LIBROS

LIBROS
Mostrando entradas con la etiqueta La colmena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La colmena. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de enero de 2017

Mis diez libros preferidos de 2016





     Como cada año por estas fechas comparto con vosotros la lista de mis diez libros preferidos del año. Aún estáis a tiempo de regalarlos a vuestros seres queridos con motivo de la inminente llegada de los Reyes Magos de Oriente. Tal y como podréis observar, no solo de novedades vive el hombre, por lo que la lista incluye obras ya conocidas desde hace años. Es la siguiente:


10. Lo que el hielo atrapa. Bruno Nievas. Ediciones B. 2015.  La tercera novela del escritor y pediatra almeriense supone su incursión en el género épico y de aventuras de la mano de la expedición al Polo Sur de Ernest Shackleton a bordo del Endurance. Tras los dos exitosos thrillers --Realidad aumentada y Holocausto Manhattan-- que lo dieron a conocer en el mundo editorial demuestra que es un autor que se atreve con cualquier temática a la hora de abordar sus historias.


9. París-Austerlitz. Rafael Chirbes. Anagrama. 2016. La novela póstuma del genial maestro valenciano. Tras veinte años de idas y venidas, correcciones y modificaciones, la dio por terminada pocas semanas antes de fallecer en agosto de 2015. Una historia cruda, provocativa, realista sobre una relación homosexual venida a menos por las diferentes procedencias sociales y formativas de sus protagonistas. Una despedida digna de uno de los grandes autores españoles de los siglos XX y XXI.


8. El tambor de hojalata. Günter Grass. Alfaguara. 1999. La novela más conocida de otro de los genios literarios universales que nos dejó en 2015. Crítica social, ironía, sentido del humor y una narrativa ligera que llega al corazón del lector. Un drama tierno y a la vez crudo sobre la Alemania en tiempos de guerra y posguerra. Una novela que todo el mundo --tanto los interesados en la historia como los que simplemente buscan entretenimiento-- debería leer.


7. El guardián entre el centeno. J. D. Salinger. Edhasa. 2007. Una prueba fehaciente de que en ocasiones basta una sola obra para pasar a la posteridad del mundo literario. Holden Caulfield narra sus peripecias en la Nueva York de posguerra. Una novela emotiva que nos habla de temas como el fracaso escolar, la rigidez de una familia tradicional de la época y de la sexualidad adolescente. Un personaje entrañable que nos atrapa desde el principio pese a contarnos una historia realmente dura.


6. La víspera de casi todo. Víctor del Árbol. Ediciones Destino. 2016. El Premio Nadal 2016 narra la huida de su protagonista hacia un anonimato en el que se siente mucho mejor que como héroe. Sin embargo, la aparición de una extraña mujer que también huye de sus propios fantasmas volverá a sumirlo en una situación difícil de superar. Dos historias que confluyen en un mismo lugar y tiempo, lo que amenaza con provocar la deriva de ambos.


5. La colmena. Camilo José Cela. Clásicos Castalia. 1987. Una de las grandes novelas españolas del siglo XX. La pluma del futuro Premio Nobel plasmó una novela coral en la que Madrid, sus cafés y sus gentes son los grandes protagonistas. Escenas simultáneas, historias de todo signo, vidas que confluyen formando una red o mosaico que nos atrapa hasta sus últimas consecuencias. Un toque de genialidad final que nos deja conmocionados. Una maravilla de novela.


4. El psicoanalista. John Katzenbach. Ediciones B. 2016. Un magnífico thriller. De los que cuesta soltar aunque sea a altas horas de la madrugada. Una carta anónima que busca el suicidio de su receptor. Una sucesión de acontecimientos que, en efecto, parecen abocarlo a un final dramático. Un giro genial que cambia las cosas de la noche a la mañana. Un psicópata sediento de venganza por algo ocurrido veinte años atrás. Unos personajes soberbiamente caracterizados. Tanto que la historia incluso llega a parecer real.


