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lunes, 22 de noviembre de 2021

Los niños de Irena. Tilar J. Mazzeo. Aguilar. 2016. Reseña

 




    Desde que la increíble historia de Irena Sendler, su tenaz círculo de confianza y los dos mil quinientos niños judíos salvados de la muerte en el gueto de Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial comenzó a ser conocida han ido proliferando estudios, ensayos y novelas sobre los hechos acontecidos dentro y alrededor del barrio judío amurallado. ¡Qué os voy a contar que no sepáis ya, queridos lectores de El Círculo de las Bondades! Por cierto, os adelanto que en estos momentos me encuentro en plena escritura de la segunda parte de esta extraordinaria historia, que llevará por título El Grito de los Inocentes. De hecho, la lectura de esta nueva obra --la mejor que he leído hasta ahora sobre Irena y su estrecha red de colaboradores, al menos en lengua castellana--, me ha venido de perlas para terminar de afianzar algunos conocimientos sobre los distintos personajes que forman parte de ella y sobre la resolución de algunos hechos que todavía no tenía definitivamente claros a pesar de haber leído casi una veintena de libros y de haber visto documentales, películas, etc.


    La historiadora cultural, biógrafa y escritora norteamericana Tilar J. Mazzeo (1971), autora de varios best sellers, nos da luz sobre el peligroso e ingenioso plan tramado por Irena Sendler para salvar a la mayor cantidad de niños posible. Como ya sabéis, se trata de una historia de valor, coraje y resistencia. Pero, además, y he aquí la gran novedad, también de un amor imposible. El ángel del gueto de Varsovia se nos muestra en este relato con sus grandezas y fortalezas, pero también con todas sus dudas y debilidades. Porque, aunque la Historia se centre muy a menudo en los aspectos más heroicos de sus grandes personajes, estos --también Irena, por supuesto-- también hubieron de sufrir penalidades, teniendo que hacer frente a mil y una dudas y debiendo tomar decisiones no siempre acertadas. Por ello, leer el libro Los niños de Irena, de Tilar J. Mazzeo, donde la protagonista ya no es la típica mujer perfecta que todo lo puede --he de confesar que esto siempre me había chirriado, y fue durante años la principal causa de no atreverme a escribir la segunda parte de su historia--, sino una mujer corriente que sufre con cada decisión tomada me ha desatascado por completo.


    Ahora entiendo el motivo por el cual nuestra protagonista llegó a afirmar en una entrevista, poco antes de morir, que había sido mala hija, mala esposa y mala madre. Y es que sucede, muy a menudo, que tras las grandes acciones históricas se esconden otras no tan perfectas. Y eso es lo que también le ocurrió a Irena: volcada siempre hacia su trabajo y su forma de ser y de vivir la vida -- absolutamente heredadas de su padre--, consiguió enormes triunfos, llegando a ser uno de los miembros de la resistencia polaca más buscados por la Gestapo durante los años finales de la contienda, mientras que en su faceta más íntima acumuló algunos fracasos personales. Mazzeo, pues, cierra el círculo sobre el personaje central de la historia. Lo que, personalmente, repito, me ha permitido encajar algunas piezas del puzzle de mi novela que no acababan de encajar en aquello que yo quería que fuera en realidad. Por tanto, Los niños de Irena ha actuado como desatascador y como movilizador de mi propia obra, que ahora sí navega viento en popa y a toda vela.


    Centrándonos en la obra de Mazzeo, y dejando de lado los aprendizajes que servidor ha obtenido de la misma, me gustaría resaltar la parte de la historia que tiene que ver con ese amor imposible de Irena con Adam Celnikier. Porque, sin duda, podría ser objeto de algún culebrón venezolano o mexicano. Sin embargo, como se suele decir, la realidad siempre supera a la ficción. Y la historia entre Irena y Adam viene de lejos. Muy de lejos. De cuando todavía vivía su padre, el doctor Stanislaw Krzyzanowski, e Irena apenas tenía seis años. Por aquel entonces, la familia de Irena tenía mucha relación con la comunidad judía de Otwock, donde su padre ejercía como médico. Adam y ella jugaban juntos en las calles de la ciudad balneario. Y siguieron haciéndolo hasta que Janina e Irena se mudaron a Varsovia, tiempo después de la muerte de su padre. Años después, se reencontraron en la capital polaca. Sintieron atracción de inmediato. Pero su historia era imposible ya que Adam estaba prometido a una joven judía. Además, la madre de él se oponía a cualquier tipo de relación entre los jóvenes.


