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viernes, 26 de octubre de 2018

Cataluña: un año tras la DUI





     Mañana se cumple un año de la declaración unilateral de independencia de Cataluña. Muchas cosas pasaron durante los días y semanas anteriores a este hecho, y muchas otras más han ocurrido estos doce meses posteriores. El presente artículo trata de aclarar algunos aspectos y de analizar la compleja situación en que se encuentran Cataluña y España. ¿Estamos mejor o peor que hace un año? Depende de cómo se mire, obviamente.

     En primer lugar, resulta evidente que los líderes independentistas cometieron varios delitos durante las semanas anteriores y posteriores al referéndum ilegal del 1-O. El mismo hecho de convocarlo y llevarlo efectivamente a cabo ya incurre en desobediencia --grave, además, por cuanto dicho referéndum fue declarado ilegal por el Tribunal Constitucional-- y en prevaricación --por ser una resolución contraria  a la ley vigente--, delito que se acompañó, además, de las leyes de septiembre y de la propia DUI del 27 de octubre.

     Un tercer delito deberá ser probado en el futuro juicio. Es el que, en mi modesta opinión, ofrece mayores dudas. Se trata del de la malversación de fondos públicos. Y digo que ofrece dudas porque las cuentas de la Generalitat fueron bloqueadas por el Gobierno de España en aras de asegurar precisamente que no se desviara un solo euro público para la celebración de dicho referéndum. Además, el propio ministro (por aquel entonces) Montoro aseguró que no había existido malversación, provocando el enorme cabreo del juez Llarena. Así las cosas, la única manera de que hubiera malversación sería a través del desvío de otras partidas, aspecto este que, como he dicho antes, deberá ser demostrado en el juicio.

    Menos dudas --por no decir ninguna-- debemos tener respecto a los delitos cuarto y quinto, es decir, rebelión y sedición. Y esto es así porque el vigente Código Penal español dice claramente que para que existan semejantes delitos debe haberse producido un alzamiento violento y público. Por poner un ejemplo claro y definitivo, el último alzamiento violento y público que ha habido en España se produjo el 23 de febrero de 1981, cuando el teniente coronel Tejero entró en el Congreso de los Diputados pegando tiros y secuestrando a los allí reunidos y el ejército sacó los tanques a las calles de las principales capitales españolas. Resulta más que evidente, pues, que no se puede acusar a los líderes independentistas de rebelión y sedición.

     La única violencia que ha habido en este proceso se dio el 1-O, cuando alguien envió a la guardia civil y a la policía a pegar a los ciudadanos catalanes que querían ejercer el voto en el referéndum ilegal. Aquellas imágenes dieron la vuelta al mundo, y los medios internacionales llegaron a comparar a España con Venezuela y Turquía. Además, los independentistas no movieron un solo dedo para realizar las acciones lógicas y típicas en semejantes casos: tomar aeropuertos y estaciones de tren y autobuses, cerrar las fronteras y cortar carreteras y quitar la bandera (en este caso la española) de las principales instituciones (Parlament, Palau de la Generalitat, ayuntamiento de la capital, Barcelona, etc). Por tanto, no parece lógico pensar en que hubiera rebelión y sedición, tratándose de una DUI más simbólica que otra cosa.

     Tras el 27-O, los líderes independentistas debieron decidir entre prisión o exilio. Puigdemont, que no era partidario de la DUI --la cual llegó a posponer hasta en dos ocasiones entre los días 10 y 27--, y que acabó sometiendo la cuestión a votación en el Parlament tras las presiones de ERC y las CUP, que llegaron a llamarlo traidor, decidió el exilio. Eludió la prisión, internacionalizó el conflicto y puso en evidencia en repetidas ocasiones al juez Llarena, que todavía no ha conseguido su extradición por rebelión y sedición. Curiosamente, en la actualidad, es el máximo defensor de la independencia catalana, aunque ciertamente parece más preocupado por su propia causa y por mantener su poder desde Bruselas que en conseguir dicho propósito.

