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jueves, 4 de junio de 2026

El nombre de la rosa (novela gráfica). Milo Manara/Umberto Eco. Lumen. 2026. Reseña

 



    El nombre de la rosa, la famosísima novela histórica y de intriga y misterio publicada en 1980 por el italiano Umberto Eco, está inspirada en las leyendas de la Sacra di San Michele della Chiusa, complejo arquitectónico monástico erigido en la cima del monte Pirchiriano, en el Piamonte (norte de Italia). En febrero del presente año, coincidiendo con el décimo aniversario de la muerte de Umberto Eco y con el cuarenta aniversario del estreno de la película dirigida por Jean-Jacques Annaud y protagonizada por Sean Connery y Christian Slater, la Editorial Lumen completó el esperado segundo volumen de la novela gráfica ilustrada por Milo Manara, cuya primera entrega había sido publicada en 2023. Manara, también italiano, es uno de los maestros internacionales del cómic desde hace más de cuarenta años, cuando apareció su serie de cómics eróticos El clic (1983), que también fue adaptada al cine. Más tarde colaboró con las editoriales norteamericanas Marvel y DC Comics y con guionistas de la talla de Neil Gaiman -Sandman-, Alejandro Jodorowski -Los Borgia- y Chris Claremont -X-Men: mujeres en fuga-. En apenas unas semanas lanza su última obra: la adaptación a novela gráfica de la Odisea de Homero.

    Como la novela de Eco y la película de Annaud, la adaptación gráfica de Manara nos transporta a la Italia de 1327, más concretamente a la abadía benedictina que contiene la mayor y más completa biblioteca de la cristiandad. De aspecto inexpugnable, tétrico y frío, la abadía ha de ser el lugar de celebración de un importante cónclave que ha de regir el futuro de la iglesia. Los monjes benedictinos acogen a las legaciones franciscana y papal para debatir sobre si la iglesia ha de ser pobre o no. Sin embargo, el cónclave se ve amenazado por una serie de crímenes horrendos que provoca el terror entre la mayoría de los monjes, quienes creen ver en esas muertes la llegada del Anticristo y el inicio del Apocalipsis. Guillermo de Baskerville, monje franciscano y antiguo miembro de la Inquisición -en la primera época del Santo Oficio, en la que su misión todavía no era castigar sino iluminar-, un hombre ya de cierta edad, muy perspicaz y locuaz, investigará las muertes e instruirá a su joven novicio, Adso de Melk, que es quien escribe la historia muchos años después.

    La adaptación gráfica comienza con un pequeño cameo de Umberto Eco, un nuevo homenaje al mundo de los libros. En el papel, Eco realiza una visita al monasterio Stijt, en las inmediaciones de Melk, en agosto de 1968. Busca un antiguo y famoso manuscrito del abate Vallet que contiene otro de Adso de Melk. El viaje y la búsqueda lo llevan posteriormente hasta París y Buenos Aires, donde encuentra un librito de Milo Temesvar con numerosas citas del manuscrito de Adso. No obstante, la fuente no era el abate Vallet sino el padre Athanasius Kircher, aunque los hechos narrados sí hacían referencia a los traducidos por Vallet. Así, Eco decide fabular la historia de Adso, porque es una historia sobre libros, no de miserias cotidianas. Conociendo su amor por los libros y las bibliotecas, no es de extrañar que cualquier excusa fuera buena para él con tal de situar la acción de la novela en la abadía que alberga la mayor biblioteca de la cristiandad de 1327. 

    Guillermo de Baskerville nos muestra toda su sagacidad y humanidad durante su ajetreada estancia en la abadía. Hace valer su experiencia como inquisidor en Inglaterra e Italia para investigar los crímenes según se van sucediendo. El abad Abbone le da libertad de movimiento por todo el monasterio, excepto en la biblioteca. Hecho que le hace suponer que los libros allí contenidos son, además de ricos en cuanto a sus enseñanzas, todo un peligro para quien quiera acercarse a ellos sin ser el bibliotecario -Malaquías de Hildesheim- o su ayudante -Berengario de Arundel-. La perspicacia de Guillermo lo lleva a entender que el verdadero control sobre la biblioteca es ejercido por un monje ciego, Jorge de Burgos, uno de los personajes más oscuros de la historia. Es él quien anticipa la llegada del Anticristo y de los últimos siete días. Cree que el humor y la risa destruyen el miedo a Dios y, por ende, el orden establecido.

    Uno de los puntos fuertes de la novela es el enfrentamiento entre el dogmatismo reinante en la Curia de Juan XXII, afincado en Aviñón, defendido por personajes como Jorge de Burgos y los líderes de la legación papal -el cardenal Bertrando del Pagetto y el inquisidor Bernardo Gui-, basado en el miedo y la opulencia, y las ideas radicadas en la pobreza y la austeridad, defendidas sobre todo por los franciscanos. Un enfrentamiento que llega al clímax en una escena casi salvaje en la que ambas legaciones llegan al desprecio, al insulto y a la blasfemia. Todo ello, mientras mueren hasta seis monjes y la biblioteca se convierte en la gran protagonista de la historia. Una biblioteca con forma de laberinto. Que encierra libros prohibidos, textos de autores infieles, sustancias alucinógenas, un espejo deformante, una habitación secreta tapiada, relaciones promiscuas protagonizadas por los monjes y meretrices y, en definitiva, un mundo bastante alejado de lo que hubiera aceptado el mismísimo Dios.

    El libro segundo de la Poética de Aristóteles es una de esas obras literarias que no se sabe si existió y desapareció durante la Edad Media por cualquier motivo o si directamente nunca fue escrita. Supuestamente trataría estudios sobre la comedia como medio de la liberación anímica -catarsis-. Existe un documento bizantino del siglo X titulado Tractatus Coislinianus en el que se resume el supuesto contenido de la obra. Conservado en la Biblioteca Nacional de París, hace hincapié en la risa y el placer como depuración de las emociones. En la obra se describirían los dispositivos utilizados y la forma en que debe suscitarse la catarsis. Pues bien, el manuscrito original de ese libro es el que con tanto recelo esconde en la habitación tapiada el monje Jorge de Burgos en la ficción de la novela. El mismo que busca con ansia Guillermo de Baskerville. Y ese manuscrito es el que encierra el gran secreto que relaciona a cada una de las muertes acaecidas en la abadía durante la semana de finales de 1327 en que transcurre la historia.

    Las ilustraciones de los dos volúmenes que componen esta adaptación gráfica de Milo Manara complementan y completan la obra de Eco. Muestran toda la oscuridad de la obra original y, a la vez, iluminan zonas que antes estaban tan oscuras que a muchos lectores se les pasaban por alto. El resultado es una obra deslumbrante que mezcla lo mejor de dos auténticos genios en lo que desde ya es una obra de arte, todo un clásico del noveno arte. Si a las aportaciones de este mago del dibujo sumamos el don de la palabra de Umberto Eco obtenemos una obra sublime que combina la realidad histórica de la época -las luchas intestinas dentro de la iglesia, las persecuciones por herejía, los juicios inquisitoriales, el dilema de los actos carnales como pecado, las torturas y las quemas por brujería, etc- con la ficción añadida por su autor y que trata temas tan humanos como el amor, la pasión, la lujuria, la soberbia, el sexo, el pecado, el crimen o el misterio, obtenemos uno de los thrillers históricos más atractivos e influyentes de la Historia de la Literatura. Una Historia que no sería la misma sin personajes como Guillermo de Baskerville y Adso de Melk.                                        





lunes, 27 de abril de 2026

Coloquio de invierno. Luis Landero. Tusquets. 2026. Reseña

 




    En enero de 2021, justo después de las fiestas navideñas, la tormenta de nieve Filomena provocó el caos en buena parte de nuestro país. Se vieron afectadas las comunicaciones de todo tipo y mucha gente quedó aislada en pueblos, ciudades y barrios durante horas o días. Esta situación real ha sido aprovechada por Luis Landero para crear una serie de personajes ficticios e hilar una novela de relatos original, fresca, entretenida y reflexiva. Como suele ocurrir con todas sus novelas, dicho sea de paso. Coloquio de invierno nos sitúa en un hotel rural de un lugar indeterminado entre los días ocho y once de aquel extraño mes de enero de hace cinco años. Allí, se ven atrapados, sin cobertura ni conexiones, pero con víveres, los hosteleros, Jimena y Eladio, un militar, Víctor Marín, un periodista aspirante a escritor, Tomás Guerrero, un médico, Santos León, un profesor multi disciplinar, Martín Marcilla, un empleado de ferrocarriles ya jubilado, Ginés Orozco, una librera, Adela Pastor, y una profesora de Filosofía, Nuria Soler, compañera de Adela. Nueve personas diferentes que se ven obligadas a compartir experiencias. 

    Sin móviles ni conexión a internet, sin televisión y sin poder salir a un exterior que de repente se ha vuelto hostil, deben entretenerse de cualquier manera. Evocan tiempos antiguos en los que la gente vivía sin todas esas comodidades. Tiempos en los que esas personas se comunicaban y hablaban más que las de ahora. Y Santos, el médico, propone vencer el tedio contándose unos a otros historias, cosas que nos hayan pasado a nosotros, o que hayamos oído, o que nos inventemos. Algunos más entusiasmados que otros -varios de ellos creen que no tienen nada interesante que contar, pero los demás los convencen de que todos han vivido o escuchado situaciones que sí son dignas de ser contadas-, todos acceden al fin. Es así como comienza el relato de varias historias. Relatos que vienen acompañados de preguntas, interrupciones, acotaciones, correcciones y reflexiones y que, en definitiva, dan comienzo a un coloquio enriquecedor para todos. Porque quien narra se encuentra con puntos de vista diferentes al propio. Con visiones alternativas a las expuestas en un principio.

    Como consecuencia de ese rico coloquio los protagonistas se conocen mejor entre sí, e incluso a sí mismos. El hecho de no conocerse de nada y de saber que jamás volverán a verse en el futuro les hace abrirse a sus compañeros de alojamiento rural como no lo han hecho nunca antes en sus círculos más cercanos. Y esa es una de las paradojas de la novela: los personajes no se atacan entre sí tras escuchar las confesiones de los otros -algunas de las cuales pueden llegar hasta a escandalizar- sino que empatizan y tratan de ayudarse mutuamente. Lo cual recuerda a esas terapias en las que el terapeuta reúne en un lugar determinado y durante un fin de semana a pacientes suyos que no se conocen de nada para que interactúen entre ellos y expongan sus conflictos internos con la finalidad de que se ayuden unos a los otros. Porque el coloquio, más allá de un mero entretenimiento, se convierte también, con el paso de las horas y de los días, en una especie de terapia colectiva entre desconocidos.

