    Cada nueva novela de Eloy Moreno es un golpe directo a nuestras conciencias. A nuestros cerebros. A nuestros corazones. El escritor castellonense se las ingenia para sorprendernos con cada una de sus obras. En Cuando era divertido, su séptima novela -conviene no olvidar sus ya famosas recopilaciones de cuentos-, reconoce de entrada que no es apta para todas las edades ni para todos los públicos. Todos tenemos a nuestro lado algún que otro fantasma que preferimos ignorar. Y puede que esta obra -o cualquiera de los de este autor- nos lo ponga justo delante y nos obligue a enfrentarnos a él de una vez. Sin embargo, también puede ocurrir todo lo contrario: que la historia nos haga felices sabiendo valorar aquello que tenemos. Como cada lector es un mundo y sus circunstancias también son diferentes y variadas, es lógico pensar que este libro pueda convertirse en una gran felicidad o en una enorme pesadilla. Y, en ambos casos, lo más seguro es que convenga ser leído con atención a la acción narrada pero sobre todo a los detalles. Porque muy a menudo son los detalles los que pueden marcar la diferencia.

    Dice el propio autor que esta es una novela incómoda. Quizás la más incómoda que he escrito hasta la fecha. Pero precisamente por eso creo que es necesaria. Este es un libro que habla de algo que todos hemos vivido o podemos vivir en algún momento. Y, desde luego, no le falta razón a Moreno. A estas alturas ya todos sabemos que la vida es complicada. Y la vida en pareja, más todavía. Porque no todo es del color de rosa. Y la pasión inicial y la sensación de estar viviendo a tope pueden dar paso a la muerte en vida en forma de rutina, monotonía, tedio, hastío. Y hasta de odio. ¡Ay, esa delgada línea que separa antónimos mucho más cercanos de lo que jamás podríamos llegar a pensar! Que se lo digan, sin ir más lejos, a los protagonistas de esta novela: Ale y Ale. Sí, Alejandro y Alejandra. El mismo nombre. Algo muy original. Porque en muchas ocasiones a lo largo de la novela el autor se refiere a ellos de una manera que cuesta distinguirlos. Porque en realidad ambas partes de una pareja pueden sentirse de una determinada manera. A veces no sabemos qué Ale está pensando y actuando. Y la verdad es que da igual: lo importante es lo que piensa y cómo actúa.

    Un ejemplo de ello es este párrafo: cada noche, Ale y Ale, marido y mujer, miran hacia un mismo televisor pensando en cosas demasiado distintas. Uno de ellos ahora mismo tiene en la punta de la lengua la respuesta correcta del concurso que ven cada noche. La otra parte de la pareja piensa desde hace unas semanas en una persona que no es la que ahora mismo se sienta a su lado. Una persona que le hace sentir una ilusión que ya creía perdida. O en este otro: ambos saben que hace tiempo que ese ¿vamos a la cama? no significa nada más, porque hay cosas que, con el tiempo, se van dejando en cualquier rincón de la casa. Llegan a la habitación y, tras un beso y un buenas noches, se acuestan espalda contra espalda, mirando hacia universos contrarios. Puede que para la historia que se narra sea importante saber cuál de los dos Ale siente algo hacia otra persona, sí, pero este hecho resulta no tener ninguna importancia desde el punto de vista del mensaje que el autor quiere darnos a través de dicha historia. De ahí la originalidad de dar a ambos el mismo nombre. Ale y Ale. 

    Todos hemos buscado en algunos momentos de nuestra juventud los rincones más apartados y oscuros, aquellos que quedan lejos de las miradas más indiscretas, para dar rienda suelta a nuestros sentimientos junto a nuestra pareja. Un banco, un parque, un rellano, la cima de una montaña, una playa, un río. Cualquier lugar en el que poder sentirnos a salvo de los demás pero no de nuestras ansias. Sin importar las circunstancias, el calor o el frío. Porque, como afirma el narrador de la historia, quizás sea cierto eso de que el frío llega con la edad. Y, a propósito del frío, creo conveniente hacer un pequeño inciso musical en este punto. Todos sabemos del gusto de Eloy Moreno por la música. De hecho, suele compartir en Spotify las bandas sonoras de sus novelas. Las canciones que lo han acompañado durante su escritura. Pues bien, aunque ninguna de estas canciones aparezca en la lista de esta novela, en mi cabeza todavía resuenan los temas Fuego apagado y Corazón de mudanza, del genial cantautor vasco Tontxu. Porque ojalá no quiera hacerlo esta noche, piensan a la vez.

    Son muchos los factores que pueden contribuir a que una relación se vaya apagando. Moreno nos habla de unos cuantos en Cuando era divertido. En lo que casi todos podemos coincidir es en que la falta de sexo es uno de los rasgos que más evidencian que las cosas se han puesto muy mal entre la pareja. ¿Cuándo algo tan placentero se convirtió en algo incómodo? Quizás fue cuando ambos dejaron de cuidarse y dos cuerpos que se atraían tanto dejaron de hacerlo; quizás fue cuando olvidaron imaginar pequeñas historias en las que ellos eran los protagonistas; quizás fue cuando dejaron de jugar en la cama, en el sofá, en la cocina; o cuando dejaron de comprarse y regalarse ropa interior.... Quizás fue cuando la televisión en la habitación comenzó a sustituir el sexo; o cuando dejaron que el niño durmiera en su misma cama, entre los dos... Un niño que al final les sirvió de trinchera para evitar el contacto. Y, sin querer, volvemos al frío. Mala señal cuando uno ya no se desnuda ante su pareja porque hace frío.

    La culpa es uno de los puntos clave a tratar a la hora de poner fin a una relación. Sobre todo si hay hijos de por medio. Ale, al ver a su hijo, piensa en el futuro, en los momentos que todos se perderán como familia. Se imagina al pequeño preguntando por qué no están los tres en casa. Piensa en la vida del niño junto a otra persona, quizás en otro hogar... ¿Cómo será todo a partir de ahora? ¿Qué cosas se perderá? ¿Por qué ha tenido que hacerlo? Y es en el interior de ese huracán de preguntas cuando aparece la culpa. La culpa por haber conocido a otra persona, por haberse enamorado de nuevo, por querer ser feliz de nuevo. En efecto, la culpa atenaza a ambos, pero más a la parte de la pareja que ha decidido poner punto y final a una vida en común. Y lo que acontece a continuación, como los títulos de los capítulos de esta novela, es una mezcla y sucesión de sentimientos encontrados, de tormentasde esperanzas, de sexo, de oportunidades, de odio, de guerra, de finales más o menos inesperados. De recuerdos de cuando todo era diferente, de cuando todo era divertido.

    Y de reproches: ¿Cuánto tiempo hace que no viajamos? ¿Cuánto tiempo hace que no nos llamamos al trabajo para decirnos un te quiero? ¿Desde cuándo no recibes un mensaje bonito mío, cuándo fue el último que me enviaste tú a mí? ¿Cuánto tiempo hace que no nos sorprendemos el uno al otro? ¿Cuándo fue la última vez que nos reímos juntos? Y de certidumbres: De vez en cuando juntamos los labios pero ya no nos besamos. Cuando salimos por ahí es con amigos porque si vamos solos no sabemos ni qué decirnos. Nos hemos convertido en unos compañeros de piso que tienen un niño en común. Y de violencia (o casi): y dos personas que se han llegado a querer como una sola, que hubieran llegado a dar su vida por el otro, ahora se odian como nunca han odiado a nadie. Pero, como en todo, conviene no perder la perspectiva nunca. Y hay un personaje secundario que viene a tratar de poner cordura en la locura en que se convierte la relación de los Ale. Alguien que ya ha pasado por ello antes. Alguien que sabe de lo que habla.

    Alguien mucho más objetivo que afirma que no te imaginas el daño que ha hecho eso de hasta que la muerte nos separe. Las personas cambian, y eso hace que las relaciones también cambien. Algunas se adaptan y otras no. Comprendí que cuando una tercera persona entra en una relación es porque uno de los dos le ha dejado entrar. Y si lo ha hecho es porque algo no funciona ya en esa pareja. ¿Conoces a alguien que esté enamorado y piense en terceras personas? Nunca. Ale no ha hecho esto para hacerte daño, lo hace porque se ha enamorado de otra persona, pero su finalidad no es hacerte daño a ti. ¡Qué bien nos iría a todos si tuviéramos a una persona tan cabal en nuestras vidas! Alguien que nos mostrara que no somos el ombligo del mundo; que no todo gira en torno a nosotros; que cada persona tiene vida propia, ¡incluso nuestras parejas!; que cada cual es libre de buscar su camino en la vida, ¡aunque sea lejos de nosotros!; que el hecho de no querernos ya más en su vida ¡nos es por jodernos la nuestra! Cuando era divertido es una novela muy incómoda, sí, pero también necesaria. Por eso, desde aquí, mil gracias a Eloy Moreno por haberla escrito.

    

 

miércoles, 2 de noviembre de 2022

Todo arde. Juan Gómez-Jurado. Ediciones B. 2022. Reseña

 





    Juan Gómez-Jurado ha publicado una nueva novela. Una novela que parece iniciar una nueva saga en torno a sus tres protagonistas femeninas. Tras el fenómeno Reina roja --trilogía junto a Loba negra y Rey blanco si nos ceñimos a Antonia Scott, pentalogía si incluimos al malvado señor White, que ya aparecía en El paciente y en Cicatriz--, el polifacético escritor madrileño vuelve a la carga de la mano de Aura Reyes, Mari Paz Celeiro y Sere (Irene Quijani). Tres mujeres muy peculiares --todas ellas eminencias en sus campos-- que a priori deberían detestarse entre sí pero cuyas vidas, venidas a menos por distintos hechos de sus respectivos pasados, acabarán entendiéndose --más o menos, según el momento y las circunstancias-- para llevar a cabo un acto de rebeldía común, llamémosle venganza, para que no siempre ganen los mismos. Así, el trío protagonista se convierte en una especie de justicieras, o de vengadoras, capaces de cualquier cosa con tal de conseguir aquello que se proponen. Por descabellado que parezca.
    
