LIBROS

LIBROS
Mostrando entradas con la etiqueta ruleta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ruleta. Mostrar todas las entradas

miércoles, 17 de enero de 2018

El jugador. Fiodor Dostoievski. Servilibro Ediciones. 2012. Reseña





     En 1866, cuando Dostoievski contaba cuarenta y cinco años de edad, compaginó las escrituras de Crimen y castigo, una de sus obras más celebradas, y El jugador, novela corta que nos ocupa en estas líneas. Centrado en la primera durante largo tiempo, acabó cumpliendo el compromiso adquirido con su editor, Stellovski, respecto a El jugador dictándosela a viva voz a una joven taquígrafa, Anna Snitkina, que acabó convirtiéndose en su segunda esposa. Así, lo que en un principio iba a ser una obra menor, ha ido ganando con el paso de los años, justamente por la fuerza de la oralidad con la que fue escrita-dictada. El lenguaje brusco y directo, su frescura de diálogos y un ritmo nervioso han hecho de esta novela corta una de las más conocidas de la obra dostoievskiana. 

     Su título original fue Ruletenburg, ciudad ficticia alemana creada por el genio ruso en la que se desarrolla la acción, narrada en primera persona por el protagonista principal, Aleksei Ivanovich, un joven tutor empleado por un general ruso retirado venido a menos. En la novela volcó muchas de sus experiencias personales en los balnearios de Wiesbaden, Baden-Baden o Homburg, grandes centros del juego europeo, frecuentados por los rusos en sus viajes por Europa occidental. Además, recrea su pasional y excéntrica relación con su amante, Apollinaria (Polina) Prokofievna Suslova, que lo acabó abandonando tras perder todo su dinero en las ruletas de Wiesbaden.

     Por tanto, el valor de esta obra es formidable, pues, como ya había hecho con Memorias del subsuelo --en las que recordó su estancia en la cárcel de Siberia-- y haría más tarde con Los hermanos Karamazov --donde pasó factura a un padre tiránico y alcoholizado--, escribió una novela en gran parte autobiográfica, en la que el más reconocido moscovita de su época pasó revista tanto a su vida personal como a la sociedad de la que fue contemporáneo. Los vaivenes económicos (a consecuencia básicamente de la diferente fortuna en las ruletas), los ambientes de los balnearios alemanes y los escarceos amorosos del protagonista constituyen los ejes centrales de la novela.

     El jugador retrata a ese alter ego ruso sin recursos pero eminentemente culto que caerá atrapado en la pasión del juego, pero también a las clases altas europeas que se dejaban ver por los balnearios-casinos alemanes, a los que critica sin ningún tipo de tapujo. Así, describe a los rusos como apasionados y extravagantes, orgullosos y ridículos a la vez; a los franceses, como galantes, de formas bellas pero falsos; a los ingleses, como educados, enigmáticos y calculadores; y a los alemanes, como serviles e interesados. La descripción de los personajes se nos muestra de forma casi milimétrica, lo que tiene doble valor habida cuenta de la forma de escritura-dictado de la obra.

     Sin embargo, como buen ruso, Dostoievski demuestra ser bastante poco neutral al expresar sus propias convicciones. De manera que no duda un instante en salir en defensa de la dignidad de los rusos. Aunque, eso sí, plasma a la perfección las contradicciones del espíritu humano y sus luchas internas. Todo ello, personalizado en la figura de ese alter ego que es Aleksei Ivanovich, por lo que queda claro que la pretensión del autor era liberarse de recuerdos personales tan duros para hacer borrón y cuenta nueva, redimirse y, quién sabe, comenzar desde cero. Algo que consiguió finalmente en Ginebra de la mano de su segunda esposa. 

     El personaje de Ivanovich, tutor de los hijos del general Zagorianski, representa el alma atormentada del propio Dostoievski, pero también constituye un fiel retrato de muchos de los rusos que residían en el extranjero. El general Zagorianski sufre una obsesión casi enfermiza por madamoiselle Blanche de Cominges que lo lleva al delirio al principio y finalmente a la misma desesperación. Lo arriesga todo en la ruleta con tal de obtener el sí, quiero de su amada. Polina Aleksandrovna, hija del general, está enamorada del francés Des Grieux, marqués que ha sabido aprovechar las debilidades del general para prestarle un dinero que ahora ansía recuperar. Mr. Astley, un adinerado inglés, parece ser el único en poner algo de cordura a una familia en serio de peligro de desintegración.

     Y Antonida Vasilievna, la tía del general, es la clave de las acciones de los demás protagonistas, que basculan en torno a ella en todo momento. Anciana y enferma, asiste al reparto de su herencia entre sus herederos, quienes no hacen más que mandar telegramas a Moscú para conocer la noticia de la posible muerte de la vieja. Su inesperada llegada a Ruletenburg cambia absolutamente el comportamiento de todos sus familiares, y también el de los demás personajes. Pasa de desconocer por completo el juego de la ruleta a convertirse en un gran ejemplo de ludopatía y dependencia del juego. Su temerario comportamiento en la mesa de juego acaba por poner a su familia al borde del precipicio. Y, como no podía ser de otra manera, llegados a esa situación, cada cual luchará por sus propios intereses. 

