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sábado, 19 de julio de 2025

El testigo invisible. Carmen Posadas. Planeta. 2013. Reseña

 




    El asesinato de la familia del zar Nicolás II durante la madrugada del 17 de julio de 1918 es uno de los episodios de la Historia contemporánea más estudiados. De aquella terrorífica noche solo salió con vida Leonid Sednev, pinche de cocina y antiguo deshollinador imperial -o water baby, como se les conocía en la época-, un joven de quince años que en los últimos tiempos se convirtió en compañero de juegos del hijo del zar y en amigo de sus cuatro hijas, las grandes duquesas. Aunque no se sabe a ciencia cierta qué sucedió con el joven -según algunos, murió víctima de las purgas de Stalin; según otros, logró huir a Sudamérica-, sí se cree que escribió unas memorias de sus tiempos al servicio de la familia imperial, si bien se desconoce también qué fue de ellas. Temas que dan para muchas teorías y elucubraciones. De una de ellas nació la idea de Carmen Posadas para documentar y escribir esta novela.

    La autora de origen uruguayo se toma varias licencias a la hora de plantear El testigo invisible. La primera, dar por hecho que Leonid Sednev huyó a Uruguay, donde vivió hasta su muerte --en la novela, julio de 1994-. Como explica la autora en una nota final, son miles los rusos con historias fascinantes que llegaron a Uruguay después de la Revolución bolchevique. Existe incluso una colonia en el departamento de Río Negro en la que viven los descendientes de muchos de ellos. Personas con apellidos rusos tienen hoy en día nacionalidad uruguaya. Establecida la conexión Rusia-Uruguay, la segunda licencia que se permite tomar Carmen Posadas es la de la existencia de esas supuestas memorias del ex deshollinador y pinche de cocina de la familia del zar. Unas memorias que habrían sido mitad escritas en un cuaderno y mitad grabadas en un magnetófono cerca ya de la muerte del testigo invisible del asesinato. 

    Alguien -un hombre de características semejantes al protagonista de la novela- le explicó una vez a la autora que los grandes secretos son como los hechizos, y se desvanecen en cuanto uno los cuenta. Y de esa frase nace la tercera licencia narrativa de Carmen Posadas: la de situar en Montevideo y en 1994, más de 76 años después de los hechos narrados, el desarrollo de las memorias de Leonid Sednev. Algo que justifica así: en tiempos tan exhibicionistas como estos, en los que la gente cuenta no solo lo que es verdad, sino muchas veces lo que nunca sucedió, me encanta la idea de alguien que elige guardar un secreto para que lo acompañe hasta su último aliento. Idea que viene acompañada de un hecho importante para el desarrollo de la novela y que, aunque no debe ser desvelado en una reseña como esta, tiene que ver con el amor. Con una historia de amor entre el protagonista y una de las grandes duquesas. 

    Durante muchos años vivió Sednev prácticamente en el anonimato. Water baby, pinche de cocina y servidor de la familia del zar, pasó poco a poco de ser un testigo invisible de la vida de los Romanov a convertirse en actor protagonista. Un actor que, mientras ve decrecer a marchas forzadas el número de fieles seguidores de Nicolás II, adquiere un papel más importante. Que juega con el zarévich y las cuatro duquesas. Que teje relaciones cada vez más estrechas con ellos. Que asiste, entre la inocencia de un niño de solo quince años y el estupor de ver todo cuanto acontece en torno a la familia a la que sirve, muy venida a menos, al ocaso de toda una dinastía. A un acontecimiento que cambiaría la vida de todo un país. Una gran nación que ansiaba la eternidad y la infinitud y que acabó replegándose sobre sí misma en manos de unos nuevos tiranos mucho mayores que aquellos con los que acabó de forma tan trágica en 1918.

