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jueves, 4 de junio de 2026

El nombre de la rosa (novela gráfica). Milo Manara/Umberto Eco. Lumen. 2026. Reseña

 



    El nombre de la rosa, la famosísima novela histórica y de intriga y misterio publicada en 1980 por el italiano Umberto Eco, está inspirada en las leyendas de la Sacra di San Michele della Chiusa, complejo arquitectónico monástico erigido en la cima del monte Pirchiriano, en el Piamonte (norte de Italia). En febrero del presente año, coincidiendo con el décimo aniversario de la muerte de Umberto Eco y con el cuarenta aniversario del estreno de la película dirigida por Jean-Jacques Annaud y protagonizada por Sean Connery y Christian Slater, la Editorial Lumen completó el esperado segundo volumen de la novela gráfica ilustrada por Milo Manara, cuya primera entrega había sido publicada en 2023. Manara, también italiano, es uno de los maestros internacionales del cómic desde hace más de cuarenta años, cuando apareció su serie de cómics eróticos El clic (1983), que también fue adaptada al cine. Más tarde colaboró con las editoriales norteamericanas Marvel y DC Comics y con guionistas de la talla de Neil Gaiman -Sandman-, Alejandro Jodorowski -Los Borgia- y Chris Claremont -X-Men: mujeres en fuga-. En apenas unas semanas lanza su última obra: la adaptación a novela gráfica de la Odisea de Homero.

    Como la novela de Eco y la película de Annaud, la adaptación gráfica de Manara nos transporta a la Italia de 1327, más concretamente a la abadía benedictina que contiene la mayor y más completa biblioteca de la cristiandad. De aspecto inexpugnable, tétrico y frío, la abadía ha de ser el lugar de celebración de un importante cónclave que ha de regir el futuro de la iglesia. Los monjes benedictinos acogen a las legaciones franciscana y papal para debatir sobre si la iglesia ha de ser pobre o no. Sin embargo, el cónclave se ve amenazado por una serie de crímenes horrendos que provoca el terror entre la mayoría de los monjes, quienes creen ver en esas muertes la llegada del Anticristo y el inicio del Apocalipsis. Guillermo de Baskerville, monje franciscano y antiguo miembro de la Inquisición -en la primera época del Santo Oficio, en la que su misión todavía no era castigar sino iluminar-, un hombre ya de cierta edad, muy perspicaz y locuaz, investigará las muertes e instruirá a su joven novicio, Adso de Melk, que es quien escribe la historia muchos años después.

    La adaptación gráfica comienza con un pequeño cameo de Umberto Eco, un nuevo homenaje al mundo de los libros. En el papel, Eco realiza una visita al monasterio Stijt, en las inmediaciones de Melk, en agosto de 1968. Busca un antiguo y famoso manuscrito del abate Vallet que contiene otro de Adso de Melk. El viaje y la búsqueda lo llevan posteriormente hasta París y Buenos Aires, donde encuentra un librito de Milo Temesvar con numerosas citas del manuscrito de Adso. No obstante, la fuente no era el abate Vallet sino el padre Athanasius Kircher, aunque los hechos narrados sí hacían referencia a los traducidos por Vallet. Así, Eco decide fabular la historia de Adso, porque es una historia sobre libros, no de miserias cotidianas. Conociendo su amor por los libros y las bibliotecas, no es de extrañar que cualquier excusa fuera buena para él con tal de situar la acción de la novela en la abadía que alberga la mayor biblioteca de la cristiandad de 1327. 

    Guillermo de Baskerville nos muestra toda su sagacidad y humanidad durante su ajetreada estancia en la abadía. Hace valer su experiencia como inquisidor en Inglaterra e Italia para investigar los crímenes según se van sucediendo. El abad Abbone le da libertad de movimiento por todo el monasterio, excepto en la biblioteca. Hecho que le hace suponer que los libros allí contenidos son, además de ricos en cuanto a sus enseñanzas, todo un peligro para quien quiera acercarse a ellos sin ser el bibliotecario -Malaquías de Hildesheim- o su ayudante -Berengario de Arundel-. La perspicacia de Guillermo lo lleva a entender que el verdadero control sobre la biblioteca es ejercido por un monje ciego, Jorge de Burgos, uno de los personajes más oscuros de la historia. Es él quien anticipa la llegada del Anticristo y de los últimos siete días. Cree que el humor y la risa destruyen el miedo a Dios y, por ende, el orden establecido.