    Y es que la mayoría de nosotros arrastramos traumas y hemos afrontado o afrontamos en la actualidad situaciones complicadas en nuestras vidas que nos quitan el sueño -y quien no las tenga o haya tenido, una de dos: o miente como un bellaco o debe prepararse, porque las tendrá antes o después-. Así, tanto la novela como los relatos que la forman tratan sobre temas tan problemáticos -por ambiguos- como el amor, la libertad, el sentimiento de culpa, los traumas de la niñez o de la adolescencia y esos momentos -mínimos aconteceres, grietas o fisuras- que de repente nos cambian la vida o provocan que nos la planteemos de manera diferente. Porque, ¿en qué consisten en realidad el amor o la libertad?, ¿de dónde viene nuestro sentido de culpabilidad?, ¿porqué el azar marca nuestro destino, muy a menudo, más incluso que nuestras decisiones?, ¿por qué algunos fenómenos nos traumatizan y otros, quizá más graves en apariencia, no? En efecto, Landero nos hace reflexionar sobre un gran número de temas.  

    Como reconoce Santos el último día del encierro forzado, hacia el final de la novela, sin ponernos de acuerdo, todas las historias que hemos contado, sean o no de amor -muchas de ellas sí tratan sobre ello-, tratan de lo mismo, de la entrecana zona media y de cómo la vida está hecha de momentos, momentos creativos y momentos en que, de pronto, todo lo que se había logrado con tanta ilusión y tanto esfuerzo se desbarata en un instante. El encuentro con una vieja maga, la pérdida de un mechero o la aparición de un perro, una mirada maliciosa, unas palabras a destiempo... Esta es nuestra biografía, la historia de unos cuantos momentos de revelación, como los raptos de los místicos o la inspiración de los poetas. Y todas esas historias están narradas como una especie de homenaje a las Novelas ejemplares de Cervantes -por sus enredos amorosos y por su realismo-costumbrismo- o al Decamerón de Boccaccio -por la longitud de las historias y por la multiplicidad de sus narradores-.     

    A través de los relatos que narran los protagonistas de esta novela Landero expone algunos de los grandes misterios de la condición humana. Pocos escritores saben presentar y desentrañar dichos misterios como el de Alburquerque (Badajoz). En la España actual, quizá, solo él, Manuel Vilas, Fernando Aramburu, Jesús Carrasco o Víctor del Árbol son capaces de diseccionar las almas de sus protagonistas. Tanto que uno puede llegar a pensar de ellos que más que escritores son cirujanos de almas -haciendo bueno el título de la novela de otro Luis, Zueco-. Así, lo que se supone que es la libertad para Nuria, profesora de Filosofía, puede saltar por los aires tras escuchar el relato de Tomás, el periodista aspirante a escritor. Y es que casi todo depende del punto de vista desde el que se mire algo, en este caso, un concepto. Y nunca está de más recibir un punto de vista diferente al propio. Porque complementa el nuestro, reforzándolo, diversificándolo o incluso cambiándolo.

    Es probable que el tema que más controversia cree en nuestras vidas sea el del amor. Y casi todas las historias narradas en Coloquio de invierno nos hablan de él. De él y de su reverso: el odio. No en vano, según muchos, son los motores del mundo. Para bien, o para mal. También en esta novela el amor se nos presenta de muchas maneras: el platónico sin llegar a más, ni sexual ni relacional; el obsesivo, con sus altibajos y sus dudas; el incondicional, sin esperar nada más a cambio; el lúdico o de flirteo, sin desear en realidad llegar a más -por miedo a las ataduras o porque nos impida poder seguir jugando al juego de la seducción; el apasionado, con mucho sexo y lujuria; y el desamor e incluso el odio, con todo lo pernicioso que este implica. En fin, no podemos vivir sin amor. Sin amar y ser amados. Aunque hay quienes en lugar de amar a una persona deciden, en pleno uso de su libertad, amar a un perro o a cualquier otro animal de compañía. Que para eso la condición humana es muy rica y diversa.   

          


lunes, 5 de febrero de 2024

La biblioteca de la medianoche. Matt Haig. Alianza. 2021. Reseña

 




    Todos hemos cometido el tremendo error de quitar sentido a nuestras vidas. La depresión, la monotonía, las desgracias o la falta de anhelos --o la imposibilidad de alcanzarlos-- nos provocan en ocasiones una desazón, un hastío, una pérdida de esperanza y de alegría y una dejadez que pueden conllevar la llegada de pensamientos suicidas. Multitud de obras --literarias y cinematográficas-- han abordado la temática a lo largo de las últimas décadas. Muchas de ellas se centran, además, en el espeluznante pero inevitable hecho demostrado de que en realidad pocas cuestiones que tienen que ver con nosotros mismos están bajo nuestro control. La idea de que la vida es una eterna --o casi-- sucesión de acontecimientos más o menos casuales que alteran nuestra existencia se repite en muchas de estas creaciones que son plasmadas sobre el papel o la gran pantalla. Y no faltan aquellas obras, muy originales y que nos hacen reflexionar sobre ello, que nos muestran las vueltas que podrían dar nuestras vidas cambiando cualquier pequeño suceso que forma parte de ellas. 

    Así, a bote pronto, recuerdo la maravillosa película protagonizada por James Stewart ¡Qué bello es vivir!, de Frank Capra, o la novela 4, 3, 2, 1, de Paul Auster, elegida por servidor como la mejor novela extranjera de la pasada década. Si en la obra de Capra es un ángel sin alas, Clarence, quien muestra a un suicida James Stewart cómo serían las vidas de su familia y de su ciudad si él no hubiera existido, haciéndole recobrar sus perdidas ganas de vivir, en la de Auster se nos muestran hasta cuatro vidas diferentes del protagonista de la historia, Archie Ferguson, todas ellas sujetas a pequeños acontecimientos que cambian para siempre la vida del adolescente. ¿Qué tiene que ver esta introducción con la reseña de La biblioteca de la medianoche, de Matt Haig? Pues que el punto de partida del autor inglés es el intento de suicidio de su protagonista, Nora Seed, quien ha perdido toda esperanza de seguir con una existencia vacía, solitaria y repleta de contradicciones y fracasos. Hasta que decide tomarse un buen puñado de pastillas.

    Hasta que decide tomarse un buen puñado de pastillas y aparece, mientras agoniza en el hospital, en una extraña biblioteca en la que siempre es medianoche. Una biblioteca regentada por la señora Elm, una especie de ángel de la guarda --al más puro estilo del Clarence de ¡Qué bello es vivir!-- que en realidad fue la bibliotecaria del instituto en el que estudió la protagonista durante su adolescencia. Una biblioteca en la que todos los libros narran vidas diferentes de Nora Seed. Vidas resultantes de mil y una diferentes decisiones, situaciones, sucesos y casualidades. Como las que tan bien describió Auster en su novela. Y así, a caballo entre las ideas surgidas de las referidas obras --y, por qué no añadirla, por aquello de hacer algo de patria, la película Morir (o no), de Ventura Pons, que entrelaza las vidas de siete protagonistas cuyas decisiones intervienen directamente en la de los otros seis--, Matt Haig construye una elaborada trama a través de la cual conseguirá que nos demos por fin cuenta de las cosas que realmente son importantes.

    Llega un momento en la vida de Nora en la que piensa que no ha dado la talla. No ha conseguido ser buena en nada de lo que había imaginado: nadadora, música, filósofa, pareja, viajera, glacióloga, feliz, amada. Ni siquiera como dueña de un gato que acaba de morir atropellado. En la biblioteca de la medianoche, según le explica la señora Elm, está a salvo de la muerte. Por el momento. Pero debe decidir cómo quiere vivir. Y acepta la invitación de tomar libros y ver cómo le va en cada una de sus vidas paralelas a la original, a la matriz, a la que agoniza en la cama de un hospital tras la ingesta de las pastillas. Puede que muera esa misma noche pero, si no es así, puede elegir una de entre todas las vidas que componen la biblioteca. Esta vez sí, ha de tomar las decisiones oportunas. Es una nueva oportunidad de comenzar una de esas vidas que tanto ansiaba conseguir vivir. Pero en la biblioteca también hay reglas. Unas reglas que también conllevarán renuncias, toma de decisiones y asunción de consecuencias.

    La primera regla es leer el Libro de los arrepentimientos, detallada lista con todas las decisiones no tomadas o mal tomadas, las cuales la han llevado a tratar de suicidarse. Y descubre que la culpa, el remordimiento y la pena pesan demasiado para ella. Y, ahora sí, abre otros libros que la llevan a otras vidas en las que ella es la protagonista. El gran problema de la biblioteca es que los libros solo se pueden leer una vez. Es decir, si decide abandonar una vida que no le gusta o satisface ya no podrá volver a ella nunca más. Y si decide quedarse en una para siempre no habrá forma de saber si podría haber sido más feliz en cualquiera de las otras vidas. Y, ¿qué pasa con los otras Noras cuando la original, la matriz, la intrusa abandona la escena? La señora Elm responde: ¿nunca has entrado a una habitación y te has preguntado a qué habías ido allí? ¿No has olvidado nunca de repente lo que acababas de hacer? ¿No te has quedado nunca en blanco o has registrado erróneamente lo que estabas haciendo en un momento dado? 

    En los libros de esas vidas paralelas que Nora visita y vive por momentos le cuesta reconocerse. En algunas de ellas ha conseguido ser nadadora olímpica, cantante famosa, filósofa reputada, pareja feliz, viajera empedernida, glacióloga reconocida, madre, empresaria millonaria, etc. Sin embargo, en todas esas vidas hay aspectos que la llevan a querer saltar de unas vidas a otras. Observa que no existe ninguna vida perfecta, y que la felicidad no es algo que tenga continuidad sino que son momentos muy puntuales que una debe buscar y aprender a disfrutar. En muchas de esas vidas sigue siendo infeliz pese al éxito alcanzado. Incluso tiene problemas serios con el alcohol o es una drogadicta. En algunas su hermano ha fallecido. O se llevan todavía peor que en la vida matriz, original. En otras la que ha fallecido es su mejor amiga, Izzy. Y cae en la cuenta de una frase de la señora Elm que se le queda grabada: no infravalores nunca la gran importancia de las cosas pequeñas. No lo olvides nunca. ¿No recuerda a El Principito, de Saint-Exupéry?

