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lunes, 22 de noviembre de 2021

Los niños de Irena. Tilar J. Mazzeo. Aguilar. 2016. Reseña

 




    Desde que la increíble historia de Irena Sendler, su tenaz círculo de confianza y los dos mil quinientos niños judíos salvados de la muerte en el gueto de Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial comenzó a ser conocida han ido proliferando estudios, ensayos y novelas sobre los hechos acontecidos dentro y alrededor del barrio judío amurallado. ¡Qué os voy a contar que no sepáis ya, queridos lectores de El Círculo de las Bondades! Por cierto, os adelanto que en estos momentos me encuentro en plena escritura de la segunda parte de esta extraordinaria historia, que llevará por título El Grito de los Inocentes. De hecho, la lectura de esta nueva obra --la mejor que he leído hasta ahora sobre Irena y su estrecha red de colaboradores, al menos en lengua castellana--, me ha venido de perlas para terminar de afianzar algunos conocimientos sobre los distintos personajes que forman parte de ella y sobre la resolución de algunos hechos que todavía no tenía definitivamente claros a pesar de haber leído casi una veintena de libros y de haber visto documentales, películas, etc.


    La historiadora cultural, biógrafa y escritora norteamericana Tilar J. Mazzeo (1971), autora de varios best sellers, nos da luz sobre el peligroso e ingenioso plan tramado por Irena Sendler para salvar a la mayor cantidad de niños posible. Como ya sabéis, se trata de una historia de valor, coraje y resistencia. Pero, además, y he aquí la gran novedad, también de un amor imposible. El ángel del gueto de Varsovia se nos muestra en este relato con sus grandezas y fortalezas, pero también con todas sus dudas y debilidades. Porque, aunque la Historia se centre muy a menudo en los aspectos más heroicos de sus grandes personajes, estos --también Irena, por supuesto-- también hubieron de sufrir penalidades, teniendo que hacer frente a mil y una dudas y debiendo tomar decisiones no siempre acertadas. Por ello, leer el libro Los niños de Irena, de Tilar J. Mazzeo, donde la protagonista ya no es la típica mujer perfecta que todo lo puede --he de confesar que esto siempre me había chirriado, y fue durante años la principal causa de no atreverme a escribir la segunda parte de su historia--, sino una mujer corriente que sufre con cada decisión tomada me ha desatascado por completo.


    Ahora entiendo el motivo por el cual nuestra protagonista llegó a afirmar en una entrevista, poco antes de morir, que había sido mala hija, mala esposa y mala madre. Y es que sucede, muy a menudo, que tras las grandes acciones históricas se esconden otras no tan perfectas. Y eso es lo que también le ocurrió a Irena: volcada siempre hacia su trabajo y su forma de ser y de vivir la vida -- absolutamente heredadas de su padre--, consiguió enormes triunfos, llegando a ser uno de los miembros de la resistencia polaca más buscados por la Gestapo durante los años finales de la contienda, mientras que en su faceta más íntima acumuló algunos fracasos personales. Mazzeo, pues, cierra el círculo sobre el personaje central de la historia. Lo que, personalmente, repito, me ha permitido encajar algunas piezas del puzzle de mi novela que no acababan de encajar en aquello que yo quería que fuera en realidad. Por tanto, Los niños de Irena ha actuado como desatascador y como movilizador de mi propia obra, que ahora sí navega viento en popa y a toda vela.


    Centrándonos en la obra de Mazzeo, y dejando de lado los aprendizajes que servidor ha obtenido de la misma, me gustaría resaltar la parte de la historia que tiene que ver con ese amor imposible de Irena con Adam Celnikier. Porque, sin duda, podría ser objeto de algún culebrón venezolano o mexicano. Sin embargo, como se suele decir, la realidad siempre supera a la ficción. Y la historia entre Irena y Adam viene de lejos. Muy de lejos. De cuando todavía vivía su padre, el doctor Stanislaw Krzyzanowski, e Irena apenas tenía seis años. Por aquel entonces, la familia de Irena tenía mucha relación con la comunidad judía de Otwock, donde su padre ejercía como médico. Adam y ella jugaban juntos en las calles de la ciudad balneario. Y siguieron haciéndolo hasta que Janina e Irena se mudaron a Varsovia, tiempo después de la muerte de su padre. Años después, se reencontraron en la capital polaca. Sintieron atracción de inmediato. Pero su historia era imposible ya que Adam estaba prometido a una joven judía. Además, la madre de él se oponía a cualquier tipo de relación entre los jóvenes.


