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viernes, 23 de octubre de 2020

Letter To You. Bruce Springsteen. 2020. Crítica

 




    En noviembre de 2019, poco antes de desatarse la pandemia, Bruce Springsteen y la E Street Band se reunieron en la granja del Boss en Colts Necks, Nueva Jersey, para grabar un nuevo disco. Quedaron en hacerlo en tan solo cinco días, pero les sobró uno, pues el disco estaba grabado ya al terminar el cuarto día. Siguiendo los consejos de Stevie Van Zandt y Roy Bittan, Springsteen dejó de lado las demos y dejó que cada miembro de la banda tocara hasta acoplarse a los demás. Después de tocar juntos durante casi una vida entera, no fue demasiado complicado. El resultado, un disco orgánico en el que la E Street Band suena como hace décadas no lo hacía en un estudio --que sí en los conciertos--. No en vano, el sonido de Letter to you es compacto, épico, excitante. Como en la época del Born to run o The river. Finalmente, la producción de Ron Aniello y las mezclas de Bob Clearmountain y Bob Ludwig hicieron el resto.

 

    Me encanta el disco. Estoy feliz por cómo ha quedado la parte emocional impresa en él. Lo grabamos en solo cinco días y resultó ser una de las mejores experiencias de grabación que he tenido en mi carrera. El sonido de la E Street Band tocando en mi estudio completamente en vivo y sin regrabaciones ha sido espectacular. Algo que nunca antes habíamos hecho, afirmó Bruce hace un mes en una entrevista para la revista Rolling Stone. Es como una vuelta atrás, como una manera de recuperar un viejo hábito que acabó por hacer de la E Street la banda de bares más grande del mundo. Además, la temática del trabajo le va al pelo a la manera de grabar. Hacerlo como antaño. Como cuando todavía estaban el saxofonista Clarence Clemmons, el teclista Danny Federici, el mánager del Boss, Terry Magovern, y su recientemente fallecido amigo George Theiss, antiguo componente de The Castiles, una de las primeras formaciones del por aquel entonces adolescente Springsteen.


    En efecto, el tema del disco es el paso del tiempo, la muerte, la constante pérdida, la necesidad de seguir adelante a pesar de todo. Bruce también perdió a su padre, y su ya anciana madre está gravemente enferma de alzheimer. Pero, como él mismo reconoce, una parte bonita de la vida es lo que nos dejan los muertos. Su espíritu, su energía y su eco continúan resonando en el mundo físico mucho después de su partida. Por eso, Letter to you es también un compendio, un conjunto coral en forma de ofrenda-homenaje a aquellos que ya no están con nosotros. Afirmó Springsteen tras la muerte de Clemmons y Federici que la E Street Band no quedaría finiquitada hasta que el último de sus miembros abandonara este mundo. En efecto, mientras quede en pie uno solo de ellos, todavía será posible cumplir los sueños y reparar las promesas incumplidas. Y los fantasmas de los desaparecidos seguirán apoyando, inspirando y dando caña.


    Letter to you está formado por doce temas, de los cuales nueve fueron compuestos por Springsteen durante los años 2018 y 2019. Los otros tres --Janey needs a shooter, If i was the priest y Song for orphans-- son revisiones de viejos temas de los setenta descartados de los discos de la época. Las rescaté porque quería cantar con voz adulta las ideas de la juventud. Algo un poco loco. Bendita locura, pues. Porque, de esta manera, los fans recuperamos tres joyas de las que solo se conservan viejas maquetas y directos de bastante baja calidad. Nos ocuparemos de estas tres canciones más abajo, cuando abordemos el análisis de las doce canciones en su conjunto. De momento, cabe recordar que la primera fue compuesta, con otra letra, en 1971, en tiempos de la Bruce Springsteen Band. La tercera, también de 1971, fue la que hizo que Mike Apel se convirtiera en su mánager. Y la segunda, de 1972, fue una de las canciones que le cambió la vida aquel 5 de mayo de 1972, cuando Bruce la tocó en acústico ante John Hammond, quien le abrió de par en par las puertas de Columbia Records. 

  

    Estas son las doce piezas que componen el vigésimo disco de estudio de Bruce Springsteen y la E Street Band:    

       

1. One minute you´re here: un minuto estás aquí y al siguiente te has ido, canta Bruce acompañado solo de su guitarra. El primero de los homenajes a quienes estuvieron, ya no están, pero se les echa tanto de menos que en todo momento se siente su presencia. Un medio tiempo acústico que recuerda al disco Devils and dust y a Moonlight motel, tema que cierra su trabajo anterior, Western stars. Como si no hubiera pasado un año y medio y todavía estuviera en el granero de su granja. De hecho, como ya ha quedado dicho, allí precisamente ha grabado también este nuevo disco. 


2. Letter to you: una carta directa al corazón de sus seguidores que fue presentada como single de lanzamiento de su disco homónimo. El Boss, como viene haciendo últimamente, se despoja de sus miedos y miserias y, al dictado de su corazón, nos muestra lo que descubrió en los buenos y en los malos momentos, lo fácil y lo difícil que le fue llegar hasta adonde llegó y la felicidad y el dolor que hubo de soportar. Y lo escribe y canta para mí, para ti y para quien lo quiera escuchar. Y, por supuesto, muchos somos todo oídos.  


3. Burnin´ train: si durante décadas el Boss utilizó los automóviles como medio para huir de algún lugar o para llegar a otro sitio, en los últimos años el vehículo preferido por él para seguir tales fines ha pasado a ser el tren (como en Land of hope and dreams o Tucson train). Pero, a diferencia de los anteriores, el ritmo de este tren ardiente quema las vías y se muestra imparable. Sabe que va a llegar a su destino. Y su destino no es otro que el corazón ardiente y apasionado de sus fans. En directo, promete ser un momento épico.


4. Janey needs a shooter: la primera de las piezas de los setenta que el Boss ha querido presentar por fin en formato disco. Temazo que bien podría haber formado parte del Darkness on the edge of town. Su comienzo, al estilo del Like a rolling stone dylaniano, deja paso a una épica y oscura historia que, con una letra modificada, nos habla de una mujer que no conoce la paz ni a través de su médico, ni de un predicador ni de un policía. Y el narrador canta que así que la abracé mucho. Ella era más una santa que un fantasma. Y le dije cuánto tiempo había estado preparándome para ella.    


5. Last man standing: de nuevo aparece el tema de la pérdida. Y es que, tras la muerte de su amigo George Theiss, Springsteen es ya el único superviviente de una de sus primeras formaciones, The Castiles. Fue la primera canción que compuso para este disco. Y, tras los primeros acordes de guitarra del Boss, la batería de Max Weinberg introduce a la banda, incluyendo el magnífico saxo de Jake Clemmons desde la mitad de la canción. Todo ello, para hablarnos sobre la celeridad de la muerte, pero también sobre la riqueza de la vida. 


6. The power of prayer: canción al más puro estilo de sus discos Magic (I´ll work for yor love, por ejemploo Working on a dream, nos habla de la plegaria, del amor y de sus recompensas. Como buen católico que es, Springsteen confiesa refugiarse a menudo en las plegarias. Gran intro de Roy Bittan al piano. Muy buenas guitarras de Nils y Stevie. Resulta prácticamente imposible diferenciar el saxo de Jake Clemmons del de su tío Clarence. Como sucede con Charles Giordano, sustituto de Federici, también Clarence ha tenido un gran recambio en la figura de su sobrino Jake. Todo queda en familia. 


7. House of a thousand guitars: si para el escritor Jorge Luis Borges el paraíso sería un tipo de biblioteca, para Springsteen sería una casa de mil guitarras --¿quizá su propio establo-estudio de grabación de Colts Neck?--. El piano de Roy Bittan y la voz y la vocalización del Boss imprimen al tema un gran misticismo. El tenue saxo de Jake Clemmons acentúa este sentimiento en la parte central-final. El mundo espiritual toma cancha en una canción que también será muy bien recibida en los directos post pandemia. 


