LIBROS

LIBROS
Mostrando entradas con la etiqueta Camilo José Cela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Camilo José Cela. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de junio de 2019

Mis diez mejores lecturas del primer semestre de 2019



     Como cada año, Jungleland cierra por vacaciones veraniegas durante julio y agosto. Antes, como viene siendo tradicional ya, os dejo mis diez mejores lecturas de lo que llevamos de año a modo de recomendaciones literarias para este verano de 2019. Espero que os gusten y nos volvemos a leer en septiembre. ¡Mil gracias!




10. Pan. Knut Hamsun. Anagrama. 2006. Pese a su longitud --escasas ciento sesenta páginas--, logra captar la atención del lector. La naturaleza en general, y la humana en particular, son su centro, su corazón. Hamsun se consagró con ella --junto a Hambre, su obra predecesora-- como el magnífico escritor que fue, hasta el punto de que Thomas Mann, Henry Miller, Franz Kafka o Isaac Bashevis Singer lo reconocieron como su particular padre literario y maestro indiscutible de la literatura moderna. Y Thomas Glahn, el neurótico protagonista de sus páginas, capaz de fascinar y horripilar por igual a las mujeres, personaje huraño y soberbio donde los haya, se descuartiza y se abre en canal ante nosotros sin ningún tipo de pudor para mostrarnos cómo de salvajes podemos llegar a ser los humanos.  

9. Trampantojo. Marina Lomar. Ediciones Babylon. 2019. Novela ágil, bien estructurada y montada, narrada de forma detallista y real a través de unos personajes que lo son a causa de sus bondades y sus defectos, sus fortalezas y sus debilidades. Historia de soledades compartidas y de sentimientos y emociones cotidianos que podrían corresponder a las vidas de casi todos los lectores. Novela de gran profundidad psicológica que nos hace reflexionar sobre nuestras propias vidas. Porque qué fácil resulta siempre ver la paja en el ojo ajeno, y cuánto nos cuesta juzgarnos a nosotros mismos. Quizá por ello recurramos a ese trampantojo particular del que tan bien nos habla la autora en este debut que hace presagiar otras y más exitosas obras.

8. Réquiem por un campesino español. Ramón J. Sender. Destino. 2003. Escrita en 1950 y publicada por vez primera en México en 1953 bajo el título Mosén Millán, esta novela corta del afamado escritor español en el exilio Ramón J. Sender tomó el título definitivo con el que es conocido en la actualidad en 1960. La historia de su huida de la persecución franquista, el fusilamiento de su esposa y su posterior exilio en Francia y en EE. UU. después de pasar por un campo de concentración galo es tan rocambolesca como apasionante. Llegó a Nueva York en 1939 para establecerse de forma definitiva en San Diego, donde vivió hasta su muerte, acaecida en 1982. A día de hoy sigue siendo considerado como uno de los grandes autores españoles de la posguerra. Y este Réquiem, como una de las grandes obras sobre la Guerra Civil Española.

7. Reencuentro. Fred Uhlman. Tusquets Editores. 1997. En sus escasas ciento veinte páginas, refleja fielmente la Alemania de entreguerras y de la nueva pre guerra. Además, narra los sentimientos de juventud y de adultez de un personaje que ha debido seguir con su vida pese a haber vivido el horror nazi. Y debo confesar que hay ciertos pasajes en los que, como lector, he llegado a sentir impotencia, rabia y hasta ganas de llorar. Y eso que la historia que nos cuenta Uhlman la conocemos de sobra. Sin embargo, su forma de contarla, a base de pequeñas y descorazonadoras pinceladas, nos llega hasta lo más hondo de nuestro ser. Más pronto que tarde habrá que leer Un alma valerosa, la continuación de una de esas historias que todo el mundo debería leer algún día.

