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domingo, 28 de junio de 2026

Mis diez mejores lecturas del primer semestre de 2026





10. Memorias del subsuelo. Fiodor Dostoievski. Arpa Editores. 2026. Una de las obras más conocidas del autor. Una obra filosófica considerada la primera gran novela existencialista y que aborda con crudeza y detalle la conciencia humana y sus contradicciones. Una novela que, más que nunca, conviene estudiar en relación a la situación de su autor en el momento de su escritura (1864). Porque refleja con claridad sus trastornos emocionales a raíz de perder a su mujer y a su hermano y los problemas derivados de la clausura de sus revistas por parte de las autoridades, de sus enfermedades y de sus adicciones al juego (de los que nos hablaría posteriormente en El jugador), que le acarrearon durante años graves problemas financieros.

9. Insolación. Emilia Pardo Bazán. Mondadori. 2000. Publicada por primera vez en 1889 y recibida con ferocidad por parte de la crítica y la sociedad de su época, se ha ido revalorizando con el paso del tiempo. Su feminismo resultó transgresor y crítico con la doble moral decimonónica y fue objeto de comentarios y críticas durísimas. Alguna de ellas calificó a la obra como un lugar intermedio entre la obra artística y la pornografía. Hecho que evidencia la malísima acogida que hubieron de soportar obra y autora. La falta de decoro y el exceso de libertad -rayando el libertinaje- fueron las peores críticas. Lo cierto es que cuesta creer que se pueda aludir al desenfreno o a la falta de respeto hacia los demás, ya que la protagonista busca siempre hacer las cosas de la manera más recatada e invisible posible. 

8. Hambre de gloria. Víctor Fernández Correas. Edhasa. 2024. Divertida novela histórica y de aventuras con varias tramas y sub tramas que convergen en diferentes puntos de la narración. El autor, a través de todas ellas, a modo de puzzle, refleja con todo detalle la sociedad del siglo XVI. Uno de los más convulsos de la Historia de la Humanidad. Y, como punto central, la campaña de 1580 para incorporar los territorios portugueses a un imperio en el que nunca se ponía el sol. Una campaña dirigida por el duque de Alba, gran protagonista de la novela, secundado por su hijo bastardo Hernando, el que más se le parece de todos sus hijos. Estrategias, reuniones, órdenes, escala de mando y traiciones descritas con gran minuciosidad. Pero, en lo humano, la novela es más. Muchísimo más. 

7. Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal. Nuccio Ordine. Acantilado. 2017. Magnífico ensayo que enlaza la educación y los clásicos bajo el lema Si no salvamos los clásicos y la escuela, los clásicos y la escuela no podrán salvarnos. No hay que leer a los clásicos para aprobar los exámenes. La primera tarea de un buen profesor debería ser no producir hornadas de diplomados y graduados, sino formar ciudadanos libres, cultos, capaces de razonar de manera crítica y autónoma. El autor critica la pedagogía obsoleta y tradicional, la excesiva burocracia que deben atender los profesores, la deriva empresarial de la enseñanza, el actual tratamiento de los bienes de interés cultural como yacimientos turísticos y la sociedad de la inmediatez que premia el aquí y el ahora y no la investigación y la crítica verdadera.  

6. Elogio de las manos. Jesús Carrasco. Seix Barral. 2024. Todo un alegato del arte que puede surgir del trabajo manual. De la belleza que nace de las manos de las personas amantes de actividades más o menos cotidianas como el bricolaje, la elaboración de útiles, la construcción de estructuras de cierta complejidad o las reparaciones de todo tipo. Todo ello a través de una narrativa, en parte biográfica, llevada de la mano de una pasión que llega a contagiar incluso a quienes aborrecemos el mero hecho de desatornillar un tornillo. Una tarea que nos provoca desasosiego e inquietud. Para la que nunca encontramos tiempo y sí cualquier excusa. Y, como digo, el autor, con esta obra, llega a hacernos admirar y amar, aunque sea de desde cierta distancia, todo esta clase de actividades. Muy humana. 