8. Rainmaker: tema protesta que llega a recordar a Death to my hometown --del celebrado Wrecking ball--, cuenta la historia de un impostor que dice ser capaz de traer la lluvia al oeste americano. A veces los amigos necesitan creer en algo tan malo que acabarán contratando a un hacedor de lluvias, nos canta Bruce. La canción, que también nos puede llegar a recordar a The ghost of Tom Joad y al Reason to believe acústico de la gira Devils and dust, muestra un tono fiero, desolador, atacante de farsantes. Conociendo sus firmes convicciones demócratas, ¿será una crítica directa a Donald Trump? Seguro.


9. If i was the priest: el segundo de los temas de los setenta que aparece en el disco es una especie de rememoración de la relación entre Jesús y su madre, María. Suena irreverente, sobre todo en el caso de alguien tan religioso como el Boss, pero en esta canción Jesús es el sheriff de un pueblo del lejano oeste, y la virgen María regenta el Holy Gray Saloon, desde donde da misa los domingos y otros servicios los lunes. La armónica y la guitarra de la parte final nos recuerdan de nuevo a la E Street Band de antaño.  


10. Ghosts: es, sin duda, el temazo del disco. Sonido E Street Band en estado puro. Perfecto homenaje al saxofonista Big Man Clarence Clemmons y al teclista Danny Federici, fallecidos durante la última década. Pero sus recuerdos, energía y espíritu dan fuerzas al resto de la banda para seguir, al grito de ¡estoy vivo! Cuando la pandemia pase --que pasará-- y los chicos puedan volver a la carretera Ghosts será, seguro, uno de los puntos álgidos de los conciertos. Unos conciertos a los que tanto ellos como nosotros acudiremos con nuevas energías y ganas de prender el fuego del rock and roll más apasionado. Como ese saxo final y los coros con los que terminan la canción tras contar Bruce hasta cuatro. Brazos arriba, palmas, sudor y subidón entre los subidones.


11. Song of orphans: el tercer y último de los temas de los setenta del disco, nos presenta a un Bruce que soñaba con las estrellas y una guitarra. Una canción sobre la esperanza, basada en la forma de cantar y tocar del Dylan de aquella época. Los hijos buscan padres, pero los padres se han ido. Las almas perdidas buscan salvadores, pero los salvadores no duran mucho. Esos mocosos renegados sin rumbo que viven sus vidas en canciones, corren a lo largo de una vela, en un susurro de buenas noches y se van. Sin embargo, nunca pierden la esperanza.   


12. I´ll see you in my dreams: el disco se cierra con un nuevo recuerdo a los que no están, a esos fantasmas que siguen inspirando a la banda todavía, a pesar del paso de los años. Y es que hay conexiones que ni la muerte logra cortar. Sobre todo cuando los que aquí siguen buscan de forma continuada esos inspiradores espíritus con los que algún día compartieron absolutamente todo. Te veré en mis sueños suena a un hasta luego, amigos. Porque la muerte, en efecto, no es el fin de todo. Una gran manera de despedir un disco hecho, más que nunca, con el corazón. 


    El piano de Roy Bittan, el ritmo marcial de Max Weinberg y Gary Tallent, las destellantes guitarras de Nils, Stevie y el propio Springsteen, el oportuno saxo de Jake Clemmons, el gran teclado de Charles Giordano y los intermitentes coros de Patty Scialfa potencian las armónicas y la voz de un Bruce cuya garganta parece haber rejuvenecido varias décadas en este disco. Una garganta que nos canta una carta directamente a cada uno de nosotros. Con las fuerzas, el talento y la visión ya conocidas para hacernos vibrar con un sonido no perdido pero, sin embargo, sí recobrado. Como si de la primera vez se tratara. Y con la E Street Band en pleno funcionamiento. No en vano, el propio Springsteen lamenta no poder salir a la carretera. Sin embargo, comenta que todo lo que puedo decir es que cuando termine esta experiencia voy a dar la fiesta más disparatada que te puedas imaginar. Yo no sé vosotros, pero esa fiesta no me la pienso perder. Por nada del mundo. Sobrevivir a la pandemia habrá valido la pena si, por añadidura, nos sirve para poder volver a ver en directo al Boss y a una E Street Band a punto, engrasada y, además, enrabietada.  


viernes, 21 de octubre de 2016

Born to run. Memorias. Bruce Springsteen. Random House Mondadori. 2016. Reseña





     El pasado 27 de septiembre, casi coincidiendo con 67º cumpleaños, Random House Mondadori publicó Born to run, las memorias del músico estadounidense Bruce Springsteen. Ya de entrada, el título es altamente significativo. El tema, que dio nombre al tercer disco del Boss, que vio la luz en 1975, habla no solo de cómo era la vida en Freehold, Nueva Jersey, en un momento dominado por la pobreza, la industrialización de la zona --que dejó altas cifras de desempleo y miseria en toda la región-- o las crecientes tensiones raciales, sino también de cómo influyó todo ello en un joven que trataba de adentrarse en el complicado escenario musical de la época, así como del hondo sentimiento de hermandad que surgió entre el grupo de compañeros que dieron inicio a una de las aventuras musicales más extraordinarias del siglo XX.

     Porque comprender a Bruce es imposible sin conocer a la E Street Band, la más grande banda de acompañamiento jamás formada en el universo rock. Y la figura que mejor ejemplifica el significado de la sólida máquina en que se convirtió es Clarence Clemons, Big Man, el saxofonista de color que aparece en la portada del disco del 75. Amistad, compañerismo, mezcla racial, solidaridad y sinergia: cada componente, conocedor de su papel, de su rol, de su función en el conjunto. Como afirma el Boss, somos una filosofía, un colectivo con un código de honor profesional. Se basa en el principio de que cada noche daremos lo mejor, todo lo que tenemos, para recordarte todo lo que tú tienes, lo mejor de ti. De que es un privilegio y un honor intercambiar directamente sonrisas, alma y corazón con la gente que tienes enfrente. De que es un gran placer reunirte en concierto con aquellos en los que has invertido tanto de ti mismo, y ellos en ti, tus fans.

     No en vano, el Boss y los estreeters se sienten agradecidos por ser un eslabón de la cadena que forman junto a sus fans. Y el mero hecho de experimentar esa sensación ya es algo por lo que vivir. A lo largo de las casi seiscientas páginas de sus memorias Springsteen narra el proceso de formación de la banda, sus tomas de decisiones sobre cuestiones musicales y extramusicales, sus interioridades --no exentas de problemas de mayor o menor consideración--, el período de doce años (1987-1999) en que cada uno de sus miembros desarrolló por separado su carrera musical, el retorno en 1999 y la muerte de Danny Federici y Clarence Clemons, así como la entrada en la banda de sus sucesores (que nunca sustitutos: Charles Giordano y Jake Clemons, sobrino de Big Man). Las anécdotas referentes a la grabación de los discos y las giras constituyen la cara amable y risueña del libro.

     Sin embargo, estamos ante un conjunto de confesiones llamativas y hasta sorprendentes. Muy celoso de su vida privada, Springsteen afirma haber tenido una relación tempestuosa con su padre --víctima tanto de sus fantasmas personales como de la pobreza del Freehold de los sesenta y setenta--, con quien siempre tuvo sus tira y afloja. A lo largo de los capítulos nos muestra abiertamente la evolución de las heridas, el desafecto y la crueldad emocional que heredó de él. Mi padre nos hizo creer que nos despreciaba por amarle, que nos castigaría por ello, y lo hizo. Parecía que aquello podía arrastrarle a la locura, y a mí también (...). Era una fuente de poder maligno a la que podía acudir cuando me sentía físicamente amenazado, cuando alguien trataba de llegar hasta un lugar que simplemente no podía tolerar... más cerca de mí. Como prueba fehaciente de ello, ninguna relación sentimental suya duró más de dos años. Hasta que apareció en escena Patti Scialfa. 