     El juez Llarena merece mención aparte. Porque también se ha saltado algunas leyes, por lo que también podría haber incurrido en prevaricación. Mantiene en prisión preventiva durante un año a los líderes independentistas porque, según su auto, en su ideología permanece su deseo de independencia, afirmación que puede llevar a pensar a mucha gente que se trata más de presos políticos que de políticos presos. Aspecto que se convierte en algo mucho más profundo respecto a los Jordis, que ni siquiera tenían cargo político alguno y fueron, sin embargo, los primeros en ser encarcelados. Mantiene también la imputación de rebelión y sedición, lo que le ha valido ya cuatro serios varapalos a cargo de las justicias belga, alemana, suiza y escocesa, que han denegado todas sus peticiones de extradición al no observar la violencia que estos delitos exigen para su imputación --algo compartido por Amnistía Internacional, Juezas y Jueces para la Democracia y los más de cien juristas y magistrados de todo el mundo que firmaron el ya famoso manifiesto hace un año--. 

     Y, además, Llarena ha incumplido las recomendaciones --no vinculantes, de acuerdo, pero sí dignas de tener en cuenta viniendo de donde vienen-- de la ONU en referencia a mantener intactos los derechos políticos de los imputados mientras no haya una sentencia firme contra ellos. Así, no ha dejado que los líderes independentistas puedan salir --ida y vuelta a la prisión-- para participar de las votaciones en el Parlament tras las elecciones del 22-D --incurriendo de nuevo en una gran injusticia al no dejar participar a Jordi Sánchez, que no pudo ser investido president pese a ser el candidato elegido por las fuerzas independentistas para ejercer dicho cargo--. Así pues, no parece descabellado que diferentes medios y personas hablen de él no como juez del estado sino como justiciero del reino

     Y, ojo, que a servidor no le parece mal imponer a los imputados un serio correctivo para que algo así no vuelva a suceder nunca más. Pero siempre con la ley en la mano. Porque si no, también podemos incurrir en los mismos delitos que ellos. O incluso peores. Y creo que la democracia no se trata de eso. Los líderes independentistas deben cumplir por los actos realizados, pero no por los que no han realizado. Porque no es lo mismo condenarlos a 6-7 años de cárcel que ensañarse con ellos y condenarlos a 30. Y conviene recordar que el golpista Tejero, por algo mucho más grave, solo estuvo en prisión 15 años...

     No quiero terminar este artículo sin hacer referencia a otros temas que, aunque de menor importancia, considero necesario citar al menos. El más claro síntoma de que los líderes independentistas no han cometido rebelión ni sedición es la propuesta de Cs y PP de reformar el Código Penal para que algo así nunca pueda volver a suceder. El simple hecho de proponer esta reforma asume, implícitamente, que no se han dado semejantes delitos. En caso contrario, no haría falta ninguna reforma. Pero la cuestión no queda ahí. Además, estos partidos, especialistas en fomentar el discurso del odio tanto o más que aquellos a quienes se enfrentan tan radicalmente y en apropiarse de una bandera que es --o debería ser-- de todos los españoles, han pedido ilegalizar los partidos independentistas. Una demanda que encierra dos aberraciones: la primera, política (y antidemocrática y anticonstitucional); la segunda, ética (porque el PP es el único partido europeo que ha sido condenado a título lucrativo por corrupción, reconociéndose que es una trama criminal para sacar beneficio económico). ¿Qué partido debería ser, pues, ilegalizado?

