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martes, 2 de abril de 2013

Julio Anguita. Combates de este tiempo. Editorial El Páramo. 2012




     Decir que Julio Anguita es uno de los referentes políticos de nuestro país durante los últimos treinta años es de perogrullo. El libro que reseño a continuación es un resumen de cartas, disertaciones, conferencias, comparecencias en el Congreso de los Diputados, cartas abiertas y escritos internos de IU del que fuera líder del PCE y del referido partido izquierdista. Un compendio de su pensamiento político en su sentido más amplio. En definitiva, un repaso a los temas más controvertidos de las últimas cuatro décadas en España, Europa y el mundo. Una lectura obligada para todos los ciudadanos: mayores y jóvenes, de "izquierdas" y de "derechas", conservadores y revolucionarios, activos y pasivos.
 
     A lo largo de sus más de trescientas páginas analiza pormenorizadamente los asuntos de mayor actualidad de las distintas épocas. Y lo hace de forma clara, concisa y sin demasiadas florituras. Tal y como es él, vamos. Evidentemente, resulta imposible tratar tal diversidad temática en una reseña, por lo que daré breves pinceladas sobre ella.
 
     Respecto a la política mundial destaca su visión global, en la que cuestiona la legitimidad de la hegemonía de los USA en el mundo. Incluso califica algunas de sus acciones gubernamentales como de "terrorismo internacional de Estado" (por ejemplo, en sus intervenciones en Irak o Yugoslavia), incumpliendo la Carta Fundacional de la ONU y amparándose en la OTAN para imponer su liderazgo en Europa, algo que engloba a su vez en lo que él denomina "dictadura del mercado", una nueva etapa de la lucha de clases en la que los políticos están subordinados a los mercados que les imponen su preeminencia a costa de recortes sociales amplios y contrarios a la Declaración de los Derechos Humanos. Es decir, que vivimos en una Democracia sólo aparente pero cada vez menos consistente. Todo ello, a nivel planetario.
 
     Para Anguita, la ONU y la OTAN (la cual suplanta a la anterior en demasiadas ocasiones) y, por añadidura el mundo occidental, están en manos de la gran potencia mundial, la cual no duda en agredir y torturar a poblaciones civiles, utilizar armas de destrucción masiva (con bombas de racimo y de uranio empobrecido en muchos de los casos) y repartirse el botín en los distintos países invadidos por el (supuesto) bien de la comunidad internacional, incluso contraviniendo a las organizaciones referidas con anterioridad. A su líder actual, Barack Obama, lo califica como un "producto de la mercadotecnia", del márketing y del espectáculo, al más puro estilo deportivo, en que se ha convertido la política mundial. De él, dado que todo permanece inmutable en Guantánamo, Cuba, Palestina o Afganistán, dice que no merece en absoluto el Premio Nobel de la Paz con el que fue injustamente distinguido. El cambio político por él prometido se ha quedado en agua de borrajas, como sucedió en su día con Clinton o Kennedy, reduciéndose su papel a mero servidor del fundamentalismo del mercado. 
    
     Respecto a Europa y la Unión Europea también es muy crítico el otrora líder comunista español. Para él, está total y absolutamente plegada a los mandatos de los USA, algo que entra en una absoluta y completa contradicción respecto a parte de sus principales principios teóricos. La bajísima participación de la población española en los comicios europeos (que ha llegado a alcanzar casi el 80% de abstención en alguna ocasión) responde al neoliberalismo practicado por los gobiernos europeos, tanto de "derechas" como de "izquierdas" y a la destrucción del Estado de Bienestar (a manos de los mercados) que tanto costó de alcanzar en las décadas anteriores, lo cual ha generado una indiferencia común en los ciudadanos, quienes no ven, además, alternativa a todo lo anterior. En España, esto es todavía más grave, por lo que la Constitución Europea que se pretende instaurar entra en clara contradicción con muchos de los puntos de la propia Constitución Española de 1978, situación que, como Anguita anticipó, iba a traer a nuestro país paro, resignación, frustración y pérdida de confianza en los políticos. Todo ello, añado yo, ayudado por los flagrantes casos de corrupción de los que muchos de ellos son protagonistas desde hace ya demasiados años.
 