    Irena, todavía enamorada de Adam, hubo de continuar con su vida, y terminó casándose con el profesor polaco --y católico-- Mieczyslaw Sendler. La relación entre ellos nunca terminó de fructificar del todo --Mieczyslaw siempre se quejó de la excesiva implicación laboral de su esposa, así como de su falta de tiempo y motivación para crear una verdadera familia-- y él acabó aceptando una propuesta laboral en una universidad cercana a la frontera con la Alemania de Hitler. Mala decisión, porque pocas horas después de su llegada los alemanes cruzaron la frontera y lo hicieron prisionero. Y he aquí la gran novedad. Servidor pensaba que Mieczyslaw fue asesinado por los nazis --ya que su nombre apareció incluso en la lista de fusilamientos diarios--. No obstante, sobrevivió en un campo de trabajo en Alemania y, meses después de finalizar la guerra, volvió a aparecer en Varsovia. Para entonces, Irena y Adam estaban por fin juntos --él se había divorciado de su esposa judía-- ¡e Irena estaba embarazada de cinco meses! Mieczyslaw e Irena se divorciaron amistosamente. Tan amistosamente que, años después, Irena se divorció de Adam --también de manera amistosa-- y ¡se casó nuevamente con Mieczyslaw! ¿Es o no todo un gran culebrón?


    No, lo que acabo de contar no es un spoiler. Nunca un hecho histórico ocurrido hace ochenta años puede considerarse un spoiler. Además, estos hechos contribuyen a humanizar, más si cabe, a sus protagonistas. Todos acaban divorciados, pero tan amigos entre sí. Algo solo posible tratándose de personas bondadosas. Puede que se hagan daño, pero nunca a conciencia. Y todos sufren por igual. ¿Hay algo más humano que sufrir y hacer sufrir sin maldad alguna? En mi caso, al menos, esta desconocida parte de la historia me ha fascinado. Y me ha hecho entender muchísima cosas. Irena jamás se consideró una heroína --solo una pequeña parte de una gran red de colaboradores y resistentes frente al nazismo y el Holocausto judío--, sino que aseguró haber tenido pesadillas durante el resto de su vida a causa de sus errores y malas decisiones. De ahí que, sin duda injustamente, se considerase a sí misma mala hija, mala esposa y mala madre. Y eso, lejos de hablar negativamente de ella, la catapulta todavía más hacia la categoría de personaje único. Más veraz, auténtico y resiliente.


    El resto del ensayo de Mazzeo incide en la extensa red de resistentes polacos --católicos y judíos-- y en sus acciones contra las aberraciones cometidas por los nazis en territorio varsoviano. Aparecen, algo ampliados respecto a La madre de los niños del Holocausto, de Anna Mieszkowska, los personajes ya conocidos del viejo doctor Janusz Korczak, el enlace con el gobierno en el exilio londinense Jan Karski, las amigas de Irena Ala Golab-Grynberg, Ewa Rechtman, Rachela Rosenthal, Stanislawa Bussold, Jadwiga Grabowska, Jaga Deneka, Jaga Piotrowska e Irena Schultz, los amigos Jozef Zysman, Adolf Berman o Henryk Palester y los jóvenes judíos miembros de la ZOB (Organización Judía de Combate) que protagonizaron el alzamiento del gueto en la Pascua de 1943, haciendo especial hincapié en Marek Edelman, lugarteniente del líder del movimiento, Mordejai Anilevich. Asimismo, describe los movimientos de la resistencia antes, durante y después del alzamiento judío, especialmente en el levantamiento general de Varsovia, en el verano de 1944.


    Capítulos destacados son también los que hacen referencia a la detención de Irena en su casa del distrito de Wola, los interrogatorios y torturas sufridas por ella en la prisión de Pawiak y en la sede de la Gestapo en la avenida Szucha, su posterior condena a muerte y finalmente su milagroso y agónico rescate por parte de Zegota --Consejo de Ayuda a los Judíos--. Además, es igualmente llamativo y, por tanto, reseñable el ostracismo al que cayeron su historia y la de sus compañeros bajo el posterior régimen comunista soviético, si cabe mucho más feroz con los polacos que el nazi. Por fortuna, Irena vivió sus últimos años rodeada de algunos de los niños a los que había salvado la vida sesenta y tantos años atrás. Justicia divina, quizás. Y justicia es la que intento hacer yo reseñando este ensayo de Mazzeo y escribiendo la historia novelada de Irena y sus colaboradores. Porque estas historias jamás deberían caer en el olvido...               

           

lunes, 8 de noviembre de 2021

28 días. David Safier. Seix Barral. 2014. Reseña

 





    El escritor y periodista alemán David Safier, conocido mundialmente por sus divertidas obras Maldito karma (2009), Más maldito karma (2015), Yo, mi, me... contigo (2011) o ¡Muuu! (2013), sorprendió a sus lectores y al público en general con un drama titulado 28 días en el que recoge esas cuatro semanas en las que, entre el 19 de abril y el 16 de mayo de 1943, los sublevados judíos del gueto de Varsovia hicieron frente a unas SS empeñadas en exterminar por completo a las 450.000 personas que llegaron a poblar el territorio cercado. Para ello, creó tres personajes ficticios, Mira --chica de dieciséis años que se dedica al estraperlo para mantener con vida a su madre y a su hermana Hanna--, su novio Daniel --uno de los más mayores chicos del orfanato de Janusz Korczak-- y Amos --miembro de la conocida ZOB, la famosa resistencia judía--, a partir de los cuales nos presenta los hechos documentados y a algunos de los personajes históricos reales que vivieron en el gueto en plena Segunda Guerra Mundial.   