     Y termino con el aspecto principal y más importante de todo este tema. El pasado 1-O, en el referéndum ilegal, votaron por la independencia 2,2 millones de catalanes. En las elecciones del 22-D volvieron a votar a los partidos independentistas 2,2 millones de catalanes (prácticamente la mitad de los que acudieron a votar, con récord de participación, por cierto). Y, mucho más significativo todavía, entre el 75 y el 80 por ciento de los catalanes defiende el derecho a  decidir. Es decir, la mitad de los no independentistas también quieren un referéndum legal y pactado para decidir sobre el tema. Porque, contrariamente a lo que se pueda decir, el pueblo catalán es muy serio y responsable. Y sabe que la manera más fácil, decisiva y pacífica de salir de este atolladero es reformar la Constitución para hacer viable dicho referéndum. E, independientemente de si la DUI fue efectiva o simbólica o de cómo quede el tema jurídico de los Jordis y el resto de imputados, incluido Puigdemont, esa es la vía que a todos nos conviene explorar: la pacífica y decisoria.       

                               

viernes, 22 de diciembre de 2017

...Y el republicanismo catalán barrió al 155 monárquico español





     El pueblo es siempre soberano. Pero algunas veces más que otras. Porque si unos comicios alcanzan la estratosférica cifra de 82% de participación ciudadana legitiman de forma extraordinariamente amplia al gobierno formante. Y en el caso que nos ocupa estará presidido --Dios y el gobierno español mediante-- por Carles Puigdemont, a todas luces legítimo president de Cataluña. Ni puede ni debe ser de otra manera. Porque el republicanismo catalán ha barrido del mapa al 155 monárquico español. Y, de paso, la ciudadanía catalana ha dado a la española una tremenda lección de democracia, valentía, perseverancia y coherencia. Ojalá, bien sea por pura envidia bien por vergüenza torera, los republicanos españoles despierten de su largo letargo.

     Conviene, en primer lugar, felicitar a Inés Arrimadas y a Ciudadanos, que han conseguido la nada despreciable suma de 1.103.000 votos (25,4% del total) y 37 escaños. Triunfo amargo, pues este espectacular resultado solo les servirá para seguir siendo el primer partido de la oposición. Allí les acompañarán el PSC --cuyo líder, Miquel Iceta, es un político de indudable valía, pero tiene al enemigo (PSOE) en casa, y así es imposible conseguir logros mejores de los obtenidos (80.000 votos y un escaño más que en 2015)--, Catalunya-En Comú-Podem --que ha pagado muy caro el hecho de mantener su inmaculada coherencia política en torno a la negación de la unilateralidad y del 155 y su tenaz defensa del derecho a decidir del pueblo catalán en un momento político tan polarizado que ha terminado por hacerles perder tres escaños y 44.000 votos-- y un PP que a este paso acabará saliendo del parlament más pronto que tarde.

     En el grupo mixto el PP tendrá un acompañante muy poco agradable para él: la CUP. El partido anticapitalista también ha pagado la enorme polarización de la actual sociedad catalana, perdiendo 144.000 votos y 6 escaños. Eso sí, a diferencia de los populares, su participación en el nuevo parlament parece que será activa y decisiva, pues esos cuatro escaños obtenidos se antojan necesarios para constituir el gobierno. A no ser que se decidan por la abstención en el caso de que JxC y ERC abandonen la unilateralidad. El caso es que las reuniones del grupo mixto del parlament se presuponen muy divertidas en los próximos tiempos.

     Casi todos los votos y los escaños perdidos por la CUP se han repartido, a tenor de los resultados finales, entre los dos grandes partidos independentistas: JxC y ERC. El partido de Puigdemont ha obtenido 940.000 votos y 34 escaños. El de Junqueras, 930.000 papeletas y 32 escaños. Entre ambos, pues, 1.870.000 votos (casi 250.000 más que en 2015) y 66 escaños (4 más que cuando se presentaron como JxSí). Apoyos más que suficientes para reeditar el gobierno interrumpido por la aplicación del artículo 155 de la Constitución por parte del gobierno español.

