Las novelas históricas de Javier Pellicer tienen un alto componente de mitología y religión. La Historia de la Humanidad no se entiende sin ellas, y el autor de Benigánim (Valencia) lo tiene muy claro. El espíritu del lince (2012), Leones de Aníbal (2018), Lerna. El legado del Minotauro (2021), El tesoro de La Girona (2023) y Amazonas. Las reinas guerreras (2026) así lo atestiguan. En el caso que nos ocupa en su más reciente obra es el denominado cinturón de Hipólita, un objeto mágico que simbolizaba el poder de las reinas amazonas según la mitología griega, el que da pie al autor a desarrollar una novela histórica y de aventuras que atrapa, entretiene y nos ilustra sobre Historia, mitología y religión griega. Poco más se le puede pedir a un libro. Sobre todo cuando la historia que nos relata está ampliamente documentada, algo que Pellicer siempre cuida hasta el más mínimo detalle y que es digno de agradecimiento por parte de los lectores.
Cuenta la mitología que el cinturón de Hipólita fue un regalo de Ares, dios de la guerra, a su hija Hipólita. Y que Admete, hija del rey Euristeo de Micenas, lo ansiaba. Tanto que envió a Alcides -conocido más tarde como Heracles y Hércules- para arrebatárselo. La reina guerrera trató de evitar la guerra y pretendió entregarle el cinturón para proteger a su pueblo, pero Alcides, preso de la locura, causó una cruel batalla en la que dio muerte a Hipólita y a varias guerreras más. Ese es precisamente el punto de partida de la novela. Una novela que se documenta directamente de Amazonas. Guerreras del mundo antiguo, estudio realizado por la historiadora clásica estadounidense Adrienne Mayor que explica la historicidad de las guerreras amazonas de la mitología griega. Y que demuestra que las amazonas no eran meras fantasías. Así, analiza excavaciones arqueológicas actuales que demuestran que hubo guerreas reales en las estepas de Escitia -en las actuales Ucrania y Rusia-, y que combatían a caballo, usaban arcos, tenían tatuajes y eran enterradas con sus armas. Los griegos crearon mitos como el de Heracles e Hipólita basados en sus encuentros reales con estas culturas nómadas.
La documentación de Pellicer lo llevó hasta un punto óptimo. Su futura historia lo tenía todo -personajes carismáticos como Alcides (Heracles), Teseo (uno de los héroes más importantes de la mitología griega, conocido como el gran rey de Atenas que unificó la región del Ática y derrotó a monstruos terribles), Hipólita (la reina guerrera, esposa de Targitao), Melanipa (instructora militar de las amazonas), Oritía (la futura reina, una guerrera fiera y sin piedad) y Antíope (hermana de Hipólita y Oritía, gran amazona aunque más pacífica y reflexiva que su hermana); grandes batallas (las de Temiscira, residencia de las amezán, y Atenas, la gran capital aquea); una gran aventura (la de la captura y posterior fuga de las amezán supervivientes); una gran expedición (la de las amezán y sus aliados hasta Atenas); y una tragedia final al más puro estilo griego- y solo faltaba desarrollarla con su ya inconfundible estilo: capítulos cortos que enlazan las tramas y subtramas, descripciones psicológicas magistrales, una gran dosis de verosimilitud y explicaciones sobre Historia, mitos y religiones.
De entre todos los personajes de la trama emerge la figura de Teseo, el gran rey aqueo. Amigo fiel de Alcides, el gran campeón tebano, y conocedor de su extremada crueldad, que va aumentando con el paso de los años y de las batallas, lo acompaña al mando de la expedición con la finalidad de tratar de minimizar al máximo el número de víctimas. Así, busca de forma diplomática que Hipólita entregue de forma pacífica su cinto de oro a Alcides. Desafortunadamente, aunque esta acepta finalmente, Alcides tiene otros planes: no solo ansía el cinto de oro para Admete, sino que pretende masacrar al pueblo amezán y llevarse como parte del botín al mayor número posible de guerreras para él y sus hombres. En uno de sus legendarios arrebatos, desencadena una batalla en la que da muerte a la reina Hipólita, a la instructora de amazonas Melanipa y a varias guerreras más. Teseo no puede evitar la masacre y, cargando con la culpa tras lo sucedido, rompe relaciones con su ya ex amigo y busca proteger a las amezán supervivientes. Incluso ayuda a escapar a todas ellas. Excepto a Antíope, por la que siente una gran atracción. Se a lleva con él a Atenas y la hace concubina suya.
