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viernes, 4 de septiembre de 2026

Matamonstruos. Jon Bilbao. Impedimenta. 2024. Reseña

 




    Justo antes de ver la luz la más reciente publicación de Jon Bilbao, Esta es tu casa, el autor asturiano concluyó en 2024 la trilogía sobre John Dunbar con Matamonstruos. Tras Basilisco (2020), Araña (2023) y la novela corta Los extraños (2021), todas ellas ya reseñadas en este blog, el ingeniero de minas y licenciado en Filología Inglesa dio por finalizada la famosa saga con una novela épica y redonda, confrontando de nuevo realidad y ficción. Una realidad, la del Jon Bilbao escritor, que comparte lugares y situaciones con un Jon Bilbao ficticio que se convierte en un personaje más de sus novelas, al igual que ocurre con John Dunbar, el Basilisco, y el resto de personajes ficticios que desfilan por las páginas de esta maravillosa saga de novelas que mezclan de forma magistral historias de nuestro tiempo y geografía -Ribadesella, San Francisco, Virginia- e historias del Lejano Oeste -que componen una serie de westerns que poco tienen que envidiar al mismísimo John Ford-. Un conjunto de historias independientes, inconexas que, sin embargo, convergen de alguna manera según son desarrolladas.

    El esquema de la novela responde al mismo patrón que las anteriores de la trilogía. Se entrelazan capítulos, algunos más breves, otros más extensos, correspondientes a las historias narradas sobre el Jon escritor, el Jon personaje y el Basilisco y el resto de protagonistas de la historia central, que es el western que nos cuenta la historia de John Dunbar, un famoso pistolero que a su vez también ha sido convertido en personaje de una larga serie de libros escritos por James Bramble. En Matamonstruos John Dunbar trata de dejar atrás un pasado errante y repleto de episodios brutales y, tras un breve y convulso paso por Virginia City, se asienta en el inhóspito Valle de las Rocas, en pleno territorio navajo, junto a su esposa, Lucrecia Grouard, y su hija, Felicidad. Ha conseguido formar una familia, algo que jamás pensó que lograría, y está dispuesto a todo con tal de preservarla. Regenta una especie de almacén de víveres y utensilios a través del cual comercia con los navajos de la zona. La familia vive tranquila y en paz con sus vecinos.

    La economía familiar se sostiene, además, gracias a los negocios que Lucrecia tiene en San Francisco. Unos negocios heredados de su familia y cuyo mantenimiento hace necesario que Lucrecia viaje hasta la ciudad californiana varias veces al año. Quien se ocupa de sus negocios allí es el banquero Ambrose Katcher, quien desconoce la identidad del marido de su clienta. Una clienta por la que siente fijación. Casado y con hijos, el banquero intenta seducirla en cada uno de sus viajes mientras ella se deja querer y hasta contesta las cartas que él le envía a su apartada casa. Jon duda del amor de su esposa. Algo para lo que su vida anterior como pistolero no le había preparado. Lucrecia lo quiere, pero también ansía una vida un poco más social. Recela de los indios y busca un colegio en San Francisco para Felicidad. Mientras, John debe hacer frente a la persecución de nuevos enemigos que planean matarlo y hacerse con su negocio y su familia. Unos enemigos, unos monstruos que parecen no ser de este mundo y que no solo amenazan su vida sino también su salud mental.

    En paralelo a la historia de Dunbar transcurren las del Jon escritor y las del Jon personaje. Como curiosidad, la novela comienza y termina con sendas escenas transcurridas en dos salas de proyección: la del cine Divino Argüelles de Ribadesella, allá por 1980, donde el Jon escritor se traumatizó al ver el tráiler de la película Tarántula, de donde vienen algunos de sus personajes, a sus tiernos siete u ocho años de edad, y la de la sala de variedades de la calle Divisadero de San Francisco, en la que un John Dunbar de ochenta años se prepara para asistir a su primera proyección cinematográfica junto a su esposa e hija, hacia finales de siglo XIX. Un ejemplo que explica de forma clara la manera de hilar las historias que utiliza Jon Bilbao en sus novelas. Un Jon Bilbao para quien la ficción es vista como una auténtica fortaleza. Un Jon Bilbao que viaja y cuenta sus viajes en sus novelas. No solo los fundamentados en la investigación de cara a sus obras literarias, sino también los que realiza por placer junto a su madre y sus hijos.        

    Jon vuelve a su pueblo natal, divorciados sus padres, y se propone rehabilitar la vieja casa familiar en lo alto de la colina, frente a la ciudad de Ribadesella. Lo acompañan su padre y sus hijos. Una tarde, cuando se proponen botar la vieja lancha arreglada por padre e hijo, la familia recibe la inesperada visita de Virginia, una persona de su pasado que a punto estuvo de arruinarle la vida y que de nuevo trata de conseguirlo. Así, tanto Jon como John deben hacer frente a grandes dificultades. Cada uno en su lugar y época. Hasta que sus vidas se aproximan tanto que por momentos casi se confunden. Y es que el juego de espejos desplegado por Jon Bilbao es magistral a lo largo de todas las novelas de la saga. Evidentemente, los problemas de uno y otro no son los mismos, puesto que se trata de distintas épocas y lugares, pero lo que cuenta al final es cómo deciden hacer frente a sus diferentes problemáticas, traumas y miedos. Porque también John Dunbar, el mismísimo Basilisco, los tiene. Y debe resolverlos como sea. 