5. Florentino Pérez. El poder del palco. Fonsi Loaiza. Akal. 2022. Libro de investigación periodística que retrata lo que para el autor es una red corrupta de intereses comunes a todos los niveles: político, económico, empresarial, policial, judicial, mediático y periodístico. Una red fundamentada en el miedo -o terror- en la que o se está con sus miembros o se está contra ellos. Y ¡ay de quienes estén contra ellos! Porque han caído torres tan altas como los periodistas José Antonio Abellán, Santiago Segurola o el mismísimo José María García. Algo que explica que nuestra época esté dominada por bufones, monos de feria, chiringuitos y demás desinformadores y hooligans (que nunca periodistas) vendidos a un sistema podrido y nauseabundo dominado por unas élites que se creen por encima de la ley (y lo están).

4. El nombre de la rosa. Milo Manara/Umberto Eco. Lumen. 2026. Adaptación gráfica de la famosa novela de Umberto Eco de la mano de uno de los mejores ilustradores y dibujantes de nuestra época: el también italiano Milo Manara. Coincidiendo con el décimo aniversario de la muerte de Eco y con el cuarenta aniversario del estreno de la no menos famosa película de Jean-Jacques Annaud, la editorial Lumen completó el esperado segundo volumen de la novela gráfica, cuya primera parte había sido publicada en 2023. Las ilustraciones de Manara complementan y completan el texto de Eco. Muestran toda la oscuridad original y, a la vez, iluminan zonas que antes estaban tan oscuras que a muchos lectores se les pasaban por alto. El resultado es una obra deslumbrante que mezcla lo mejor de dos auténticos genios en lo que desde ya es una auténtica obra de arte, todo un clásico del noveno arte. 

3. El tiempo de las fieras. Víctor del Árbol. Destino. 2024. El sicario mexicano sin nombre regresa en la segunda parte de su trilogía -que comenzó con Nadie en esta tierra (2023) y finalizará con Las buenas intenciones (2026)- para acabar un trabajo que dejó deliberadamente pendiente tres años atrás en Barcelona. El Oso Dávila, una especie de mentor de sicarios pero sobre todo un malnacido sin escrúpulos, lo tiene cogido por donde más le duele -lo poco que queda de su familia- y lo obliga a regresar a España, esta vez a Lanzarote, para cumplir con un encargo que esta vez sí deberá ser finiquitado. Como en todas las obras de este autor, la acción, el suspense y el estudio psicológico de cada uno de los personajes convierten a sus novelas en mucho más que meros thrillers. En verdaderos estudios de la condición humana.

2. La península de las casas vacías. David Uclés. Siruela. 2024. Más de una década de viajes, documentación y lectura de libros le llevó al escritor, músico y dibujante de Úbeda la escritura de una de las obras más novedosas, originales, aplaudidas y premiadas del panorama español contemporáneo. La obra se ha convertido, dos años después de su publicación por Siruela, en un fenómeno literario. Y su autor, en todo un fenómeno de masas. La Guerra Civil Española contada a través del realismo mágico con gran profusión de detalles, una estética muy peculiar y una sensibilidad de tono elevadísimo. Y todo a través de los sucesos acaecidos a una familia -los Ardolento- y a sus vecinos del ficticio pueblo de Jándula -en realidad, Quesada (Jaén)-. Un viaje por una España dividida y enfrentada a la que, por desgracia, muchos siguen queriendo regresar.

1. Los siguientes. Pedro Simón. Espasa. 2024. Las relaciones familiares constituyen el punto central de las novelas de este autor. Las historias de sus trabajos literarios parten siempre de un núcleo familiar que acaba diseccionado a base de cortes de un bisturí profesional que nos muestra con crudeza el interior de cada uno de los miembros de la familia en cuestión. Con el mismo estilo mostrado ya en Los ingratos (2021) y Los incomprendidos (2022), esta novela trata un tema por el que casi todos hemos pasado o pasaremos: cómo afrontan los distintos miembros de un núcleo la inevitable decadencia y muerte de sus mayores. Carmen, Darío y Gabriel tratan de sobrevivir a la muerte de su madre, Olivia, y al deterioro de su padre, Antonio, cuyas constantes vitales galopan hacia abajo y sin freno. Asumir la futura y próxima orfandad no es fácil nunca. Menos todavía cuando existen viejas rencillas que quitan la paz. 




jueves, 23 de abril de 2026

Memorias del subsuelo. Fiodor Dostoievski. Arpa Editores. 2026. Reseña.