     Sin embargo, la mayoría de las críticas de Anguita se refieren a nuestra España. Así, se centra en la diferente vara de medir que tienen los políticos a la hora de establecer alianzas que llevan a investir a alcaldes y presidentes y en la imperiosa necesidad de acabar con la Ley d´Hont como fórmula para asignar escaños (haciendo especial hincapié en las negativas de PP y PSOE respecto a las repetidas peticiones de IU en el Congreso) ya que falsea la voluntad popular. Para él, la política española necesita una regeneración democrática que se ponga a disposición de la justicia y luche contra la corrupción. En este sentido, critica la no desclasificación de los documentos sobre los GAL. Asimismo, aboga por la separación de Iglesia y Estado y por la laicidad y modernidad del Estado español. E, incluso, llega a deslegitimar a la monarquía española y a Juan Carlos I.
 
     Mención aparte merece su condena de la alianza entre PP (Aznar-Rajoy) y PSOE (González-Zapatero), quienes se alternan en el poder para que, en realidad, nada cambie, pues su máximo interés es que campen a sus anchas el inmovilismo y la manipulación mediante unos medios de comunicación afines a ellos. Añade, además, la constante vulneración de la Constitución Española por parte de ambos en base a Maastricht y a la razón de Estado. A este respecto, llega a criticar a González por su falta de valores al intentar hacer disminuir las cifras del paro a costa de presionar a los ayuntamientos para que licitaran construcciones urbanísticamente ilegales, contraviniendo la Ley del Suelo en 1985. Al propio líder socialista lo acusa de "perder su ideología ante sus ansias de gobernar a cualquier precio, incluso apartándose de la calle y cambiando de bando", cuestión ésta que acabó con Aznar en La Moncloa tras la negativa de IU a pactar con el PSOE en 1996. Nadie ha perjudicado más los interes de España como los gobiernos del PP y el PSOE. De la misma manera que en el País Vasco nadie lo ha hecho tanto como ETA, a la que califica de "réplica del fascismo al que combate".
 
     Respecto a su propia formación, IU, afirma que el Programa y el diálogo son lo más importante en política. En relación a ésto, conviene en que se puede pactar con cualquier formación, de signo que sea, siempre que del diálogo salga un consenso sobre un Programa político válido para el ciudadano. El discurso de IU es rojo, verde y violeta; es decir, comunista, ecológico y republicano. En uno de los escritos del presente libro habla de propuestas para refundar su partido (2008).
 
     La presente crisis también está presente en "Combates de este tiempo". Para él, derivará en una ocasión de futuro que desembocará en una regeneración política y en un rearme moral que será capaz de vencer a la somnolencia, el pasotismo y la resignación en que estamos instalados ahora. Así, el 15M es un movimiento con vocación de mayoría cívica que acabará apartando a la otra mayoría, a la que traga y connive, cómplice del mercado. La realidad de este país ahora mismo no está, pues, en los medios de comunicación (la gran mayoría de ellos, mediatizados por el poder bipartidista), sino en las calles y las plazas de España, donde se defienden la rebeldía bien entendida, los derechos humanos, la igualdad, la solidaridad, la libertad, la justicia, la información, la austeridad, la sobriedad, la paz, la movilización, la concienciación, el pensamiento y la cultura. Y, todo ello, en aras de alcanzar la independencia y la libertad misma.
 
     Creedme, simpaticéis más o menos con el que fuera alcalde de Córdoba y líder del PCE e IU, la lectura de esta obra es indispensable para conocer de primera mano el pensamiento político de un personaje de gran calado. Yo no me he arrepentido. Es más, llega a impresionar la capacidad de este señor a la hora de vaticinar y adelantar muchas de las cosas que en la actualidad estamos viviendo. Sus mensajes, aunque puedan llegar a tener hasta treinta años de antigüedad, permanecen tan actuales, tan vigentes, que incluso asustan en ocasiones. Leer este tipo de libros abre mucho la mente. Y falta nos hace ahora mismo en España.
 
                

miércoles, 11 de enero de 2012

Arnaldo Otegi y el Premio Nobel de la Paz


     La noticia saltó a todos los medios digitales ayer por la mañana. Evidentemente, no estamos ante una inocentada, pues ayer era 10 de enero, sino ante algo muy grave y, sobre todo, muy serio. Una supuesta campaña de la izquierda abertzale busca la proposición de Arnaldo Otegi como candidato al próximo Premio Nobel de la Paz por su contribución al proceso de paz en el País Vasco. Como era de suponer, la polémica se ha expandido como la pólvora por doquier. Sobre todo en las redes sociales de moda.