    Uno de los puntos fuertes de la novela es el enfrentamiento entre el dogmatismo reinante en la Curia de Juan XXII, afincado en Aviñón, defendido por personajes como Jorge de Burgos y los líderes de la legación papal -el cardenal Bertrando del Pagetto y el inquisidor Bernardo Gui-, basado en el miedo y la opulencia, y las ideas radicadas en la pobreza y la austeridad, defendidas sobre todo por los franciscanos. Un enfrentamiento que llega al clímax en una escena casi salvaje en la que ambas legaciones llegan al desprecio, al insulto y a la blasfemia. Todo ello, mientras mueren hasta seis monjes y la biblioteca se convierte en la gran protagonista de la historia. Una biblioteca con forma de laberinto. Que encierra libros prohibidos, textos de autores infieles, sustancias alucinógenas, un espejo deformante, una habitación secreta tapiada, relaciones promiscuas protagonizadas por los monjes y meretrices y, en definitiva, un mundo bastante alejado de lo que hubiera aceptado el mismísimo Dios.

    El libro segundo de la Poética de Aristóteles es una de esas obras literarias que no se sabe si existió y desapareció durante la Edad Media por cualquier motivo o si directamente nunca fue escrita. Supuestamente trataría estudios sobre la comedia como medio de la liberación anímica -catarsis-. Existe un documento bizantino del siglo X titulado Tractatus Coislinianus en el que se resume el supuesto contenido de la obra. Conservado en la Biblioteca Nacional de París, hace hincapié en la risa y el placer como depuración de las emociones. En la obra se describirían los dispositivos utilizados y la forma en que debe suscitarse la catarsis. Pues bien, el manuscrito original de ese libro es el que con tanto recelo esconde en la habitación tapiada el monje Jorge de Burgos en la ficción de la novela. El mismo que busca con ansia Guillermo de Baskerville. Y ese manuscrito es el que encierra el gran secreto que relaciona a cada una de las muertes acaecidas en la abadía durante la semana de finales de 1327 en que transcurre la historia.

    Las ilustraciones de los dos volúmenes que componen esta adaptación gráfica de Milo Manara complementan y completan la obra de Eco. Muestran toda la oscuridad de la obra original y, a la vez, iluminan zonas que antes estaban tan oscuras que a muchos lectores se les pasaban por alto. El resultado es una obra deslumbrante que mezcla lo mejor de dos auténticos genios en lo que desde ya es una obra de arte, todo un clásico del noveno arte. Si a las aportaciones de este mago del dibujo sumamos el don de la palabra de Umberto Eco obtenemos una obra sublime que combina la realidad histórica de la época -las luchas intestinas dentro de la iglesia, las persecuciones por herejía, los juicios inquisitoriales, el dilema de los actos carnales como pecado, las torturas y las quemas por brujería, etc- con la ficción añadida por su autor y que trata temas tan humanos como el amor, la pasión, la lujuria, la soberbia, el sexo, el pecado, el crimen o el misterio, obtenemos uno de los thrillers históricos más atractivos e influyentes de la Historia de la Literatura. Una Historia que no sería la misma sin personajes como Guillermo de Baskerville y Adso de Melk.                                        





viernes, 8 de noviembre de 2019

Confesiones de una editora poco mentirosa. Esther Tusquets. Ediciones B. 2012. Reseña





     La editora y escritora Esther Tusquets (1936-2012) nos dejó, aparte de una docena de novelas, diversos cuentos y algunos ensayos, varios libros autobiográficos a lo largo de sus últimos años de vida. Confesiones de una editora poco mentirosa es uno de ellos. A principios de los años sesenta, siguiendo los pasos de su padre, se hizo cargo de la dirección de la editorial Lumen, con su hermano Óscar al frente del diseño. En este libro nos cuenta cómo dicha editorial, de corte franquista, religioso y moralizante, se convirtió con el tiempo en una de las más prestigiosas del país a base de renovar su fondo editorial y de arriesgar con distintos formatos, diseños, autores y obras. Cuarenta años de esfuerzo que, desde luego, dieron sus frutos.

     La nueva andadura de la editorial comenzó con una colección de narraciones infantiles muy cuidadas cuyos textos fueron encargados a autores consagrados como Ana María Matute, con la que Esther tendría una dilatada e íntima relación a lo largo de los años. Otras colecciones importantes fueron Palabra e Imagen --que combinaba textos e imágenes fotográficas, y en la cual participaron autores como Camilo José Cela y Miguel Delibes-- y Palabra en el tiempo --de la que formaron parte escritores consagrados como Virginia Woolf, Samuel Beckett, James Joyce o Susan Sontag, por aquel entonces desconocida todavía en nuestro país--. Además, publicó una gran colección de poesía y la emblemática Femenino Singular, dedicada en exclusiva a mujeres escritoras.