     Antes de ello, se casó con la modelo Julianne Phillips. Así habla de su divorcio, tan solo dos años después: Cuando nos casamos era joven y su carrera estaba empezando, mientras que yo, con treinta y cinco años, podía parecer ya una persona realizada, razonablemente madura y bajo control, aunque en mi interior seguía siendo alguien emocionalmente poco desarrollado y secretamente inaccesible. Ella es una mujer de gran discreción y decencia y siempre me trató, a mí y a mis problemas, de forma honesta y con buena fe, pero al final, realmente no supimos solucionarlo. La puse en una situación terriblemente difícil para una chica joven y le fallé como pareja y como esposo. Solventamos los detalles del modo más civilizado y discreto posible, nos divorciamos y seguimos adelante con nuestras vidas.      

     Los capítulos más escalofriantes de estas memorias los constituyen los episodios de depresión del rockero. Desde joven se refugió en la música como forma de evasión de una realidad opresiva y claustrofóbica. Algo que, a pesar del éxito, del dinero y de la fama no cambió con el paso de los años. Daba igual tener que mendigar que ser rico. Springsteen nos informa de una terapia psicoanalítica de veinticinco años de duración, hasta la muerte de su terapeuta. Solo se sentía bien componiendo y tocando. Pero, fuera de los escenarios, tuve un ataque de depresión, me sentía tan profundamente incómodo en mi pellejo que solo quería salirme de él. Es una sensación peligrosa que atrae muchas ideas indeseables (...). El único respiro era dormir doce, catorce horas. Por vez primera, sentí que comprendía lo que impulsa a algunas personas al abismo. Lo único que me ayudó fue Patti. Su amor, su compasión y la seguridad de que saldría de aquello fueron, durante muchas horas de oscuridad, todo lo que tenía para seguir adelante. En efecto, su esposa desde hace casi veinticinco años sale muy bien parada de estas memorias, situándose como el verdadero sostén de un Bruce que se muestra más humano que nunca.

     En Born to run hay espacio para la risa, las anécdotas, la música y, ante todo y por encima de todo, la reflexión. Una reflexión honda, profunda y sosegada. Una especia de catarsis en la que el Boss hace un examen psicoanalítico puro y duro, llegando a afirmar que en psicoanálisis trabajas para convertir los fantasmas que te atormentan en ancestros que te acompañan. Para hacerlo se requiere mucho esfuerzo y mucho amor, pero ese es el modo en que aligeras la carga que tus hijos tendrán que soportar. No obstante, a luchador no le gana nadie. Como él mismo dice, su voz no hacía presagiar que pudiera ser cantante solista. Pero su tenacidad, su buen hacer y conocerse a la perfección a sí mismo, con sus límites pero también con sus fundamentos, le valieron para convertirse en quien es en la actualidad.

     Es de agradecer el hecho de que la narración de su vida se haya detenido mucho más en sus años iniciales, junto a los Castiles, Steel Mill y la Bruce Springsteen Band. Y también en su gran pilar de los últimos años: su mujer y sus tres hijos. Su familia. En mi opinión, la gran particularidad de estas memorias es que, pese a mostrar el lado más desconocido y hasta oscuro del músico, ello no hace que al lector se le caiga un mito. Nada más lejos de la realidad: conocer a ese Bruce tan imperfecto, problemático y, en definitiva, humano agranda más si cabe su leyenda. Una leyenda que podrá ser estudiada, además de por sus míticos discos y sus legendarios directos, por una biografía extensa escrita de su puño y letra. Y, sea dicho de paso, de una manera impecable.    


lunes, 16 de mayo de 2016

Y Springsteen tomó el Camp Nou (14-05-2016)





     Han pasado casi 48 horas desde la mágica noche --y van siendo ya innumerables-- que Springsteen regaló a las casi setenta mil almas entregadas a él y a la E Street Band en un Camp Nou que fue un clamor durante las tres horas y media de show. En la mente de los asistentes, entre los que afortunadamente me incluyo, se agolpan tantos sentimientos y recuerdos que resulta prácticamente imposible escribir una crónica de todo lo que allí aconteció en una noche histórica.

     Bruce es para millones de personas en todo el mundo como un familiar muy especial que vive muy lejos y solo viene a vernos de vez en cuando. Como la familia es tan amplia, casi nunca viene a nuestra ciudad, por lo que hemos de tomar un avión, tren, autobús o nuestro propio coche para poder ir a visitarlo durante unas horas. Centenares o miles de kilómetros para pasar con él una noche que, aparte de agradable, resulta siempre única e irrepetible. Porque Bruce no ha hecho jamás dos conciertos iguales. Porque, consciente de que muchos de los que una noche cualquiera van a verle quizá no repitan, piensa que deben guardar para siempre esa noche en su memoria, por lo que no duda en hacer de cada concierto algo especial e imborrable.
   
     Lo peculiar y lo que hace de él quien es a día de hoy es que, a diferencia de la gran mayoría de artistas de todo tipo, le encantan los baños de masas no para engrandecer su ego, sino para hacer mucho más grande a cada una de las individualidades que forman esas masas. Porque el Boss es una arma de destrucción masiva que aniquila las depresiones e impurezas de las almas de quienes van a sus conciertos. De ellos sale uno revitalizado en el plano espiritual y anímico. Que no físico. Porque un fan entregado a la causa, que canta, grita, hace palmas y da saltos durante tantas horas seguidas sale del recinto como si le hubiera pasado por encima un camión. Y tarda incluso días en recuperarse de tan gran esfuerzo. Y quienes soléis ir a verlo de vez en cuando sabéis que no exagero un ápice. Sé perfectamente de lo que hablo.

     Y, llegado a este punto, he de hacerle un reproche a Bruce. No sé si alguien se lo habrá hecho ya, aunque no creo que sea yo el primero. Alguien debe decirle a este señor que sus conciertos deberían durar un par de horas. Como los de los Rolling Stones, U2, Coldplay o ACDC, por ejemplo. Porque él, que sin duda ha hallado la pócima secreta de la eterna juventud, no envejece, peros sus seguidores sí. Él aguanta sus tres horas y media de show como si nada, pero nosotros no. Nos cansamos mucho y cada vez nos cuesta más retornar a la normalidad. Él, que tanto respeta a cada uno de sus fans, debería pensar también en su salud. No en la suya, por supuesto, sino en la nuestra.

     No es saludable que, tras casi tres horas de concierto, estos tíos toquen seguidas Born in the USA, Born to run, Dancing in the dark y Tenth Avenue freeze-out. Menos todavía que, a renglón seguido, y cuando parece que todo ha terminado por fin, se arranquen con unos impresionantes e interminables Shout, Bobby Jean y Twist and shout. Porque servidor, cuando media hora antes tocaron The rising, se sentía ya con ganas de un Demolition (suponiendo que tuviera una canción con semejante título, a buen seguro la habría tocado también).

     Dicho esto --en tono irónico, o quizá no tanto--, el concierto, que incluyó hasta 36 canciones de todas las épocas del artista y la banda, tuvo momentos que permanecerán en las retinas y en los oídos de todos nosotros: desde las notas más rockeras --Badlands, My love will not let you down, I wanna be with you, Ramrod, Prove it all night o Because the night-- hasta las indispensables baladas --I wanna marry you, The river, Pointblank, The price you pay, Drive all night o Thunder road--, pasando por los ya clásicos himnos generacionales --No surrender, Hungry heart, Out in the street o The promised land--. 