 




    Arpa Editores cumple una década desde que fuera fundada por Joaquín y Álvaro Palau. Dedicada a los clásicos y otras obras de divulgación -ciencia, historia, psicología, política, filosofía, etc-, celebra estos diez años como editorial publicando Memorias del subsuelo, una de las obras más conocidas de Fiodor Dostoievski. Una obra filosófica considerada como la primera gran novela existencialista y que aborda con crudeza y detalle la conciencia humana y sus contradicciones. Una novela que, más que nunca, conviene estudiar en relación a la situación de su autor en el momento de su escritura (1864). Porque refleja con claridad sus trastornos emocionales a raíz de perder a su mujer y a su hermano y los problemas derivados de la clausura de sus revistas por parte de las autoridades, de sus enfermedades y de sus adicciones al juego (de los que nos hablaría posteriormente en El jugador, también reseñada en este blog), que le acarrearon durante años graves problemas financieros.

    Soy un hombre enfermo... Soy un hombre lleno de rabia. Así comienza su narración el protagonista de Memorias del subsuelo. Quizá el primer protagonista inadaptado de la historia de la literatura. El primer sufridor, el primer ser atrapado por la angustia de una existencia a la que no ve sentido, el primer hombre a la vez sincero y honesto pero también perturbador y fascinante debido a su lucidez. Porque nuestro protagonista podrá estar desquiciado y al borde de la locura, pero lo que no se le puede echar en cara es su elocuencia y claridad a la hora de narrarnos su descenso a las entrañas de la conciencia humana. Una conciencia que lo lleva a no aceptar una realidad que le resulta insoportable. Que lo hace sufrir y rabiar, que lo induce a criticarlo todo -incluso a sí mismo- y que lo anima a batallar contra el mundo entero reflexionando sobre temas como la libertad, el deseo de autodestrucción, el placer del sufrimiento y la imposibilidad de ser uno mismo. 

    Memorias del subsuelo se divide en dos partes bien diferenciadas. La primera, El subsuelo, que consta de once capítulos, es en realidad un monólogo interior del protagonista. Un monólogo dirigido a un público inexistente en que se presenta como un hombre miserable, frustrado, contradictorio, enfermizo y muy excitable. Todo ello, contado mediante una elocuencia que hechiza al lector. Un lector que, a pesar de estar leyendo las confesiones de un ser que se auto presenta como repulsivo, empatiza con él y lo acoge en su corazón. ¿Cómo no iba a ser así si vemos en él a un pobre hombre, marginado, infeliz, que se siente objeto de humillaciones imaginarias, que pasa el tiempo imaginando venganzas que jamás cumplirá, que se siente culpable por idearlas (aunque nunca las lleve a cabo), que lucha contra sus preceptos morales precisamente para librarse de ellos, que si es peligroso lo es principalmente para sí mismo?  

    Pero lo mejor de la novela es, sin duda, la segunda parte. Titulada Acerca de la nieve mojada, no es ya un monólogo interior sino un relato en el tiempo por parte del protagonista. Es como la práctica de la teoría expuesta en la primera parte. La parte del libro que aclara con ejemplos elocuentes los conceptos que quizá quedaron poco claros o incluso confusos en las primeras páginas de la novela. Diez capítulos que explican cómo el protagonista ha llegado a ser una persona tan infeliz y desgraciada y que atan literalmente al lector a las páginas de un libro que ya no puede soltar de la mano hasta su desenlace. Un relato que, dividido en diez capítulos, desarbola la mente de un lector que queda atónito ante los hechos narrados. Y, sobre todo, ante cómo están narrados. Un centenar y pico de páginas de pura literatura. Con mayúsculas. De las mejores que servidor ha leído en bastante tiempo. Que se quedan cortas, muy cortas. Y que nos lanzan una pregunta para reflexionar: ¿cómo de la infelicidad de un ser (en este caso, ficticio) puede llegarse a la felicidad de otros seres (en este caso, los lectores)?