    En efecto, La biblioteca de la medianoche es un libro que rezuma filosofía. Y lo hace ya desde el principio. Porque Nora, la original, la matriz, es filósofa. Una fiel seguidora y estudiosa de Henry David Thoreau, filósofo y escritor, autor de Walden --donde narró sus dos años, dos meses y dos días viviendo al aire libre, en soledad y cultivando sus alimentos y escribiendo sus vivencias-- y La desobediencia civil --donde criticó la autoridad de un Estado que mantenía la esclavitud y emprendía guerras injustificadas--. Ese espíritu rebelde y apasionado inspira e impregna las páginas de esta novela. Una novela que quizá tenga algo de autobiográfica y de retrospectiva, pues el propio Matt Haig sufrió una depresión que lo llevó también a pensar en el suicidio --depresión de la que salió en parte gracias a una conocida frase escrita por Jean-Paul Sartre: la vida empieza al otro lado de la desesperación--. Una novela que recibió el Premio Goodreads 2020 a la mejor obra de ficción y que pronto verá su adaptación a la gran pantalla de la mano de StudioCanal y BluePrint Pictures.  

    La biblioteca de la medianoche es, en definitiva, un canto al poder de los libros como fuerza impulsora de vitalidad y de amor. Una celebración de la multitud de posibilidades que nos ofrece la vida. Un estudio filosófico y casi psicológico --y muy empático-- sobre la condición humana. Una fantasía en torno a lo que de verdad importa --o debería importar-- en la vida. Una inyección de posibilidades en tiempos difíciles e inquietantes. Una experiencia sobre el amor, las segundas oportunidades y la valoración de la vida que nos ha tocado vivir. Una historia que mueve a la reflexión acerca de nuestra relación con el remordimiento por lo que hicimos o dejamos de hacer. Porque, como dice la propia Nora, el auténtico problema no son las vidas que lamentamos no vivir sino el lamento, el arrepentimiento en sí. Es ese arrepentimiento el que nos entristece y marchita, lo que nos hace sentirnos nuestro peor enemigo y el peor enemigo también de los demás. Además, entretiene de una manera absolutamente absorbente. Argumentos, todos ellos, más que suficientes para leer una novela.        

         

lunes, 4 de diciembre de 2023

El librero Vollard. Pierre Péju. Ediciones Témpora. 2004. Reseña

 




    Conocí la existencia de Pierre Péju y de su obra El librero Vollard a través de uno de esos libros que tanto gustan a los bibliófilos por el hecho de que hablan de otros libros. Hasta entonces desconocía por completo que el autor, nacido en Lyon en 1946, es filósofo y ensayista además de novelista. Ha escrito más de una docena de obras, entre las que destacan varias novelas y ensayos sobre temas tan diversos como la interpretación de cuentos y el romanticismo alemán. Enseña filosofía en la Escuela de Francia y es director del Colegio Internacional de Filosofía de París. El librero Vollard, su obra más conocida, la más aclamada por la crítica, que le valió uno de los premios literarios más prestigiosos de su país, el Prix du Livre Inter en 2003, se convirtió en un fenómeno de ventas en su país hace dos décadas de la mano de Ediciones Gallimard. En 2004 Ediciones Témpora decidió traducirla --trabajo a cargo de Cristina Zelich-- y publicarlo en lengua castellana. 

    Como era de prever, la novela es un homenaje a los libreros, a los libros y a la literatura en general. Construida de forma sencilla --tres partes diferenciadas que engloban quince capítulos-- y utilizando a menudo la prosa poética, narra las vidas de unos personajes, tres principales y otros secundarios, que se caracterizan por una infancia repleta de dificultades y de una adultez de una soledad absoluta. Tan absoluta que, de una u otra forma, todos ellos rozan la alienación e incluso la enajenación. Más abajo volveremos a tratar los temas de la infancia complicada y la soledad. De momento, me quiero detener en algo que concierne al texto en sí. A cómo el autor nos presenta la historia. Al modo en que nos la hace sentir mientras la leemos. La manera que tiene Péju de narrar la forma que tienen sus personajes de convivir en un mundo que a menudo les es ajeno llega a conmover, a  emocionar, a sobrecoger. A desgarrar.

    La historia nos presenta a Eva, una niña de diez años, que sale corriendo del colegio ante una nueva tardanza de su madre, Teresa, que no trabaja pero necesita huir cada día de su monótona vida, buscando una fuerte dosis de olvido solitario, un gran trago de indiferencia pura. Casi siempre llega tarde a recoger a su hija, que finalmente se cansa y, asustada, corre sin mirar hacia atrás. Ni hacia los lados. Hasta que la camioneta de Étienne Vollard, cargada de libros --los lee, los compra, los vende, y vive con ellos--, choca contra ella y la atropella. A Vollard, macizo, grande, voluminoso, no le gusta conducir, pero para el transporte de libros antiguos, de libros de ocasión que a veces va a comprar lejos, en otra ciudad, está obligado a utilizar su camioneta. Después de tratar de asimilar que deberá aprender a vivir con la idea de que ha atropellado, y quizá matado, a una niña, va al hospital para ver cómo se encuentra la pequeña. Y casi no se separa de ella. 

    Teresa lleva diez años haciéndose a la idea de que es madre de una niña. Mientras su hija está en la escuela ella conduce durante horas o coge trenes para perderse en ciudades, calles o centros comerciales, sentirse anónima y libre, evadirse de una realidad solitaria que no puede aceptar. Madre soltera, reflexiona sobre que cuando Eva era un bebé, conseguir hacer lo que debe hacer una verdadera madre era casi más fácil. Ahora es una hermosa chiquilla. Crece rápido. Pronto, por suerte, podrá quedarse sola, arreglárselas. Y Teresa lucha con fuerza contra el deseo envenenado de no regresar jamás. De huir. Y le espeta a Vollard, quien se esfuerza pero no logra entenderla, que estuve terriblemente sola. Únicamente las mujeres solas con un bebé pueden comprender. La presencia de un hijo hace que la soledad se vuelva dura como una piedra. Por eso, solo ansía que Eva crezca para poder dejarla vivir su vida y poder ella misma vivir la suya.

    Vollard, que recuerda por su memoria prodigiosa, su vasto conocimiento de obras y autores y su gran amor a los libros al famoso Mendel de Stefan Zweig, siempre ha leído compulsivamente. Desde una infancia y una adolescencia de soledad y maltratos escolares en la que la lectura fue su único refugio. Una época de su vida descrita con bastante detalle en la segunda parte de la novela, en la que se destaca su aspecto físico --todos se ríen de él y le llaman gordinflón--, su extraordinaria memoria --que despierta a la vez celos y fascinación-- y su inquietante y misteriosa aureola de soledad. Hasta que, con los años, esa pasión se convirtió, además, en su sustento. El Verbo Ser es su librería de libros viejos y de ocasión. Un refugio ya no infantil ni adolescente, sino adulto. Una adultez también solitaria, retirada, aislada del mundo. Ajena a él. Como el Meursault de Camus en El extranjero. Como el Cauldfield de Salinger en El guardián entre el centeno. Como el Maxley de Williams en Solo la noche. 

    Y, sin embargo, y a diferencia de los casos expuestos justo arriba, Vollard se muestra empático y humano. Al menos con la pequeña --aquel pequeño cuerpo inerte encarnaba una soledad espantosa que reconocía como el inverso exacto de su propia soledad--. Porque Eva sobrevive, despierta del coma que padecía y muestra signos de recuperación. Camina, bebe y come. Incluso abandona el hospital. Y es trasladada a un centro especializado en la parte alta de la ciudad, cerca de las montañas. Vollard no se separa de ella. Primero, en el hospital, donde, siguiendo las indicaciones y recomendaciones de doctores y enfermeras, y ante la pasividad y despreocupación de una indolente e impotente Teresa, contribuye al despertar de la niña a base de recitarle cuentos de memoria. Más tarde, en el centro, desde donde la lleva de excursión al monte y al río. Soledad de soledades: un hombre solitario ocupándose de una niña solitaria desatendida y dejada de lado por su madre solitaria.

    La novela transcurre entre las quejas de una Teresa que reconoce que era una niña sola que tiene una niña, con ese permanente deseo de ir a otro lugar, de buscar otra cosa, de huir, y que, ahora que Eva está tan enferma estará siempre con ella, para siempre pegada a ella, por tanto, con la desesperada imposibilidad de marcharse a ningún otro lugar, y, por contra, un Étienne que, por momentos, piensa que Eva se convertía en el hijo que no había tenido, que no tendría jamás, de ninguna mujer. Me necesita como yo necesito ese vapor del nacimiento que flota en torno a él. En efecto, Eva se convertía también en el niño que Vollard había sido, el que hubiese podido ser, en un inaccesible pasado. En este sentido, Teresa y Étienne se transforman en dos solitarios contrapuestos. Ella, una solitaria que se evade de sus responsabilidades como madre. Él, un solitario que, quizá movido también por la culpa, asume muchas más responsabilidades de las que debería. Dos caras opuestas del mismo problema.

    El librero Vollard no tiene grandes expectativas. Sin grandes alardes, con las palabras justas pero necesarias, se limita a contar, a narrar, a describir las distintas formas que tienen las personas de afrontar la soledad y de tratar de vivir con ella. De las maneras que tienen de llenar esas carencias afectivas con libros, viajes, paseos, asistencia a grandes almacenes, etc. De lo muchísimo que marcan las infancias difíciles. De la imposibilidad de ser adultos completos en determinados casos. De lo fácil que es hablar de los demás sin conocer las circunstancias de su pasado. Incluso de su presente. De la impotencia que se puede sentir cuando, pese a ser un virtuoso de las palabras, de conocer el enorme poder que estas poseen, no se alcanza a asimilar las problemáticas que se nos van presentando en la vida cotidiana. Una novela magnífica, en definitiva, que me recuerda, por su simplicidad, además de a las ya reseñadas con anterioridad, a La elegancia del erizo, la famosa novela de la también autora francesa Muriel Barbery. Y es que en ambas novelas hay mucho de filosofía.               


viernes, 29 de septiembre de 2023

La utilidad de lo inútil. Nuccio Ordine. Acantilado. 2013. Reseña

 




    El pasado mes de mayo se conoció que el profesor y escritor italiano Nuccio Ordine --considerado el ensayista italiano más conocido del mundo por su conocimiento de la época, el arte y la literatura del Renacimiento y una de las personalidades más significativas del panorama cultural internacional-- había sido distinguido con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2023, galardón que debía recoger el 20 de octubre. Apenas un mes después, en junio, falleció a causa de un accidente cerebrovascular. Su manifiesto La utilidad de lo inútil, probablemente su obra más conocida, la que le hizo llegar al gran público, algo que él no pareció buscar nunca, reflexiona sobre la situación marginal de las Humanidades en el mundo actual. En ella, las reivindica como disciplinas necesarias en la formación cívica del ser humano y en la creación de un pensamiento crítico fundamental para el desarrollo y el bienestar social. 