3. Tengo en mí todos los sueños del mundo. Jorge Díaz. Plaza Janés. 2016. La cuarta novela de Jorge Díaz. Basada en la historia real del navío Príncipe de Asturias, conocido como el Titanic español por hundirse, hace exactamente un siglo, en costas brasileñas. Una novela coral en la que los protagonistas se van relacionando entre sí de muy diferentes maneras hasta llegar a un desenlace que no por conocido deja de inquietarnos y sorprendernos.


2. Born to run. Memorias. Bruce Springsteen. Random House Mondadori. 2016. Escritas de puño y letra por el propio Springsteen, estas memorias dejarán a más de uno realmente sorprendido. Conocer mejor al Boss, con todas sus luces --ya conocidas de antemano-- y sus sombras --parte fundamental de esta autobiografía-- agranda más si cabe la leyenda de este genio del rock and roll contemporáneo. Bruce se muestra tan cercano que casi podemos tocarlo.


1. Patria. Fernando Aramburu. Tusquets Editores. 2016. Pocas veces he tenido tan claro a qué novela otorgar el número uno en mi lista. Sin duda, la novela del año. Y puede que hasta de la década. Una novela necesaria que todo el mundo debe leer. Las dos caras de un dramático conflicto, el vasco, narrado de forma maravillosa, directa, sin florituras, y, lo más importante de todo, sin tomar partido por nadie. El narrador desaparece ante unos personajes que nos conmueven por igual. Una prueba definitiva de que el dolor humano no conoce límites. Y de que el concepto víctima debería ser ampliamente revisado. ¡Una joya!




miércoles, 30 de noviembre de 2016

La colmena. Camilo José Cela. Clásicos Castalia. 1987. Reseña





     Cela escribió La colmena entre el Madrid de 1945 y el Cebreros de 1950. Cinco años de idas, venidas, correcciones, reeescrituras, más revisiones e incluso luchas contra la censura franquista. Cinco años en los que debió volverse loco encajando las piezas de un puzzle cuya resolución, me temo, solo conoció y conoce él, incluso más de medio siglo después de regalarnos una obra inmortal por varios motivos. Cerca de trescientos personajes en apenas trescientas páginas. Ahí es nada. Tres días. Una ciudad. Sexo, mucho sexo. Prostitución. Homosexualidad. Miseria. Una técnica narrativa que combina el narrador omnisciente clásico y otro, bien diferente, que comenta las actitudes de sus personajes, llegando en no pocas ocasiones a ironizar sobre ellos e incluso a burlarse de ellos. Pero, vayamos por partes. 

     La obra vio la luz en 1951 en Buenos Aires. En España tardó cuatro años en conseguir ganar la última batalla a la censura franquista. Las causas: las continuas referencias al sexo, el ambiente de prostitución y homosexualidad, la miseria de Madrid que presentaba. Aspectos que, en suma, no decían nada bueno de la España de la época. Un verdadero escándalo. Además, la novela no tiene un hilo argumental establecido. Más bien, es la suma de una gran multitud de escenas que en ocasiones nada tienen que ver entre sí. Anécdotas que acaban por conformar un conjunto de vidas cruzadas a modo de celdas de colmena. Una colmena --no se me ocurre un título mejor para esta novela--, la Madrid de finales de noviembre de 1943, que se convierte en la gran protagonista de la historia.

     Una Madrid descrita a base de retales de historias repletas de miseria, incomodidades, incertidumbre, inestabilidad, marginación. Y un Cela retratando la realidad social y política de la ciudad de manera excelente. Seleccionando solo lo preciso de cada una de las acciones de los trescientos personajes citados en el texto. Todo ello, fruto de un enorme trabajo de encaje, reflexión, estudio sociológico que uno no quiere siquiera imaginar. No es de extrañar que al autor le llevara cinco años plasmar sobre el papel la historia tal y como la tenía concebida en su mente. Y unos personajes, los carnales, que pertenecen a la clase media baja y a la burguesía venida a menos. Personajes que viven atrapados, cuyos mirares jamás descubren horizontes nuevos y que viven en una claustrofóbica mañana eternamente repetida.