6. La familia de Pascual Duarte. Camilo José Cela. Destino. 1942. De forma consciente o simplemente casual, cuando Cela publicó esta novela en 1942 dio el pistoletazo de salida a una técnica literaria narrativa que hoy conocemos con el nombre de tremendismo. Técnica que se puso de moda a partir de entonces y que se caracterizó por la cruda presentación de la trama, que recurre a hechos violentos muy a menudo, el particular tratamiento de los personajes, seres marginados de la sociedad (criminales, prostitutas, personas con defectos psíquicos o físicos, etc) y el uso de un lenguaje desgarrado, duro, realista al detalle. La relación entre esta tendencia y el contexto histórico --pos guerra civil española-- es clara, habida cuenta de las duras experiencias que los autores de la época hubieron de sufrir durante la contienda.

5. El fotógrafo de Mauthausen. Salva Rubio, Pedro J. Colombo y Aintzane Landa. Norma Editorial. 2018. Norma Editorial lanzó el pasado 2018 esta novela gráfica sobre el guión del escritor, guionista e historiador especializado en proyectos de tipo histórico Salva Rubio y los dibujos y coloreados del matrimonio formado por Pedro J. Colombo y Aintzane Landa. La obra narra las proezas realizadas por Francisco Boix, un joven fotógrafo español que sobrevivió a la barbarie nazi en el campo de concentración de Mauthausen entre el 27 de enero de 1941 y el 5 de mayo de 1945, cuando fue liberado por los aliados. En total, cuatro años, tres meses y diez días. Toda una eternidad teniendo en cuenta el modo de vida --y de muerte-- del temible escenario de sus gestas. Su gran documentación histórica y el realismo de sus dibujos y colores nos llevan de la mano a esta cruda pero magnífica historia. 

4. Jaque al psicoanalista. John Katzenbach. Ediciones B. 2018. Quince años después del éxito mundial de El psicoanalista, el escritor y periodista judicial estadounidense John Katzenbach resucitó al temible Rumpletiltskin para volver a poner entre la espada y la pared al doctor Ricky Starks. No obstante, en la novela no han transcurrido tres lustros, sino tan solo cinco años. Tiempo en el que el psicoanalista ha rehecho su vida y retomado su actividad profesional. No en Nueva York sino en Miami. Un lugar en el que comenzar desde cero una nueva existencia repleta de sol, trabajo, paz y tranquilidad. Hasta que una noche, el hombre que quiso acabar con él cinco años atrás --y al que creía muerto desde entonces-- reaparece como si nada en su consulta. Los amantes del género del thriller pensarán que la espera bien ha valido la pena. 

3. Nueva visita un mundo feliz. Aldous Huxley. Seix Barral. 1984. En 1958, veintiséis años después de la publicación de la distopía Un mundo feliz, Aldous Huxley recopiló una docena de ensayos sobre su novela original en la revista estadounidense Newsday. De ese conjunto de ensayos nació Nueva visita a un mundo feliz, a partir de la cual revisitamos los contenidos de la novela, verificando sus muchos aciertos y sus pocas equivocaciones sobre lo que en ella se vaticinó en relación a la evolución de la civilización occidental durante ese cuarto de siglo. Además, se comparan algunos hechos respecto a la otra gran distopía del momento: 1984, de George Orwell (1948). En cambio, obvia --el autor sabría sus motivos, los cuales desconozco-- la tercera en discordia: Fahrenheit 451, de Ray Bradbury (1953).

2. Antes de los años terribles. Víctor del Árbol. Destino. 2019. Para contar la verdad hay que tener coraje. Sobre todo cuando esa verdad atenta directamente contra la forma de vida de toda una civilización. Y es que en la nuestra cuenta mucho más el valor de un producto que la forma en la que éste ha sido producido. Poco nos importan los genocidios, asesinatos y demás atrocidades perpetradas en el mundo. Sobre todo, si estas suceden en otro mundo. Uno tan lejano como, por ejemplo, África (Uganda, más concretamente). Por eso, ante el silencio cómplice general, debemos poner en valor la valentía de algunas personas a la hora de dar a conocer historias como las de Isaías Yoweri, Lawino, Joel o Samuel Abu. Porque, como dice el autor de esta gran novela que trata sobre los niños soldado de Joseph Kony, a través de ellas podemos también aprender mucho sobre nosotros mismos.