    El manifiesto repasa opiniones de filósofos, escritores y científicos sobre la importancia de apostar por una educación que cultive el afán de saber y de indagar sin el objetivo inmediato utilitarista o práctico que parece estar imponiéndose en los últimos años. Así, defiende que no solo lo que es inmediatamente útil lo es en realidad. También que en tiempos de crisis no se debe recortar jamás en educación, sino al revés. Porque, cuanto peor vienen dadas, más necesaria es la educación, pues solo una apuesta definitiva por ella conducirá a la sociedad a superar esa crisis. Puede que no de forma automática e inmediata, pero sí de manera más satisfactoria para el conjunto de la sociedad afectada por ella. Una educación que debe ser libre --que no quiere decir ociosa-- y alejada de las actuales pretensiones mercantilistas o económicas. Por una eficiencia que amenaza con erradicar la libre creación y el libre pensamiento.

    A lo largo de las ciento setenta páginas del manifiesto, que incluye un amplio y recomendable apartado bibliográfico y un apéndice en forma de ensayo de Abraham Flexner titulado La utilidad de los conocimientos inútiles, el escritor y filósofo nos lleva de la mano a recorrer los pensamientos de muchos conocidos filósofos, científicos y escritores de todas las épocas. Todo ello para insistir en la importancia de preservar la libertad educativa y cultural en aras de estimular la curiosidad y la imaginación de todos ellos con la finalidad de, a partir de conocimientos, avances e inventos más o menos inútiles, poder alcanzar avances que en ocasiones pueden comportar grandes cambios en la vida de los humanos. Y se sirve de los testimonios de los clásicos y de los estudiosos de todas las épocas para darnos numerosos ejemplos. Así, reivindica que nunca deberíamos atribuir el invento de tal o cual artilugio a un solo hombre, puesto que anteriormente siempre ha habido otro u otros que han avanzado en la materia en cuestión.

    La obra, que se divide en una introducción y tres partes (amén del referido apartado bibliográfico y del apéndice de Flexner), tituladas La útil inutilidad de la literatura, La universidad-empresa y los estudiantes-clientes y Poseer mata: "dignitas hominis", amor, verdad, nos sumerge en la que debe ser nuestra gran lucha actual y futura: defender la educación por sí misma ante los avances del utilitarismo. Es decir, apostar por toda la educación, no solo por la que comporta rendimientos inmediatos. O, dicho de otra forma, hacer frente a la sistemática destrucción de toda forma de humanidad y solidaridad. Así lo explica Ordine al principio del manifiesto: la lógica del beneficio mina por la base las instituciones (escuelas, universidades, centros de investigación, laboratorios, museos, bibliotecas, archivos) y las disciplinas (humanísticas y científicas) cuyo valor debería coincidir con el saber en sí, independientemente de la capacidad de producir ganancias inmediatas o beneficios prácticos. 

    Ordine nos explica que la utilidad dominante, en nombre de un exclusivo interés económico, mata de forma progresiva la memoria del pasado, las disciplinas humanísticas, las lenguas clásicas, la enseñanza, la libre investigación, la fantasía, el arte, el pensamiento crítico y el horizonte civil que debería inspirar toda actividad humana. Es decir, el capitalismo salvaje, como sistema preeminente, deshumaniza cada vez más a los seres humanos, eliminando las diferencias entre ellos, sus particularidades, sus originalidades y sus especificidades, en aras de un pensamiento único, una actuación única, unos intereses únicos y una motivación única: solo interesan la economía, la posesión, el poder. Para el profesor, es doloroso ver a los seres humanos ignorantes entregados a acumular dinero y poder en una insensata carrera hacia la tierra prometida del beneficio, en la que todo aquello que los rodea --la naturaleza, los objetos, los demás seres humanos-- no despierta ningún interés.

    Por ello mismo, sobre todo en los momentos de crisis económica, cuando las tentaciones del utilitarismo y del más siniestro egoísmo parecen ser la única estrella y la única ancla de salvación, es necesario entender que las actividades que no sirven para nada podrían sacarnos de la prisión, a salvarnos de la asfixia, a transformar una vida plana, una no-vida, en una vida fluida y dinámica, una vida ordenada por la curiositas respecto al espíritu y las cosas humanas. Y añade que: sin esta conciencia, sería difícil entender una paradoja de la historia: cuando prevalece la barbarie, el fanatismo se ensaña no sólo con los seres humanos sino también con las bibliotecas, y las obras de arte, con los monumentos y las grandes obras maestras. La furia destructiva se abate sobre las cosas consideradas inútiles. Cosas inútiles e inermes, silenciosas e inofensivas, pero percibidas como un peligro por el simple hecho de existir. Cosas que, por tanto, sí son útiles. Y por eso mismo se eliminan.

    Ordine nos advierte del gran peligro que supondría para el futuro de la humanidad el triunfo final de la actual tendencia basada únicamente en el provecho económico, en lo útil: si dejamos morir lo gratuito, si renunciamos a la fuerza generadora de lo inútil, si escuchamos únicamente el mortífero canto de sirenas que nos impele a perseguir el beneficio, sólo seremos capaces de producir una colectividad enferma y sin memoria que, extraviada, acabará por perder el sentido de sí misma y de la vida. Y en ese momento, cuando la desertificación del espíritu nos haya ya agostado, será en verdad difícil imaginar que el ignorante homo sapiens pueda desempeñar todavía un papel en la tarea de hacer más humana la humanidad... Por tal motivo, es mejor proseguir la lucha pensando que los clásicos y la enseñanza, el cultivo de lo superfluo y de lo que no supone beneficio, pueden de todos modos ayudarnos a resistir, a mantener viva la esperanza, a entrever el rayo de luz que nos permitirá recorrer un camino decoroso. 

    El manifiesto La utilidad de lo inútil es un libro absolutamente necesario. Una pequeña obra maestra original y esclarecedora que muestra el camino que debe seguir el ser humano para intentar seguir siéndolo. Un bálsamo, una medicina, un soplo de aire fresco, un respiro, una visión. Una visión clarísima sobre las amenazas actuales y sus terribles consecuencias si no actuamos de forma inmediata y con todas nuestras fuerzas. La fuerza de la cultura, la educación, la curiosidad, el trabajo, la tenacidad, la libertad. La humanidad. Lean a Nuccio Ordine y reflexionen sobre ustedes mismos y sobre el mundo en el que vivimos. Y luego, ya de paso, sigan leyendo y leyendo otros buenos libros. Porque, como decía John Maynard Keynes ya en 1928, lo bueno es siempre mejor que lo útil. La auténtica esencia de la vida coincide con lo bueno (con aquello que las democracias comerciales han considerado siempre inútil) y no con lo útil.                    

                  

martes, 18 de abril de 2023

Nosotros. Manuel Vilas. Destino. 2023. Reseña

 




    Qué mal visto ha estado siempre el placer, siempre perseguido por todas las civilizaciones, condenado por todas las religiones, y sin embargo protegido por la naturaleza y la vida, cómo explicar semejante hipocresía, reflexiona el narrador de Nosotros en las últimas páginas de la novela ganadora del Premio Nadal 2023. Una novela existencialista desgarradora de principio a fin. Especialmente en sus últimas páginas. Una últimas páginas que, sin embargo, son de una belleza sin igual. Como prácticamente todo lo que lleva escribiendo Manuel Vilas durante estos últimos años de una carrera literaria ya envidiable. Una carrera literaria repleta de historias y personajes en los que dominan la tristeza, la melancolía, la profundidad de las almas humanas y, paradójicamente, también  el placer, la belleza y la alegría de vivir. De estar vivo pese a todo. Como le ocurre a Irene, la mujer de cuarenta y muchos años que protagoniza Nosotros. Un ángel mortal y corriente, de una vulgaridad excepcional, pero que da belleza a este planeta. 

    Nosotros recorre la vida en común de Irene y su difunto marido Marce. Ambos, junto al característico narrador omnisciente, van desgranando, a tres voces, como los tres tenores, los veinte años de matrimonio de la pareja, así como la vida ya en solitario de la viuda. Una mujer adicta a la intensidad y nada estoica que no entiende la hipocresía a la que hice referencia al inicio de esta reseña, que no reconoce que su marido ha fallecido, que no sabe lo que es la paciencia -que lo que quiere lo quiere ya- y que, caprichosa como la que más, por donde pasa solo busca la belleza, el placer, el reencuentro con su marido a través del sexo con desconocidos y desconocidas. El ejemplo perfecto de la hedonía pura y dura como actitud vital. Una mujer que, cuando no se sale con la suya, puede llegar a ser muy cruel. Capaz de lanzar por la ventana los zapatos de su amante ocasional. O de abofetearlo y humillarlo antes de echarlo de su habitación. Una mujer que puede resultar tan deseable como repulsiva. Una mujer especial. Para lo bueno y para lo malo.

    A lo largo de la historia narrada en la novela Irene mantiene relaciones sexuales con diversos hombres y mujeres. ¿Su finalidad? Al llegar al orgasmo descubre una escalera. Y al final de esta, aparece la figura de su difunto Marce, quien la sonríe y la saluda con la mano, siempre en silencio, durante unos segundos antes de ser consumido por las llamas. Irene, desahogada económicamente, viaja de ciudad en ciudad y de hotel en hotel, siempre de lujo y con ventanas al Mediterráneo -desde Málaga hasta Alguer-, para rememorar momentos vividos junto a su esposo. Compara a sus amantes con él y lo imagina tomando el cuerpo de cada uno de ellos. Goza, los hace gozar, los enamora, los vuelve locos por completo -porque Irene es un seductor bellezón desvergonzado que, por ambos motivos, provoca adicción- y luego huye y los olvida para siempre, sin atender sus numerosos mensajes. A Irene le gusta sentir que sus amantes piensan en abandonar sus vidas, sus mujeres e hijos para irse con ella y comenzar de nuevo. De no huir llegaría a ser, en suma, una mujer peligrosa.