     En las líneas de esta autobiografía hay espacio para escritores de la talla de Cela y Delibes. Del primero afirma haber tenido una intensa pero breve amistad, que finalizó abruptamente cuando el escritor le echó en cara podar de forma frívola uno de sus relatos. Así, Tusquets escribe sobre el controvertido autor gallego que era un buen escritor, pero detrás de la aparatosa fachada no había un ser que humanamente pudiera interesarme. Según cuenta, vivió experiencias muy gratificantes con él y se divirtió mucho, pero el final de su relación de trabajo y amistad deja entrever, una vez más, el carácter agrio y fuerte del futuro Premio Nobel de Literatura. Muy diferente al caso del genio vallisoletano.

     De Delibes destaca la editora que no compartía con el gallego su pasión por el dinero y alaba que, salvo los dos pequeños textos que editó con ella para su colección Palabra e Imagen, siempre publicara con la misma editorial --Destino-- y no tuviera agente literario, gesto muy hermoso pero carísimo. Para él, según indica Tusquets, la familia y la amistad estaban por encima de todo lo demás, y un apretón de manos significaba más que cualquier documento firmado. Acaba el capítulo que le dedica así: me alegra enormemente saberle tan universalmente querido. Hijos, nietos, parientes, amigos, conocidos, gente que sólo sabe de él por su obra, todos le prodigan cariño, respeto y amor. No creo que nadie pase los últimos años de su vida rodeado de tanto y tan merecido amor.

     Otro ilustre que aparece en las páginas de este libro es el peruano Mario Vargas Llosa. La autora habla de su enfermizo perfeccionismo, responsable de los sucesivos retrasos en la escritura, corrección, reescritura, recorrección y entrega final de su relato Los cachorros para la colección Palabra e Imagen. El cruce de cartas entre autor y editora en relación al tema es digno de ser leído. También la retahíla de excusas, demandas de paciencia y mil y un perdones por parte del escritor peruano, hasta llegar a un increíble el relato me ha decepcionado en esta última lectura. No resulta extraño, pues, que con el tiempo se convirtiera en uno de los grandes genios de la literatura hispanoamericana y mundial, lo que le sirvió también para ser condecorado con el Nobel.

     Tusquets hace referencia a las tres grandes pesadillas del pequeño editor: la censura (excesivamente quisquillosa en pleno franquismo), las traducciones y los autores desesperados por ser publicados al precio que sea. Y nombra a algunos de los más carismáticos editores --Carlos Barral, fundador de Seix Barral, o Jorge Herralde, fundador y director de Anagrama--, agentes literarios --la flamante Carmen Balcells-- y escritores --Terenci y Ana Moix, Carmen Martín Gaite, Gloria Fuertes, Juan Benet, Pablo Neruda o Gustavo Martín Garzo-- de la época. Además, considera dos grandes golpes de suerte que cayeran en sus manos primero, y en su catálogo editorial después, obras tan diferentes pero futuros best-sellers como Mafalda y El nombre de la rosa.

     Ravoni, el agente de Quino, trató de vender los derechos de Mafalda a Carlos Barral en la Feria de Frankfurt, pero a este el cómic no le interesaba lo más mínimo y lo envió a hablar del tema al stand de Lumen. Así, de rebote y de la mano de la editorial de Esther Tusquets, llegó Mafalda a España. Una desconocida chiquita que muy pronto se convirtió en célebre e inmortal. En aquella misma Feria, también de la mano de Barral, y de nuevo por pura casualidad, le llegaría la aclamada El nombre de la rosa, de Umberto Eco. Quino Y Eco se mantuvieron siempre fieles a la pequeña editorial independiente que apostó por ellos desde sus inicios. Y, como no podía ser de otra forma, los éxitos fueron llegando.

     Tras cuarenta años de actividad, en 1996 Tusquets acabó vendiendo su editorial a la multinacional Random House Mondadori. Antes de jubilarse tuvo tiempo de vivir una breve experiencia en el gigante editorial, a base de conocer conceptos hasta entonces desconocidos por ella, como sinergia o argumentos de venta, y de asistir a unas cuantas convenciones bastante pintorescas. Se jubiló y siguió escribiendo hasta poco antes de su muerte (2012). Esta autobiográfica Confesiones de una editora poco mentirosa constituye un documento, o conjunto de documentos, de primera magnitud para conocer el mundo editorial y literario del último tercio del siglo XX. Por ello, su lectura es imprescindible para todos los amantes de la literatura española de la época referida.