1. Lluvia fina. Luis Landero. Tusquets Editores. 2019. Una historia familiar que encierra en sí misma muchas más. Las de cada uno de los personajes que la componen. Los lectores se verán identificados en muchos de los momentos y hechos narrados y reflexionarán sobre sus propias vidas, la personal y la familiar, y deberán extraer sus propias conclusiones. Porque, si ningún relato es inocente, tampoco lo es quien lo relata. Y eso nos incluye a cada uno de nosotros. Lean y disfruten de esta narración, pues recuerda a El jugador, de Dostoyevski, a Stoner, de John Williams, y a La elegancia del erizo, de Muriel Barbery. Lluvia fina es la obra cumbre de uno de los grandes escritores españoles de los últimos años. No en vano, Fernando Aramburu aconseja leer de Landero hasta su lista de la compra. Y esta historia puede acabar siendo la mejor novela del 2019. 





miércoles, 27 de febrero de 2019

La familia de Pascual Duarte. Camilo José Cela. Destino. 1942. Reseña





     De forma consciente o simplemente casual, cuando Camilo José Cela publicó, en 1942, La familia de Pascual Duarte, dio el pistoletazo de salida a una técnica literaria narrativa que hoy conocemos con el nombre de tremendismo. Técnica que se puso de moda a partir de entonces y que se caracterizó por la cruda presentación de la trama, que recurre a hechos violentos muy a menudo, el particular tratamiento de los personajes, seres marginados de la sociedad (criminales, prostitutas, personas con defectos psíquicos o físicos, etc) y el uso de un lenguaje desgarrado, duro, realista al detalle. La relación entre esta tendencia y el contexto histórico --pos guerra civil española-- es clara, habida cuenta de las duras experiencias que los autores de la época hubieron de sufrir durante la contienda.

     Los personajes viven, pues, en ambientes marginales y atenazados por la incultura, el dolor y la angustia vital. Lo grotesco y lo repulsivo juegan un papel central en la narración, por lo que el lector asiste a ella impactado. Nada mejor si lo que se pretende con ello es precisamente realizar una honda crítica social. Y, sin duda, La familia de Pascual Duarte, lo es. Porque Pascual Duarte, su protagonista, vivió entre fines del siglo XIX y 1937, años en los que la inestabilidad política, social y económica provocaron que la violencia, a falta de cultura, se extendiera por la sociedad cómo único recurso para solucionar los problemas. Así, Duarte se convierte en criminal. Y, como todo criminal, antes o después habrá de pagar por sus actos.      

     Gracias a esta obra, la literatura española volvió al mundo popular y campesino, poblado por seres primitivos y elementales en cuyos instintos primarios y pasiones salvajes retornamos a la barbarie ancestral de una tierra marcada por el odio y la violencia. Y lo hace de forma audaz y original, a través de varios narradores --el principal de ellos, el propio Duarte, quien narra en primera persona los hechos de su vida, haciendo especial hincapié en aquellos en los que actuó movido por sus graves accesos de ira y rabia, los cuales lo han llevado a esperar en una celda extremeña el momento de su ejecución--, y recurriendo a menudo al refranero español cuando estos no encuentran las palabras necesarias para expresar sus sentimientos o pensamientos.

     Se llevaban mal mis padres, afirma Pascual Duarte, aludiendo a su poca educación, a su escasez de virtudes y a que se cuidaran bien poco de refrenar los instintos, añadiendo que solían llegar a las manos en sus discusiones. Además, explica que mi instrucción escolar poco tiempo duró. Habla del carácter autoritario y violento de su padre y de que su madre se metía con él a la mínima ocasión. Y recuerda el nacimiento de su hermana pequeña, Rosario, quien si bien tardó algo más de lo corriente en aprender a andar, rompió a hablar con tal soltura que a todos nos tenía como embobados con sus gracias. De todo ello se desprende que su hermana fue, en realidad, la única persona a la que Duarte amó de verdad a lo largo de su azarosa vida.