    Porque Memorias del subsuelo es una de esas novelas con las que se sufre y se disfruta. Su sufre ante el dolor y la desgracia de un protagonista que hoy muchos considerarán tóxico. Uno de esos seres de los que los manuales de autoayuda nos dicen que debemos alejarnos lo antes posible. Sin ni siquiera tratar de conocer el porqué de su actitud negativa hacia la vida y el mundo que nos rodea. Se sufre, sí, porque, a pesar de los pesares, todavía existe algo tan importante como la empatía: ponerse en el sitio del otro para intentar entenderle y ayudarle. Y es que en tiempos de conexiones sociales virtuales no estaría de más que tratáramos de volver a conectar como antes, más genuinamente. Con los demás y con nosotros mismos. Y qué decir de otros conceptos como los sentimientos, la compasión y la ayuda mutua. Por ello, y por el placer de la lectura de una obra absolutamente imperdible, Memorias del subsuelo también se disfruta. Y se hace muy corta.

    Por ello, no es de extrañar que esta novela haya influido a tantos autores a través del tiempo. Por su uso del monólogo interior como técnica narrativa: Marcel Proust -En busca del tiempo perdido (1913-27), James Joyce -Ulises (1922)- o Virginia Woolf -Las olas (1931)-. Por su temática (un personaje inadaptado, sea un indolente o un sufridor): Franz Kafka -La metamorfosis (1915)-, Jean Paul Sartre -La náusea (1938)-, Edgar Allan Poe -en diversos relatos-, Albert Camus -El extranjero (1942)-, John Williams -Solo la noche (1948)-, J. D. Salinger -El guardián entre el centeno (1951)- o incluso nuestro querido Luis Landero -Una historia ridícula (2022)-. Influencias lógicas de un autor irrepetible que hubo de vivir una vida tumultuosa: pasó por campos de trabajos forzosos, sufrió epilepsia, sucumbió al juego, padeció problemas financieros y tuvo unas relaciones amorosas turbulentas. Aspectos estos que lógicamente influyeron también en su creación literaria.

    Yo solo he llevado hasta sus últimas consecuencias lo que vosotros no os habéis atrevido a llevar ni siquiera a la mitad, mientras os consoláis, y os engañáis, vendiendo vuestra cobardía por prudencia, escribe el narrador casi al final de sus Memorias. Y es que una cosa es cierta: cualquiera ha de ser muy valiente para escribir un texto así. Y si a esa valentía le sumamos la elocuencia y el genio literario (y hasta filosófico) de Dostoievski a la hora de narrar y explicar sus puntos de vista sobre el alma humana, el mundo y la vida en general el resultado no puede ser otro que una obra maestra. Porque solo en una obra maestra valiente podemos leer algo así: contar en detalle cómo eché a perder mi vida sumiéndola en la corrupción moral, mientras vivía metido en un rincón, malográndola por el aislamiento social, extrañándome de la vida real e imbuyéndome de una vanidosa furia en el subsuelo, no resulta, desde luego, interesante. Las novelas necesitan héroes y aquí se han visto reunidos, a propósito, todos los rasgos de un antihéroe. Y lo peor es que todo esto genera una impresión en grado sumo desagradable, porque todos nos hemos apartado de la vida, todos cojeamos de esa pata, aunque unos más que otros.    


viernes, 29 de junio de 2018

Mis diez mejores lecturas del primer semestre de 2018





     Como cada año por estas fechas, Jungleland cierra por vacaciones estivales. Pero, antes, siguiendo con su tradición, os deja las diez mejores lecturas de lo que llevamos de 2018. Esta es la lista de recomendaciones veraniegas. ¡Felices vacaciones y lecturas!