     Uno de los datos más relevantes de los resultados del 21D es la suma de los apoyos independentistas. Y es que JxC, ERC y la CUP suman en total 2.063.000 sufragios --casi 100.000 más que en 2015 y ¡¡¡los mismos que obtuvieron en el pseudo referéndum del 1-O!!!--, 70 escaños (2 menos que en 2015, debido a la extraordinaria movilización de estos comicios (un 7% mayor)), y el 47,5% de los votos totales. Lo cual nos devuelve a la paradoja de hace dos años: mayoría absoluta en escaños pero no en votos. Resultados, pues, que según se miren, justifican o no una hipotética (aunque muy poco probable) nueva declaración de independencia. Pero que, en cambio, sí dejan claro que la celebración de un referéndum de autodeterminación pactado es urgente, necesario y legítimo.

     Porque, si sumamos los votos y escaños conseguidos por Catalunya-En Comú-Podem, que siempre ha abogado por la celebración de dicho referéndum, las cifras no dejan lugar a dudas: 2.386.000 votos, 78 escaños y el 54,9% del total de los votos. Algo que debería obligar al gobierno español a mover ficha. Una ficha que debería pasar por el diálogo y la negociación y no por la intransigencia y la fuerza. Sin embargo, nada bueno parece que debamos esperar de M. Rajoy y sus secuaces. Puigdemont ha pedido una reunión "sin condiciones" en un país neutral y Rajoy ha respondido que él con quien debe dialogar es con quien ha ganado las elecciones, Inés Arrimadas. Quizá le iría bien al presidente del gobierno español que Papá Noel le regalara una calculadora, pues parece no saber sumar.

     En definitiva, que pese a los notables errores de cálculo y de actuación del govern cesado --que se saltó las leyes españolas, las catalanas y las que él mismo aprobó cuatro semanas antes del 1-O--, la ciudadanía catalana ha demostrado que su apuesta por la república no entiende de 155, de amenazas, de discursos del miedo ni de medias tintas. Máxime cuando el gobierno español tampoco ha estado al nivel deseado en este procés: bloqueo de cuentas, porrazos, encarcelamientos injustos, disolución del parlament, convocatoria de elecciones, apoyo (y presiones) a las empresas para que abandonen Cataluña, manipulación de medios públicos --los propios trabajadores de RTVE lo han denunciado en varias ocasiones-- e invención de bulos. Por no hablar de las declaraciones de la vice presidenta Sáenz de Santamaría, quien aseguró la pasada semana que M. Rajoy había descabezado a los partidos independentistas. Afirmaciones que, como mínimo, ponen en tela de juicio la supuesta separación de poderes, la supuesta independencia judicial y el supuesto estado de derecho.

     No obstante, la pregunta es: y, ahora, ¿qué? Puigdemont debería ser investido president, pero seguramente será detenido de inmediato. De momento, hoy mismo, apenas unas pocas horas después de los comicios, la justicia española ya habla de imputar a la número dos de ERC, Marta Rovira, al presidente del PdCat, Artur Mas, a la coordinadora general del PDCat, Marta Pascual, al ex número dos de la Conselleria de Economía, Josep María Jové, a las dirigentes de la CUP Anna Gabriel y Mireia Boya, al ex mayor de los mossos, Josep Lluís Trapero, y hasta a Pep Guardiola. Casi nada para una jornada post electoral y víspera de fiestas navideñas.

     Pero, más allá de estas cuestiones políticas, jurídicas y judiciales, el presente escrito no debe finalizar sin mencionar a los que, en mi opinión, son los grandes protagonistas de un procés que, contrariamente a lo que muchos opinaban hasta hace solo unas horas, no está precisamente muerto: los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña, que han demostrado ser valientes, persistentes y tenaces. Y también que jamás cejarán en su empeño de construir lo que para muchos de ellos es un sueño cada vez más cercano: la consecución de una república catalana social y de derecho. Y no estaría de más que sus hermanos españoles les echaran un cable. ¡Viva la República!              


martes, 14 de octubre de 2014

Mas, Cataluña y los cines de verano (de antes)





     El todavía President de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, demostrando que es un tipo listo pero poco inteligente, se metió en un jardín del que, ha quedado ya demostrado, no sabe salir. Anoche nos fuimos a la cama con la noticia de que renunciaba a la celebración de la consulta del 9-N por falta de garantías legales. En contrapartida, propuso como alternativa organizar un proceso de participación ciudadana para conocer la opinión de los catalanes sobre el futuro político catalán.

