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martes, 9 de abril de 2024

Soldados de Salamina. Javier Cercas. Tusquets. 2001. Reseña

 




    Una década después de sus novelas de debut --El móvil y El inquilino-- Javier Cercas reemprendió su carrera como escritor con Soldados de Salamina (2001), una obra que cuenta varias historias y desde diferentes puntos de vista. Una novela sobre dos historias reales que tienen que ver con un escritor-político falangista y con un soldado republicano durante el período final de la Guerra Civil Española, aunque en el caso del soldado republicano su historia continúa durante toda la Segunda Guerra Mundial, concretamente hasta la liberación de París. Un trabajo que bebe directamente de otros dos escritores, Sánchez Ferlosio y Roberto Bolaño, quienes hablan a Cercas de Sánchez Mazas y Antonio Miralles, los grandes protagonistas de la novela. Una novela que nace siete años antes de su finalización y posterior publicación. Y es que en 1994 el escritor Sánchez Ferlosio le dio a conocer a Cercas la historia de su padre, Sánchez Mazas. Una historia deslumbrante cuyo punto central es su fusilamiento en el santuario del Collell (Girona) en 1939.

    Un fusilamiento del que sobrevivió de forma milagrosa, aunque existen dos versiones diferentes de los hechos: la primera, contada por el propio Sánchez Mazas durante el resto de su vida, habla de que las balas lo rozaron y se hizo el muerto antes de poder escapar con vida del lugar; la otra, recogida de otros supuestos testigos de los hechos, hablan de su huida a plena carrera aprovechando la confusión creada por el hecho de que los fusilados eran un gran número. Esclarecer la verdad obsesiona a Cercas desde el principio. Y comienza a investigar los sucesos para tratar de dar con la realidad. Y, ya puestos a obsesionarse, los dos relatos hablan de una persecución por los alrededores del Collell. Y de que un soldado republicano encuentra a Sánchez Mazas, lo mira, y decide dejarlo marchar sin delatarlo ni ejecutarlo allí mismo. ¿Quién fue ese soldado republicano que dejó con vida al falangista --e ideólogo-- más antiguo de España, coautor del Cara al sol? La cuestión inquieta a Cercas, quien durante años investiga sobre los hechos.

    Durante las dos primeras partes del libro, Los amigos del bosque y Soldados de Salamina, Cercas nos acerca la figura del ideólogo de la Falange y estrecho colaborador de José Antonio Primo de Rivera, su particular historia --antes, durante y después de la Guerra Civil Española-- y esos días anteriores y posteriores a su fusilamiento en el Collell. Los amigos del bosque son tres soldados republicanos --los hermanos Pedro y Joaquim Figueres y Daniel Angelats-- que han desertado y se esconden por los alrededores del santuario mientras esperan la llegada de los nacionales. Se encuentran con un Sánchez Mazas desarmado e indefenso, uno de ellos lo reconoce, y acuerdan protegerlo a cambio de que después él los ayude a ellos una vez llegue el ejército nacional a la zona. Y así fue. Durante un buen número de páginas, Cercas confronta las diferentes versiones de los protagonistas, buscando llegar a la realidad. Una realidad que por momentos se le escapa entre los dedos de las manos, como si se tratara de agua o arena.

    La novela muestra todos los vaivenes de la investigación llevada a cabo por Cercas. Sus momentos de euforia, cuando consigue logros que hacen avanzar esa búsqueda en pos de la verdad, y otros en los que el autor llega a abandonar la investigación al verse en callejones sin salida. En ese sentido, los métodos de búsqueda de documentos, objetos, identidades, testimonios escritos y de testigos presenciales, muertos o incluso vivos, nos muestran la enorme complejidad del proceso de investigación. Un proceso en el que cuentan las destrezas. casi detectivescas del autor, y también la suerte. Si, porque, sin suerte --hay que buscarla, pero no siempre se encuentra--, a veces no vale para nada la tenacidad. Y son dos conversaciones aparentemente normales --con Ferlosio y Bolaño-- las que ponen a Cercas en el buen camino hacia el conocimiento de la historia real. Una historia real que el autor debe desenterrar, como si de un arqueólogo se tratara, de entre tantas versiones contradictorias y poco esclarecedoras.

    Una de las cosas que más cautivan de la figura de Rafael Sánchez Mazas es cómo su actitud va virando desde la euforia inicial hasta la decepción final. Reconoce el propio protagonista que hizo todo lo que estuvo en su mano para generar la mayor cantidad de crispación en la España de su época. Perdido el país electoralmente, solo cabía la guerra como medio para recuperarlo. Se esforzó y ocupó de ello con todas sus fuerzas. Incluso luchó en la guerra. Y, cuando todo parecía ganado y a la vez perdido, un golpe de suerte le salvó la vida a escasos días de finalizar la guerra. Después de ayudar a aquellos amigos del bosque a los que jamás olvidaría pero a los que nunca más vio en persona, Franco lo hizo incluso ministro. Y, cuando todo parecía ganado, tuvo que asistir al hecho de que la España que él soñó estaba cada vez más alejada de la España que estaba creando Franco. Así, hastiado y deprimido, decidió aislarse del mundo y vivir los años que le quedaban de vida alejado del régimen que había ayudado a crear. Una historia escalofriante.  