    Irena, todavía enamorada de Adam, hubo de continuar con su vida, y terminó casándose con el profesor polaco --y católico-- Mieczyslaw Sendler. La relación entre ellos nunca terminó de fructificar del todo --Mieczyslaw siempre se quejó de la excesiva implicación laboral de su esposa, así como de su falta de tiempo y motivación para crear una verdadera familia-- y él acabó aceptando una propuesta laboral en una universidad cercana a la frontera con la Alemania de Hitler. Mala decisión, porque pocas horas después de su llegada los alemanes cruzaron la frontera y lo hicieron prisionero. Y he aquí la gran novedad. Servidor pensaba que Mieczyslaw fue asesinado por los nazis --ya que su nombre apareció incluso en la lista de fusilamientos diarios--. No obstante, sobrevivió en un campo de trabajo en Alemania y, meses después de finalizar la guerra, volvió a aparecer en Varsovia. Para entonces, Irena y Adam estaban por fin juntos --él se había divorciado de su esposa judía-- ¡e Irena estaba embarazada de cinco meses! Mieczyslaw e Irena se divorciaron amistosamente. Tan amistosamente que, años después, Irena se divorció de Adam --también de manera amistosa-- y ¡se casó nuevamente con Mieczyslaw! ¿Es o no todo un gran culebrón?


    No, lo que acabo de contar no es un spoiler. Nunca un hecho histórico ocurrido hace ochenta años puede considerarse un spoiler. Además, estos hechos contribuyen a humanizar, más si cabe, a sus protagonistas. Todos acaban divorciados, pero tan amigos entre sí. Algo solo posible tratándose de personas bondadosas. Puede que se hagan daño, pero nunca a conciencia. Y todos sufren por igual. ¿Hay algo más humano que sufrir y hacer sufrir sin maldad alguna? En mi caso, al menos, esta desconocida parte de la historia me ha fascinado. Y me ha hecho entender muchísima cosas. Irena jamás se consideró una heroína --solo una pequeña parte de una gran red de colaboradores y resistentes frente al nazismo y el Holocausto judío--, sino que aseguró haber tenido pesadillas durante el resto de su vida a causa de sus errores y malas decisiones. De ahí que, sin duda injustamente, se considerase a sí misma mala hija, mala esposa y mala madre. Y eso, lejos de hablar negativamente de ella, la catapulta todavía más hacia la categoría de personaje único. Más veraz, auténtico y resiliente.


    El resto del ensayo de Mazzeo incide en la extensa red de resistentes polacos --católicos y judíos-- y en sus acciones contra las aberraciones cometidas por los nazis en territorio varsoviano. Aparecen, algo ampliados respecto a La madre de los niños del Holocausto, de Anna Mieszkowska, los personajes ya conocidos del viejo doctor Janusz Korczak, el enlace con el gobierno en el exilio londinense Jan Karski, las amigas de Irena Ala Golab-Grynberg, Ewa Rechtman, Rachela Rosenthal, Stanislawa Bussold, Jadwiga Grabowska, Jaga Deneka, Jaga Piotrowska e Irena Schultz, los amigos Jozef Zysman, Adolf Berman o Henryk Palester y los jóvenes judíos miembros de la ZOB (Organización Judía de Combate) que protagonizaron el alzamiento del gueto en la Pascua de 1943, haciendo especial hincapié en Marek Edelman, lugarteniente del líder del movimiento, Mordejai Anilevich. Asimismo, describe los movimientos de la resistencia antes, durante y después del alzamiento judío, especialmente en el levantamiento general de Varsovia, en el verano de 1944.


    Capítulos destacados son también los que hacen referencia a la detención de Irena en su casa del distrito de Wola, los interrogatorios y torturas sufridas por ella en la prisión de Pawiak y en la sede de la Gestapo en la avenida Szucha, su posterior condena a muerte y finalmente su milagroso y agónico rescate por parte de Zegota --Consejo de Ayuda a los Judíos--. Además, es igualmente llamativo y, por tanto, reseñable el ostracismo al que cayeron su historia y la de sus compañeros bajo el posterior régimen comunista soviético, si cabe mucho más feroz con los polacos que el nazi. Por fortuna, Irena vivió sus últimos años rodeada de algunos de los niños a los que había salvado la vida sesenta y tantos años atrás. Justicia divina, quizás. Y justicia es la que intento hacer yo reseñando este ensayo de Mazzeo y escribiendo la historia novelada de Irena y sus colaboradores. Porque estas historias jamás deberían caer en el olvido...               