     Otegi, de 53 años de edad, cumple actualmente diez años de condena por pertenencia a banda armada en calidad de dirigente. Militante activo, durante años, de ETA político-militar, también perteneció a las formaciones políticas Batasuna, Herri Batasuna y Euskal Herritarrok, ilegalizadas en 2002 por considerar que estaban bajo la tutela de la banda armada. Licenciado en Filosofía y Letras, casado y con dos hijos, niega su nacionalidad española y se considera vasco. Fue parlamentario por HB y EH.

     Nomenclaturas aparte, Otegi es un terrorista, un asesino, un criminal. Directa o indirectamente, es responsable, ejecutor y/o incitador, de la pérdida de numerosas vidas humanas. Y está en la cárcel por méritos propios. Además, ha hecho explotar gasolineras, ha robado coches a mano armada (usados luego para matar, secuestrar o extorsionar a seres humanos), ha asaltado el gobierno militar de San Sebastián, ha liberado a presos de hospitales, ha participado en varios secuestros (como los de Francoise Marhuenda, Javier Rupérez o Luis Abaitua) y ha tomado parte en numerosos actos en favor de compañeros etarras (siendo condenado por enaltecimiento del terrorismo por varias causas, como la de 2005, cuando participó en un acto homenaje a José María Sagardui (Gatza), el preso de ETA que más tiempo llevaba encarcelado).

     Ciertamente, no estamos ante un hombre que haya hecho méritos para recibir un Premio así. No obstante, es innegable que dicho galardón se ha devaluado sobremanera en los últimos años. Que personajes como Mahatma Gandhi (nominado hasta en cinco ocasiones) o Irena Sendler (nominada en 2007) no lo hayan recibido y sí Henry Kissinger, Al Gore o el propio Barack Obama (que incumple sus promesas electorales sobre el cierre de Guantánamo, que estos días cumple diez años, y ordenó y preparó, en 2011, los asesinatos de Bin Laden y Gadafi) dicen muy poco en favor de una institución que en otros tiempos no se preocupaba de intereses más o menos oscuros sino de valores humanos, premiando a la Madre Teresa de Calcuta, Martin Luther King, Andrei Sakharov, Lech Walesa o Nelson Mandela. 

     Por eso, entre las reacciones a la propuesta de Otegi se han levantado voces que, sin defenderla, critican a la institución noruega. Así, Fernando Savater, ha afirmado que "ha habido algunos Premios Nobel de la Paz que han sido casi tan malos como Otegi". Otros han comentado que "dar el Nobel a Otegi es como dárselo a Obama o a Kissinger". El debate está en la calle y en las redes sociales. Sin duda, el solo hecho de aceptar su pre-candidatura significaría el fin del poco crédito que todavía le queda al Comité Nobel Noruego. Antes que eso, convendría dejar desierto el galardón de este año, algo que ya ha ocurrido en diecinueve ocasiones a lo largo de sus más de ciento diez años de historia. 

     Otras reacciones a la noticia son las siguientes: Patxi López, lehendakari vasco, la califica de "sarcasmo"; la eurodiputada Teresa Jiménez Becerril, hermana del dirigente del PP andaluz, Alberto Jiménez Becerril, asesinado por ETA en 1998, ha afirmado que "por encima de mi cadáver. Moveré cielo y tierra en las instituciones europeas para que la Academia no premie al ex-portavoz de Batasuna"; Ángeles Pedraza, presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorimo (AVT), la tilda de "una inocentada de muy mal gusto" al tiempo que culpa de esta situación a las últimas acciones del gobierno español saliente; y Teo Uriarte, ex-miembro de ETA juzgado en el histórico proceso de Burgos, ha pedido que no se tome como una broma la candidatura puesto que "parece seguir el esquema de lo que sucedió en los procesos de paz de Sudáfrica e Irlanda del Norte". Según él, las negociaciones de ETA con José Luis Rodríguez Zapatero han propiciado que el entorno de Batasuna haya logrado "un prestigio evidente en los sectores alternativos de las Naciones Unidas y en otros círculos de decisión y poder".

     ¿Será este tema un legado más de las malas gestiones realizadas por ZP, Rubalcaba y sus compañeros? Esperemos que sí, aunque nunca se sabe. Lo que está claro es que, si le da el Nobel de la Paz a un terrorista, la Academia estará acabada. A lo mejor, por esas nos salvamos...   
            