     La muerte de su padre, a causa de la mordedura de un perro rabioso, y sobre todo la de su hermano pequeño, Mario, marcó su infancia. Y su odio hacia su madre se acrecentó. De ella dice que no lloró la muerte de su hijo y que, por ello, tal odio llegué a cobrar a mi madre, y tan deprisa había de crecerme, que llegué a tener miedo de mí mismo. Y, así, a mi madre llegué a perderle la respeto, primero, y el cariño y las formas al andar de los años. Dejó de ser una madre en mi corazón y llegó a convertírseme en un enemigo rabioso que me gastó toda la bilis. El futuro crimen comienza a tomar forma en la cabeza del protagonista. Antes de él, sin embargo, hubo más. Concretamente, los de Lola, su primera esposa, que lo engaña con el Estirao, y el del propio el Estirao, que ha deshonrado tanto a su esposa como a su hermana Rosario.

     A lo largo de su relato, Duarte se lamenta de su mala suerte y de su desgracia. ¡Quién sabe si no sería Dios que me castigaba por lo mucho que había pecado y por lo mucho que había de pecar todavía! ¡Quién sabe si no sería que estaba escrito en la divina memoria que la desgracia había de ser mi único camino, la única senda por la que mis tristes días habían de discurrir! Porque a los malos tratos recibidos por parte de sus padres y la muerte de su hermano pequeño a corta edad habría que añadir la muerte de su propio hijo y la deshonra de su hermana, que llega a ejercer la prostitución de la mano de el Estirao. Y en pleno subidón de ira, reflexiona sobre que si los hombres del campo tuviéramos las mismas tragaderas de los de las poblaciones, los presidios estarían deshabitados como islas.

     Pero, como todo es susceptible de empeorar, Lola llega a decirle, justo antes de morir, que la sangre parece como el abono de tu vida, palabras que, añade Duarte, como con fuegos grabadas conmigo morirán. Y, tras cumplir condena por los asesinatos de Lola y el Estirao, es liberado. Por contra, el sentimiento de Duarte respecto a su libertad resulta muy significativo por cuanto anticipa lo que está por venir todavía: creyendo que me hacían un favor, me hundieron para siempre. Así narra su vuelta al pueblo: un poco más adelante estaba el cementerio. El cementerio donde descansaba mi padre de su furia; Mario, de su inocencia; mi mujer, su abandono; el Estirao, su mucha chulería. El cementerio donde se pudrían los restos de mis dos hijos, del abortado y de Pascualillo, que en los once meses de vida que alcanzó fuera talmente un sol...

     Al reunirse de nuevo con su hermana, la única persona a la que puede acudir tras haber cumplido su condena, la Rosario se sonreía con su sonrisa de siempre, esa sonrisa triste y como abatida que tienen todos los desgraciados de buen fondo. Su hermana le ha buscado hasta novia: Esperanza, enamorada de él desde antes de su primer matrimonio con Lola, quien le ha esperado para ser su segunda esposa. La mala relación de su madre con su esposa, sumada al odio de siempre y los deseos incumplidos, truncados de poder comenzar una nueva vida desde cero, precipita los acontecimientos definitivamente. Frustrado y desesperado, Duarte piensa que hay ocasiones en las que más vale borrarse como un muerto, desaparecer de repente como tragado por la tierra, deshilarse en el aire como el copo de humo. Todas estas reflexiones en voz alta constituyen buena parte de lo mejor de la novela de don Camilo.

