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jueves, 1 de septiembre de 2022

Donde mueren los dragones de jade. Luisa Ferro. Click Ediciones. 2022. Reseña

 



    Han pasado casi seis años desde que Luisa Ferro publicó su magnífica novela El círculo del alba (Planeta, 2016), reseñada en su día en este mismo blog. Puede parecer demasiado tiempo para quienes desconozcan el farragoso trabajo de documentación y escritura de una historia basada en hechos verídicos acaecidos en una época tan antigua y poco conocida como la China imperial de los Song, en pleno siglo XIII. La acción coincide con los últimos veinte años de las incursiones mongolas que acabaron conquistando el único territorio que se mantenía a salvo del dominio del temible Kublai Kan, nieto del no menos conocido Gengis Kan. Desde la capital imperial, Lin´an, la corte deberá huir ante el permanente hostigamiento mongol. Hasta llegar a la isla de Yaishan, donde aconteció una de las batallas navales más grandes de la Historia: la de Yamen. La cual puso fin al imperio e hizo que China ya nunca volviera a ser la misma. Para más inri, Luisa se centra en el bando perdedor, del que, por tanto, se desconocen muchas más cosas con el paso de los años y de los siglos. 

    La historia, dividida en dos libros bajo los títulos El pozo de las luciérnagas y La sanadora del emperador, está protagonizada y narrada en primera persona por un personaje que, aunque ficticio, bien podría haber sido real. Akame es hija del honorable maestro Zheng, procedente de una familia de médicos desde varias generaciones. Viven en una de las calles comerciales más bulliciosas de la capital imperial, donde regentan una farmacia. Allí es donde Akame aprende desde pequeña a leer y a escribir. Y también la medicina tradicional y su vínculo con la filosofía, las matemáticas y la caligrafía. El ambiente de libertad en el que crece Akame choca frontalmente con la sociedad en la que debe vivir. Una chica testaruda, impetuosa y difícil de doblegar debe hacer frente a un futuro sombrío en el que nos inculcaban que nuestro destino estaba escrito y que debíamos obedecer las tradiciones: una mujer debe obediencia a su padre. Luego, al casarse, al marido y, cuando este fallece, al hijo. 

    La vida de Akame comenzó a ser muy complicada desde antes de nacer. Y lo será siempre. Es un constante enfrentamiento a las vicisitudes de la vida, de la familia y de una sociedad cambiante que vive sus últimos coletazos ante la barbarie de una guerra primero inminente y después definitiva. Y los ojos de la protagonista observan con lucidez pero también confusión y horror el fin de su mundo. Un matrimonio temprano, un amor imposible y la enorme dificultad para cumplir su sueño de dedicarse a la medicina provocan en Akame una gran desazón. Por suerte, tiene junto a ella a su inseparable Longyan, un eunuco que heredó a la muerte de su madre y que se convierte en su fiel consejero y cuidador. Su auténtica sombra. Sin embargo, no puede evitar dejar de pensar qué será de ella si resulta yerma o si da a luz a una o varias niñas. En su sociedad los maridos suelen repudiar a sus esposas y concubinas si no les dan varones. Las echan a la calle, sin más, abandonándolas a su suerte y empujándolas a la prostitución o a la muerte.  

    El pozo de las luciérnagas, que da título al primero de los libros de esta bilogía, es el nuevo hogar de Akame tras su matrimonio con Cao, médico amigo y compañero del padre de la protagonista. No obstante, su vida no solo cambia a través de su matrimonio y mudanza a la casa familiar de los Cao, sino que dará un giro definitivo tras conocer, por casualidad, a Mariposa Blanca, concubina del inepto emperador Duzong, siempre ebrio y ausente de las audiencias diarias. Tanto ella como Longyan se convierten en sus máximos sostenes en los momentos de mayor zozobra personal (que son muchos, por otra parte). Sobre todo respecto a su posible futura maternidad: no me veía condicionada a tener un hijo para sentirme una mujer completa. Tenía la responsabilidad de perpetuar la siguiente generación. No tener descendencia estaba considerado como el peor de los pecados. Y no me olvidaba de que llegado el momento yo también tendría que rendir cuentas a Yama, el rey de los infiernos.

    La bilogía comporta, como se ha señalado más arriba e indica la propia autora, un proceso de documentación exhaustivo. Gracias a ello, Donde mueren los dragones de jade constituye un auténtico vademécum de la medicina tradicional china; nos habla de todo tipo de hierbas y recetas medicinales; nos ilustra sobre los enredos y las conspiraciones de la corte, así como de traiciones y redenciones; nos enseña las mil y una supersticiones de la época; nos explica las relaciones entre las esposas y concubinas --solían ser bastante tirantes porque cada una competía por ser el centro de atención del marido-- no solo de los emperadores sino de cada una de las familias del imperio, fuera cual fuera su situación económica y social; y nos ataca directamente al paladar con platos y recetas típicos del lugar y la época reseñados --pudin de arroz, tofu frito en un lecho de espinacas salteadas, pollo en salsa de miel y jengibre, pasteles de batata rellenos de dátiles, carpas en escabeche, cerdo con bambú, bolas de masa hervidas rellenas de setas, etc.