10. El jugador. Fiodor Dostoievski. Servilibro ediciones. 2012. Constituye una obra de gran magnitud, pues nos permite conocer de primera mano hechos reales de la vida de uno de los más importantes escritores del siglo XIX, así como elementos de la sociedad en que vivió: la emigración rusa, los balnearios-casinos germanos, las relaciones interpersonales y las bajas pasiones (y, con ello, no me refiero únicamente a las que tienen que ver con el juego). Es una novela que puede servir perfectamente como una magnífica primera toma de contacto con el genio ruso. Y hablo con conocimiento de causa. 

9. Carta de una desconocida. Stefan Zweig. Acantilado. 2002. Publicada en 1922, se trata de una novela corta (apenas 80 páginas) que se lee en una hora larga. La misiva, enviada por una mujer desconocida a un famoso escritor vienés en el día de su cumpleaños, resulta ser toda una declaración de amor, por un lado, y, por otro, una descripción desgarradora de la vida de esta peculiar mujer. Una persona capaz de renunciar a todo en la vida solo por amor hacia alguien para quien tan solo es eso: una completa desconocida.

8. Frankenstein. Mary W. Shelley. Ediciones Rueda. 2002. Publicada hace 200 años bajo el título Frankenstein o el moderno Prometeo, aborda temas tan controvertidos como la moral científica, la creación y la destrucción de la vida, la naturaleza humana o la relación de los humanos con Dios. El hecho de que el doctor Frankenstein actúe como una especie de Dios, con el cual rivaliza, justifica su subtítulo, en referencia a ese Prometeo de la mitología griega que robó el fuego de los dioses para dárselo a los mortales. El hecho de que Zeus acabara castigándolo por ello también se relaciona directamente con esta obra, pues el propio doctor Frankenstein acabará recibiendo el peor castigo. 

7. La librería. Penelope Fitzgerald. Impedimenta. 2010. Una de esas novelas que nos hablan del amor por los libros y de la vergüenza ajena que los escritores y los lectores padecemos cuando comprobamos que vivimos en una sociedad que no lee lo que debiera. Estamos, pues, ante una novela que gustará a lectores y libreros, sobre todo a aquellos cuyos negocios no han podido sobrevivir a una sociedad poco dada a la cultura y a la lectura pero que, en cambio, pueden caminar con la cabeza bien alta por haberlo intentado.

6. El coronel no tiene quien le escriba. Gabriel García Márquez. Mondadori. 1987. El mundo mítico, casi ascético, que lo haría mundialmente conocido --Macondo o Aureliano Buendía ya aparecen en las páginas de la historia del coronel-- comienza a asomar en esta novela breve. Su estilo se hace más puro, más transparente, y su economía expresiva se pone de manifiesto al narrar esta historia de injusticia y violencia como consecuencia de una situación histórica provocada por las guerras, la tiranía de los gobernantes y la rebelión de las clases sociales más bajas. No obstante, todavía no encontramos los rasgos del realismo mágico propiamente dicho. Y tampoco los característicos saltos en el tiempo que más tarde serían tan habituales en las obras de Gabo.

5. Se llamaba Manuel. Víctor Fernández Correas. Ediciones Versátil. 2018. El Madrid y su ambiente, sus gentes y sus vestuarios, sus luces y sus sombras cobran vida ante nuestros ojos de la mano de un autor versátil que progresa con cada una de sus obras. Ésta se podría calificar como thriller por cuanto mantiene el suspense en todo momento. Sin embargo, también presenta rasgos de la novela histórica e incluso de la costumbrista. Además, entretiene, enseña e ilustra sobre nuestro pasado. Un pasado que vuelve, una y otra vez. Contra el que debemos luchar. Aunque sea derrochando coraje y corazón.