                                


miércoles, 4 de enero de 2017

Mis diez libros preferidos de 2016





     Como cada año por estas fechas comparto con vosotros la lista de mis diez libros preferidos del año. Aún estáis a tiempo de regalarlos a vuestros seres queridos con motivo de la inminente llegada de los Reyes Magos de Oriente. Tal y como podréis observar, no solo de novedades vive el hombre, por lo que la lista incluye obras ya conocidas desde hace años. Es la siguiente:


10. Lo que el hielo atrapa. Bruno Nievas. Ediciones B. 2015.  La tercera novela del escritor y pediatra almeriense supone su incursión en el género épico y de aventuras de la mano de la expedición al Polo Sur de Ernest Shackleton a bordo del Endurance. Tras los dos exitosos thrillers --Realidad aumentada y Holocausto Manhattan-- que lo dieron a conocer en el mundo editorial demuestra que es un autor que se atreve con cualquier temática a la hora de abordar sus historias.


9. París-Austerlitz. Rafael Chirbes. Anagrama. 2016. La novela póstuma del genial maestro valenciano. Tras veinte años de idas y venidas, correcciones y modificaciones, la dio por terminada pocas semanas antes de fallecer en agosto de 2015. Una historia cruda, provocativa, realista sobre una relación homosexual venida a menos por las diferentes procedencias sociales y formativas de sus protagonistas. Una despedida digna de uno de los grandes autores españoles de los siglos XX y XXI.


8. El tambor de hojalata. Günter Grass. Alfaguara. 1999. La novela más conocida de otro de los genios literarios universales que nos dejó en 2015. Crítica social, ironía, sentido del humor y una narrativa ligera que llega al corazón del lector. Un drama tierno y a la vez crudo sobre la Alemania en tiempos de guerra y posguerra. Una novela que todo el mundo --tanto los interesados en la historia como los que simplemente buscan entretenimiento-- debería leer.


7. El guardián entre el centeno. J. D. Salinger. Edhasa. 2007. Una prueba fehaciente de que en ocasiones basta una sola obra para pasar a la posteridad del mundo literario. Holden Caulfield narra sus peripecias en la Nueva York de posguerra. Una novela emotiva que nos habla de temas como el fracaso escolar, la rigidez de una familia tradicional de la época y de la sexualidad adolescente. Un personaje entrañable que nos atrapa desde el principio pese a contarnos una historia realmente dura.


6. La víspera de casi todo. Víctor del Árbol. Ediciones Destino. 2016. El Premio Nadal 2016 narra la huida de su protagonista hacia un anonimato en el que se siente mucho mejor que como héroe. Sin embargo, la aparición de una extraña mujer que también huye de sus propios fantasmas volverá a sumirlo en una situación difícil de superar. Dos historias que confluyen en un mismo lugar y tiempo, lo que amenaza con provocar la deriva de ambos.


5. La colmena. Camilo José Cela. Clásicos Castalia. 1987. Una de las grandes novelas españolas del siglo XX. La pluma del futuro Premio Nobel plasmó una novela coral en la que Madrid, sus cafés y sus gentes son los grandes protagonistas. Escenas simultáneas, historias de todo signo, vidas que confluyen formando una red o mosaico que nos atrapa hasta sus últimas consecuencias. Un toque de genialidad final que nos deja conmocionados. Una maravilla de novela.


4. El psicoanalista. John Katzenbach. Ediciones B. 2016. Un magnífico thriller. De los que cuesta soltar aunque sea a altas horas de la madrugada. Una carta anónima que busca el suicidio de su receptor. Una sucesión de acontecimientos que, en efecto, parecen abocarlo a un final dramático. Un giro genial que cambia las cosas de la noche a la mañana. Un psicópata sediento de venganza por algo ocurrido veinte años atrás. Unos personajes soberbiamente caracterizados. Tanto que la historia incluso llega a parecer real.


