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lunes, 17 de junio de 2019

Western Stars. Bruce Springsteen. Columbia Records . 2019. Crítica





     Cinco años después de High Hopes (2014), Bruce Springsteen lanza un nuevo álbum de estudio. Esta vez, en solitario. Como ya hiciera con Nebraska (1982), The ghost of Tom Joad (1995) y Devils and dust (2005), deja de lado su característico sonido rockero para presentarse ante nosotros mucho más directo y reflexivo. Pese a tratarse de un disco solista, sin la mítica y sempiterna E Street Band, sí le acompañan algunos de sus miembros y músicos habituales, como su esposa, Patti Scialfa, la violinista Soozie Tyrell, el teclista y acordeonista Charles Giordano y el multiinstrumentalista David Sancious, quien ya trabajó con el Boss en sus tres primeros discos. Ron Aniello, el productor del décimo noveno trabajo de Springsteen, toca también el bajo y el teclado en algunos temas. Y Jon Brion se ocupa del órgano. 

     Se trata de un álbum de trece canciones y cincuenta minutos de duración en el que destacan las múltiples y variadas cuerdas, las magníficas secciones de viento, una orquestación muy trabajada y una constante presencia de guiños tanto al pop y el country-folk setenteros de California y Nashville como a algunos de los anteriores trabajos del Boss. Más de veinte músicos en total participan en un disco que conviene escuchar con mucha atención para detectar los mil y un matices que a primera vista --o escucha, más bien-- pueden pasarnos absolutamente desapercibidos. Obviamente, no soy crítico musical, solo un fan que trata de dar su opinión sobre el nuevo lanzamiento de su músico preferido. Y lo hago tratando de ser objetivo y no un talibán para el que cualquier disco de Bruce es siempre algo espectacular. Tampoco como un crítico ansioso y ocioso que busca, al precio que sea, acabar con un mito musical de su talla. Huir de los extremos --el simplemente adulador y el crítico destructor-- siempre es conveniente.

     Por eso, antes de zambullirme en las estrellas del oeste, creo necesario aclarar un tema. Por descontado, Western Stars no es uno de los mejores discos de la carrera del Boss. Pretender convencer a alguien de lo contrario sería ridículo. Lo mismo que hablar de él como de algo horrible y cercano al calificativo de basura. He pasado buena parte de este último fin de semana escuchando el disco y leyendo artículos sobre él. Y, como era de esperar, he tenido que frotarme los ojos ante tantos apriorismos. Respetables, por supuesto, como lo es también este escrito, se esté de acuerdo con él o no, pero apriorismos al fin y al cabo. Porque este Western Stars es un discazo para algunos y un horror para otros. Y, la verdad, creo que ni unos ni otros lo han escuchado suficientemente. Es más, probablemente estas opiniones --tanto las que hablan de que Springsteen está en el mejor momento de su carrera como las que dicen que está acabado-- estaban ya escritas antes del lanzamiento del trabajo.

     Que cualquier nuevo disco del Boss pueda si quiera llegar a parecerse a los de las décadas de los setenta y ochenta es sencillamente imposible. Han pasado treinta o cuarenta años, también para él, y no resulta conveniente esperar milagros. Los milagros no están al alcance de nadie terrenal. Ni siquiera del Boss. Tampoco de U2, Dylan, los Stones, Madonna o McCartney. Aquello pasó, hay que celebrar que ocurriera, pero debemos ser conscientes de que esos tiempos de épica no regresarán. Sin embargo, resulta insultante leer que Springsteen está acabado y que nada ya tiene que aportar a la música actual. De nuevo los extremos. De nuevo los convencionalismos, los apriorismos, las sentencias definitorias y los afanes por encumbrar o matar a los artistas. El tiempo corre y las personas cambiamos. También los artistas. Y, por descontado, los músicos. Pues bien, aclarado todo esto, antes de analizar brevemente las canciones de Western Stars, debo decir que a mí el disco me ha gustado. Bastante.

     Lo abre, muy bien por cierto, Hitch Hikin´, una canción repleta de campanillas que nos presenta un paisaje abierto, el entorno perfecto para un autoestopista que se guia por el tiempo y el viento, a golpe de cuerdas de violín y viola. Una pieza que constituye un gran arranque de disco que, quién sabe, bien podría convertirse en uno de los himnos de los próximos conciertos del rockero. Le sigue The Wayfarer, un tema tranquilo y feliz presentado a ritmo de guitarras raspadas que recuerda a la época del Tunnel of love y que nos deja unos violines espectaculares y un final cinematográfico con una muy buena orquestación. Country californiano setentero en estado puro. Tucson Train es el tercer tema del disco --también su tercer sencillo--, popero, con reminiscencias del Devils and dust, del Tunnel of love y hasta del Lucky town, en el que a través de una bonita melodía se nos habla de redención y de cambio de vida. El arranque a modo de tren se hace más patente si cabe al final de la canción.