           

lunes, 5 de octubre de 2015

Varsovia. Tras las huellas de Irena Sendler y los héroes del gueto

    



     No suelo escribir sobre mis viajes por España y el resto de Europa o del mundo. Considero que éstos forman parte de la intimidad de las personas y que deben quedar en un segundo plano a la hora de relacionarse con el resto de la gente. Sin embargo, esta vez todo ha sido diferente. La pasada semana pasé tres días en Varsovia. El objeto de mi viaje fue doble: por un lado, documentarme para dar mayor verosimilitud si cabe a una historia ya de por sí real - la segunda parte de El Círculo de las Bondades, novela en preparación en la que pretendo terminar mi particular homenaje a la figura de Irena Sendler -; por otro, visitar los lugares por donde transitó en vida y presentarle mis respetos en el lugar de su descanso eterno.

     A priori puede parecer que tres días son demasiado poco tiempo para alcanzar ambos propósitos. No obstante, cuando uno prepara con la máxima minuciosidad un viaje relámpago como el que nos ocupa, sí es posible ver todo aquello que ha decidido visitar. Eso sí, la tarea requiere una programación pormenorizada: averiguar los horarios de los museos, imprimir planos de situación de los lugares a visitar, buscar un hotel más o menos equidistante a ellos, contratar a un guía que te explique todas las cuestiones que necesitas aclarar, etc.

     Irena Sendler estuvo presa en la prisión de Pawiak. Lo cual hacía necesaria una visita a lo que queda de una cárcel en la que murieron, entre 1939 y 1944, casi cien mil personas - contando a las que fueron llevadas desde allí a Treblinka y al cercano bosque de Palmiry -. En el museo actualmente existente en la antigua prisión se pueden ver pertenencias personales de los presos, documentación, fotografías, dibujos y demás objetos, los cuales sirven para hacerse una idea de cómo era la vida allí. Una maqueta del lugar me ayudará a describirla con la máxima minuciosidad. Lo mismo ocurre con las celdas del único bloque que quedó en pie en 1944.

     Después de sobrecogerme en Pawiak llegó uno de los momentos emotivos del viaje: la visita al edificio en que vivió Irena durante la II G. M.. Se encuentra cerca del hotel, en el barrio de Wola, más concretamente en la calle Ludwiki 6. Una placa informativa avisa a los paseantes de que en el primer piso vivió la salvadora de dos mil quinientos niños judíos del gueto de Varsovia. Al lado del texto, una imagen de la homenajeada. A continuación, me dirigí a la iglesia de San Adalberto, cercana al antiguo domicilio de nuestra protagonista. Se trata de su lugar de culto habitual. Ferviente católica, Irena acudía a menudo a este recinto, que fue respetado por los alemanes cuando decidieron incendiar y destruir la capital polaca entre 1944 y 1945. Pisar los mismos desgastados ladrillos que en su día pisó ella me causó una sensación de alegría y responsabilidad difícil de explicar aquí. El día finalizó en Plocka 26, lugar donde falleció Irena en 2008, a la edad de 98 años. 

     El segundo día de mi estancia en Varsovia lo dediqué a recorrer las calles de lo que en su día fue el gueto judío. Algunos - muy pocos - de sus pavimentos y edificios permanecen todavía visibles y en pie. De la mano de una formidable guía - sin duda, la mejor que uno pudiera imaginar -, de nombre Anna, licenciada en filología hispánica y gran conocedora del tema en cuestión, visité la sinagoga Nozyk - la única de las tres existentes en aquella época que todavía se puede encontrar en funcionamiento -, el instituto de historia judía Emanuel Ringelblum - junto a la ya inexistente Gran Sinagoga de la calle Tlomackie, demolida en mayo de 1943 -, los monumentos referentes a los héroes del gueto - en Mila 18, cuartel general de la ZOB, y en la calle Zamenhofa, donde comenzó el alzamiento judío en abril de 1943 - y recorrí las céntricas plazas del Mercado y del Castillo. 

     Además, anduve por buena parte del cementerio judío de la calle Okopowa. Allí pude contemplar el monumento dedicado al genial pedagogo Janusz Korczak, que murió en Treblinka junto a los dos cientos niños de su orfanato en el desarrollo de las Aktions Reinhard. Y vi las tumbas de algunos de los rebeldes del gueto, como Marek Edelman o Michal Klepfisz, y del presidente del Judenrat, el ingeniero Adam Cherniakov, que puso fin a su vida el segundo día de las deportaciones. La visita a la Umschlagplatz o plaza de embarque, desde la que partían los trenes de la muerte destino a Treblinka, me encogió el corazón. 