    Mira narra la historia en primera persona. Y describe así lo que ve en su día a día en la zona aria: esos cuerpecillos andrajosos que, hiciera frío o calor o lloviese, se escurrían por resquicios de la pared, gateaban por tuberías o trepaban temerariamente el muro, rajándose las manos con los cristales, eran los tristes héroes del gueto. Todos esos estraperlistas estaban señalados por la muerte. Más tarde o más temprano los pillaría alguien como Frankenstein, como llamábamos a un centinela alemán especialmente feroz. En efecto, el mercado negro constituyó en muchos casos el único y último recurso de muchos jóvenes para tratar de salvar a sus familiares más directos, especialmente los mayores, niños pequeños y enfermos. Sin embargo, la sucesión de desgracias en la vida de Mira pondrá fin a su etapa como estraperlista y la obligará a unirse a la Resistencia y a matar para poder vivir. Todo, en contra de los pensamientos de su novio, Daniel, ferviente antibelicista.


    Daniel cuida junto a Janusz Korczak y sus trabajadores a los dos cientos huérfanos del hospicio de la calle Krochmalna. El famoso pedagogo y escritor de obras infantiles y juveniles ha preparado a sus chicos para su reasentamiento en el este --en realidad, el exterminio en Treblinka a través de las Aktions-- y, pese a recibir varias propuestas de liberación, ha decidido acompañar a la muerte a sus niños. Daniel, fiel seguidor de quien considera su padre, se dispone a trasladarse hasta los trenes junto a él y sus hermanos. Morirá si es preciso, pero jamás dejará de estar al lado de Korczak y esos dos cientos niños y niñas que son la única vida que conoce. Mira, impotente tras intentar hacerle cambiar de opinión hasta el último instante, salva su vida contra su propia voluntad. Lo cual enfada a Daniel, que decide dejar de verla. Sus caminos se separan, en principio para siempre, finalmente durante solo un tiempo.


    Entretanto, Mira ha conocido a Amos, un miembro de la ZOB --Organización Judía de Combate-- que le ha salvado la vida en la Plaza del Mercado de la capital polaca, donde unos szmalcowniks --hienas o cazadores de judíos-- pretendían denunciarla a las SS por unas pocas monedas. El joven le propone integrarse en la Resistencia, pero Mira rechaza su ofrecimiento por insensato, temerario e irreal --como Daniel y mucha otra gente, cree que es imposible que los nazis maten absolutamente a todos los judíos del gueto, y opina que a los alemanes es mejor no plantarles cara para no enfadarlos y poder así seguir con vida--. Pero, como ha quedado dicho más arriba, una serie de desgracias hace cambiar de opinión a la joven, que finalmente acepta una realidad que no quería ver: debe hacer frente a los nazis si quiere sobrevivir a su barbarie. Aunque para ello deba matar. Porque, a esas alturas de la situación, ya solo se trata de matar o morir. Quizás, de ambas cosas.


    Amos, por su parte, es un miembro activo de la ZOB, a cuyo mando está un Mordejai Anilevich para quien resistir hasta el final es la única opción de que su pueblo recupere la dignidad arrancada. Cuando se pierde el miedo --o, más bien, se aprende a convivir con él-- y ya no es posible creer más en las mentiras --el miedo y las mentiras son siempre el modus operandi de los tiranos para vencer la resistencia de los desfavorecidos--, la lucha es el único camino. Como hicieron sus antepasados con los romanos en Masada --donde unos pocos judíos aguantaron durante meses el asedio de más de cuatro mil legionarios romanos, los cuales, al entrar por fin en la fortaleza, encontraron solo silencio y cadáveres, ya que todos sus moradores se habían quitado la vida--. Actos de sabotaje, impresión y reparto de octavillas por las calles, contactar con la Resistencia polaca, introducción de armas en el gueto, construcción de búnkeres y preparación defensiva ante la inminente acción nazi contra el gueto se convierten en los nuevos hábitos de vida de Mira.


    Aunque Mira aún quiere a Daniel y se siente mal consigo misma, se siente cada vez más atraída por Amos. Daniel la ha abandonado tras lo acaecido en Krochmalna, no sabe ni siquiera si sigue con vida y finalmente sucumbe a los encantos de un Amos que desde el principio, quizás sin pretenderlo, ha tenido encandilada a la joven. Así que, a la historia bélica y de supervivencia, se suma una trama en la que el amor cobra una gran importancia. A los sombras de la guerra y los oscuros búnkeres se suma la luminosidad que proporciona, incluso en los peores lugares y en las peores circunstancias, el amor. Un amor que debe ser vivido con prisas, sobre todo porque, en esas circunstancias, uno no sabe si vivirá mañana. Efectivamente, como escribió años más tarde Marek Edelman, otro de los miembros de la ZOB --y uno de los pocos supervivientes--, también hubo amor en el gueto. Porque el amor, como la vida, siempre se abre paso. Y juntos, son capaces de conseguir auténticos milagros.