    Además, el lector aprende aspectos casi desconocidos hasta ahora sobre la sociedad china del siglo XIII. Por ejemplo, sobre la castración de los eunucos, el vendado de los pies de las mujeres, el tratamiento de la fertilidad femenina, los zapatos de la longevidad o los protocolos y rituales del parto, del casamiento y de los entierros y lutos. Para un mayor entendimiento de todo ello, al final del libro se incluye un detallado glosario para explicar el significado de algunas palabras y expresiones chinas. También de términos relativos a los meses del año y las horas del día. Y, sobre todo, del papel jugado por la mujer en aquella sociedad. Aspecto que Luisa Ferro define así en boca de Akame: el yin era la debilidad, la oscuridad y el vacío. Correspondía a lo femenino. Su significado era el mismo que definía a la mujer: pasividad, delicadeza, serenidad. Al menos eso era lo que se esperaba de nosotras. Yo, sin embargo, añadiría obediencia, sacrificio, dolor, servidumbre y, aun así, valor frente a la adversidad. El yang era lo masculino: la fuerza, la claridad y la plenitud. Ambos eran contrarios, pero se complementaban. 

    La medicina también está tratada con mucha profundidad a lo largo de ambas novelas. En La sanadora del emperador, Akame destaca lo que me había enseñado mi padre de los conceptos de Confucio al respecto de la forma de proceder de un médico: salvar vidas con amor y actuar con la nobleza del caballero. La bilogía, pues, es de difícil catalogación. Por supuesto, es una novela histórica y de aventuras. Pero también es una crítica socio-política del imperio de los Song. Ser un claro ejemplo de reivindicación de la mujer y su capital importancia en cada uno de los procesos históricos atravesados por la humanidad la podrían convertir también, sin duda, en una novela feminista. Y sus historias de amor irían en la línea de la novela romántica, aunque no de ese tipo de novela de amor empalagosa que tanto gusta a algunas y disgusta a otras --y a otros, claro--. Por no hablar de la obstinada forma con la que Akame lucha por cumplir su sueño de poder dedicarse a la medicina pese a ser mujer. Todo un ejemplo de superación personal. Tema también en auge en la actualidad. 

    Así pues, tras la lectura de ambas novelas --unas setecientas páginas en total--, puedo decir que ha valido la pena esperar estos seis años. Seis años en los que la autora no solo ha ocupado parte de su tiempo en Donde mueren los dragones de jade, puesto que también ha colaborado en las novelas corales España. La novela (Dolmen Editorial, 2018) y España. La novela II. La caída de un imperio (Dolmen Editorial, 2021). Visto lo visto, hará muy bien Planeta en publicar cuanto antes esta bilogía en papel. Tanto la autora como sus historias y sus magníficas portadas merecen que se de ese paso.    




lunes, 16 de noviembre de 2020

Lerna. El legado del minotauro. Javier Pellicer. Edhasa. 2020. Reseña

 





    Relacionar en una misma novela el mundo cretense con los orígenes de Irlanda era una apuesta muy arriesgada. Las posibilidades de sucumbir en el intento o de que este resultara calamitoso eran muy altas. El texto resultante podía carecer del necesario rigor histórico. A no ser que se unieran en el proceso de creación literaria tres aspectos fundamentales. En primer lugar, una conveniente justificación en base a estudios históricos rigurosos y a hallazgos arqueológicos. En segundo lugar, para rellenar los muchos huecos dejados por lo anteriormente reseñado, acudir a antiguos mitos y leyendas --la Historia se parece a menudo al mito debido a que ambos, en última instancia, están hechos de la misma materia, afirmó en su día J. R. R. Tolkien--. Y, en tercer lugar, utilizar, cuando todo lo anterior resulta imposible, pero sin abusar demasiado, el recurso de las licencias literarias, es decir, acabar de unir todo de manera que la historia final tenga una cierta base histórica y una serie de adornos ficticios que resulten, todos juntos, llamativos para el lector. 


    Como bien apunta Javier Pellicer en el epílogo de Lerna. El legado del minotauro, el resultado de todo ello no debe ser calificado como novela histórica al uso, sino como novela mitológica con base histórica. Si toda obra literaria conlleva cierta dosis de ingeniería para que todo encaje de forma conveniente, en casos como el que nos ocupa significa rizar el rizo. Y ello suele terminar, como apunté al principio, en un auténtico desastre. Sin embargo, no ha sido así en la nueva obra del escritor de Benigánim (Valencia) --El espíritu del lince (Ediciones Pàmies, 2012), Legados (Ediciones Holocubierta, 2013), Leones de Aníbal (Edhasa, 2018)--. ¿Por qué no? Pues precisamente porque el autor ha sabido ser riguroso cuando era necesario (personajes mitológicos, lugares reales y contextos históricos, temporales y espaciales), fantástico cuando tocaba serlo (personajes ficticios, lugares inventados y posibilidades históricas no comprobadas pero sí factibles) y licencioso (en el único sentido positivo del término: atrevido) cuando no había más remedio (no en vano, una de las labores del escritor es jugar con el lector y animarlo a seguir con complicidad sus fantasías).


