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sábado, 2 de abril de 2022

Desde el otro lado. Bernardo Atxaga. Alfaguara. 2022. Reseña





    El escritor guipuzcoano Bernardo Atxaga anunció en 2020 que Casas y tumbas sería su última novela. Para suerte de los lectores que lo siguen desde hace años Alfaguara ha editado este 2022 Desde el otro lado, una recopilación de cuatro relatos del autor de Obabakoak en el que el escritor revisita Obaba-Ugarte, el pueblo imaginario que hizo célebre en la citada obra. Los tres primeros están ambientados en sus casas y calles. De hecho, el primero, Dos hermanos, ya se publicó en euskera en 1985 y en castellano en 1995. El texto actual es, pues, una nueva revisión del autor para la ocasión. El segundo, La muerte de Andoni a la luz del LSD, se editó ya en euskera y ahora se ha traducido al castellano. Los dos relatos restantes de este nuevo libro, Conferencia sobre la vida y la muerte en el cementerio de Obaba-Ugarte y Un crimen de película son textos hasta ahora inéditos. El último de ellos, el único que no tiene lugar en la población anteriormente reseñada sino en Nevada (USA).

    En todos los relatos la naturaleza y los animales juegan un papel primordial. De hecho, casi todos están narrados por animales. Unos animales que hacen gala de tal sensibilidad que deja a los humanos en bastante mal lugar. Unos humanos que luchan contra la soledad, buscan afectos que no encuentran, sufren constantes pérdidas y, no en pocos casos, se abandonan finalmente a la maldad, a la violencia y, de nuevo, a la soledad de la que tratan de huir desde el principio. La prosa poética de Atxaga --Dos hermanos, sobre todo, está narrado como si de un cuento se tratara--, la combinación de realidad y ficción, la aparición de lo onírico, lo fantástico y lo alucinógeno --sobre todo en La muerte de Andoni a la luz del LSD-- y la visión de la vida y la muerte como las dos caras de una misma cosa, como el principio y el fin de nuestra existencia en este maravilloso planeta, son los grandes rasgos compartidos por los cuatro relatos que componen Desde el otro lado.  

   Dos hermanos es el relato que abre el libro. Está narrado a varias voces, a saber: un pájaro, que se centra en la historia de Paulo; unas ardillas, que cuentan las peripecias de su hermano mayor Daniel, deficiente desde su nacimiento; una serpiente, que nos narra las acciones de Carmen, prima de los hermanos; una oca salvaje, que nos desvela el desenlace de la historia desde el aire; y hasta de una estrella, que nos cuenta las conversaciones entre Carmen y Teresa, moza del pueblo que está enamorada de Paulo y se siente impotente ante el abandono de su amado a una vida de soledad extrema. La inocencia de los hermanos y de Teresa ha de enfrentarse a la maldad de la mayoría del resto de ciudadanos de Obaba-Ugarte. Una maldad colectiva de la que tan solo se salva el cura, don Ignacio, quien trata de ayudar en todo lo posible a unos hermanos que, perdidos sus padres, se enfrentan a una soledad que, sobre todo en el caso del más joven, Paulo, amenaza con engullirlo en una oscuridad definitiva.

    Y es que Paulo, que solo tiene dieciséis años, ha de hacer frente no solo a la reciente orfandad --su padre muere en la primera escena del relato, mientras que su madre ya lo hizo años atrás--, sino que ha de cuidar a su hermano mayor, Daniel, que pese a tener veinte años es como si tan solo tuviera tres o cuatro. Hazte cargo de Daniel, Paulo. No lo abandones como si fuera un trapo viejo. No es una persona normal, pero tampoco es un trapo viejo. Es tu hermano, el único que tienes, le pide su padre en el lecho de muerte. Además, debe salvar la economía familiar trabajando de sol a sol en el aserradero de su padre. Demasiada responsabilidad para alguien tan joven. Y, por si todo ello fuera poco, a Daniel, que es grande y fuerte, se le han despertado los apetitos sexuales, por lo que se convierte en un gran peligro para las chicas del pueblo. Algo de lo que ya le advirtió a Paulo su madre años atrás: vigila a tu hermano, Paulo, siempre se está tocando. Porque no tiene alma, porque es como una bestia. Como un animal.