3. Tengo en mí todos los sueños del mundo. Jorge Díaz. Plaza Janés. 2016. La cuarta novela de Jorge Díaz. Basada en la historia real del navío Príncipe de Asturias, conocido como el Titanic español por hundirse, hace exactamente un siglo, en costas brasileñas. Una novela coral en la que los protagonistas se van relacionando entre sí de muy diferentes maneras hasta llegar a un desenlace que no por conocido deja de inquietarnos y sorprendernos.


2. Born to run. Memorias. Bruce Springsteen. Random House Mondadori. 2016. Escritas de puño y letra por el propio Springsteen, estas memorias dejarán a más de uno realmente sorprendido. Conocer mejor al Boss, con todas sus luces --ya conocidas de antemano-- y sus sombras --parte fundamental de esta autobiografía-- agranda más si cabe la leyenda de este genio del rock and roll contemporáneo. Bruce se muestra tan cercano que casi podemos tocarlo.


1. Patria. Fernando Aramburu. Tusquets Editores. 2016. Pocas veces he tenido tan claro a qué novela otorgar el número uno en mi lista. Sin duda, la novela del año. Y puede que hasta de la década. Una novela necesaria que todo el mundo debe leer. Las dos caras de un dramático conflicto, el vasco, narrado de forma maravillosa, directa, sin florituras, y, lo más importante de todo, sin tomar partido por nadie. El narrador desaparece ante unos personajes que nos conmueven por igual. Una prueba definitiva de que el dolor humano no conoce límites. Y de que el concepto víctima debería ser ampliamente revisado. ¡Una joya!




miércoles, 30 de noviembre de 2016

La colmena. Camilo José Cela. Clásicos Castalia. 1987. Reseña





     Cela escribió La colmena entre el Madrid de 1945 y el Cebreros de 1950. Cinco años de idas, venidas, correcciones, reeescrituras, más revisiones e incluso luchas contra la censura franquista. Cinco años en los que debió volverse loco encajando las piezas de un puzzle cuya resolución, me temo, solo conoció y conoce él, incluso más de medio siglo después de regalarnos una obra inmortal por varios motivos. Cerca de trescientos personajes en apenas trescientas páginas. Ahí es nada. Tres días. Una ciudad. Sexo, mucho sexo. Prostitución. Homosexualidad. Miseria. Una técnica narrativa que combina el narrador omnisciente clásico y otro, bien diferente, que comenta las actitudes de sus personajes, llegando en no pocas ocasiones a ironizar sobre ellos e incluso a burlarse de ellos. Pero, vayamos por partes. 

     La obra vio la luz en 1951 en Buenos Aires. En España tardó cuatro años en conseguir ganar la última batalla a la censura franquista. Las causas: las continuas referencias al sexo, el ambiente de prostitución y homosexualidad, la miseria de Madrid que presentaba. Aspectos que, en suma, no decían nada bueno de la España de la época. Un verdadero escándalo. Además, la novela no tiene un hilo argumental establecido. Más bien, es la suma de una gran multitud de escenas que en ocasiones nada tienen que ver entre sí. Anécdotas que acaban por conformar un conjunto de vidas cruzadas a modo de celdas de colmena. Una colmena --no se me ocurre un título mejor para esta novela--, la Madrid de finales de noviembre de 1943, que se convierte en la gran protagonista de la historia.

     Una Madrid descrita a base de retales de historias repletas de miseria, incomodidades, incertidumbre, inestabilidad, marginación. Y un Cela retratando la realidad social y política de la ciudad de manera excelente. Seleccionando solo lo preciso de cada una de las acciones de los trescientos personajes citados en el texto. Todo ello, fruto de un enorme trabajo de encaje, reflexión, estudio sociológico que uno no quiere siquiera imaginar. No es de extrañar que al autor le llevara cinco años plasmar sobre el papel la historia tal y como la tenía concebida en su mente. Y unos personajes, los carnales, que pertenecen a la clase media baja y a la burguesía venida a menos. Personajes que viven atrapados, cuyos mirares jamás descubren horizontes nuevos y que viven en una claustrofóbica mañana eternamente repetida.