    Irene es de esa clase de mujeres que no dan ninguna importancia al dinero porque lo tienen. Gasta casi compulsivamente -su tarjeta VISA echa humo- y mide a las personas por las marcas de sus relojes. Lo sabe todo sobre los relojes. Los materiales, la fabricación, el funcionamiento, la forma y los costes de cada uno de ellos. Pero, ¿por qué tiene tanto dinero? Pues porque ha vendido un lujoso piso en el centro de Madrid en el que convivió esos veinte años de matrimonio junto a Marce y ha traspasado la tienda de muebles antiguos y de lujo que este regentaba. Así, se dedica a gastar y a buscar a Marce en cada uno de sus amantes. Sin embargo, en su narración encontramos algunas lagunas que nos hacen dudar. ¿Es posible que una tienda de muebles de lujo funcione tan bien como para que el matrimonio viva a cuerpo de rey en plena época de crisis económica y de auge de los muebles baratos de Ikea? ¿Por qué Irene no puede recordar la fecha de la muerte de su esposo? ¿Por qué no encuentra el reloj de lujo que le regaló a su marido?

    Las incongruencias, las lagunas, las incertezas de la narración de la historia por parte de Irene y del narrador omnisciente son tales que en algún momento el lector llega a pensar que Vilas se ha vuelto loco. Que el autor ha escrito la novela tan rápidamente, sin tomar notas, sin orden ni concierto, que ha perdido el hilo de su propia historia. Nada más alejado de la realidad. Las piezas del puzzle caen en su sitio. Y no poco a poco, sino de golpe. Y, entonces, de repente, Vilas ya no parece un loco sino un genio. De un plumazo se ha cargado toda incongruencia, todo desatino, y nos ha dado un golpe de realidad en todo el rostro. Y nos quedamos perplejos, noqueados, sin capacidad de reacción. Y tenemos que dejar el libro por un momento para recobrar el pulso antes de seguir leyendo. Y lo hacemos de forma también compulsiva. Porque, siendo una novela existencialista, Nosotros se convierte también en una especie de novela de intriga que nos deja consternados con un final antológico que en ningún momento podíamos esperar. Que nos deja K.O..

    En todas las novelas de Vilas el componente psicológico, casi filosófico, juega un papel primordial. Quizá en esta más que en ninguna otra. El alma humana se nos muestra tan diseccionada en Nosotros que casi podemos verla, tocarla, olerla. Irene es un personaje de manual. Psicológico, por descontado, y también filosófico -por esa forma de afrontar la vida, de celebrarla, a pesar del sentimiento de soledad que la hace actuar de esa manera tan hedonista, caprichosa, cruel, peligrosa-. Una soledad que va imponiendo su ley, su desgarro, su monstruosidad. Una soledad insoportable, sin duda muy diferente a la que Marce y ella habían elegido durante veinte años de matrimonio, entregados el uno al otro -como si cada día fuera el primero-, aislados de la sociedad, viviendo por completo ajenos a ella. De una sociedad dominada por una televisión que ellos detestaban porque estaba controlada por los seres abominables. Unos seres que querían hacer que todos vivieran la vida de la misma manera. Algo que puede entroncar también a la novela con la rebeldía propia de las historias más utópicas. Incluso distópicas, si me apuran.

    Pero, sin duda, la gran característica que rige todas las obras de Vilas es la poesía. También sus obras de narrativa. Y Nosotros no podía ser la excepción. Un nosotros referido a Irene y Marce, los grandes protagonistas de la historia. Un nosotros sustentado en uno de los sonetos más celebrados de la historia de las letras castellanas, Amor constante, más allá de la muerte, de Francisco de Quevedo. Un poema-declaración de amor en toda regla, en el que el autor anuncia a su amada que, aunque muera, él continuará amándola. Dios salve a Quevedo, afirma Irene en un momento de la narración. La novela entera no solo justifica la referida poesía, sino que la explica de manera clara. En muchas de sus páginas aparecen referencias y transcripciones de los versos que componen el soneto. De tal forma que, una vez explicada con tanta exhaustividad, la poesía se entiende mucho, muchísimo mejor. Irene la hace suya, la considera mágica, casi sobrehumana. Porque le sirve para seguir viendo a Marce, su querido Marce.              

     Odiosa y adorable, Irene nos descoloca, nos irrita, nos indigna, nos produce rechazo y repulsa, pero también nos enamora, nos seduce, nos pone -el erotismo es otra de las características de la literatura de Vilas-. Mujer irresistible para quien la conoce -sea hombre o mujer-, no sabe lo que son la paciencia ni el estoicismo. Sin embargo, nadie ha de explicarle qué son la naturaleza, la vida, lo salvaje, lo bárbaro. Vive a su manera, busca el placer y, en realidad, no hace daño a nadie más que a sí misma. Un personaje que no deja a nadie indiferente. Un personaje para la historia de la literatura contemporánea española. ¿Y Vilas? Pues uno de los mejores escritores españoles actuales. Un autor del que, como se suele decir, apetece leer hasta su lista de la compra. Un autor que parecía haber alcanzado su techo con las magníficas Ordesa y Alegría, pero que con Los besos y Nosotros se ha superado. ¿Nos saludará con el brazo, en silencio, como Marce, antes de ser devorado por las llamas cuando llegue al último peldaño de la escalera, a la cima de su literatura? Esperemos que no. No seamos tan crueles como Irene. Lo que sí quiero es aprovechar esta última línea para declararle, al más puro estilo de Quevedo, mi amor eterno a su obra.


martes, 31 de marzo de 2020

Absolución. Luis Landero. 2012. Tusquets Editores. Reseña





     Existe en este mundo una gran cantidad de seres atormentados. Personas que viven atemorizadas por la sociedad, por sus familias o por ellos mismos. En la novela que nos ocupa, del gran Luis Landero, aparecen algunos de ellos. Uno de tantos es Lino, el protagonista absoluto de Absolución. Un personaje que, tras una vida insatisfecha, errática y tediosa, parece haber alcanzado al fin la felicidad. Pasea por las calles de Madrid un jueves de mayo, apenas cuatro días antes de casarse con la que, está seguro, es la mujer de su vida. Clara es la directora del hotel en el que también trabaja Lino. Allí se conocieron, allí empezaron a tratarse y allí se enamoraron para siempre. Y eso que Clara está advertida de la idiosincrasia de su futuro marido: un ser que vive en un estado de huida casi permanente. 

     El milagro del hecho de ver alcanzada al fin la felicidad se sostiene, sin embargo, como ya hemos dicho, sobre un pilar muy poco fiable. Porque Lino siempre ha dejado sus trabajos (mil y uno de ellos, y de todas las características habidas y por haber), sus estudios (aunque finalmente se licenció en Historia Antigua) y sus amores (a una de sus chicas la dejó tras verle comer ¡un huevo duro!). Ciertamente, estamos ante un personaje realmente complejo. Alguien muy difícil de definir con una sola palabra. Muchos diríamos que es raro, pero eso es resumir demasiado. Landero nos describe a la perfección cada milímetro de su cerebro, con todas sus certezas y dudas. Algo solo posible a través de la mano de uno de los mejores escritores, narradores y descriptores de la psicología humana de la España contemporánea.

     Todos los infortunios de un hombre vienen de no saber estarse quieto en un lugar. La frase del matemático, físico y filósofo francés Blaise Pascal, citada por un profesor durante la adolescencia de Lino, lo marcaría para siempre. Landero nos lo cuenta así: eso era justo lo que le ocurría a él, y esa era la razón por la que no era feliz ni podría serlo nunca. Era llegar a cualquier parte o conocer a alguien y, transcurrido muy poco tiempo, las cosas empezaban ya a fatigarle y a estorbarle. ¿Por qué la vida era así de rara, de arbitraria, de inhóspita? Estaba lleno de rituales y manías, y a veces los viandantes se paraban, curiosos, asombrados, para verlo pasar. Tan extraña era su actitud ante la vida, que hasta su padre afirma: vaya por Dios. Con la de cosas que hay en el mundo y este muchacho no encuentra nada de su gusto.

     El tedio se apodera de Lino en todo momento, lugar y situación. Incluso en el seno de la familia, que básicamente vive de los siete millones de pesetas recibidos por su padre como indemnización por el conocido caso del aceite de colza en los primeros años ochenta. Por lo demás, su madre es la única que tiene los pies en el suelo. Mientras tanto, su marido y su hijo viven de sueños frustrados y anhelos imposibles. Y en plena desesperación, Lino piensa: qué va a ser de mí, cómo me ganaré la vida. Y añade Landero: y por más vueltas que le daba no conseguía imaginarse una profesión propicia para él. Lo cual lo lleva a despreciarse a sí mismo y, por extensión, al mundo. Incluso se llega a plantear el suicidio. Hasta que llega al hotel, conoce a Clara y todo se torna en felicidad. Una felicidad altamente engañosa.

     Casi toda la novela narra el transcurrir de ese jueves de mayo madrileño. Landero analiza las vicisitudes de la vida del protagonista de manera pormenorizada. Pese a ser un personaje eminentemente solitario, va conociendo a una serie de personajes de los que va aprendiendo diversos aspectos sobre la vida, la felicidad y el amor. Sobre todo su amada Clara, quien lo comprende, lo consuela y trata de encauzarlo; y el tío de esta, el señor Levin, quien se convertirá en su gran apoyo y confidente. El punto de inflexión de la novela es un altercado con un hombre que se propasa con su pareja. Lino entra en la discusión en defensa de la mujer y se produce entre ellos una pelea y una posterior persecución por las calles de Madrid. El protagonista decide de nuevo huir hacia adelante y acaba saliendo de la ciudad rumbo al norte.

     ¿Por qué huía de los sitios, por qué de pronto necesitaba estar en otra parte, donde nadie lo conociera y pudiera pasar inadvertido, libre de obligaciones y reproches? El miedo a todo ello lo impulsa hacia un viaje a través del cual se buscará a sí mismo. Además, en ese nuevo camino emprendido conocerá a un par de personajes cruciales en su nueva vida. Gálvez es un dicharachero y divertido psicólogo que trabaja como comercial/recursos humanos de una importante empresa láctea del país, que le habla de Kant y le indica la existencia de problemas insolubles que debemos aceptar y aprender a convivir con ellos. Gracias a él, Lino consigue pasar unos momentos exultantes de felicidad pese a atravesar uno de los peores trances de su vida. Así, notaba en el fondo de su ánimo el latido de una fuerza interior, una secreta y loca alegría que no recordaba haber sentido nunca.

