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martes, 25 de junio de 2019

Mis diez mejores lecturas del primer semestre de 2019



     Como cada año, Jungleland cierra por vacaciones veraniegas durante julio y agosto. Antes, como viene siendo tradicional ya, os dejo mis diez mejores lecturas de lo que llevamos de año a modo de recomendaciones literarias para este verano de 2019. Espero que os gusten y nos volvemos a leer en septiembre. ¡Mil gracias!




10. Pan. Knut Hamsun. Anagrama. 2006. Pese a su longitud --escasas ciento sesenta páginas--, logra captar la atención del lector. La naturaleza en general, y la humana en particular, son su centro, su corazón. Hamsun se consagró con ella --junto a Hambre, su obra predecesora-- como el magnífico escritor que fue, hasta el punto de que Thomas Mann, Henry Miller, Franz Kafka o Isaac Bashevis Singer lo reconocieron como su particular padre literario y maestro indiscutible de la literatura moderna. Y Thomas Glahn, el neurótico protagonista de sus páginas, capaz de fascinar y horripilar por igual a las mujeres, personaje huraño y soberbio donde los haya, se descuartiza y se abre en canal ante nosotros sin ningún tipo de pudor para mostrarnos cómo de salvajes podemos llegar a ser los humanos.  

9. Trampantojo. Marina Lomar. Ediciones Babylon. 2019. Novela ágil, bien estructurada y montada, narrada de forma detallista y real a través de unos personajes que lo son a causa de sus bondades y sus defectos, sus fortalezas y sus debilidades. Historia de soledades compartidas y de sentimientos y emociones cotidianos que podrían corresponder a las vidas de casi todos los lectores. Novela de gran profundidad psicológica que nos hace reflexionar sobre nuestras propias vidas. Porque qué fácil resulta siempre ver la paja en el ojo ajeno, y cuánto nos cuesta juzgarnos a nosotros mismos. Quizá por ello recurramos a ese trampantojo particular del que tan bien nos habla la autora en este debut que hace presagiar otras y más exitosas obras.

8. Réquiem por un campesino español. Ramón J. Sender. Destino. 2003. Escrita en 1950 y publicada por vez primera en México en 1953 bajo el título Mosén Millán, esta novela corta del afamado escritor español en el exilio Ramón J. Sender tomó el título definitivo con el que es conocido en la actualidad en 1960. La historia de su huida de la persecución franquista, el fusilamiento de su esposa y su posterior exilio en Francia y en EE. UU. después de pasar por un campo de concentración galo es tan rocambolesca como apasionante. Llegó a Nueva York en 1939 para establecerse de forma definitiva en San Diego, donde vivió hasta su muerte, acaecida en 1982. A día de hoy sigue siendo considerado como uno de los grandes autores españoles de la posguerra. Y este Réquiem, como una de las grandes obras sobre la Guerra Civil Española.

7. Reencuentro. Fred Uhlman. Tusquets Editores. 1997. En sus escasas ciento veinte páginas, refleja fielmente la Alemania de entreguerras y de la nueva pre guerra. Además, narra los sentimientos de juventud y de adultez de un personaje que ha debido seguir con su vida pese a haber vivido el horror nazi. Y debo confesar que hay ciertos pasajes en los que, como lector, he llegado a sentir impotencia, rabia y hasta ganas de llorar. Y eso que la historia que nos cuenta Uhlman la conocemos de sobra. Sin embargo, su forma de contarla, a base de pequeñas y descorazonadoras pinceladas, nos llega hasta lo más hondo de nuestro ser. Más pronto que tarde habrá que leer Un alma valerosa, la continuación de una de esas historias que todo el mundo debería leer algún día.

6. La familia de Pascual Duarte. Camilo José Cela. Destino. 1942. De forma consciente o simplemente casual, cuando Cela publicó esta novela en 1942 dio el pistoletazo de salida a una técnica literaria narrativa que hoy conocemos con el nombre de tremendismo. Técnica que se puso de moda a partir de entonces y que se caracterizó por la cruda presentación de la trama, que recurre a hechos violentos muy a menudo, el particular tratamiento de los personajes, seres marginados de la sociedad (criminales, prostitutas, personas con defectos psíquicos o físicos, etc) y el uso de un lenguaje desgarrado, duro, realista al detalle. La relación entre esta tendencia y el contexto histórico --pos guerra civil española-- es clara, habida cuenta de las duras experiencias que los autores de la época hubieron de sufrir durante la contienda.