    Todos estos aspectos son explicados más extensamente por Pellicer tanto en el ya referido epílogo como en su propia página web. También en el librito especial que la editorial regala a los cincuenta primeros compradores de la novela que compartan en alguna de las redes sociales una foto con el libro --deben quedar ya muy pocos ejemplares, pero quizás todavía estés a tiempo de conseguirlo si eres rápido--. Yo soy uno de los afortunados y puedo asegurar que es un gran regalo. Resulta apasionante leer cómo el autor fue capaz de dar consistencia a un texto en el que encontramos hechos tan alejados en el tiempo y en el espacio. Siempre, como ha quedado claro, en base a esos tres aspectos referidos en las primeras líneas de este escrito: Historia y arqueología, mitología y licencias narrativas y argumentales. El resultado es la mejor novela de Pellicer hasta la fecha. Y lo dice alguien que confiesa estar enamorado hasta las trancas de su primera novela, El espíritu del lince.


    La novela consta de tres partes bien diferenciadas. La primera, que lleva por título La Casa del Hacha, nos describe, muy fehacientemente además, cómo era la vida en la Creta de aquella época (1635 a. C.). Con el resplandeciente y sublime palacio de Cnosos como telón de fondo, Pellicer sitúa la acción en las intrigas palaciegas que desembocaron en unos dramáticos hechos que conllevarán la ruptura entre los tres hijos de los reyes: el primogénito, Partolón; el mediano, Tríome; y el pequeño, Starn. La vida fácil de los jóvenes --algo ingenua e inocente incluso en el caso del menor, Starn-- dará tal vuelco que Partolón y Starn decidirán irse de La Casa del Hacha y emprender un largo viaje a través del cual tratarán de encontrar una tierra dormida que han visionado en sueños el consejero y sabio Bacor, Partolón, Starn y Lerna, la bella y valiente esposa del hijo menor de los reyes. 


    Partolón se convierte así en rey en el exilio, mientras que Tríome se corona como el nuevo Minos de Creta. El rey en el exilio es precisamente el título de la segunda parte de la novela. Nos narra el tortuoso, peligroso y larguísimo viaje de los protagonistas hacia esa anhelada Tierra Durmiente. La vida del joven Starn se convierte en una sucesión de desgracias que acabarán progresivamente con esa inocencia e ingenuidad que habían caracterizado tanto su vida como su carácter hasta la fecha. De idealista pasará a convertirse en un luchador empedernido --con sus hondos y lógicos momentos depresivos ante todas las situaciones que se le van presentando a través de los días, semanas y meses de un trayecto que por momentos parece no tener fin--. No obstante, no todo es negativo en ese viaje. Un viaje épico en el que Partolón y los suyos conocerán nuevos pueblos. Como Thapsos, Argar, Cilen o la Gran Isla Alba. En todos ellos dejarán huella. Y de todos ellos extraerán también enseñanzas que les vendrán muy bien --eso sí, no a todos los personajes-- en su nueva morada: la Tierra Durmiente.


    El final del trayecto nos sitúa, en efecto, en la actual Irlanda. El despertar de Lerna es el título de la tercera parte de la novela. En ella, los partolonianos construyen una especie de pequeña Creta en las costas sureñas de la Tierra Durmiente. Una tierra en la que no estarán solos. Como era de esperar, también en un lugar tan apartado de la geografía conocida hasta la fecha existen moradores indígenas anteriores a la llegada de los protagonistas de la novela. Y de la relación que sean capaces de mantener con ellos dependerá en buena parte el futuro de los recién llegados. Las discrepancias, sin embargo, no tardarán en llegar. Mientras el sabio consejero Bacor y Starn apuestan por dejar atrás el pasado y vivir de manera diferente a como lo habían hecho en Creta, el rey Partolón trata de construir una nueva especie de Casa del Hacha, a imagen y semejanza de la original. Tal y como he reseñado en el párrafo anterior, queda patente que no todos han extraído las mismas enseñanzas a través de los contactos con los pueblos por los que ha ido transcurriendo su periplo por el Mediterráneo y el Atlántico. 


    Lerna es, sin duda, la gran protagonista de la novela. Todo cuanto acontece gira en torno a ella. Por eso, Starn se empeña --y en eso sí cede su hermano Partolón-- en que la Tierra Durmiente lleve el nombre de su esposa. Por tanto, Partolón será coronado rey de Lerna poco después de su llegada a la actual Irlanda. Starn es también un gran amante de la música. Siempre toca la lira. Y sus letras sirven para comprender lo que sucede, tanto en su interior como en el mundo que lo rodea. Para él, tocar era algo así como soñar despierto. Entonces, y sólo entonces, podía expresar de verdad todo cuanto sentía en las profundidades de su ser. La melodía que surgía de aquellos cordeles hechos con cáñamo era su auténtica voz, con la que era capaz de hablar libremente de la alegría, la rabia, la añoranza o el amor. Partolón, por contra, era un hombre precipitado y cabezota, de temperamento volátil. Le resultaba imposible esconder las alegrías, los temores... y los odios. Odios que irán in crescendo a lo largo del tiempo. Especialmente, llegados ya a Lerna. 


