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lunes, 2 de marzo de 2015

El héroe discreto. Mario Vargas Llosa. Alfaguara. 2013. Reseña





     Con El héroe discreto, Mario Vargas Llosa vuelve a su Perú natal tras recibir el Premio Nobel de Literatura y publicar El sueño del celta, novela también reseñada en este mismo blog en su momento. Para ello, retoma algunos personajes que ya aparecieran en trabajos anteriores: Lituma (Lituma en los Andes o ¿Quién mató a Palomino Molero?), Rigoberto (Elogio de la madrastra o Los cuadernos de don Rigoberto), Lucrecia (Elogio de la madrastra) y Fonchito (Elogio de la madrastra). La novela viene a recuperar algunos de los valores humanos que parecen perderse por momentos en esta profunda crisis social y humana que venimos padeciendo durante más años de los que en principio apreciamos.

     Realmente en la historia podemos encontrar a varios héroes discretos. El primero de ellos, Felícito Yanaqué, transportista y dueño de Transportes Narihualá. Casado con Gertrudis y padre de dos hijos (Tiburcio y Miguel, cuya paternidad pone en duda desde siempre), decide seguir el consejo de su padre - Nunca te dejes pisotear por nadie, hijo. Este consejo es la única herencia que vas a tener - y poner en manos de la policía un caso de extorsión por el cual uno o varios individuos le exigen el pago de una cuota para preservar su seguridad y la de su familia. Negarse a pagar la referida cuota le pondrá entre la espada y la pared. Solo su coraje le hará salir del entuerto.

     El segundo héroe discreto de la novela es el millonario Ismael Carrera, dueño de la aseguradora más prestigiosa de Lima, que decide tomar como esposa a su criada, de nombre Armida, para vengarse de sus hijos, Miki y Escobita, quienes ansían tanto disponer de su herencia que llegan a festejar su muerte antes de tiempo, mientras su padre se debate entre la vida y la muerte víctima de un infarto. El matrimonio deja a sus hijos sin herencia, lo que provoca un escándalo de grandes dimensiones en todo el país. 

     El tercer héroe discreto es don Rigoberto, gerente de la aseguradora, que firma como testigo para el enlace de su antiguo jefe. Se verá acosado por los hijos de aquel, verá cómo su jubilación queda paralizada y deberá anular un viaje ya pagado a Europa con su mujer y su hijo, Fonchito. Su casa se convertirá, como la de Felícito Yanaqué, en el centro de la noticia y será rodeada por los periodistas de todos los medios. Por cierto, parte importante de la novela es esa crítica velada a unos medios cada vez más sensacionalistas y asquerosos que confunden la libertad de expresión con el atosigamiento y el agobio.

     Y el cuarto héroe discreto es Narciso. Chófer personal y hombre de confianza de Ismael Carrera, será el segundo de los testigos de boda de su jefe, con lo cual también habrá de sufrir el incordio de las hienas, adjetivo calificativo de los hijos del millonario. Su situación será mucho peor que la de los demás, pues su posición económica, mucho menos acomodada, no le permitirá actuar de igual manera en las causas judiciales a las que debe enfrentarse por culpa de los despechados desheredados. La lealtad de Narciso y don Rigoberto hacia su jefe y amigo es el otro valor que Vargas Llosa busca destacar en su última novela.

     Cada uno de los referidos héroes discretos trata de vivir su vida según sus respectivos anhelos e ideales, dejando de lado las mezquinades humanas. Sus vidas se convertirán en laberintos de los que solo su astucia, temple y valores les sacarán. Para ello, deberán enfrentar lo peor de las personas: la avaricia, la traición, la maldad. Los escenarios, Piura y Lima, son otros personajes importantes de la novela, en los que también encontramos la maldad y la bondad en sus habitantes. Y es que los personajes principales no dudan en ayudarse los unos a los otros con tal de derrotar a quienes se empeñan en amargar sus vidas. Por tanto, El héroe discreto es una historia moral y ejemplar.

     La novela es un retrato fiel del Perú actual. Con su prosperidad (sobre todo en su capital) y también su atraso. En efecto, Lima y Piura se nos muestran como son, con sus virtudes y sus defectos. Como lugares habitados, vivos. Como recipientes de mezquindades y maldades; de bondades y valores. Lugares donde resistirse al chantaje y a los convencionalismos sociales se convierten en actos de valentía, como si se pretendiera rescatar del olvido viejos valores olvidados por sus respectivas sociedades. Donde se pueden encontrar, aunque para ello haya que escarbar a gran profundidad en la tierra, algo más que dinero y poder.

     A pesar de todo lo expuesto con anterioridad, lo que más me ha gustado de la novela, al margen de esos valores destacados por su autor, es cómo enlaza las historias. La narración es fluida y amena, y va incluyendo personajes, situaciones y diálogos con una gran maestría, narrando a la vez ¡hasta tres situaciones diferentes! Una maestría al alcance de muy pocos escritores. No en vano, Mario Vargas Llosa fue uno de los más grandes escritores latinoamericanos del siglo XX. Y, por lo visto en El sueño del celta y El héroe discreto, también lo es del XXI...                     


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