Amazonas. Las reinas guerreras nos muestra los estilos de vida de las distintas ciudades y pueblos de la época. Desde la gran Atenas de Teseo, más machista y pacífica aunque con intrigas de poder, hasta la Temiscira amezán, más guerrera y feminista pero también mucho más unida en la búsqueda de beneficios comunes. Desde la Micenas de Euristeo hasta la Troya de Laomedonte y Príamo. Desde la Cnosos del Minos hasta la isla de Esciros, lugar de exilio de un Teseo ya apartado del poder de Atenas. La novela refleja, pues, el ambiente de la época, marcada por la unión de pueblos como los amezán, tauros, tracios, sindos, dandarios, agros, arrecos o meotes contra los grandes poderosos, los atenienses, un conjunto de pueblos unidos y hermanados por el héroe mitológico. Dos mundos contrapuestos que luchan por la preponderancia y/o la venganza y el ajuste de cuentas. Como las amezán de Oritía, nueva reina tras el desastre de Temiscira, que sabe buscar aliados en sus ansias por rendir cuentas a Teseo por la tragedia acaecida.
Oritía lucha por y para la venganza. Y, para ello, no duda en aliarse con los cimerios de Panaságoro y con todos y cada uno de los pueblos con los que contacta. Su hermana Antíope, por contra, vive solo por la libertad. Como un Teseo que busca ser dueño de su propio destino. Que sueña con apartarse de las responsabilidades que suponen ser el rey de Atenas. Que, en cuanto puede, cede casi voluntariamente ante el ímpetu de Menesteo, ansioso por usurpar el poder de Atenas. Que se retira a la isla de Esciros para ser libre a su manera, como rey en el exilio. Allí recibe a su lugarteniente Pirítoo, con quien recuerda la historia que se nos narra en la novela. Su matrimonio con Fedra, hija del Minos de Cnosos. Su relación con el gran amor de su vida, Antíope, convertida en su concubina, que no esclava. Su ruptura con Alcides y Yolao, el fiel escudero de este, tras lo ocurrido con el pueblo amezán. Su reclamación a Náucrato -más conocido como Dédalos-, maestro artesano de Atenas, para que ilustre a Antíope, a quien enseña a leer y a construir objetos e inventos más o menos útiles para ella y para la ciudad.
Amazonas. Las reinas guerreras es, en definitiva, una novela histórica, mitológica y de aventuras que muestra, como todas las anteriores obras de Javier Pellicer, los múltiples recovecos del alma humana. Así, en ella encontramos personajes ambiciosos y sin escrúpulos -como Alcides (Heracles), el campeón tebano, o Panaságoro, el rey de los cimerios-, servidores fieles a ultranza -como Pirítoo (de Teseo) y Yolao (de Alcides)-, traidores -como Menesteo, usurpador del poder de Atenas-, grandes sabios -como Náucrato (Dédalo), el famoso creador del laberinto de Creta-, mujeres tradicionales y convencionales -como Fedra, la esposa de Teseo- y otras hechas para la guerra -como Melanipa u Oritía- o para la paz y la diplomacia - como Antíope, quien en ocasiones también se muestra un tanto ingenua-. Y luego está Teseo, paradójicamente, el gran protagonista de esta novela de guerreras. Un personaje que lucha sobre todo contra sí mismo en busca de purgar sus errores y expiar sus culpas. Como hace cualquiera de nosotros en el mundo real más de tres mil trescientos años después del nacimiento de su mito.