    Lerna. El legado del minotauro no solo supone un viaje espacial y temporal entre la Creta minoica y la formación de los mitos sobre los orígenes de Irlanda recogidos en el Libro de las Invasiones. Además, nos transporta a lo más recóndito de cada uno de los seres humanos que conocemos al ir pasando las páginas. Porque el ser humano es muy diverso. Y cada uno de ellos es muy diferente al resto. Y saber caracterizar a cada uno de ellos como hace Pellicer en sus novelas es algo muy complicado que requiere grandes dosis de paciencia y de conocimiento de la psicología humana. Más allá de los vastos conocimientos del autor acerca de la Historia, la arqueología, los mitos y los demás aspectos temáticos, uno de los fuertes del valenciano es precisamente ese descuartizamiento psicológico de sus protagonistas. Porque, como dijo una vez Oscar Wilde, los grandes acontecimientos del mundo suceden en el cerebro. Es también en él, y sólo en él, donde se cometen los grandes pecados. Por eso, tras los grandes hechos históricos, siempre hay (salvo accidentes) grandes pensadores o maquinadores.


    Y la conjunción de muchos pecados quizás fuera la causante del surgimiento de la profecía que anunciaba el fin de la dinastía del minotauro. Una profecía que persigue a los Hijos de Partolón allá adonde quiera que vayan. Hasta la mismísima Tierra Durmiente o Lerna. Porque el destino es siempre inexorable y al final todo se precipita ante nosotros. Si a todo ello unimos el peligro de los piratas aqueos, las intrigas palaciegas, el paso de la placidez a la desconfianza y la llegada de la violencia a una tierra hasta entonces pacífica, tenemos el caldo de cultivo de una tragedia irremediable. Y, sin embargo, de una tragedia de tales magnitudes puede llegar a surgir un relato innovador, original, diferente, épico pero también psicológico y sobre todo ameno. Y este es el caso de Lerna. El legado del minotauro. Una novela, recordemos, mitológica con base histórica que debo recomendar a todo aquel que lea esta reseña.                          



jueves, 26 de febrero de 2015

El último judío. Noah Gordon. Ediciones B. 2000. Reseña





     Publicado en 2000 tras la exitosa trilogía dedicada a la familia Cole - compuesta por El Médico (1986), Chamán (1992) y La doctora Cole (1996) -, El último judío retoma el tema estrella de la carrera literaria del escritor norteamericano Noah Gordon: la epopeya judía a lo largo y ancho del mundo en busca de nuevos asentamientos tras sus sucesivas expulsiones de los que habían sido sus hogares hasta entonces. En el caso que nos ocupa, la España de los Reyes Católicos de agosto de 1492.

     Con su estilo ya claramente definido, basado en el rigor histórico, un lenguaje accesible, estructura en capítulos cortos y atractivos y narración directa y entretenida, el autor de origen judío por vía materna nos sitúa en el Toledo de la última década del siglo XV. En un país en el que acababa de ser re-implantada la Santa Inquisición, una institución dedicada a la represión de la herejía en el seno de la Iglesia católica. Un país cuyos reyes decretaron la expulsión de la comunidad judía en 1492.

     La novela, que intercala fragmentos y situaciones de ficción con otros reales, muestra la compleja sociedad española de finales del siglo XV y comienzos del XVI, con la difícil relación de convivencia entre las comunidades católica y judía, en un contexto dominado por la corrupción, el robo y tráfico de reliquias de santos, la superstición, una brutal represión y una intolerancia que llega a la barbarie. En definitiva, un país en el que campaban a sus anchas las traiciones, los asesinatos, la intriga, el miedo y la incertidumbre. 

     En El último judío la Inquisición aparece representada por la figura del sacerdote Bonestruca, asesino y corrupto, que no duda en mandar a la hoguera a quien se opone a sus malévolos planes. Unos planes que van mucho más allá de lo que la bula de creación otorgada por vía papal dictamina. Un personaje siniestro que, además, se salta los preceptos de castidad y tiene una mujer y tres hijos, naturalmente ilegítimos. Un ser maquiavélico que pese a su dulce apariencia carece de escrúpulos, valores y del más mínimo sentido de lealtad. 

     El protagonista principal de la historia, Yonah Toledano, es uno de esos personajes que conmueve por su coraje, valores, firmes creencias, fortaleza mental y capacidad de adaptación a las peores situaciones. Su periplo le llevará, tras perder a sus padres y hermanos, a ciudades como Granada, Gibraltar, Valencia, Zaragoza o Huesca. Y en todos los referidos lugares, y merced a su buen hacer, entablará entrañables amistades que le llevarán a ir superando un sinfín de dificultades. Sus cambios de identidad para mantenerse a salvo de sus perseguidores y su valía humana y actitudinal - trabajará en oficios tan variados como platero, agricultor y ganadero, herrero, carcelero, traductor, personal naval y hasta de médico - serán sus grandes aliados en su lucha por sobrevivir a toda costa.