      

jueves, 16 de enero de 2014

La ladrona de libros. Markus Zusak. Lumen. 2007. Reseña





     El nazismo y la Alemania de la Segunda Guerra Mundial son aspectos de sobra conocidos y temas bastante recurrentes tanto en el mundo literario como en el del cine. Sin embargo, de vez en cuando aparecen pequeñas historias dentro de la gran historia de ese período histórico que logran emocionarnos y sobrecogernos. Sin ir más lejos, a mí mismo me ocurrió con Irena Sendler. Y me llamó tanto la atención que acabé escribiendo un libro (estoy con el segundo y definitivo) sobre su bondadosa gesta en el gueto de Varsovia.

     Novelas que traten el nazismo hay muchas. Buenas, bastantes menos. Excepcionales, poquitas. Magistrales, una entre un millón. La obra de Markus Zusak, en mi modesta opinión, debería encuadrarse a caballo entre las excepcionales y las magistrales. Y si no la ubico directamente entre las últimas es porque me costó entrar en la acción.

     No obstante, dudo de si la "culpa" de ello es del autor o mía. Porque me chocó, y mucho, que la narradora fuera la muerte. Me descolocó tanto que me costó ubicarme en la historia. Reconozco que tardé en reaccionar ante este hecho. Lo cual pudo originar mi demora a la hora de instalarme en las páginas de una novela que, por otra parte, va claramente de menos a más según transcurren sus diez capítulos.

     Y asevero que va in crescendo por varios motivos. Los personajes van progresivamente cambiando, desarrollando unos rasgos psicológicos, y hasta físicos (en los casos de Liesel Meminger y Rudy Steiner), que provocan simpatía o antipatía, aceptación o rechazo, según determinados capítulos. Es el caso de secundarios, como frau Hermann o frau Holtzapfel, pero también de algún principal, como ocurre con la madre de acogida de Liesel, Rosa Hubermann.        

     Los personajes están descritos casi al mínimo detalle (muchos de estos detalles van encajando poco a poco en el puzzle perfectamente diseñado por el autor para mostrarnos tan fantástica historia). He de confesar que Liesel, Rudy, Hans (el padre de acogida de Liesel) y Max Vandenburg son personajes que me va a costar olvidar. 

     Los ambientes (el sótano del 33 de Himmelstrasse o la biblioteca del 8 de Grandestrasse) y la ciudad de Molchning (las calles Himmel, Grande o München) rozan la perfección. Y la narradora, la muerte, está soberbia durante toda la novela, adelantando temas importantes, detallando las escenas más interesantes y reflexionando en voz alta sobre el régimen nazi e incluso sobre las bondades y las miserias de la condición humana. 

     Sin embargo, no puedo dejar de comentar la idea que, para mí, es la clave de esta novela: el poder de las palabras. La propia Liesel llega a odiar y a querer a la vez la biblioteca de la mujer del alcalde. ¿La razón? Está repleta de palabras. Y esas palabras son culpables tanto de las desgracias derivadas de la guerra (una guerra provocada por la - no debemos dejar de tenerlo claro nunca - lúcida retórica del siniestro Hitler) como de que, pese a todo lo horrible acaecido en ella, la protagonista considere ese período de su vida como el mejor. Y todo ello, gracias a los libros.

     Ese amor a los libros y a la lectura son los responsables de que la novela de Zusak exista. Porque, sin él, no habría creado jamás a personajes como Liesel, Hans Hubermann, Max Vandenburg o frau Hermann, auténticas almas de "La ladrona de libros". No en vano, alguien dijo que los libros no pueden cambiar el mundo, pero sí hacer más llevaderas nuestras vidas en él. 

     Actualmente está en los cines españoles la película de mismo título, dirigida por Brian Percival bajo guión de Michael Petroni, y protagonizada por Sophie Nélisse ("Profesor Lazhar"), Geoffrey Rush ("Piratas del Caribe" o "El discurso del rey") y Emily Watson ("Las cenizas de Ángela" o "The boxer"). Habrá que ver cómo han adaptado la historia a la gran pantalla. La novela, desde luego, es altamente recomendable.         