    La muerte de Andoni a la luz del LSD narra la muerte del hijo del amigo del narrador del relato, Esteban. Este, en un estado alucinógeno, revive junto al propio fallecido, de unos catorce o quince años de edad, y a un viejo profesor ya fallecido (¡en 1972!) de apodo Redin los meses anteriores a la muerte del joven. Entre recuerdos propios de distintas épocas, sueños, alucinaciones y la realidad de los Houston Rockets de Rick Adelman, Yao Ming y Luis Scola --el joven Andoni afrontó un tratamiento oncológico en la ciudad texana antes de fallecer, en cuyo hospital fue visitado por los jugadores del equipo y recibió un balón firmado por ellos (le tocó el balón a él porque se presume que Luis Scola así lo preparó al saber que el joven Andoni era fan también del Baskonia, su equipo español anterior a su salto a la NBA)-- se narra un relato en el que de nuevo tiene gran importancia un animal. Un cuervo muy conectado con Andoni, quien se lo deja a su amigo Imanol para que lo cuide mientras él está en Houston.

    Conferencia sobre la vida y la muerte en el cementerio de Obaba-Ugarte narra una especie de reality show televisado en directo. En ella aparecen de nuevo algunos de los personajes del primer relato: Paulo, Daniel y una Teresa ya nonagenaria. También el narrador, un enigmático personaje que parece perseguirlo, De Facto, y los dos protagonistas de la conferencia: el Doctor Mortimer y Parko. Para estos últimos, la muerte es una madre, lo más grande. El árbol de la Muerte crea amor, o cuando menos abre una vía para que se manifieste. Solo la Muerte es capaz de sacarlo a la superficie. El amor circula en los funerales como una melodía. La conferencia crea un gran alboroto entre el público asistente cuando aparece la imagen del cuervo del relato anterior a petición de Imanol. Una confidencia desconocida por los espectadores de un show ya de por sí delirante en relación a esa conexión entre el joven y el animal provocará un final totalmente inesperado. 

    Un crimen de película es el relato final del libro. Es, además, el único que no está ambientado en Obaba-Ugarte sino en Nevada. Sin duda, debió ser escrito durante el año (2012) que el autor pasó en aquella región del oeste estadounidense, de donde nació su famosa novela Días de Nevada. El gran protagonista del relato es un búho del Rancho San Rafael Regional Park. A través de sus narraciones y descripciones nocturnas el búho acabará resultando indispensable para resolver varios crímenes perpetrados durante los meses anteriores a lo largo del Parque. Se trata de un búho realmente sabio, que se expresa como si tuviera ante sí un diccionario. Busca, rebusca y encuentra siempre las palabras justas para expresar situaciones y descripciones que ayuden a su interlocutor, sin duda un policía, a esclarecer los hechos. Su elocuencia y sus ganas de hablar con la máxima corrección son tales que a menudo exaspera a su interlocutor, quien ha de reconducir la conversación para conocer al fin lo que está ocurriendo. 

    Supongo que Atxaga cumplirá su palabra y, por desgracia, no escribirá nuevas novelas. Pero es muy de agradecer que desempolve viejos relatos, los corrija y los prepare para su publicación. De este tipo de autores conviene leer todo, absolutamente todo. Por eso, obras como Desde el otro lado son regalos inesperados. Y no hay mayores regalos que los que uno no espera. ¿Habrá más regalos como este en los próximos años? Esperemos que sí. Porque Atxaga es uno de esos autores que se salen de lo común. Poesía, léxico, realidad, ficción, originalidad, entretenimiento. Todo se junta en sus letras para crear obras de gran belleza.                


sábado, 21 de marzo de 2020

Casas y tumbas. Bernardo Atxaga. Alfaguara. 2020. Reseña





     Seis años después de publicar Días de Nevada, su anterior novela en castellano --el autor de Asteasu, Guipúzcoa, miembro de la Academia Vasca, suele escribir más en su lengua natal--, Bernardo Atxaga ha vuelto por todo lo alto con Casas y tumbas. Tras recibir en 2019 el Premio Nacional de las Letras Españolas por el conjunto de su obra literaria, su nueva novela corrobora su posición entre los grandes de la literatura nacional contemporánea. Vertebrada por el valor de la amistad, el amor incondicional a la naturaleza y a los animales y la inminencia de la muerte, Atxaga crea ambientes (el despoblado Ugarte, hoy un barrio de Amurrio, Álava) y personajes inolvidables. Esos de los cuales cuesta despedirse al finalizar la lectura de la obra en cuestión. 