    Como toda novela histórica bien documentada, también El testigo invisible nos sirve para aprender Historia. La política interna y externa, las relaciones internacionales, las guerras, la vida en la corte imperial, los constantes choques entre el mundo rural y la ciudad, la complicada situación de la economía rusa, su sociedad piramidal y las luchas entre los revolucionarios, divididos en varios bloques, son temas que trata la autora en las páginas de la novela. No lo hace de forma directa, pero el lector que sepa leer entre líneas podrá utilizar esta historia como una manera de aprender cómo era la Rusia del primer cuarto del siglo XX. Una Rusia en la que jugó un papel primordial Grigori Efimovich, más conocido como Rasputín. Personaje que bien merecería un capítulo aparte merced a su gran capacidad para influir en su amiga personal Alejandra Fiodorovna, esposa consorte de Nicolás II, quien influía a su vez en su esposo.

    Tanto es así que Carmen Posadas toma como punto de partida para su novela una carta de Rasputín a Nicolás II. Escrita pocos días antes de su asesinato, decía así: sé que partiré antes del 1 de enero. Si muero a manos de mis hermanos los campesinos rusos, nada habréis de temer, y vuestro linaje reinará por cuatrocientos años. Pero si son vuestros parientes ricos quienes procuran mi muerte, ni vosotros ni ninguno de vuestros cinco hijos me sobrevivirá más de dos años. Moriréis a manos del pueblo de Rusia. Ya no estoy entre los vivos, me matarán en breve, pero mi muerte se replicará en la vuestra como los círculos concéntricos que produce una piedra al caer en las aguas de un estanque. Profecía o maldición, lo cierto es que el vaticinio del místico de Pokrovskoye - asesinado en diciembre de 1916- se cumplió de forma escrupulosa. Y aterradora. Esa especie de Jesucristo, sanador y adivino, influyó incluso demasiado en la zarina Alejandra. Para bien y para mal.

    La amistad entre Leo y Iuri, un enano water baby que lo dobla en edad pero no en tamaño corporal; la relación entre las grandes duquesas -Olga, Tatiana, María y Anastasia-, que componen en el reino de OTMA (sus habitaciones imperiales) una especie de mosquetería dumasiana bajo el lema de todas para una y una para todas; las intrigas para asesinar a Rasputín y al zar; las divisiones entre los agentes revolucionarios; la mala prensa de que gozaba la zarina; el deseo de Leonid de dejar constancia de lo ocurrido casi ochenta años atrás antes de que su enfermedad le venza al fin; y su estrecha confianza con María, la auxiliar de clínica que lo atiende en el hospital de Montevideo en el que va muriendo poco a poco, y a quien le encomienda dar a conocer su historia una vez él haya partido, componen un mural en forma de libro que el lector debe leer hasta su final de forma adictiva. Aunque sepa desde el principio cuál es su desenlace. Y, cuando se conoce el final de una historia y aún así el lector devora sus páginas, es porque merece la pena. Por su forma y por su fondo. Sin duda, El testigo invisible es una gran novela.                 


miércoles, 17 de enero de 2018

El jugador. Fiodor Dostoievski. Servilibro Ediciones. 2012. Reseña





     En 1866, cuando Dostoievski contaba cuarenta y cinco años de edad, compaginó las escrituras de Crimen y castigo, una de sus obras más celebradas, y El jugador, novela corta que nos ocupa en estas líneas. Centrado en la primera durante largo tiempo, acabó cumpliendo el compromiso adquirido con su editor, Stellovski, respecto a El jugador dictándosela a viva voz a una joven taquígrafa, Anna Snitkina, que acabó convirtiéndose en su segunda esposa. Así, lo que en un principio iba a ser una obra menor, ha ido ganando con el paso de los años, justamente por la fuerza de la oralidad con la que fue escrita-dictada. El lenguaje brusco y directo, su frescura de diálogos y un ritmo nervioso han hecho de esta novela corta una de las más conocidas de la obra dostoievskiana. 