    Como siempre ocurre, reseñar una obra de estas características resulta una tarea muy complicada. Los temidos y nada adecuados spoilers se pueden escapar con gran facilidad, lo cual acaba resultando un desastre del que pocos pueden decir haberse librado siempre. Intentaré no tropezar de nuevo --sí, yo también caí en un par de ocasiones en los dichosos spoilers-- con la misma piedra --sería la tercera vez, y ya no tendría perdón de Dios--. Pienso que lo primero que uno ha de hacer en estos casos es ceñirse al pasado de los personajes principales. O, mejor dicho, a la parte de ese pasado que el propio autor desvela en las primeras páginas de su novela. Y, ¿qué mejor que recurrir a sus propias palabras? En efecto, citar al propio autor parece la mejor solución para no contar más de lo que se puede contar. O al menos de que nadie te pueda acusar de nada. Que algo es algo. Así que, allá voy, dispuesto a contaros, por boca de Gómez-Jurado, quiénes son Aura, Mari Paz y Sere y los motivos que las llevan a aunar fuerzas contra el poder establecido.

    Aura Reyes Martínez es el cerebro del grupo. Tiene 45 años. Hasta hace poco era una ejecutiva de éxito, dueña de un lujoso chalet y madre de dos gemelas ma-ra-vi-llo-sas (así, separando mucho las sílabas) de 9 años de edad. Es viuda desde hace dos años --ella misma estuvo a punto de morir a manos del asesino de su marido-- y tiene una imaginación portentosa debido a sus hábitos de lectura --la lectura para ella no era un mero entretenimiento, sino un viaje. Los libros, los buenos libros, un pasaporte sin caducidad--. Ahora, ha sido expulsada del banco para el que trabajaba, está arruinada, vive en la casa de sus padres --su padre murió de un infarto poco después del incidente en casa de Aura y su madre padece alzheimer y está ingresada en una residencia-- y espera un ingreso en la cárcel, dentro de solo tres semanas, por fraude a gran escala, apropiación indebida, falsedad documental y blanqueo de capitales (¡más de cien millones!). Delitos que ella jamás cometió pero por los que debe pagar, y muy caro. 

    Un policía le dice en un momento que esta situación suya es habitual. Una persona con un ingreso en prisión pendiente, a medida que se acerca la fecha, puede llegar a tener la sensación de que no le queda nada por perder. Su sentido de la moralidad se atenúa y tiende a cometer errores que no cometería en otro contexto. Este policía tiene toda la razón. La vida te pasó por encima en seis meses. Yo creía que lo había tenido jodido, rubia. Pero lo tuyo es de récord, ¿eh?, le confiesa Mari Paz al conocer su historia. Solo le quedan sus dos hijas. No quiere perderlas por nada del mundo. Y está dispuesta a cualquier cosa para poder conservarlas. En efecto, poco tiene ya que perder la gran protagonista de Todo arde. Y sobra decir que cuando alguien no tiene nada que perder se convierte en un peligro, para sí mismo y para los demás. De ahí que el policía opine que lo mejor, dadas las circunstancias, sería adelantar su ingreso en la cárcel. Lo cual estresa mucho más a una Aura que se está quedando sin tiempo.

    Mari Paz Celeiro Buján es el músculo. Gallega de pura cepa --su acento la delata de buenas a primeras-- y antigua legionaria. Curtida en mil y una batallas, lleva cinco años de mala racha y vive en su coche. Huérfana desde muy pequeña --sus padres murieron en un accidente de tráfico--, vivió con su abuela durante toda su vida, hasta que ingresó en la Legión. Como Aura, también fue expulsada de su trabajo por causas que se sabrán más adelante. Con el veinte por ciento del salario. Y aún salí bien librada, después de lo que hice, reconoce. En la Legión conoció a varios compañeros que la ayudan cuando se mete en algún lío --y en la novela se mete en uno bien gordo--. Cada uno de ellos tiene su propia historia. Historias duras. Historias de legionario. Junto a ellos, Mari Paz forma el pelotón de los castigaos. Los que nadie quiere, y ¡ni puta falta que hace! Es una camaradería impecable. Una generosidad sin fisuras. Cualquiera de esos cuatro hombres --un ex heroinómano con claros daños neurológicos, un discapacitado con fijación a los explosivos, un anciano poeta y un gordo de mediana edad que sabe hacer la comida más insana y más sabrosa del mundo--, de extracción humilde y vapuleados por la vida, no dudaría un instante en darla por cada uno de los otros. Y por Mari Paz, por la que más. No es solo que la respeten. Es que la idolatran.

    Irene Quijano, Sere, es la hacker del trío. Ingeniera informática freelance --desarrolladora y programadora de alto nivel-- y bruja del caos, tiene un gran superpoder: sacar de quicio a cualquiera. Es extremadamente inteligente, aunque está como un cencerro. Tiene una debilidad que tampoco se puede contar aquí. Estuvo casada con un famoso chef que le puso los cuernos con su propia hermana, lo que la hizo retirarse del mundanal ruido y vivir en soledad. Cuanto más sola está una persona, más solitaria se vuelve. La soledad va creciendo a su alrededor, como el moho. Un escudo que inhibe aquello que podría destruirla, y que tanto desea. La soledad es acumulativa, se extiende y se perpetúa por sí misma. Una vez que ese morbo se incrusta, cada vez es más difícil arrancarlo. Sere apenas se comunica con otras personas, y casi siempre por medios electrónicos. Toma todas las decisiones --las importantes y las que no lo son-- solo y solo después de tirar los dados. Es una mujer peligrosa. Como sus dos nuevas compañeras y amigas.   

    Otros personajes importantes, aunque mucho más secundarios en la trama de la novela son Sebastián Ponzano y Laura Trueba. Sebastián Ponzano es el presidente del Value Bank. Antiguo jefe de Aura, es también el principal responsable de su caída, como reconoce la propia Aura ante Mari Paz -- Ponzano me quitó mi reputación, mi carrera, y me echó encima a la fiscalía--. Tras el gran escándalo que arrastró a Aura, las acciones del banco cayeron en picado y todavía no se han recuperado. Mejor para él, porque planea fusionar su banco --aunque miles de pequeños inversores puedan perder sus ahorros-- con el de Laura Trueba, la presidenta del banco más grande de Europa y la persona más poderosa de España. Unos arquetipos de personaje que creo que a todos les sonará, ¿verdad? Especialmente el de Laura Trueba, claro. Porque Ponzanos puede haber alguno que otro en España, pero Laura Trueba es única en su especie. 

    Los libros de Juan Gómez-Jurado siempre nos regalan gran cantidad de guiños a personajes y temas de actualidad (como el comentado al final del anterior párrafo) y frases ocurrentes, inteligentes y significativas en cuanto al meollo de la cuestión de la trama. Todo arde no iba a ser una excepción. Así, en relación a las dificultades que las tres protagonistas deben ir afrontando, me quedo con una afirmación que me parece muy acertada: Si uno tiene un porqué, es capaz de soportar cualquier cómo. Y sobre la relación entre ellas, pese a que Mari Paz quiere estrangular a Sere en cada escena, el autor hace suyas unas palabras de Bud Spencer que me parecen muy ilustrativas de la situación de cada una de ellas en particular y de todas ellas como conjunto de compañeras de andanzas: el que encuentra un amigo, encuentra un tesoro. Porque eso es lo que las tres encuentran durante la historia. Y es que la unión hace la fuerza. Ojalá cundiera el ejemplo entre los lectores y no lectores y todos nos unamos para que la banca no siempre gane. No en vano, Gómez-Jurado declaró hace poco que escribo literatura comercial, pero con una verdad de fondo.   

viernes, 11 de diciembre de 2020

Rey blanco. Juan Gómez-Jurado. Ediciones B. 2020. Reseña

 





    Los que seguimos a Juan Gómez-Jurado desde hace ya años sabemos que, si bien Reina Roja es una trilogía --de momento--, la trama que se refiere al señor White viene de lejos. Ya desde sus obras anteriores, El paciente y Cicatriz. El psicópata asesino que pone en jaque a Antonia Scott, a Jon Gutiérrez, a Mentor y al resto de protagonistas de las últimas cinco novelas --pentalogía, por tanto-- de Gómez-Jurado es ya un clásico del género del thriller. A nivel español y también europeo e internacional. Como siempre sucede con este tipo de novelas, es muy difícil escribir reseñas sin caer en algún involuntario e inoportuno spoiler. Trataré de no cometer ningún pecado capital durante las próximas líneas, pues. Y si es así, de entrada pido perdón tanto al autor como a los lectores. Sed benévolos conmigo, porque nadie está libre de pecado. Ni puede tirar, por tanto, la primera piedra. La voluntad, desde luego, siempre es la misma: dar a conocer, más si cabe, la obra de este gran escritor. 


    En Rey Blanco el señor White da un paso más en su permanente hostigamiento a Antonia Scott y a Jon Gutiérrez. Y, de paso, a todo el proyecto Reina Roja a nivel europeo. Antonia está tocada: acaba de dejar morir a su marido tras tomar la decisión de desconectarlo de las máquinas de soporte vital a las que llevaba atado varios años, y a su abuela, muy anciana, no le queda mucho ya. Además, le llega la noticia de que Jon Gutiérrez ha sido secuestrado. El señor White, sin duda, está detrás de la desaparición de su fiel escudero. Otro problema más para una Antonia para la que el suicidio --en el que sigue pensando tres minutos cada día-- es la última solución para poner fin a su existencia. Una existencia a años luz de lo que comúnmente conocemos como felicidad. El infierno en que se ha convertido su vida es la verdad vista demasiado tarde. Un error del pasado. Pese a su extremada inteligencia, a Antonia se le ha pasado por alto una verdad que finalmente comprenderá muy evidente. 


