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domingo, 16 de junio de 2013

Pedro Guerra celebra sus 30 años en la música en Gandia





     Pedro Guerra volvió a conmover al público de Gandia. Descalzó sus pies como en sus primeros años y fue dosificando los numerosos destellos de su innegable genialidad durante dos horas intensas y realmente emocionantes en el jardín de la Casa de la Marquesa. Sus toques de humor y sinceridad entre los temas aportaron más magia todavía a un recital que será recordado muchos años por todos los asistentes.

      Desde "Canciones" hasta "Cuando Pedro llegó" el músico de Güímar, Tenerife, islas Canarias, desgranó muchas de sus mejores composiciones a la vez que explicaba a la audiencia diversos aspectos de las mismas o de su propia vida. Las referencias a sus inicios con Taller Canario ("Nadie sabe" y "Contamíname"), a su tierra de nacimiento ("Siete puertas"), a Madrid ("Debajo del puente") y a su padre ("Papá cantó") fueron recurrentes a lo largo del concierto.
 
      Acompañado únicamente de su guitarra reivindicó la calidez de la gente canaria, rememoró la frialdad que sintió a su llegada a Madrid y recordó sus inicios en la capital en Libertad 8 ("Pasa"), donde comenzó a sentirse como en casa y también a hacerse más y más conocido semana tras semana. Sin duda, Libertad 8 fue para él en aquella época un refugio en el que "hace menos frío que en la calle".
 
      Además, el magnífico pero humilde cantautor tuvo tiempo de mostrar y tocar con la vieja mandolina de su padre (repleta de confeti en su interior, lo que utilizó para reflexionar irónicamente sobre algunos aspectos de la actualidad nacional) y también con un timple, instrumento típico canario con el que deleitó a los asistentes con el tema central de la banda sonora de la película "Mararía". "Raíz" volvió a ser un momento importante del recital, igual que "Ofrenda", tema que sirvió para que el tinerfeño comparara la festividad del uno de noviembre entre España y México, donde se celebra "de una manera mucho más especial y alegre que en nuestro país".
 
      Especialmente emotivos fueron los minutos en los que el de Güímar enlazó seguidas las canciones "Cuna vacía" y "La maestra", momento en que reflexionó sobre los niños robados, especialmente los de época franquista, cuando el colectivo de las maestras fue tan perseguido "por el delito de enseñar a leer y escribir a los niños para tratar de asegurarles un mejor porvenir". Sendos mensajes hacia la Iglesia, "que se negó a perder su poder en la educación de este país", y la monarquía, "que caerá por su propio peso" y que "está haciendo una gran labor por la III República", fueron ovacionados por la concurrencia.

     Y tuvo tiempo para referirse a la actualidad política europea. Así, dedicó "Mar de Mármara", otra de sus nuevas composiciones, a las cuatro víctimas de las manifestaciones en Estambul. Calificó al movimiento reivindicador del país euro-asiático como "el 15M turco; un 15M en el que hay muertos". 
 
      Entre la sinceridad, los guiños irónicos y los temas sensibles y humanos del maestro canario todo desembocó en un final de concierto en que sonó, como era de esperar, "Contamíname". Y en los bises llegaron, entre otras joyas, "Casas antiguas", tema capital para quien escribe estas líneas (de su letra salió el título de mi segunda novela, "Almas Suspendidas"), la dramática "El marido de la peluquera" y "Cuando Pedro llegó", también de notable importancia en la referida obra de un servidor.

     En un ambiente íntimo adornado por velas como ofrenda Pedro Guerra celebró en Gandia sus tres décadas en la escena musical. Desde aquí ya sólo cabe desearle otros treinta años más igual de exitosos y productivos para disfrute suyo y nuestro y que sus pies descalzos no tarden demasiado en volver a pisar uno de los escenarios gandienses. Maestro: ya te estamos esperando nuevamente. Gracias por tu música y tus maravillosas letras.


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