     Afirma el autor que esta será su última novela. Confiemos en que cambie de opinión. Si no es así, se habrá despedido a lo grande. Quizás por eso, como asegura en su epílogo, ha escrito una novela en la que aparecen narrados diversos pasajes de su vida. Desde 1970 hasta prácticamente la actualidad. Así, durante las más de cuatrocientas páginas que componen esta obra aparecen reflejadas algunas de sus vivencias en el cuartel de El Pardo, lugar en el que realizó su servicio militar obligatorio cuando todavía vivía Franco, el angustioso episodio en el que su hija estuvo a punto de fallecer de peritonitis, la fascinación que siempre ha sentido hacia el mundo rural y los animales, sobre todo, los jabalíes, y la importancia que siempre ha tenido para él la poesía como forma de comunicación y evasión.

     En la novela, que se iba a titular primero El soldado que llamó cabrón a Franco, luego Hilos de agua entre las piedras, hasta terminar con el título con el que finalmente se ha publicado, Ugarte es un lugar situado en la frontera entre el viejo y el nuevo universo. De esta manera, escribe Atxaga en el epílogo: Hay dos clases de literatura, la que propone una vuelta por fuera (crímenes en Norlandia, pasiones en la corte china del siglo XII, traiciones letales en un campus norteamericano...) y la que en su propuesta incluye una vuelta más, la que el lector debería dar por dentro de sí mismo. Y debe ser cierto, porque la narración de Casas y tumbas no se desarrolla de forma rectilínea, sino que en ocasiones avanza en constantes zigzags.

     Seis capítulos forman parte de la estructura en zigzag de Casas y tumbas. En el primero de ellos, Érase un pequeño barco, un niño llamado Elías regresa prematuramente a Ugarte de una escuela de verano en Beau-Fréne, en el Pirineo francés. Ha perdido el habla (padece mutismo traumático) y todos en el pueblo se preguntan por el motivo. Su amistad con Mateo, primero, y con los hermanos gemelos Martín y Luis, después, provocarán que la autoestima del niño vaya en aumento. En estas primeras páginas del libro se habla de los negocios de la iglesia (en este caso, a través de la virgen de Lourdes), de la homosexualidad, de la pederastia y, por supuesto, de la amistad y de la proximidad de la muerte. Temas, estos dos últimos, constantes a lo largo de todos los capítulos de la novela.

     Cuatro amigos, el segundo de los capítulos, nos habla de la amistad surgida entre compañeros del cuartel de El Pardo, en pleno servicio militar de época franquista. Entre todos ellos se hacen cargo de la cría de una urraca. Donato y Eliseo llevan la panadería, Celso es el encargado del Centro de Transmisiones del cuartel y Caloco es quien cobra dinero a sus compañeros a cambio de realizar sus aburridas guardias. El tedio, solo superado gracias a la urraca, a la cual llegan a enseñar a hablar, y el desprecio ante la inhumanidad, la codicia y la fanafarronería del teniente Garmendia, el general Franco y el futuro monarca, Juan Carlos de Borbón, marcan el hilo conductor del capítulo, en el que también aparece el tema de la inminente muerte.

     Antoine, protagonista del tercer capítulo, es un ingeniero francés que dirige la industria minera de Ugarte. Las páginas de este episodio están repletas de referencias a huelgas mineras, terrorismo maoísta, sabotajes, amenazas y explosiones. En definitiva, a la lucha de clases desarrollada entre los poderosos, deseosos de que nada cambie ni escape a su control, y los huelguistas, quienes quieren acabar, de una vez por todas y cueste lo que cueste, con su ya larga opresión social y económica. Eliseo y los gemelos Martín y Luis han de hacer frente a todo tipo de situaciones, a cada cual más peligrosa, ante un Antoine que no duda en utilizar a sus perros Troy y Louise como armas defensivas (y también atacantes) contra los enemigos de la industria que dirige.

     El accidente de Luis, Daisy en la televisión y Orquídeas son los tres breves capítulos finales de la historia. Luis sufre un accidente y está dos semanas en coma. Los sueños que tiene durante este proceso se entrelazan con sucesos reales. Daisy es la protagonista de un reality show en el que trata de perder peso aún poniendo en grave riesgo su propia vida. Y Martín asiste, horrorizado, a la posibilidad de perder a su hija Garazi a causa de una peritonitis causada por la mala praxis de una doctora incapaz de diagnosticar la inicial apendicitis. Las historias personales de los gemelos Martín y Luis se entrelazan en estos episodios finales para dar luz a espacios que habían quedado en la oscuridad en los capítulos anteriores.