     Tras afirmar públicamente, y hasta la saciedad, aquello de primero hay que intentarlo de acuerdo con las leyes y, si no se puede, hacerlo igualmente, apoyado por su socio de gobierno, ERC, que siempre se ha frotado las manos viendo aproximarse su gran momento, ahora el President recula y busca alternativas que no tienen ningún futuro: encuestas, audiencias públicas y foros de participación.

     Y no tienen ningún futuro no porque no sean legales, que lo son, sino porque están lejos, muy lejos, de las pretensiones iniciales del conjunto de fuerzas que en su día optaron por la convocatoria de la consulta. Sus socios se sienten estafados por él y no aceptarán cualquier medida que se quede a mitad de camino de lo propuesto desde el principio. Incluso Unió Democràtica de Cataluña, el socio de la federación de partidos que conforma CiU junto a Convergència Democràtica de Cataluña, amenaza con una escisión que sería un hito histórico en la historia de Cataluña. Desde ERC siguen optando claramente por la desobediencia e incluso por la declaración inmediata de la independencia.

     Mas hablará hoy de las posibles alternativas a la celebración de la consulta. Veremos por dónde sale. Pero ese callejón sin salida en el que él solito se metió amenaza con ser su tumba política. Y, de paso, con allanar el camino de una ERC que, a río revuelto, en lugar de conformarse con la mitad (el proceso de participación ciudadana propuesto ahora por el President) vaya a por el doble (la declaración unilateral de independencia). 

     Con este panorama cobra cada vez mayor fuerza la opción de convocar unas elecciones anticipadas con carácter plebiscitario. Algo, aseguran los partidarios de esta nueva vía, difícilmente impugnable desde Madrid (aunque todo puede suceder). Pase lo que pase, está claro que quien crea que la no celebración de la consulta del 9-N zanja la cuestión catalana está a años-luz de ver la realidad.

     Una realidad que viene - y vendrá - marcada por el fin de la carrera política de Artur Mas y por la llegada al poder en Cataluña de la verdadera vía soberanista: ERC. Entonces, si, llegará el problema de verdad para el gobierno central de Madrid, veremos si comandado por Mariano Rajoy, Pedro Sánchez o - de nuevo, en España todo es posible - el mismísimo Pablo Iglesias. 

     Sea como sea, la situación actual me recuerda a los cines de verano de los de antes, de los que cada vez quedan menos. Aquellos en los que por el precio de una entrada de cine normal se podían (en algunos pocos casos, todavía es así) ver dos películas en sesión continua. Una primera, la mala, la que servía para aposentarse, sacar el bocata y las papas y cenar con tranquilidad; y una segunda, la buena, en la que disfrutar de un buen postre, un helado o incluso palomitas. 

     Y es que el actual gobierno de Mas, con el apoyo de ERC, es la película mala. La infantil, la comedia romántica o la inclasificable. Porque la película buena, la de acción de verdad o la de inquietantes tramas paralelas que al final convergen entre sí para deleite del espectador, sin duda, está todavía por llegar. Será cuestión de coger el helado y las palomitas y abrir bien los ojos y los oídos para no perderse detalle de lo que acontece en el futuro inmediato de Cataluña y España...      

lunes, 26 de mayo de 2014

La zozobra del bipartidismo en España y la crisis europea





     Interesante. Muy interesante se presenta el próximo año político en nuestro país y en el resto de la Europa comunitaria. El bipartidismo, que tanto daño ha hecho, se ve abocado a un fin radicalmente inesperado hasta hace muy poco tiempo. En el presente artículo me propongo resumir los resultados de los comicios europeos del 25 de mayo, extraer conclusiones y, asumiendo el riesgo que ello conlleva, tratar de analizar sus consecuencias en un futuro a corto-medio plazo. 