    Olmedo es el otro personaje que lo ayuda de forma desinteresada a encontrarse a sí mismo. A la vez ingenuo, a la vez atrevido, vive junto a un anciano en una pequeña hacienda situada junto a una nueva urbanización levantada sobre los terrenos de los hermanos de Olmedo, quienes no pudieron dejar de escuchar los cantos de sirena de unos contratistas que les prometieron una vida feliz y repleta de lujos a cambio de sus terrenos. Olmedo es una especie de Robinson Crusoe que trata de seguir con su vida a la antigua usanza. Filósofo e historiador a su manera --la cultura no está ligada en absoluto a los títulos académicos pues existe la educación autodidacta--, le habla de la historia de la humanidad y la analiza con resentimiento. Lino, mientras tanto, trata de vencer su gran sentido de culpa y busca una especie de absolución que le otorgue la paz, consigo mismo y con el mundo. 

     Absolución es una novela que describe la psicología humana con detalle. Pero no solo es eso. También contiene una alta dosis de aventura, de viaje iniciático, de búsqueda de la felicidad. De apreciar el entorno natural que nos envuelve. Los personajes son muy humanos, sobre todo en los casos del señor Levin, Gálvez y Olmedo. De todos ellos se aprenden diferentes maneras de ver la vida. O filosofías de vida. Hacia todos ellos se acerca el lector, víctima de una empatía que lo lleva a comprenderlos hasta tal punto que cuesta ir despidiéndose de ellos según pasan las páginas y Lino avanza en ese camino que lo llevará hacia sí mismo. Se queda uno con las ganas de saber cómo van a seguir siendo sus vidas finalizada la historia tan magistralmente narrada por Landero. Un escritor del que hay que leerlo todo. Absolutamente todo.                                     


      

miércoles, 18 de diciembre de 2019

El lobo estepario. Hermann Hesse. Edhasa. 2017. Reseña





     Edhasa Literaria reeditó en 2017, noventa años después de su publicación original (1927), uno de los clásicos más singulares del siglo pasado: El lobo estepario, del escritor alemán Hermann Hesse. Por aquel entonces ya habían sido publicadas sus otras dos obras más reconocidas, Demian (1919) y Siddhartha (1922), ambas reseñadas en este blog. En 1946 recibió el Premio Nobel de Literatura. La novela, de gran contenido filosófico, combina el género autobiográfico --el protagonista de la historia, Harry Haller, es un alter ego del propio autor, cuyas iniciales coinciden además-- y la fantasía --a través de lo que el narrador denomina teatro mágico--. La parte autobiográfica ocupa los dos primeros tercios de la novela. La fantasía, la parte final. 

     El libro refleja la gran crisis espiritual sufrida por el autor en la década de 1920. Mientras seguía luchando por sentirse humano, apreció que crecía en él una serie de aspectos lobunos que lo apartaban del resto de sus congéneres y lo arrastraba hacia una espiral de agresividad y violencia, conduciéndolo a parecerse cada vez más a alguien huraño y desarraigado. Como buen alemán y seguidor de Goethe --a lo largo de la historia de Hesse aparece en numerosas ocasiones la figura del también escritor alemán, autor de Fausto--, la dualidad de Fausto y Mefistófeles se hace presente en El lobo estepario. No es de extrañar esta influencia, pues la tradición alemana de Fausto se remonta al siglo XVI.

     Dicha tradición nos habla de la existencia de un erudito, Johan Georg Faust, que acabó haciendo un pacto con el diablo para intercambiar su alma a cambio de conocimientos ilimitados y placeres mundanos que le sirvieran para terminar con una vida que consideraba insatisfecha a pesar de su éxito. Esta historia ha sido recogida no solo por Goethe y Hesse. También, a lo largo de los años, por autores como Robert Louis Stevenson --El extraño caso del doctor Jekyll y mr. Hyde, en 1886--, Oscar Wilde --El retrato de Dorian Gray, en 1891--, Gastón Leroux --El fantasma de la ópera, en 1910--, Klaus Mann --Mephisto, en 1936-- o Thomas Mann --Doktor Faustus, en 1947--. Además, también hay una gran cantidad de obras musicales y cinematográficas sobre el mito dual de Fausto.

     Tras una década (la de 1910) horrible en la vida de Hesse --muerte de su padre, grave enfermedad de su hijo Martin, esquizofrenia de su primera esposa, desarrollo de la Gran Guerra y enfrentamientos con la opinión pública germana por el virulento ataque del autor al creciente nacionalismo alemán--, trató de rehacerse casándose de nuevo y obteniendo la nacionalidad suiza. El matrimonio, sin embargo, fracasó rápidamente y se desató la crisis que dio origen a El lobo estepario. Se aisló en su piso alquilado y constató su imposibilidad para relacionarse con el mundo exterior, teniendo cada vez mayores y más graves pensamientos suicidas. Como el protagonista de la novela, Harry Haller, obsesionado con la idea de rebanarse el cuello con su cuchilla de afeitar.

     La independencia, la libertad y la soledad son tres de los temas principales que trata la novela. Haller, anti belicista hasta la médula, es criticado por la prensa por sus ideas, consideradas anti patrióticas. Se aísla y ve nacer y crecer al lobo que lleva dentro y que se va apoderando de él. Hasta que una noche toca fondo y decide que la única solución es cortarse el cuello al llegar a casa. Asustado, deambula por las calles de la ciudad con tal de demorar al máximo el momento de su muerte. Aborrece a los humanos y al mundo entero. Pero, por contra, se siente mal consigo mismo por no encajar en ese mundo. Todo parece estar abocado a un desenlace trágico para él. Hasta que en un tugurio conoce a Hermine, una mujer en cuyas manos, de repente, deja su futuro. 

     A través de Hermine --posiblemente otro alter ego del propio Hesse, pues Hermine es el femenino de Hermann--, conocerá a María, una bella y complaciente mujer. Ambas, Hermine y María, se convertirán en los botes salvavidas de Harry. Los bailes y las conversaciones con la primera y el sexo y el romanticismo con la segunda constituirán el comienzo de una especie de reconciliación del protagonista con el mundo. Algo que el lector no acaba de creerse, pues parece que los cimientos de esa nueva existencia están hundidos en barro y, por tanto, se pueden venir abajo en cualquier momento. La realidad de Harry se va disolviendo en una serie de hechos que parecen más cercanos a la ensoñación. Hasta meterse de lleno en la fantasía de la mano del teatro mágico final. 

     Un teatro mágico en el que entra a través de Pablo, un saxofonista que parece encarnar los valores más contrarios a los de Harry. El músico no es nada intelectual, ni serio, ni reflexivo. Solo un apuesto vividor que parece servirse de las mujeres para dar rienda suelta a sus placeres. El teatro de Pablo es un largo pasillo que tiene forma de herradura. Multitud de puertas abren espacios interiores donde se representan escenas. Harry entra en cinco de ellas, y revive diversos pasajes de su vida. Realidad y ensoñación se entremezclan, en clara influencia del mundo de los sueños inspirador del psicoanálisis. Cabe recordar que el autor había estado en tratamiento psicoanalítico durante los años anteriores, llegando a conocer en persona a Carl Gustav Jung. 

     Aunque en la novela hay multitud de frases para recordar, creo conveniente destacar aquí solo un par de ellas. Ambas son pronunciadas por Pablo, y dicen así: 1) el vencimiento del tiempo, la liberación de la realidad o como quiera usted llamar a su anhelo --sin duda, rebanarse el cuello con su cuchilla de afeitar--, no es otra cosa que el deseo de desembarazarse de su personalidad. Es la prisión donde usted se encuentra encerrado; y 2) se puede contar con usted para cualquier representación estúpida y carente de humor, para todo lo que sea patético y carezca de ingenio, generoso señor. Quiere usted que le corten la cabeza, que lo ajusticien, pedazo de energúmeno. Quiere morir, so cobarde, pero no vivir. Pero, ¡al diablo!, lo que hará precisamente será vivir. 

     El lobo estepario es un viaje filosófico-psicoanalítico por el interior de un alma dolida con un mundo en el que no encaja. Un alma que se distancia de un mundo falso e hipócrita, pero que se odia a sí misma precisamente por no encajar en él. Es un claro ejemplo de que la auto indulgencia ayuda poco o nada a superar una situación dolorosa. Al contrario, en lugar de encerrarse en uno mismo, lo que se debe hacer es, aunque le cueste horrores a uno, abrirse y conocer otras almas. Y Haller, finalmente, piensa que llegaría un momento en que sabría jugar mejor con las figuras. Llegaría a aprender a reír alguna vez. Pablo me esperaba. Y me esperaba Mozart. Así, pese a la oscuridad general de la obra de Hesse, constatamos que siempre hay luz al final del túnel. Por largo que este sea...                               

  

lunes, 9 de diciembre de 2019

Merlí. Una serie sobre la relación entre la filosofía y la vida





     Recién estrenada por Movistar+ la secuela Merlí. Sapere aude, el esperado spin off de Merlí, creo que es un buen momento para retornar a los orígenes de esta historia y, de paso, darle un más que merecido homenaje. Pese a que aseguran que esta especie de continuación de la exitosa serie se puede ver sin haber visto anteriormente la que le dio origen, sí resulta conveniente --y muy recomendable--, ya que aparecen constantes guiños a esta y hasta veremos varios cameos de algunos de sus protagonistas originales. No en vano, entre el final de la tercera y última temporada de Merlí y el comienzo de Merlí. Sapere aude solo han discurrido tres semanas. Trataré de evitar los spoilers, por si algún lector todavía no ha tenido ocasión de visionar la referida serie, algo que debería hacer a más no tardar si quiere disfrutar de un producto que, además, es cien por cien nacional.