    También es evidente que la soledad hace del alma una esponja reseca, que acepta con gratitud cualquier líquido que le caiga encima. Y su compañero Jon ya hace tiempo que le cayó encima con todo su peso --aunque no es que esté gordo--. Así lo explica el narrador de la historia: la progresión extraño, compañero, amigo, familia culminó en una palabra con tres letras. Una jota, una o y una ene. Jon. Para Antonia, no se puede ser más que eso. Así que no tiene más remedio que aceptar el nuevo juego propuesto por el señor White. Sobre todo, para poder salvar a un Jon al que no le gustan los secuestros. Porque un secuestro es una ausencia, en su mayor parte. Una ausencia que se convierte en un agujero negro de angustia y desesperación, que devora todo. Para Antonia, da igual lo que hagamos, lo que consigamos. Al final, por las noches, de los que te acuerdas es de los que no podemos salvar. Y no quiere tener que hacer eso con Jon a partir de ahora. 


    ¿Qué sería Antonia Scott sin Jon Gutiérrez? El señor White sabe que la Reina Roja hará lo que sea por salvar a su escudero. También que nadie está libre de hacer nada, ni siquiera lo más horrible, por amor. El amor es lo más poderoso que existe. Aunque tiene claro que Antonia no va a sucumbir ante ningún tipo de amenaza, aprovecha que la gente normal no es tan dura psicológicamente para ir acabando con los proyectos de otras Reinas Rojas europeas. Han muerto las Reinas Rojas de Inglaterra, Holanda y Alemania y sus escuderos inglés y alemán. Y han desaparecido las Reinas Rojas de Francia e Italia, además de sus escuderos. Nos están cazando, reconoce angustiada Antonia ante las informaciones de Mentor. A White le resulta muy fácil conseguir sus objetivos. Le basta con amenazar de muerte a maridos, mujeres, madres, padres, hijos o hijas de los componentes de los proyectos europeos para que todo el sistema salte por los aires. Pero Antonia es diferente. Y White lo sabe.


    ¿Qué juego le propone a Antonia esta vez? Muy sencillo. Quiero que haga lo que mejor sabe hacer. Quiero que resuelva tres crímenes y que haga justicia. Y, para ello, deja en libertad a Jon para que la ayude. No obstante, también White cuenta con una ayudante de lujo. Porque Sandra Fajardo ha vuelto. Y Antonia sabe que ahora que ha regresado nadie está a salvo. Así que Mentor y ella deciden que Carla Ortiz --el trofeo que se le escapara en el pasado a la asesina--, su hijo, el hijo de Antonia, la madre de Jon y la abuela Scott han de desaparecer. A un lugar que hasta ellos mismos desconozcan. Tomarán varios aviones de forma sucesiva y aleatoria para salir lo más rápidamente posible del país hacia un destino que nadie --ni siquiera ellos mismos-- saben en realidad. Y Antonia y Jon se ponen manos a la obra para jugar a un juego peligroso que saben que no pueden ganar. Pero del que tampoco pueden ni deben huir. 


    Pero lo que desconoce White, aunque poco a poco va conociéndolo de primera mano, es que a Antonia no le gusta perder. Y después de todo este tiempo huyendo --no sé cuánto te dejaste por el camino, lo que perdiste entonces, lo que ganas ahora, porque recomponerte es como juntar un puñetero puzle, sin tener la foto de la caja, a oscuras, con las manos atadas, piensa Jon sobre ella en un momento de la trama--, la realidad ha acabado alcanzándola. Es cinturón negro en mentirse a sí misma, pero ahora tiene claro que si pierde esta batalla, las habrá perdido todas. También sabe que caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos. Una frase de esas con las que excusamos actos de los que no nos sentimos especialmente orgullosos. Nuestras mentiras, nuestros engaños, nuestros atajos. Su escudero, Jon, también sabe de culpas, pero comparado con su compañera, es poco menos que un novato.   


    Antonia desea, no por primera vez, tener una familia --su madre hace años ya que murió, tras una rápida y repentina enfermedad que la devoró desde dentro, y las relaciones con su padre, embajador de Inglaterra en Madrid, también hace años que dejaron de ser las más aconsejables, hasta el punto de que éste llegó a  arrebatarle a Antonia la custodia de su hijo--, en la que refugiarse, un lugar en el que esconderse. Pero no hay nada, más que el feroz chillido de los monos en las profundidades de su mente. Jon y Mentor son todo lo que tiene, y no piensa darse por vencida, por nada del mundo. Sin embargo, la alianza entre Sonia Fajardo y el señor White --cuando estudiaba en la universidad un profesor nos explicó que las emociones son cambios que preparan al individuo para la acción, y yo pensé que si generamos en el sujeto las emociones adecuadas, podemos orientar sus actos de forma externa, le dice en un cara a cara a Antonia-- la ponen más a prueba que nunca.


    El señor White, convertido finalmente en el Rey Blanco, termina por afirmar que la reina es la figura más poderosa del tablero. Pero por poderosa que sea una pieza de ajedrez, nunca debe olvidar que hay una mano que la mueve. Evidentemente, él pretende ser esa mano. Y, por desgracia para Antonia y Jon, lleva siéndolo ya demasiado tiempo. ¿Será esta la última historia protagonizada por la pareja de investigadores? ¿Podrá el señor White con ellos? ¿Podrán ellos con él? ¿Acabará la partida en tablas y continuará la historia en otra u otras novelas? A saber. Con Juan Gómez-Jurado pasa como con Antonia Scott: nunca sabes por dónde te va a salir en el próximo movimiento. Así que, por el momento, disfrutemos de Rey Blanco. Y lo que tenga que venir, ya vendrá...   


 

lunes, 2 de noviembre de 2020

Loba negra. Juan Gómez-Jurado. Ediciones B. 2019. Reseña



megustaleer - Loba negra - Juan Gómez-Jurado


     A punto de publicarse, el próximo cinco de noviembre, Rey blanco, tercera parte de la serie iniciada con Reina roja (2018), creo que es un buen momento para reseñar la segunda entrega de la misma, Loba negra (2019). La reina roja, Antonia Scott, y el agente Jon Gutiérrez viven una nueva experiencia vital que vuelve a poner a prueba sus límites físicos, intelectuales y emocionales. Ambientado tan solo siete meses después de Reina roja, el nuevo thriller del madrileño Juan Gómez-Jurado, considerado el gran autor del género a nivel europeo y uno de los más importantes también a nivel mundial, nos presenta a una Antonia Scott más nerviosa que nunca, incapaz de reponerse al estado vegetativo de su esposo Marcos, a la desaparición de Sandra Fajardo y a la sempiterna presencia-ausencia del señor White, sin duda, el principal fantasma del pasado y del presente de la Reina roja

     La autocompasión de Scott respecto a los errores del pasado, básicamente el prolongado estado comatoso de su esposo y la pérdida de la custodia de su hijo Jorge --que vive en la actualidad con su abuelo--, con quien reina la incomunicación más absoluta, sitúan a nuestra protagonista en la situación más delicada de su vida. En lo personal y en lo profesional. Tanto que hasta su propia madre se lo recrimina. También Jon Gutiérrez, su escudero y protector, está preocupado por ella mientras asimila que conocerla es armar las piezas de un puzle con pequeños detalles. La cabeza se Scott está hecha un lío. Por eso, cuando Mentor les propone un nuevo caso, se muestra reticente a comenzar un juego nuevo sin acabar la partida anterior. Sin embargo, las instrucciones de Mentor son claras: pese a la aparición de seis cadáveres sin identificar en la capital de España, Jon y ella deben acudir urgentemente a Marbella.  

     Trabajar en equipo es, sin duda, la mejor manera de afrontar las dificultades. Cuando se infringen las reglas que han de regir dicho trabajo no basta con pedir perdón. Pedir perdón no es una varita mágica que se agita y borra de golpe nuestros errores, le recrimina Jon a Antonia en un momento de la trama en el que Scott actúa por libre. Peor le va a Yuri Voronin actuar por su cuenta sin contar con su esposa, Lola Moreno. Yuri acaba de ser asesinado tras dar un paso en falso que resulta fatal para él, pero también para su esposa, que escapa de milagro a un intento de asesinato. La nueva misión de Scott y Gutiérrez es encontrar a Lola antes de que lo hagan sus perseguidores, miembros del clan Orlov, para el cual trabajaba su esposo como tesorero. La importación del Funduk, la Nutella rusa, desde Marbella parece ser la actividad principal de los Orlov. No obstante, nada es lo que parece en las novelas de Gómez-Jurado.

     Lola ha llevado una vida extraña. Hija de un contable y una peluquera, pertenece, pues, a la clase obrera. Ve su vida como si de un cuento se tratara. Y en todo cuento aparece, antes o después, el príncipe azul de la desgraciada protagonista. Yuri, un simple matón del clan Orlov, salva a Lola de un intento de violación múltiple. Desde entonces han pasado seis años. Ambos viven a todo lujo, forman un matrimonio que espera su primer hijo, tienen un gran y maravilloso perro de nombre Kot y han pasado de la nada al todo rápidamente. Muy rápidamente. Demasiado rápidamente. Hasta que el feliz cuento llega a su fin de modo tan abrupto como violento. Ahora, Lola ha huido y llora por su esposo muerto, por un futuro incierto y por un hijo que viene de camino a un mundo trágico. Está herida y necesita medicarse de inmediato puesto que es diabética y comienza a sentirse indispuesta ante la falta de insulina.  

     Al llegar a Marbella Jon tiene un encontronazo con la comisaria Romero. A ustedes les piden detener a un asesino en serie. Lo detienen. Yo no puedo aspirar a acabar con la mafia rusa. Aquí el trabajo consiste en ir recabando pruebas contra ellos. Encontrar testigos. Conseguir que declaren. Mantenerlos vivos hasta que lo hagan. Es una guerra que dura años y años. Hasta el momento, cuatro ya. En efecto, la policía  marbellí debe proteger el turismo de sol y playa. Y debe hacerlo con un presupuesto muy limitado: pocos efectivos policiales, armas rudimentarias, escasez de chalecos antibalas y casi nula presencia de negociadores. Una lucha muy desigual ante la sofisticación rusa. Parece que el matrimonio Yuri-Lola ha sido mandado asesinar por Asan Orlov por un ajuste de cuentas. Orlov, criado en Leningrado entre el hambre y las ratas, en la brutalidad del comunismo de la URSS, también ha sabido buscarse muy bien la vida.