     La primera conclusión a extraer es muy sencilla: la zozobra del bipartidismo. El PP ha perdido 8 de los 24 eurodiputados que obtuvo en 2009, es decir, un tercio de sus representantes, quedándose en un 26% de los votos totales. Peor le ha ido todavía al PSOE, que pasa de 23 a 14 eurodiputados, es decir, pierde a 9 de sus representantes. Alcanza un 23% de los votos. En definitiva, la gran coalición PPSOE, de la que han hablado en los últimos días el candidato Cañete (PP) y el ex-presidente Felipe González (PSOE), no llegaría ni al 50% de los votos totales. Y ello teniendo en cuenta la gran abstención (55%), dato este también muy a tener en cuenta, por cierto. Lo cual indica que a poco que los partidos pequeños sean capaces de arrastrar a más personas a las urnas en las generales de 2015 el batacazo de los dos grandes dominadores de la política española podría ser todavía peor.

     El descalabro del PP era de esperar debido a sus políticas destructoras del estado de bienestar. Sus reformas y sus recortes, además de sus malos modos, debían pasarle una cara factura, como así ha sido. Panorama sombrío para Rajoy y sus compañeros para este próximo año político. El caso del PSOE, no obstante, es más sangrante si cabe. Perder votos hasta estando en la oposición es algo que no había ocurrido nunca en la historia de la democracia española moderna. ¿Están contadas las horas de Rubalcaba como número uno de su partido? Es más que probable. Y también necesario.

     Resulta curioso que los 9 eurodiputados perdidos por el PSOE sean los mismos que suman Podemos (5), la formación de Pablo Iglesias creada tan solo hace cuatro meses, e IU o Izquierda Plural (que triplica los 2 eurodiputados de 2009 para alcanzar la actual cifra de 6). Dato a analizar con profundidad por parte de Rubalcaba, Valenciano, etc. Las matemáticas no suelen fallar. De igual manera, los votos perdidos por el PP han ido a parar, mayoritariamente, a UPyD, que pasa de 1 a 4 eurodiputados, y a Ciudadanos, que irrumpe en la política europea merced a sus 2 representantes.




     Excepto PP y PSOE, todos los restantes partidos han subido en cuanto a votos y número de eurodiputados. Sin embargo, los grandes vencedores son UPyD, formación liderada por Rosa Díez, que cuadruplica su representación; Ciudadanos, que consigue doble representación; y Podemos, que se convierte, en tan solo cuatro meses de vida política, en la cuarta fuerza del estado español aglutinando más de un millón y cuarto de votos, algo inaudito en la historia de este país. Habrá que ver qué logros consigue en este año que se avecina, pero amenaza con claridad la preponderancia de PSOE e IU en la izquierda española. Tanto unos como otros tienen motivos de sobra para temer a la formación encabezada por Pablo Iglesias.

     En Andalucía ha ganado el PSOE, pero a costa de perder 13 puntos (pasando del 48% de los votos de 2009 a los 35% actuales). Lo mismo le ocurre al PP (baja del 39% al 25% de los votos). En Madrid, más de lo mismo: gana el PP (bajando, eso sí, 18 puntos, del 48% al 30%), mientras que el PSOE también pierde notablemente sus apoyos (16 puntos, del 35% al 19%). Podemos pasa a ser la tercera fuerza política de la Comunidad. ¿Y en Cataluña? ¿Qué resultados se han dado allí? Pues los electores catalanes han apostado de forma mayoritaria por la vía soberanista, complicando todavía más el panorama al gobierno de Rajoy. Así, ERC ha desbancado a Artur Mas y su CiU. ERC ha triplicado sus votos respecto a 2009, aglutinando el 24% de las papeletas. CiU, por contra, pierde cien mil votantes, quedándose en el 22%. El PSC ha perdido por el camino a la mitad de sus votantes (14%). Y el PP se pierde prácticamente en la lista de partidos votados, ocupando la quinta posición (perdiendo hasta 8 puntos y no llegando ni al 10% del total de los votos emitidos).