    

miércoles, 14 de septiembre de 2011

El merecido descrédito de Obama


     El primer presidente afroamericano de la historia de los EE. UU. y Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, vive uno de sus peores momentos desde que es el máximo mandatario del país hegemónico mundial. La incertidumbre económica, el aumento del desempleo, las guerras libertarias en defensa de la paz y la seguridad mundiales y las demasiadas promesas electorales incumplidas en los casi tres años de su mandato están provocando que buena parte de quienes le llevaron a la Casa Blanca en enero de 2008 estén reconsiderando seriamente volver a hacerlo en las próximas elecciones presidenciales de noviembre de 2012.

     Recientemente, el presidente ha comunicado que invertirá 300 mil millones de dólares para desarrollar políticas de creación de empleo. La tasa de paro en su país se acerca peligrosamente al 10 por cien de la población activa, cifras no conocidas en los últimos años. La incapacidad de los congresistas a la hora de acordar un plan para reducir el déficit y luchar contra la deuda, que casi alcanza el 100% del PIB nacional, le han llevado a tomar medidas desesperadas para que su índice de popularidad no caiga en picado a 14 meses escasos de las elecciones. El pasado mes de agosto fue degradada la nota de la deuda federal, sin duda, un duro golpe que había de conllevar dichas medidas de urgencia.

     Curiosamente, una de sus promesas electorales incumplidas habría supuesto generar miles de puestos de trabajo para sus conciudadanos. Efectivamente, una de sus propuestas más firmes fue la reducción de emisiones de gases contaminantes. En la campaña llegó a afirmar que iba a invertir 15 mil millones de dólares anuales para promover el uso de energías más limpias, lo cual habría supuesto la creación de multitud de nuevos puestos de trabajo en el sector energético norteamericano. Y, de paso, podría haber significado un gran impulso en relación al tema del cambio climático. Sin embargo, de lo prometido, nada de nada.

     Por todos es sabido que EE. UU. es uno de los países con mayor inmigración en el mundo. Pues bien, otra de sus promesas incumplidas, que le valió numerosos votos en las pasadas elecciones, fue la aprobación de la reforma migratoria, la cual iba a permitir la residencia permanente en territorio norteamericano a millones de indocumentados. No obstante, la realidad ha sido bien distinta, produciéndose deportaciones masivas fuera de las fronteras del país.

     La Ley de la reforma de la salud se presentó como un gran paso adelante en la búsqueda de una mayor protección de los derechos sanitarios de los estadounidenses. Y lo fue realmente. Pero el hecho de que se debatiera a puerta cerrada hace pensar que el peso de las grandes empresas farmacéuticas mundiales se dejó notar en la toma de deciones final, dejando el efecto de dicha reforma muy por debajo de lo buscado en un principio.

     No obstante, las dos grandes causas de su descrédito (no solo en EE. UU. sino en el resto del mundo occidental) han sido, sin duda, las guerras y el campo de Guantánamo. El campo de detención ubicado en una base norteamericana de Cuba iba a ser cerrado en un año a más tardar. O eso prometió Obama en 2008. Pero en lugar de su cierre, el presidente promovió nuevos juicios militares contra prisioneros considerados sospechosos de atentar contra la seguridad y los intereses de los estadounidenses. Así, continúa la flagrante violación de los derechos humanos, como diversas ONG´s (sobre todo Amnistía Internacional) se han cansado de denunciar sistemáticamente.

     La rápida retirada de los soldados estadounidenses de Irak y Afganistán fue otro de los pilares de la campaña electoral demócrata. Curiosamente, también en un plazo de un año, Irak iba a estar preparado para afrontar su presente y futuro sin necesidad de presencia de tropas extranjeras. Un año después, continuaban las tropas norteamericanas, aunque descendiendo en número (de 140 mil a 111 mil soldados).