     Casas y tumbas entrelaza de forma brillante realidad y ficción. La realidad de momentos de la vida de un Atxaga que despliega, también en los fragmentos inventados, su habitual poder literario para narrar sus historias mediante un estilo que roza lo poético en numerosas ocasiones. Como siempre, nos deja frases que merecen ser rescatadas de sus páginas para pasar a formar parte de nuestra memoria colectiva. Como esta con la que pongo fin a esta reseña: Si se pudieran voltear los nombres impresos como las piedras de un huerto y ver la vida que esconden, comprobaríamos que no hay dos vidas iguales. Pues bien, tampoco existen dos escritores iguales. Y Bernardo Atxaga demuestra, de nuevo, ser uno de los mejores.      


                   

lunes, 16 de diciembre de 2019

Un mundo que agoniza. Miguel Delibes. Plaza & Janés. 1979. Reseña





     El uno de febrero de 1973 el escritor vallisoletano Miguel Delibes fue elegido miembro de la Real Academia Española. Ocupó la silla e. Su discurso de ingreso se demoró más de dos años, hasta el 15 de mayo de 1975. Llevó por título El sentido del progreso desde mi obra. Dámaso Alonso, uno de los grandes representantes de la generación del 27 y director de la Academia, le entregó su medalla de académico. Dicho discurso, ampliado y actualizado, se editó como libro en 1979 bajo el título Un mundo que agoniza. Por aquel entonces, Delibes ya había publicado obras tan notables como La sombra del ciprés es alargada, El camino, Las ratas, Cinco horas con Mario o El disputado voto del señor Cayo. En cambio, estaban por venir Los santos inocentes, Señora de rojo sobre fondo gris y El hereje.  

     Un mundo que agoniza es un brillante ensayo en el que el genio castellano reflexiona sobre los problemas del mundo en aquella lejana ya década de los setenta. Resulta muy llamativo leerlo en la actualidad, más de cuarenta años después, y en plena crisis climática. Cierto es que la problemática actual viene de lejos, pero pensar que hace casi medio siglo Delibes ya vaticinó, siempre apoyado en los últimos estudios científicos de su época, lo que estaba por venir, habla de su gran compromiso con la naturaleza y también de su manifiesto interés por documentarse e informarse sobre la problemática. No en vano, en su texto, que se lee en un par de horas, cita a numerosos especialistas de diversos campos para ilustrar y justificar sus opiniones.

     En estas páginas, que no solo no han perdido vigencia con el paso de los años sino que se muestran tan actuales como necesarias, habla Delibes de sus personajes en relación con la naturaleza y el progreso. Así, se muestra sencillo pero contundente: si el progreso moderno, el de la técnica y el consumismo, equivale a la destrucción de la naturaleza, mis personajes renuncian a ese progreso. Y pone ejemplos concretos de cada una de sus obras anteriores en los que estos exponen sus motivos para negar el progreso. Afirma, de esta manera, que mis personajes declinan un progreso mecanizado y frío, pero simultáneamente este progreso los rechaza a ellos, porque un progreso competitivo, donde impera la ley del más fuerte, dejará ineludiblemente en la cuneta a viejos, tarados y débiles.

     Sus personajes, como él, su creador, son conscientes de que el progreso ha venido a calentar el estómago del hombre pero ha enfriado su corazón. Al presentárseles la dualidad Técnica-Naturaleza como dilema, optan resueltamente por ésta que es quizá la última oportunidad de optar por el humanismo. No porque la máquina me parezca mala en sí, sino por el lugar en que la hemos colocado con respecto al hombre. Y es que el progreso ha traído aspectos negativos. Como afirmó Erich Fromm, para conseguir una economía sana hemos producido millones de hombres enfermos. Algo que solo puede revertirse si los hombres nos convencemos de que navegamos en un mismo barco y todo lo que no sea coordinar esfuerzos será perder el tiempo.

     Buena parte de la culpa de nuestra situación viene a cuenta de la contaminación. Critica Delibes que el hombre de hoy antepone a la cultura el goce material y la seguridad. Mas el daño de la contaminación no es solo directo sino que se complementa con el desarrollo de ciertas afecciones psíquicas como la ansiedad, la angustia, la tensión y la agresividad. Apela, para superar esta difícil situación y poder volver a vivir en armonía con los medios ambientales terrestres y marítimos, a una combinación de inteligencia y razón para escapar de la amarga profecía de Roberto Rossellini: nuestra civilización morirá por apoplejía porque nuestra opulencia contiene en sí las semillas de la muerte. Porque todo cuanto sea conservar el medio es progresar; todo lo que signifique alterarlo es retroceder.  