     Western Stars es el tema que da nombre al trabajo. También su cuarto sencillo. Habla de las estrellas brillantes, y destacan sus épicas cuerdas, su plácida pedal steel, una emotiva slide guitar y una brillante orquestación que nos quiere llevar desde el Devils and dust hasta el Human touch pasando por The rising. Sleepy Joe´s Café recuerda a unos calmados Beach Boys y, por qué no, a algo parecido a I´m on fire. Su precioso acordeón, su sección de viento y su repentina trompeta nos presentan un local en el que relajarse y disfrutar. Drive Fast es una especie de diálogo entre el piano y la guitarra, que representan respectivamente a la tristeza y al ritmo. Es una historia --más bien una plegaria-- sobre un perdedor resiliente, un superviviente orgulloso de tener un lugar al que volver, un hogar amoroso. Chasin´ Wild Horses supone el ecuador del disco. Presenta una fluida orquestación, recuerda al Magic --más concretamente, a Your own worst enemy-- y vuelve a hablarnos de redención, de autoperdón y de una nueva oportunidad. De nuevo, asistimos a un final cinematográfico con un gran bajo.

     En Sundown encontramos un piano y un bajo que nos retrotraen al Working on a dream. Destacan el sintetizador, que transmite monotonía, y un gran despliegue vocal de Springsteen. Un milagro que conserve esa voz tras tantos años de maratonianos conciertos. Somewhere North Of Nashville es un medio tiempo que supone una breve caricia --es el tema más corto del álbum--, con unos coros casi religiosos y la sensación de que se está escuchando a Dylan o a Seeger. Folk americano al más puro estilo de The ghost of Tom Joad. En Stones, el Boss habla de mentiras que pesan como piedras a través de una engolación orbisoniana. Parece un tema de banda sonora, con una excelente sinfonía y un sublime violín final que pone también un punto y aparte en la monotonía de esta parte del disco, justo antes de dar paso al trío de canciones que cierra el álbum.

     There Goes My Miracle comienza con un redoble de batería, recuerda de nuevo al mejor Roy Orbison, retorna a la efervescencia anterior a los temas predecesores y se convierte --este sí, desde luego-- en todo un himno para los futuros conciertos springsteenianos. Probablemente no sea la mejor canción del disco, pero sí la más pegadiza, por su melodioso y repetitivo estribillo, y la que más posibilidades tiene de ser la inolvidable del presente trabajo. Fue, además, el segundo sencillo de Western Stars. Hello Sunshine fue el tema elegido como primer sencillo. Las escobillas de la batería nos acarician y nos relajan --casi nos duermen-- a modo de nana. Fluye de tal manera que nos eleva y parece hacernos levitar por momentos. Country suave, muy suave, que nos habla de carreteras vacías, desiertos infinitos, kilómetros en los que perderse y felicidad. Todo ello, a un ritmo muy parecido al del mítico Midnight´s Cowboy de Harry Nilsson. Moonlight Motel cierra el disco. Y lo hace de maravilla. Se trata de una balada country-folk que recuerda al The rising. A través de una atmósfera onírica, arenosa, a ritmo de punteo de guitarra, nos habla de la nostalgia y del lamento que a menudo supone el fin del día, en este caso, del álbum. Dignísimo final de disco.  

     En definitiva, Western Stars está lejos de ser el típico disco que pasará a la historia de la carrera de su creador. No obstante, es un trabajo honesto y digno. Mucho más de lo que algunos han escrito durante estos últimos días. Ni grande ni grandilocuente. Con algunas piezas que vale la pena escuchar. Un álbum que asume algo que ni los más críticos con el Boss podrán negar: un gran riesgo. Es diferente y auténtico. Podrá gustar más o menos, pero no es, ni mucho menos, más de lo mismo. Algo que, en mi opinión, sí sería causa de una crítica más desaforada y justificada. El Boss ha vuelto. Y, para muchos, es una gran noticia...                                           


jueves, 5 de junio de 2014

Born in the USA. Reflexiones en su trigésimo aniversario





     Cuando escribo sobre algún trabajo musical suelo hacerlo desde la información, el conocimiento y la documentación previa sobre el disco en sí. En este caso he rehusado este método, pues me apatece reflexionar y divagar sobre él sin nombrar apenas sus canciones, su producción y su método de grabación y trabajo. Este es un artículo diferente. Voy a exponer mis recuerdos y mis sentimientos acerca de un LP legendario y, en mi opinión, sobrevalorado y sacado de contexto. No voy a escribir con la cabeza sino con el corazón. Porque creo que la ocasión lo merece. Allá voy.