    David Safier utiliza algunas licencias poéticas y argumentales para construir la novela, pero los hechos que narra fueron reales. Y el propio autor destaca, en su epílogo, que lo más impresionante de aquella funesta realidad fue que antes en el gueto existían muchos partidos distintos; más adelante, las diferencias políticas quedaron obsoletas. Solo había un objetivo: no dejarse llevar al matadero sin defenderse. Al final los nazis fueron los responsables de lograr la unidad política e incluso, con sus Leyes de Nuremberg sobre la raza, convirtieron en judíos a personas que antes no se consideraban judíos. Y es cierto: para los nazis era judío el que, aún siendo católico, tuviera un abuelo o bisabuelo --al que seguramente ni habría conocido-- de origen judío. Otra de tantas aberraciones cometidas por una ideología indefendible, se mire por donde se mire. De todo ello resultó una resistencia que se alargó en el tiempo hasta los veintiocho días, ¡más que la presentada por toda Francia al inicio de la guerra!  


    En definitiva, 28 días es una novela conmovedora que relata con épica y emoción uno de los episodios humanos más sobrecogedores de la Historia del siglo XX y universal. Para los amantes de la Historia resultará una inmersión más en el tema del Holocausto. Para los que no lo son, sin embargo, será una manera amena de zambullirse en una serie de hechos que deben ser conocidos por todo el mundo. Porque aquello no debe volver a ocurrir, nunca más. Y la mejor forma de evitarlo es precisamente conociendo los sucesos del pasado. Por ello, estamos ante una novela muy necesaria. Como muchas otras que tratan la misma temática. Una temática que hizo que hasta Safier, autor de títulos divertidos que provocan las risas de sus lectores, se tuviera que poner serio. Porque, con la vida de las personas, no se juega...            


 

lunes, 22 de febrero de 2021

Conversaciones con un verdugo. Kazimierz Moczarski. Alba Editorial. 2008. Reseña

 




        Existen libros que, desde el principio, se convierten en auténticos testimonios históricos de gran valor documental, tanto para estudiosos del tema en cuestión como para simples curiosos. El presente volumen, editado por Alba en 2008, es uno de ellos. Tanto por el objeto de estudio, Jurgen Stroop --teniente general de las SS encargado de la liquidación del gueto de Varsovia tras vencer la heroica resistencia judía en 1943--, como por su autor, Kazimierz Moczarski --antiguo miembro de la resistencia polaca que en el pasado planeó un frustrado atentado para asesinar al temible SS--. ¿Cómo y cuándo se encontraron ambos? En la cárcel de Mokotow, en Varsovia, después de la Segunda Guerra Mundial, concretamente en 1949. ¿Por qué? Porque el SS estuvo recluido allí durante el juicio y hasta su muerte, ahorcado en un cadalso fabricado en el antiguo gueto judío, en 1952; y porque el resistente polaco fue condenado a diez años de prisión por los comunistas. ¿Coincidieron por casualidad? ¿Se hizo así a propósito? ¿Quizás para hacer de la existencia en la cárcel una experiencia mucho más desagradable para ambos?


    Sea como sea, el largo encierro en común permitió a Moczarski escuchar de primera mano muchas confesiones por parte del nazi. Algunas, verdades inconfesables; otras, mentiras y fanfarronadas. Con todo el material que consiguió una vez fue liberado y los recuerdos de muchas de esas conversaciones, compartidas con un tercer acompañante en el celda, el teniente Gustav Schielke, policía y archivero, Moczarski construyó un relato que ilustra a la perfección la maldad del régimen nacionalsocialista y la creencia y la fe ciega que en él tuvo muchísima gente. Demasiada. Entre ella, el propio Stroop. Conversaciones con un verdugo fue apareciendo en forma de serie en la revista Odra entre 1972 y 1974. Sin embargo, no apareció como libro hasta 1977, dos años después del fallecimiento de su autor (1975). Hubo que esperar hasta 1992 para poder leer una publicación del mismo sin ningún tipo de censura. Como el libro que Alba nos presentó en el referido 2008.      


    El texto está formado por 26 capítulos de diferente extensión --entre 5 y 30 páginas-- dedicados a momentos de la vida de Stroop. Desde su niñez en Detmold (Renania, 1895) hasta su ahorcamiento en Varsovia (1952). Desde su voluntariado en un batallón de infantería en el Ejército Alemán durante la Primera Guerra Mundial, en el que alcanzó el grado de sargento y fue condecorado con la Cruz de Hierro de Segunda Clase y con la Medalla de Herido (de tercera clase), hasta su crucial papel en la Segunda Guerra Mundial, cuando alcanzó el grado de teniente general de la SS y aplastó la resistencia judía del gueto de Varsovia --recibiendo por ello la Cruz de Hierro de Primera Clase-- antes de ser trasladado a Grecia y de regresar a Wiesbaden, donde permaneció hasta la derrota alemana en la contienda. En el período de entreguerras fue escalando en las infraestructuras nazis y subiendo de grado en el escalafón militar, llamando siempre la atención de Hitler, Himmler y Goering.