    La novela discurre entre los viajes de Jon -a Virginia, para documentarse, lo cual lo lleva a su vez al área 51; y a la isla de Samos, junto a su madre y su hija, descubriendo el famoso túnel de Eupalino-; los extraños correos electrónicos recibidos de Markel, el extraño y misterioso acompañante de Virginia en el pasado; el regreso a Ribadesella para rehabilitar la casa familiar, la propuesta de compra de la misma por parte de Virginia y su esposo, Percy Blake, y el inmediato rechazo de la oferta por Jon y su padre; la breve y tormentosa estancia de John y Lucrecia en Virginia; el negocio en el Valle de las Rocas y el de Lucrecia en San Francisco; la vida familiar junto a los navajos; la relación de Lucrecia y Ambrose Katcher en San Francisco; las revueltas en San Francisco y los incendios en Chinatown; la lucha de Dunbar contra todos los monstruos habidos y por haber; y el traslado de la familia Dunbar a San Francisco tras ceder su negocio en el Valle de las Rocas a Pipa Colorada, una de las navajos.

    En resumen: Matamonstruos es un cierre portentoso y épico de una saga que ya forma parte de la Historia de la literatura española. Una saga cuyos principales protagonistas también deben ser reconocidos y exaltados por los lectores. Especialmente un John Dunbar que nos recuerda a los mejores westerns, con sus fortalezas y debilidades, pero también con sus impulsos, deseos, miedos y capacidad de tomar decisiones. Un hombre de gatillo fácil y pocos escrúpulos que decide cambiar de vida gracias al amor de Lucrecia. Un amor que deberá defender y rescatar con todas sus fuerzas. Venciendo no solo las dificultades que se le presentan, sino, primero que nada, matando al Basilisco que lo domina a él mismo desde dentro hacia afuera. Así pues, Basilisco, Araña, Matamonstruos y la novela corta Los extraños crean un universo único e irrepetible que debería ser conocido, apreciado y disfrutado por todo tipo de lectores. 

   

sábado, 30 de noviembre de 2024

Araña. Jon Bilbao. Impedimenta. 2023. Reseña

 




    El pasado año Jon Bilbao continuó contándonos parte de su vida y de la de su personaje más conocido, John Dunbar, ese pistolero del Salvaje Oeste americano conocido como el Basilisco, que ya protagonizó su anterior novela, titulada precisamente Basilisco. Lo hizo con Araña, novela que sigue el camino de la predecesora por cuanto nos narra pasajes más o menos autobiográficos del propio autor, que en la novela se llama también Jon, mezclados con los del otro John, el Basilisco. Una mezcla de historias, géneros literarios, realidad y ficción que nos sitúa en una suerte de meta literatura de la que el lector no desea salir. Ni aunque lo cosan a balazos. Ni aunque se les aparezca un personaje aterrador que amenace su salud mental. Porque eso son la Araña o el Basilisco, las bestias que todos llevamos dentro y que de vez en cuando pueden llegar a salir y a apropiarse no solo de nuestra personalidad sino hasta de nuestra propia persona, convirtiéndonos en un ser aborrecible, temible, inhumano.

    El Jon literario de Ribadesella -que a buen seguro comparte con el Jon escritor algunos aspectos personales que solo él conoce y que no interesan (o no deberían interesar) en absoluto al lector- aparece en los primeros relatos de la novela como un niño con una imaginación desbordante que anticipa a ese Jon adulto que escribe historias -como la de John Dunbar, por ejemplo- quizás para huir de un presente que no lo satisface. Para ello, idea un pasado que sitúa en el Lejano Oeste americano y unos personajes que parecen estar sacados de las mejores películas del maravilloso John Ford -otro John, por cierto-. Algo que solo resulta posible viajando a los escenarios que poblarán sus páginas. Así, en uno de los relatos, el personaje Jon viaja, junto a sus hijos y su nueva pareja, al desierto de Nevada para ambientar sus próximos escritos. Y allí vive una aventura que, aunque quizás no hubiera deseado vivir, le servirá para ambientar con mayor verosimilitud si cabe sus próximas novelas.

    El ambiente hostil del desierto de Nevada habitado por Dunbar recuerda sin duda a ese otro ambiente que el propio Jon escritor ha vivido in situ: el de las minas asturianas y sus alrededores. Así, en otro de los relatos, protagonizado por el Jon niño, su padre está a punto de ser arrollado por una riada. Hecho que sirve para ejemplificar las desbordantes fuerzas de la naturaleza, ante las que el humano es incapaz de responder. Algo que, por desgracia, también sabemos de primera mano los valencianos del sur de la capital. Y ese es uno de los fuertes de la literatura de Bilbao: el ambiente, el escenario, el medio no solo forma parte de la acción de sus escritos, sino que determina muy a menudo las formas de actuar de los distintos personajes. Unos personajes cuyos enemigos no son solo los otros personajes, sino también ese medio incontrolado e incontrolable que puede acabar con todos ellos de un solo plumazo. Y, desde luego, nada puede ambientar mejor una historia que unos lugares hostiles y amenazantes.