5. El fotógrafo de Mauthausen. Salva Rubio, Pedro J. Colombo y Aintzane Landa. Norma Editorial. 2018. Norma Editorial lanzó el pasado 2018 esta novela gráfica sobre el guión del escritor, guionista e historiador especializado en proyectos de tipo histórico Salva Rubio y los dibujos y coloreados del matrimonio formado por Pedro J. Colombo y Aintzane Landa. La obra narra las proezas realizadas por Francisco Boix, un joven fotógrafo español que sobrevivió a la barbarie nazi en el campo de concentración de Mauthausen entre el 27 de enero de 1941 y el 5 de mayo de 1945, cuando fue liberado por los aliados. En total, cuatro años, tres meses y diez días. Toda una eternidad teniendo en cuenta el modo de vida --y de muerte-- del temible escenario de sus gestas. Su gran documentación histórica y el realismo de sus dibujos y colores nos llevan de la mano a esta cruda pero magnífica historia. 

4. Jaque al psicoanalista. John Katzenbach. Ediciones B. 2018. Quince años después del éxito mundial de El psicoanalista, el escritor y periodista judicial estadounidense John Katzenbach resucitó al temible Rumpletiltskin para volver a poner entre la espada y la pared al doctor Ricky Starks. No obstante, en la novela no han transcurrido tres lustros, sino tan solo cinco años. Tiempo en el que el psicoanalista ha rehecho su vida y retomado su actividad profesional. No en Nueva York sino en Miami. Un lugar en el que comenzar desde cero una nueva existencia repleta de sol, trabajo, paz y tranquilidad. Hasta que una noche, el hombre que quiso acabar con él cinco años atrás --y al que creía muerto desde entonces-- reaparece como si nada en su consulta. Los amantes del género del thriller pensarán que la espera bien ha valido la pena. 

3. Nueva visita un mundo feliz. Aldous Huxley. Seix Barral. 1984. En 1958, veintiséis años después de la publicación de la distopía Un mundo feliz, Aldous Huxley recopiló una docena de ensayos sobre su novela original en la revista estadounidense Newsday. De ese conjunto de ensayos nació Nueva visita a un mundo feliz, a partir de la cual revisitamos los contenidos de la novela, verificando sus muchos aciertos y sus pocas equivocaciones sobre lo que en ella se vaticinó en relación a la evolución de la civilización occidental durante ese cuarto de siglo. Además, se comparan algunos hechos respecto a la otra gran distopía del momento: 1984, de George Orwell (1948). En cambio, obvia --el autor sabría sus motivos, los cuales desconozco-- la tercera en discordia: Fahrenheit 451, de Ray Bradbury (1953).

2. Antes de los años terribles. Víctor del Árbol. Destino. 2019. Para contar la verdad hay que tener coraje. Sobre todo cuando esa verdad atenta directamente contra la forma de vida de toda una civilización. Y es que en la nuestra cuenta mucho más el valor de un producto que la forma en la que éste ha sido producido. Poco nos importan los genocidios, asesinatos y demás atrocidades perpetradas en el mundo. Sobre todo, si estas suceden en otro mundo. Uno tan lejano como, por ejemplo, África (Uganda, más concretamente). Por eso, ante el silencio cómplice general, debemos poner en valor la valentía de algunas personas a la hora de dar a conocer historias como las de Isaías Yoweri, Lawino, Joel o Samuel Abu. Porque, como dice el autor de esta gran novela que trata sobre los niños soldado de Joseph Kony, a través de ellas podemos también aprender mucho sobre nosotros mismos.