     No poca gente criticó el hecho de que el presidente recibiera el Premio Nobel de la Paz en 2009, apenas un año después de llegar a la presidencia. Paradójicamente, una de sus primeras medidas posteriores a la aceptación de este galardón fue doblar la presencia de sus tropas en Afganistán (de 35 mil a 70 mil soldados). Curioso hecho, ¿verdad? Pues bien, esto se completa con otros datos igualmente curiosos. El bloqueo económico, comercial y financiero de Cuba, el más prolongado de la historia de la humanidad, continúa bajo el mandato de Obama. Así, el 11 de marzo del presente año, mientras el mundo miraba horrorizado los desastres naturales acaecidos en Japón, el presidente pedía al Congreso aumentar el presupuesto para realizar acciones contra la vecina isla. Y, en mayo, se impedía que los cubanos compraran fármacos para tratar a niños con problemas cardíacos. ¿Es así como debe actuar un personaje premiado con un Nobel de la Paz?

     Si a todo lo anterior añadimos la supuesta, y más larga de lo previsto, guerra humanitaria-petrolífera de Libia para acabar con el asesino Gadafi y los escándalos destapados por Wikileaks acerca de las atrocidades cometidas por los soldados norteamericanos en Irak, que llevaron a la cárcel al soldado Bradley Manning (tratado como un auténtico animal en las prisiones militares a las que ha sido llevado sucesivamente), tenemos suficientes elementos de juicio como para tener bien claro que Obama, si quiere aspirar a renovar su mandato en noviembre de 2012, debe rezar mucho...como nunca...              

lunes, 2 de mayo de 2011

Obama asesina a Osama

  
   "Esta noche puedo anunciar al pueblo estadounidense y al mundo que EE. UU. ha llevado a cabo una operación en la que se ha acabado con Osama Bin Laden, el líder de Al-Qaeda, un terrorista que era responsable de los asesinatos de miles de hombres, mujeres y niños inocentes [...] Se ha hecho justicia". Así empezaba el mensaje dirigido a su pueblo por el presidente Obama para anunciar la muerte del terrorista Osama Bin Laden, el enemigo público número uno del pueblo americano. 

     En el resto del mensaje del presidente Obama destacan sobremanera otras tres afirmaciones que deben ser analizadas en profundidad: "la semana pasada autoricé una operación para atrapar a Bin Laden y llevarlo ante la justicia", "hoy, bajo mi comando, EE. UU. lanzó una operación dirigida contra ese complejo de Abbottabad, en Pakistán" y "esta noche sabemos que EE. UU. puede hacer lo que se proponga. Es la historia de nuestra Historia". Visto lo visto, en las últimas afirmaciones dice la verdad. En la primera, sin embargo, miente.

     A lo largo de la mañana hemos sabido por la agencia Reuters y otros medios de comunicación que las órdenes recibidas por el comando que ha asaltado el escondite de Bin Laden eran "matar y no capturar" al buscado terrorista. Por tanto, el presidente Obama miente deliberada y descaradamente en su mensaje. Él, y solo él, es el principal responsable de que no se vaya a juzgar al terrorista más buscado de los últimos años. 

     Más tarde hemos sabido que el cuerpo de Osama Bin Laden, tras realizársele diversas pruebas de ADN para verificar su reconocimiento, había sido arrojado al mar, siguiendo las tradiciones islámicas. Los EE. UU. buscaban quedar como los buenos de la película una vez más, haciendo ver a la opinión pública mundial lo mucho que respetan los preceptos islámicos. Otra descarada mentira más, pues la religión islámica establece el entierro como única forma de sepultura. En realidad, lo que quiere evitar Obama es que Abbottabad se convierta en un lugar de peregrinaje para los seguidores del terrorista. Lo que va a conseguir, en cambio, es levantar todavía más las iras de sus seguidores, pues su cuerpo ha sido violado y apartado de la dignidad que para él pide la religión islámica.

     De todo ello, podemos ver cómo las otras dos afirmaciones de Obama son ciertamente verdaderas. Él ha sido el comandante en jefe de la operación que buscaba acabar con la vida del terrorista y, desde luego, la historia, reciente y no tanto, nos ofrece claras muestras de que EE. UU. puede hacer lo que se proponga en el mundo. Así es la justicia que reparte EE. UU. en un mundo al cual domina como quiere y le da la real gana. Ahora ya se puede dedicar incluso a hacer justicia por su cuenta, sin necesidad ninguna de tener que pasar por los engorrosos juzgados. 