    Pasado y presente. Realidad y ficción. Las historias narradas por el Jon escritor están protagonizadas por el Jon niño, el Jon adulto y John Dunbar, ya convertido en el Basilisco, en épocas y lugares muy  diferentes. Y, sin embargo, merced a la extraordinaria maestría del Jon escritor, se mezclan de tal manera que a menudo el lector duda a la hora de dilucidar lo que fue primero: la Asturias del siglo XX o XXI o el desierto de Nevada del siglo XIX. El Jon asturiano o el Basilisco. Es decir, el huevo o la gallina. No, no es una exageración. Porque ocurre que en no pocas ocasiones los personajes beben los unos de los otros, pese a pertenecer a épocas y lugares tan diferentes. Y viven vidas tan paralelas en algunos aspectos que parecen ser solo uno. ¿Estamos quizás ante un viejo Jon de casi doscientos años de existencia? Sea como sea, esa mezcla, junto a la de los géneros literarios -biografía, western, drama, crónica, aventuras- crea una nueva ficción original, fresca y muy llamativa. 

    Esa especie de meta literatura se completa con el hecho de que los textos aparecen salpicados de referencias literarias. Así, John Dunbar no viaja nunca sin su viejo, manoseado y casi destruido ejemplar de la Ilíada de Homero. Y Lucrecia -ahora hablaremos de ella- hace lo propio con el Salambó de Gustave Flaubert. Y ambos hablan de literatura. Y citan de memoria a Dickens o a Thackeray. Por no hablar de que el propio Basilisco protagoniza una serie de novelas escritas por otro de los personajes de la novela, James Bramble. Un escritor que narra en sus libros -más de cincuenta- las andanzas de John Dunbar. Algunas, las menos, más verídicas. La mayoría, fruto más de su imaginación -y de quienes le han contado algunos de los pasajes de las mismas- que de la realidad. El propio Dunbar parece querer vomitar al escuchar de boca de su autor algunos fragmentos de sus libros. Ese no soy yo, eso no es verdad, eso no sucedió así, le dice mientras escupe.

    La parte central de la novela narra el viaje guiado por John Dunbar en busca de lo que el líder de la caravana de peregrinos que le paga, Martin Grouard, denomina el Paraíso. Un lugar en el que solo pueden vivir los iluminados. Unos iluminados que son hombres en su totalidad. Y, sin embargo, los acompaña la hermana de Grouard, Lucrecia. Una mujer que deberá abandonar al grupo en cuanto este pise el Paraíso. El líder guía a Dunbar a partir de visiones o imágenes luminosas que ve en sueños. Este, gran conocedor del terreno, debe interpretarlas y llevar al grupo hasta ese lugar. Una especie de Tierra Prometida solo para hombres. El viaje, que es largo y tortuoso, sirve para ver el lado más humano del Basilisco, que encuentra en Lucrecia una especie de alma gemela femenina: arisca, poco habladora, lectora, salvaje y en busca de lo que la vida hasta entonces le ha ocultado: una especie de ocasión para redimirse. Para encontrar una felicidad que parece estarles negada. 

    En los últimos relatos de la novela toman cuerpo de forma definitiva los paralelismos entre las vidas de Jon y John. Nos presentan, de forma cinematográfica, los nacimientos del Basilisco y la Araña. Y nos muestran los desconocidos orígenes del pistolero. Unos orígenes que, al ser conocidos por el Basilisco, hacen que se tambalee el mundo tal y como lo conocía. Hasta el punto de que solo la presencia de Lucrecia, con quien la relación ha ido dando pequeños pasos hacia un posible futuro común -que probablemente se plasme en Matamonstruos, la novela que cierra la saga, publicada hace escasos meses-, lo ayuda a mantenerse firme. Todo ello, narrado en un final trepidante que deja al lector con las ganas de abrir la novela definitiva sobre un John Dunbar que puede que en ella halle al fin algo de felicidad en la vida. O no. Quién sabe. Con Jon Bilbao nunca se puede saber nada. Especialmente cuando sus páginas están habitadas por personajes como la Araña.

    Como siempre, como me ocurrió con Los extraños -2021- y con Basilisco -2020-, ha sido todo un placer leer algo tan original, fresco y bien escrito como Araña. Próxima y última parada de la saga sobre John Dunbar: Matamonstruos. Promete emociones y acción. Esperemos que la corriente no se nos lleve a todos por delante. O sí. Como el día anterior al que se describe en este pasaje: miraron juntos el agua, de color marrón verdoso pero que ya había recuperado el nivel habitual. El padre le dijo que el día anterior el río era muy distinto, una pasta espesa que no hacía olas. ¿Y sabes qué no se me va de la cabeza? El sonido. Un ronquido profundo. Como un ruido de molienda. Las piedras. Piedras enormes, que esa pasta arrastraba por el fondo. Pues eso: esperemos que, por el bien de todos, a quien se lleve la corriente por delante sea a la Araña.