     La novela está tan bien escrita que la aparente espontaneidad de la narración logra esconder ese cuidadosísimo trabajo de perfeccionamiento estilístico. La gran multitud de diálogos se combinan con unas narraciones que en unas ocasiones son tan largas que más bien parecen discursos y en otras, en cambio, son cortantes, directas, abruptas. Algo solo al alcance de un escritor de diez. Y valiente, muy valiente. Más todavía, teniendo en cuenta el contexto: posguerra, censura, enfrentamientos, divisiones, miedo. No en vano, la censura civil aconsejó su publicación solo si el autor atenuaba ciertas escenas, mientras que la eclesiástica la rechazó por atacar el dogma y la moral y poseer un escaso valor literario. Por suerte, en breve, podremos disfrutar de esta obra sin censuras de ningún tipo, tal y como fue concebida.

     Dice la crítica que, para escribir La colmena, Cela bebió de la literatura española anterior: de la novela picaresca --de personajes que deben buscarse su sustento de mil y una ingeniosas maneras, olvidando cualquier moral que no sea la de la mera supervivencia--, del esperpento de Valle-Inclán --muy de utilizar la colectividad como un personaje, utilizando técnicas deformadoras de la realidad--, de las novelas abiertas con multitud de personajes de Pio Baroja --para quien la novela ha de reflejar la vida misma--; pero también de la renovación novelística europea (Joyce, Proust, Sartre) y norteamericana (Dos Passos, Faulkner), que buscaba no solo describir sino denunciar la realidad a través de una compleja estructuración y temática. Todo ello, además, salpicado de escenas de sexo nada apropiadas para la época. 

     Si debiéramos resumir el comportamiento de los personajes de carne y hueso de la novela en una sola palabra no habría otra mejor que insolidaridad. Al menos durante el primer noventa por ciento de la obra. Cada uno de ellos, como ha quedado dicho ya, abandona toda moralidad para proporcionarse su propia supervivencia. Así ocurre durante la mayor parte de la novela, salvo en escasas y honrosas excepciones en las que algunos de ellos se prestan dinero, se pagan cafés --¡los cafés son los otros grandes protagonistas no carnales de la novela!--, o incluso piensan en prostituirse para conseguir dinero con el que curar a su novio tullido. En cambio, en las últimas páginas, ante el cariz de unos acontecimientos que desconocemos los lectores pero no los personajes, estos se vuelven solidarios, empáticos, dignos.

     En efecto, ha de meterse en un lío el poeta Martín Marco, protagonista que sirve de nexo de unión entre unos personajes cuyas relaciones parecen no tener nada en común justamente hasta ese desenlace sorprendente y abierto, para que estos saquen lo mejor de sí, dejando de ver únicamente sus propios ombligos, para tratar de ayudarlo y ponerlo a salvo de un peligro que desconocemos y que nos hace quedarnos con ganas de más. Solo entonces la sociedad individualista de la colmena se transforma en una nueva colmena en la que cada uno de sus moradores da la talla de verdad y se preocupa por el prójimo. Ya se sabe: la desgracia, une.  

     Por todo ello: por la temática tratada, por su estilo narrativo, por sus variadas técnicas de expresión, por denunciar la realidad de una sociedad patriarcal de puertas para afuera pero matriarcal en la esfera meramente doméstica, por escribir sin tapujos sobre sexo, por reunir en una misma obra las distintas tradiciones literarias españolas y extranjeras, por abrir un nuevo camino a seguir por la literatura de posguerra española, por, en definitiva, contar lo que cuenta y hacerlo como lo hace, La colmena ha pasado, por méritos propios, a la historia de nuestra literatura. Y también de nuestro cine. Conviene no pasar por alto la versión cinematográfica dirigida por Mario Camus en 1982, protagonizada, entre otros, por Paco Rabal, José Sacristán, José Luis López Vázquez, Victoria Abril o Ana Belén.