     Antes de ser presidente Obama criticó duramente a su antecesor en la Casa Blanca. Y llegó a decir lo siguiente: "A un terrorista se le aplican métodos antiterroristas, no se hace una guerra, o dos, o una guerra global contra el terror". ¿Curiosa afirmación, verdad? No concuerdan para nada sus palabras de entonces con sus actos de hoy. Desde luego, no seré yo quien defienda a Bush hijo. Sin duda, es un criminal mucho más grande que Osama Bin Laden (al menos en cuanto a número de víctimas inocentes). Sin embargo, hizo algo que no ha hecho hoy Obama: llevar a Saddam Hussein ante la justicia. Obama, por lo visto hoy, se basta a sí mismo para impartir justicia por el mundo.

     "El mundo es hoy un poco más seguro" es una de las frases más repetidas hoy en todas partes. A mi no me lo parece, la verdad. Todos los gobiernos están preparándose para las reacciones islámicas tras la muerte del creador y líder de Al-Qaeda. Y todo ello, por supuesto, después de felicitar al presidente por su gran acción, por matar (¿o quizás debería decir asesinar?) a un asesino. Sinceramente, pienso que la forma de acabar con su vida y, sobre todo, de deshacerse de su cadáver, traerá consecuencias nefastas para mucha gente en los próximos tiempos. Quizás algún día todas esas personas que se han lanzado a la calle para festejar la muerte del terrorista hayan de padecer de nuevo otros atentados, incluso más iracundos que los anteriores.

     Confieso que la llegada de Obama a la Casa Blanca me alegró enormemente. Pensé que su gobierno iba a significar un soplo de un muy necesitado aire fresco tanto para EE. UU. como para el resto del mundo. Me equivoqué. O más bien, me engañó. Como a casi todo el mundo. No solo sigue abierta la prisión de Guantánamo, cuyo cierre debía ser inminente en palabras del todavía candidato Obama, sino que el soldado Bradley Manning está encerrado en condiciones inhumanas por filtrar documentos a Wikileaks. Esa es la justicia del presidente de los EE. UU., un país que puede hacer lo que se proponga. Ojo por ojo, diente por diente...Esperemos no acabar todos ciegos y mellados...  

lunes, 21 de marzo de 2011

Mi humilde visión de lo que está ocurriendo en Libia


     Ocho años después, y seguimos en las mismas. España entra en una guerra injusta impuesta por los EE.UU.. Evidentemente, muchas cosas han cambiado...pero para llegar de nuevo al punto de partida. En 2003 Bush, republicano, convenció a Aznar, del PP, para invadir Irak con el pretexto de impedir a Saddam Hussein que utilizase unas armas de destrucción masiva que no existían. En 2011 Obama, demócrata, ha hecho lo mismo con Zapatero, del PSOE, para impedir un genocidio en Libia. Qué coincidencia: los mismos signos políticos en ambos casos: derechas en 2003 e izquierdas en 2011. En ambos casos, partiendo de pretextos diferentes, se llega a un mismo interés común: el petróleo. Porque la pela es la pela. Y de eso los políticos entienden, y mucho.

     España está interviniendo militarmente en Libia junto a EE. UU., Gran Bretaña, Francia y el resto de salvadores de la libertad y la democracia mundiales. En teoría, dicen, buscan acabar con un dictador que está masacrando a la población civil de su país. Porque Gadafi ahora es el malo de la película. Eso interesa. Después de 43 años en el poder y de relaciones "comerciales" con Occidente, intercambiando petróleo por armamento (el mismo, por cierto, con el que dicen ahora que está aniquilando a sus propios paisanos, ¡fíjate tú!), la situación ha cambiado. ¿Qué más dará que en estos 43 años haya asesinado, hecho desaparecer y detenido injustamente a sus compatriotas? Qué más dará que haya promovido atentados terroristas en el extranjero o que haya sufragado a las guerrilas de media África, con Sierra Leona o Liberia a la cabeza, solo por poner un par de ejemplos? Todo eso tiene disculpa, ¿verdad? Aunque lo haya hecho con ayuda de Occidente en forma de armas y de mirar para otro lado... Todo eso daba igual, hasta ahora. El quince por cien del petróleo que importa España proviene de Libia, uno de los países que más armamento compra, a su vez, al gobierno español. ¡Qué curioso, verdad!   