     Elegante y de finos modales y formas, Orlov ha visto cómo su estatus se ha debilitado por la traición de Yuri y Lola. Más todavía si cabe por la desaparición de Lola --quien no quiere que el cuento de su vida finalice a pesar de haber perdido a su príncipe azul--, cuyo paradero es desconocido desde el momento de su huida. Por eso, La Fiera, como se le conoce al jefe mafioso, decide recurrir a alguien que sabe no le fallará: la Loba negra. Una peligrosísima asesina rusa. Probablemente, la única capaz de hacer frente y vencer a Scott. Una Scott que vive horas bajas y que, al conocer el cariz que toman los acontecimientos, se siente débil e impotente y se va poniendo cada vez más y más nerviosa. Mientras Mentor y Jon se preocupan por ella y su indiscutible estado de desequilibrio emocional y profesional, ella debe sobreponerse y vencer a sus propios fantasmas internos para tratar de hacer frente a las crecientes complicaciones.

     Pese a tratarse de un thriller, Gómez-Jurado nos ha ido acostumbrando, en todos sus libros, a una larga sucesión de reflexiones, descripciones y análisis de la psicología de los distintos personajes y situaciones. De las aparecidas en Loba negra, me quedo con las siguientes: 

     Sobre la relación Scott-Marcos: ...se ha vuelto cada vez más difícil ver a su marido, tomar su mano para quedarse dormida a su lado. La figura, cada vez más cansada y encogida, la piel, cada vez más áspera y fría, le resulta una acusación insoportable. La compasión que antes sentía por Marcos, la culpabilidad, la pena, se ha ido transformando en resentimiento. La empatía por la desgracia ajena tiene un límite. Pasado el cual comienzas a sentir que su infortunio es un acto de maldad cuya víctima eres tú. 

     Sobre la falta de tiempo para buscar la verdad: Las perreras comparten algo con los tanatorios, las residencias de ancianos y los cementerios. Los colocamos en el sitio donde menos probabilidades tengamos de verlos. Porque nadie quiere saber qué ocurre realmente tras esas vallas altas, aunque intuyamos que ocultan una realidad a la que no queremos enfrentarnos. El tiempo, medido en dinero, es la droga más efectiva y peligrosa que existe. La dosificamos de forma cicatera y egoísta para dar la espalda a cualquier mínimo atisbo de sinceridad. El tiempo es nuestra justificación para el egoísmo que nos aísla de la verdad, de esa destrucción que causamos, la que carcome a otros, la que en última instancia nos carcome a nosotros mismos. No tenemos tiempo, nos decimos. Y así continúan los perros abarrotando las jaulas y los los ancianos alzando el cuello arrugado y lleno de colgajos hacia la puerta cada vez que se abre. No hay tiempo para la verdad. 

     Reseñar las novelas de Juan Gómez-Jurado resulta cada vez más complicado. He intentado no cometer ningún error en forma de spoiler. Para ello, me he propuesto no escribir sobre nada que no aparezca en la primera de las cuatro partes de que se compone la novela. Unas ciento cincuenta páginas de un total de quinientas cincuenta. Si he conseguido el objetivo de hacer justicia a esta gran novela sin desvelar nada importante sobre su trama me doy por satisfecho. Si no es así, lo siento, y pido perdón tanto al lector de la reseña como al autor de esta maravilla titulada Loba negra. Esperando ya al Rey blanco... 


  

jueves, 1 de octubre de 2020

Tierra. Eloy Moreno. Ediciones B. 2020. Reseña


 



    Qué difícil resulta a veces reseñar una novela. Eloy Moreno ha escrito una historia necesaria, oportuna e imprescindible. El azar quiso, además, que viera la luz en febrero, justo antes de la pandemia. Sin duda, el planeta está enfermo. Y, como dice uno de los protagonistas de Tierra, William Miller, el hombre más rico y poderoso del mundo, los humanos son su virus. Precisamente nosotros, los humanos, somos los grandes protagonistas de la novela. Y no salimos en absoluto bien parados de las reflexiones que Moreno, en boca de los personajes de su historia, nos presenta de manera cruda, mordaz y necesaria. Porque el autor de, entre otras, El bolígrafo de gel verde y Lo que encontré bajo el sofá --ambas reseñadas en este blog--, nos coloca ante el espejo para mostrarnos todos y cada uno de nuestros pecados. Todas y cada una de nuestras culpas. Y enfrentarse a todo eso, al lector, no le resulta nada cómodo. Tierra, pues, nos presenta una gran verdad. Una gran verdad incómoda. ¿Qué hacer, pues, con ella una vez descubierta?


    Nuestro planeta ha sobrevivido a todo. Y nos sobrevivirá también a nosotros --y a nuestro turismo depredador--. Sin duda. Negar el cambio climático no lo destruirá, pero sí destruirá las condiciones necesarias para que pueda ser habitado por nosotros, los humanos. Y esa es, pienso yo, una de las pretensiones de Eloy Moreno a la hora de abordar esta novela: denunciar un capitalismo salvaje que induce al consumismo a través del márketing, la publicidad, las redes sociales, la manipulación de la realidad, las mentiras, la destrucción de la ética y los valores y, en suma, la deshumanización del ser humano. Todo ello, en aras de crear una sociedad idiotizada, con una educación progresivamente degradada, que genera una serie de adicciones que crean unas necesidades absolutamente superfluas pero que favorecen negocios que hacen cada vez más y más ricos a los poderosos. El plan que se nos presenta en Tierra es este: una educación mediocre, un empleo de mierda que te hace llegar cansado a casa y una televisión que manipula y favorece el consumo. Una rueda perfecta.


    William Miller se ha hecho rico a costa de jugar con las personas. Es un hombre sin escrúpulos. Sabe que la información es poder. Y que ese poder puede crecer y crecer a través del consumismo. Por eso, no ceja en su empeño a la hora de crear empresas que se apoyan en otras --todas suyas, obviamente-- para construir finalmente un imperio que convierte a los gobernantes en sus títeres. Es el amo del mundo. Y no está dispuesto a perder semejante botín. ¿En qué se apoya para ello? En el enorme poder de la televisión, en las ilimitadas mentiras, en la manipulación y en la gran capacidad que descubre un día para generar audiencia. Una audiencia que atrae también a los publicistas, cuyas empresas invierten ingentes cantidades de dinero para que sus productos aparezcan en pantalla en el momento más oportuno para sus intereses. Las redes sociales, fácilmente manipulables también a partir de perfiles falsos y una serie de logaritmos no tan difíciles de descubrir si uno tiene dinero, acaban de sumarse a los instrumentos que generan poder.


    Tierra es una crítica despiadada --porque así debe ser en este caso-- al conjunto de la sociedad y a la forma de vida de los humanos que la componen. A la crueldad, el ensañamiento, el anonimato y la desfachatez de muchos de los usuarios de las redes sociales. A los influencers, a los selfies y a la necesidad de cada vez más personas de contar su vida a través de las redes sociales. A la creación, con todo lo anterior, de una realidad paralela cada vez más alejada de la verdadera realidad. De la única realidad. Porque cada vez vivimos más de cara a la galería, fingiendo ser lo que no somos. La verdad queda soterrada bajo las mentiras. Y se pierden los valores humanos. La soledad se nos hace más y más irresistible. Y ello nos provoca unas irreprimibles ansias de encontrar a quien nos haga caso y compañía, aunque sea a través del mundo digital. Virtual. No real. Y de ello se aprovechan personas como William Miller. ¿Quién en su sano juicio va a pasarse el tiempo viendo la vida de otras personas cuando podría estar viviendo la suya?, le pregunta a su amigo Dmitri. La respuesta es demoledora: todos los que no tienen vida.


    Miller lanza el programa más visto de la historia de la televisión mundial. Un reality total y absolutamente dirigido en el que ocho personas --cuatro mujeres y cuatro hombres-- se van a vivir a Marte para crear allí una colonia. Quizás un nuevo lugar al que acudir cuando este planeta sea definitivamente inhabitable para la especia humana. Todo está preparado para generar audiencia, publicidad e ingresos. Pero el pasado, que siempre nos persigue, va condicionando las acciones de los concursantes en su nuevo y último aposento (porque saben que de allí jamás podrán volver). Los ocho tienen los perfiles sociales con más seguidores del planeta. Y tratan de superar la soledad que sienten allí arriba a través de las redes sociales. Todo se retransmite en directo, incluso los encuentros sexuales entre ellos. A más morbo, más audiencia. Y a más audiencia, más beneficios. Pero, como explica más tarde su propio creador, todo lo que ocurre allí es mentira. Absolutamente todo está manipulado. Ante tal afirmación, el mundo se tambalea durante unos instantes. Solamente. Es lo que tienen las adicciones.


      Nel, la hija pequeña del multimillonario, se distancia de su padre. Nuestra relación hacía aguas por todos lados, su carácter autoritario comenzó a sustituir al cariño. Solo nos necesitaba para sus experimentos, para hacer pruebas de cámara; ya casi no nos abrazaba, ya casi nunca jugábamos a salvar el mundo juntos. Su hermano mayor, Alan, le recuerda que a veces pienso en todo lo que te molestaba de papá: su poco respeto por los seres humanos y por su intimidad, cómo jugaba con los sentimientos de los demás para hacer dinero, jugando con las personas, mostrando imágenes que no deberían aparecer. Pero los periodistas, de alguna forma, hacéis lo mismo, sois capaces de mostrar cualquier imagen por dura que sea, por violenta que sea, y también por dinero. A lo que Nel responde: hay una pequeña diferencia. Nosotros nos ganamos la vida mostrando la verdad y él lo hacía mostrando la mentira. En otra escena, el tema queda zanjado. Alan le dice a su hermana que solo hay que tener dinero, mucho dinero, más dinero del que nunca tendrá ningún periódico, por eso siempre es más fácil ocultar la información que encontrarla. 