    Obviamente, tres cuartas partes del libro están dedicadas a las acciones de Stroop durante la Segunda Guerra Mundial. No en vano, fueron estas las que motivaron su doble condena a muerte -- primero en el juicio de Dachau, conducido por los estadounidenses, y después en el de Varsovia-- por ejecuciones ilegales de tropas aerotransportadas estadounidenses en Alemania, donde fue detenido en 1945 por el ejército de los EE. UU., y por asesinato, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad en Polonia. Tras todos estos crímenes subyace su lealtad inquebrantable al Tercer Reich y a sus líderes. Un ejemplo más sobre cómo la ideología nacionalsocialista caló de manera tan honda en gran parte de la ciudadanía germana en el período de entreguerras y durante la Segunda Guerra Mundial. A través de las conversaciones con Moczarski, Stroop deja clara su creencia y su fe ciega en una victoria que no negó ni en los últimos días de la contienda, cuando la derrota estaba tan cercana que parecía ya imposible no verla.


    Los capítulos centrales tratan de la aniquilación del gueto judío de Varsovia, acaecido entre abril y mayo de 1943. En apenas un mes fueron aniquilados más de setenta mil judíos polacos y el barrio varsoviano que albergaba el gueto quedó convertido en un desierto plagado de escombros. El propio Stroop, que cumplió a la perfección las órdenes de Himmler, cuenta que quedó sorprendido ante las heroicas acciones judías durante aquellos veintiocho días de sublevación: eran personas muy decididas, temerarias, fuertes e ingeniosas. Sus refugios eran estupendos, con sus túneles, sus galerías, sus respiraderos, sus despensas, sus arsenales, sus letrinas y sus escondrijos, e incluso con laberintos para confundir al enemigo. ¡Y qué sistemas de ventilación y calefacción tan ingeniosos! En efecto, lo que hizo que la aniquilación del gueto tardara tanto en consumarse fue, al margen del hecho de que para los judíos era cuestión de vida o muerte, la construcción de una especie de ciudad subterránea bajo las calles del barrio. 


    Los que quedaban en el gueto eran los judíos más astutos y, además, se habían dotado de una organización militar y política, cuenta Stroop. Y es cierto. En 1942 se había creado la ZOB --Organización Militar Judía--, al mando de la cual estaba Mordejai Anilevich, que mantenía contactos tanto con los partisanos de los alrededores de la capital polaca como con el Armia Krajowa, el Ejército de Resistencia Polaco --también llamado Ejército del Interior--. Así, los resistentes contaban con algunas granadas, pistolas, fusiles ametralladores y cócteles molotov caseros. Las Aktions de Semana Santa de 1943 --del 19 al 25 de abril-- y de Pascua --del 26 de abril al 2 de mayo-- son narradas por el SS con todo lujo de detalles. Tanto que al lector le parece estar en medio de los lanzallamas y los tiroteos. Y es que estas largas conversaciones entre Moczarski y Stroop permiten entrar en la oscuridad de la mente nazi de una manera que muy pocos libros han conseguido jamás.


    A lo largo del libro, que rememora muchas de las conversaciones mantenidas por los reclusos durante los 255 días en que compartieron celda, resaltan numerosas confesiones. Sin duda, una de las más llamativas de las 467 páginas que lo componen es la que hace referencia al esclarecimiento de la muerte del Mariscal de Campo Günter von Kluge en agosto de 1944. Mientras toda la documentación conocida hasta el momento de la publicación del libro parece demostrar que el suicidio fue la causa de su muerte, Stroop asegura a Moczarski --y le da todos los detalles-- que fue él mismo quien acabó con la vida del Mariscal de un balazo en la cabeza. Cabe recordar que, aunque Kluge juró lealtad a Hitler hasta el último momento, Himmler se había encargado de levantar sospechas ante el Führer sobre la participación del Mariscal en el intento de asesinato del líder del Tercer Reich por parte de Stauffenberg y sus secuaces. 


    En las últimas líneas de Conversaciones con un verdugo, Moczarski justifica la obra de esta genial manera: muchos amigos y lectores me han preguntado a menudo si me arrepiento, cuando echo la vista atrás, del tiempo "perdido" en prisión. A quien le interese le puedo decir que "no". Porque no habría sido capaz de conocer la esencia de aspectos generales acerca de la naturaleza humana o del destino de mi pueblo. Además, la prisión, aunque muchas personas lo ignoran, te concede el privilegio de ver las cosas clara, sencilla y nítidamente. Este tipo de vida te enseña a seguir siendo fiel a tus "principios" y a no sucumbir a las "circunstancias" y a las argucias que pueden derivar en bellaquerías. Y, ante todo, no me arrepiento de los doscientos cincuenta y cinco días que pasé en la cárcel conversando con Jurgen Stroop y con Gustav Schielke. Toda una declaración de intereses acerca de una obra que los amantes del tema del nazismo y la Segunda Guerra Mundial disfrutarán, pues los introducirá en la mente del SS Stroop, para quien, al igual que para millones de alemanes de ese período, el puño, las armas y el fuego eran el único instrumento de persuasión posible.