1. Lluvia fina. Luis Landero. Tusquets Editores. 2019. Una historia familiar que encierra en sí misma muchas más. Las de cada uno de los personajes que la componen. Los lectores se verán identificados en muchos de los momentos y hechos narrados y reflexionarán sobre sus propias vidas, la personal y la familiar, y deberán extraer sus propias conclusiones. Porque, si ningún relato es inocente, tampoco lo es quien lo relata. Y eso nos incluye a cada uno de nosotros. Lean y disfruten de esta narración, pues recuerda a El jugador, de Dostoyevski, a Stoner, de John Williams, y a La elegancia del erizo, de Muriel Barbery. Lluvia fina es la obra cumbre de uno de los grandes escritores españoles de los últimos años. No en vano, Fernando Aramburu aconseja leer de Landero hasta su lista de la compra. Y esta historia puede acabar siendo la mejor novela del 2019. 





miércoles, 5 de junio de 2019

Antes de los años terribles. Víctor del Árbol. Destino. 2019. Reseña





     Para contar la verdad hay que tener coraje. Mucho coraje. Sobre todo cuando la verdad que se cuenta atenta directamente contra la forma de vida de toda una civilización. Y es que en la nuestra cuenta mucho más el valor de un producto que la forma en la que éste ha sido producido. Nos importa bien poco cómo se confeccionan las camisetas o las zapatillas de tal marca o cómo se extraen los minerales que se alojan en las baterías de nuestros teléfonos móviles. Pero, por si esto fuera poco, tampoco nos importan los genocidios, asesinatos y demás atrocidades perpetradas en el mundo. Sobre todo si todas estas acciones se llevan a cabo en otro mundo. Uno tan lejano como, por ejemplo, África. Por eso, ante el silencio cómplice general, debemos poner en valor la valentía de algunas personas a la hora de dar a conocer historias como las que nos cuenta Víctor del Árbol en su última novela, Antes de los años terribles. Porque, como él mismo dice, podemos aprender mucho sobre nosotros mismos.

     El horror, la oscuridad, las tinieblas están muy presentes en esta novela. Una especie de homenaje a (o de revisitación de) la obra cumbre de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas, en el que el personaje de Isaías Yoweri, absoluto protagonista de la acción que él mismo narra en todo momento en primera persona, rinde tributo a Marlow mientras que el temible Christian MF hace lo propio con Kurtz. Así, como Marlow respecto a Kurtz, también Isaías siente hacia el Sueco admiración y repulsión como anverso y reverso de la misma moneda, miedo y excitación al estar cerca de una potencia de la naturaleza que lo ciega. Como Lawino se siente atraída por Joseph Kony, lo cual impide que la protagonista femenina de esta historia pueda seguir los pasos de su amigo Isaías a la hora de tratar de huir de ese horror. Un horror que te desafía, conoce lo que eres, lo saca a flote. Para destruirte o encumbrarte, para hacerte gusano o Dios.

     Isaías Yoweri tiene solo doce años y ama a su poblado, a su casa, a sus padres, a su hermana mayor Rebeca, a su hermano pequeño Joel, a su abuela Ng´o y a su jardín, al profesor Nelson, a su inseparable y querida Lawino y a la vida en todo su esplendor. Pero su feliz infancia queda rota cuando es secuestrado por el LRA (Ejército de Resistencia del Señor) de Joseph Kony, un señor de la guerra que se dedica a robar la infancia de unos niños que acaban convertidos en asesinos de sus familiares y demás compatriotas ugandeses. Christian MF, uno de sus lugartenientes, se hace cargo del niño y trata de hacer de él un cazador de albinos. El fundamentalismo, la magia y la brujería, los sacrificios de albinos, los asesinatos de los rebeldes fieles al gobierno de Museveni y el fin del mundo tal y como era conocido por Isaías constituyen el eje de la nueva vida del protagonista. Un rebelde que tardará cinco años en conseguir huir y llegar hasta Barcelona, donde rehace su vida en torno a las bicicletas.

     Yoweri defiende en todo instante lo bueno que queda de esa infancia robada por los golpistas. Los recuerdos de su vida antes de la llegada de esos tiempos terribles a los que hace referencia el título de la novela. Los momentos en los que fue arrancado de su infancia para ser trasplantado en la edad adulta sin tener las herramientas necesarias para defenderse de los peligros de una edad todavía (lógicamente) desconocida por él. Sin embargo, el gran drama de esta historia es que no solo Isaías fue secuestrado, pues se calcula que fueron unos treinta mil los niños y niñas obligados a enrolarse en el LRA y a prostituirse y convertirse en mujeres de Kony y sus lugartenientes y en madres de futuros líderes del movimiento. Y, evidentemente, no todos reaccionaron de igual manera. Así, en las páginas de esta novela, Víctor del Árbol nos hace asistir a la desgracia de Lawino y el hermano pequeño de Isaís, Joel, quienes acaban por sucumbir a los encantos del Ejército de Resistencia del Señor. 