     La novela está tan bien escrita que la aparente espontaneidad de la narración logra esconder ese cuidadosísimo trabajo de perfeccionamiento estilístico. La gran multitud de diálogos se combinan con unas narraciones que en unas ocasiones son tan largas que más bien parecen discursos y en otras, en cambio, son cortantes, directas, abruptas. Algo solo al alcance de un escritor de diez. Y valiente, muy valiente. Más todavía, teniendo en cuenta el contexto: posguerra, censura, enfrentamientos, divisiones, miedo. No en vano, la censura civil aconsejó su publicación solo si el autor atenuaba ciertas escenas, mientras que la eclesiástica la rechazó por atacar el dogma y la moral y poseer un escaso valor literario. Por suerte, en breve, podremos disfrutar de esta obra sin censuras de ningún tipo, tal y como fue concebida.

     Dice la crítica que, para escribir La colmena, Cela bebió de la literatura española anterior: de la novela picaresca --de personajes que deben buscarse su sustento de mil y una ingeniosas maneras, olvidando cualquier moral que no sea la de la mera supervivencia--, del esperpento de Valle-Inclán --muy de utilizar la colectividad como un personaje, utilizando técnicas deformadoras de la realidad--, de las novelas abiertas con multitud de personajes de Pio Baroja --para quien la novela ha de reflejar la vida misma--; pero también de la renovación novelística europea (Joyce, Proust, Sartre) y norteamericana (Dos Passos, Faulkner), que buscaba no solo describir sino denunciar la realidad a través de una compleja estructuración y temática. Todo ello, además, salpicado de escenas de sexo nada apropiadas para la época. 

     Si debiéramos resumir el comportamiento de los personajes de carne y hueso de la novela en una sola palabra no habría otra mejor que insolidaridad. Al menos durante el primer noventa por ciento de la obra. Cada uno de ellos, como ha quedado dicho ya, abandona toda moralidad para proporcionarse su propia supervivencia. Así ocurre durante la mayor parte de la novela, salvo en escasas y honrosas excepciones en las que algunos de ellos se prestan dinero, se pagan cafés --¡los cafés son los otros grandes protagonistas no carnales de la novela!--, o incluso piensan en prostituirse para conseguir dinero con el que curar a su novio tullido. En cambio, en las últimas páginas, ante el cariz de unos acontecimientos que desconocemos los lectores pero no los personajes, estos se vuelven solidarios, empáticos, dignos.

     En efecto, ha de meterse en un lío el poeta Martín Marco, protagonista que sirve de nexo de unión entre unos personajes cuyas relaciones parecen no tener nada en común justamente hasta ese desenlace sorprendente y abierto, para que estos saquen lo mejor de sí, dejando de ver únicamente sus propios ombligos, para tratar de ayudarlo y ponerlo a salvo de un peligro que desconocemos y que nos hace quedarnos con ganas de más. Solo entonces la sociedad individualista de la colmena se transforma en una nueva colmena en la que cada uno de sus moradores da la talla de verdad y se preocupa por el prójimo. Ya se sabe: la desgracia, une.  

     Por todo ello: por la temática tratada, por su estilo narrativo, por sus variadas técnicas de expresión, por denunciar la realidad de una sociedad patriarcal de puertas para afuera pero matriarcal en la esfera meramente doméstica, por escribir sin tapujos sobre sexo, por reunir en una misma obra las distintas tradiciones literarias españolas y extranjeras, por abrir un nuevo camino a seguir por la literatura de posguerra española, por, en definitiva, contar lo que cuenta y hacerlo como lo hace, La colmena ha pasado, por méritos propios, a la historia de nuestra literatura. Y también de nuestro cine. Conviene no pasar por alto la versión cinematográfica dirigida por Mario Camus en 1982, protagonizada, entre otros, por Paco Rabal, José Sacristán, José Luis López Vázquez, Victoria Abril o Ana Belén.