                              

       

martes, 22 de abril de 2014

El Círculo de las Bondades. Segunda edición. 2014. Ya disponible





     Finalizado el contrato editorial de dos años de duración con Ediciones Hades ha llegado el momento de que vea la luz la segunda edición de El Círculo de las Bondades. En estas líneas explicaré las diferencias entre la nueva versión de la novela y su predecesora, la original. Desde la propia portada hasta el contenido de la misma han sido corregidos y mejorados para la nueva puesta de largo. La diferencia más sustancial es que pasa a estar narrada en pasado y no en presente, lo cual me ha obligado a reescribirla en su totalidad.

     Antes de nada quiero agradecer públicamente, una vez más, la oportunidad que me brindó José Luis Victoria Lozano, editor de Ediciones Hades (Castellón), al publicar hace un par de años mi primera novela. De él he aprendido mucho sobre el mundillo editorial, el cual desconocía por completo hasta entonces. Por otra parte, pese a la finalización del referido contrato he de confesar que seguimos teniendo una muy buena relación pues la finalidad de ambos ha sido y sigue siendo la misma: darnos a conocer mútuamente y tratar de hacernos un hueco en tan complicado mundo. 

     También quiero agradecer el gran trabajo realizado a Delia Serrano Moirón, que se ocupó de poner la portada a la historia narrada en la novela. Desde un primer momento me entendió perfectamente, plasmando en la imagen lo que yo como autor deseaba. El libro trata sobre los niños del gueto de Varsovia y me pareció oportuno que esa fuera la temática también de la portada. Tanto a Delia como a José Luis debo el hecho de poder contar con la misma portada en esta segunda edición. Gracias a ambos de nuevo.

     Quien compare las portadas original y actual observará pequeñas pero significativas diferencias entre ellas. Pese a que la imagen y la tipografía son las mismas, el título y el nombre del autor aparecen más hacia abajo y más centradas en la imagen perteneciente a la segunda edición. Ello ha posibilitado apreciar con mayor claridad la lágrima que se desprende del ojo del niño. Además, la línea que aparecía bajo mi nombre y apellidos en la edición anterior ha sido difuminada en la actual. Como es lógico, tampoco aparece el nombre de la editorial castellonense en la nueva edición. Los referidos cambios debo agradecérselos a mi cuñado, Vicente Martí, un as en lo que al Photoshop se refiere.  Por último, la cubierta de la nueva novela es también diferente a la anterior, tanto en la estructura como en el texto incluido y el color de la misma.




     El tema de la portada me lleva al siguiente punto a exponer. He decidido auto-publicar la novela a través del portal CreateSpace de Amazon ya que considero muy complicado encontrar una editorial que desee publicar una novela que ya ha sido previamente editada por otra casa. En los tiempos que corren, más que nunca, las editoriales buscan el máximo beneficio en sus publicaciones, algo que difícilmente podía asegurarles yo como autor de una novela ya publicada.

     Vayamos con las diferencias en cuanto a contenido. Son varias. En primer lugar, el tamaño de la letra ha sido aumentado en un punto, lo que permitirá ser leída con mayor agilidad, algo que, por otra parte, también ocurría con la versión de Hades. He tomado esta decisión debido a que algunos lectores, ya de edades avanzadas, se suelen quejar siempre del tamaño de la letra de los libros. Con este ya no tendrán excusa para no leerlo. La consecuencia es que la novela pasa a tener ahora 540 páginas en lugar de las 420 originales.

     En segundo lugar, todo el texto ha sido corregido exhaustivamente por la correctora profesional Marian Mira, a la cual también he de agradecer su empeño en dejar la nueva edición muy pero que muy guapa. Quien observe algún error ha de recriminármelo solo a mí, pues volví a repasar la novela en un par de ocasiones después de recibirla de nuevo de manos de Marian, antes de enviarla a la gente de Amazon. 

     En tercer lugar, desaparecen las notas aclaratorias de la edición original, las cuales han sido excluidas o bien integradas en la propia narración de la historia. Todo ello de cara a agilizar la lectura de la misma. Asimismo, el índice de personajes pasa a ocupar las primeras páginas del libro actual, mientras que en la edición original aparecían como anexo al final.

     Huelga decir que la historia contada es la misma en ambas ediciones, si bien he reescrito algunas escenas y he eliminado algunos diálogos (o parte de ellos), de nuevo para facilitar la agilidad lectora. También he añadido algunas descripciones de ambientes e indumentarias que no aparecían en la versión original. La estructura de capítulos y cronologías siguen siendo las mismas. Además, he introducido un nuevo prólogo, inexistente en la primera edición, y unas notas finales del autor, con recomendaciones bibliográficas y de cine sobre aspectos relacionados con los personajes y los hechos contados en la historia novelada que sigue siendo El Círculo de las Bondades.

     El objeto de la novela también permanece: homenajear a Irena Sendler y a sus colaboradores por arriesgar sus vidas para salvar las de aquellos dos mil quinientos niños y niñas del gueto de Varsovia. Personas como ellas jamás deben caer en el olvido. Y esta historia novelada, fruto de una investigación tan dura como apasionante busca precisamente rescatar de la memoria a tan magníficas personas. 