     El tercer y último día en la capital polaca comenzó con otro momento muy emocionante para mí: la visita al cementerio católico Powazkowski, donde deposité unas flores y un cirio en la tumba de Irena, en la sección Q54 de beneméritos de la patria. Pasé unos minutos ante ella, en silencio, dándole las gracias por sus heroicas acciones y pidiéndole que me ayude e inspire en la tarea de contribuir a mantener viva su memoria y la de ese círculo de personas bondadosas que le asistieron en la salvación de los niños. 

     El resto del día lo ocupé en el Museo Polin, dedicado a los mil años de historia de los judíos polacos, situado entre la calle de Mordejai Anilevich, líder de la resistencia judía, y el paseo dedicado a Irena Sendler, y en el Museo del Alzamiento. El Polin es de obligada visita para quienes estén interesados en el tema que nos ocupa, pero también para cualquier turista, pues museos de tanta categoría hay muy pocos en el mundo. El despliegue de medios de todo tipo llega a dejar a los asistentes con la boca abierta. Algo parecido ocurre en el Museo del Alzamiento, ubicado en la calle Grzybowska 79. Entre otras cosas, en él puede uno recorrer una réplica de los canales por los que huían los rebeldes polacos, sobrevolar en 3D la destruida Varsovia de 1944 y observar armamentos y demás objetos pertenecientes a los insurrectos y a los nazis.

     En definitiva, tres días para recordar. Y todo ello pese a la fealdad de una ciudad reconstruida casi desde sus cenizas y la frialdad de unos ciudadanos a los que todavía les cuesta superar las sucesivas tragedias vividas en los últimos ciento cincuenta años de su historia. Años de continuas particiones, escisiones, ocupaciones, devastaciones y reconstrucciones. Un país que uno, pese a todo, aprende a amar. Y una historia que todo el mundo debería conocer y nunca olvidar.                                                                                                                                             

          

martes, 22 de abril de 2014

El Círculo de las Bondades. Segunda edición. 2014. Ya disponible





     Finalizado el contrato editorial de dos años de duración con Ediciones Hades ha llegado el momento de que vea la luz la segunda edición de El Círculo de las Bondades. En estas líneas explicaré las diferencias entre la nueva versión de la novela y su predecesora, la original. Desde la propia portada hasta el contenido de la misma han sido corregidos y mejorados para la nueva puesta de largo. La diferencia más sustancial es que pasa a estar narrada en pasado y no en presente, lo cual me ha obligado a reescribirla en su totalidad.

     Antes de nada quiero agradecer públicamente, una vez más, la oportunidad que me brindó José Luis Victoria Lozano, editor de Ediciones Hades (Castellón), al publicar hace un par de años mi primera novela. De él he aprendido mucho sobre el mundillo editorial, el cual desconocía por completo hasta entonces. Por otra parte, pese a la finalización del referido contrato he de confesar que seguimos teniendo una muy buena relación pues la finalidad de ambos ha sido y sigue siendo la misma: darnos a conocer mútuamente y tratar de hacernos un hueco en tan complicado mundo. 

     También quiero agradecer el gran trabajo realizado a Delia Serrano Moirón, que se ocupó de poner la portada a la historia narrada en la novela. Desde un primer momento me entendió perfectamente, plasmando en la imagen lo que yo como autor deseaba. El libro trata sobre los niños del gueto de Varsovia y me pareció oportuno que esa fuera la temática también de la portada. Tanto a Delia como a José Luis debo el hecho de poder contar con la misma portada en esta segunda edición. Gracias a ambos de nuevo.

     Quien compare las portadas original y actual observará pequeñas pero significativas diferencias entre ellas. Pese a que la imagen y la tipografía son las mismas, el título y el nombre del autor aparecen más hacia abajo y más centradas en la imagen perteneciente a la segunda edición. Ello ha posibilitado apreciar con mayor claridad la lágrima que se desprende del ojo del niño. Además, la línea que aparecía bajo mi nombre y apellidos en la edición anterior ha sido difuminada en la actual. Como es lógico, tampoco aparece el nombre de la editorial castellonense en la nueva edición. Los referidos cambios debo agradecérselos a mi cuñado, Vicente Martí, un as en lo que al Photoshop se refiere.  Por último, la cubierta de la nueva novela es también diferente a la anterior, tanto en la estructura como en el texto incluido y el color de la misma.