  

lunes, 22 de mayo de 2023

Basilisco. Jon Bilbao. Impedimenta. 2020. Reseña

 





    Un año antes de lograr un gran éxito con Los extraños -libro reseñado en este mismo blog hace apenas seis meses- el autor asturiano afincado en Bilbao ya había presentado en Basilisco a sus personajes centrales, Jon y Katharina. Basilisco, que ganó el Premio de las Librerías Navarras y el Euskadi de Plata en categoría castellano en 2021, nos narra una serie de relatos en los que además de iniciar la historia de Jon y Katharina, se nos presentan personajes que nada tienen que ver con ellos: John Dunbar, apodado Basilisco, un trampero, veterano de la Guerra de Secesión y pistolero ocasional que murió un siglo atrás; la Araña, un personaje siniestro, casi inhumano, que lidera una banda de auténticos asesinos sin escrúpulos -y que será protagonista de la nueva obra de Jon Bilbao (Araña, 2023)-; o los miembros de una expedición paleontológica que no acaba del todo bien una tarea que en principio pretendía ser divulgativa.  

    Basilisco consta de ocho relatos autoconclusivos pero también interconectados que abarcan el presente de las vidas de Jon y Katharina y los sucesos acaecidos un siglo atrás en el Lejano Oeste en torno a las figuras de Basilisco y Araña. Una mezcla original y sugerente que alterna la actualidad, que bebe de la novela costumbrista contemporánea, y el western, al más puro estilo clásico (y no tan clásico: leer la reseña de Malaventura, de Fernando Navarro, también publicada por Impedimenta y reseñada en este blog a principios del presente año). Casualmente, en ambos contextos, la vida parece desmoronarse por momentos. Con una prosa perturbadora y de gran potencia visual y descriptiva, Jon Bilbao pone en jaque nuestra realidad combinando a la perfección lo clásico, la cultura popular y las responsabilidades y frustraciones propias de la edad mediana de un personaje que vive insatisfecho como ingeniero porque en realidad quiere ganarse la vida como escritor. Vayamos por partes.       

    John Dunbar tiene una vida singular. Aparece, de repente, tras muchos años desaparecido de la vida familiar, en casa de su hermano Matt, en Virginia City, en plena fiebre del oro. Su madre acaba de fallecer y ha sido enterrada con un anillo que puede sacar de la miseria a la familia. John, instigado por la esposa de su hermano, Mary Ellen, obliga a Matt, a quien considera un irresponsable por haber contraído semejantes deudas, a desenterrar el cadáver de su madre para extraerle el anillo. El objetivo es pagar las deudas acumuladas con el turbio prestamista LePage y que la familia de su hermano pueda seguir viviendo en la ciudad. Asegurado esto, John se va por donde vino y desaparece de nuevo, esta vez para siempre. Desde entonces, y hasta en la actualidad, en esa casa de Virginia City, quienes dirigen los negocios y la economía familiar son las mujeres. Pero, ¿adónde fue a parar John Dunbar tras este suceso?

    Estuvo viviendo solo en la cueva de Waterpocket Fold, en Utah, antes de deambular por las regiones circundantes. Hasta que el capitán Drummond lo contrata para guiar a una expedición hasta la misma cueva para tratar de encontrar a una criatura con cuerpo de pez, aletas poderosas y una cabeza con largas fauces dentadas, similar a la de un caimán. La criatura tenía las dimensiones de una ballena. El dibujante Patrick Clement cuenta en su diario las vicisitudes atravesadas por los miembros de la expedición, que habrá de enfrentarse a un grupo de fanáticos mormones que han ocupado la cueva y sus alrededores. La aventura no acabará nada bien. Sin embargo, lo peor está por llegar. El grupo de asesinos comandados por la Araña los persigue durante kilómetros y días. Y sus intenciones no son en absoluto amigables. Mientras la expedición se dirige hacia Colorado la Araña hará frente al teniente Agassiz y al sargento Kittredge, quienes a su vez la persiguen por sus crímenes. 

    Cuando, al fin, la Araña y Dunbar están cara a cara, esta le dice que yo limpio la frontera. Soy el alcohol y la sal, el hilo que sutura y la venda que protege. Veo tu confusión. Qué curo, qué elimino, te estás preguntando. A los que son como tú, que venís con el deseo de convertiros en otros, como si en algún rincón oscuro y estéril de las tripas llevarais la semilla de alguien mejor, y pensarais que solo en estas tierras puede germinar. Todos vosotros sois árboles crecidos y enfermos que hay que talar, reducir a astillas, quemar, y luego esparcir la ceniza... Cómo me he equivocado. Qué mal me he conducido. Creía que estaba limpiando el oeste y he acabado siendo parte de lo que lo emponzoña: líder de una banda criminal violenta, sin origen, pauta, honor ni moral. Un antagonista ideal. Tú, John Dunbar, que ardes en tu rabia sin nunca consumirte, eres el Basilisco. Y el trampero entiende entonces el porqué de su vida en soledad. La pasada y la futura. Porque en soledad debe vivir lo que le quede de vida.

