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viernes, 4 de septiembre de 2026

Matamonstruos. Jon Bilbao. Impedimenta. 2024. Reseña

 




    Justo antes de ver la luz la más reciente publicación de Jon Bilbao, Esta es tu casa, el autor asturiano concluyó en 2024 la trilogía sobre John Dunbar con Matamonstruos. Tras Basilisco (2020), Araña (2023) y la novela corta Los extraños (2021), todas ellas ya reseñadas en este blog, el ingeniero de minas y licenciado en Filología Inglesa dio por finalizada la famosa saga con una novela épica y redonda, confrontando de nuevo realidad y ficción. Una realidad, la del Jon Bilbao escritor, que comparte lugares y situaciones con un Jon Bilbao ficticio que se convierte en un personaje más de sus novelas, al igual que ocurre con John Dunbar, el Basilisco, y el resto de personajes ficticios que desfilan por las páginas de esta maravillosa saga de novelas que mezclan de forma magistral historias de nuestro tiempo y geografía -Ribadesella, San Francisco, Virginia- e historias del Lejano Oeste -que componen una serie de westerns que poco tienen que envidiar al mismísimo John Ford-. Un conjunto de historias independientes, inconexas que, sin embargo, convergen de alguna manera según son desarrolladas.

    El esquema de la novela responde al mismo patrón que las anteriores de la trilogía. Se entrelazan capítulos, algunos más breves, otros más extensos, correspondientes a las historias narradas sobre el Jon escritor, el Jon personaje y el Basilisco y el resto de protagonistas de la historia central, que es el western que nos cuenta la historia de John Dunbar, un famoso pistolero que a su vez también ha sido convertido en personaje de una larga serie de libros escritos por James Bramble. En Matamonstruos John Dunbar trata de dejar atrás un pasado errante y repleto de episodios brutales y, tras un breve y convulso paso por Virginia City, se asienta en el inhóspito Valle de las Rocas, en pleno territorio navajo, junto a su esposa, Lucrecia Grouard, y su hija, Felicidad. Ha conseguido formar una familia, algo que jamás pensó que lograría, y está dispuesto a todo con tal de preservarla. Regenta una especie de almacén de víveres y utensilios a través del cual comercia con los navajos de la zona. La familia vive tranquila y en paz con sus vecinos.

    La economía familiar se sostiene, además, gracias a los negocios que Lucrecia tiene en San Francisco. Unos negocios heredados de su familia y cuyo mantenimiento hace necesario que Lucrecia viaje hasta la ciudad californiana varias veces al año. Quien se ocupa de sus negocios allí es el banquero Ambrose Katcher, quien desconoce la identidad del marido de su clienta. Una clienta por la que siente fijación. Casado y con hijos, el banquero intenta seducirla en cada uno de sus viajes mientras ella se deja querer y hasta contesta las cartas que él le envía a su apartada casa. Jon duda del amor de su esposa. Algo para lo que su vida anterior como pistolero no le había preparado. Lucrecia lo quiere, pero también ansía una vida un poco más social. Recela de los indios y busca un colegio en San Francisco para Felicidad. Mientras, John debe hacer frente a la persecución de nuevos enemigos que planean matarlo y hacerse con su negocio y su familia. Unos enemigos, unos monstruos que parecen no ser de este mundo y que no solo amenazan su vida sino también su salud mental.

    En paralelo a la historia de Dunbar transcurren las del Jon escritor y las del Jon personaje. Como curiosidad, la novela comienza y termina con sendas escenas transcurridas en dos salas de proyección: la del cine Divino Argüelles de Ribadesella, allá por 1980, donde el Jon escritor se traumatizó al ver el tráiler de la película Tarántula, de donde vienen algunos de sus personajes, a sus tiernos siete u ocho años de edad, y la de la sala de variedades de la calle Divisadero de San Francisco, en la que un John Dunbar de ochenta años se prepara para asistir a su primera proyección cinematográfica junto a su esposa e hija, hacia finales de siglo XIX. Un ejemplo que explica de forma clara la manera de hilar las historias que utiliza Jon Bilbao en sus novelas. Un Jon Bilbao para quien la ficción es vista como una auténtica fortaleza. Un Jon Bilbao que viaja y cuenta sus viajes en sus novelas. No solo los fundamentados en la investigación de cara a sus obras literarias, sino también los que realiza por placer junto a su madre y sus hijos.        

