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lunes, 19 de junio de 2017

TAJ. Andrés Pascual. Espasa Libros. 2016. Reseña





     El escritor y conferenciante logroñés Andrés Pascual (El guardián de la flor de loto, El haiku de las palabras perdidas y otras) ganó el pasado año el Premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio con TAJ, novela épica que rinde homenaje a los veinte mil héroes que participaron en la construcción y levantamiento de una de las mayores glorias arquitectónicas de la historia de la Humanidad: el Taj Mahal de Agra. Conmocionado por la majestuosidad del edificio y buscando alejarse del resplandeciente balcón real desde el que hasta ahora se había contado la historia de su construcción para acercarse a aquella gran multitud de héroes anónimos, Pascual se embarcó en una novela amena, instructiva, documentada y justa.

     Reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad en 1983 y nombrado una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno, el mausoleo de Mumtaz Mahal, esposa favorita del emperador Shah Jahan, comenzó a gestarse en el mismo momento de su fallecimiento. En su lecho de muerte, su esposo le prometió honrar su recuerdo con el monumento más hermoso jamás construido. Y no escatimó en gastos ni esfuerzos a la hora de cumplir su promesa. Costó 22 años cumplir con el proyecto completo y participaron más de veinte mil obreros, artesanos y calígrafos. Y no pocos de ellos perdieron su vida en el transcurso de las obras.

     En palabras del autor de la novela, la obra mostró a la Humanidad que cuando actuamos juntos y guiados por el amor en cualquiera de sus formas, somos capaces de alcanzar cualquier desafío. Y no le falta razón a Pascual, pues en ella participaron los mejores profesionales de cada campo y de todo Oriente. No en vano, el Taj Mahal está considerado el más bello ejemplo de arquitectura mogola, combinando elementos de las arquitecturas islámica, persa, india y turca. Así funciona el karma: como una cadena de buenas acciones en la que todo se enlaza y tiene sentido a través del amor.

     La única forma de llevar a cabo el pretendido homenaje a esa ingente masa de anónimos capaces de llevar a buen término un proyecto tan colosal como el Taj Mahal era crear un personaje que perteneciera a ella. Es decir, alguien que no fuera parte importante del proceso. Alguien a través del cual narrar la historia desde un punto de vista diferente. Y Balu fue el elegido por Andrés Pascual. Un joven del desierto, con un don muy peculiar --con manos para el dibujo--, que huye de su poblado tras la inesperada muerte de su padre, el señor Metha, un humilde campesino que siempre cuidó las manos de su hijo. Aunque ello conllevara el odio y los celos de sus hermanos mayores.

     TAJ es también una novela de aventuras. Porque Balu deberá hacer frente a una serie de vicisitudes para alcanzar sus sueños: abrirse camino entre la gran multitud de calígrafos, arquitectos, artesanos y obreros y reunirse con el amor de su vida, Aisha, de la cual hubo de apartarse al salir a toda prisa de su poblado. Ni qué decir tiene que el protagonista irá madurando y enfrentando cada uno de los problemas que amenazan con poner fin no solo a sus sueños sino a su propia vida. Una vida que pasa de no valer nada en absoluto a ir siendo cada vez más importante para otros protagonistas. De nuevo, el karma.

     Absolutamente todos los personajes aparecen bien definidos ante nuestros ojos. Tanto los reales --con el calígrafo Khush Nawis, el arquitecto Ustad Ahmad y los hijos del Shah Jahan, Dara, Aurangzeb y Jahanara, al frente-- como los inventados. Dejando al margen a Balu, también su amada Aisha, sus amigos Deepak y Santosh y otros obreros cumplen un papel muy definido en la obra. El amor, los celos, la cooperación, la solidaridad y la maldad se convierten también en personajes de la novela. Porque, a tenor de todo lo anterior, también estamos ante una especie de novela ejemplar, por cuanto destaca los valores que todos deberíamos querer para nuestros hijos.

     Además, la novela también nos cuenta una serie de historias de amor. De amor sin condiciones. El de Balu y Aisha es la principal. Sin embargo, no deberíamos pasar por alto la de Deepak y Santosh, la pareja amiga de Balu. Tampoco la de los padres del protagonista. Y, obviamente, tampoco la del Shah Jahan y Mumtaz Mahal, pues es esta la razón de ser de las otras y también de la novela misma. Porque el amor engendra amor. De la misma manera que el odio engendra odio. Y es que el odio también aparece en las páginas de la última novela de Andrés Pascual.

     TAJ nos muestra cómo lo más grande que se levantó en Agra no fue el edificio en sí sino la fusión pura e incondicional de dos civilizaciones: Islam e Hinduismo. Hinduismo e Islam. Un ejemplo a seguir, especialmente en tiempos tan convulsos e irracionales como los actuales. En efecto, tal y como se extrae de una conversación entre Balu y Ustad Ahmad, las dos escuelas milenarias se habían fundido de forma natural con el único objetivo de alcanzar juntas la perfección. No se trataba de promover la mera tolerancia, ni una pacífica convivencia. El fin último era la fusión total en una fe única. De nuevo, los valores.

                 

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