     Probablemente, el mayor éxito del protagonista principal sea el hecho de haber sido capaz de no caer, de no rendirse, de seguir luchando siempre. Así, rehace su vida en un lugar tan apartado del que lo vio nacer y crecer. Joseph Kony no consigue abducirlo para su causa. Pero no solo eso: tampoco deja en él un poso de odio ni de sed de venganza. Por eso regresa a Uganda más de dos décadas después. Por eso, y por su curiosidad sobre cuál habrá sido el destino de Lawino y de Samuel Abu, un niño albino al que salvó la vida justo antes de huir de su país. Unas jornadas sobre la reconciliación histórica en Uganda servirán para satisfacer esa curiosidad. Y, de paso, para demostrar que otras personas sí ansían la venganza. Unas ansias que a veces convierten a las personas en monstruos capaces de hacer cualquier cosa con tal de rendir cuentas con el pasado. Sobre todo, en personas acostumbradas a vivir con el horror.

     Sobre este tema, hay algo que no debemos olvidar nunca: para que esos monstruos pervivan en el tiempo --y Joseph Kony sigue vivo, en pleno 2019, ya ni siquiera es buscado por sus crímenes contra la humanidad, y la mayoría de sus más de ochenta hijos siguen su camino (por ejemplo, vinculados a los terroristas de Boko Haram)-- solo se necesita a gente débil que le siga hasta la muerte y a gente cobarde que se mienta a sí misma y a los demás y haga de la indiferencia su bandera, interiorizando que aquello que ocurre tan lejos de nosotros no nos afecta y nos debe traer completamente sin cuidado. Ocurrió y sigue ocurriendo en Uganda, pero también en lugares tan distantes e inconexos como Guatemala, Siria, la antigua Yugoslavia, Ruanda o Palestina. Defender los derechos humanos de todos nos atañe a todos. Y, si hablamos de crímenes, no los hay peores que aquellos que atentan contra los más tiernos e indefensos: los niños.    

     Asegura el autor que el noventa por ciento de lo que cuenta en Antes de los años terribles es cierto. La soledad, el desarraigo, la necesidad de un abrazo, la inseguridad de todos esos niños queda encarnada en un personaje que, siendo ficticio, da vida a todos ellos para conseguir empatizar con cada lector. Y es que las novelas de del Árbol se caracterizan por este elemento: el desarrollo psicológico de los personajes, que se hacen entendibles --amados u odiados-- por quienes los leen. Sus libros se sufren y se disfrutan por igual. Se sufren por sus temáticas, que atacan a todo tipo de corazones, y se disfrutan porque están escritos de manera impecable. Por explicarlo con una sola frase, podría decirse que Víctor del Árbol es un escritor de historias de satanases narradas por ángeles. Historias duras narradas desde la dignidad de sus personajes y desde la honestidad de un escritor que se supera novela a novela y cuyo límite parece estar todavía lejano de alcanzar. 

     Antes de los años terribles es un dignísimo homenaje a la obra de Conrad y, en mi opinión, la mejor novela del autor barcelonés. Y eso ya es mucho decir, habida cuenta de las magníficas historias con las que nos ha deleitado hasta la fecha --El peso de los muertos (Premio Tiflos, 2006), La tristeza del samurái (2011), Respirar por la herida (2013), Un millón de gotas (2014), La víspera de casi todo (Premio Nadal, 2016) o Por encima de la lluvia (Premio Valencia Negra, 2017)--, amén de la todavía inédita El abismo de los sueños (finalista del Premio Fernando Lara, 2008). Una obra de siete novelas publicadas --todas ellas reseñadas en este blog-- que no deja indiferente a nadie y que cada vez es recomendada por más lectores. Esperando ya la próxima...