    Y, ¿qué hay de Jon, el protagonista del presente de la narración de los textos? Pues recuerda que durante su estancia en San Francisco miré a Katharina y supe que estaba enamorado. Hasta entonces había creído estarlo, pero de pronto me di cuenta de que mis sentimientos, pese a ser sinceros, no habían sido más que prolegómenos del amor verdadero. Supe que quería estar con aquella chica para siempre. Unos años después, viviendo juntos en Bilbao, reciben la visita del ex de Katharina, que va a exponer sus fotografías cósmicas en la ciudad. Jon decide no acompañarlos en la comida acordada sino salir con su hijo a volar su avión de juguete y hacer una visita a Octavio, su viejo profesor de literatura en el instituto. Duda sobre si Katharina estará cuando ellos regresen a casa. Aunque no la ve capaz de dejarlo de esa manera, el matrimonio no atraviesa su mejor momento. En otro relato, asiste a la descomposición final del matrimonio de sus padres. Su madre su muda a otra casa del pueblo, y recrimina a Jon no haber estado ahí cuando ella y su padre lo necesitaban. Tú solo te acuerdas de nosotros cuando necesitas una pequeña ayuda económica, ¿verdad? No, no vuelvas a decirme lo de los críos. Mucha gente tiene dos hijos y trabaja y, de vez en cuando, tiene un detalle con sus padres.

    Hacia el final del libro, en el último de los relatos, es su matrimonio el que parece zozobrar tras una fuerte discusión con su esposa. Se va de Bilbao y se instala en la casa familiar de Ribadesella. Solo. Sin Katharina y sus hijos. Apenas los llama por teléfono. Y su hijo lo llama para recriminárselo y decirle que lo echa de menos. He vuelto porque, cuando vivía aquí, Katharina y los niños aún no existían. Así que es otra forma de borrarlos. Desde luego, su todavía esposa es mucha más madura que él. Algo que queda más patente si cabe a raíz de este pensamiento: no estoy preparado para afrontar las decisiones y labores que esta casa exige, pese a lo que me gusta y significa para mí. Empiezo a aceptar que acabaré vendiéndola. Y, como John Dunbar, se aísla de todo el mundo. Y comienza a cavar la cueva que hay en su propiedad. E imagina que la cueva no es un desaguadero del monte, sino el nido de una araña gigante que se enterró en vida para invernar durante años. 

    Pero, ¿qué tienen en común John Dunbar, el protagonista y narrador Jon y el escritor Jon Bilbao? Pues su amor por los libros. El protagonista del Lejano Oeste John Dunbar siempre lleva un libro consigo. Donde quiera que vaya. Aunque ya lo haya leído varias veces. El protagonista del presente, Jon -a quien no cuesta en absoluto reconocer como un Jon Bilbao ficticio pero muy semejante al real-, lee e, infeliz como ingeniero, ansía vivir por y para la literatura. Y Jon Bilbao, el escritor que fue ingeniero, sí que ha conseguido vivir de ello. Así, el escritor elabora una serie de relatos en los que, a buen seguro, narra pasajes de su propia vida y, a la vez, hace ficción en torno a sus propias fantasías, personales y literarias -como hace también en el relato La playa del naufragio, cuyo irresponsable protagonista también es un escritor de no demasiado éxito de ventas-. Explicado así puede resultar algo incomprensible, ya lo sé. Pero, una vez leídos los textos que componen sus libros, finalmente todas las piezas del puzzle encajan a la perfección. Pasado y presente, ficción y realidad, forman un conglomerado de relatos que tienen vida propia por sí mismos. Y que, además, establecen una conexión con los otros para pintarnos un cuadro que cuesta no examinar, reflexionar sobre él y disfrutarlo. Sobre todo, disfrutarlo.  

                            


lunes, 6 de febrero de 2023

Malaventura. Fernando Navarro. Impedimenta. 2022. Reseña





    Fernando Navarro (Granada, 1980) debutó en el mundo literario el pasado año, de la mano de Impedimenta, con una novela o, más bien, un conjunto de relatos o cuentos --quince en total-- que se editaron bajo el sugerente título --muy acertado, por cierto-- de Malaventura. Hasta entonces, el guionista era conocido por sus críticas musicales en diversos medios --Radio 3, Cadena SER o MondoSonoro (ojo: no confundirlo con el también crítico musical y periodista de El País Fernando Navarro)-- y por sus colaboraciones cinematográficas con Álex de la Iglesia, Rodrigo Cortés, Jonás Trueba o Jaume Balagueró, entre otros. Fue nominado a los Premios Goya en un par de ocasiones --Verónica (Paco Plaza, 2018) y Orígenes secretos (David Galán Galindo, 2021)-- y entre su filmografía destacan Toro (2016), Cosmética del enemigo (2020) y Bajocero (2021). Es miembro del Writers Guild os America y ha impartido diversos talleres de Escritura Creativa en la Universidad de Siracusa y en Le Moyne College, ambos en Nueva York. 

    Malaventura tuvo una gran acogida y consiguió un gran éxito de inmediato, siendo galardonada con el Premio Setenil 2022, que convoca cada año el ayuntamiento de Molina de Segura (Murcia) para seguir promocionando los cuentos en nuestro país. Merced al libro, calificado como un acid western --un subgénero del western clásico que emergió en los años 1960 y 1970 que combinaba las ambiciones metafóricas de los aclamados films en blanco y negro con los excesos del spaghetti western y la perspectiva de la contracultura de los años 1960--, a Fernando Navarro se le ha llegado a comparar incluso con los novelistas Cormac McCarthy y Stephen King --por su estilo y ambientación--, los directores de cine Sergio Leone y Quentin Tarantino --por su temática y crudeza y por la constante aparición de sangre en cada uno de los cuentos o relatos--  y el dramaturgo Federico García Lorca --por su obsesión por el sur y por todo lo que tenga que ver con el flamenco--. Comparaciones al alcance de muy pocos, la verdad.   