     No obstante, cabe advertir que los referidos comicios deben enmarcarse obligatoriamente en la Europa comunitaria. ¿Qué ha ocurrido en el resto de la Unión? Pues el panorama allí es menos halagüeño que aquí, la verdad. A la pérdida de votos y eurodiputados por parte de democristianos (del 36% al 28%), socialdemócratas (del 25% al 24%), conservadores (del 7% al 5%) y liberales (del 11% al 9%), hay que sumar dos resultados que amenazan claramente la estabilidad y el futuro de la Unión. A saber: el avance de la extrema-derecha en casi todos los países miembros (sobre todo en Francia, donde ha pasado a ser la fuerza más votada, con el brutal 25% de los votos totales) y el rotundo éxito del populista euroescéptico UKIP en Reino Unido.  

     La victoria del partido de Nigel Farrage (29% de los votos, por el 24% de los laboristas y el 23% de los tories) podría ser la base de una posible independencia del Reino Unido respecto a la Unión, lo que supondría un duro golpe para todas las partes implicadas. 

     Peor panorama se presenta en Francia, donde la clara victoria del Frente Nacional de Marine Le Pen amenaza tanto al actual gobierno de Hollande - qué poco le ha durado la alegría a los socialistas franceses (tan solo el 14% de los votos) - como a la propia estabilidad europea. No en vano, Le Pen ha pedido a Hollande la disolución inmediata de la Asamblea Nacional y la convocatoria de nuevas elecciones. Y Manuel Valls, jefe del gobierno francés, ha asegurado que vivimos un momento grave para Francia y Europa, un seísmo político. 

     La situación global se agrava con los resultados de la extrema-derecha en muchos otros países: Austria (20% de los votos), Dinamarca (gran victoria), Grecia (2 eurodiputados para Amanecer Dorado), Alemania, Bulgaria, Hungría, Rumanía, Finlandia, Suecia, Bélgica, Holanda, etc. 

     En definitiva: se avecinan tiempos convulsos, tanto en España como en Europa. Una España donde el bipartidismo parece querer pasar a mejor vida - lo que supone una gran noticia para todos sus ciudadanos - y la vía soberanista catalana, lejos de decrecer, sigue tomando mayor consistencia y fuerza; y una Europa donde los avances del euroescepticismo y la extrema-derecha amenazan claramente el futuro de la Unión a corto-medio plazo. ¿Está o no apasionante el panorama político comunitario?
      

      

lunes, 26 de noviembre de 2012

Cataluña y España tras el 25N. Los 3 pecados capitales de Mas



     Apasionante. Así queda la situación política tanto en Cataluña como en España tras las elecciones catalanas del 25N. La opinión pública celebra el gran fracaso de Artur Mas y CiU en unas elecciones que se presentaron más como un plebiscito que como unas autonómicas. Ciertamente, desde el punto de vista meramente catalán, el mensaje soberanista e independentista de Mas no ha calado en el pueblo catalán. Sin embargo, desde el punto de vista español, la cosa cambia: la vía independentista queda hoy mucho más abierta que ayer.
 
     El propio líder de CiU reconoció anoche que la situación queda ahora más complicada que antes. Sin embargo, pese a su descalabro en su lucha por conseguir la mayoría absoluta, añadió que "la suma de las formaciones políticas que están a favor del derecho a decidir es mayoritaria", haciendo un guiño tanto a Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) como al mismísimo Partit Socialista de Catalunya (PSC).
       