     Otros momentos emotivos de la noche fueron la interpretación del mítico Purple rain del recientemente fallecido Prince --con un magnífico solo de guitarra de Nils Lofgren y la emocionada voz de Bruce--, que abrió los bises; las tradicionales peticiones, con Glory days y I´m going down a la cabeza; y el apoteósico final, con las ya mencionadas versiones de los Beatles. Todo ello, sin olvidar las canciones del álbum The river, con protagonismo, además de las ya reseñadas, de The ties that bind, Sherry darling, Jackson cage o Two hearts, interpretadas seguidas en las primeras posiciones del set list.

     El Barça, que acababa de ganar la Liga de fútbol, no pudo celebrarlo en su estadio. Lo cual no significa que no hubiera en él una gran fiesta. Es más, para los seguidores culés del Boss, sin duda, fue la fiesta perfecta. Y, por supuesto, a los no culés no nos importó unirnos a ella. En absoluto. Y es que el Boss es capaz de unir a culés, pericos, merengues y atléticos. La fuerza del rock and roll hermana a gente a priori irreconciliable. La de Springsteen, más si cabe. La imagen del Boss saludando desde la escalerilla de salida del escenario, guitarra alzada en mano incluida, justo antes de desaparecer, me hace realizar una petición a quien corresponda: por favor, que no sea la última vez que podamos ver a este tan querido familiar... ¡Vuelve pronto, tío Bruce!



                     

viernes, 4 de septiembre de 2015

Springsteen: 40 años corriendo para ganar





     25 de agosto de 1975. Bruce Springsteen y Columbia Records publican su tercer trabajo discográfico juntos. Mike Appel y John Landau, junto al propio Bruce, supervisan su grabación y producción. Solo 8 temas - con largas y magníficas introducciones instrumentales -, dos singles promocionales - Born to run y Tenth avenue freeze-out - y 39 minutos de duración bastan para poner a Springsteen en el lugar que nunca abandonaría desde entonces: la cúspide del rock and roll contemporáneo. Y eso que han pasado 40 años.

     A priori, 8 canciones y 39 minutos pueden parecer poco bagaje para un disco. Pero Springsteen y sus compañeros de la E Street Band trabajaron en él durante año y medio (enero de 1974-julio de 1975) en los Record Plant Studios y en los 914 Sound Studios de Nueva York. El resultado fue un disco épico y atemporal que aún a día de hoy emociona a quienes lo escuchan por vez primera. Un clásico que suena como nuevo a pesar de los años. Una descarga de rock and roll que la crítica acogió desde el principio con los brazos abiertos. Tanto que en 2003 la revista Rolling Stone lo colocó como el número 18 en su lista de los 500 mejores discos de la historia. Algo que, en mi opinión, se queda corto. Muy corto.

     Springsteen compuso el disco con la ayuda de un piano, no de una guitarra, y utilizó la técnica de sonido del "muro de sonido" para que sonara como Roy Orbison con Bob Dylan cantando y Phil Spector en la producción. ¿Y la portada? La portada merece mención aparte. Esa imagen tomada por Eric Meola de Bruce sosteniendo su Fender y apoyado en el hombro del saxofonista Clarence Clemons forma parte de la historia del rock. Big Man siempre fue uno de los sostenes de Springsteen. Su amistad y lealtad permanecen incluso más allá de la muerte del saxofonista el 18 de junio de 2012.

     La primera de las ocho obras maestras que componen Born to run es Thunder road. Estamos ante una canción que evolucionó tanto desde su primera versión que cuesta reconocerla. Cuando Bruce la compuso la tituló Wings for wheels, aparecían nombres de mujer como Angelina y Christina - finalmente sustituidos por el de Maria - y la estrofa final decía "is a town full of losers, and baby i was born to win" (Esta es una ciudad llena de perdedores, y nena yo nací para ganar) y no el ya legendario "it´s a town full of losers, and i´m pulling out of here to win" (Es una ciudad llena de perdedores, y yo estoy saliendo de aquí para ganar). La manida metáfora de la carretera como libertad jamás fue tan soberbiamente utilizada como en este caso. Esa armónica desgarradora simboliza a la perfección tanto la nostalgia por la juventud que se escapa como la imperiosa necesidad de cambiar de rumbo en la vida. Y el solo de saxo final de Big Man confirma ese triunfo, ese acercamiento a la tierra prometida de la que habla la canción.

     Tenth avenue freeze-out es un tema autobiográfico. Habla de cómo se va formando la E Street Band, destacando el glorioso momento en que "Big Man joined the band" (Big Man se unió a la banda). La canción suena a descarada y festiva, como no podía ser de otra manera. La mano de Steven van Zandt se nota en ese toque casi humorístico. Night es el tema más corto del álbum. Pero en sus escasos tres minutos promete escapar a toda prisa, con urgencia. La ametralladora del inicio (con la batería de Max Weinberg a la cabeza) da paso a ese saxo de Clarence, que llora y nunca descansa.

     Backstreets cierra la cara A del formato original de vinilo. Es un tema melodramático narrado con gran maestría. Otra pieza eterna, de museo. La desesperación que subyace puede ser debida a la relación del narrador con un hombre llamado Terry, junto a quien debe apartarse de la sociedad. Quizás haga referencia a una relación homosexual, pues en aquella época los amantes homosexuales debían vivir en la sombra. También es posible que simplemente sea un tema que habla de la amistad, en el pleno sentido de la palabra. El caso es que el órgano de Roy Bittan, la guitarra de Bruce y la batería de Max Weinberg nos ayudan a entender mejor a estos personajes que deben sentirse como cowboys de medianoche, siguiendo el efecto cinematográfico que Bruce buscó desde el primer momento en el disco. 

     La cara B del elepé comienza con Born to run. Al principio de esta entrada hablé de lo atemporal del álbum. Pues bien, este es el más claro ejemplo de cómo algo grabado hace cuarenta años puede sonar como actual, como algo que nunca pasa ni pasará de moda. Seis meses costó grabar un tema de cuatro minutos y medio. Cuatro minutos y medio que sirvieron para establecer el sello Springsteen para la posteridad. Esperanza, romance y carácter épico en una sola pastilla. Siguiendo la línea de Thunder road, Bruce le canta a su chica - que en esta ocasión se llama Wendy - que "tenemos que salir mientras seamos jóvenes, porque los vagabundos como nosotros, nena, nacimos para correr". Sin embargo, a diferencia de la anterior, es una canción que habla de confusión, desorientación, sentimiento de pérdida. Y no solo del propio Bruce sino de un país entero. Y es que estamos ante un disco grabado tras la guerra de Vietnam, la crisis del petróleo o el caso Watergate que acabó con el gobierno de Nixon. Es decir, en plena decadencia del mal llamado "sueño americano". 

     She´s the one es toda una declaración de amor. Y, fantástica letra aparte, el abrasador solo de saxo de Clarence y el hecho de que Bruce cante a lo Elvis la convierten en una de las mejores declaraciones de amor posibles. Meeting across the river es una canción para escuchar a oscuras y con el volumen al máximo. Es casi una nana que nos relaja y nos eleva el espíritu. Puede que pase desapercibida en las primeras escuchas del disco, pero no desmerece en absoluto del resto de las siete magníficas. Su piano nos conduce por un río del cual no queremos regresar.

     Y llegamos a Jungleland. ¿Qué puedo decir de esta maravilla? Este modesto blog debe su título a esta enorme joya. ¿Cómo puede una canción de nueve minutos dejarnos con ganas de más y con la sensación de quedarse corta? ¿Cómo puede dejarnos con los ojos llorosos, el pelo erizado y el cuerpo sudado, aunque la escuchemos tumbados en la cama en pleno invierno? Un introductorio violín triste; un piano que nos cosquillea; un saxo que nos empuja hacia arriba con fuerza inusitada; un Bruce, convertido ya en el Boss que todos conocemos, cantando a la par con melancolía y esperanza, con fragilidad y rabia; y un solo de saxo de Clarence capaz de levantar a un muerto. Un tema de diez. Muy emotivo. Redondo. La gran canción. La madre de todas las canciones. Un broche final perfecto para el disco perfecto. Para el disco.