     El tema de la portada me lleva al siguiente punto a exponer. He decidido auto-publicar la novela a través del portal CreateSpace de Amazon ya que considero muy complicado encontrar una editorial que desee publicar una novela que ya ha sido previamente editada por otra casa. En los tiempos que corren, más que nunca, las editoriales buscan el máximo beneficio en sus publicaciones, algo que difícilmente podía asegurarles yo como autor de una novela ya publicada.

     Vayamos con las diferencias en cuanto a contenido. Son varias. En primer lugar, el tamaño de la letra ha sido aumentado en un punto, lo que permitirá ser leída con mayor agilidad, algo que, por otra parte, también ocurría con la versión de Hades. He tomado esta decisión debido a que algunos lectores, ya de edades avanzadas, se suelen quejar siempre del tamaño de la letra de los libros. Con este ya no tendrán excusa para no leerlo. La consecuencia es que la novela pasa a tener ahora 540 páginas en lugar de las 420 originales.

     En segundo lugar, todo el texto ha sido corregido exhaustivamente por la correctora profesional Marian Mira, a la cual también he de agradecer su empeño en dejar la nueva edición muy pero que muy guapa. Quien observe algún error ha de recriminármelo solo a mí, pues volví a repasar la novela en un par de ocasiones después de recibirla de nuevo de manos de Marian, antes de enviarla a la gente de Amazon. 

     En tercer lugar, desaparecen las notas aclaratorias de la edición original, las cuales han sido excluidas o bien integradas en la propia narración de la historia. Todo ello de cara a agilizar la lectura de la misma. Asimismo, el índice de personajes pasa a ocupar las primeras páginas del libro actual, mientras que en la edición original aparecían como anexo al final.

     Huelga decir que la historia contada es la misma en ambas ediciones, si bien he reescrito algunas escenas y he eliminado algunos diálogos (o parte de ellos), de nuevo para facilitar la agilidad lectora. También he añadido algunas descripciones de ambientes e indumentarias que no aparecían en la versión original. La estructura de capítulos y cronologías siguen siendo las mismas. Además, he introducido un nuevo prólogo, inexistente en la primera edición, y unas notas finales del autor, con recomendaciones bibliográficas y de cine sobre aspectos relacionados con los personajes y los hechos contados en la historia novelada que sigue siendo El Círculo de las Bondades.

     El objeto de la novela también permanece: homenajear a Irena Sendler y a sus colaboradores por arriesgar sus vidas para salvar las de aquellos dos mil quinientos niños y niñas del gueto de Varsovia. Personas como ellas jamás deben caer en el olvido. Y esta historia novelada, fruto de una investigación tan dura como apasionante busca precisamente rescatar de la memoria a tan magníficas personas. 

     Por último, cómo no, agradecer, también públicamente, a las cuatro cientas personas que, en estos tiempos que corren, han tenido a bien gastarse un dinero que no sobra a nadie para apoyar a esta historia que ya no es mía sino vuestra. ¡Ah! Y recordad que la nueva edición está disponible en versión papel (CreateSpace Amazon) y en digital (Kindle Amazon). ¡Ayudadme con la difusión! ¡Muchas gracias!           

lunes, 23 de septiembre de 2013

Todo lo que cabe en los bolsillos. Eva Weaver. Espasa. Reseña





     Un viejo y enorme abrigo y unas rudimentarias marionetas pueden cambiar la vida de las personas: acompañarlas y servirles de estímulo incluso en las peores situaciones imaginables (o inimaginables). Eva Weaver, alemana asentada en Inglaterra desde se juventud, debuta con esta primera novela, en la que, quizás, intenta quitarse de encima el peso de la losa que muchos germanos sienten sobre sus espaldas pese a haber nacido mucho tiempo después de terminar la II Guerra Mundial.
 
     Con una narrativa directa, sencilla y fácil de leer la escritora alemana construye una historia ficticia basada en escenarios reales (el gueto de Varsovia durante la ocupación nazi y los gulags siberianos de Stalin) que contiene interesantes reflexiones sobre los sucesos acaecidos durante la II Guerra Mundial y los años posteriores. Una novela que cabe leer y analizar con gran atención.
 
     "Todo lo que cabe en los bolsillos" tiene tres partes diferenciadas en cuanto a temática y técnica narrativa. En la primera de ellas, que ocupa dos tercios de su longitud y está narrada en primera persona, Mika cuenta a su nieto Danny un secreto que no conoce nadie, incluida su propia hija Hannah (madre de Danny): su vida como titiritero en el gueto de Varsovia y su relación con Max, un soldado alemán destinado en la capital polaca, con quien se encontró un buen (o mal) día. El alemán sentirá por él una fuerte atracción (le recuerda a su propio hijo, de su misma edad) y le proporcionará pan, mermelada y una cierta protección ante el resto de soldados del III Reich a cambio de que actúe para ellos en sus barracones. Las marionetas salvan a Mika en diversas ocasiones.
 