     Su título original fue Ruletenburg, ciudad ficticia alemana creada por el genio ruso en la que se desarrolla la acción, narrada en primera persona por el protagonista principal, Aleksei Ivanovich, un joven tutor empleado por un general ruso retirado venido a menos. En la novela volcó muchas de sus experiencias personales en los balnearios de Wiesbaden, Baden-Baden o Homburg, grandes centros del juego europeo, frecuentados por los rusos en sus viajes por Europa occidental. Además, recrea su pasional y excéntrica relación con su amante, Apollinaria (Polina) Prokofievna Suslova, que lo acabó abandonando tras perder todo su dinero en las ruletas de Wiesbaden.

     Por tanto, el valor de esta obra es formidable, pues, como ya había hecho con Memorias del subsuelo --en las que recordó su estancia en la cárcel de Siberia-- y haría más tarde con Los hermanos Karamazov --donde pasó factura a un padre tiránico y alcoholizado--, escribió una novela en gran parte autobiográfica, en la que el más reconocido moscovita de su época pasó revista tanto a su vida personal como a la sociedad de la que fue contemporáneo. Los vaivenes económicos (a consecuencia básicamente de la diferente fortuna en las ruletas), los ambientes de los balnearios alemanes y los escarceos amorosos del protagonista constituyen los ejes centrales de la novela.

     El jugador retrata a ese alter ego ruso sin recursos pero eminentemente culto que caerá atrapado en la pasión del juego, pero también a las clases altas europeas que se dejaban ver por los balnearios-casinos alemanes, a los que critica sin ningún tipo de tapujo. Así, describe a los rusos como apasionados y extravagantes, orgullosos y ridículos a la vez; a los franceses, como galantes, de formas bellas pero falsos; a los ingleses, como educados, enigmáticos y calculadores; y a los alemanes, como serviles e interesados. La descripción de los personajes se nos muestra de forma casi milimétrica, lo que tiene doble valor habida cuenta de la forma de escritura-dictado de la obra.

     Sin embargo, como buen ruso, Dostoievski demuestra ser bastante poco neutral al expresar sus propias convicciones. De manera que no duda un instante en salir en defensa de la dignidad de los rusos. Aunque, eso sí, plasma a la perfección las contradicciones del espíritu humano y sus luchas internas. Todo ello, personalizado en la figura de ese alter ego que es Aleksei Ivanovich, por lo que queda claro que la pretensión del autor era liberarse de recuerdos personales tan duros para hacer borrón y cuenta nueva, redimirse y, quién sabe, comenzar desde cero. Algo que consiguió finalmente en Ginebra de la mano de su segunda esposa. 

     El personaje de Ivanovich, tutor de los hijos del general Zagorianski, representa el alma atormentada del propio Dostoievski, pero también constituye un fiel retrato de muchos de los rusos que residían en el extranjero. El general Zagorianski sufre una obsesión casi enfermiza por madamoiselle Blanche de Cominges que lo lleva al delirio al principio y finalmente a la misma desesperación. Lo arriesga todo en la ruleta con tal de obtener el sí, quiero de su amada. Polina Aleksandrovna, hija del general, está enamorada del francés Des Grieux, marqués que ha sabido aprovechar las debilidades del general para prestarle un dinero que ahora ansía recuperar. Mr. Astley, un adinerado inglés, parece ser el único en poner algo de cordura a una familia en serio de peligro de desintegración.

     Y Antonida Vasilievna, la tía del general, es la clave de las acciones de los demás protagonistas, que basculan en torno a ella en todo momento. Anciana y enferma, asiste al reparto de su herencia entre sus herederos, quienes no hacen más que mandar telegramas a Moscú para conocer la noticia de la posible muerte de la vieja. Su inesperada llegada a Ruletenburg cambia absolutamente el comportamiento de todos sus familiares, y también el de los demás personajes. Pasa de desconocer por completo el juego de la ruleta a convertirse en un gran ejemplo de ludopatía y dependencia del juego. Su temerario comportamiento en la mesa de juego acaba por poner a su familia al borde del precipicio. Y, como no podía ser de otra manera, llegados a esa situación, cada cual luchará por sus propios intereses. 

