El nombre de la rosa, la famosísima novela histórica y de intriga y misterio publicada en 1980 por el italiano Umberto Eco, está inspirada en las leyendas de la Sacra di San Michele della Chiusa, complejo arquitectónico monástico erigido en la cima del monte Pirchiriano, en el Piamonte (norte de Italia). En febrero del presente año, coincidiendo con el décimo aniversario de la muerte de Umberto Eco y con el cuarenta aniversario del estreno de la película dirigida por Jean-Jacques Annaud y protagonizada por Sean Connery y Christian Slater, la Editorial Lumen completó el esperado segundo volumen de la novela gráfica ilustrada por Milo Manara, cuya primera entrega había sido publicada en 2023. Manara, también italiano, es uno de los maestros internacionales del cómic desde hace más de cuarenta años, cuando apareció su serie de cómics eróticos El clic (1983), que también fue adaptada al cine. Más tarde colaboró con las editoriales norteamericanas Marvel y DC Comics y con guionistas de la talla de Neil Gaiman -Sandman-, Alejandro Jodorowski -Los Borgia- y Chris Claremont -X-Men: mujeres en fuga-. En apenas unas semanas lanza su última obra: la adaptación a novela gráfica de la Odisea de Homero.
Como la novela de Eco y la película de Annaud, la adaptación gráfica de Manara nos transporta a la Italia de 1327, más concretamente a la abadía benedictina que contiene la mayor y más completa biblioteca de la cristiandad. De aspecto inexpugnable, tétrico y frío, la abadía ha de ser el lugar de celebración de un importante cónclave que ha de regir el futuro de la iglesia. Los monjes benedictinos acogen a las legaciones franciscana y papal para debatir sobre si la iglesia ha de ser pobre o no. Sin embargo, el cónclave se ve amenazado por una serie de crímenes horrendos que provoca el terror entre la mayoría de los monjes, quienes creen ver en esas muertes la llegada del Anticristo y el inicio del Apocalipsis. Guillermo de Baskerville, monje franciscano y antiguo miembro de la Inquisición -en la primera época del Santo Oficio, en la que su misión todavía no era castigar sino iluminar-, un hombre ya de cierta edad, muy perspicaz y locuaz, investigará las muertes e instruirá a su joven novicio, Adso de Melk, que es quien escribe la historia muchos años después.
La adaptación gráfica comienza con un pequeño cameo de Umberto Eco, un nuevo homenaje al mundo de los libros. En el papel, Eco realiza una visita al monasterio Stijt, en las inmediaciones de Melk, en agosto de 1968. Busca un antiguo y famoso manuscrito del abate Vallet que contiene otro de Adso de Melk. El viaje y la búsqueda lo llevan posteriormente hasta París y Buenos Aires, donde encuentra un librito de Milo Temesvar con numerosas citas del manuscrito de Adso. No obstante, la fuente no era el abate Vallet sino el padre Athanasius Kircher, aunque los hechos narrados sí hacían referencia a los traducidos por Vallet. Así, Eco decide fabular la historia de Adso, porque es una historia sobre libros, no de miserias cotidianas. Conociendo su amor por los libros y las bibliotecas, no es de extrañar que cualquier excusa fuera buena para él con tal de situar la acción de la novela en la abadía que alberga la mayor biblioteca de la cristiandad de 1327.
Guillermo de Baskerville nos muestra toda su sagacidad y humanidad durante su ajetreada estancia en la abadía. Hace valer su experiencia como inquisidor en Inglaterra e Italia para investigar los crímenes según se van sucediendo. El abad Abbone le da libertad de movimiento por todo el monasterio, excepto en la biblioteca. Hecho que le hace suponer que los libros allí contenidos son, además de ricos en cuanto a sus enseñanzas, todo un peligro para quien quiera acercarse a ellos sin ser el bibliotecario -Malaquías de Hildesheim- o su ayudante -Berengario de Arundel-. La perspicacia de Guillermo lo lleva a entender que el verdadero control sobre la biblioteca es ejercido por un monje ciego, Jorge de Burgos, uno de los personajes más oscuros de la historia. Es él quien anticipa la llegada del Anticristo y de los últimos siete días. Cree que el humor y la risa destruyen el miedo a Dios y, por ende, el orden establecido.
Uno de los puntos fuertes de la novela es el enfrentamiento entre el dogmatismo reinante en la Curia de Juan XXII, afincado en Aviñón, defendido por personajes como Jorge de Burgos y los líderes de la legación papal -el cardenal Bertrando del Pagetto y el inquisidor Bernardo Gui-, basado en el miedo y la opulencia, y las ideas radicadas en la pobreza y la austeridad, defendidas sobre todo por los franciscanos. Un enfrentamiento que llega al clímax en una escena casi salvaje en la que ambas legaciones llegan al desprecio, al insulto y a la blasfemia. Todo ello, mientras mueren hasta seis monjes y la biblioteca se convierte en la gran protagonista de la historia. Una biblioteca con forma de laberinto. Que encierra libros prohibidos, textos de autores infieles, sustancias alucinógenas, un espejo deformante, una habitación secreta tapiada, relaciones promiscuas protagonizadas por los monjes y meretrices y, en definitiva, un mundo bastante alejado de lo que hubiera aceptado el mismísimo Dios.
El libro segundo de la Poética de Aristóteles es una de esas obras literarias que no se sabe si existió y desapareció durante la Edad Media por cualquier motivo o si directamente nunca fue escrita. Supuestamente trataría estudios sobre la comedia como medio de la liberación anímica -catarsis-. Existe un documento bizantino del siglo X titulado Tractatus Coislinianus en el que se resume el supuesto contenido de la obra. Conservado en la Biblioteca Nacional de París, hace hincapié en la risa y el placer como depuración de las emociones. En la obra se describirían los dispositivos utilizados y la forma en que debe suscitarse la catarsis. Pues bien, el manuscrito original de ese libro es el que con tanto recelo esconde en la habitación tapiada el monje Jorge de Burgos en la ficción de la novela. El mismo que busca con ansia Guillermo de Baskerville. Y ese manuscrito es el que encierra el gran secreto que relaciona a cada una de las muertes acaecidas en la abadía durante la semana de finales de 1327 en que transcurre la historia.
Las ilustraciones de los dos volúmenes que componen esta adaptación gráfica de Milo Manara complementan y completan la obra de Eco. Muestran toda la oscuridad de la obra original y, a la vez, iluminan zonas que antes estaban tan oscuras que a muchos lectores se les pasaban por alto. El resultado es una obra deslumbrante que mezcla lo mejor de dos auténticos genios en lo que desde ya es una obra de arte, todo un clásico del noveno arte. Si a las aportaciones de este mago del dibujo sumamos el don de la palabra de Umberto Eco obtenemos una obra sublime que combina la realidad histórica de la época -las luchas intestinas dentro de la iglesia, las persecuciones por herejía, los juicios inquisitoriales, el dilema de los actos carnales como pecado, las torturas y las quemas por brujería, etc- con la ficción añadida por su autor y que trata temas tan humanos como el amor, la pasión, la lujuria, la soberbia, el sexo, el pecado, el crimen o el misterio, obtenemos uno de los thrillers históricos más atractivos e influyentes de la Historia de la Literatura. Una Historia que no sería la misma sin personajes como Guillermo de Baskerville y Adso de Melk.