     ¿A quién está masacrando Gadafi? A los civiles, dicen desde Occidente. En realidad, se refieren al grupo rebelde de Bengasi, milicianos que disponen de carros de combate y antiaéreos capaces de derribar aviones. Sin duda, nada que se pueda comparar a los rebeldes pacíficos que consiguieron los triunfos revolucionarios de Egipto o de Túnez hace un mes escaso solo manifestándose. ¿Quiénes son estos rebeldes "civiles" en realidad? En este artículo de Ramón Lobo en el blog del diario "EL PAÍS" queda claro. Se trata de una lectura muy recomendable. Pero para quien no tenga ganas o tiempo de leer mucho más aparte de este artículo se lo puedo resumir fácilmente: son uno de los contingentes más numerosos que se ofrecieron voluntarios para invadir Irak hace ocho años. Y además, antigadafistas. Es decir, que se les debía una, para entendernos.
    
     De todo ello podemos afirmar de forma categórica que lo que está pasando en Libia no es una revuelta islámica más, como parecía en un principio, sino una guerra civil en toda regla entre los partidarios de Gadafi y los opositores de su régimen. Los aliados occidentales intervienen allí cumpliendo una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, algo que los que apoyan la intervención en Libia tratan de enarbolar como una bandera de justificación que suponga una diferenciación bien clara respecto a lo ocurrido en Irak hace ocho años, cuando se invadió aquel país sin el apoyo de esta lúgubre institución internacional. Como si la ONU no estuviera desligitimada y falta de sentido por estar, precisamente, en manos de EE. UU. y sus países amiguetes.

     ¿A esos civiles armados hasta las cejas es a quienes pretende salvar la coalición democrática occidental? Desde Libia, Leonor Massanet, una psicóloga y farmacéutica española residente allí, nos está contando estos días una realidad bien distinta a la que nos están mostrando-bombardeando desde el gobierno y los medios de comunicación de este país. Su blog personal es altamente recomendable en un momento como este.

     Gobierno y medios de comunicación están "vendiéndonos la moto" una vez más, como ya pasara en 2003 durante la guerra de Irak. Gadafi, evidentemente, es un dictador aniquilador de su país. Pero también hay dos verdades igual de ciertas: ha contado con el beneplácito internacional durante estos 43 años y los rebeldes tampoco son santos precisamente. Y lo peor de todo, entre el mandamás, los rebeldes "civiles" y la coalición internacional, ¿qué quedará de Libia finalmente? Lo de siempre, destrucción y penuria para "poca ropa".

     Y, por cierto, para acabar con el plano internacional: esos "civiles" rebeldes antigadafistas también son antiamericanistas, lo cual les convierte en una compañía de guerra muy dudosamente recomendable. Como comenta en su artículo Ramón Lobo, la apuesta occidental es muy arriesgada y puede conllevar todavía mayor sufrimiento al pueblo libio en forma de una guerra mucho más larga y sangrienta de lo que habría sido como una guerra civil interna. Otro tanto más que apuntar a esta injusta guerra en la que España vuelve a participar.

     Para acabar, una última reflexión a nivel de nuestro país. Gadafi ha amenzado con emprender acciones en intereses mediterráneos. ¿Qué pasará si España vuelve a ser azotada por el terrorismo islámico y ocurre una desgracia como la que hubo en la estación de Atocha hace ahora siete años? Ciertamente, la posibilidad de que ello ocurra es muy limitada. Pero, ¿y si ocurriera? ¿Qué haríamos? ¿Votar al PP pata castigar al PSOE, repitiendo errores del pasado? Pues no, porque el PP ha apoyado al gobierno de Zapatero en su decisión de tomar parte en la acción contra Gadafi.

      El partido liderado por Rajoy vuelve a equivocarse de nuevo, sin duda. Pero al menos muestra una cierta coherencia en sus decisiones. Apoyaron la guerra de Irak y lo vuelven a hacer en Libia. Igual sucede con Izquierda Unida. Fueron los más críticos con la decisión de Aznar en 2003 y vuelven a serlo hoy contra las medidas de Zapatero.   

     Sin embargo, el PSOE ha cambiado radicalmente de opinión en estos ocho años. Las guerras antes más injustas le parecen ahora las más dignas y humanitarias. Lo mismo cabe decir de "los de la ceja". Han olvidado aquel famoso y magnífico discurso del "NO A LA GUERRA" del 2003. ¿Esperáis grandes manifestaciones esta vez? ¡Pues apañados váis! En fin, una pena que en pleno siglo XXI valga más un barril de petróleo manchado de sangre que todo un país, muerto y destruído...