    Tierra es también una historia sobre la familia y sus interioridades. Todos conocemos historias familiares desgarradoras. Litigios en un principio inconcebibles. Padres e hijos que no se hablan. Hermanos que pierden el contacto, como si no llevaran la misma sangre corriendo por sus venas. Es el caso de Nel y Alan. Treinta años después de la escena de inicio de la novela, sus destinos vuelven a mezclarse de la mano de su padre, ya muerto. Una vez más, la última, William Miller ha manipulado las cosas. Pero, en esta ocasión, su finalidad sí es positiva. Una especie de redención desde el más allá para conseguir que sus hijos vuelvan a quererse como en su infancia. Como cuando, juntos, jugaban a salvar el mundo. Algo que luego quedó en el olvido. El acto final de Miller es una forma de darse cuenta de que la muerte no solo se lleva a la persona; con ella desaparece también la posibilidad de nuevos recuerdos. A veces, pues, no queda otra que preservar los ya existentes con anterioridad. Aferrarse a ellos. Aunque tengan hasta treinta años de antigüedad.


    En definitiva, la nueva novela de Eloy Moreno supone un soplo de aire fresco, un nuevo punto de vista, una nueva manera de afrontar una realidad que debemos enfrentar desde ya. Porque la realidad está ahí afuera, en la calle, en las montañas, en los pueblos y ciudades de todo el mundo. No en nuestros dispositivos móviles. Y, dado que solo tenemos un planeta, hemos de cuidar de él, olvidando el turismo depredador y abordando, de una vez, el problema del cambio climático. Un problema que, por incómodo que resulte, debemos comenzar a solucionar. Hoy, mejor que mañana. Porque es un hecho demostrado que, en nuestro planeta, cada vez hay más agua y menos hielo. Y salvar el mundo no es ningún juego.  


    

viernes, 8 de noviembre de 2019

Confesiones de una editora poco mentirosa. Esther Tusquets. Ediciones B. 2012. Reseña





     La editora y escritora Esther Tusquets (1936-2012) nos dejó, aparte de una docena de novelas, diversos cuentos y algunos ensayos, varios libros autobiográficos a lo largo de sus últimos años de vida. Confesiones de una editora poco mentirosa es uno de ellos. A principios de los años sesenta, siguiendo los pasos de su padre, se hizo cargo de la dirección de la editorial Lumen, con su hermano Óscar al frente del diseño. En este libro nos cuenta cómo dicha editorial, de corte franquista, religioso y moralizante, se convirtió con el tiempo en una de las más prestigiosas del país a base de renovar su fondo editorial y de arriesgar con distintos formatos, diseños, autores y obras. Cuarenta años de esfuerzo que, desde luego, dieron sus frutos.

     La nueva andadura de la editorial comenzó con una colección de narraciones infantiles muy cuidadas cuyos textos fueron encargados a autores consagrados como Ana María Matute, con la que Esther tendría una dilatada e íntima relación a lo largo de los años. Otras colecciones importantes fueron Palabra e Imagen --que combinaba textos e imágenes fotográficas, y en la cual participaron autores como Camilo José Cela y Miguel Delibes-- y Palabra en el tiempo --de la que formaron parte escritores consagrados como Virginia Woolf, Samuel Beckett, James Joyce o Susan Sontag, por aquel entonces desconocida todavía en nuestro país--. Además, publicó una gran colección de poesía y la emblemática Femenino Singular, dedicada en exclusiva a mujeres escritoras.

     En las líneas de esta autobiografía hay espacio para escritores de la talla de Cela y Delibes. Del primero afirma haber tenido una intensa pero breve amistad, que finalizó abruptamente cuando el escritor le echó en cara podar de forma frívola uno de sus relatos. Así, Tusquets escribe sobre el controvertido autor gallego que era un buen escritor, pero detrás de la aparatosa fachada no había un ser que humanamente pudiera interesarme. Según cuenta, vivió experiencias muy gratificantes con él y se divirtió mucho, pero el final de su relación de trabajo y amistad deja entrever, una vez más, el carácter agrio y fuerte del futuro Premio Nobel de Literatura. Muy diferente al caso del genio vallisoletano.

     De Delibes destaca la editora que no compartía con el gallego su pasión por el dinero y alaba que, salvo los dos pequeños textos que editó con ella para su colección Palabra e Imagen, siempre publicara con la misma editorial --Destino-- y no tuviera agente literario, gesto muy hermoso pero carísimo. Para él, según indica Tusquets, la familia y la amistad estaban por encima de todo lo demás, y un apretón de manos significaba más que cualquier documento firmado. Acaba el capítulo que le dedica así: me alegra enormemente saberle tan universalmente querido. Hijos, nietos, parientes, amigos, conocidos, gente que sólo sabe de él por su obra, todos le prodigan cariño, respeto y amor. No creo que nadie pase los últimos años de su vida rodeado de tanto y tan merecido amor.

     Otro ilustre que aparece en las páginas de este libro es el peruano Mario Vargas Llosa. La autora habla de su enfermizo perfeccionismo, responsable de los sucesivos retrasos en la escritura, corrección, reescritura, recorrección y entrega final de su relato Los cachorros para la colección Palabra e Imagen. El cruce de cartas entre autor y editora en relación al tema es digno de ser leído. También la retahíla de excusas, demandas de paciencia y mil y un perdones por parte del escritor peruano, hasta llegar a un increíble el relato me ha decepcionado en esta última lectura. No resulta extraño, pues, que con el tiempo se convirtiera en uno de los grandes genios de la literatura hispanoamericana y mundial, lo que le sirvió también para ser condecorado con el Nobel.

     Tusquets hace referencia a las tres grandes pesadillas del pequeño editor: la censura (excesivamente quisquillosa en pleno franquismo), las traducciones y los autores desesperados por ser publicados al precio que sea. Y nombra a algunos de los más carismáticos editores --Carlos Barral, fundador de Seix Barral, o Jorge Herralde, fundador y director de Anagrama--, agentes literarios --la flamante Carmen Balcells-- y escritores --Terenci y Ana Moix, Carmen Martín Gaite, Gloria Fuertes, Juan Benet, Pablo Neruda o Gustavo Martín Garzo-- de la época. Además, considera dos grandes golpes de suerte que cayeran en sus manos primero, y en su catálogo editorial después, obras tan diferentes pero futuros best-sellers como Mafalda y El nombre de la rosa.

     Ravoni, el agente de Quino, trató de vender los derechos de Mafalda a Carlos Barral en la Feria de Frankfurt, pero a este el cómic no le interesaba lo más mínimo y lo envió a hablar del tema al stand de Lumen. Así, de rebote y de la mano de la editorial de Esther Tusquets, llegó Mafalda a España. Una desconocida chiquita que muy pronto se convirtió en célebre e inmortal. En aquella misma Feria, también de la mano de Barral, y de nuevo por pura casualidad, le llegaría la aclamada El nombre de la rosa, de Umberto Eco. Quino Y Eco se mantuvieron siempre fieles a la pequeña editorial independiente que apostó por ellos desde sus inicios. Y, como no podía ser de otra forma, los éxitos fueron llegando.

     Tras cuarenta años de actividad, en 1996 Tusquets acabó vendiendo su editorial a la multinacional Random House Mondadori. Antes de jubilarse tuvo tiempo de vivir una breve experiencia en el gigante editorial, a base de conocer conceptos hasta entonces desconocidos por ella, como sinergia o argumentos de venta, y de asistir a unas cuantas convenciones bastante pintorescas. Se jubiló y siguió escribiendo hasta poco antes de su muerte (2012). Esta autobiográfica Confesiones de una editora poco mentirosa constituye un documento, o conjunto de documentos, de primera magnitud para conocer el mundo editorial y literario del último tercio del siglo XX. Por ello, su lectura es imprescindible para todos los amantes de la literatura española de la época referida.


      

jueves, 31 de enero de 2019

Jaque al psicoanalista. John Katzenbach. Ediciones B. 2018. Reseña





     Quince años después del éxito mundial de El psicoanalista, el escritor y periodista judicial estadounidense John Katzenbach ha resucitado al temible Rumplestiltskin para volver a poner entre la espada y la pared al doctor Ricky Starks. Sin embargo, en la novela no han transcurrido tres lustros, sino tan solo cinco años. Tiempo en el que el psicoanalista ha rehecho su vida y retomado su actividad profesional. No en Nueva York sino en Miami. Un lugar en el que comenzar desde cero una nueva existencia repleta de sol, trabajo, paz y tranquilidad. Hasta que una noche el hombre que quiso acabar con él cinco años atrás --y al que creía muerto desde entonces-- reaparece como si nada en su consulta.

     No obstante, en esta ocasión el señor R. no ha regresado para matarlo sino para pedirle ayuda para salvar a su hermano Merlin y a su hermana Virgil, amenazados por un desconocido que pretende cobrarse sus vidas a toda costa. El doctor Starks debe investigarlo, encontrarlo y entregárselo al señor R, quien dará buena cuenta de él. A cambio, los tres hermanos lo dejarán en paz para siempre. El presunto asesino --o futuro asesino-- se supone que es algún cliente de alguno de los casos de Merlin, prestigioso abogado de Manhattan, o quizás alguien a quien ayudó a arruinar la vida en el pasado a través de algún juicio. Es este quien sirve en bandeja al doctor Starks la documentación necesaria para comenzar sus pesquisas.

     Como en la archi conocida precuela, en Jaque al psicoanalista se vuelven a explorar con todo lujo de minuciosidad las psicologías tanto de los asesinos más maquiavélicos como de las personas más normales y corrientes. De nuevo, los pensamientos, las dudas y las divagaciones internas del doctor Starks nos vuelven a sumergir en las facetas más oscuras y escondidas de la naturaleza humana. Porque el narrador, omnisciente y en tercera persona, parece estar alojado en el centro del cerebro del psicoanalista. Y, desde luego, nada tienen que ver los pacientes adinerados de la sociedad de Florida y los adolescentes con graves problemas psicológicos a los que trata desde hace cinco años con los asesinos --Rumplestiltskin y el enemigo de Merlin y Virgil-- con los que debe tratar ahora. 