     Por último, cómo no, agradecer, también públicamente, a las cuatro cientas personas que, en estos tiempos que corren, han tenido a bien gastarse un dinero que no sobra a nadie para apoyar a esta historia que ya no es mía sino vuestra. ¡Ah! Y recordad que la nueva edición está disponible en versión papel (CreateSpace Amazon) y en digital (Kindle Amazon). ¡Ayudadme con la difusión! ¡Muchas gracias!           

lunes, 23 de septiembre de 2013

Todo lo que cabe en los bolsillos. Eva Weaver. Espasa. Reseña





     Un viejo y enorme abrigo y unas rudimentarias marionetas pueden cambiar la vida de las personas: acompañarlas y servirles de estímulo incluso en las peores situaciones imaginables (o inimaginables). Eva Weaver, alemana asentada en Inglaterra desde se juventud, debuta con esta primera novela, en la que, quizás, intenta quitarse de encima el peso de la losa que muchos germanos sienten sobre sus espaldas pese a haber nacido mucho tiempo después de terminar la II Guerra Mundial.
 
     Con una narrativa directa, sencilla y fácil de leer la escritora alemana construye una historia ficticia basada en escenarios reales (el gueto de Varsovia durante la ocupación nazi y los gulags siberianos de Stalin) que contiene interesantes reflexiones sobre los sucesos acaecidos durante la II Guerra Mundial y los años posteriores. Una novela que cabe leer y analizar con gran atención.
 
     "Todo lo que cabe en los bolsillos" tiene tres partes diferenciadas en cuanto a temática y técnica narrativa. En la primera de ellas, que ocupa dos tercios de su longitud y está narrada en primera persona, Mika cuenta a su nieto Danny un secreto que no conoce nadie, incluida su propia hija Hannah (madre de Danny): su vida como titiritero en el gueto de Varsovia y su relación con Max, un soldado alemán destinado en la capital polaca, con quien se encontró un buen (o mal) día. El alemán sentirá por él una fuerte atracción (le recuerda a su propio hijo, de su misma edad) y le proporcionará pan, mermelada y una cierta protección ante el resto de soldados del III Reich a cambio de que actúe para ellos en sus barracones. Las marionetas salvan a Mika en diversas ocasiones.
 
     Sin embargo, en el verano de 1942, el día antes de comenzar las deportaciones a Treblinka, el nazi y el joven Mika se despiden. El titiritero le ofrenda una de sus marionetas (el "doctor"), aunque Max habría preferido llevarse al "príncipe". No obstante, tras un nuevo encuentro, días después, como agradecimiento, el referido títere acabará en las manos del alemán tras salvar de la deportación a la madre y a la tía de Mika. Tras la guerra, el titiritero logra huir hasta Nueva York, donde vive el resto de su longeva vida.
 
     La segunda parte de la novela, escrita ya en tercera persona, narra el viaje del "príncipe" hasta los gulags siberianos. Una vez liberada Varsovia por los soviéticos los soldados nazis capturados fueron enviados a trabajos forzados al gran territorio de la nieve del norte soviético. Los alemanes viajaron en el mismo tipo de trenes en los que antes habían sido trasladados a los campos de concentración y exterminio los judíos, lo cual hará reflexionar ampliamente a Max: "se cosecha lo que se siembra".
 
     La historia se repetirá: las marionetas, que habían salvado la vida de Mika en el gueto de Varsovia, también conseguirán poner a salvo a Max en el gulag. La figura del "príncipe" llegará a tener tanta importancia en la historia narrada como los propios Max y Mika. Personajes y marionetas están descritos de una manera soberbia, lo que otorga a la acción todavía una mayor verosimilitud.
 
     Respecto a la tercera y definitiva parte de la historia, escrita de nuevo en tercera persona, no creo conveniente desvelar su contenido porque pienso que debe ser el lector quien descubra y viva con emoción estas últimas páginas. Simplemente diré que contiene escenas y sentimientos muy emotivos, aunque el final sea un poco previsible.
 
     Precisamente, esta es la única nota no tan positiva de un libro muy bien construido y documentado en el que aparecen, como secundarios, personajes reales que también tienen una gran importancia en mi primera novela, "El Círculo de las Bondades", como Janusz Korczak (pedagogo, escritor y director del orfanato de la calle Krochmalna), Mordejai Anilevich (líder del ZOB, quien comandó la rebelión judía en abril de 1943), Emanuel Ringelblum (historiador que recopiló los archivos conspiratorios anti-nazis denominados "Oneg Shabbat") o Irena Sendler (magnífica, querida y poco reconocida protagonista principal de mi obra de debut, salvadora de más de dos mil quinientos niños judíos del gueto).
 
     Mucho se ha escrito sobre el tema a lo largo de los últimos setenta y tantos años. Y muchas son las obras de referencia. Por lo apreciado, tanto Eva Weaver como yo hemos utilizado bastantes y muy parecidas. Por todo ello, no puedo concluir esta reseña sin recomendar la lectura de esta obra, también de debut, sobre unos acontecimientos que jamás deberían haber ocurrido y que tampoco debían repetirse (y, sin embargo, por desgracia, sí lo hacen...).       
 
