LIBROS

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viernes, 1 de junio de 2012

La difícil tarea de presentar una novela de un autor novel


     Han pasado cuatro meses desde que vió la luz "El Círculo de las Bondades", mi primera novela. Es tiempo de hacer balance sobre las numerosas presentaciones realizadas hasta la fecha. Evidentemente, ha habido luces y sombras en todo este tiempo. Sensaciones bien diferentes según los días, los lugares y las personas con las que he tratado (tanto organizadores de como asistentes a los actos). Vayamos por partes. Primero analicemos lo negativo.

     La verdad es que no es lo mismo realizar una presentación en una librería que en una Biblioteca o Casa de Cultura de algún Ayuntamiento. De entrada, en muchos Departamentos de Cultura te comentan que si no eres del pueblo en cuestión o tu novela no trata sobre él o sus alrededores no hace falta ni que te molestes. Directamente te dan con la puerta en las narices, lo que dice muy poco de trabajadores que se supone trabajan por o para para la cultura.

     Sin embargo, a otros les da cosa enviarte a la "m" y deciden "organizarla". Aunque por organizarla entienden cederte una sala un día a una hora y despreocuparse totalmente de dar a conocer el acto, con lo cual lo lógico es llegar ese día a presentar tu novela y encontrarte una sala vacía ya que nadie en el pueblo sabe que se presenta un libro porque la información sobre el tema no ha salido ni de las puertas del Ayuntamiento.

     Para poner la guinda al pastel en un Ayuntamiento me pusieron como condición obligatoria realizar la presentación en valenciano-catalán. No es que yo tenga problema con el valenciano (de hecho, las presentaciones en Tavernes y Ontinyent las realicé en esta lengua por acuerdo con los asistentes al acto) pero creo poco apropiado obligar a presentar en valenciano una obra que ha sido escrita en castellano. Vamos, que me parece una total falta de respeto hacia mí. En fin, cosas de políticos...

     En general, el trato recibido en Bibliotecas y Casas de Cultura es bastante pasivo. Pero, como en todas partes, hay honrosas excepciones. En este sentido, he de agradecer públicamente el trato recibido de parte de la Biblioteca Sant Josep de Ontinyent (Natxo Úbeda, 27 de abril), de la Biblioteca Municipal de Tavernes (Fabiola Serra, 18 de abril) y de la Casa de Cultura de Xàtiva (Pepe Sanchis, 12 de abril). Conocer a personas como ellos hace que valga la pena seguir presentando al público el trabajo realizado tan humildemente, pues han demostrado ser grandes profesionales y entusiastas de la cultura. De otros lugares, como Algemesí, Sueca o Enguera, prefiero no acordarme... 

     Vamos con lo positivo. Al márgen de los casos anteriormente expuestos (Ontinyent, Tavernes y Xàtiva) cabe destacar la acogida que he tenido en las librerías de Valencia capital Bibliocafé (28 de enero) y Leo Librería (24 de mayo). Ciertamente, las librerías se mueven más a la hora de promocionar los actos de presentación ya que cuanta más gente logren congregar en su local más ventas conseguirán. Aún así, debo agradecer a José Luis y a Maite la atención que me prestaron en sus respectivos locales. Sobre todo Maite me hizo sentir como en mi casa.

     Escribir y presentar "El Círculo de las Bondades" me ha permitido, además, conocer a personas que no habría conocido de otra manera. Hablo de Patricia Martí, una gran presentadora y mejor persona que, por cierto, concertó los actos en Bibliocafé y Leo Librería. Y, cómo no, de Juan Francisco García, presidente del Club Estudiantes de Baloncesto (mi equipo de toda la vida), quien, después de leer la novela, se ofreció a venir desde Madrid hasta Valencia a ayudarme a presentarla en Leo Librería. Por si esto era poco, preparó un discurso colosal y me regaló una camiseta del equipo con el nombre de mi hijo grabado en la espalda. Todo un detallazo que me hizo sentir como muy pocas veces en mi vida.

     Llega el verano y es tiempo de leer, escribir y descansar. Sin duda, no es el período estival una buena época para presentar novelas. Así que volveré con energías renovadas en otoño. Eso sí, me quedo con lo positivo que tiene andar de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo dando a conocer mi obra: el contacto con los lectores, sus preguntas, sus impresiones y sus ganas de saber más y más acerca de la novela. Para terminar esta entrada os contaré lo ocurrido en la Casa de Cultura de Pego el pasado día 18 de mayo.

     A la presentación acudió una señora de casi ochenta años. Durante el acto parecía como resfriada. De vez en cuando parecía que le iba a caer el moquillo y respiraba con dificultad. Cuando finalizó mi intervención y comenzó al turno de preguntas ella me dijo: "soy polaca, me he emocionado con lo que nos has contado y he de darte las gracias por haber escrito sobre estos personajes y sobre mi país". No estaba resfriada sino emocionada. ¡Y hasta lloró de alegría!

     Sé que no me voy a hacer rico ni con esta ni con ninguna otra novela que pueda escribir en el futuro. Pero no todo en la vida es vender libros. Emocionar a la gente es algo que no tiene precio pero sí muchas compensaciones. Así que: ¡volveré a la carga!




2 comentarios:

Mundo Babel dijo...

Estoy muy de acuerdo con lo que dices Jose, si amas la literaura no escribes para hacerte rico, ni siquiera para vivir de ello, sino que es una necesidad vital y una forma de expresión personal. Las palabras de los lectores de felicitación, de agradecimiento por haberles emocionado compensa todo esfuerzo y sacrificio y, porqué no decirlo, nos ayuda a la autoestima, que para un escritor y en los tiempos que corren es algo a tener en cuenta.

José Ferrandis Peiró dijo...

Así es, David! Uno se siente muy recompensado cuando algún lector le dice que le ha gustado su libro. A todo el mundo le gusta que le reconozcan su trabajo, más allá de los frutos económicos que se deriven de ello. Muchas gracias por participar! ;)