     Han pasado treinta años. Treinta. Mis recuerdos de aquello son algo ambiguos. No sé si en realidad son recuerdos o únicamente cosas que he leído y escuchado a través de los años. Trataré de ser lo más sincero posible, con vosotros - que me estáis leyendo - e incluso conmigo mismo - que os escribo -. Treinta años. Son muchos años. Sobre todo para alguien que tenía apenas nueve cuando algo tan grande como Born in the USA entró en su vida.

     Conocí a Bruce con este disco, gracias a una prima tres o cuatro años mayor que yo que se volvió loca por él y por su música con estas canciones. Reconozco que yo estaba en aquella época a otras cosas. En España triunfaba La Unión, con su disco Mil siluetas, que incluyó temas también míticos como Lobo-hombre en París o Sildavia. El grupo español, representante de la Movida madrileña junto a otras legendarias formaciones - Gabinete Caligari, Nacha Pop, Los Secretos, Burning, Radio Futura o la mismísima Alaska - había acabado con la supremacía del Thriller de Michael Jackson, que había arrasado la escena musical a nivel mundial.

     Pues bien, de entre los zombies, las largas coletas y las caras pintadas (o demacradas) del momento surgió él, un guitarrero musculoso que vestía vaqueros y camisetas sin mangas y enardecía a las masas con sus movimientos de caderas. Porque Bruce no es Elvis, pero que le digan a más de una cómo mueve las caderas - y más todavía hace treinta años -. Las imágenes de aquella gira, con estadios repletos de gente día sí y día también, todavía agitan mi cerebro. De alguna manera, a mis inocentes nueve años, sentí que algún día formaría parte de aquella marabunta humana rockera. Gracias a mi prima, por cierto, esté donde esté.

     En plena Guerra Fría Born in the USA, el tema que dio título al disco, fue muy mal entendido por la sociedad. Así que lo que en realidad fue una crítica exacerbada a los gobiernos estadounidenses de los últimos años fue tomado como un himno patriótico. Los mismos jefes de campaña de Ronald Reagan optaron por esta canción como promoción de su candidatura. Nada más lejos de la realidad. Lo que Bruce hizo con el tema fue un homenaje a la lucha diaria de todos los trabajadores de su país que perseguían el sueño americano.

     Ni que decir tiene que yo, un españolito de solo nueve añitos, también sucumbí a la banderita de barras y estrellas. Cómo no. Era la época de E.T. El extraterrestre, de Superman y de los controvertidos JJ.OO. de Los Ángeles. También de la carrera espacial entre los USA (los buenos) y la URSS (los rusos, es decir, los malos). Y a mí Vietnam me sonaba solo por algunas películas que ni siquiera había visto todavía porque no eran toleradas para menores - Apocalypse now, Air America, El regreso, El cazador y, por supuesto, ¡la archi famosa Rambo! -. En fin, que no fue difícil americanizarme

     Sí, 1984 fue un año que cambiaría mi vida para siempre, aunque yo no tenía ni idea entonces. Conocí a Springsteen, vi por primera vez jugar al baloncesto a un tal Michael Jordan, asisití (televisivamente hablando, a mis primeros JJ.OO.) y salió al mercado un disco en vivo, grabado en Red Rocks (Denver, Colorado), tras una devastadora tormenta, de unos irlandeses que se hacían llamar U2. Casi nada. No está nada mal la mezcla, ¿verdad? ¡Como para no cambiar!

     Pero volvamos al Boss y a su Born in the USA. Decir que es su disco más relevante y que su canción homónima es la más conocida aporta poco nuevo. Sin embargo, esto es así solo para el gran público, es decir, para los simples fans o conocedores de Springsteen. Porque si preguntamos a los entendidos y a los super-fans, a aquellos que no dudan en tomar autobuses, trenes o aviones para verle decenas de veces (o incluso centenas en muchos casos - y no exagero: conozco algunos casos así ) la respuesta no es la misma prácticamente nunca.