     La novela narra veinte años de la vida de Yonah, desde 1489 hasta 1509. A lo largo de la narración el chico irá madurando a marchas forzadas y hará frente a todo tipo de situaciones. Conocerá el sexo con distintas mujeres y se hará hombre en el pleno sentido de la palabra. La soledad será un aspecto básico en un hombre taciturno y a veces poco comunicativo por obligación. Un hombre que asume que un mayor contacto con las gentes supone también un mayor riesgo para su propia vida. Un hombre que debe aprender a conocer a las personas y discernir si conviene o no relacionarse con ellas. 

     La profusa documentación histórica - procedimientos de la Santa Inquisición, autos de fe, métodos de interrogatorio y tortura y descripción de lugares y tradiciones, tanto católicas como judías - se acompaña de una gran multitud de informaciones sobre la medicina y la cirugía de la época. En este sentido, podríamos decir que el autor se plagia a sí mismo en algunos momentos de la obra que parecen sacados de su anterior obra titulada El médico. Y es que las enseñanzas de Galeno, Avicena y Maimónides aparecen de nuevo en las nuevas páginas de Gordon, así como distintos conocimientos sobre hierbas curativas y métodos quirúrgicos ya aparecidos en la citada novela.

     Como conclusión, El último judío es una novela rica en personajes, tradiciones y documentos históricos que nos ilustra y entretiene y nos muestra valores personales y humanos dignos de reseñar. Las aventuras y desventuras de Yonah Toledano, siendo ficticias como tales, bien pudieron ser protagonizadas por alguno de los miles de judíos que fueron desterrados de sus casas a fines del siglo XV. Algunos de ellos, como nuestro protagonista, debieron demostrar unos principios y una lealtad, familiar y religiosa, que en nuestra sociedad cuestan cada vez más de encontrar. 

      

martes, 12 de febrero de 2013

La Justicia de los Errantes. Jorge Díaz. Plaza & Janés. 2012. Reseña



     Me había quedado sin un clavo cuando llegué a la caseta en la que Jorge Díaz firmaba ejemplares de esta novela en la Feria del Libro de Madrid el verano pasado. Pero sabía que estaba allí y quise pasar a saludarle por lo menos. Acabé juntando los restos míos y de mi acompañante para poder llegar a comprar "La Justicia de los Errantes". Me lo llevé con una dedicatoria que me llamó la atención mucho. Muchísimo. Hablaba de "una historia de hombres íntegros". Jamás me arrepentiré de volver a Valencia con el dinero exacto para comerme un bocata en el viaje de vuelta. Es lo que tiene ser un escritor novel que no vende ejemplares ni para cubrir gastos.
 
     Lo primero que me ha impactado de este libro es que está narrado en presente, algo que también yo hice en mi primera novela. Algo muy poco habitual pero creo que necesario en determinadas ocasiones. Lo siguiente que debo destacar - y confesar que me atrapó desde la primera página (sí, ya sé que es un tópico, pero en este caso concreto os aseguro que ha sido así) - es la forma de narrar de Jorge: clara, directa, sin artificios, con las descripciones justas y necesarias para situar a los personajes en el escenario. Simplemente os diré que hay un par de escenas claves para la historia en la que se suceden, en apenas página y media, una serie de acontecimientos a modo de flashes y fogonazos que te dejan sin pestañear para no perderte nada de lo que ocurre ante tus ojos.
 
     Si a todo ello le unimos el hecho de que la historia que nos cuenta su autor, siendo ficción, está basada en hechos y personajes reales tenemos los ingredientes necesarios para crear una trama que pienso ha de gustar a cualquier tipo de lector. Un libro en el que a cada giro de página sucede algo importante o interesante ha de ser leído por todo el mundo.
 
     "La Justicia de los Errantes" cuenta la historia de algunos de los más famosos anarquistas españoles de los años veinte y treinta: Buenaventura Durruti, Francisco Ascaso y Joan García Oliver. La novela comienza en España. Sin embargo, pronto se traslada la acción a Sudamérica y París, donde huyen de la cada vez más radical persecución a la que fueron sometidos los cenetistas. Oliver se queda en París. Ascaso y Durruti buscan al otro lado del charco conseguir dinero para su organización.
 
     En efecto, tras asesinar al cardenal arzobispo de Zaragoza y atracar el banco de Gijón, entre otros golpes, la pareja de amigos y militantes ha de huir del inspector Valenzuela (personaje ficticio), un policía de poca moral y mucha desvergüenza que se empeña en querer acabar con ellos sea como sea y caiga quien caiga (aunque éste sea un pobre inocente). Entre todos, cenetistas e inspector, van dejando un rastro de sangre allá por donde pasan: Cuba, México, Argentina o Uruguay.
 
     En Sudamérica, Durruti y Ascaso conocerán a otros anarquistas, algunos de ellos italianos que han huido del fascismo de Mussolini, con los que aprenderán cosas nuevas (y harán que éstos aprendan mucho también de ellos). Y he aquí el sentido de la palabra "integridad" a la que hace referencia su autor en su dedicatoria: viven como pordioseros pese a tener sacos de dinero bajo su cama. No obstante, ese dinero no es para ellos sino para su organización. En cada lugar nuevo al que llegan buscan trabajo para vivir y comer pues el dinero obtenido con los atracos y demás golpes es para enviarlo a España o a París para que sus compañeros financien otras acciones contra los capitalistas burgueses que no dejan de aprovecharse de sus "compañeros" obreros. Es más, ellos mismos se consideran obreros. Y como tales viven. 
 