    La tercera y última parte de la novela, Cita en Stockton, aborda las conversaciones entre el autor y el escritor chileno Roberto Bolaño; la investigación de Cercas sobre la figura de Antonio Miralles, un soldado republicano que, una vez acabada la contienda nacional, luchó contra el fascismo y el nazismo en Europa y el norte de África hasta la liberación de París y la victoria final; y la búsqueda del soldado por parte del autor. Un autor que sabe que a su novela le falta una pieza importante: conocer a quien perdonó la vida al falangista y, sobre todo, los motivos que lo llevaron a ello. La fe, la cabezonería, la suerte y el saber hacer de Cercas lo llevan, una vez más, por el buen camino en ese obsesivo intento de alcanzar la verdad. Una verdad que a veces hay que inventar. O no. Una verdad que no solo puede salvar a un huido --en este caso, Sánchez Mazas--, sino que también puede salvar la carrera literaria de un escritor --léase Javier Cercas--. Y es que, aunque no sabemos al ciento por ciento quién salvó al falangista, sí sabemos que Miralles salvó al Cercas escritor. Un Cercas que ya había tirado la toalla en lo literario.

    En lo que concierne a Antonio Miralles, su historia no es demasiado diferente a la de Sánchez Mazas. El soldado luchó contra la injusticia, tanto a nivel nacional como europeo. Arriesgó su vida en innumerables ocasiones contra un fascismo que se hizo con España y amenazaba con hacer sucumbir a toda Europa. Pasó por situaciones difíciles de narrar con el propósito de salvar a su patria y a su continente de las garras de la opresión. Y, sin embargo, jamás recibió un solo agradecimiento. Ni en España ni en Francia. Desencantado, deprimido y hasta cabreado --como Sánchez Mazas--, se quedó a vivir en un pueblecito cercano a Dijon, no volviendo a España más que en períodos vacacionales. Unas vacaciones que pasaba en un camping llamado Estrella de Mar, en Castelldefels. Un camping en el que trabajó, ¿casualidades del destino?, un joven escritor chileno que debía ganarse la vida como podía hasta que llegara el momento de ganársela con la literatura. Un escritor llamado, cómo no, Roberto Bolaño.

    Soldados de Salamina --un título ambiguo pero muy significativo desde variados puntos de vista-- relanzó la carrera literaria de Javier Cercas. Un Javier Cercas que recibió, además, la inestimable ayuda del genial cineasta, guionista y escritor David Trueba, quien en 2002, solo un año después de publicarse la novela, la llevó a la gran pantalla. Una adaptación que, aunque con algunos cambios argumentales, resultó muy emotiva, algo que hizo más popular si cabe a la novela. Una novela que también puede calificarse como histórica, pues narra unos mismos hechos históricos desde diferentes puntos de vista. Porque la Historia no se puede conocer fehacientemente desde un único punto de vista. Es necesario ver las dos caras de una misma moneda para hacerse una buena composición de lugar. Y esta novela es un buen ejemplo de ello.     

  

jueves, 11 de mayo de 2017

El monarca de las sombras. Javier Cercas. Random House. 2017. Reseña





     Que la literatura tiene un amplio componente catártico y purgativo queda de manifiesto en multitud de obras a lo largo de la historia. El monarca de las sombras, de Javier Cercas, vuelve a ponerlo de manifiesto. Pese a oponerse constantemente a escribir este libro, finalmente, quince años después de publicar su más famosa novela, Soldados de Salamina, el escritor extremeño-barcelonés retorna a la Guerra Civil para cerrar el círculo abierto con aquella. Y, además, hasta cambia de bando. Para rendir cuentas con su pasado familiar y poner de una vez por todas las cosas en su sitio. Para contar lo que durante buena parte de su vida lo había avergonzado. Para reconciliarse consigo mismo y con sus propios fantasmas. Para redimirse.

     El propósito inicial de Cercas era contar la verdadera historia de su tío abuelo materno Manuel Mena, alférez del Primer Tabor de Tiradores de Ifni, quien en 1936 decidió enrolarse en el ejército franquista para luchar contra los republicanos, falleciendo dos años más tarde en la toma de una cima en Bot, en plena batalla del Ebro. Héroe en el pueblo natal de la familia de Cercas, Ibahernando (Extremadura), donde incluso una calle lleva su nombre, murió con tan solo diecinueve años de edad, con toda la vida por delante. Convertido de inmediato en héroe por morir por España y por la patria, el tío de la madre de Cercas fue durante toda la vida del escritor un motivo más de vergüenza que de idolatría.