     El jugador constituye una obra de gran magnitud, pues nos permite conocer de primera mano hechos reales de la vida de uno de los más importantes escritores del siglo XIX, así como elementos de la sociedad en que vivió: la emigración rusa, los balnearios-casinos germanos, las relaciones interpersonales y las bajas pasiones (y, con ello, no me refiero solo a las que tienen que ver con el juego). Una novela que puede servir perfectamente como una magnífica primera toma de contacto con Fiodor Dostoievski. Y hablo con conocimiento de causa...                         


miércoles, 23 de marzo de 2011

Las resoluciones de la ONU, la venta de armas y la importancia del petróleo

     En mi anterior entrada os hablé sobre la intervención aliada en la guerra civil de Libia. En ella defendí que la situación es idéntica a la acaecida en Irak hace apenas ocho años. Con esta nueva entrada pretendo afrontar una cuestión que a muchos les sirve para dar legitimidad a la intervención en el país norteafricano. Para ellos, Irak no es Libia porque en este último caso hay una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que autoriza dicha intervención. Se trata de un hecho que en condiciones normales, evidentemente, sí que diferenciaría la situación vivida en Irak (2003) y Libia (2011). Por desgracia, no se dan dichas condiciones. Veamos por qué.

     La resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, del 17 de marzo, autoriza a tomar todas las medidas necesarias para "proteger a los civiles y a las áreas pobladas bajo amenaza de ataques", incluyendo la creación de una zona de exclusión aérea sobre el país y excluyendo explícitamente la intervención terrestre en cualquier parte del país. Como podemos ver, se trata de una resolución de una alarmente ambigüedad teniendo en cuenta la gravedad de la cuestión. Y todo ello porque se realizó con demasiadas prisas. He aquí el primer gran error. Vamos con el segundo: los dos únicos precedentes de creación de dicha zona de exclusión aérea se remontan a los noventa. En ambos casos, Balcanes (1993) e Irak (1991), la medida no sirvió de nada y se convirtió en la antesala de posteriores invasiones militares terrestres. Es decir, que poco o nada se ha aprendido del pasado.

     A las 48 horas de aprobarse la resolución, y a toda prisa, comienza la invasión aliada alegando que Gadafi no solo no ha cumplido con dicha resolución sino que continúa con sus bombardeos sobre Bengasi. Se actúa con rapidez, dicen, para evitar el genocidio.

     Veamos a continuación unas cuantas resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que ni se han cumplido ni se cumplirán ni conllevarán medida ninguna por parte de la ONU:

     a) Resoluciones incumplidas por Israel, entre 1955 y 2003, en referencia a la cuestión de Palestina (evidentemente, no hace falta leerlas todas (incluso yo he hecho un corta-pega para no agobiarme, ni cabrearme, demasiado)):

