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viernes, 30 de junio de 2017

Mis diez mejores lecturas del primer semestre de 2017





     Como cada mes de junio, justo antes de las vacaciones estivales--el mejor momento del año para leer según la mayor parte de la gente--, os dejo mi particular lista de las diez mejores lecturas de lo que va de año. Espero que os animéis a leer algunas de ellas y, si es así, las disfrutéis tanto como yo. Como siempre, podéis observar cómo hay todo tipo de libros: novedades, publicaciones más o menos actuales y alguna pieza clásica de la literatura nacional y universal. Ahí va la lista:


10. 84 Charing Cross Road. Helene Hanff. Anagrama. 2006 Una de esas obras clásicas que nos enseñan el amor por los libros. Unos personajes inmortales de los que cuesta despedirse y a los que a todos nos gustaría poder conocer algún día. Una maravillosa novela epistolar que dio pie a una igualmente maravillosa película. Y también una gran desdicha: la de dos personas que comparten el amor por la literatura sin poder llegar a conocerse jamás en persona.

9. Cáscara de nuez. Ian McEwan. Anagrama. 2017 La última novela de uno de los escritores actuales más originales, innovadores y arriesgados. Un feto nos cuenta la historia del asesinato de su padre por parte de su futura madre y su amante, su futuro tío paterno. Impotencia, rabia, culpabilidad y búsqueda de la salvación. Una especie de thriller psicológico que no dejará indiferente ni al más pintado de los lectores.

8. El monarca de las sombras. Javier Cercas. Random House. 2017 La historia que Javier Cercas nunca quiso contar pero sabía que algún día contaría. La búsqueda, personal, familiar e histórica, de un familiar directo del propio escritor que no se sabe bien si es héroe o villano, valiente o cobarde. Uno de esos textos que le ponen a uno un nudo en la garganta. Porque a veces no se sabe qué es mejor: conocer o no conocer.

7. Escucha la canción del viento / Pinball 1973. Haruki Murakami. Tusquets Editores. 2015 Las dos primeras novelas del genio japonés, por fin traducidas y publicadas en castellano. Los inicios de alguien que, pese a su juventud, ya prometía ser un grande. Los primeros signos de lo que en el futuro se conocería como el universo Murakami. Los secretos de un escritor todavía anónimo y, por ello, también genuino y directo. 

6. Fahrenheit 451. Ray Bradbury. Ediciones DeBolsillo. 2000 Una de las tres distopías más conocidas del siglo XX. Una obra en la que la ciencia-ficción y el futuro se dan la mano y caminan una al lado del otro para enseñarnos, tantos años después, que el autor de esta obra fue un auténtico visionario. Esperemos no terminar como él vaticinó: aprendiendo de memoria un libro para rescatarlo de las llamas de una civilización que parece agotarse por momentos.

5. La buena letra. Rafael Chirbes. Anagrama. 2000 Otra obra eterna del inmortal escritor de Tavernes de la Valldigna. Una pluma clara, directa y sin artificios que nos enseña que el peor sufrimiento es aquel que no sirve para nada y que la buena letra no es más que el disfraz de las mentiras. Una historia durísima que se nos hace todavía más dura por lo bien escrita que está. Placer + angustia = exquisitez literaria. 

4. La tristeza del samurái. Víctor del Árbol. Editorial Alrevés. 2011 La novela que encumbró a un autor al que hoy ya todo el mundo conoce y disfruta. Varias épocas, varios ambientes, distintos personajes acaban confluyendo antes o después para mostrarnos, por ejemplo, que el pasado y el mal nunca desaparecen, y que los vicios y las malas actitudes hacia la vida en general y hacia la política en particular cuestan mucho de cambiar.

3. Crónica de una muerte anunciada. Gabriel García Márquez. Mondadori. 1987 Una novela absolutamente imprescindible. Tanto para la legión de seguidores de su autor como para los que no lo son. El alma humana queda milimétricamente dibujada y desmenuzada en esta corta pero impactante novela en la que nunca se pierde el interés por el desarrollo de la trama pese a conocer su fin desde la primera frase. Algo al alcance solo de un genio. 

2. Clavícula. Marta Sanz. Anagrama. 2017 Una de las grandes alegrías de los últimos meses. Si con su anterior novela, Farándula, Marta Sanz ya deslumbró, con esta nos ha dejado ciegos por completo. Sinceridad, integridad, honestidad, humor hasta la burla de sí misma, maestría a la hora de reflejar sentimientos íntimos y clarividencia para mostrarnos su mundo son los rasgos utilizados por la autora madrileña para bordar la (hasta el momento, y sin duda) novela del año.  