     La desenfrenada carrera armamentística tras la denominada guerra fría creó, según el autor, una paz fría mucho peor que la anterior, pues apela al miedo como garantía de supervivencia. Y la televisión se ha constituido como un juguete de alienación, a menudo único alimento espiritual de un elevadísimo porcentaje de seres humanos que, incapacitados para pensar por su cuenta, y víctimas de la civilización del consumo, acaban comprando productos innecesarios que se nos han presentado como absolutamente necesarios. Productos que, además, han de durar poco tiempo, ser efímeros, pues el progreso exige que la carrera del desarrollo no finalice nunca. El dinero se erige así en símbolo e ídolo de una civilización. Se antepone a todo; llegado el caso, incluso al propio hombre.

     La medicina tampoco se libra del férreo análisis de Delibes, quien afirma lo siguiente: ha cumplido con su deber, pero al posponer la hora de nuestra muerte, viene a agravar, sin quererlo, los problemas de nuestra vida. ¿Va a dar para tantos la despensa? A este respecto, el autor expone su particular credo: el verdadero progresismo no estriba en un desarrollo ilimitado y competitivo, ni en fabricar cada día más cosas, ni en inventar necesidades al hombre, ni en destruir la Naturaleza, ni en sostener a un tercio de la Humanidad en el delirio del despilfarro mientras los otros dos tercios se mueren de hambre, sino en racionalizar los recursos y la técnica, facilitar el acceso de toda la comunidad a lo necesario, revitalizar los valores humanos, hoy en crisis, y establecer las relaciones Hombre-Naturaleza en un plano de concordia.

     Su ensayo finaliza con una posible solución al dilema que se nos presenta desde ya: el primer paso para cambiar la actual tendencia del desarrollo y preservar la integridad del Hombre y de la Naturaleza radica en ensanchar la conciencia moral universal por encima del dinero, la comodidad y los intereses políticos. Porque si el progreso se traduce por más tiempo en un aumento de la violencia y la incomunicación, de la autocracia y la desconfianza, de la injusticia y la prostitución de la Naturaleza, de la competitividad y del refinamiento de la tortura, de la explotación del hombre por el hombre y la exaltación del dinero, yo, gritaría ahora mismo, con el protagonista de una conocida canción americana: ¡Que paren la Tierra, quiero apearme! 

     Un mundo que agoniza, por tanto, mantiene la frescura del primer día, pero ha aumentado su trascendencia. No hace falta cumbre climática ninguna para ver la realidad del problema y sus posibles soluciones. Evidentemente, la economía prima sobre la sociedad, mucho más ahora que hace casi medio siglo, y falta voluntad política para poner rumbo al camino que nos lleve hacia un mundo sostenible. Por eso, leer a Delibes, por ejemplo, es un ejercicio muy necesario. Y además, se disfruta de uno de los genios de la literatura universal. Ahí es nada...             
  

lunes, 21 de enero de 2019

Pan. Knut Hamsun. Anagrama. 2006. Reseña





     Pan es una de las obras más conocidas del escritor noruego Knut Hamsun, Premio Nobel de Literatura en 1920. Escrita en 1894, la novela es todo un canto a la mágica naturaleza del norte de Noruega, lugar en el que se crió el joven Hamsun, donde el monótono murmullo de los árboles y piedras que tan familiares me resultan me supera, me lleno de una extraña gratitud, todo entra en comunión conmigo, se funde conmigo, amo todo. Aunque mis únicos amigos eran el bosque y la gran soledad. Y es que Thomas Glahn, el joven teniente protagonista de la historia, capaz de leer las almas de las personas que me rodean, se guía, en su solitaria vida cotidiana, por la marea, por la hierba, que se acuesta a una hora determinada, y por el canto de los pájaros y por las flores.