• Resolución 106 (1955): Condena el ataque del Ejército israelí sobre tropas egipcias en la franja de Gaza.
• Resolución 111 (1955): Condena a Israel por el ataque a Siria que mató a 56 personas, pues viola el armnisticio firmado con Siria, y el alto el fuego provisional establecido por la resolución 54 (1948).
• Resolución 127 (1958): Recomienda a Israel poner fin a sus actividades en la zona que no está bajo su soberanía en Jerusalén.
• Resolución 162 (1961): Urge a Israel a que respete y aplique las resoluciones de Naciones Unidas.
• Resolución 171 (1962): Determina que los ataques de Israel sobre Siria son una flagrante violación de la resolución 111, así como del armisticio firmado entre ambos países.
• Resolución 228 (1966): Censura a Israel por sus incursiones militares en el West Bank, en control de Cisjordania. Condena las pérdidas de vidas y propiedades causadas por estas acciones.
• Resolución 237 (1967): Pide a Israel que permita el retorno de los refugiados que huyeron durante la Guerra de los Seis Días, y que garantice la seguridad de la población civil bajo su control.
• Resolución 242 (1967: Considera inadmisible la adquisición de territorios como botín de guerra y pide la restirada de Israel de los mismos, instando a una solución justa al problema de los refugiados.
• Resolución 248 (1968): Condena a Israel por su ataque masivo y planificado a Jordania. Le exige que respete la resolución 237.
• Resolución 250 (1968): Realiza un llamamiento a Israel para que no realice un desfile militar en Jerusalén el día 2 de mayo.
• Resolución 251 (1968): Lamenta profundamente que Israel llevase a cabo el desfile militar en Jerusalén desafiando así la resolución 250.
• Resolución 252 (1968): Declara inválida la acción de Israel para unificar Jerusalén como "capital judía", ya que, hasta el momento, la sección oriental de la ciudad se encontraba bajo dominio jordano.
• Resolución 256 (1968): Condena las incursiones de Israel en Jordania como violaciones flagrantes de la resolución 252. Y afirma que tomará medidas por la dimensión de los ataques y porque fueron premeditados.
• Resolución 259 (1968): Deplora la demora por parte de Israel en aceptar la visita de un Representante Especial de Naciones Unidas a los territorios recientemente ocupados, que colabore con la puesta en marcha en lo establecido por la resolución 237.
• Resolución 262 (1968): Condena a Israel por atacar el aeropuerto de Beirut.
• Resolución 265 (1969): Condena a Israel por los ataques aéreos a Jordania que violan nuevamente el alto el fuego.
• Resolución 267 (1969): Censura a Israel por cambiar el estatus de Jerusalén sin respetar los establecido por la resolución 252.
• Resolución 270 (1969: Los ataques del Ejército de Defensa de Israel a aldeas en el sur de Líbano son condenados por el Consejo de Seguridad.
• Resolución 271 (1969): Israel es condenada una vez más por desobedecer las resoluciones precedentes de Naciones Unidas sobre Jerusalén.
• Resolución 279 (1970): Demanda la salida de las tropas israelíes de Líbano.
• Resolución 280 (1970): Condena los ataques de Israel en Líbano. Recuerda lo expresado en la resolución 279. Deplora la indiferencia de Israel a las resoluciones 262 y 270.
• Resolución 285 (1970): Exige la retirada inmediata y completa de Israel de Líbano. Los Estados Unidos se abstienen en la votación.
• Resolución 298 (1971): Recuerda las resoluciones anteriores ignoradas por Israel con respecto a no transformar el estatus de Jerusalén. Y pide que se tomen las acciones legales y administrativas contra Israel.
• Resolución 316 (1972): Enumera la larga lista de resoluciones que Israel no ha cumplido en Líbano. Y vuelve a condenar sus acciones militares en este país.
• Resolución 317 (1972): Deplora la negativa de Israel de liberar a los árabes secuestrados en Líbano.
• Resolución 332 (1972): Condena los ataques de Israel en Líbano que violan los armisticios firmados así como varias resoluciones anteriores.
• Resolución 337 (1973): Condena el secuestro de un avión de pasajeros libanés por parte de Israel, así como la violación de la soberanía libanesa.
• Resolución 347 (1974): Condena a Israel por nuevos ataques en Líbano.
• Resolución 425 (1978): Solicita a Israel que retire sus fuerzas de Líbano.
• Resolución 427 (1978): Pide a Israel que complete su retirada de Líbano.
• Resolución 444 (1978): Deplora la falta de cooperación de Israel con las fuerzas de paz de Naciones Unidas.
• Resolución 446 (1979): Determina que los asentamientos israelíes en Cisjordania, los Altos del Golán, la franja de Gaza y Jerusalén Oriental son un obstáculo para la paz en Oriente Próximo. Y pide una vez más a Israel que respete la Cuarta Convención de Ginebra.
• Resolución 450 (1979): Pide a Israel que deje de atacar a Líbano.