     Durruti y Ascaso van impartiendo su particular visión de la justicia en toda Sudamérica, pasando de denominarse "Los Solidarios" a adoptar en su peregrinaje el pseudónimo de "Los Errantes". Es por ello que la novela se puede catalogar, a la vez, como novela histórica (por basarse en hechos reales) y novela negra (por todo lo que conlleva el periplo iberoamericano de los militantes anarquistas: tiros, persecuciones, asesinatos, etc). Incluso, puestos a divagar, podría parecerse a un western tipo "Bonnie & Clyde".
 
     En definitiva: una novela que considero necesaria para entender mejor los años anteriores a la Guerra Civil Española y conocer a unos personajes que el autor nos presenta de manera que hasta nos hace compartir por momentos su forma de vida y su ideología. Quién sabe: a lo mejor su lectura sirve para ver que noventa años después este país sigue a merced de un capitalismo burgués que explota a los obreros...
 

viernes, 1 de junio de 2012

La difícil tarea de presentar una novela de un autor novel


     Han pasado cuatro meses desde que vió la luz "El Círculo de las Bondades", mi primera novela. Es tiempo de hacer balance sobre las numerosas presentaciones realizadas hasta la fecha. Evidentemente, ha habido luces y sombras en todo este tiempo. Sensaciones bien diferentes según los días, los lugares y las personas con las que he tratado (tanto organizadores de como asistentes a los actos). Vayamos por partes. Primero analicemos lo negativo.

     La verdad es que no es lo mismo realizar una presentación en una librería que en una Biblioteca o Casa de Cultura de algún Ayuntamiento. De entrada, en muchos Departamentos de Cultura te comentan que si no eres del pueblo en cuestión o tu novela no trata sobre él o sus alrededores no hace falta ni que te molestes. Directamente te dan con la puerta en las narices, lo que dice muy poco de trabajadores que se supone trabajan por o para para la cultura.

     Sin embargo, a otros les da cosa enviarte a la "m" y deciden "organizarla". Aunque por organizarla entienden cederte una sala un día a una hora y despreocuparse totalmente de dar a conocer el acto, con lo cual lo lógico es llegar ese día a presentar tu novela y encontrarte una sala vacía ya que nadie en el pueblo sabe que se presenta un libro porque la información sobre el tema no ha salido ni de las puertas del Ayuntamiento.

     Para poner la guinda al pastel en un Ayuntamiento me pusieron como condición obligatoria realizar la presentación en valenciano-catalán. No es que yo tenga problema con el valenciano (de hecho, las presentaciones en Tavernes y Ontinyent las realicé en esta lengua por acuerdo con los asistentes al acto) pero creo poco apropiado obligar a presentar en valenciano una obra que ha sido escrita en castellano. Vamos, que me parece una total falta de respeto hacia mí. En fin, cosas de políticos...

     En general, el trato recibido en Bibliotecas y Casas de Cultura es bastante pasivo. Pero, como en todas partes, hay honrosas excepciones. En este sentido, he de agradecer públicamente el trato recibido de parte de la Biblioteca Sant Josep de Ontinyent (Natxo Úbeda, 27 de abril), de la Biblioteca Municipal de Tavernes (Fabiola Serra, 18 de abril) y de la Casa de Cultura de Xàtiva (Pepe Sanchis, 12 de abril). Conocer a personas como ellos hace que valga la pena seguir presentando al público el trabajo realizado tan humildemente, pues han demostrado ser grandes profesionales y entusiastas de la cultura. De otros lugares, como Algemesí, Sueca o Enguera, prefiero no acordarme... 

     Vamos con lo positivo. Al márgen de los casos anteriormente expuestos (Ontinyent, Tavernes y Xàtiva) cabe destacar la acogida que he tenido en las librerías de Valencia capital Bibliocafé (28 de enero) y Leo Librería (24 de mayo). Ciertamente, las librerías se mueven más a la hora de promocionar los actos de presentación ya que cuanta más gente logren congregar en su local más ventas conseguirán. Aún así, debo agradecer a José Luis y a Maite la atención que me prestaron en sus respectivos locales. Sobre todo Maite me hizo sentir como en mi casa.

     Escribir y presentar "El Círculo de las Bondades" me ha permitido, además, conocer a personas que no habría conocido de otra manera. Hablo de Patricia Martí, una gran presentadora y mejor persona que, por cierto, concertó los actos en Bibliocafé y Leo Librería. Y, cómo no, de Juan Francisco García, presidente del Club Estudiantes de Baloncesto (mi equipo de toda la vida), quien, después de leer la novela, se ofreció a venir desde Madrid hasta Valencia a ayudarme a presentarla en Leo Librería. Por si esto era poco, preparó un discurso colosal y me regaló una camiseta del equipo con el nombre de mi hijo grabado en la espalda. Todo un detallazo que me hizo sentir como muy pocas veces en mi vida.