    Jon vuelve a su pueblo natal, divorciados sus padres, y se propone rehabilitar la vieja casa familiar en lo alto de la colina, frente a la ciudad de Ribadesella. Lo acompañan su padre y sus hijos. Una tarde, cuando se proponen botar la vieja lancha arreglada por padre e hijo, la familia recibe la inesperada visita de Virginia, una persona de su pasado que a punto estuvo de arruinarle la vida y que de nuevo trata de conseguirlo. Así, tanto Jon como John deben hacer frente a grandes dificultades. Cada uno en su lugar y época. Hasta que sus vidas se aproximan tanto que por momentos casi se confunden. Y es que el juego de espejos desplegado por Jon Bilbao es magistral a lo largo de todas las novelas de la saga. Evidentemente, los problemas de uno y otro no son los mismos, puesto que se trata de distintas épocas y lugares, pero lo que cuenta al final es cómo deciden hacer frente a sus diferentes problemáticas, traumas y miedos. Porque también John Dunbar, el mismísimo Basilisco, los tiene. Y debe resolverlos como sea. 

    La novela discurre entre los viajes de Jon -a Virginia, para documentarse, lo cual lo lleva a su vez al área 51; y a la isla de Samos, junto a su madre y su hija, descubriendo el famoso túnel de Eupalino-; los extraños correos electrónicos recibidos de Markel, el extraño y misterioso acompañante de Virginia en el pasado; el regreso a Ribadesella para rehabilitar la casa familiar, la propuesta de compra de la misma por parte de Virginia y su esposo, Percy Blake, y el inmediato rechazo de la oferta por Jon y su padre; la breve y tormentosa estancia de John y Lucrecia en Virginia; el negocio en el Valle de las Rocas y el de Lucrecia en San Francisco; la vida familiar junto a los navajos; la relación de Lucrecia y Ambrose Katcher en San Francisco; las revueltas en San Francisco y los incendios en Chinatown; la lucha de Dunbar contra todos los monstruos habidos y por haber; y el traslado de la familia Dunbar a San Francisco tras ceder su negocio en el Valle de las Rocas a Pipa Colorada, una de las navajos.

    En resumen: Matamonstruos es un cierre portentoso y épico de una saga que ya forma parte de la Historia de la literatura española. Una saga cuyos principales protagonistas también deben ser reconocidos y exaltados por los lectores. Especialmente un John Dunbar que nos recuerda a los mejores westerns, con sus fortalezas y debilidades, pero también con sus impulsos, deseos, miedos y capacidad de tomar decisiones. Un hombre de gatillo fácil y pocos escrúpulos que decide cambiar de vida gracias al amor de Lucrecia. Un amor que deberá defender y rescatar con todas sus fuerzas. Venciendo no solo las dificultades que se le presentan, sino, primero que nada, matando al Basilisco que lo domina a él mismo desde dentro hacia afuera. Así pues, Basilisco, Araña, Matamonstruos y la novela corta Los extraños crean un universo único e irrepetible que debería ser conocido, apreciado y disfrutado por todo tipo de lectores. 