• Resolución 452 (1979): Solicita a Israel que deje de construir asentamientos en los Territorios Ocupados.
• Resolución 465 (1979): Deplora los asentamientos israelíes en los Territorios Ocupados y solicita a los Estados miembros que no colaboren con la construcción de estos asentamientos.
• Resolución 467 (1980): Condena la intervención militar israelí en Líbano.
• Resolución 468 (1980): El Consejo de Seguridad se muestra profundamente consternado por la expulsión por parte de Israel, como fuerza ocupante, de tres palestinos, los alcaldes de Hebrón y Halhoul, y un juez de Hebrón.
• Resolución 469 (1980): Deplora la negativa de Israel a hacer caso a la resolución 468.
• Resolución 471 (1980): Muestra una honda preocupación por la falta de respeto de Israel a la Cuarta Convención de Ginebra en los Territorios Ocupados, especialmente a su artículo 27, por el que debe garantizar el tratamiento humano y la protección de los civiles.
• Resolución 476 (1980): Pide que termine la ocupación por parte de Israel de los territorios ocupados en 1967, incluido Jerusalén. Reitera que todas las medidas tomadas por Israel para cambiar el estatus, la fisonomía y la composición demográfica de Jerusalén son ilegales.
• Resolución 478 (1980): Censura a Israel por proclamar en su parlamento a la ciudad ocupada de Jerusalén como "eterna e indivisible". Y pide a los estados miembros que retiren sus embajadas de Jerusalén como castigo. También le pide que obedezca las anteriores resoluciones del Consejo con respecto a Jerusalén y que respete la Cuarta Convención de Ginebra. En 1995, EEUU reconoció a Jerusalén como capital del Estado de Israel.
• Resolución 484 (1980): Declara imperativo que Israel readmita a los dos alcaldes expulsados de los Territorios Ocupados.
• Resolución 487 (1981): Condena el ataque militar de Israel a Iraq el día 12 de junio de 1981. Y pide que abra sus instalaciones a los inspectores de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA).
• Resolución 498 (1981): Exige a Israel que se retire de Líbano.
• Resolución 501 (1982): Pide a Israel que detenga sus ataques en Líbano y le exige que retire sus tropas.
• Resolución 509 (1982): Demanda, nuevamente, a Israel que se retire de forma incondicional de Líbano.
• Resolución 515 (1982): Exige a Israel que levante el sitio de Beirut y que permite el ingreso de ayuda humanitaria.
• Resolución 517 (1982): Censura a Israel por no obedecer la anteriores resoluciones del Consejo de Seguridad y le exige que retire las tropas de Líbano.
• Resolución 518 (1982): Exige a Israel que coopere con las fuerzas de Naciones Unidas en Líbano.
• Resolución 520 (1982): Condena a Israel por sus ataques en Cisjordania.
• Resolución 573 (1985): Condena vigorosamente a Israel por bombardear los cuarteles de la OLP en Túnez.
• Resolución 587 (1986): Toma nota de la desobediencia de Israel a las anteriores resoluciones del Consejo de Seguridad sobre Líbano, y le exige nuevamente que salga de este país.
• Resolución 592 (1986): Deplora fuertemente la matanza de "estudiantes palestinos indefensos" en la universidad de Bir Zeit por parte de tropas israelíes.
• Resolución 605 (1987): Deplora las prácticas y políticas de Israel que violan los Derechos Humanos de los palestinos.
• Resolución 607 (1988): Pide a Israel que deje de deportar a palestinos y le pide que respete la Cuarta Convención de Ginebra.
• Resolución 608 (1988): Se lamenta de que Israel no haga caso a las resoluciones de Naciones Unidas y continúe deportando a civiles palestinos.
• Resolución 636 (1989): Se lamenta de que Israel siga con su política de expulsión de civiles palestinos y le exige que les permita regresar a su tierra.
• Resolución 641 (1981): Deplora la constante deportación de palestinos.
• Resolución 672 (1990): Condena a Israel por su violencia contra los palestinos en Haram al-Sharif, y otros lugares sagrados de Jerusalén que terminó con la vida de 20 civiles.
• Resolución 673 (1990): Urge a Israel a que colabore con Naciones Unidas.
• Resolución 681 (1990): Deplora la decisión de Israel de reanudar las deportaciones de palestinos.
• Resolución 694 (1991): Deplora las deportaciones de palestinos por parte de Israel y solitica que les permita volver de forma segura y sin dilación.
• Resolución 726 (1992): Condena a Israel por la deportación de palestinos y le pide que respete la Cuarta Convención de Ginebra.
• Resolución 799 (1992): Condena la deportación por parte de Israel de 413 palestinos.
• Resolución 904 (1994): Condena la masacre de Hebrón y exige a Israel la confiscación de armas a los colonos israelíes para evitar las acciones violentas.
• Resolución 1322 (2000): Condena de los actos de violencia contra palestinos desatada en los Santos Lugares.
• Resolución ES-10/13 (2003) y de la Comisión de DDHH (2004): Se insta a Israel a paralizar la barrera de Cisjordania.