      

lunes, 2 de septiembre de 2013

El pianista del gueto de Varsovia. Wladyslaw Szpilman. 2000. Turpial & Amaranto. Reseña





     En 1945, una vez liberada Varsovia, el pianista judeo-polaco Wladyslaw Szpilman escribió "Muerte de una ciudad", una autobiografía sobre su supervivencia en una ciudad muerta como consecuencia de la barbarie nazi durante los cinco años y cuatro meses que duró la ocupación. La obra fue publicada en 1946 por la editorial polaca Wiedza. Sin embargo, muy pronto, los comunistas no se sintieron satisfechos con la visión que de la guerra daba el pianista, por lo que fue prohibida su venta y reedición.
 
     Fue en 1998 cuando su hijo se decidió a publicar las memorias de su padre. El título se tradujo rápidamente al alemán, como "La milagrosa supervivencia", y al inglés, como "El pianista". En el año 2000 Turpial & Amaranto trajo esta desgarradora historia a España bajo el título "El pianista del gueto de Varsovia", la cual paso a reseñar a continuación.
 
     Estamos ante uno de los mejores testimonios de los hechos acaecidos en la Varsovia ocupada por los nazis durante la II Guerra Mundial. Un revelador documento, no sólo literario sino ante todo histórico, sobre la política germana respecto al pueblo judío polaco. Pese a centrarse en su propia historia personal el autor describe de forma fidedigna cómo vivió el pueblo judío el exterminio al que fue condenado por las huestes nacionalsocialistas: el encierro en el gueto, la escasa alimentación, las sucesivas vejaciones y humillaciones, los trenes de la muerte, los asesinatos, la inhumanidad.
 
     Especialmente angustioso es el capítulo en el que Szpilman describe cómo su familia (padres, hermanas y hermano) fueron obligados a subir a uno de los trenes con destino a Treblinka. Él, por suerte, pudo evitar el temido viaje cuando estaba ya en la umschlagplatz (plaza de embarque). Pudo esquivar la muerte en repetidas ocasiones a lo largo de la guerra, como si Dios no quisiera que pereciera en el concflicto.
 
     Su trabajo en la radio polaca, sus conciertos en los cafés Nowoczesna, Sztuka o Pod Fontana, sus actividades clandestinas y sus continuas fugas y cambios de escondite nos adentran en su lucha por la supervivencia a toda costa, pasando hambre, frío y soledad extrema cada uno de los días que duró la contienda. La angustia de vivir en una gran prisión al aire libre rodeada de muros coronados por alambres de espino llega a esfixiarnos como lectores, sin poder ni imaginar lo que significaba la vida en tan indignas condiciones.
 
     Otros aspectos a destacar en el libro de Szpilman son el contrabando, las enfermedades contagiosas, los muertos esparcidos por las calles, los cada vez más demoledores decretos alemanes, las polémicas decisiones del Consejo Judío (entre la espada y la pared al tener que obedecer órdenes alemanas a la vez que tratar de defender a sus hermanos), las historias individuales (como la de Janusz Korczak, conocido director de un orfanato del gueto), el odio hacia la policía judía (tan peligrosa o más incluso que la Gestapo y las SS), la extraordinaria rebelión del gueto (1943) o la sublevación de Varsovia (1944).             
 
     No obstante, si hay una palabra que, para mí, sobresale entre toda la maraña de descripciones, sensaciones y situaciones angustiosas aparecidas en este texto es la esperanza. La de que, pese a todo, siempre se debe confiar en la suerte y, sobre todo, en la bondad de las personas. Si algo queda demostrado en "El pianista del gueto de Varsovia" es que nunca hay que perder la esperanza en seguir con vida, en que alguien aparezca para salvarnos del naufragio justo antes de perecer ahogados en la inmensidad del mar.
 
     En efecto, nunca se sabe quien puede lanzarnos un flotador que nos mantenga a flote. En este caso, uno de los salvadores de Szpilman es, justamente, un capitán alemán, Wilm Hosenfeld, quien, pudiendo acabar con su vida prefirió procurarle un escondite má seguro y alimentos para mantenerle con vida hasta la entrada de las tropas soviéticas en Varsovia en enero de 1945. No fue el pianista, sin embargo, el primero en recibir ayuda de Hosenfeld. Magníficos comentarios del capitán nazi a modo de entradas de diario ilustran las últimas páginas de un libro que no puedo dejar de recomendar a quien lea esta reseña.
 
     En 2002 Roman Polanski llevó a la gran pantalla esta historia protagonizada por Adrien Brodi. No obstante, como suele suceder en el 99% de los casos, pese a la espectacularidad de la película, pienso que es mucho mejor leer de primera mano las palabras escritas por el propio protagonista de una historia. Una cosa es arte. La otra, la vida pura y dura. Y siempre vale la pena vivirla...y leerla.