     En efecto, Glahn vive de y por la naturaleza. Así, afirma que el uno de junio ya estarían vedadas la perdiz blanca y la liebre, entonces pescaría y viviría de pescado. Y cada vez se le dan peor las relaciones sociales --había perdido la costumbre de tratar con la gente y de vez en cuando tuteaba a las señoritas--, por lo que comete errores que lo avergüenzan. Especialmente cuando bebe, algo a lo que tampoco es dado. Su forma de vida ermitaña y de unión panteísta con el cosmos --Pan es el dios de los bosques, y de ahí el título de la obra-- es una de las constantes de la historia desarrollada por Hamsun. La otra, sus relaciones con los demás humanos, sobre todo con las mujeres: Edvarda, su gran amor, a la que trata de enamorar por todos los medios, y Eva, con quien se entretiene mientras tanto.

     El propio Glahn es quien narra en primera persona el verano vivido dos años atrás en el poblado de Sirilund, en Nordland. En él conocerá a Edvarda, hija malcriada, independiente y caprichosa del cacique del pueblo. Entre ellos se establecerá una relación en la que será ella la que irá marcando el ritmo y el camino a seguir en cada momento. Su proximidad o su separación respecto al teniente retirado harán que este vaya enfureciendo más y más. Lo cual lo llevará a ahogar sus penas con la hija del herrero, Eva, a la cual utilizará a su antojo, exactamente igual que hace con él Edvarda. Glahn pasa a convertirse en un pelele, algo que se niega a aceptar pese a tomar conciencia de que es la realidad. Una realidad demasiado dura de aceptar por un hombre tan orgulloso como él.

     Piso terreno desconocido, y no siempre sé cómo responder a las atenciones, a veces hablo sin coherencia o permanezco mudo, y eso me apena, escribe el teniente. Y, refiriéndose a Edvarda, continúa: si ella llegara a ser mía, me convertiría en una buena persona. La serviría incansablemente, como nadie. Celoso, en un momento de indiferencia de su amada, sin embargo, llega a dispararse en el pie. Porque, poco a poco, descubre que el doctor del pueblo tiene razón: Edvarda es bastante fantasiosa, tiene una imaginación muy viva, está esperando a su príncipe... pero intente influir sobre ella y entonces ella se burlará de todos sus esfuerzos. Y eso es, milimétricamente, lo que ocurre durante la historia narrada.

     Si Edvarda es irracional y calculadora a la vez, soberbia, obstinada y orgullosa, Eva es todo lo contrario. Una pieza muy fácil de conquistar por un hombre como él. Y Glahn, tan orgulloso y obstinado como Edvarda, verá en Eva a alguien en quien ahogar las penas infringidas por su amada inalcanzable. Hasta que, al fin, sabedor de que jamás será suya, de repente, la ira me invadió y me puse a suspirar. Ya no me quedaba honor, como máximo había gozado de la gracia de Edvarda una semana, se había acabado hacía tiempo y no actuaba conforme a ello. A partir de ahora mi corazón le gritaría: ¡eres polvo, aire, tierra en el camino, Dios sea mi testigo! Y será la pobre Eva, entregada a él por completo, quien pague por ello.

     A través de los treinta y ocho capítulos que completan el relato del teniente Glahn se ven incrementadas sus dotes para vivir en plena naturaleza, apartado de la gente de Sirilund, y menguadas, por ende, sus capacidades para convivir con sus pobladores. El hombre feliz y en paz consigo mismo de las primeras páginas del relato se va convirtiendo en un amargado peligroso, capaz de herirse a sí mismo y de matar de un disparo a su perro. ¿Todo por despecho, por desamor? Probablemente no, porque del protagonista no sabemos absolutamente nada de su vida anterior. Solo conocemos sus obras del verano narrado. Cada vez nos cae peor. Y vamos presagiando que algo va a acabar mal en toda esta historia.      

     Contradiciéndose a sí mismo, mostrándonos el mar de dudas en el que vive incluso dos años después de los hechos narrados, escribe en su relato: ya no pienso en ella. ¿Por qué no iba a haberla olvidado del todo después de tanto tiempo? Soy un hombre de honor. Y si alguien me pregunta si tengo alguna pena, me apresuro a contestar que no, que no tengo pena alguna... Y despide sus escritos así: he escrito esto para pasar el rato y me he divertido cuanto he podido. No me aflige pena alguna, sólo añoro otro lugar, no sé cuál, pero algún lugar lejano, África, tal vez, o la India, porque pertenezco a los bosques y a la soledad. Algo que, en cambio, sí corrobora lo que se nos ha contado desde las primeras páginas.