     Por lo visto, cuando se trata de Israel no hay tanta urgencia en el cumplimiento de las resoluciones del Consejo. Es más, no son de obligado cumplimiento. ¿Cuántas veces se podría haber invadido ya este país utilizando la misma regla de tres que en el caso libio? Los palestinos no merecen recibir ayudas por causas humanitarias. No sufren genocidio. 

     b) Resoluciones incumplidas por Marruecos, entre 1966 y 2010, en referencia a las múltiples y repetidas violaciones hacia el derecho de determinación del pueblo saharahui. ¡Tranquilos, no voy a hacer aquí ningún corta-pega o no cabrá todo este post en el blog!

     El caso es que tampoco aquí se le piden cuentas a Marruecos, no sea que el rey se enfade y haya lío. Además, por si acaso, se van posponiendo los referéndums de autodeterminación. Por cierto, ¿os acordáis de los recientes sucesos acaecidos en El Aaiún? Pues eso, los saharauis tampoco merecen ayudas humanitarias. Tampoco sufren genocidio ninguno.

     Pero, siendo grave no cumplir las resoluciones del Consejo, también lo es hacer la guerra sin contar con su apoyo, tal y como pasó en 2003 en la guerra de Irak. EE. UU. y el resto de aliados invadieron el país para impedir la utilización de armas de destrucción masiva que no existían. ¿Qué medidas se tomó contra los países que hicieron la guerra por su cuenta sin contar con una resolución del Consejo? ¡Ninguna!

     La Carta de las Naciones Unidas, entre otros caracteres especiales, defiende que su fin primordial es "el mantenimiento de la seguridad y la paz internacional" y establece que "a ningún estado le está permitido usar la fuerza contra otro estado, sea cual sea la situación, salvo en legítima defensa, es decir, con previa agresión". ¿Cuál fue la agresión de Saddam Hussein que motivó la invasión de su país en 2003? ¿Por qué no se tomaron medidas contra los países que se saltaron esta ordenanza?

     Vamos con otros hechos realmente curiosos, si me lo permitís. El motivo de la intervención en Libia se dice que es humanitario, para evitar el genocidio. En el Consejo de Seguridad de la ONU hay cinco miembros permanentes con derecho de veto (EE. UU., China, Rusia, Francia y Gran Bretaña) y otros diez no permanentes que van rotando cada dos años. ¿Sabéis de dónde ha comprado Gadafi las armas con las que ahora "extermina" al indefenso pueblo de Bengasi? Los cinco países que más armas exportan en el mundo son: EE. UU., China, Rusia, Francia y Gran Bretaña. ¿Os suenan, verdad? Son los mismo cinco que dominan como quieren el Consejo de Seguridad de la ONU.