     Al igual que El psicoanalista, esta secuela también se divide en tres grandes partes --prólogo y epílogo al margen-- en las que se tratan los acontecimientos de forma cronológica: La visita inoportuna, Las visitas bienvenidas y El hombre que debería estar muerto. Las tres cuentan con citas introductorias de la temática correspondiente. Letras de canciones de Bob Dylan, Ray Charles o Harry Nilsson, fragmentos de libros y escenas de películas que hablan de la libertad, de la existencia del diablo o de la inevitabilidad de la muerte y de su constante presencia en nuestras vidas. Tres grandes partes que albergan la cuarentena de capítulos que desarrollan la historia y la guían hacia un trepidante final que vuelve a ser, como la buena novela negra que es Jaque al psicoanalistade infarto

     Las investigaciones del doctor Starks lo llevarán desde Miami hasta Nueva York, desde Alabama hasta Atlanta. Poco a poco irá cercando al asesino que está amenazando a los tres hermanos que habían intentado matarlo a él cinco años atrás --convirtiendo a los cazadores en cazados-- y, como suele ocurrir en las novelas de este género, vivirá con total incredulidad el brutal giro que darán los acontecimientos en un momento dado. Lo cual lo llevará a cambiar sus planteamientos iniciales y a iniciar una nueva búsqueda que asegure su supervivencia y la de las personas que irá encontrando en su camino hacia la resolución de un caso que lo amenaza más y más.

     Katzenbach, autor además de La guerra de Hart, Al calor de la noche, Historia de un loco, Juicio final o El estudiante, se muestra nuevamente como un absoluto dominador de la psicología de los personajes, de los cuales retrata con precisión milimétrica sus deseos, dudas, elucubraciones y certezas. Indaga en su pasado y en su presente, en sus hechos y en sus palabras, en sus miedos y en sus puntos fuertes y débiles, para describirlos de tal manera que el lector llega a empatizar y a sufrir con todos ellos, incluyendo a veces hasta a los mismísimos asesinos. Porque todos, hasta los más despiadados, tienen un motivo para actuar como actúan.

     Porque, por encima de todo, cada uno de ellos ama a alguien o a algo. Hasta el malo de la historia, el propio Rumplestiltskin, teme por la vida de sus hermanos. Y no dudará en ningún momento a la hora de protegerlos de la forma que crea más conveniente. El amor y la familia siempre son lo más importante del mundo para las personas. Porque es el sentimiento que mueve al mundo y porque el miedo a perder a los seres queridos puede hacer que se tambalee hasta el más pintado. Incluidos los asesinos. Lo cual nos vuelve, a todos, demasiado impulsivos y erráticos y, por tanto, débiles y vulnerables. 

     Definitivamente, Jaque al psicoanalista no es una de esas secuelas que buscan utilizar el éxito de sus predecesoras para vender un producto comercial hasta exprimirlo por completo. Estamos ante una novela de gran calidad que casi llega a los altos niveles de tensión, intriga y misterio de El psicoanalista. Una historia que mantiene de nuevo en vilo al lector hasta su desenlace. Cualquier amante del género la disfrutará y comprobará que ha valido la pena esperar quince años para leer esta maravilla de thriller. Porque lo bueno casi siempre se hace esperar.            
                                

     

viernes, 23 de noviembre de 2018

Reina roja. Juan Gómez-Jurado. Ediciones B. 2018. Reseña





     Hace quince días salió al mercado la séptima novela del escritor madrileño Juan Gómez-Jurado. Que es un autor que atrapa a sus lectores de principio a fin es algo que todos nosotros sabemos. Que la intriga no es su única aliada pues a ella suma el carácter aventurero de sus historias y unas altas dosis de psicología para describir a sus personajes, obvio. Y que reseñar una obra suya es una labor harto complicada ya que uno siempre corre el riesgo de deslizar algún que otro spoiler sin ser siquiera consciente de ello --a mí mismo me ocurrió con su anterior trabajo, ¡qué se le va a hacer!--, también. Sin embargo, después de reflexionar y santiguarme, lo voy a intentar. 

     Reina roja es un nuevo thriller --como todas sus novelas con la única excepción de La leyenda del ladrón, hasta ahora su mejor obra en mi modesta opinión-- en la que nos encontramos a dos personajes muy interesantes. La protagonista principal, la Reina roja, Antonia Scott, es una mujer de inteligencia superdotada, lo cual es un don pero también, en numerosas ocasiones, una piedra en el camino de su vida. Colaboradora de la policía en casos especialmente difíciles de resolver, ha salvado no pocas vidas y ha hallado la solución a trabajos muy controvertidos. En el último de ellos lo perdió todo, y vive recluida durante los últimos tres años en un piso del barrio de Lavapiés.

     Un piso del que no tiene intención ninguna de salir. A no ser para pasar las noches en el hospital velando a su esposo, quien se debate entre la vida y la muerte en estado vegetativo por culpa suya. A Antonia no le interesa en absoluto nada de cuanto acontezca fuera de ese piso vacío --porque ha eliminado cualquier vestigio de su existencia en común con su marido e hija para ahorrarse el sufrimiento que ello supone-- o en la referida habitación de hospital. Su estado mental corre, pues, grave peligro. Tanto que piensa a diario en el suicidio como forma de librarse de un dolor cada día más insoportable. 

     El inspector bilbaino Jon Gutiérrez es el protagonista masculino de la historia. Buena persona y mejor policía, se ha visto envuelto sin embargo en un grave caso de corrupción, por el cual ha sido suspendido de empleo y sueldo por el cuerpo de policía. Solitario, homosexual y muy sensible, piensa sobre todo en su madre y en acompañarla al bingo, única distracción de la pobre anciana. Con muy poco que perder, dada su situación, acepta una tarea a priori fácil: convencer a Antonia para que vuelva a su anterior trabajo. Su misión, no obstante, pronto se le antojará prácticamente imposible de cumplir. Pero se implica al cien por cien, porque, a cambio, un enigmático personaje lo ayudará a limpiar su nombre e imagen. 

     El desconocido y misterioso nexo de unión entre Antonia y Jon se hace llamar Mentor, y es el descubridor del gran don de la mujer. Jefe del operativo de tareas especiales en España de una red a nivel europeo, se dedica a mover los hilos necesarios para que ambos puedan realizar sus gestiones sin levantar sospechas ni susceptibilidades. A menudo cruzando líneas muy finas entre lo correcto y lo que no lo es. Y este caso, especialmente, requiere traspasar muchas líneas. Porque un tal Ezequiel ha asesinado al hijo de la banquera más importante de Europa y ha secuestrado a la hija del mayor empresario del continente.

     Y lo más perturbador de todo es que el móvil de ambos casos no es, como se podría pensar en un principio, el económico. No, Ezequiel no ha pedido rescate alguno, sino algo que los padres de ambos jóvenes no pueden cumplir aunque quieran y esté en sus manos. Y es ese intrigante misterio y el conjunto de aventuras que deben correr Antonia y Jon para cerrar los casos los que mantienen en vilo al lector hasta que todo se resuelve --¡con sorpresón incluido!-- en la última de las más de 560 páginas de que consta la novela. Una novela que llegará a introducirnos de lleno en el hasta ahora desconocido subsuelo de la capital de nuestro país.

     Gómez-Jurado repite la fórmula que le está dando tantos y tantos éxitos. A saber: intriga a raudales, peleas, persecuciones y explosiones, hondas reflexiones psicológicas y vitales, grandes dosis de humor y una narración de alto ritmo que no deja descansar al lector. Un lector que, al terminar un capítulo, no puede evitar la tentación de pasar página y continuar leyendo para ir esclareciendo los casos que se nos presentan. Algo que jamás logra, por cierto. Porque solo una mente como la de este autor --y unos pocos más en el resto del mundo-- es capaz de crear estas tramas. Una redes tejidas con la precisión de las más audaces de las arañas.

     En definitiva: Reina roja es otro novelón de Juan Gómez-Jurado que, aunque no llega al nivel de La leyenda del ladrón o El paciente, sí se sitúa en el podio de sus mejores obras al mismo nivel que Cicatriz o El emblema del traidor. Lo cual ya es mucho, muchísimo, tratándose del autor de thriller de mayor trayectoria en nuestro país (y en parte del extranjero). Eso sí: espero que no la lean Ana Botín o Amancio Ortega... Esperando la próxima...                      

                

miércoles, 15 de marzo de 2017

En tiempos del papa sirio. Jesús Sánchez Adalid. Ediciones B. 2016. Reseña





     Cuando estudié la carrera de Historia una de las primeras cosas que me enseñaron es la teoría de los ciclos. Aquella que dice que los procesos históricos se rigen por un extraño carácter cíclico que provoca que los sucesos se vayan repitiendo cada cierto tiempo. Aunque ello tarde en darse mil doscientos años. Pues bien: una vez más, dicha teoría se cumple. Como ejemplo, la actualidad siria. Una guerra civil y un éxodo de refugiados que parecen no tener fin. Ni solución. A diferencia, en este caso sí, de lo ocurrido en el siglo octavo. El propio autor, Sánchez Adalid, asegura que ahora tenemos mayores facilidades para ayudar a los refugiados. Cosa que, por cierto, no estamos haciendo. 

     En el Bizancio posterior a la fragmentación del Imperio Romano los cristianos fueron libres. Sin embargo, la muerte del emperador Heraclio provocó una serie de luchas intestinas por el poder que trajo, como consecuencia, la invasión musulmana, la conquista y el entronamiento de Abú Kakr (quien mantuvo la libertad de culto de judíos y cristianos, denominados gentes del Libro, es decir, depositarios, como los árabes, de los libros de la Revelación). No obstante, este fue sucedido por Omar el Grande.  El conocido como Pacto de Omar otorgó a los cristianos libertad de culto, pero también les impuso una serie de condiciones opresivas que, en suma, los privó de esa libertad de la que habían gozado hasta entonces. 