     El jugador constituye una obra de gran magnitud, pues nos permite conocer de primera mano hechos reales de la vida de uno de los más importantes escritores del siglo XIX, así como elementos de la sociedad en que vivió: la emigración rusa, los balnearios-casinos germanos, las relaciones interpersonales y las bajas pasiones (y, con ello, no me refiero solo a las que tienen que ver con el juego). Una novela que puede servir perfectamente como una magnífica primera toma de contacto con Fiodor Dostoievski. Y hablo con conocimiento de causa...                         


miércoles, 7 de enero de 2015

Veinticuatro horas de la vida de una mujer. Stefan Zweig. Plaza & Janés. 1963. Reseña





     En 1929, en plena época productiva, Stefan Zweig escribió y publicó Veinticuatro horas de la vida de una mujer, una novela corta de apenas cien páginas dividida en seis capítulos en la que una anciana aristócrata inglesa desvela sus confidencias más ocultas a un joven narrador que, como el propio autor - o quizás ambos sean en realidad la misma persona -, también pertenece a una familia acomodada. Zweig, que por aquella época colaboraba en la difusión de la obra de Freud desde Viena, demostró sus enormes capacidades para comunicar y desentrañar la psicología de sus personajes con una facilidad pasmosa.

     Un suceso acaecido en el hotel en el que residen dos matrimonios, varios personajes solitarios y un joven viajero provoca el acercamiento entre la anciana y el narrador de la historia. Ambos son los únicos que defenderán la huida, con un joven al que acaba de conocer, dicharachero, apuesto y simpático, de una mujer casada con dos hijos. La relación que nacerá entre los defensores de la huida hará que la aristócrata se decida a contarle las veinticuatro horas más decisivas de su historia personal pasada. Y, para ello, retrocede dos décadas y se traslada de nuevo al Montecarlo de principios de siglo. En su famoso casino conocerá a un joven atrapado por el juego que, por perder, ha perdido hasta la esperanza de seguir viviendo. 

     La desesperación, la resignación y la pasividad del joven al fracasar en el casino serán las causas de que piense en el suicidio como única y más fácil manera de terminar con una vida que considera infame. La protagonista, desde la madurez de sus cuarenta años, se sentirá obligada a tratar de salvarle la vida. Impedir su suicidio se convertirá en su principal objetivo, esa noche y la mañana siguiente. Al principio incluso llegará a pensar en el joven como su tercer hijo, al tener este la misma edad que aquellos. 

     Resulta gratamente sorprendente la aptitud del autor austriaco a la hora de describir las debilidades psicológicas del joven jugador de ruleta; su imposibilidad de abandonar el juego, hasta el punto de dejarse hasta la última moneda; los gestos de sus expresivas y nerviosas manos sobre el tapiz verde; el capricho hipnótico que sobre él ejerce la ruleta; el desmoronamiento físico y psicológico del que lo acaba de perder todo; la desesperada decisión de que la muerte es ya el único horizonte.

     Por contra, la protagonista femenina de la historia, viuda y apartada por decisión propia de las relaciones personales con hombres desde el fallecimiento de su marido, también gran jugador - aunque, eso sí, pleno dominador de sus actos con respecto a la ruleta -, se verá enfrascada en la labor salvadora del joven. Una labor que la llevará a realizar actos impensables para ella y la sociedad de su tiempo y que la introducirá en una especie de ruleta en la que acabará perdiendo la posición que hasta entonces había tenido.

     Zweig aborda la trama de manera magistral. La novela es uno de esos escasos casos en que aquello que no se cuenta es casi más importante que lo que sí es contado. Con una prosa ágil, directa y con las descripciones justas, retrata a la perfección a unos personajes que se mueven por instintos, altos o bajos según los casos, que buscan satisfacerlos a toda costa. El peligro del juego, la soledad, la traición hacia uno mismo, la traición hacia los demás, la bondad y la desesperanza serán los puntos fuertes de una novela que se hace más corta de lo que en realidad es.

     De esta manera, el lector queda enganchado, atrapado, a sus páginas. De la misma manera que el joven lo está a la ruleta. Lo que ocurre, y cómo se cuenta, le convierte en un adicto a las palabras escritas por el autor. Y poco a poco cae en la cuenta de lo extremadamente fácil que a todos nos resulta criticar y juzgar a los demás sin conocerlos - a ellos y a sus circunstancias personales -. Este hecho, precisamente, es el que acabará uniendo a los huéspedes del hotel, haciendo posible que nosotros mismos conozcamos los hechos acaecidos veinte años antes.        

     ¿Quién no ha sentido en ocasiones una extraña sensación, una repentina necesidad de huir de todo, incluso de nuestra propia vida? ¿Quién, incluso teniendo pareja, no ha pensado alguna vez en escapar con otra persona a la que acaba de conocer física pero no psicológicamente? ¿Qué nos lleva a que estos pensamientos pueblen nuestra mente? ¿Qué decide finalmente si debemos dejarnos llevar - quizás al abismo mismo - y quedarnos o marcharnos? ¿Acertamos al cortarnos las alas nosotros mismos? ¿Acertamos al actuar sin pensar en las consecuencias que una huida podría tener en nuestras vidas y las de quienes nos rodean? ¿Acaso no somos libres, incluso para cometer locuras? ¿Tiene límites la libertad? Quizás a muchos lectores les surjan preguntas como estas tras leer esta novela. Porque, a veces, bastan tan solo veinticuatro horas para cambiar nuestras vidas...