     Merlí consta de tres temporadas repartidas en cuarenta capítulos que fueron emitidos por TV3 y LaSexta entre septiembre de 2015 y enero de 2018 y que en la actualidad está también disponible en la plataforma Netflix. La productora Veranda TV, el creador y guionista Héctor Lozano y el director Eduard Cortés buscan varios objetivos con su producción: acercarnos la vida cotidiana de un profesor de filosofía, de sus jóvenes estudiantes de bachillerato y de sus variadas y muy diferentes familias, transmitirnos algunos conocimientos sobre esa gran olvidada que es la filosofía, y --tal y como hace Merlí con sus alumnos-- tratar de despertar en nosotros el espíritu crítico que nos lleve a poner en cuestión temas que parecen estar superados y que sin embargo no lo están en absoluto.

     Lo primero a destacar de esta serie es que llega a la mayoría de la gente porque es cercana y muy realista. Merlí no es un ganador. De hecho, en el primer capítulo lo encontramos divorciado, sin trabajo, en una situación económica límite y a punto de ser desahuciado de su piso por impago. Tiene 58 años y una idea clara: solo aceptará trabajar como profesor de filosofía, único empleo en el que se siente cómodo y útil. Única forma de vida que entiende. Debe ir a vivir a casa de su madre, la gran actriz Carmina Calduch. Y lo hará junto a su hijo Bruno, con quien está intentando recuperar el tiempo perdido tras varios años sin contacto. La relación con él es muy tensa, pues este le recrimina constantemente el hecho de haberlo abandonado muchos años atrás para vivir la vida. 

     Cuando recibe la llamada  de inspección para ofrecerle una plaza vacante en el instituto Ánguel Guimerá de Barcelona su vida, la de su hijo y la de sus nuevos compañeros, alumnos y respectivas familias cambiarán por completo. Porque ese Merlí en horas bajas laboral y económicamente hablando tiene, no obstante, una gran cualidad que sabe explotar a la perfección: está seguro de sí mismo y de sus valores, y no se calla jamás. Siempre tiene las palabras justas para cada situación cotidiana, cualidad que en muchas ocasiones resulta muy positiva, aunque en otras es gran generadora de conflictos. De todo tipo. Así, Merlí pone patas arriba las aulas, la sala de profesores, la dirección del centro y las vidas de quienes le rodean, incluidas las de algunos padres y madres de sus nuevos alumnos. 

     A través de los cuarenta episodios de Merlí los pensamientos e ideas principales de cada uno de los mayores filósofos de la historia se entrelazan con los acontecimientos principales de la trama de la serie. El protagonista, Merlí Bergeron --interpretado de forma magistral por el actor barcelonés Francesc Orella--, muy cercano a sus alumnos desde el primer día, se involucra en sus vidas con la esperanza de servirles de ayuda en su formación como sujetos críticos. Cada problema de uno de ellos tiene respuesta, en clase o a nivel personal, a través de la filosofía. De esta manera, el profesor se convertirá en un apoyo fundamental para esos alumnos que se cuestionan cada día más y más cosas sobre la vida presente y futura. Merlí y su gran carisma se hacen necesarios e imprescindibles.  

     A lo largo de la serie la vida pasa ante nuestros ojos. La de cada personaje y la de la Barcelona de los años 2015-2018. Quizá, dentro de muchos años, sirva el visionado de estos capítulos para saber cómo era la vida cotidiana de nuestra época. Y es que, grabada durante los años álgidos del procés, se nos ofrece una visión fugaz pero crítica de los hechos. Su postura ante la problemática es, digamos, equidistante. Cuestión que puede haber servido para que ambos bandos la criticaran. Personalmente, me parece una decisión objetiva y acertada. Los diálogos del propio Merlí, de la profesora de inglés, Elisenda, y sobre todo de la Calduch, madre del protagonista, resultan, en este sentido, definitivos en relación a la sinrazón en toda esta problemática.

     La lista sobre los temas que son tratados durante los dos mil minutos del metraje de la serie es muy larga. Por eso, destacaré solo algunos de ellos: el sexo --Merlí es desde el primer capítulo un animal sexual, dicho esto desde el sentido más positivo de la palabra--, la homosexualidad --Bruno y Oliver lo son, y lo llevan de manera muy diferente--, la identidad sexual --qué brillante la aparición del personaje de Quima, profesora transexual--, el amor --tanto a edades tempranas como adultas--, la amistad --también a cualquier edad--, las enfermedades --magnífico papel el del personaje de Iván Blasco en la primera temporada--, y los problemas económicos --en el caso de Merlí, pero también en el de Marc Vilaseca y el de Pol Rubio, el otro gran protagonista de la serie y ahora de Sapere aude--.

     No obstante, el gran tema tratado en Merlí es el de la muerte. Varios de sus protagonistas mueren durante los distintos episodios. Profesores, padres, abuelas, hermanos. Nadie escapa a ella. Como en la vida misma. Aunque de la serie se pueden destacar multitud de frases para enmarcar --no todas ellas filosóficas--, hay dos que hacen referencia a este tema que considero oportuno recordar aquí: 1) La vida es una fiesta en la que coincides con mucha gente. Van llegando nuevos invitados, pero también hay otros que, por la razón que sea, se van antes. A todos nos tocará irnos algún día, no lo olvidéis. Lo peor de todo es asumir que la fiesta continúa sin nosotros. 2) Fui al bosque porque deseaba vivir deliberadamente, ver si era capaz de aprender todo aquello que la vida debía enseñarme. No quería descubrir, a la hora de la muerte, que no había vivido. 

     Merlí es una historia o conjunto de historias sobre la vida y todo lo que la compone. Está repleta de momentos para la risa, el amor, la amistad, el sexo, el llanto y la muerte. Y esta serie tiene momentos para todo ello. Puedes reír hasta la carcajada y, acto seguido, llorar como nunca viendo la televisión. Y el final no es el típico fueron felices y comieron perdices porque la vida casi nunca es así en realidad. Es una enseñanza de vida. Un canto a la vida. O, como me dijo alguien hace unos días, un regalo. Y está ahí, al alcance de la mano. ¡Viva la filosofía! ¡Viva la vida! ¡Viva Sapere aude!                         

  

viernes, 18 de mayo de 2018

La insoportable levedad del ser. Milan Kundera. Tusquets Editores. 1985. Reseña





     El novelista, dramaturgo, poeta y ensayista checo Milan Kundera suena casi cada año, como el japonés Murakami, como candidato al premio Nobel de Literatura. Ambos ven pasar los años sin que se les otorgue el galardón. Merecido, todo sea dicho, en los dos casos. El mes pasado, Kundera cumplió 89 años de edad. Su última obra publicada --la novela La fiesta de la insignificancia-- data de 2014. Probablemente no podamos leer ninguna obra más suya. No obstante, tenemos en las librerías y bibliotecas un total de diez novelas, cuatro ensayos, una obra de teatro, dos poemarios y varios cuentos y relatos cortos. Sin embargo, si es mundialmente conocido es por su celebérrima La insoportable levedad del ser, publicada en 1984 (a la que fue otorgada el Premio Jerusalén en 1985). 

     Se trata de una novela de difícil encaje categórico. Algunos la consideran filosófico-psicológica por sus ideas existencialistas y sus continuas referencias a ideas como el eterno retorno de Nietzsche y a teorías y a obras tan reconocidas como el psicoanálisis --los sueños y lo freudiano juegan un papel muy importante durante el desarrollo de la trama--, Parménides, Platón, Descartes, el Edipo de Sófocles, etc. Para otros, estamos ante una novela político-social, por cuanto describe cómo fue la vida en la capital checa durante la campaña soviética de 1968, así como en las épocas inmediatamente anterior y posterior, pertenecientes ambas a la etapa que conocemos como Guerra Fría. Por ello, no faltan quienes le otorgan también un componente histórico, aunque parece complicada su categorización como novela histórica propiamente dicha. Por último, muchos hablan de la obra como si se tratara de una obra sexual, afectiva y de pareja. Probablemente, todos tengan buena parte de razón. 

     De todo lo anterior es fácil deducir que nos encontramos ante una novela compleja y completa. El aspecto físico de los personajes no tiene ninguna importancia en la obra de Kundera. Modela sus protagonistas a base de una serie casi interminable de pinceladas --palabras-- que permite al lector tirar de su propia imaginación para hacerse una composición de las acciones y tramas de las novelas del escritor checo. La gran paradoja de este estilo literario es que, pese a tratarse de obras de gran componente psicológico, tampoco el mundo interior de los personajes forman parte de la composición esencial de los personajes de Kundera. Es decir, que cada lector ve de manera diferente a cada uno de ellos según otorgue mayor importancia a unos aspectos que a otros. 

     Temas como la disidencia, el exilio, la identidad, la forma de ver la vida, el amor, la sexualidad o el arte conforman las composiciones novelísticas del checo. Todo ello, para abofetearnos con la pura realidad. Con la pura realidad de cada uno de sus personajes. Las escenas de la vida cotidiana configuran el mapa de cada protagonista: sus dudas, su existencialismo, su vida en pareja, sus roces afectivos, sus experiencias sexuales, sus deseos o sueños no cumplidos, etc. Durante las siete partes de que consta la novela, Kundera desgrana las vidas de Tomás, Teresa, Sabina, Franz o Karenin. Unas vidas que el lector desea ir conociendo con el mayor detalle posible no por morbo sino por comprender sus actos. Porque una decisión --acertada o equivocada-- en un momento dado puede cambiar la vida de cada uno de ellos.

     Tomás es el protagonista principal de la trama. Cirujano de profesión, se ve obligado a dejar su trabajo tras escribir un artículo contrario al régimen establecido. Queda apartado de su vida anterior y decide, junto a su esposa, Teresa, cambiar de aires. Ginebra y Zurich no encajarán en Teresa, que decide regresar a Praga. Tomás la sigue, aunque ambos deberán afrontar su destierro rural como única manera de eludir las persecuciones policiales. Tomás ama profundamente a su esposa, pero no puede evitar serle infiel con cualquier otra mujer que se cruza en su camino. Teresa acepta sus infidelidades por temor a perderlo. No en vano, es él quien le ha dado razones para seguir viviendo una vez ha abandonado ésta a su madre, por la que solo siente vergüenza y odio.

     Sabina es la eterna amante de Tomás. Es un personaje básico en la novela, por cuanto se mete en la cama con hombres comprometidos --no solo Tomás--, lo cual otorga a la infidelidad una importancia insignificante y a la moral y a los valores un papel de ligereza que constituye la verdadera levedad de la que habla el propio título de la obra. Además, Sabina es el nexo de unión de la trama principal con la secundaria, que protagoniza Franz, un hombre que, amante pasajero de Sabina, acaba de iniciar una relación con una alumna que lo admira, lo cual abre una nueva etapa en su vida que lo llevará a abandonar a su esposa y a su hija. La conducta de Franz, que también puede ser interpretada de diversos modos según cada lector, también nos habla de levedad, así como de madurez (o inmadurez).