     Muchos cristianos aceptaron las obligaciones del pacto con tal de poder seguir con sus vidas de la mejor manera posible. Otros adoptaron el islam y la lengua árabe para eludir el pago de impuestos y el resto de obligaciones del compromiso. Y otros, no soportando la humillación de las obligaciones contraídas, emigraron hacia las provincias cristianas de Occidente. El protagonista de la novela, Efrén, pertenece al primero de los grupos. Pero ansía el momento de poder recuperar la dignidad perdida por su pueblo y su familia. Hecho este que le lleva a tratar de liberar su Damasco natal del poder ismaelita. A cualquier precio.

     Tanto es así que, acompañado de familiares y conocidos, cree llegado el momento de hacer cumplir la profecía de Metodio de Patara, quien había vaticinado el fin del poder califal, y también de todos los tiempos, a manos del poder de alguien a quien nombra Constante, el rey que debía devolver la paz al mundo antes del definitivo regreso de Cristo. Curiosamente, este hecho parece sustentarse en el hecho de que el papa de la época había elegido como nombre Constantinus I. Y también de que, como Efrén, era un sirio exiliado de su país.

     A nuestro protagonista alguien le dice: Efrén de los Sarjun de Damasco y de los Flavianos de Pisidia. En ti se juntan la antigua sangre de Grecia, la savia de Roma y la pasión de Bizancio... Perteneces a la tercera generación  sometida al agravio de la dominación agarena. También yo pertenezco a esa descendencia, y aunque lo tengo todo, me falta lo principal, que es la libertad... Esta frase, unida a todo lo anterior y, sobre todo, a la ignorancia propia de la juventud y a su espíritu de aventura, lo llevarán a embarcarse en una conspiración contra el poder califal.

     Efrén pasa por una serie de vicisitudes a lo largo de su vida que lo llevarán hasta Biblos, Constantinopla y Roma. Estamos también, pues, ante una novela de ciudades, pues describe minuciosamente los ambientes de cada una de las urbes que va visitando su protagonista a través de los 61 capítulos de que consta su trama (especialmente la Damasco del califa Walid). Dichas descripciones nos presentan las similitudes, las diferencias, las especificidades y las particularidades de cada una de ellas, poniendo de manifiesto las diferencias culturales, religiosas y de carácter de todas ellas.   

     La firme creencia en que los cristianos recibieron su nombre en Siria (los Hechos de los Apóstoles dicen que los discípulos fueron llamados cristianos por primera vez en Antioquía, que se convirtió en el centro más importante para la primera Iglesia), que Dios jamás los había abandonado pese a no responder a sus súplicas y que sus verdaderas palabras están recogidas en las Sagradas Escrituras son aspectos que están bien presentes en las páginas de esta novela. Quizás la novela más dogmática, filosófica y de fe de todas cuantas ha escrito hasta ahora el párroco extremeño.

     Los orígenes monásticos y eremíticos del cristianismo en Siria (presentes en la novela con todo lujo de detalles en el capítulo 39 de la misma, donde se describe en profundidad Ouadi Qadisha) deben de haber requerido un riguroso y duro trabajo de documentación por parte del autor. Algo que hace de En tiempos del papa sirio no solo una novela histórica y de aventuras sino también una explicación de cómo ha ido evolucionando el fanatismo musulmán hasta la actualidad (con Al Qaeda y el Estado Islámico a la cabeza) y las claves para comprender lo que está sucediendo en aquel país en nuestros días. Una novela que, como se anuncia en sus panfletos propagandísticos, es necesaria en estos tiempos que nos ha tocado vivir...           

        

jueves, 22 de diciembre de 2016

El psicoanalista. John Katzenbach. Ediciones B. 2016. Reseña





     Quien me sigue sabe que no soy muy de leer thrillers. No porque no me gusten. De vez en cuando va bien leer alguno para desconectar. Pero, ciertamente, thrillers muy buenos hay muy pocos. O eso al menos opino yo. Casi todos suelen seguir más o menos los mismos patrones. El autor en cuestión cambia los nombres, los ambientes y los escenarios, se dedica casi a copiar los guiones establecidos por el género y ¡ya tenemos un thriller prefabricado de gran éxito comercial! Obviamente, respeto absolutamente a todos los autores de cualquier género literario. Escribir un libro cuesta mucho. Muchísimo. Yo lo sé bien. Pero para escribir un gran thriller hace falta innovar.

     Y eso es precisamente lo que hizo John Katzenbach en 2002 al escribir El psicoanalista. Una novela de suspense psicológico en la que poco a poco, a base de una serie interminable de pinceladas discontinuas, no solo conocemos los rasgos psicológicos del protagonista principal, sino también las de los secundarios. Porque, como terapeuta que es, Rickie Starks analiza a cualquier personaje que aparece en la novela, componiendo un enorme mosaico de personalidades y enfermedades mentales diferentes. Psicópatas, neuróticos obsesivos, histéricos, simples depresivos, etc forman todo un análisis psicológico-social de nuestro tiempo. Un tiempo en el que cualquier especialista en salud mental tiene la vida solucionada.

     Starks recibe una felicitación muy especial el día de su 53 cumpleaños, el primer día de su muerte. Rumplestilskin firma una carta en la que amenaza al terapeuta con destrozar la vida de alguno de sus familiares si en un plazo de quince días no averigua su identidad. Sin embargo, el deseo real del señor R no es ese, sino que el terapeuta se suicide a cambio de alejar del peligro a sus familiares. Descubra mi identidad, publique mi nombre en el periódico, o perderá el juego. Un juego que el terapeuta se verá obligado a jugar con las escasas pistas que le irán dando Rumplestilskin y otros dos personajes que parecen empleados del mismo.

     La primera parte de la novela, titulada Una carta amenazante, nos va desentrañando las pistas que Starks recibe de parte del señor R, la extraña y muy atractiva Virgil y el implacable abogado Merlin. Todos ellos, evidentemente, nombres ficticios. Las indagaciones de Rickie le llevarán a averiguar que el señor R es el hijo mayor de una antigua paciente de los inicios de su carrera como terapeuta, de la época anterior a montar su consultorio privado en pleno Nueva York. Recordar cada una de sus pacientes de veinte años atrás no resultará sencillo para él, por lo que la empresa se le antojará casi imposible. No obstante, su larga experiencia como analista le hará llegar a otra solución inesperada por sus torturadores

     Y es que, a veces, para ganar un juego con reglas puestas por tu rival, se hace necesario transgredirlas e inventar las propias. Y a ello se dispone Starks el último de esos quince días de plazo que ya se agotan. Sobre todo, porque ya nada tiene que perder: su mujer había fallecido de cáncer tres años atrás, sin descendencia, y el señor R y sus compinches se habían encargado, en tan solo quince días, de arruinar su vida a base de vaciar sus cuentas de ahorro, difamar su profesionalidad mediante una denuncia falsa de abusos sexuales a una paciente y destruir su casa a través de un accidente en forma de explosión de una cañería. Así las cosas, en efecto, debe suicidarse. Su vida carece de sentido.

     Sobre la segunda y tercera partes de la novela, El hombre que nunca existió y Hasta los malos poetas aman la muerte, no puedo desvelar nada porque desentrañaría la trama y arruinaría la lectura de quienes estén dispuestos a realizarla. Algo que recomiendo. Simplemente diré que la forma de suicidarse del protagonista pillará totalmente desprevenidos a sus instigadores. Y hasta ahí puedo escribir en estas líneas. La innovación a la que me refería al final del primer párrafo es la que hace que esta novela sea una maravilla del género. No en vano, ni siquiera el propio Katzenbach ha logrado escribir otra obra como la que nos ocupa.

     La sorpresa nos espera en cada una de las páginas de El psicoanalista. Y la ficción y la realidad se funden hasta tal punto que nos es cada vez más complicado diferenciarlas. Por si ello fuera poco, las pistas que Virgil y Merlin presentan a Rickie en ocasiones conducen al analista a avanzar en sus averiguaciones y en otras buscan únicamente liarlo y hacerle perder tiempo en pistas falsas. ¿Qué camino seguir, entonces? Esa es la decisión que debe tomar nuestro protagonista. Y, vencidas las presiones iniciales y el agobio de verse enfrascado en una situación tan demencial, demuestra ser capaz de aclimatarse a todo ello y avanzar en búsqueda del que, con el tiempo, se convierte en su verdadero objetivo.

     La novela, al margen de entretener al lector, radiografía una época, una sociedad, un país. Resulta muy inquietante leer la facilidad con la que los delincuentes son capaces de cambiar de identidad para no dejar rastro alguno, con la que se pueden obtener documentos falsos, cometer delitos informáticos, entrar en nuestros domicilios mientras nosotros no estamos, provocar accidentes domésticos, obtener una licencia de armas. Amenazar, en suma, las vidas de los ciudadanos de a pie. Con total impunidad, además. No obstante, la novela debe ser tomada como lo que es: un divertimento, una desconexión. Y te atrapa. Desde la primera página.                  
        

   

lunes, 22 de febrero de 2016

Lo que el hielo atrapa. Bruno Nievas. Ediciones B. 2015. Reseña





     Lo que el hielo atrapa es una novela histórica y de aventuras basada en hechos reales que lanzó hace un año Ediciones B. Narra el tercer intento del expedicionario irlandés Ernest Shackleton por conquistar la Antártida. Y, ante todo, es un homenaje a una figura que, aunque menos conocida que Amundsen o Scott -este último aparece como secundario en la novela-, tuvo una gran importancia en su momento. Y es que este explorador basó todas sus expediciones en una premisa muy clara: tratar de llegar hasta donde nadie hubiera llegado antes, sí, pero también volver con todos sus acompañantes a salvo. Este aspecto, que le impidió la conquista total del continente helado en sus anteriores intentos (las expediciones Discovery y Nimrod) le confirió, por otra parte, una gran dosis de humanidad, dignidad y honorabilidad.