     En definitiva, un disco optimista que nos invita a elegir nuestro futuro. El Bruce de 24 años (¡solo 24!) convertido en el Boss del rock and roll. El que cruzó por primera vez el charco para dejarnos imágenes y notas como las registradas en el legendario concierto del Hammersmith Odeon de Londres aquel 18 de noviembre de 1975. El Springsteen que eligió ser el futuro del rock no porque lo hubiera dicho John Landau sino porque era su sueño desde que, todavía más joven, imaginaba ser Elvis o Roy Orbison. 


        
                            

martes, 5 de noviembre de 2013

The Wild, The Innocent And The E Street Shuffle cumple 40 años





     El 5 de noviembre de 1973, hace justamente cuarenta años, se publicó el segundo disco de Bruce Springsteen. Llevó por título "The wild, the innocent and the E street shuffle" y se grabó entre los meses de mayo y septiembre en los 914 Blauvelt Sound Studios de Nueva York. Compuesto por sólo siete piezas se catalogó como LP al tener una duración total de casi 47 minutos.
 
     Escuché por primera vez este disco en 1988. Por aquel entonces tenía trece años y acababa de conocer al Boss por "Tunnel of love" y sus directos recogidos en aquella maravillosa caja titulada "1975-1985", en la que se había recopilado lo mejor de lo mejor de su primera década de conciertos. He de reconocer que la escucha de este segundo LP me dejó frío, muy frío. Durante años, fue uno de sus discos que menos escuché. No me decía nada. Por suerte, las personas solemos madurar con el paso de los años. Hasta que, tras sucesivas escuchas y el transcurrir de la vida, fue escalando posiciones dentro de la discografía del Boss y, a día de hoy, se ha convertido en mi disco preferido (junto a "Darkness on the edge of town").
 
     De la mano de Columbia, Jim Cretecos y Mike Appel, Springsteen nos dejó la máxima expresión de la música hecha arte, poesía y sentimientos a flor de piel. En mi opinión, el trabajo más cercano a la perfección que puede realizar un artista. Y todo ello a sus escasos 24 años de edad. Todo un prodigio de la naturaleza.
 
     "The E Street Shuffle" abre el disco con el sonido de varios instrumentos de viento embriagados a los cuales releva una endemoniada guitarra acompañada del bajo, la mandolina, el saxo y el acordeón. Bruce canta sobre los acontecimientos de la calle E, donde vivía el componente de su banda David Sancious, en Nueva Jersey. Curiosamente, de ahí tomó su nombre la famosa banda de acompañamiento del Boss, la E Street Band, aunque Sancious abandonó el grupo no demasiado tiempo después. El tema narra los bailes y los ligues de los adolescentes en los calurosos veranos.
 
     "4th Of July, Asbury Park (Sandy)" supone un paso en la maduración de los adolescentes, el momento en el que del deseo de diversión y desenfreno (de perseguir "a todo ese montón de vírgenes tontas de New York") se llega a un estado de mayor quietud en el que se siente la necesidad de decir que "esta vida del paseo marítimo se ha acabado y tú también deberías dejarla", para acabar con un "ámame esta noche y prometeré amarte siempre". En la canción se cita por primera vez a Madame Marie, una conocida pitonisa que trabajaba en pleno paseo marítimo de Asbury Park. Y lo hizo hasta no hace demasiados años.
 
     "Kitty´s Back", de más de siete minutos de duración, es una obra épica (musicalmente hablando) en el pleno sentido de la palabra. Una auténtica sinfonía llevada al rythm and blues de mayores quilates de la historia de la música. Sus numerosos giros y el estremecedor sonido de sus pianos, órganos y sus múltiples instrumentos de viento la han convertido en mi pieza favorita de toda la carrera del Boss (con el permiso de "Jungleland"). Su guitarra hiriente al inicio del tema nos anticipa lo que viene a continuación. Sus coros, más bien alaridos en ocasiones, le otorgan un toque dramático que pone los pelos de punta. La letra supone una continuación de la parábola del "hijo prodigo" que retorna destrozado y con "el rabo entre las piernas". No queda claro si se hace referencia a una gata o a una mujer. Cualquier tipo de interpretación en este sentido puede ser perfectamente válida.     
 
     "Wild Billy´s Circus Story" cierra la cara A en sus versiones LP y cassette. Cuenta las pequeñas historias que componen el día a día de los miembros del circo. Y no se deja a ningún personaje en el tintero. Es una balada cuyo ritmo, también dramático, viene marcado por la guitarra, el órgano y los instrumentos de viento. Bruce casi recita la letra.             




     "Incident On 57th Street", de casi ocho minutos de duración, abre la cara B. El piano y la punzante guitarra otorgan a la pieza un toque de solemnidad que poco a poco se irá diluyendo ante el órgano y el acordeón, quienes conducen la canción en la mayor parte del tema. Los coros y la batería de Vini "Mad Dog" López, el otro componente que abandonaría poco después la formación, marcan el ritmo. Al final se vuelve a la guitarra y al piano, a la solemnidad del comienzo. La letra narra la complicada relación entre un español (Johnny) y una puertorriqueña (Jane) en el mundo de navajas automáticas, prostitutas y dinero fácil al que se han visto abocados.
 
     "Rosalita (Come Out Tonight)" es uno de los temas estrella de la carrera discográfica del Boss. Toda una declaración de intenciones ante la protagonista femenina de la historia, cuya madre odia a su pretendiente "porque toco en una banda de rock and roll" y cuyo padre "sabe que yo no tengo dinero". El cantante se muestra como el libertador de su chica, a la cual pretende "requisar" de las garras de sus padres para hacerla suya y llevarla al sur de California, donde existe un café "donde tocan las guitarras toda la noche y todo el día". Los coros acompañan la voz de Springsteen, que se desgarra por momentos en su intento de convencer a Rosalita para que salga con él por la noche.
 
     "New York City Serenade" es la pieza que pone fin a un disco pletórico. Una balada de esas que apetece escuchar con las luces apagadas para no tener la tentación de perderse ningún detalle de la misma. Sus dos primeros minutos se desarrollan como si de música clásica se tratara. Los ocho minutos restantes componen otra sinfonía en la que los instrumentos y los coros entran y salen de la escena cuando así lo requiere la letra, que cuenta la relación imposible entre Billy y Jackie, una mujer cuyos temores e inseguridades echan por tierra la posibilidad de estar con el protagonista del tema (¿quizás el propio Bruce?).
 
     Como su predecesor, "Greetings from Asbury Park, NJ", "The wild, the innocent and the E street shuffle" recibió muy buenas críticas desde el principio, aunque vendió bastantes menos ejemplares que aquel. Algo que hace bueno aquello de que no siempre lo más vendido es mejor. Estamos, sin duda, ante un disco excepcionalmente elaborado, melódico, agitado, con solos de guitarra épicos y unos coros que lo mismo son guerreros como románticos. Un cóctel musical que, como el mejor vino, gana con el paso de los años. La combinación de temas rockeros y hasta bailables con otros mucho más realistas y personales (historias que construyen música desde la anécdota más simple) acabarían consagrando a Bruce Springsteen como el genio al que hoy todo el mundo idolatra.  
 
                        

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Tunnel Of Love - Bruce Springsteen. 1987. Reseña


    
     Hace ahora 25 años fue publicado el octavo trabajo de estudio de Bruce Springsteen, titulado "Tunnel Of Love", nacido a partir de las desavenencias conyugales del Boss con su esposa, la actriz Julianne Philips, con quien se había casado en 1985 y de quien se divoricaría en 1988, al año siguiente de la edición del álbum.
 