     Pan es una gran novela. Pese a su longitud --escasas ciento sesenta páginas--, logra captar por completo la atención del lector. La naturaleza en general, y la humana en particular, son su centro, su corazón. Hamsun se consagró con ella --junto a Hambre, su obra predecesora-- como el magnífico escritor que fue, hasta el punto de que Thomas Mann, Henry Miller, Franz Kafka o Isaac Bashevis Singer lo reconocieron como su particular padre literario y maestro indiscutible de la literatura moderna. Y Thomas Glahn, el neurótico protagonista de sus páginas, capaz de fascinar y horripilar por igual a las mujeres, personaje huraño y soberbio donde los haya, se descuartiza y se abre en canal ante nosotros sin ningún tipo de pudor para mostrarnos cómo de salvajes podemos llegar a ser las personas. 

      

lunes, 24 de noviembre de 2014

Peligro de extinción. Jeffrey Moore. Maeva. 2012. Reseña





     El escritor y traductor canadiense Jeffrey Moore, profesor de traducción en la Universidad de su Montreal natal, aborda en su tercera novela publicada, Peligro de extinción, el espinoso y repugnable tema del negocio de la bilis de oso, comercializado, a precios astronómicos, en distintas partes del mundo. Tras publicar en más de veinte países Una cadena de rosas - premio de la Commonweath - y Los artistas de la memoria - premio de la Asociación de escritores canadienses - Maeva decidió apostar por este conmovedor thriller sobre el valor de la amistad y la crueldad humana.

     Los grandes protagonistas de la historia son Nile Nightingale, un estadounidense de 44 años que acaba de heredar grandes sumas de dinero de su recién fallecido padre - un prestigioso médico - que huye de la justicia por varios motivos que se irán descubriendo poco a poco, y llega a las montañas de Quebec en busca de refugio; y Céleste Jonquéres, una niña prodigio de 14, activista comprometida con la protección de animales en peligro de extinción, que ha intentado ser asesinada - por un sanguinario cazador furtivo y sus secuaces - por haber sido testigo de varios actos crueles.

     La relación entre la joven, salvada in extremis por el norteamericano, y éste será el hilo conductor de la trama de la novela. Nile encuentra a Céleste malherida y trata de llevarla al hospital. Pero, en pleno invierno, verá la carretera impracticable a causa de la nieve y deberá llevarla a su cabaña y tratar de sanarla de la mejor manera posible. Sus escasos conocimientos del trabajo de su padre serán suficientes para la salvación y recuperación de la chica. Pronto saldrán a la luz la madurez y gran sabiduría de ella y los problemas de él con las drogas y el alcohol, que, pese a su superación, todavía le provocan alucinaciones. Juntos, buscarán poner fin a las atrocidades de la cazadores. 

     La chica cuenta en su diario personal que la bilis de oso se utiliza sobre todo en China, como medicina - para eliminar el calor del hígado, mejorar convulsiones y espasmos, favorecer una mejor visión y limpiar el cuerpo de calores y materiales tóxicos - y como tónico y comida. Se extrae mediante un agujero en el abdomen del oso. Dicho agujero no se cierra nunca, dejando a los animales bajo seria amenaza de sufrir infecciones severas o enfermedades como tumores y cáncer. Por descontado, todo ello puede llevar a causar su muerte por peritonitis.  

     Para facilitar la extracción de su bilis los osos son encerrados en jaulas pequeñas (79x130x200 cms.), donde no pueden ni moverse, lo que les produce atrofiamiento muscular y severos daños físicos y también psicológicos. Se han dado casos incluso de intento de suicidio. Sí, sí, ¡de suicidio! Para evitarlo, sus captores les colocan chalecos de hierro para evitar que se golpeen sus estómagos. La tortura, pues, es a todas luces inhumana.

     Nile y Céleste irán aproximándose cada vez más entre sí, tejiendo una amistad que se fortalecerá a pasos agigantados. La referida amistad que irá creciendo entre ellos implicará una fe ciega y una complicidad básica para acabar con los asquerosos actos cometidos por los mismos personajes que han intentado acabar con la vida de la joven. La cuestión queda así de clara: o ellos y los animales o los asesinos. 

     Peligro de extinción hace referencia no solo a los animales en complicada situación, sino también a los principales protagonistas de la trama, únicos interesados en todas las montañas de Quebec en intentar sacar a la luz tan imperdonables actos de inhumanidad. Reflexión, compromiso y valores humanos rezuman en cada página de un libro escrito con mordacidad y apasionamiento. Una historia de redención, lucha contra la crueldad y amor por la naturaleza y todos sus componentes, desde la flora y la fauna hasta los propios humanos.