     La novela de Bruno Nievas se centra en la expedición Endurance, que partió de Londres rumbo a la Antártida en agosto de 1914. El carácter obstinado y obcecado del expedicionario se pone de manifiesto desde el comienzo. Y es que, pese a los recursos limitados con los que cuenta -la Gran Guerra puso en jaque el viaje en el último momento a causa de los recortes de financiación que debió superar como pudo-, no dudó en ningún momento en dirigirse a las tierras heladas para tratar de conquistar lo hasta entonces inconquistable.

     Shackleton fue un jefe recto -pero también fiel a sus principios- que no en pocas ocasiones trató a sus subordinados como si de sus hijos se tratara. Pese a diversos errores a la hora de tomar decisiones -lo cual refleja de nuevo su carácter humano y humilde, pues los asume sin excusas- siempre tuvo una sonrisa y unas palabras de ánimo hacia ellos, lo cual le ayudó a sofocar algún que otro pequeño conato de rebelión. Nievas refleja a la perfección el carácter del protagonista de esta epopeya. Tanto que la novela puede considerarse también una especie de biografía. A base de flashbacks, nos presenta capítulos anteriores de su vida y de quienes le acompañaron en su aventura. Porque, como queda claro, también estamos ante una gran novela de aventuras.

     El Endurance quedó atrapado por una banquisa de hielo que lo fue aplastando lentamente hasta hacer que se hundiera. Desde entonces, los 28 marineros -incluidos el fotógrafo Hurley; el capitán Worsley; su mano derecha, Wild; el experto en perros guía, Crean; el meteorólogo Hussey; el científico McIlroy; el veterinario Macklin y el resto de expedicionarios- se vieron obligados a vivir en la placa helada. Y así pasaron dos largos años. La sabiduría de Shackleton, sus dotes de liderazgo y su obstinación provocaron que todos sus acompañantes le siguieran a pies juntillas, sabedores de que sus vidas estaban en sus manos. Y su jefe no les defraudó.

     Y no lo hizo pese a las condiciones extremas que hubieron de enfrentar -el frío, el hambre y las temibles aplanadoras (brutales oleadas de un fortísimo viento gélido capaz de sepultar todo aquello que encuentra en su camino)-, las cuales incluyeron a la poca fauna presente en aquellas latitudes -con la única excepción de los pingüinos-: las orcas y los leopardos marinos. El miedo -pánico, en ocasiones- estuvo presente en numerosos momentos de aquella aventura tan épica y emocionante como pavorosa y horripilante.    

     El resto de este viaje épico lo dejo en manos del lector. No debo ser yo quien cuente cómo acaba la historia. Lo que sí debo hacer aquí es alabar el gran trabajo de documentación que requiere escribir una historia de estas características y, por supuesto, animaros a que leáis la novela. Es la tercera de este pediatra almeriense -tras Realidad Aumentada y Holocausto Manhattan, ambas reseñadas en este mismo blog- y en ella demuestra que sigue progresando en cada uno de sus trabajos literarios. Creedme: es un escritor a seguir muy de cerca en los próximos años.

     Antes de finalizar, me gustaría resaltar cuatro aspectos que considero interesantes sobre Lo que el hielo atrapa. En primer lugar, los flashbacks que aparecen a lo largo de la novela, los cuales nos ayudan a conocer mejor el pasado de los personajes de la misma, así como los motivos que los han llevado a formar parte de la expedición: compañerismo, fidelidad, espíritu aventurero, búsqueda de sí mismos, etc. En segundo lugar, otro aspecto del carácter del héroe que fue Shackleton que se refleja a la perfección en esta frase: "descartado lo imposible, queda intentar lo difícil". La afirmación, utilizada a menudo por el jefe de la expedición, le define también como persona. 

     El tercer aspecto a destacar es que el autor se permite la licencia literaria de crear un personaje ficticio en la historia: Zara Foley. La única mujer de la empresa, según Nievas, huía de la policía de Londres y del cadalso. Un asesinato en defensa propia la obliga a buscar una salida a su delicada situación. Conocer a Shackleton y embarcarse rumbo a la Antártida era su único escape. Y, de paso, se convierte en la otra gran protagonista de la historia. Por tanto, es el personaje 28+1 de la novela. Y, para acabar, quiero recordar otra afirmación clave en la novela: "el corazón es del lugar en que uno se encuentra". Quizá sea esa la razón por la que alguien casado y con tres hijos se embarca una y otra vez hacia lugares inhóspitos y nada recomendables para visitar. Pero así fue nuestro protagonista: "incapaz de vivir en una mole como Londres" pero feliz en la Antártida...



jueves, 19 de noviembre de 2015

Cicatriz. Juan Gómez-Jurado. Ediciones B. 2015. Reseña





     Las novelas de Juan Gómez-Jurado -de las mejores que se escriben en la actualidad- son catalogadas como literatura de ficción. Sin embargo, todas se basan en hechos reales o al menos posibles. Hecho este que les confiere mayor credibilidad por parte de los lectores. Quizá sea esta una de las claves de sus éxitos literarios. No obstante, a ello hay que unir otras variables más: su innata capacidad para escribir y describir situaciones, ambientes y personajes; su ácido sentido del humor -que se presenta incluso en las escenas más agobiantes de la trama-; o la manera que tiene de desentrañar los misterios de cada protagonista, los cuales va desmenuzando a su debido tiempo para mantener la intriga.

     Tratándose de thrillers -de todas sus novelas solo La leyenda del ladrón se puede catalogar en un género diferente (novela histórica)-, lo que acabo de decir parece de perogrullo. No, no he descubierto América. Las referencias citadas son las claves de un buen libro de intriga, misterio, etc. Escribir de esta manera parece sencillo y muchos son los autores que van pariendo historias de este estilo unas tras otras, y casi todas parecen copias de sí mismas. Vuelvo a no descubrir con ello nada nuevo bajo el sol. Pero en este caso concreto, no es así. Porque Gómez-Jurado es genuino. Fiel a sí mismo, nos sorprende con cada uno de sus trabajos. Y eso es digno de valorar.

     Cicatriz nos habla de muchos aspectos por todos -o casi todos- conocidos: las mafias rusas que se dedican a sucios negocios por todo el mundo (en este caso, Chicago); las páginas de internet dedicadas a la búsqueda de mujeres eslavas jóvenes y dispuestas a casarse con ricos (y necesitados) occidentales (aquí, Irina y Simon); la presencia en sus países de excombatientes medio locos tras haber vivido experiencias traumáticas a miles de kilómetros de sus hogares (es más conocido el caso norteamericano en relación a Vietnam, pero en Cicatriz se nos presenta el de El Afgano); el amor hacia un hermano que padece trisomía del 21 (o síndrome de down, enfermedad de Arthur, hermano de Simon); o las miserias familiares por causa del alcoholismo y los malos tratos (la familia de Simon).

     Por supuesto, no me olvidaré de citar a los avances tecnológicos, cuyo valor sobrepasa el científico y hace que los hombres sean capaces de cometer los actos más inmorales que uno pueda imaginar. LISA es el gran invento del futuro del que ya se habla en la actualidad -y, para muestra, este botón-: el típico artilugio que bien usado puede hacernos la vida mucho más fácil y cómoda pero que si cae en manos erróneas puede acabar con el mundo tal y como es conocido. Podrá el lector de esta reseña pensar: ¡bah, más de lo mismo! Pues no. Porque para que no sea más de lo mismo cuenta el autor con su gran baza: su maestría a la hora de enlazar los temas, las situaciones, los pensamientos, las causas y las consecuencias.

     Simon Sax es un ingeniero informático que ha dedicado su vida a cuidar de su hermano Arthur y a desarrollar a su gran pasión, LISA. Se trata de un hombre solitario, inmaduro y poco preparado para cualquier aspecto de la vida cotidiana que no tenga que ver con la informática o la enfermedad de su hermano. Por eso es tan importante para él su gran y único amigo: Tom. Mucho más decidido y desenvuelto que él, se ocupa de intentar vender el invento de Simon a alguna empresa puntera del sector informático. El objetivo: hacerse millonarios.

     Absorbido por el trabajo, y consciente de la posibilidad de convertirse pronto en un rico solitario -Infinity, la empresa del todopoderoso Myers, está dispuesta a apoyar su trabajo (o a quedarse con él)-, decide que no desea ser únicamente querido por famoso y millonario, por lo que se propone encontrar pareja antes de que ello ocurra. ¿Dónde encontrar a la mujer de sus sueños? En internet. Así, conoce a Irina, una joven y bella ucraniana que le cambiará la vida. Y ahí, precisamente, comienzan los problemas. Porque Irina esconde una historia personal dominada por la tragedia, el horror y un solo objetivo en la vida: vengar la muerte de su familia.

     Cómo Irina sobrevive a la tragedia familiar, conoce a El Afgano y prepara su venganza es algo que deberá descubrir el lector. Cómo logra encontrar a los asesinos a los que desea dar caza, también. Y cómo se relaciona en la vida cotidiana con su futuro prometido (Simon) se puede casi adivinar. Lo apasionante de la novela es, sin duda, cómo el autor va enlazando los temas y envolviéndonos en su tela de araña, hasta dejarnos pegados a sus páginas. Porque, como en sus obras anteriores, Gómez-Jurado nos deja sin aliento y sin capacidad para soltar el libro.

     Aunque me parece mejor novela su anterior obra, El paciente -como todas las demás (a excepción de La masacre de Virginia Tech, una copia de la cual ya tengo sobre mi mesa), reseñadas en este mismo blog-, Cicatriz es digna de ser leída y disfrutada por la legión de fans que siguen a un autor que cada día cuenta con más y más fieles. Su buen hacer literario, su cercanía en redes sociales y el hecho de saber vender muy bien sus productos le han catapultado por méritos propios a la cima de la literatura española contemporánea. Eso sí, de todas sus obras, me sigo quedando con La leyenda del ladrón. ¿Para cuándo otra novela histórica?