     Estos cinco países son cómplices del transporte de armamentos que llega a países en conflicto o donde se cometen , con sus armas, crímenes de guerra o graves violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario. Libia es uno de esos países. Y España también es cómplice, por supuesto que sí.

     El gobierno español vendió a Israel en el primer semestre de 2008, seis meses antes de la invasión de Gaza, material bélico por un valor de 1.551.933 euros. Aquí tenéis el enlace de la noticia de la que he extraído el dato. Pero no solo a Israel. También a otros países en conflicto, como Angola, Ghana, Sudán o Marruecos. Para los incrédulos, otro enlace donde comprobar la veracidad de mis afirmaciones anteriores.

     ¿Sabéis a qué otro país vendió armas el gobierno de España desde 2007 hasta hace apenas diez días? Acertásteis, sí: ¡a Libia!  

     Como afirma Araceli Mangas, catedrática de relaciones internacionales de la Universidad de Salamanca, "Gadafi interesaba a Occidente porque compraba armas rápido y en efectivo". "Hay conflictos armados civiles brutales desde hace años en Birmania, Sudán o la República del Congo, por ejemplo, y tampoco hemos actuado ni se hacen editoriales ni los tertulianos se acuerdan de sus poblaciones civiles". 

     Actualmente no solo en Libia está siendo asesinada gente inocente. En Bahrein, Yemen y Siria los dictatoriales mandatarios están ordenando a sus ejércitos abrir fuego contra los manifestantes, estos sí, civiles indefensos no armados. Allí, como en Palestina o en el Sáhara, tampoco merecen ayudas por causas humanitarias. Tampoco hay genocidio.

     Con tantas resoluciones incumplidas y tantos países que actúan al márgen de la legalidad internacional en beneficio propio, ¿de verdad creéis que la ONU está en situación de dictaminar si una guerra es justa o injusta? ¿La existencia de la resolución 1973 legitima por sí misma realmente la intervención en Libia? ¿Solo se cometen genocidios en los países donde se produce gran cantidad de barriles de petróleo al día? Libia produce 1800 barriles de petróleo al día, de los que exporta 1325. ¿Estaríamos hablando de todo esto si en dicho país no se produjeran y exportaran los citados barriles de oro negro?

     Mirad, tengo una teoría bien sencilla de entender. Gadafi ha sido utilizado por varios países. Siempre ha sido un criminal, pero daba igual. Acordaban con él compra-ventas de armas y de petróleo y todos eran felices. Como ahora aparece en el país un grupo muy importante y numeroso capaz de arrebatarle el poder (los indefensos civiles de Bengasi que, por cierto, tienen carros de combate y material antiaéreo) se les apoya para acabar con el miserable dictador. ¿Para qué? Para seguir con los intercambios comerciales pero con más amplios márgenes de beneficios, para ambas partes, por los servicios mútuamente prestados. ¿Importa algo que pueda morir mucha gente? ¿Acaso importan las causas humanitarias? Pues por supuesto que no: lo que les importa, tanto a los aliados como a los rebeldes de Bengasi, es el petróleo y los negocios que con él pueden hacer. Exactamente igual que al dictador que hay que derrocar...

     Recomiendo que veáis la película "El señor de la guerra" (2005), dirigida por Andrew Niccol y protagonizada por Nicholas Cage, Ethan Hawke y Jared Leto. Por favor, llamemos las cosas por su nombre. No seamos hipócritas ni cínicos. Para eso ya están ellos, los políticos. Esta guerra es igual de injusta que la de Irak. Sin duda.