     Ni la canción ni el disco son los preferidos de sus fans de verdad. Algo que resulta extraño para la mayoría de mortales. ¿Por qué esto es así? Podría haber múltiples respuestas. Pero, por no alargarme en exceso, me quedo con una explicación (que no tiene por qué ser la más válida de todas, pero seguramente sí será compartida por muchos de vosotros): quien de verdad ama y conoce al Boss sabe que se trata de un tipo auténtico, directo y nada artificioso. Y, dejando de lado las letras (magníficas) de las canciones, en varios casos mucho más cercanas a Nebraska, su disco folk inmediatamente anterior, Born in the USA resulta demasiado producido, demasiado comercial. El incesante uso de los sintetizadores le dieron al trabajo un marcado carácter comercial que lo alejó de la línea marcada por el músico desde sus inicios. Nada que ver con sus anteriores discos, desde luego.

     En definitiva: sin negar la inmensa calidad del disco, Born in the USA demuestra una vez más que no tienen por qué coincidir las ventas y la valía real de un trabajo. Es más, estas suelen ir juntas de la mano en muy contadas ocasiones. Probablemente esta cuestión explique que, pese a contar con algunas de sus canciones más conocidas, rara vez suenan en directo. Y, de hacerlo, son tocadas de forma más rockera  e improvisada que como aparecieron en su día en el disco, hace ya treinta años. 

     Como veis, no he hablado de las doce canciones que formaron parte del LP. Son muy conocidas. Pero, por si acaso, os dejo el disco entero para quien se anime a escucharlo. Quizás podáis darme la razón el algunas cosas; a lo mejor me las rebatís. Así es la música y así es la vida. En cualquier caso, larga vida al Boss y al rock and roll...  




       

martes, 5 de noviembre de 2013

The Wild, The Innocent And The E Street Shuffle cumple 40 años





     El 5 de noviembre de 1973, hace justamente cuarenta años, se publicó el segundo disco de Bruce Springsteen. Llevó por título "The wild, the innocent and the E street shuffle" y se grabó entre los meses de mayo y septiembre en los 914 Blauvelt Sound Studios de Nueva York. Compuesto por sólo siete piezas se catalogó como LP al tener una duración total de casi 47 minutos.
 
     Escuché por primera vez este disco en 1988. Por aquel entonces tenía trece años y acababa de conocer al Boss por "Tunnel of love" y sus directos recogidos en aquella maravillosa caja titulada "1975-1985", en la que se había recopilado lo mejor de lo mejor de su primera década de conciertos. He de reconocer que la escucha de este segundo LP me dejó frío, muy frío. Durante años, fue uno de sus discos que menos escuché. No me decía nada. Por suerte, las personas solemos madurar con el paso de los años. Hasta que, tras sucesivas escuchas y el transcurrir de la vida, fue escalando posiciones dentro de la discografía del Boss y, a día de hoy, se ha convertido en mi disco preferido (junto a "Darkness on the edge of town").
 
     De la mano de Columbia, Jim Cretecos y Mike Appel, Springsteen nos dejó la máxima expresión de la música hecha arte, poesía y sentimientos a flor de piel. En mi opinión, el trabajo más cercano a la perfección que puede realizar un artista. Y todo ello a sus escasos 24 años de edad. Todo un prodigio de la naturaleza.
 
     "The E Street Shuffle" abre el disco con el sonido de varios instrumentos de viento embriagados a los cuales releva una endemoniada guitarra acompañada del bajo, la mandolina, el saxo y el acordeón. Bruce canta sobre los acontecimientos de la calle E, donde vivía el componente de su banda David Sancious, en Nueva Jersey. Curiosamente, de ahí tomó su nombre la famosa banda de acompañamiento del Boss, la E Street Band, aunque Sancious abandonó el grupo no demasiado tiempo después. El tema narra los bailes y los ligues de los adolescentes en los calurosos veranos.
 
     "4th Of July, Asbury Park (Sandy)" supone un paso en la maduración de los adolescentes, el momento en el que del deseo de diversión y desenfreno (de perseguir "a todo ese montón de vírgenes tontas de New York") se llega a un estado de mayor quietud en el que se siente la necesidad de decir que "esta vida del paseo marítimo se ha acabado y tú también deberías dejarla", para acabar con un "ámame esta noche y prometeré amarte siempre". En la canción se cita por primera vez a Madame Marie, una conocida pitonisa que trabajaba en pleno paseo marítimo de Asbury Park. Y lo hizo hasta no hace demasiados años.
 