                  

lunes, 9 de diciembre de 2013

Butcher´s Crossing. John Williams. Lumen. 2013. Reseña





     En 1960 John Williams debutó en el mundo literario con un western. Sí, un western, pero de los de verdad. Una historia de sueños incumplidos, tenacidad, ceguera vital, supervivencia (ante todo, espiritual), cazadores de bisontes y alma, mucha alma. Una de esas historias que nos invitan a reflexionar sobre lo que somos y lo que queremos ser. Y es que, como demostraría más tarde Williams con su obra más conocida, "Stoner", la condición humana es harto compleja.
 
     En 1870 Will Andrews, estudiante de último curso en Harvard, decide abandonar su carrera, su familia y su Boston natal para emprender una huida hacia el oeste americano, una tierra repleta de bisontes, pueblos aburridos (de alcohol y prostitución) y grandes líneas de ferrocarril que buscan descubrir lugares donde establecer pueblos y ciudades de nueva creación. Una tierra donde oportunistas de todo tipo tratan de cumplir unos sueños que suelen acabar en pesadillas.
 
     El joven llega a Butcher´s Crossing, un pequeño pueblo de una única calle en el que comenzará a vivir una experiencia que roza la épica pero también la demencia. Su huida hacia la naturaleza más salvaje le hará conocer a Miller, un experimentado cazador de bisontes que afirma conocer un lugar donde conseguir pieles suficientes como para enriquecerse; Charley Hoge, su fiel acompañante, lector voraz de la Biblia y bebedor empedernido de whisky; y Fred Schneider, un desollador rápido y audaz a la par que amante de la buena comida y de las mujeres.
 
     Juntos, los cuatro hombres emprenden un viaje en el que John Williams nos descubre los más interesantes métodos de supervivencia en las más duras condiciones, el mundo de la caza de bisontes y cómo cocinar con poco más que alubias y harina. No me cabe la menor duda de que el genial escritor debió documentarse a conciencia a la hora de abordar un tema tan complicado de explicar únicamente con palabras.
 
     Los cuatro expedicionarios vivirán varias situaciones límite a lo largo de una historia magistralmente abordada por una de las prosas más realistas, bonitas y a la vez austeras pero ricas en vocabulario que quien escribe ha podido leer en su vida. En distintos momentos parece que todos ellos van a perecer, pero siempre aparece la experiencia de Miller para salir airosos de unas situaciones en las que su propia codicia les había metido.
 
     Descripciones de ambientes, personajes y animales al margen - todas ellas soberbias -, me ha encandilado la relación entre Miller y Schneider, quienes chocan prácticamente en cada una de las tomas de decisiones según se adentran en el corazón del todavía inexplorado oeste americano del siglo XIX. La codicia, la seguridad y la temeridad del primero contrastan con la coherencia y el sentido común del segundo. Esa pugna entre el "querer siempre más" y el "más vale pájaro en mano que ciento volando" me ha parecido de lo mejor de la novela. Sin desdeñar al viejo Hoge, cristiano convencido y gran cocinero y ordenanza de expediciones, y al joven Andrews, verdadera alma de la trama, con sus inseguridades y sus certezas (más o menos erróneas).
 
     ¡Y qué decir de la naturaleza! Aquellos lectores amantes de las descripciones de montes, ríos, praderas y llanuras disfrutarán de la lectura. Porque la naturaleza se llega a convertir en el quinto miembro de la expedición. Desde los cauces de los ríos hasta las altas cumbres de las montañas; desde el crudo sofoco de verano hasta las nevadas de pleno invierno; desde los bisontes hasta los lobos. Y cómo vive y siente todo ello Will Andrews constituye la otra parte importante de la historia creada por Williams.
 
     No obstante, más allá de todo lo anterior, de la obra subyace un cierto trasfondo filosófico sobre la condición humana, la iniciación a la vida y el egoísmo o la bondad de las almas de sus protagonistas. No sería de extrañar que Jon Krakauer, autor de "Hacia rutas salvajes", se hubiera inspirado en "Butcher´s Crossing" como punto de partida de su historia. Personalmente, en diversos momentos Will Andrews me ha recordado a Chistopher McCandless (salvando las distancias). La soledad de los corazones de ambos en plena inmensidad salvaje me ha permitido establecer esta especie de paralelismo entre ambos.
 
     En conclusión, nos encontramos ante otra obra maestra de este desconocido autor norteamericano que, sin duda, merece que su obra (por desgracia, muy corta) sea digna de análisis por parte de todos los jóvenes universitarios de lengua y literatura anglosajona. Como "Stoner", "Butcher´s Crossing" es altamente recomendable. Y os sugiero su lectura encarecidamente.