     Sin embargo, el libro que finalmente decidió escribir se convirtió al fin en una especie de crónica familiar. Porque, en torno a la historia central su tío abuelo, Javier Cercas reconstruye la historia completa de todos los componentes de su familia a lo largo de los últimos ochenta años. La idea de que no morimos sino que permanecemos dentro de quienes nos sobreviven, de la misma forma que nuestros ancestros permanecen también dentro de nosotros, lo llevó a ampliar la narración no solo a sus familiares sino a los recuerdos de los vecinos de Ibahernando que todavía permanecen vivos en la actualidad. Así, la novela, o crónica, sirve perfectamente como estudio sociológico, justificativo y explicativo de los preámbulos, desarrollo y consecuencias de la Guerra Civil en la Extremadura profunda.

     La lectura del texto resulta muy amena durante casi toda la obra, salvo cuando se entretiene --quizá en demasía-- en detalles como las maniobras militares y las tácticas de los respectivos contendientes, ralentizando la acción y provocando cierta monotonía. Algo que, evidentemente, no compartirá jamás cualquier entendido en las referidas materias, el cual probablemente habrá disfrutado más estas partes de la crónica que las demás. Como siempre, es imposible contentar a todos los lectores. Por eso, el escritor es el que debe de escribir la obra que quiere o considera más oportuna, sin detenerse a pensar excesivamente en demás detalles. Todos los componentes de la familia de Cercas son personajes de la historia, incluido el propio autor, quien habla de sí mismo también en tercera persona. Como buscando cierta distancia. Como no queriendo restar protagonismo a los demás personajes.

     Haciendo bueno aquello de que los escritores no pueden dejar de lado el hecho de ser personas con diversos bagajes culturales, en El monarca de las sombras encontramos referencias culturales de todo tipo. Así, aparecen en la narración el director de cine David Trueba --no creo que sea descabellado afirmar, a tenor de lo leído, que esta novela no existiría de no haber existido la amistad entre el director (que en su día ya adaptó al cine Soldados de Salamina) y el escritor--; el periodista Ernest Folch; muchas referencias a Aquiles y Ulises, a La Ilíada y La Odisea --no deseo hacer spoiler, pero sí avisar al lector de que el título del libro proviene de estos personajes y de estas obras--; el escritor serbio Danilo Kis (autor de Es glorioso morir por la patria); la obra El desierto de los tártaros, del escritor italiano Dino Buzzati; o la filósofa alemana de origen judío Hannah Arendt.

     El monarca de las sombras no busca juzgar a nadie, sino exponer los hechos tal y como sucedieron. O tal y como se cree que sucedieron. Porque los testimonios orales y las fuentes documentales no siempre son cien por cien fiables. Y ejemplos de ello tenemos también en la crónica que nos ocupa. Pese a que el propio Cercas afirma que su tío abuelo peleó por una causa injusta y murió en el lado equivocado, lo cual le instó durante años a no investigar al héroe oficial de su familia --y de su pueblo natal--, finalmente se vio obligado a hacerlo por una serie de acontecimientos que no deben desvelarse en una reseña, decidiendo hacerse cargo del pasado, por incómodo que este le resultase. El resultado es un texto de exploración, personal y colectiva, local y universal, que nos hace plantearnos diversas cuestiones de gran hondura.

     Pensé que hay mil formas de contar una historia, pero solo una buena, y vi o creí ver, con una claridad de mediodía sin sombra de nubes, cuál era la forma de contar la historia de Manuel Mena... Debía desdoblarme: debía contar por un lado una historia, la historia de Manuel Mena, y contarla igual que la contaría un historiador, con el desapego y la distancia y el escrúpulo de veracidad de un historiador, atendiéndome a los hechos estrictos y desdeñando la leyenda y el fantaseo y la libertad del literato, como si yo no fuese quien soy sino otra persona; y, por otro lado, debía contar no una historia sino la historia de una historia, es decir, la historia de cómo y por qué llegué a contar la historia de Manuel Mena a pesar de que no quería contarla ni asumirla ni airearla, a pesar de que durante toda mi vida creí haberme hecho escritor precisamente para no escribir la historia de Manuel Mena.

     El extracto del párrafo anterior constituye la justificación de la novela. Una justificación que habla de la integridad, la dignidad y la honestidad de su autor. Porque para una persona de izquierdas, como el propio Cercas se define, no debe de ser algo nada cómodo asumir que el héroe familiar era falangista y franquista. Y vencer las reticencias hasta el extremo de escribir sobre su historia es digno de elogio. Soldados de Salamina fue, según el propio autor, una manera de reconciliarse con sus ideales, dejando de lado el pavoroso pasado familiar. Sin duda, con El monarca de las sombras cierra el círculo abierto hace quince años. Y lo hace, valga la redundancia, de forma redonda. Demostrando que juzgar muchos años después los hechos y las acciones del pasado es demasiado fácil. Pero que en ocasiones uno se equivoca o es engañado, creando el mal cuando quería hacer el bien. Porque de humano es errar. Y quien esté libre de pecado...