     "Kitty´s Back", de más de siete minutos de duración, es una obra épica (musicalmente hablando) en el pleno sentido de la palabra. Una auténtica sinfonía llevada al rythm and blues de mayores quilates de la historia de la música. Sus numerosos giros y el estremecedor sonido de sus pianos, órganos y sus múltiples instrumentos de viento la han convertido en mi pieza favorita de toda la carrera del Boss (con el permiso de "Jungleland"). Su guitarra hiriente al inicio del tema nos anticipa lo que viene a continuación. Sus coros, más bien alaridos en ocasiones, le otorgan un toque dramático que pone los pelos de punta. La letra supone una continuación de la parábola del "hijo prodigo" que retorna destrozado y con "el rabo entre las piernas". No queda claro si se hace referencia a una gata o a una mujer. Cualquier tipo de interpretación en este sentido puede ser perfectamente válida.     
 
     "Wild Billy´s Circus Story" cierra la cara A en sus versiones LP y cassette. Cuenta las pequeñas historias que componen el día a día de los miembros del circo. Y no se deja a ningún personaje en el tintero. Es una balada cuyo ritmo, también dramático, viene marcado por la guitarra, el órgano y los instrumentos de viento. Bruce casi recita la letra.             




     "Incident On 57th Street", de casi ocho minutos de duración, abre la cara B. El piano y la punzante guitarra otorgan a la pieza un toque de solemnidad que poco a poco se irá diluyendo ante el órgano y el acordeón, quienes conducen la canción en la mayor parte del tema. Los coros y la batería de Vini "Mad Dog" López, el otro componente que abandonaría poco después la formación, marcan el ritmo. Al final se vuelve a la guitarra y al piano, a la solemnidad del comienzo. La letra narra la complicada relación entre un español (Johnny) y una puertorriqueña (Jane) en el mundo de navajas automáticas, prostitutas y dinero fácil al que se han visto abocados.
 
     "Rosalita (Come Out Tonight)" es uno de los temas estrella de la carrera discográfica del Boss. Toda una declaración de intenciones ante la protagonista femenina de la historia, cuya madre odia a su pretendiente "porque toco en una banda de rock and roll" y cuyo padre "sabe que yo no tengo dinero". El cantante se muestra como el libertador de su chica, a la cual pretende "requisar" de las garras de sus padres para hacerla suya y llevarla al sur de California, donde existe un café "donde tocan las guitarras toda la noche y todo el día". Los coros acompañan la voz de Springsteen, que se desgarra por momentos en su intento de convencer a Rosalita para que salga con él por la noche.
 
     "New York City Serenade" es la pieza que pone fin a un disco pletórico. Una balada de esas que apetece escuchar con las luces apagadas para no tener la tentación de perderse ningún detalle de la misma. Sus dos primeros minutos se desarrollan como si de música clásica se tratara. Los ocho minutos restantes componen otra sinfonía en la que los instrumentos y los coros entran y salen de la escena cuando así lo requiere la letra, que cuenta la relación imposible entre Billy y Jackie, una mujer cuyos temores e inseguridades echan por tierra la posibilidad de estar con el protagonista del tema (¿quizás el propio Bruce?).
 
     Como su predecesor, "Greetings from Asbury Park, NJ", "The wild, the innocent and the E street shuffle" recibió muy buenas críticas desde el principio, aunque vendió bastantes menos ejemplares que aquel. Algo que hace bueno aquello de que no siempre lo más vendido es mejor. Estamos, sin duda, ante un disco excepcionalmente elaborado, melódico, agitado, con solos de guitarra épicos y unos coros que lo mismo son guerreros como románticos. Un cóctel musical que, como el mejor vino, gana con el paso de los años. La combinación de temas rockeros y hasta bailables con otros mucho más realistas y personales (historias que construyen música desde la anécdota más simple) acabarían consagrando a Bruce Springsteen como el genio al que hoy todo el mundo idolatra.  
 
                        

miércoles, 9 de febrero de 2011

SPRINGSTEEN Y LA TIERRA DE LA JUNGLA (JUNGLELAND)


     En numerosas ocasiones he pensado en escribir algo acerca de este hombre que, desde mis tiernos doce años, me hechizó. No lo había hecho hasta ahora porque no habría podido ser lo más mínimamente objetivo a la hora de expresar mis opiniones sobre él. Y es que siempre que se me ha ocurrido escribir sobre el Boss ha sido en plenas épocas de springsteen-manía. Justo después de ver un concierto suyo no es un buen momento. Sé que muchos de vosotros me entendéis perfectamente. No se trata de dejarse llevar por la euforia que Bruce provoca en quien va a sus conciertos (sea fan o simple aficionado a la música) ni de parecer un loco adulador. Por suerte, he tenido el inmenso placer de verle en concierto en ocho ocasiones. Ahora que está un poco más tranquilo porque lleva año y medio de vacaciones es el momento de hacerlo.