     Estamos, por tanto, ante un disco contemplativo, en el que el músico de New Jersey se interesó por las relaciones de pareja, los miedos y las carencias personales. Por ello, por vez primera, prescindió de sus compañeros músicos de la E Street Band, llamándolos a modo particular para que intervinieran cada uno de ellos en determinadas canciones del disco. Las letras y las músicas fueron compuestas íntegramente por el propio Springsteen, que grabó casi toda la música, incluyendo las secciones de batería y sintetizadores, sin más ayuda.
 
     Tras los rotundos éxitos de "Born in the USA", su más aclamado trabajo, y "Live/1975-85", recopilación de sus mejores directos de la última década, el Boss decidió tomar un nuevo camino musical. El resultado fue un trabajo introspectivo, pausado y muy reflexivo. La gira subsiguiente fue también diferente a las anteriores: eliminando algunos de los clásicos de su repertorio, con cambios en el diseño del escenario y de los atuendos de los músicos y diversos arreglos en los temas a base de secciones de viento.
 
     Fue precisamente en la parte europea de la gira, ya en 1988, cuando se disolvió su matrimonio y se anunció su relación con la corista de la E Street Band, Patti Scialfa, con quien posteriormente también se casó y sigue casado en la actualidad (24 años después). Tres hijos son el resultado final de dicho matrimonio.
 
     El disco consiguió el triple platino en su país y, pese a no alcanzar los éxitos de los anteriores, sí adquirió cierta relevancia y notoriedad en la carrera musical de Springsteen. Revistas musicales de gran prestigio como Q y Rolling Stone lo incluyeron en las listas de mejores discos de la historia del rock. Producido por el propio artista, Jon Landau y Chuck Plotkin, presentó doce temas (6+6) en su tracklist:
 
      +Cara A: "Ain´t Got You" (una armónica juguetona y una simpleza rítmica sirven para afirmar que nada está completo sin amor), "Tougher Than The Rest" (cuarto single del disco, en el que el autor se alista como voluntario del amor a pesar de sus riesgos y su dolor), "All That Heaven Will Allow" (canción country nostálgica pero optimista que otorga esperanza frente a tanta adversidad emocional), "Spare Parts" (tema más parecido a su etapa anterior clásica con la E Street Band, narra la historia de una madre soltera abandonada que debe decidir entre ahogar a su hijo en un río o luchar por él hasta el límite de sus fuerzas mientras reflexiona sobre el tema de la evasión al compromiso y la fortaleza ante la soledad), "Cautious Man" (temeroso folk acústico en el que se habla sobre los riesgos de la entrega total y el pánico a no ser correspondido), y "Walk Like A Man" (tema en el que el Boss asume su duelo y decide caminar con dignidad y dolor).
 
      +Cara B: "Tunnel Of Love" (segundo sencillo del disco, vislumbra los picos y las simas de las relaciones y compara el amor con un parque de atracciones lleno de emociones pero también de inestabilidad), "Two Faces" (country pop que afirma que el encanto y la condena del amor están en su impredecible conducta; manifiesto de que en todas las relaciones de pareja es inevitable la dualidad y de que la polaridad fija es imposible de alcanzar), "Brilliant Disguise" (primer single del álbum, en el que la confusión y un camino sin salida diferente a la ruptura se combinan para opacar el panorama sentimental del artista, que califica a su pareja como "un brillante disfraz" que oculta una realidad bien diferente a la que él pensaba), "One Step Up" (tercer single del trabajo, es una balada muy triste ante la certeza de una relación que está abocada a su fin), "When You´re Alone" (un piano resignado describe el desamparo que supone la soledad tras el desamor) y "Valentine´s Day" (hermosa balada que recuerda a los valses tranquilos que sirve para que Bruce termine su disco con la esperanza suficiente para sostener el vínculo amoroso hasta el final). 
 
     En definitiva, "Tunnel Of Love" supuso el fin de una doble etapa en la vida personal (fin de su matrimonio con su primera esposa) y la carrera musical del Boss (dejando atrás esa época rockera sin concesiones) y nos presentó a una persona y a un músico más adulto y con sentimientos mucho más maduros, demostrando que los "jefes" también son humanos y tienen sus corazones, miedos y fantasmas internos.
 
 
 
           

martes, 28 de febrero de 2012

Bruce Springsteen. Wrecking Ball. 2012. Reseña


     El nuevo trabajo de Bruce Springsteen sale al mercado el martes 6 de marzo. Sin embargo, como es lógico es estos tiempos que corren, todo el mundo está escuchándolo desde hace unos días. Mucho se ha hablado en los últimos meses sobre este disco, algo también habitual en el caso que nos ocupa. Su mánager, Jon Landau, es un genio del márketing. Alguien que da informaciones confusas y a cuentagotas para levantar, si cabe, mayor expectación a los lanzamientos del genio de Asbury Park.

     Contrariamente a lo esperado, no se trata de un disco con la E Street Band (aunque participan casi todos ellos, incluso el recientemente fallecido Clarence "Big Man" Clemons). En él toman parte, también, músicos de la Seeger Sessions Band, con los que The Boss ya realizó un disco y una espectacular gira country en 2006-7. Además, participan otros músicos como Tom Morello (Race Against The Machine), Matt Chamberlain (Pearl Jam) y Greg Leisz (reconocido multi-instrumentista americano).

     Bajo la producción de Ron Aniello, quien trabaja por vez primera con Springsteen, el disco cuenta con once temas más dos bonus tracks (Swallowed Up y American Land). La primera parte del disco está compuesta por temas que hablan del dolor. A partir de "Wrecking Ball" (Bola de demolición), la central del trabajo, se pasa a la esperanza.

     Jon Landau avisó hace meses que el disco tenía "letras que cuentan una historia que no puedes escuchar en ningún lugar" y que "su música era la más innovadora de los últimos años" del Boss. Y, desde Sony y Columbia Records, se aseguró que "era el disco más cabreado que ha hecho Springsteen nunca". A mí, particularmente, el nuevo CD me suena a una mezcla de "Nebraska", "We Shall Overcome", "Tunnel Of Love" y los últimos trabajos de Bruce. A continuación, un comentario sobre cada una de las 11 canciones:

 1- We take care of our own (Cuidamos de los nuestros): una canción épica al más puro estilo springsteeniano que toma ventaja como tema de inicio de los conciertos de su próxima gira. Ritmo pegadizo, estribillo con mucha fuerza y guitarra eléctrica rompedora y teclados contundentes. Se trata de una crítica a cómo funciona actualmente el mundo, algo que nos lleva, necesariamente, a cuidar de los nuestros (nuestra familia, nuestros amigos o nuestra banda de rock).
 2- Easy money (Dinero fácil): nueva crítica a la banca y a Wall Street iniciada con una base programada y continuada con folk puro y duro a lo Seeger, con violines, acordeones, flautas y coros. El tema habla de dos estafadores capaces de todo para hacerse con dinero fácil. La rápida e inexorable pérdida de valores en la sociedad actual parece preocupar, y bastante, al compositor estadounidense.
 3- Shackled and drawn (Encadenado y cautivo): nuevo viaje a las raíces del folk americano y con numerosos mensajes reivindicativos sobre la actual crisis económica, la miseria del trabajador y las injustificadas e injustificables riquezas de los banqueros. La fuerza de la garganta de Bruce y los fabulosos coros pueden hacer de este tema uno de los grandes momentos de la gira de 2012, uno de esos momentos de total comunión entre los de abajo y los de encima del escenario.
 4- Jack of all trades (Aprendiz de todo): para mí, la gran joya del nuevo disco de Bruce. El magistral piano de Roy Bittan, que recuerda claramente al Ave María de Schubert en sus primeras notas, marca un vals a lo "If I should fall behind" de la gira de 2006 con la Seeger Sessions Band. Pero todo no queda ahí: la trompeta de Ed Manion (de los Miami Horns) y la guitarra de Tom Morello otorgan al tema una grandiosidad que no casa, sin embargo, con la letra de la canción, que habla sobre lo duro que es para un obrero estar en el paro y sentir que no vale para nada...o quizás para todo... La frase de la última estrofa donde afirma que "si tuviera un revólver buscaría a los bastardos y dispararía sin dudar" lo dice todo. Efectivamente, el Boss está muy cabreado.
 5- Death to my hometown (Muerte a mi ciudad): una batería muy bien programada y un coro majestuoso convierten a este tema en el más coral del álbum. Violines, acordeones y flautas celtas colaboran para hacer de esta canción otro himno que será cantado por miles y miles de personas en la gira inmediata al lanzamiento del disco. Es una marcha que habla de la muerte y la miseria de muchas ciudades de su país (y del mundo) a manos, "no de bombas ni de dictadores" sino de "buitres avariciosos (...) que vinieron a devorar la carne de todo lo que encontraban". Y lo peor de todo es que "sus delitos han quedado impunes".
 6- This depression (Esta depresión): “He estado deprimido, pero nunca tanto. He estado perdido, pero nunca tanto. Esta es mi confesión. Necesito tu corazón en esta depresión”, dice la letra de una canción que, probablemente, sea la más floja del disco. Su oscuridad recuerda a "Darkness on the edge of town", aunque queda a años luz de la gloria de aquel álbum, quizás el mejor de su carrera junto a "Born to run".
 7- Wrecking ball (Bola de demolición): tema de 2009 escrito para los últimos conciertos de aquella gira en el Giants Stadium de New York, estadio que iba a ser demolido pocos días después de aquellos maravillosos cinco shows. Sin duda, marcará uno de los puntos más álgidos de sus próximos conciertos al ser coreada por su gran multitud de seguidores en todo el mundo. Tema dramático (sobre todo por los gritos de los coros en la parte final), sensible (por el sentimiento de pérdida descrito en sus versos (cabe recordar que algunos de los mejores conciertos del Boss a lo largo de su carrera han tenido lugar en el ya demolido estadio neoyorquino)) y complicado (con multitud de subidas y bajadas en su ritmo y sus letras), muy Springsteen en definitiva. Su directo es mucho más demoledor que esta versión de estudio, quizás porque el metal no suena igual de compacto que en directo.
 8- You´ve got it (Tú lo tienes): es el tema que más recuerda a "Nebraska" y a "Tunnel of love". Magnífico trabajo de Nils Lofgren a la slide-guitar. Bruce no suena, para nada, a Bruce en muchos momentos de esta canción. Y ello, lejos de criticable, es digno de alabar: se trata de un cálido homenaje al soul de Marvin Gaye y de Smokie Robinson. Sin duda, una de las sorpresas del ábum.
 9- Rocky ground (Tierra rocosa): el experimento más complicado y arriesgado del disco, sin duda alguna. Gospel, hip-hop y mezclas de diferentes bases de ritmo se juntan en un tema que no suena a Springsteen en ningún momento. El coro femenino gospel es fenómenal, sublime. Y la voz del Boss, que recuerda a algún tema de "Devils and dust", suena realmente preocupada por el estado de su país, sobre todo por los alaridos que el propio Bruce hace de coro en segundo término. Estamos ante una gran canción. ¡Y ante el primer rap de la historia discográfica del gran genio de Nueva Jersey!
10- Land of hope and dreams (Tierra de sueños y esperanza): el gran homenaje del disco a la figura del incombustible "Big Man" Clarence Clemons, fallecido el pasado mes de junio. Un tema que viene sonando en cada concierto del músico estadounidense desde que en 1999 la incluyera en el repertorio de la "Reunion Tour" con la E Street Band. Una canción que habla de sueños y esperanza, como su título indica. La versión de este disco es, si cabe, más contundente y emocionante que la original, en directo. Promete ser, sin duda, otro de los momentos de mayor efervescencia de sus directos a partir de marzo. ¡Ganas de escucharla en los estadios, ya! ¡Todos a bordo del tren gospel del Boss!
11- We are alive (Estamos vivos): una auténtica joya folk, de lo mejor del disco, que nos evoca de forma magistral un paseo por el mismísimo Grand Canyon del Colorado. ¡Casi me parece ver al mismísimo John Wayne a lomos de su caballo! Banjos y trompetas completan una canción magistral, un gran final de disco que nos dice que estamos vivos para hacer muchímas cosas todavía. Imposible escuchar este tema sin que los pies y las manos sigan el ritmo. Los silbidos de Bruce al final del tema nos dejan con ganas de más, mucho más, al tiempo que dibujan una sonrisa en nuestros labios. El estribillo dice así: "Estamos vivos / Y aunque los cuerpos yacen abandonados aquí en la oscuridad / Nuestras almas y espíritus renacen / Para portar el fuego y encender la chispa / Para luchar hombro con hombro y corazón con corazón / Para resistir hombro con hombro y corazón con corazón / Estamos vivos".

     En definitiva, estamos ante un disco en el que podemos encontrar desde el rock habitual del Boss hasta temas puramente country pasando por "loops" y bases rítmicas muy próximas al hip-hop y al rap. Un trabajo en el que pueden llegar a sonar, a la vez, un banjo y bases de ritmo pregrabadas. Sin duda, algo diferente, muy diferente a lo que el de New Jersey nos tiene acostumbrados. Sinceramente, no me atrevo a decir si es mejor o peor disco que los anteriores. Eso sí, es algo que suena a nuevo.

     La gira del Boss comenzará el día 18 de marzo en Atlanta. En mayo llegará a Europa. En España se le podrá disfrutar hasta en seis noches diferentes: Sevilla (13 de mayo), Las Palmas (15), Barcelona (17 y 18), San Sebastián (2 de junio) y Madrid (17). Más allá de que a uno pueda gustarle más o menos el disco, ver a Springsteen siempre vale la pena. Y más todavía si viene acompañado de la E Street Band, de la sección de vientos de la Seeger Sessions Band y de músicos de la talla de Tom Morello, Matt Chamberlain y Greg Leisz. ¿Te lo vas a perder? ¡Yo no! Allá voy, Barcelona!

     Para ver las traducciones de las letras, visitar el siguiente enlace de Stone Pony.





miércoles, 2 de noviembre de 2011

Live/1975-85. Bruce Springsteen & The E Street Band. XXV aniversario

     A sus 37 años de edad, tras trece años de carrera musical, siete exitosos álbumes de estudio, treinta y tres discos de platino (quince de ellos por su recientemente aclamado "Born In The USA") y una intachable y más que merecida fama como gran showman y todo un derrochador de grandes conciertos (algunos de ellos de más de ¡cinco horas de duración!), tanto sus fans como su compañía discográfica, Columbia Records, demandaban un disco en directo del Boss y la E Street Band. Sin embargo, al genio de Freehold asentado en Asbury Park no le gustaban esta clase de recopilaciones ya que prefería los directos in situ. Ciertamente, costó de convencer. Solo una serie de condiciones, impuestas por él mismo, lo hicieron posible.


     The Boss se empeñó en sacar un formato de box-set (triple CD, triple cassette o quíntuple vinilo) ya que no estaba dispuesto a mutilar parte de su obra. Si había que hacerlo, quería que fuera algo bien hecho. Así, la colección resultante contó con cuarenta canciones, siendo su duración total de 216 minutos (3 horas y 36 minutos), prácticamente lo que venían a durar la mayoría de sus directos. Se editó el 10 de noviembre de 1986, hace exactamente 25 años.

     En la colección se recogen las mejores grabaciones del artista con su banda, la E Street Band, a lo largo de toda una década de shows repartidos por todo el territorio estadounidense. Producido por él mismo, Jon Landau y Chuck Plotkin, el trabajo realizado para rescatar las piezas a incluir en la caja resultó una tarea dura y muy larga, habida cuenta la gran cantidad de material guardado y el empeño del Boss en alcanzar la perfección en el sonido de cada una de las pistas seleccionadas.