     En efecto, sobre los resultados electorales de ayer caben dos interpretaciones bien diferentes. Por un lado, CiU ha padecido una auténtica debacle al quedarse muy lejos de la ansiada mayoría absoluta (perdiendo 90 mil votos y hasta 12 diputados, pasando de 62 a sólo 50). No obstante, sumando sus cifras a las de ERC (con posibilidad también de añadir al PSC y otras formaciones menores pero que han aumentado muy satisfactoriamente el número de votantes y de diputados obtenidos) podemos ver con meridiana claridad que el proyecto independentista, lejos de perder fuerza, la va a ganar. Y mucho.
 
     Así las cosas, CiU y Artur Mas han sucumbido en la superfície (al no alcanzar la mayoría absoluta), pero, sin duda, han triunfado en el fondo (abriendo, más si cabe, la vía soberanista). Y ello supone, para el Estado español, un peligro enorme. Es decir, dentro del fracaso, no les han salido tan mal las cosas como a mucha gente le pueda parecer.
 
     Y todo ello después de que hayan cometido, siempre en mi modesta opinión, hasta tres pecados capitales. Tres pecados capitales que, dicho sea de paso, no les han pasado excesiva factura. A saber:
1- Artur Mas ha traicionado los ideales políticos de su partido, el cual, desde ahora, ya no puede calificarse de moderado sino de todo lo contrario. Además, deja de ser tan derechista como hasta hace bien poco se autocalificaba.
2- no conocer al pueblo al que se gobierna es el segundo gran error cometido. Pensar que su mensaje soberanista iba a confundir al pueblo catalán demuestra no ser conocedor de la inteligencia, rigor y cordura de sus gentes, las cuales no han mordido el anzuelo presentado por su President.
3- querer engañar es el peor pecado de todos. Sin duda, el tema independista y soberanista, siendo importantísimo para multitud de catalanes, no era más que una cortina de humo destinada a esconder los verdaderos problemas de la sociedad catalana actual: recortes en sanidad y educación, paro, políticas económicas y sociales, etc.
 
     Aún con todo, como he recalcado anteriormente, han salido muy bien parados de este embrollo. No obstante, se les presenta un problema con el que habrán de lidiar de ahora en adelante. Dando por hecha una coalición con ERC, algo lógico tras ver los resultados de ayer, a Mas le será complicado gobernar, a base de recortes, de la mano de un partido, nacionalista, sí, pero plenamente de izquierdas después de todo.
 
     ¿Y en España? Pues eso: peligro. El independentismo catalán, con CiU y ERC juntos de la mano, se va a radicalizar sin ninguna duda, algo que en nada favorecerá a la situación actual de nuestro país. Por tanto, lejos de arreglarse las cosas tras el fiasco electoral de Mas, el panorama se va a complicar en demasía. Será muy interesante, sociológicamente hablando, ver cómo lidian con estas situaciones los partidos nacionales españoles, PP y PSOE.
 
     Hablando en clave catalana, el PP ha subido en 84 mil votos, lo que se ha traducido en un diputado más (pasa de 18 a 19), algo insignificante viendo cómo va a quedar el mapa político catalán. Sin embargo, el PSC sí debe meditar hondamente. Ha perdido 52 mil votantes, lo que se traduce en una pérdida de 8 diputados (pasa de 28 a 20). Nada que ver con hace 20 años, con aquel PSC de Maragall en una Barcelona Olímpica centro del universo. El partido ha perdido, en sólo diez años, 30 diputados y está en caída libre.
 
     En definitiva, parece claro que la gente se ha cansado ya de los partidos mayoritarios y busca ampliar el color de los escaños de su Parlament. Así lo atestiguan las subidas, tanto en votos como en escaños, de partidos como Iniciativa Per Catalunya Verds (de 10 a 13), Ciutadans (de 3 a 9) y Candidatura D´Unitat Popular (de 0 a 3). Por otra parte, el SI (Solidaritat Catalana per la Independència) pierde sus 4 escaños al no contar ya con la presencia de Joan Laporta.
 
     Vienen tiempos convulsos en lo político, tanto en Cataluña como en España. Preparémonos pues...