     Sin embargo, en el verano de 1942, el día antes de comenzar las deportaciones a Treblinka, el nazi y el joven Mika se despiden. El titiritero le ofrenda una de sus marionetas (el "doctor"), aunque Max habría preferido llevarse al "príncipe". No obstante, tras un nuevo encuentro, días después, como agradecimiento, el referido títere acabará en las manos del alemán tras salvar de la deportación a la madre y a la tía de Mika. Tras la guerra, el titiritero logra huir hasta Nueva York, donde vive el resto de su longeva vida.
 
     La segunda parte de la novela, escrita ya en tercera persona, narra el viaje del "príncipe" hasta los gulags siberianos. Una vez liberada Varsovia por los soviéticos los soldados nazis capturados fueron enviados a trabajos forzados al gran territorio de la nieve del norte soviético. Los alemanes viajaron en el mismo tipo de trenes en los que antes habían sido trasladados a los campos de concentración y exterminio los judíos, lo cual hará reflexionar ampliamente a Max: "se cosecha lo que se siembra".
 
     La historia se repetirá: las marionetas, que habían salvado la vida de Mika en el gueto de Varsovia, también conseguirán poner a salvo a Max en el gulag. La figura del "príncipe" llegará a tener tanta importancia en la historia narrada como los propios Max y Mika. Personajes y marionetas están descritos de una manera soberbia, lo que otorga a la acción todavía una mayor verosimilitud.
 
     Respecto a la tercera y definitiva parte de la historia, escrita de nuevo en tercera persona, no creo conveniente desvelar su contenido porque pienso que debe ser el lector quien descubra y viva con emoción estas últimas páginas. Simplemente diré que contiene escenas y sentimientos muy emotivos, aunque el final sea un poco previsible.
 
     Precisamente, esta es la única nota no tan positiva de un libro muy bien construido y documentado en el que aparecen, como secundarios, personajes reales que también tienen una gran importancia en mi primera novela, "El Círculo de las Bondades", como Janusz Korczak (pedagogo, escritor y director del orfanato de la calle Krochmalna), Mordejai Anilevich (líder del ZOB, quien comandó la rebelión judía en abril de 1943), Emanuel Ringelblum (historiador que recopiló los archivos conspiratorios anti-nazis denominados "Oneg Shabbat") o Irena Sendler (magnífica, querida y poco reconocida protagonista principal de mi obra de debut, salvadora de más de dos mil quinientos niños judíos del gueto).
 
     Mucho se ha escrito sobre el tema a lo largo de los últimos setenta y tantos años. Y muchas son las obras de referencia. Por lo apreciado, tanto Eva Weaver como yo hemos utilizado bastantes y muy parecidas. Por todo ello, no puedo concluir esta reseña sin recomendar la lectura de esta obra, también de debut, sobre unos acontecimientos que jamás deberían haber ocurrido y que tampoco debían repetirse (y, sin embargo, por desgracia, sí lo hacen...).       
 
      

sábado, 24 de diciembre de 2011

El círculo de las bondades. José Ferrandis Peiró. Ed. Hades. 2012. Reseña



      Irena Sendler, tesorera del departamento de Asistencia Social del ayuntamiento de Varsovia, desarrolla la mayor parte de su actividad en la calle, ayudando a los más necesitados de la sociedad de la capital polaca. La invasión y posterior ocupación germana del país hizo que dichas necesidades se ampliaran y se centraran, sobre todo, en el sector de población judía y, más concretamente, en los niños.

      Multitud de ellos quedaron huérfanos y/o fueron abandonados por sus famílias ante la incapacidad de éstas para alimentarlos y cuidarlos. Rápidamente los orfanatos se fueron llenando y fueron necesarias medidas más drásticas para poder ayudar a los más indefensos ante la guerra y la barbarie alemana. Así, ayudada por compañeros/as y trazando una red de colaboradores/as, Irena se dispuso a poner fin a tanto sufrimiento y tanta muerte de niños inocentes e indefensos.


     La novela trata sobre las acciones de la protagonista principal, siempre acompañada por el recuerdo de su padre y por el angustioso presente que supone la presencia de una madre enferma, pero narra también las peripecias de muchos personajes, también reales, que nos ayudan a conocer de primera mano cómo fue la vida de judíos y polacos durante la Segunda Guerra Mundial.