    En los relatos que componen Malaventura hay varios elementos coincidentes que marcan el ambiente. La acción de todos ellos se desarrolla en el sur de España. En Andalucía, para más señas. Los pueblos de Granada, Almería, Córdoba, Málaga o Sevilla se convierten en escenarios de los cuentos. Unos cuentos en los que el gran protagonista es el espacio, el medio físico. Así, encontramos, además de los pueblos y las aldeas propiamente dichos, montañas, colinas, ríos, pantanos, cuevas y paisajes desérticos. Sobre todo, mucho desierto. Sin duda, el lugar idóneo para albergar las quince historias que componen el libro. Como complemento de todo ello, por un lado, la flora y la fauna características de las zonas en cuestión. Con todo lujo de detalles y descripciones, además. Y, por otro, el habla andaluza. Esa forma de hablar un castellano gracioso, con arte, consistente en acortar palabras y acentuarlas. La mezcla de todo ello, magistral por otra parte, consigue el efecto deseado: el lector se hace presente en los distintos ambientes y hasta aprende a hablar de la misma manera en que lo hacen los personajes.

    La muerte, para más inri violenta, está presente en todos los cuentos del libro. No obstante, en la mayoría de los casos, por no decir en todos, los asesinos son personajes humanos --cuando son humanos, porque en unas pocas ocasiones, los que matan son animales, maleficios, maldiciones--. Personajes humanos y hasta tiernos, incluso, en algunas ocasiones --en diversas situaciones, hasta lloran--, que suelen matar por algún motivo justificado: amor, venganza, ajuste de cuentas, justicia. Se trata, eso sí, de personajes extremos: la creme de la creme de los paisajes rurales. El salvaje sur español --por equipararlo con su homónimo oeste americano-- llevado hasta las últimas consecuencias. Así, encontramos cazadores, quinquis, hechiceras, mercenarios, una mujer barbera, un bandolero legendario, forajidos, videntes, fantasmas, una inundación que lo arrasa todo, niños malditos, demonios, lobos, burros abandonados, etc. No es complicado adivinar, a tenor de todo ello, que la mayoría de los cuentos no van a tener un muy buen final.

    Al inicio de la reseña he escrito que el título del libro me parecía muy acertado. Más si cabe si nos atenemos a la definición que hace la RAE del término malaventura: desventura, desgracia, infortunio. Y es que los quince relatos que lo componen son otros tantos hechos trágicos que nos llevan a conocer las profundidades más recónditas del alma humana. También de construcciones, también humanas, más o menos elaboradas tales como supersticiones, miedos, maleficios, maldiciones y demás predisposiciones a las tragedias. Muy inspiradora resulta, en este sentido, la alternancia de fantasmas, asesinatos tarantinianos, pasajes de surrealismo mágico cañí, romanceros gitanos posmodernos, guiños a Marcial Lafuente Estefanía y hasta de desiertos distópicos. Alternancia, mezcla, simbiosis de elementos muy distantes en el espacio y en el tiempo que contribuyen a crear un artefacto --en este caso, un libro-- original. Porque original, y muy muy muy complicado, debe resultar componer un abanico semejante. Y de mérito, desde luego, lo tiene todo.

    Como quiera que es imposible contar aquí algo sobre los quince relatos --ni falta que hace tampoco--, me voy a centrar en los tres que más me han llamado la atención. El primero de ellos lleva por título La Jacoba, que leía el futuro y narra la historia de amor imposible entre una vidente, la Jacoba, y un forajido, el Grabiel. Lo he elegido porque contiene unos párrafos que describen muy bien el ambiente de casi todos los cuentos. Dicen así: al principio, las mismas preguntas: amoríos y chuminás. Una que llega enamoriscá y quiere saber si el otro pues eso. Esas cosas de la vida. Lo que llaman las cosquillicas del cuerpo... Luego, temas de lindes y de jorfes, claro: que si cortijos a medio repartir entre hermanos que no pueden ni verse, que si mi primico el mayor me debe cinco pellejos de aguardiente y quiero sabé si me los va a pagá. La Jacoba llegaba donde no llegaban los curas. Apañaba lo que no apañaban los guardias civiles. Lo que no puede apañar la buena de la Jacoba es el trágico final que se cierne al final de su historia con Grabiel.

    El segundo relato que ha llamado mi atención se titula Un burrico y cuenta la historia de un pueblo vacío, arrasado por la muerte, y de una fonda donde ha acaecido una misteriosa matanza de la que el único testigo es un animalico peludo y bueno amarrao a la puerta. El párrafo más ilustrativo dice lo que sigue aquí: Y es que la muerte misma puede parecer un mendigo desarrapao con la chamarra llena de polvo y sangre seca en un labio que parece partido y un par de dientes rotos que hacen al mellao sonreír poco. Podría ser un espectro si se pudiera volver de la muerte. Podría ser un demonio si existiera el infierno. Nada de eso existe. Solo existe la muerte. Y va a arrasar este pueblo de mentirosos y de cobardes y de cagaos y de hijos de puta y no va a dudar en llevarse por delante a las viejas enlutás por mu viejas sabias que sean ya que han permitido lo que han permitido y han consentío a sus maridos las barbaridades que han consentío; y no va a temblar a la hora de matar a niños y a mujeres jóvenes y a alguna preñá si se tercia porque para eso ha sido llamada.