1. Los renglones torcidos de Dios. Torcuato Luna de Tena. Planeta. 1979 El personaje de Alice Gould pasó a formar parte de la historia de la literatura nacional por méritos propios. Y el autor que la creó, también. La obra es fruto de una mente ENORME y también de un proceso de documentación sobre la psiquiatría española de los años setenta que necesitó de 18 días de internamiento voluntario por parte de Luca de Tena. Una novela que te atrapa desde la primera hasta la última escena, te zarandea por los hombros, te lleva a trompicones por las distintas salas del hospital psquiátrico y te deja estupefacto con un final digno de una historia como la que cuenta. Una obra maestra que merece ser el número uno de mi lista de libros preferidos de este primer semestre del 2017.   
   


lunes, 3 de abril de 2017

Crónica de una muerte anunciada. Gabriel García Márquez. Mondadori. 1987. Reseña





     El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Así comienza una de las novelas más representativas e imprescindibles de la literatura contemporánea. El Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez realiza en esta novela corta --apenas un centenar de páginas-- un tour de force genuino y extraordinario, atrapando al lector en una lectura cuyo desenlace conoce ya desde su primera frase. Y para ello, además de un lenguaje exquisito, empleó una acción a la vez colectiva y personal, clara y ambigua. Hasta el punto de que los recuerdos de unos protagonistas y otros llegan incluso a contradecirse.

     Y es que esta crónica del asesinato de Nasar está escrita 23 años después de los hechos, por lo que el narrador, de quien no sabemos su nombre pero sí que era amigo del fallecido, relata los hechos y cita los testimonios de aquellos testigos que llegan a contradecirse en algo tan simple, tan sencillo como si llovía o lucía el sol aquel lunes trágico. García Márquez realiza un exhaustivo trabajo literario-periodístico para acercarnos unos hechos tan claros como ambiguos, tan objetivos como subjetivos. Y, todo ello, para convertir esta novela en una obra maestra de la literatura.

     El narrador avanza y retrocede en la historia para trazar los hechos fundamentales que llevan a los hermanos Vicario a buscar la muerte de Nasar, un turco de tercera generación afincado en un pequeño pueblo colombiano (motivo por el cual el genial escritor conoce de primera mano el hecho histórico real contado). Su escritura es tan mágica que, pese a conocer el lector el más importante de los hechos: el asesinato, no puede dejar de leer para saber más. Y es que la acción va in crescendo, hasta desembocar en la escena del asesinato. 

     Tres ideas clave están detrás de la intra historia de esta novela: la caza de amor es de altanería (cita de inicio que pertenece a Gil Vicente y que utiliza el autor como introducción a un hecho fundamental en la trama de la novela: el matrimonio concertado entre Bayardo San Román y la joven Ángela Vicario, devuelta por su marido pocas horas después de la boda por no haber llegado virgen al matrimonio); dadme un prejuicio y moveré el mundo (anotación del juez instructor del sumario tras preguntar a Ángela Vicario sobre el supuesto culpable de la pérdida de su virginidad); y la fatalidad nos hace invisibles (nueva anotación del juez instructor tras hacerse una opinión de los hechos acaecidos).

     Esta última cita es muy importante para la trama de la historia, pues todo el pueblo --convertido en un personaje más, al más puro estilo de La colmena, de Cela, por ejemplo-- conoce la intención de los hermanos Vicario de asesinar a Santiago Nasar para salvar el honor de su repudiada hermana, pero por diferentes motivos nadie, absolutamente nadie es capaz de impedirlo. Y eso que los hermanos anuncian a todos los vecinos del pueblo de sus intenciones. Intenciones que o no son tenidas por verdaderas o simplemente son pasadas por alto por todos los vecinos. Precisamente la gran cantidad de vecinos provoca que existan tantos protagonistas en la novela, pues todos ellos juegan un papel más o menos importante en la acción de la misma. 

     Resulta sobrecogedor el hecho de que nadie pueda hacer nada por salvar a Santiago pese a ser su muerte tan largamente anunciada. También el cúmulo de circunstancias que impiden su salvación por parte de los poquísimos vecinos que sí querrían haber impedido su asesinato. Algo que, en parte, incluye a los propios hermanos Vicario. La cuestión es que el narrador consigue que el lector empatice con la historia y con el fallecido hasta el punto de llegar a sentirse impotente por no poder alterar los hechos que conducen a tan trágico final. Cuestión esta que compunge su corazón hasta la última línea de la narración.  

     La mayoría de los personajes se sienten de alguna manera culpables de los hechos ocurridos 23 años atrás. Y, sin embargo, también la mayoría quiere formar parte de la tragedia. Casualidad, destino, violencia, la incapacidad para conocer toda la verdad de los hechos, el machismo, la traición, la venganza, el honor y sus crueles códigos, el fetichismo, la superstición, la milagrería, la credulidad y el simplismo son temas que se tratan con mayor o menor profundidad a lo largo de la exposición de los hechos. Todo, desde un punto de vista multi perspectivo que va sembrando dudas, inconsistencias y ambigüedades.  

     En 1987, año en que editó la obra Mondadori, se estrenó también la película de mismo título, dirigida por Francesco Rosi e interpretada por Rupert Everett, Ornella Muti, Anthony Delon e Irene Papas. El propio García Márquez afirmó que era una adaptación paupérrima y muy poco fiel a su obra, lo que repercutió negativamente a la hora de posteriores permisos para futuras adaptaciones. No en vano, no hubo más hasta 2007, cuando se llevó al cine El amor en los tiempos del cólera. En definitiva, Crónica de una muerte anunciada supuso el acercamiento entre lo periodístico y lo narrativo y una aproximación a la novela policíaca. Estamos, muy probablemente, ante la obra más realista del genial escritor colombiano.