     Aunque está extendida la idea de que los judíos europeos fueron como ovejas al matadero alemán, en "El círculo de las bondades" podremos comprobar cómo sí que hubo personas que hicieron todo lo que estuvo en sus manos para desafiar al poder opresor germano. Los movimientos clandestinos, comandados por Mordejai Anilevich y Antek Zukierman, que buscaban armarse para luchar hasta la muerte si hacía falta; sus conexiones con los resistentes del gueto de Vilna, comandados por Abba Kovner y la hermana dominica Anna Borkowska; el historiador Emanuel Ringelblum y sus colaboradores del Oneg Shabat, que crearon un archivo conspiratorio anti-alemán con el objetivo de dar a conocer sus atrocidades al mundo entero; o las acciones de Janusz Korczak, haciendo que las vidas de los niños de su orfanato fueran lo más felices posible, ponen de manifiesto esta actitud activa ante unas autoridades nazis que buscaban debilitar a la comunidad judía hasta lograr su muerte por hambre, frío, enfermedades, etc.

      Sin embargo, uno de los temas más dramáticos tratados en esta novela es el que hace referencia a la difícil misión llevada a cabo por el Judenrat, Consejo Judío creado por orden alemana para hacer cumplir sus mandatos a la comunidad judía, y al cuerpo de Policía de Orden Judía, instrumento utilizado para ejecutar, al precio que fuera necesario, dichas órdenes. El papel jugado por el presidente Adam Cherniakov, odiado cada vez más por los miembros de su comunidad, que no entienden cómo puede prestarse al cumplimiento de lo que en la práctica se considera una auténtica condena a muerte de toda la sociedad judía, es uno de los puntos más calientes del desarrollo de la novela.

      A caballo entre la novela histórica y el ensayo-crónica, "El círculo de las bondades" muestra fielmente cómo fue la vida (y la muerte) de los judíos del gueto de la capital polaca y también la de un buen grupo de valerosos polacos que, arriesgando sus vidas y las de sus familiares y amigos, decidieron hacer algo por evitar lo que parecía inevitable: el exterminio de toda una comunidad de millones de personas en el viejo continente. La impotencia de estas personas, que asistieron al olvido de su situación por parte de la comunidad internacional (franceses, británicos, norteamericanos e incluso judíos del resto del mundo), constituye un ejemplo de lo que jamás debería haber ocurrido en un mundo supuestamente civilizado.


      Esta novela constituye un sincero y cálido homenaje a todas las personas que, de una u otra manera, arriesgaron su vida (e incluso llegaron a perderla) por ayudar a quienes estaban sufriendo unas condiciones infrahumanas a causa de las ansias de poder y el egoísmo de unos gobernantes indignos de las responsabilidades que les habían sido encomendadas por sus pueblos...

lunes, 14 de marzo de 2011

La madre de los niños del holocausto. Anna Mieszkowska. Reseña

     "La madre de los niños del holocausto" es la biografía de Irena Sendler, toda una heroína clandestina polaca y católica que arriesgó su vida por salvar a más de dos mil quinientos niños y niñas del gueto de Varsovia durante la ocupación nazi de la capital polaca. La autora, Anna Mieszkowska, escritora, periodista y especialista en teatro, conoció la historia de esta mujer y se puso en contacto con ella para contar su historia al mundo. Una historia increíble, pero real como la vida misma, de una mujer que siempre estuvo acostumbrada a sufrir...



     Desde su infancia Irena sufrió mucho de salud, llegando a estar en varias ocasiones al borde de la muerte, lo que le hizo arrastrar durante toda su vida enormes jaquecas y dolores de cabeza a causa de una trepanación que se le hubo de hacer para salvarle la vida casi milagrosamente. A la edad de siete años perdió a su padre, médico de profesión y solidario de vocación. Murió infectado de tifus por un grupo de judíos a los que ningún otro médico quiso ayudar. Pese a estar con él solo siete años Irena vivió con su padre muchos momentos imborrables y siempre le tuvo como modelo de vida honrada, solidaria y honesta. Años más tarde, ella misma arriesgó su vida por volver a ayudar a la comunidad judía de Varsovia cuando casi nadie más quiso saber nada de lo que ocurría intramuros del gueto.