     Llega el verano y es tiempo de leer, escribir y descansar. Sin duda, no es el período estival una buena época para presentar novelas. Así que volveré con energías renovadas en otoño. Eso sí, me quedo con lo positivo que tiene andar de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo dando a conocer mi obra: el contacto con los lectores, sus preguntas, sus impresiones y sus ganas de saber más y más acerca de la novela. Para terminar esta entrada os contaré lo ocurrido en la Casa de Cultura de Pego el pasado día 18 de mayo.

     A la presentación acudió una señora de casi ochenta años. Durante el acto parecía como resfriada. De vez en cuando parecía que le iba a caer el moquillo y respiraba con dificultad. Cuando finalizó mi intervención y comenzó al turno de preguntas ella me dijo: "soy polaca, me he emocionado con lo que nos has contado y he de darte las gracias por haber escrito sobre estos personajes y sobre mi país". No estaba resfriada sino emocionada. ¡Y hasta lloró de alegría!

     Sé que no me voy a hacer rico ni con esta ni con ninguna otra novela que pueda escribir en el futuro. Pero no todo en la vida es vender libros. Emocionar a la gente es algo que no tiene precio pero sí muchas compensaciones. Así que: ¡volveré a la carga!




lunes, 2 de abril de 2012

El grito del silencio. David Casado Aguilera. Reseña




     Muchas novelas no gustan. Algunas están bien. Otras son muy buenas. Y casi ninguna emociona y cautiva. Pues bien, para mi fortuna, os presento una que corresponde al selecto último caso de los mencionados. Pese a no ser un autor conocido por las masas de lectores de este país, David Casado Aguilera ha entrado, por méritos propios, en la lista de mis autores favoritos (y ya espero poder leer próximamente su otra novela, "El vals de la soledad").

     "El grito del silencio" describe con gran precisión y detalle los sucesos acaecidos en el México pre-Olímpico del verano de 1968. Se trata de una dramática historia real pero poco conocida que fue silenciada y casi-negada por el gobierno mexicano, que ni condenó ni pidió disculpas por tan despreciables acontecimientos. Precisamente, la novela está dedicada "a la memoria de todos los que cayeron durante los acontecimientos del 68 mexicano", sobre todo en la matanza del dos de octubre en Tlatelolco.

     Sobre el libro de David conviene resaltar varios aspectos que me han llamado mucho la atención. En primer lugar, el léxico y la "jerga" utilizada por su autor en la narración de la historia y, sobre todo, en los diálogos entre los protagonistas. Sin duda, la ayuda de su mujer, mexicana, tiene mucho que ver en este sentido. Este aspecto nos mete de lleno en la acción, haciéndonosla más cercana y verdadera si cabe.

     En segundo lugar, aunque la novela se basa en hechos reales, los protagonistas principales son inventados. Y ahí radica, en mi opinión, el gran mérito del autor. Más allá de documentar e investigar los sucesos reales, donde David demuestra ser un gran escritor es en la facilidad con la que describe a cada uno de los cuatro protagonistas principales de la historia: Sergio, un tímido hijo de emigrantes españoles huidos tras la Guerra Civil; Francisco (apodado "Indio"), único hijo de una familia numerosa indígena que consigue estudiar en la Universidad de la capital; José, un hijo de padre trabajador cuya madre murió en su propio parto; y Elías, un amante del teatro que no puede luchar por sus sueños artísticos debido a un padre rígido y represivo que le impide tener carácter propio.

     Cada personaje tiene vida propia dentro de la obra y llega a ser comprendido y estimado por el lector, creando una empatía pocas veces vista en una novela. Cuatro chicos que poco tienen que ver unos con los otros más allá de pertenecer a la juventud estudiantil universitaria de la capital mexicana, sin embargo, crearán unos lazos que nada ni nadie podrá borrar.

     Estamos ante una historia de amistad auténtica. Y también de amor. De amor igualmente auténtico. Porque Sergio y Adriana, su chica, nacerán juntos al amor y al sexo en las páginas de esta novela. En compañía de sus amigos y de Adriana, Sergio pasa de ser un niño que vive encerrado en su cuarto y que no se relaciona con nadie a alcanzar el amor y a convertirse en uno de los héroes anónimos (y silenciados) gestados por un gobierno represivo, manipulador y sin escrúpulos capaz de cualquier cosa por acabar con las reivindicaciones estudiantiles antes de que el inicio de los JJ. OO. ofrezca al mundo la realidad de una disfrazada democracia que a nadie engaña de fronteras hacia adentro.

     Sin embargo, aunque parezca mentira, la novela de David tiene muchos más aspectos destacables. Como licenciado en Historia que es, a través de su libro nos cuenta la historia de México: desde el asentamiento de Teotihuacán, una de las primeras y mayores ciudades de Mesoamérica, anterior incluso a la civilización azteca, hasta la dictadura militar de la actualidad de 1968, pasando por la conquista hispana, la posterior independencia y la revolución de Zapata. Incluso hay sitio para establecer multitud de paralelismos entre la España de la posguerra y época franquista y la referida dictadura militar mexicana.