    El último relato que quiero destacar, Bisonte, es una historia de fantasmas que visitan de forma inesperada a Silverio, un guardia civil violento al que quieren ajustar cuentas. Silverio, que vive en profunda soledad desde hace ya demasiados años, recibe la visita de el Mellizo, quien, muerto en prisión, quiere meterle el miedo en el cuerpo por maltratador y putero. A continuación, se le aparece al guardia civil un moro al que mató por cuatro melones. Más tarde, acude también a su casa el fantasma del Teodoro, a quien reventó el careto a palos antes de dispararle en la boca. Finalmente, lo agarra por la espalda una vieja novia de juventud, de ojos azules, a la cual maltrató hasta hacerla huir a toda prisa aprovechando su ausencia de casa. Ejemplos, los tres expuestos, del estilo de escritura de Fernando Navarro en su debut. Un estilo directo, crudo, sangriento, sin perdón y también sin escrúpulos. Una novela, Malaventura, de iniciación y muerte que ha deslumbrado por méritos propios. Habrá que seguir con mucha atención los próximos pasos de su carrera literaria. 

                    

lunes, 9 de diciembre de 2013

Butcher´s Crossing. John Williams. Lumen. 2013. Reseña





     En 1960 John Williams debutó en el mundo literario con un western. Sí, un western, pero de los de verdad. Una historia de sueños incumplidos, tenacidad, ceguera vital, supervivencia (ante todo, espiritual), cazadores de bisontes y alma, mucha alma. Una de esas historias que nos invitan a reflexionar sobre lo que somos y lo que queremos ser. Y es que, como demostraría más tarde Williams con su obra más conocida, "Stoner", la condición humana es harto compleja.
 
     En 1870 Will Andrews, estudiante de último curso en Harvard, decide abandonar su carrera, su familia y su Boston natal para emprender una huida hacia el oeste americano, una tierra repleta de bisontes, pueblos aburridos (de alcohol y prostitución) y grandes líneas de ferrocarril que buscan descubrir lugares donde establecer pueblos y ciudades de nueva creación. Una tierra donde oportunistas de todo tipo tratan de cumplir unos sueños que suelen acabar en pesadillas.
 
     El joven llega a Butcher´s Crossing, un pequeño pueblo de una única calle en el que comenzará a vivir una experiencia que roza la épica pero también la demencia. Su huida hacia la naturaleza más salvaje le hará conocer a Miller, un experimentado cazador de bisontes que afirma conocer un lugar donde conseguir pieles suficientes como para enriquecerse; Charley Hoge, su fiel acompañante, lector voraz de la Biblia y bebedor empedernido de whisky; y Fred Schneider, un desollador rápido y audaz a la par que amante de la buena comida y de las mujeres.
 
     Juntos, los cuatro hombres emprenden un viaje en el que John Williams nos descubre los más interesantes métodos de supervivencia en las más duras condiciones, el mundo de la caza de bisontes y cómo cocinar con poco más que alubias y harina. No me cabe la menor duda de que el genial escritor debió documentarse a conciencia a la hora de abordar un tema tan complicado de explicar únicamente con palabras.
 
     Los cuatro expedicionarios vivirán varias situaciones límite a lo largo de una historia magistralmente abordada por una de las prosas más realistas, bonitas y a la vez austeras pero ricas en vocabulario que quien escribe ha podido leer en su vida. En distintos momentos parece que todos ellos van a perecer, pero siempre aparece la experiencia de Miller para salir airosos de unas situaciones en las que su propia codicia les había metido.
 
     Descripciones de ambientes, personajes y animales al margen - todas ellas soberbias -, me ha encandilado la relación entre Miller y Schneider, quienes chocan prácticamente en cada una de las tomas de decisiones según se adentran en el corazón del todavía inexplorado oeste americano del siglo XIX. La codicia, la seguridad y la temeridad del primero contrastan con la coherencia y el sentido común del segundo. Esa pugna entre el "querer siempre más" y el "más vale pájaro en mano que ciento volando" me ha parecido de lo mejor de la novela. Sin desdeñar al viejo Hoge, cristiano convencido y gran cocinero y ordenanza de expediciones, y al joven Andrews, verdadera alma de la trama, con sus inseguridades y sus certezas (más o menos erróneas).
 
     ¡Y qué decir de la naturaleza! Aquellos lectores amantes de las descripciones de montes, ríos, praderas y llanuras disfrutarán de la lectura. Porque la naturaleza se llega a convertir en el quinto miembro de la expedición. Desde los cauces de los ríos hasta las altas cumbres de las montañas; desde el crudo sofoco de verano hasta las nevadas de pleno invierno; desde los bisontes hasta los lobos. Y cómo vive y siente todo ello Will Andrews constituye la otra parte importante de la historia creada por Williams.
 
     No obstante, más allá de todo lo anterior, de la obra subyace un cierto trasfondo filosófico sobre la condición humana, la iniciación a la vida y el egoísmo o la bondad de las almas de sus protagonistas. No sería de extrañar que Jon Krakauer, autor de "Hacia rutas salvajes", se hubiera inspirado en "Butcher´s Crossing" como punto de partida de su historia. Personalmente, en diversos momentos Will Andrews me ha recordado a Chistopher McCandless (salvando las distancias). La soledad de los corazones de ambos en plena inmensidad salvaje me ha permitido establecer esta especie de paralelismo entre ambos.
 