4. El círculo del alba. Luisa Ferro. Planeta. 2016. Una gran novela. De las que puede atraer a todo tipo de público, pues abarca prácticamente todos los grandes temas de la historia de la literatura. Y, todo ello, a través de una narrativa impecablemente sugestiva, descriptiva y reflexiva que, además, recuerda a las formas narrativas de antaño, haciendo un claro guiño a los estilos narrativos de la época --principios del siglo XX-- que tan bien recrea en la novela. Al margen de los personajes carnales, la gran protagonista de la obra es Madrid, esta ciudad que es mujer, que reparte hostias como panes, también sabe encandilar con dulces besos de violetera.  

3. La insoportable levedad del ser. Milan Kundera. Tusquets Editores. 1985. Novela temáticamente coral. Algunos la consideran filosófica-moral por sus ideas existencialistas y sus continuas referencias a ideas como el eterno retorno de Nietzsche y a teorías y obras tan conocidas como el psicoanálisis o el Edipo de Sófocles. Para otros, se trata de una novela político-social, por cuanto describe cómo fue la vida en la capital checa en el período de 1968, en plena Guerra Fría. Por ello, además, no faltan quienes le otorgan también un componente histórico, aunque parece complicada su categorización como novela histórica. Por último, muchos hablan de ella como obra sexual, afectiva y de pareja. Es probable que todos ellos tengan parte de razón. 

2. Asesinato en el Orient Express. Ágatha Christie. RBA Libros. 2013. Basta una sola tarde-noche para comprobar que la fama de reina del suspense y del misterio que acompaña a la novelista que más obras ha vendido a lo largo de la historia según el libro Guinness de los récords es absolutamente merecida. La obra más conocida de la escritora británica se escribió a la antigua usanza, es decir, siguiendo el esquema clásico de introducción, nudo y desenlace. Tras su lectura, queda claro que nada atrapa más a un lector que una novela negra bien estructurada, narrada y desarrollada.

1. Ordesa. Manuel Vilas. Alfaguara. 2018. Muchas de las más grandes novelas de todos los tiempos nacieron de los momentos más complicados de la vida de sus autores. Ejemplos de ello podemos encontrar un sinfín a poco que naveguemos por los libros o por internet. Claramente, estamos ante un nuevo caso. Ordesa es el resultado de un momento crucial en la vida de Vilas: su divorcio y la muerte de su madre (que cerró el círculo abierto unos años atrás con la pérdida de su padre). El autor hace un ejercicio de introspección, individual, familiar y hasta nacional, para transportarnos, sin ningún tipo de orden cronológico, a los años 60, 70 y 80 del siglo pasado de esta España nuestra. 


miércoles, 17 de enero de 2018

El jugador. Fiodor Dostoievski. Servilibro Ediciones. 2012. Reseña





     En 1866, cuando Dostoievski contaba cuarenta y cinco años de edad, compaginó las escrituras de Crimen y castigo, una de sus obras más celebradas, y El jugador, novela corta que nos ocupa en estas líneas. Centrado en la primera durante largo tiempo, acabó cumpliendo el compromiso adquirido con su editor, Stellovski, respecto a El jugador dictándosela a viva voz a una joven taquígrafa, Anna Snitkina, que acabó convirtiéndose en su segunda esposa. Así, lo que en un principio iba a ser una obra menor, ha ido ganando con el paso de los años, justamente por la fuerza de la oralidad con la que fue escrita-dictada. El lenguaje brusco y directo, su frescura de diálogos y un ritmo nervioso han hecho de esta novela corta una de las más conocidas de la obra dostoievskiana. 

     Su título original fue Ruletenburg, ciudad ficticia alemana creada por el genio ruso en la que se desarrolla la acción, narrada en primera persona por el protagonista principal, Aleksei Ivanovich, un joven tutor empleado por un general ruso retirado venido a menos. En la novela volcó muchas de sus experiencias personales en los balnearios de Wiesbaden, Baden-Baden o Homburg, grandes centros del juego europeo, frecuentados por los rusos en sus viajes por Europa occidental. Además, recrea su pasional y excéntrica relación con su amante, Apollinaria (Polina) Prokofievna Suslova, que lo acabó abandonando tras perder todo su dinero en las ruletas de Wiesbaden.