   

viernes, 16 de febrero de 2024

El periodista deportivo. Richard Ford. Anagrama. 2023. Reseña

 




    Publicada originariamente en 1986, El periodista deportivo es la primera de las cuatro obras del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2016 Richard Ford que protagoniza Frank Bascombe, personaje ficticio que algunos han querido ver como el alter ego del propio autor --nació en Misisipi, es hijo único, se quedó huérfano de padre en la adolescencia, quiso ser escritor y trabajó como periodista deportivo--, algo que Ford siempre ha negado, afirmando que las buenas novelas no son autobiográficas. Si escribes una novela autobiográfica estará confinada, limitada por lo que tú eres. Una buena novela es la que utiliza la imaginación para provocar en el lector que experimente lo impredecible. Y eso sucede cuando el escritor imagina cosas que están muy lejos de su vida cándida. Sea como sea, autor y protagonista comparten algunos aspectos personales, como si el autor pensara cómo habría sido su vida si no hubiera decidido luchar para ser escritor. 

    El personaje Frank Bascombe ha otorgado a Richard Ford sus más grandes éxitos, premios, reconocimientos y seguidores. La cuatrilogía sigue con las novelas El día de la independencia (1995) y Acción de gracias (2006) y una serie de cuatro novelas cortas publicadas juntas bajo el título Francamente, Frank (2014). Así pues, tres novelas largas y cuatro cortas separadas por 28 años en los que el autor trazó un exhaustivo retrato psicológico no solo de un personaje y hasta de la propia condición humana sino también de una nación (EE.UU.) y de una región (Nueva Jersey). Porque Nueva Jersey y sus pueblos y ciudades (Haddam, Freehold o Asbury Park) son parte importante de la novela ya que condicionan la vida del protagonista principal. Un personaje que sufre la cotidianeidad, que es un superviviente a tiempo completo de la crisis personal y familiar que sufre desde años atrás, aunque por momentos él mismo no sea capaz de verlo de esa manera.

    Me he enfrentado al arrepentimiento y he evitado la ruina. Y todavía estoy aquí para contarlo, afirma el protagonista narrador en las primeras páginas de su historia. Y es que Bascombe es un escritor fracasado --no por no haber triunfado en ello sino porque, tras un comienzo literario exitoso, decidió dejar de esforzarse para convertirse en un escritor todavía mejor-- convertido en periodista deportivo --profesión que parece no llenarle al cien por cien-- que sufre una crisis espiritual debido a la muerte de su hijo Ralph y a su subsiguiente divorcio de su esposa, a la que denomina X. Es, ante todo, un hombre que busca ser feliz. Que ha pasado una etapa de infelicidad y que trata de reponerse, de hacerse un hombre mejor, un hombre más feliz. Y, para ello, cuenta con Vicki Arcenault, su nueva pareja, con la que todavía cree en la pasión y la aventura amorosa. Sin embargo, entre tanta incertidumbre, guarda en sí diversas certezas. Como las dos que ocupan los dos siguientes párrafos: 

    Si escribir de deportes enseña algo, y en esto hay tanto de verdad como de mentira, es que, para que la vida valga la pena, tarde o temprano hay que enfrentarse a la posibilidad de sentir un terrible y doloroso arrepentimiento. Pero hay que intentar evitarlo o uno echaría a perder su vida. Esta reflexión, que pienso que todos podríamos hacer nuestra por apropiada y acertada, es realmente complicada de seguir a rajatabla. Incluso por el propio autor de la frase. En efecto, Frank Bascombe, pese a tener una nueva pareja, echa de menos a su ex mujer. La busca, casi la espía de vez en cuando, bebe el viento por ella. Y, claro, se arrepiente de haber echado a perder su matrimonio tras el distanciamiento posterior a la muerte de su hijo. Querría seguir viviendo con ellos (su mujer y sus otros dos hijos). Y trata de seguir con su vida entre el anhelo de volver a la situación anterior y la necesidad de mirar hacia adelante a pesar de las adversas circunstancias.  