     En conclusión, nos encontramos ante otra obra maestra de este desconocido autor norteamericano que, sin duda, merece que su obra (por desgracia, muy corta) sea digna de análisis por parte de todos los jóvenes universitarios de lengua y literatura anglosajona. Como "Stoner", "Butcher´s Crossing" es altamente recomendable. Y os sugiero su lectura encarecidamente.
 
              

martes, 12 de febrero de 2013

La Justicia de los Errantes. Jorge Díaz. Plaza & Janés. 2012. Reseña



     Me había quedado sin un clavo cuando llegué a la caseta en la que Jorge Díaz firmaba ejemplares de esta novela en la Feria del Libro de Madrid el verano pasado. Pero sabía que estaba allí y quise pasar a saludarle por lo menos. Acabé juntando los restos míos y de mi acompañante para poder llegar a comprar "La Justicia de los Errantes". Me lo llevé con una dedicatoria que me llamó la atención mucho. Muchísimo. Hablaba de "una historia de hombres íntegros". Jamás me arrepentiré de volver a Valencia con el dinero exacto para comerme un bocata en el viaje de vuelta. Es lo que tiene ser un escritor novel que no vende ejemplares ni para cubrir gastos.
 
     Lo primero que me ha impactado de este libro es que está narrado en presente, algo que también yo hice en mi primera novela. Algo muy poco habitual pero creo que necesario en determinadas ocasiones. Lo siguiente que debo destacar - y confesar que me atrapó desde la primera página (sí, ya sé que es un tópico, pero en este caso concreto os aseguro que ha sido así) - es la forma de narrar de Jorge: clara, directa, sin artificios, con las descripciones justas y necesarias para situar a los personajes en el escenario. Simplemente os diré que hay un par de escenas claves para la historia en la que se suceden, en apenas página y media, una serie de acontecimientos a modo de flashes y fogonazos que te dejan sin pestañear para no perderte nada de lo que ocurre ante tus ojos.
 
     Si a todo ello le unimos el hecho de que la historia que nos cuenta su autor, siendo ficción, está basada en hechos y personajes reales tenemos los ingredientes necesarios para crear una trama que pienso ha de gustar a cualquier tipo de lector. Un libro en el que a cada giro de página sucede algo importante o interesante ha de ser leído por todo el mundo.
 
     "La Justicia de los Errantes" cuenta la historia de algunos de los más famosos anarquistas españoles de los años veinte y treinta: Buenaventura Durruti, Francisco Ascaso y Joan García Oliver. La novela comienza en España. Sin embargo, pronto se traslada la acción a Sudamérica y París, donde huyen de la cada vez más radical persecución a la que fueron sometidos los cenetistas. Oliver se queda en París. Ascaso y Durruti buscan al otro lado del charco conseguir dinero para su organización.
 
     En efecto, tras asesinar al cardenal arzobispo de Zaragoza y atracar el banco de Gijón, entre otros golpes, la pareja de amigos y militantes ha de huir del inspector Valenzuela (personaje ficticio), un policía de poca moral y mucha desvergüenza que se empeña en querer acabar con ellos sea como sea y caiga quien caiga (aunque éste sea un pobre inocente). Entre todos, cenetistas e inspector, van dejando un rastro de sangre allá por donde pasan: Cuba, México, Argentina o Uruguay.
 
     En Sudamérica, Durruti y Ascaso conocerán a otros anarquistas, algunos de ellos italianos que han huido del fascismo de Mussolini, con los que aprenderán cosas nuevas (y harán que éstos aprendan mucho también de ellos). Y he aquí el sentido de la palabra "integridad" a la que hace referencia su autor en su dedicatoria: viven como pordioseros pese a tener sacos de dinero bajo su cama. No obstante, ese dinero no es para ellos sino para su organización. En cada lugar nuevo al que llegan buscan trabajo para vivir y comer pues el dinero obtenido con los atracos y demás golpes es para enviarlo a España o a París para que sus compañeros financien otras acciones contra los capitalistas burgueses que no dejan de aprovecharse de sus "compañeros" obreros. Es más, ellos mismos se consideran obreros. Y como tales viven. 
 
     Durruti y Ascaso van impartiendo su particular visión de la justicia en toda Sudamérica, pasando de denominarse "Los Solidarios" a adoptar en su peregrinaje el pseudónimo de "Los Errantes". Es por ello que la novela se puede catalogar, a la vez, como novela histórica (por basarse en hechos reales) y novela negra (por todo lo que conlleva el periplo iberoamericano de los militantes anarquistas: tiros, persecuciones, asesinatos, etc). Incluso, puestos a divagar, podría parecerse a un western tipo "Bonnie & Clyde".
 
     En definitiva: una novela que considero necesaria para entender mejor los años anteriores a la Guerra Civil Española y conocer a unos personajes que el autor nos presenta de manera que hasta nos hace compartir por momentos su forma de vida y su ideología. Quién sabe: a lo mejor su lectura sirve para ver que noventa años después este país sigue a merced de un capitalismo burgués que explota a los obreros...