     Por tanto, el valor de esta obra es formidable, pues, como ya había hecho con Memorias del subsuelo --en las que recordó su estancia en la cárcel de Siberia-- y haría más tarde con Los hermanos Karamazov --donde pasó factura a un padre tiránico y alcoholizado--, escribió una novela en gran parte autobiográfica, en la que el más reconocido moscovita de su época pasó revista tanto a su vida personal como a la sociedad de la que fue contemporáneo. Los vaivenes económicos (a consecuencia básicamente de la diferente fortuna en las ruletas), los ambientes de los balnearios alemanes y los escarceos amorosos del protagonista constituyen los ejes centrales de la novela.

     El jugador retrata a ese alter ego ruso sin recursos pero eminentemente culto que caerá atrapado en la pasión del juego, pero también a las clases altas europeas que se dejaban ver por los balnearios-casinos alemanes, a los que critica sin ningún tipo de tapujo. Así, describe a los rusos como apasionados y extravagantes, orgullosos y ridículos a la vez; a los franceses, como galantes, de formas bellas pero falsos; a los ingleses, como educados, enigmáticos y calculadores; y a los alemanes, como serviles e interesados. La descripción de los personajes se nos muestra de forma casi milimétrica, lo que tiene doble valor habida cuenta de la forma de escritura-dictado de la obra.

     Sin embargo, como buen ruso, Dostoievski demuestra ser bastante poco neutral al expresar sus propias convicciones. De manera que no duda un instante en salir en defensa de la dignidad de los rusos. Aunque, eso sí, plasma a la perfección las contradicciones del espíritu humano y sus luchas internas. Todo ello, personalizado en la figura de ese alter ego que es Aleksei Ivanovich, por lo que queda claro que la pretensión del autor era liberarse de recuerdos personales tan duros para hacer borrón y cuenta nueva, redimirse y, quién sabe, comenzar desde cero. Algo que consiguió finalmente en Ginebra de la mano de su segunda esposa. 

     El personaje de Ivanovich, tutor de los hijos del general Zagorianski, representa el alma atormentada del propio Dostoievski, pero también constituye un fiel retrato de muchos de los rusos que residían en el extranjero. El general Zagorianski sufre una obsesión casi enfermiza por madamoiselle Blanche de Cominges que lo lleva al delirio al principio y finalmente a la misma desesperación. Lo arriesga todo en la ruleta con tal de obtener el sí, quiero de su amada. Polina Aleksandrovna, hija del general, está enamorada del francés Des Grieux, marqués que ha sabido aprovechar las debilidades del general para prestarle un dinero que ahora ansía recuperar. Mr. Astley, un adinerado inglés, parece ser el único en poner algo de cordura a una familia en serio de peligro de desintegración.

     Y Antonida Vasilievna, la tía del general, es la clave de las acciones de los demás protagonistas, que basculan en torno a ella en todo momento. Anciana y enferma, asiste al reparto de su herencia entre sus herederos, quienes no hacen más que mandar telegramas a Moscú para conocer la noticia de la posible muerte de la vieja. Su inesperada llegada a Ruletenburg cambia absolutamente el comportamiento de todos sus familiares, y también el de los demás personajes. Pasa de desconocer por completo el juego de la ruleta a convertirse en un gran ejemplo de ludopatía y dependencia del juego. Su temerario comportamiento en la mesa de juego acaba por poner a su familia al borde del precipicio. Y, como no podía ser de otra manera, llegados a esa situación, cada cual luchará por sus propios intereses. 

     El jugador constituye una obra de gran magnitud, pues nos permite conocer de primera mano hechos reales de la vida de uno de los más importantes escritores del siglo XIX, así como elementos de la sociedad en que vivió: la emigración rusa, los balnearios-casinos germanos, las relaciones interpersonales y las bajas pasiones (y, con ello, no me refiero solo a las que tienen que ver con el juego). Una novela que puede servir perfectamente como una magnífica primera toma de contacto con Fiodor Dostoievski. Y hablo con conocimiento de causa...