     Irena estudió Trabajo Social y realizó un curso de Enfermería. Pronto se puso a trabajar con los sectores más desfavorecidos de la capital polaca, entre ellos los judíos. Y en 1939 llegaron la invasión y posterior ocupación nazi y el intento de exterminio de la totalidad de judíos polacos y europeos. Irena y buena parte de sus compañeros se dieron cuenta de inmediato de que el gueto judío estaba condenado a ser aniquilado y arrimaron el hombro para ayudarles. Un día una madre desesperada le dijo a Irena que si quería ayudar a su hijo lo sacara del gueto. Desde ese momento se puso a idear el plan para sacar a la mayor cantidad de niños y niñas de allí.

     Irena se puso al mando de las operaciones por iniciativa propia. Se acordaba de las frases de su padre: "hay que estar siempre del lado del que se está ahogando, sin tomar en cuenta su religión o su nacionalidad" o "ayudar a alguien cada día ha de ser una necesidad que salga del corazón". Él fue su gran inspiración sin duda alguna. 

     Irena estableció una extensa e intrincada red de colaboradores entre la gente de su confianza. Sacaban a los niños a la zona aria de mil y una maneras (por los alacantarillados, ocultos en ambulancias; a través del edificio de los Juzgados, que tenía entrada por los lados ario y judío; en coches de bomberos; en tranvías; etc) y los llevaban a puestos de emergencia, donde se les enseñaban costumbres polacas y católicas para que no levantaran las sospechas del resto de población. Se les proporcionaba identidades falsas mediante el uso de documentos de identificación falsificados y actas de nacimiento reales de niños polacos ya fallecidos, y se les llevaba a instituciones religiosas de todo el país o se les facilitaba la adopción por parte de familias católicas polacas. Los más mayores se unían a los partisanos ocultos en las montañas de los alrededores de Varsovia. 

     Las identidades antiguas y nuevas, las familias de procedencia y los lugares de destino de los niños eran anotados personalmente por Irena en una lista cuya existencia y lugar de escondite solo sabía ella por razones de seguridad. De esta lista dependía que en el futuro las familias pudieran reencontrarse. La responsabilidad era muy grande, por supuesto.

     En numerosas ocasiones, tanto nuestra protagonista como el resto de sus colaboradores, estuvieron a punto de ser descubiertos. En septiembre de 1943 alguien la delató y la Gestapo fue a su casa a por ella. La encerraron en la prisión de Pawiak, en el gueto, y la torturaron cruelmente, rompiéndole piernas y pies. Estuvo cerca de morir, pero no consiguieron que delatara a ninguno de sus compañeros. Años más tarde declaró que entendía perfectamente por qué una persona podía delatar a otra tras sufrir semejantes torturas. La Gestapo, al no conseguir sus propósitos, la condenó a muerte por fusilamiento. Estuvo en Pawiak más de tres meses.

     El día de su fusilamiento, cuando era conducida al lugar de ejecución, un soldado nazi sobornado por Zegota, una organización promovida por el gobierno en el exilio en Londres que sabía de la suma importancia de preservar a toda costa la vida de Sendler, la dejó escapar. Cansada y coja, se arrastró como pudo y se puso a salvo. Las listas de ejecuciones del día siguiente la daban por muerta. Sin embargo, la Gestapo supo lo ocurrido, acabó con el soldado y siguió buscando a Irena. Aún así, pudo estar con su madre en sus últimos momentos de vida. Sin embargo, no pudo asistir a su entierro, pues habría sido apresada de inmediato.

     Irena tomó una nueva identidad y siguió colaborando con los rebeldes hasta el fin de la guerra. Ella y su grupo salvaron la vida de más de dos mil quinientos niños judíos. La lista de Sendler sobrevivió y algunos de los niños pudieron reunirse con sus familias, las que todavía existían, al acabar la guerra. Hasta su muerte, en 2008, a la edad de 98 años, recibió visitas y cartas de muchos de los niños a los que salvó durante la guerra. Pese a su increíble gesta, Irena recordó siempre que "podría haber hecho más, y este lamento me seguirá hasta el último día de mi vida". Sin duda, todo un ejemplo de valentía, bondad, generosidad, entrega y enorme sencillez.

     Durante más de cuarenta años Irena siguió con su vida como si nada de lo anteriormente narrado hubiera ocurrido en realidad. Hasta que su caso fue dado a conocer y todo el mundo pudo saber la increíble hazaña de esta gran mujer polaca. Sin duda, su padre debe estar muy orgulloso de ella.

     "No se plantan semillas de comida. Se plantan semillas de bondades. Traten de hacer un círculo de bondades; éstas les rodearán y les harán crecer más y más". Irena Sendler.