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lunes, 20 de marzo de 2017

La rabia. Lolita Bosch. Círculo de Lectores. 2017. Reseña





     El bullying --hasta no hace demasiado tiempo denominado también acoso escolar-- es uno de los principales problemas de la sociedad actual. Y poco a poco, quizás más lentamente de lo deseado, va ocupando páginas de periódicos, minutos radiofónicos y espacios televisivos. No obstante, se echaba en falta un testimonio tan veraz, crudo, duro y dramático como el que nos presenta Lolita Bosch en este libro, editado hace pocos meses por Círculo de Lectores. Unas páginas con las que su autora busca superar y ayudar a superar momentos que quienes los sufren jamás podrán olvidar.

     La rabia nos golpea de tal manera que nos hace ponernos, por fin, en el lugar de todos esos niños y adolescentes que sufren una situación así sin motivo alguno. Porque nadie merece sufrir, y mucho menos en la más tierna infancia o en la adolescencia. Etapas que marcan, para bien o --como en este caso-- para mal, la mentalidad y la psicología de los futuros adultos. La rabia es una forma extraña de esperanza, asegura una autora que sabe de lo que habla, pues en este libro expone el bullying que ella misma padeció entre los 13 y los 17 años de edad. Cuatro años que estuvieron a punto de acabar con ella. Como, por desgracia, les ha sucedido a quienes no han tenido la misma suerte que ella.

     Lolita Bosch es novelista y periodista de investigación, y lucha contra la exclusión social  y en favor de la paz a través de seminarios, cursos, ponencias y demás publicaciones. Además de dar su testimonio personal --de hace 30 años-- en este libro, recoge también frases y pensamientos de chicos y chicas que sufren bullying en la actualidad. Cuanto más se humilla a una persona, más daño se deja hacer ella, comenta una víctima de solo 17 años. Otra afirma que primero vienen la sorpresa y la incredulidad, Luego, el dolor, la tristeza y la furia. Después, los pensamientos y las emociones. Finalmente, acabas con la sensación de que nunca serás el mismo, que eso quedará para siempre grabado en tu alma.

     El comienzo de todo suele venir a través de una grieta por la que los acosadores entran y arrasan con todo. Una vulnerabilidad que, cuando queda al descubierto, ha de mantener alerta al acosado en todo momento. Porque por ahí le vendrán todos sus males. Y la rabia no lo abandonará jamás, y todo --su vida futura-- dependerá de cómo utilice esa rabia. Por eso, Lolita Bosch ha decidido, treinta años después, usarla para escribir esta novela, aunque hacerla me enfrenta a chicos y chicas a los que aún les quedan años para pensar, asumir, perdonar y ponerlo todo en su lugar. En efecto, el perdón, hacia uno mismo --por dejarse acosar sin rebelarse ni revelar lo que sucede-- y hacia los demás --no solo los acosadores, sino también quienes intentar ayudar--, será una de las claves para poder seguir con una vida plena.

     Una de las características fundamentales del proceso de acoso es que casi siempre se da de forma grupal. Es decir, varias personas contra una sola. Así, buscan a alguien que no esté en igualdad de condiciones y atacan, sistemáticamente, su autoestima. Cuestión a diferenciar de un conflicto, en el cual dos personas luchan con los mismos recursos. Y, desde luego, un pensamiento a desterrar cuanto antes es el tan manido de que son cosas de niños. Porque las cosas de niños de ayer son las que generan traumas en los adultos de mañana.

     Uno de cada cuatro escolares sufre acoso. Y este acoso supone una de las cinco causas nacionales de suicidio. Los acosados --exactamente igual que los acosadores-- son un ejército. Pero, a diferencia de lo que hacen aquellos, los acosados no se buscan unos a otros para defenderse, sino que no se llevan bien entre ellos porque esto es un Sálvese Quien Pueda. Bosch escribe, de forma tan desgarradora como casi robótica, que la rabia es un fuego que mantiene a los demás alejados, y que antes resoplaba cada mañana cuando me preparaba para ir a la escuela pero ahora ese bufido lo uso a cada rato. Me he convertido en esta persona que no permite que nadie le diga nada. Tengo que ser la más fuerte, la más resistente, la que aguanta más horas despierta y bebe más y aguanta más trastornos químicos y tiene más ganas de perder la cabeza, de vez en cuando, para mandarlo todo a paseo.

     Y, además, lanza una idea mucho más dramática si cabe. La de que los móviles, internet y las redes sociales amplían exponencialmente tanto el alcance como los resultados de los acosos. El ciber-acoso es, a día de hoy, un arma mucho más mortífera. Algo que hace treinta años ni existía. Así, Bosch llega a afirmar sentirse una mujer con suerte al haber sido niña en un época en la que todavía no existían esos adelantos que mal utilizados pueden resultar tan dañinos. Porque hoy, que tanta gente usa las redes sociales como si fueran una extremidad más de sus cuerpos, la virtualidad nos afecta tanto como la realidad. 

     Y, ¿cuál es el papel de la escuela y de los maestros y profesores en todo esto? Pues la opinión general de la autora, que yo comparto al ciento por ciento, es que la mayoría de ellos no están capacitados para hacerse cargo de nuestros hijos. Ni hace treinta años ni, por supuesto, ahora mismo. La mayoría miran hacia otro lado, tratan de tapar los hechos para mantener la reputación de sus centros y la de ellos mismos, negando claras evidencias --con el ya referido son cosas de niños a la cabeza de sus argumentaciones--, y actúan con una despreocupación que en algunos casos llega a ser total y absoluta. Y en el libro pone un par de ejemplos escalofriantes. ¡Tutores y jefes de estudio tan emocionalmente ignorantes que ponen los pelos de punta!

     La cuestión es que el sentimiento más común de esos chicos y chicas es que cada vez me caigo peor a mí misma y no soporto que los demás me quieran si yo no me quiero. Y una psicóloga responde que se sienten demasiado culpables, tienen la autoestima por el suelo. Problema de tal seriedad y magnitud que, a tenor de lo expuesto en este libro, ya no nos permite seguir mirando hacia otro lado y poner excusas. Sino que nos obliga a tomar cartas en el asunto y a buscar posibles soluciones. Porque la próxima vez le puede tocar a mi hijo. O al tuyo... De ahí la importancia de este libro-testimonio: un relato tan sobrecogedor como necesario en la sociedad actual.        

           

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