     La obra de David bebe de muy buenas fuentes: Elena Poniatowska ("La noche de Tlatelolco"), Luis González de Alba, estudiante que contó la revuelta con gran minuciosidad ya que la vivió desde dentro ("Los días y los años"), y Octavio Paz ("El laberinto de la soledad"). Sin embargo, más allá de ello, su novela me ha enganchado desde el principio, me ha enseñado mucho sobre historia y, ante todo, me ha mostrado que todavía quedan demasiadas muertes por investigar y demasiados tiranos por juzgar. Sin duda, para mí, "El grito del silencio" es una de las revelaciones del año; y David, un autor muy a seguir a partir de ahora.
      

miércoles, 4 de mayo de 2011

El emblema del traidor. Juan Gómez-Jurado. Reseña


     Tercera y, hasta la fecha, última novela publicada por el escritor Juan Gómez-Jurado. Ganadora del Premio Ciudad de Torrevieja 2008, queda a medio camino entre el thriller, género que define a sus primeras novelas ("Espía de Dios" y "Contrato con Dios", reseñadas también en este mismo blog), y la novela histórica. A través de ella podemos asistir en primera persona a hechos históricos tan destacados como el golpe de la cervecería de Munich de 1923, a cargo de un joven Adolf Hitler, y la llegada al poder de los nazis en Alemania una década después. Incluso, podemos visitar el campo de concentración de Dachau, a pocos kilómetros de Munich.

      A su vez, el estudio de los personajes nos adentra de forma inmediata en la forma de vida de la Alemania de entreguerras. Una Alemania que se movía entre la vergüenza y las ganas de revancha tras la firma del tratado de Versalles y entre intentar salir adelante como podía y pensar en un futuro mejor. El ambiente aparece descrito tan bien que parece como si el autor tuviera ochenta años y hubiera vivido allí en aquella época. Sin duda, la documentación debió ocupar muchos meses de trabajo de investigación en la vida del escritor madrileño.

     Entre los personajes destaca la figura de Paul Reiner, el protagonista de la novela, cuya vida gira en torno a conocer los detalles de la muerte de su padre, sobre todo cuando un primo lisiado le confiesa que murió asesinado. La búsqueda de la verdad cambiará para siempre la vida de Paul y de las personas a las que más quiere, incluídas su madre, Ilse Reiner, y la mujer de su vida, la judía Alys Tannenbaum.

     Uno de los mayores dramas de la vida de Paul será conocer que su peor enemigo, su primo Jürgen von Schroeder, es en realidad su hermano. La enemistad entre los jóvenes, lejos de decrecer, aumentará más y más hasta llegarse a un final fatal. Jürgen, descontento con su padre, se enrola en las filas de las SA nazis, llegando a trabar amistad con algunos de los personajes más siniestros del NSDAP o Partido Nazi. A través de este personaje se nos describe minuciosamente la ascensión al poder nazi.

      La búsqueda de la verdad sobre la muerte de su padre llevará a Paul a ingresar en la masonería de la mano del librero Sebastian Keller, quien se nos presenta como un gran amigo del padre del protagonista. Sin embargo, en esta novela, algunas cosas no son lo que parecen. La masonería será perseguida por los nazis y Jürgen le seguirá los pasos a su odiado hermano Paul.

     La madre de Paul, Ilse Reiner, trata de proteger a su hijo de unos secretos que cree que le podrían causar graves problemas. Lo protege tanto que acaba perjudicándole en algunas ocasiones. Ambos viven una relación un tanto edípica, fruto de la prematura muerte del padre de familia y la consiguiente unión de madre e hijo, únicos supervivientes familiares.

     Uno de los personajes más oscuros de la novela es el barón Otto von Schroeder, el padre de Jürgen. Se trata de un personaje al que le cuesta vivir sabiendo la realidad. Un machista compulsivo realmente despreciable. Brunhilda, su mujer, y tía de Paul, le obliga a tener en su casa a su hermana y a su sobrino, quienes estarían condenados a morir de hambre en caso de no poder vivir con ellos. La familia von Schroeder, pese a su título nobiliario, realmente se encuentra en la ruina y busca casar a Jürgen con alguna chica de familia rica. Eso no será posible finalmente.

     Alys Tannenbaum es el personaje femenino de la novela. Un ejemplo típico de mujer luchadora y trabajadora de la posguerra alemana. Su lucha por ser independiente la llevará a haber de abandonar la casa familiar. Su padre desea casarla con Jürgen, algo a lo que ella no está dispuesta. Después de huir decide que quiere ser fotógrafa, cosa que logrará, por supuesto. Alys y Paul se quieren. Sin embargo, su relación es muy complicada. Chocan continuamente. Ella está segura de sí misma. Él, en cambio, es un chico muy inseguro, aunque fuerte y tenaz. Alys encarna perfectamente un tipo de mujer totalmente antagonista a la madre de Paul.

     El emblema del traidor es una historia llena de odio, de amor y de búsquedas y cambios. Las búsquedas llevan consigo el descubrimiento de secretos, más o menos sorprendentes y angustiosos, lo que comportará cambios en las vidas de los protagonistas. Una novela histórica altamente recomendable para los amantes del género y, por qué no, de los que gusten leer historias de amor y desamor.