     Karenin es la mascota de Tomás y Teresa. Es, nunca mejor dicho, un nexo de unión de la pareja. A través de la perrita, ambos reflexionan sobre sus vidas individuales y también sobre la conyugal. Especialmente emotivo es el pasaje final de la novela, donde el pequeño animal une y separa, más que nunca, a sus propietarios. Además, Tomás tiene un hijo de una relación de juventud fracasada. Simón no detesta a su padre pese a que éste jamás lo ha reconocido. Al contrario: su odio hacia su madre lo hace admirar a ese padre al que prácticamente nunca ha conocido. La vida los vuelve a unir (de alguna manera) muchos años después, y Tomás se siente incómodo al verse reflejado en él en algunas cosas.

     Ha quedado dicho más arriba que una de las claves de la novela son las palabras. Así, servidor ha destacado multitud de frases --en ocasiones, párrafos enteros-- que deberían subrayarse. Como es imposible recalcarlas todas, dejo al menos unas cuantas a modo de despedida de esta reseña:

-Tomas se decía: hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no solo distintas sino casi contradictorias. El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con una única mujer).

-Entonces se percató con sorpresa de que no era desdichado. La presencia física de Sabina era mucho menos importante de lo que había supuesto. Lo importante era la huella dorada, la huella mágica que había dejado en su vida y que nadie podría quitarle. Aquella inesperada felicidad, aquella comodidad, aquel placer que le producían la libertad y la nueva vida, ése era el regalo que le había dejado.

-Un drama vital siempre puede expresarse mediante una metáfora referida al peso. Decimos que sobre la persona cae el peso de los acontecimientos. La persona soporta esa carga o no la soporta, cae bajo su peso, gana o pierde. ¿Pero qué le sucedió a Sabina? Nada. Había abandonado a un hombre porque quería abandonarlo. ¿La persiguió él? ¿Se vengó? No. Su drama no era el drama del peso, sino el de la levedad. Lo que había caído sobre Sabina no era una carga, sino la insoportable levedad del ser.

-A los que creen que los regímenes comunistas de Europa Central son exclusivamente producto de seres criminales, se les escapa una cuestión esencial: los que crearon estos regímenes criminales no fueron los criminales, sino los entusiastas, convencidos de que habían descubierto el único camino que conduce al paraíso. Lo defendieron valerosamente y para ello ejecutaron a mucha gente. Más tarde se llegó a la conclusión generalizada de que no existía paraíso alguno, de modo que los entusiastas resultaron ser asesinos.

-¿Qué era entonces lo correcto? ¿Firmar o no firmar? La pregunta puede también formularse del siguiente modo: ¿Es mejor gritar y acelerar así la propia muerte? ¿O callar y lograr así una muerte más lenta? La vida humana acontece solo una vez y por eso nunca podremos averiguar cuáles de nuestras decisiones fueron correctas y cuáles fueron incorrectas. En la situación dada solo hemos podido decidir una vez y no nos ha sido dada una segunda, una tercera, una cuarta vida para comparar las distintas decisiones.

-La tierra puede estremecerse por las explosiones de las bombas, la patria puede ser expoliada cada día por un invasor distinto, todos los habitantes de la calle contigua pueden ser conducidos ante el pelotón de ejecución, todo eso lo soportaría con mucha mayor facilidad de lo que estaría dispuesto a reconocer. Pero era incapaz de soportar la tristeza de un solo sueño de Teresa.

-El redactor que organizaba la recogida de firmas para la amnistía de los presos políticos de Praga sabía perfectamente que aquello no ayudaría a los presos. El verdadero objetivo no era liberar a los presos, sino demostrar que aún había gente que no tenía miedo. Lo que hacía era teatro. Pero no tenía otra posibilidad. No podía elegir entre actuar o hacer teatro. La elección era: hacer teatro o no hacer nada. Hay situaciones en las que las personas están condenadas a hacer teatro. Su lucha contra el poder silencioso (el poder silencioso al otro lado del río, la policía convertida en silenciosos micrófonos en la pared) es la lucha de un grupo de comediantes peleando contra un ejército.                             


miércoles, 18 de abril de 2018

El arte de la guerra. Sun Tzu. Plutón Ediciones. 2010. Reseña





     Sun Tzu fue un general, estratega militar y filósofo de la antigua China. Su nombre de nacimiento fue Sun Wu, aunque se le conoce mundialmente por su título honorífico, que significa Maestro Sun. Vivió en el siglo VI a. C.. Figura histórica legendaria, ha tenido un gran impacto en la historia y en las culturas china y asiática por ser el autor de El arte de la guerra, un tratado sobre estrategia militar que influyó, más de dos mil años después, a Maquiavelo. De hecho, El príncipe está considerada como la obra filosófica, política y militar más importante desde el tratado de Sun Tzu. Más cercano en el tiempo, encontramos su influencia en los shogunatos y la Revolución Meiji de 1868 en Japón y en la creación de la China Popular por Mao Zedong, quien finalmente consiguió vencer a Chang Kai Chek tras la Gran Marcha, en parte gracias a estos consejos. 

     El tratado de Sun Tzu contiene trece capítulos breves que parten de ideas más generales y se van concretando a base de desarrollar aspectos más puntuales que completan la información de partida. En el primer capítulo, que versa sobre los planes preliminares, habla de los cinco factores fundamentales que determinan las condiciones existentes en el campo de batalla: la ley moral, el clima, el terreno, el mando y la doctrina. Todo el arte de la guerra se basa en el engaño. El capítulo segundo trata sobre la conducción de las operaciones, desaconseja las operaciones largas y el maltrato de los prisioneros y aconseja el saqueo y el aprovisionamiento de riquezas del enemigo. El capítulo tercero, dedicado a la estrategia ofensiva, nos habla de la conveniencia de tomar el país enemigo lo más intacto posible y de que hacer prisionero al ejército enemigo es mejor que destruirlo.

     El capítulo cuarto desarrolla las disposiciones tácticas, asegurando que nuestra invencibilidad depende de nosotros; la vulnerabilidad del enemigo, de él y que no cometer errores asegura el triunfo. El capítulo quinto, La energía, trata de la cuestión de la organización, de las combinaciones infinitas en el campo de batalla y de la necesidad de mantener las apariencias para engañar al enemigo (la confusión aparente indica una disciplina perfecta; el miedo simulado indica valor; la debilidad simulada indica fortaleza). El capítulo sexto versa sobre los puntos débiles y fuertes, y transmite la necesidad de llegar antes que el enemigo al campo de batalla y de que cuando el enemigo esté descansado, has de saber fatigarlo; cuando esté bien alimentado, hacerle pasar hambre; cuando esté descansando, forzarlo a moverse.

     En el capítulo séptimo se habla de las maniobras, que deben transformar un camino tortuoso en la vía más directa y convertir la desventaja en ventaja. Vuelve a hacer hincapié en la importancia del engaño y apuesta por analizar la situación y tomar la decisión conveniente. Además, haciendo referencia a El Libro de la Administración Militar, dice que: como las palabras emitidas no se pueden oír en el fragor del combate, se emplean los tambores y los gongs. Como las tropas no se pueden ver con nitidez durante el combate, se utilizan las banderas y los estandartes. Gongs, tambores, banderas y estandartes pueden unir a las tropas en un punto, de forma que el valiente no avanzará solo y el cobarde no retrocederá.

     El capítulo octavo trata de las variaciones en la táctica. Aconseja no utilizar la misma en dos combates seguidos y subraya los cinco peligrosos errores que pueden afectar al general: si es imprudente, puede perder la vida; si es cobarde, será capturado; si es colérico, puede ser ridiculizado; si su sentido del honor es demasiado susceptible, se le puede avergonzar; si tiene demasiadas contemplaciones con sus hombres, se le puede hacer sufrir.  En el noveno capítulo, titulado En marcha, se nos avisa de que la simple superioridad numérica no debe confiarnos y de que debe tratarse con humanidad a los soldados. Además, afirma que si las órdenes son eficaces, el ejército será disciplinado; si no lo son, el ejército no será disciplinado. 

     Los capítulos décimo y undécimo tratan sobre el terreno y las nueve clases de terreno. El primero clasifica los terrenos en accesibles, difíciles, neutros, cerrados, accidentados y distantes. Asegura que la formación natural del terreno puede ser un factor esencial en el combate, por lo que ha de ser estudiado a conciencia antes de la batalla. Y añade: conoce al enemigo y conócete a ti mismo y tu triunfo nunca se verá amenazado. Conoce el terreno y las condiciones climáticas y tu victoria será completa. En el segundo capítulo de este bloque establece a la rapidez como la esencia misma de la guerra. Cuando el adversario cometa una equivocación has de ser veloz como una liebre. De esta manera, no podrá resistirse.

     El capítulo duodécimo, El ataque con fuego, establece las cinco maneras existentes de atacar con fuego:  quemar a las personas, quemar los almacenes, quemar el equipo, quemar los arsenales y emplear proyectiles incendiarios. Afirma que aquellos que utilizan el incendio para reforzar sus ataques poseen la inteligencia de su lado; los que usan el agua, la fuerza. Y añade que el gobernante sabio delibera acerca de los planes; los buenos generales los ponen en práctica. El capítulo décimo tercero, y último, lleva por título El uso de agentes secretos. La información previa a emprender una guerra es básica para conseguir la victoria final. Y esta no puede conseguirse de los espíritus, ni de las divinidades, ni por semejanza con acontecimientos pasados ni de los cálculos. Es preciso conseguirla a través de hombres. Los agentes secretos se clasifican en : locales, interiores, dobles, falsos y destacados.

     La obra, más allá de los aspectos filosóficos, políticos y estratégicos, es utilizada a día de hoy en múltiples ámbitos que poco o nada tienen que ver con el militar. Es el caso de su uso como guía en programas de administración de empresas y liderazgo destinadas a la gestión de los conflictos y la cultura corporativa. Lo cual otorga una vigencia a la obra de Sun Tzu que no está al alcance de ninguna otra en el mundo. Al menos, de una que data de hace nada más y nada menos que 2.700 años o, dicho de otro modo, 27 siglos.