     En su momento de máxima popularidad en la cultura popular norteamericana, gracias al éxito de "Born In The USA", sus críticas a los gobiernos republicanos y a su matrimonio con la actriz Julianne Philips, el disco vendió trece millones de copias solo en su país, siendo el primer box-set de la historia en llegar al número 1 en la famosa lista del Billboard. Las claves de tan gran éxito fueron, básicamente, dos: mostrar los elementos más atractivos y poderosos para sus seguidores (sus largas introducciones habladas en muchos de los temas y sus inagotables fuerzas y ganas de hacer disfrutar a los asistentes) y la gran destreza musical del magnífico elenco de músicos que eran sus acompañantes, que formaban la E Street Band.

     El álbum daría lugar a dos únicos singles de lanzamiento: "War" y "Fire". El primero llegó al número 8 en la lista del Billboard. El segundo apenas se situó en el 46, rompiendo la fabulosa racha del Boss, cuyos últimos ocho singles habían entrado entre las diez primeras posiciones. Aún así, el disco obtuvo una gran repercusión mediática debido a su novedoso formato: el disco compacto (CD).

     De los inolvidables conciertos del Roxy Theatre en 1975 y 1978 se rescataron piezas como "Thunder Road", que abre el primero de los CDs y, por consiguiente, la caja, "Backstreets", "Spirit In The Night" o "Rosalita". "4th of July, Asbury Park (Sandy)" pertenece al mítico show del Nassau Coliseum en la Nochevieja de 1980. Del fabuloso concierto en el Winterland se editó para la ocasión el single "Fire". El broche de oro al primero de los CDs lo puso el "Two Hearts" de uno de los conciertos de la larga serie de shows de julio de 1981 en el Meadowlands Arena.

     Lo mejor de los conciertos del Meadowlands ´81 ("Cadillac Ranch", "Racing In The Street" o "Candy´s Room") y Nassau Coliseum ´80 ("Because The Night" o "Darkness On The Edge Of Town") se recogen en el segundo de los CDs, junto a temas del LA Coliseum ("Born In The USA" y "Seeds") en septiembre de 1985, en la exitosa gira de "Born In The USA".

     El último de los CDs recoge lo mejor de la última gira en sus conciertos en el LA Coliseum, en septiembre de 1985 ("The River", el single "War", versión de un tema de Barrett Strong y Norman Whitfield, o "The Promised Land"), y en el Giants Stadium, en agosto del mismo año ("Born To Run", "Working On The Highway" o "I´m On Fire"). Además, el CD y la caja se cierran con "Jersey Girl", versión del tema de Tom Waits, grabada en julio de 1981 en el Meadowlands Arena.

     Todos los conciertos referidos con anterioridad se pueden encontrar, íntegros o casi en su totalidad, a través de internet. Cualquiera de ellos nos puede servir para comprender, en su primera escucha, la grandeza de un hombre, Bruce Springsteen, y de la mejor banda de acompañamiento de la historia del rock and roll, la E Street Band, en su primera época. La época que, para muchos de los grandes especialistas musicales mundiales, define el rock and roll en mayúsculas.

     En este box-set intervienen: Bruce Springsteen (voz, guitarra y armónica), Roy Bittan (piano, sintetizador y coros), Max Weinberg (batería), Garry Talent (bajo y coros), Steve Van Zandt (guitarra y coros, hasta 1984), Nils Lofgren (guitarra y coros, desde 1984), Patti Scialfa (sintetizador y coros, desde 1984) y los malogrados Danni Federici (órgano, teclados, coros y glockenspiel) y Clarence Clemons (saxo, percusión y coros).

     Directo imprescindible para todos los amantes del rock and roll tradicional norteamericano pese a no contener la que, para mí, es la gran obra maestra de Bruce Springsteen & The E Street Band: "Jungleland". Como despedida, los dos temas que fueron singles de la colección: "Fire" y "War".


domingo, 19 de junio de 2011

DEP Big Man Clarence Clemons


     Benidorm, 30 de julio de 2009. Por octava vez en mi vida viajé para ver en directo a mi gran ídolo musical, Bruce Springsteen. Fue la quinta vez que pude disfrutar de la E Street Band y, por tanto, de Big Man. Como siempre, el concierto fue único, auténtico, fantástico. Sin embargo, Big Man estaba enfermo. Tanto al subir como al bajar del escenario tuvo que ayudarle Bruce. Lo noté muy deteriorado. No obstante, con su solo en Jungleland, por primera vez en mi vida, lloré en un concierto. Me emocionó como nunca esa noche. Mi sudor disimuló las lágrimas. Algo, en mi interior, me decía que era la última vez que iba a ver al gran saxofonista.

     Anoche, después de seis días en estado crítico a causa de un derrame cerebral, Clarence nos dejó. El alma de la E Street Band acudió a reunirse con el organista y acordeonista Danny Federici, otro E-streeter de siempre, fallecido en abril de 2008 a causa de un cáncer de piel. Ya son dos los miembros fundadores de la banda que fallecen en apenas tres años.

     Clarence y Bruce han sido amigos desde siempre. Sus carreras musicales son imposibles de comprender el uno sin el otro. Aunque ambos han grabado discos y han actuado por separado en numerosas ocasiones, solo la unión de ambos ha llevado al clímax, durante casi cuarenta años, a los millones de seguidores que siempre hemos estado ahí. Y seguiremos estando. Porque Clarence ha sido mucho más que un músico virtuoso. Ha sido un amigo, un compañero, un casi-familiar para todos nosotros. Por eso, hoy, todos sus fieles seguidores estamos compungidos y en estado de semi-inconsciencia. Se nos ha ido con él una parte de nosotros, una parte de nuestros corazones. Porque eso era Clarence, un corazón hambriento. Hambriento de darse cada noche a unos fans enfervorecidos y orgasmizados por el sonido de su aterciopelado saxo tenor.

     Además de tocar con Bruce Springsteen & The E Street Band, Clarence ha colaborado con músicos de la talla de Gary U.S. Bonds, Ronnie Spectors, Little Steven & The Disciples of Soul o Lady Gaga (hace un mes). También ha publicado seis discos en solitario. Y ha aparecido hasta en seis películas. Su última aparición pública fue para grabar el clip The Edge of Glory junto a Lady Gaga, apenas doce días antes del derrame cerebral que le ha causado la muerte.

     Podría hacer una entrada muy extensa hablando de este genio del saxofón. En numerosos libros podéis leer multitud de anécdotas sobre él y sus compañeros E-streeters. Pero no puedo. Estoy demasiado afectado como para centrarme demasiado en escribir. La carátula del disco Born to Run habla por sí sola. La amistad entre el Boss y Big Man hacía que el saxofonista siempre fuera el último E-streeter en subir al escenario y en ser presentado por el Boss. En una de estas presentaciones, éste lo introdujo así: "Are you ready for the king of the world? for the master of the universe? for Mr.Hollywood himself? for the biggest man in the world? The Big Man on the saxophone, Clarence Clemons!".

     Pues bien, Mister Show está ya en el cielo, tocando ese mítico solo de Jungleland ante un selecto público, entre quienes se encuentran Danny, Elvis, Lennon, Cobain u Orbison. La fiesta se traslada hasta allí de forma definitiva. Poco a poco el resto de la banda se irá reuniendo con él. Y sus fans, por supuesto.

     Este blog lleva por título Jungleland. Porque dicha canción es mi favorita de Bruce. Y, en gran parte, lo es precisamente por ese glorioso solo de saxo de Big Man Clarence Clemons. Esta entrada es un pequeño y humilde homenaje a un músico, un compañero, un amigo, un Gran Hombre. DEP Big Man. DEP Clarence Clemons...