    Cuando más viejo me hago, más me asusta todo y más claro veo que te pueden pasar, y de hecho te pasan, cosas malas. Pero la verdad es que no me quita el sueño. No cambiaría muchas cosas, si es que cambiaba alguna. Preferiría no estar divorciado y que mi hijo, Ralph Bascombe, no hubiera muerto, pero eso es lo único. Y, más adelante, continúa su narración con esta afirmación: no crean que el divorcio le convierte a uno en un alegre mujeriego o le abre las puertas a una vida exótica que nunca había imaginado. Es algo que he aprendido en el Club de Divorciados. Tanto a mí como a mis camaradas, el divorcio nos ha llevado al celibato y a la fidelidad total, aunque sin nadie a quien ser fiel o por quien seguir siendo célibe. Las reuniones del Club y la relación del protagonista con algunos de sus miembros son una de las pequeñas partes del puzzle que compone el mundo de Frank Bascombe en esta novela. 

    La novela, aunque se retrotrae a momentos del pasado, se desarrolla durante un único fin de semana, el del Viernes Santo. Hoy es un día especial para mí. Cuando me desperté me pareció como si se avecinara un cambio y como si esa ensoñación teñida de expectación en la que estoy sumido desde hace algún tiempo se desprendiera de mi cuerpo en el frío y sombrío amanecer. En esa especie de nuevo comienzo tiene mucho que ver que Frank va a viajar hasta Detroit para conocer en persona y empezar a escribir la historia de un famoso ex futbolista que quedó postrado en una silla de ruedas por un accidente de esquí acuático y que se ha convertido en un ejemplo de coraje y determinación. Pero mis expectativas van más allá porque pienso llevar conmigo a mi nueva novia. Estoy casi seguro de que me he enamorado de ella. Y, tras el fin de semana en Detroit, que promete, y mucho, acudirán a Barnegat Pines, donde vive la familia de Vicki. Me han invitado allí para exhibirme con todos los honores en la comida de Pascua.   

    Más arriba he aludido al exhaustivo retrato que Richard Ford hace de la condición humana en esta novela. Y, ¿qué aspecto puede hablar de ella de forma más completa que las contradicciones de las personas, las idas y venidas, los vaivenes emocionales y de todo tipo? Pues, para muestra, este botón en el que se ahonda en referencia al tema del arrepentimiento. Por un lado, Bascombe afirma que es desconcertante, pero a veces es mejor no arriesgarse. Puedes arriesgarte demasiado y acabar sin nada, salvo el arrepentimiento como única compañía, del que que ya nunca te librarás durante toda tu vida. Por contra, en otro momento, parece sentirse de manera diferente: aquel día me desperté con una sensación , una impresión de que algunas cosas cambiarían, se asentarían y llegarían a su fin, y podría contar algo importante e interesante. Y ahora estoy en el punto de ignorar otra vez el resultado de las cosas, un estado de ánimo que me gusta. Siento que me he enfrentado a un gran momento de vacío, pero sin sufrir el habitual y terrible remordimiento.

    Y, sin embargo, es capaz de escribir sobre su ex, ¡en el mismo párrafo!, cosas de nuevo tan contradictorias como que siento una gran admiración por ella, le tengo afecto, pero ya no la amo; y que a veces la veo en la ciudad, por la calle o en su coche, inesperadamente y sin que ella se dé cuenta, y asombrado, me pregunto qué más puede desear ahora de la vida y cómo pude quererla y dejar que se fuera. De eso precisamente trata la novela: de los remordimientos, de los vaivenes emocionales, de las contradicciones, de la búsqueda de la felicidad y de uno mismo, de la verdad de la vida. Una novela muy recomendable que, pese a su título, como afirmó George Vecsey, periodista deportivo de The New York Times, tiene tanto que ver con la crónica deportiva como Moby Dick con la caza de ballenas. En efecto, El periodista deportivo no habla de deportes. Ni de periodistas. Solo de un hombre en crisis que busca retazos de felicidad. Y, por lo que a mí respecta, leyendo su historia la he alcanzado. Tanto que en un futuro leeré, Dios mediante, los siguientes libros sobre este gran personaje llamado Frank Bascombe.