     Mucho se ha escrito sobre este personaje, durante varias décadas, pero cada uno expresa sus sentimientos a su manera. Para mí, lo más destacable de Bruce, más allá de su genialidad musical, es su honestidad. Desde el principio me entusiasmó por su música y la fortaleza de sus directos. Pero, sin duda, lo que me enganchó de Springsteen para siempre es su sentido de la responsabilidad hacia sus fans y sus compañeros musicales. Incluso en los malos momentos.

     Porque Bruce no se puede entender sin la E Street Band. En ella, los músicos no son personas individuales que tocan a la vez. Son una implacable máquina de hacer rock and roll sin concesiones. Los componentes de la banda son, ante todo, amigos que se divierten como niños en un escenario y que no pierden sus ganas y su vitalidad ni después de cuarenta años dándolo todo cada noche durante tres horas, o más, de show.

     Evidentemente, una banda que lleva cuarenta años en la música ha de pasar por momentos buenos y malos. Bruce decidió seguir su carrera en solitario en un momento dado, regresando con sus amigos unos años después con más fuerza que nunca (teniendo en cuenta la edad de sus componentes). La amistad existente entre ellos es la única forma de que sigan juntos hasta el día de hoy. Steven dejó la formación, entrando en su puesto de guitarrista Nils Lofgren, quien se trajo consigo a su novia, Patty Scialfa. Bruce acabó quitándole la novia a Nils y Steven volvió a la banda. Lo lógico habría sido que Nils hubiera dejado la E Street Band, enfadado con Bruce y su ex-novia, y que Steven hubiera ocupado de nuevo su lugar originario. Pero la E Street Band es diferente. Nils sigue siendo amigo de Bruce, Patty y Steven, forma parte de la banda todavía y ésta tiene dos guitarristas formidables. Nadie sobra en esta banda de amigos rockeros ya sexagenarios.

     Bruce y la ESB se entregan cada noche durante tres horas conscientes, como nadie, de que los asistentes de hoy no son los de ayer ni los de mañana. Ellos saben que la noche de hoy es especial para esos miles de fans que se agolpan frente al escenario. Y se dan a ellos hasta la última gota del sudor de sus frentes, estableciéndose así una serie de acciones de reciprocidad músicos-espectadores que el estadio o el pabellón se convierte en una comunión, o mejor en un banquete, en el que todos se alimentan unos de otros, llegando a un estado de éxtasis que ninguna droga puede llegar a conseguir. Llevando a la gente casi a levitar. Para muchos todo esto os sonará a exageración. Para otros sé que no. Seguro que algunos de vosotros habéis levitado, conmigo, en algún momento de sus conciertos. 

     Esa honestidad que tienen Bruce y el resto de componentes de la ESB consigo mismos y, sobre todo, con las miles de personas que van a verles cada noche, es lo que los hace tan especiales. Por lo menos, para mí. Muchas bandas llegan, tocan y se van con la billetera llena. Evidentemente, toda la ESB está forrada. Pese a ello, cada noche cambia la mitad de su repertorio, haciendo que cada concierto sea único y diferente al de ayer o mañana. Por eso mismo, los fans no se cansan de verles más de una vez dentro de la misma gira: con Bruce y la ESB cada concierto es diferente. Y ya no entro a comentar el tema de las peticiones y los cartelitos. Porque es realmente acojonante verles tocar "a pelo" cualquier canción de cualquier artista. Desde luego, tienen huevos hasta para tocar "Great balls of fire"!

     Sin duda, vivimos en un auténtica jungla. La sociedad cada vez está más desvalorizada y las personas vamos cada una a la nuestra. Las pequeñas cosas importantes cada vez se valoran menos y la gente prefiere mirar hacia otro lado para no ver la realidad. Por suerte, tenemos al Boss para hacernos callar con un gesto o un simple tsssssss y volver a llevarnos al buen camino, protegiéndonos y dándonos fuerza para seguir viviendo en la tierra de la jungla...

     Por ello, y en homenaje al Boss, este nuevo blog lleva por título "Jungleland".