     Y sus protagonistas, sobre todo Nile, son divertidos y sabios. La introducción de sus obsesiones, manías y reflexiones en el texto hace de ello uno de los fuertes de la novela. Lenguaje directo, acidez e ironía le otorgan un toque de frescura, sonrisas y hasta alguna que otra carcajada. En suma, calidez en un contexto frío como la nieve que cubre la montaña de la portada. Por cierto, una delicia que invita a la lectura del texto del interior. 


lunes, 22 de septiembre de 2014

El viejo y el mar. Ernest Hemingway. Planeta. 1975. Reseña





     En 1935 alguien le contó a Hemingway la historia de un viejo pescador cubano que había capturado un enorme pez en alta mar y luchado denodadamente por llevarlo de regreso a la costa de La Habana. La historia fue recogida por él en un breve escrito titulado Sobre el agua azul, relato publicado en Squire en abril de 1936. No fue hasta 1951 cuando el gran escritor norteamericano se decidió a convertir aquella pequeña-gran historia en una novela corta.

     La obra narra la lucha entre el viejo Santiago, únicamente acompañado por su larga y notable experiencia como pescador y sus recuerdos de mejores tiempos ya pasados, y las fuerzas de la naturaleza en un mar infinito y salvaje. Una lucha de tú a tú entre el protagonista y el gran pez y otra desigual ante los tiburones que se disponen a devorar a la presa pese a los esfuerzos de Santiago. 

     Lo más notable de esta historia, a mi entender, es la minuciosa descripción de la psicología del viejo y, sobre todo, esa mezcla de temor y respeto de la que hace gala durante toda la acción descrita por el genial escritor de las afueras de Chicago. De entre todas las frases aparecidas en la novela me quedo con aquella que dice así: un hombre puede ser destruido, pero no derrotado. Y es que, para el bueno de Santiago, el hecho de esforzarse y no darse por vencido ni siquiera en circunstancias tan desfavorables como las que está viviendo ya constituyen una gran victoria. Sin duda, toda una lección que todos deberíamos tener en cuenta en determinados momentos de nuestras vidas.

     El protagonista echa de menos los periódicos, la radio, el béisbol y al gran Di Maggio, el mejor jugador de béisbol del momento. La soledad vivida en los días en alta mar luchando contra los elementos le lleva también a añorar la presencia de Manolín, joven adolescente que a buen seguro le habría ayudado y disfrutado a la vez en una situación límite y emocionante a la vez. En este sentido, la historia es también un ejemplo de gratitud, lealtad y amistad en el pleno sentido de la palabra. La relación Santiago-Manolín constituye uno de los puntos más emotivos de la obra por el afecto que se tienen el uno al otro.

     La novela es también una defensa de la naturaleza salvaje y sus actores principales. Tiburones, leones marinos y el mar en sí mismo no son vistos por Santiago como algo malo sino como algo natural cuyas leyes deben ser entendidas. El respeto y hasta veneración que siente por ellos el protagonista es otro de los puntos fuertes de la historia creada por Hemingway. Tanto él como los peces buscan lo mismo: luchar por la supervivencia en una naturaleza que, como siempre, se muestra bestial, cruel y selectiva.

     Además, podemos enlazar los sentimientos de protagonista y autor en cuanto al deseo de soledad. El individualismo de Santiago en la acción narrada se puede relacionar con el del propio Hemingway. De hecho, en la época en que escribió esta novela uno de sus deseos era estar solo para poder escribir. Así, cuando fue premiado con el Nobel en 1954 - solo un año después de ganar el Pulitzer con El viejo y el mar, publicado en 1952 - no asistió al acto de entrega ni dio entrevistas aduciendo que por supuesto que estoy orgulloso por el premio, pero no quiero ganar un premio si eso significa que no me van a dejar escribir un libro.

     Volvamos al tema de la lucha continua y el no rendirse jamás. La más clara demostración de que ello constituye en sí una victoria es el hecho de que el viejo no piensa en ningún momento en soltar a su presa. Solo ello explica que llegue a La Habana con una enorme espina desnuda amarrada a su barca. Lo cual le permite exhibir con orgullo la magnitud de la pieza capturada. Aspecto que nos lleva, además, a la necesidad que las personas tenemos de que se nos reconozcan los esfuerzos realizados, sea cual sea el resultado obtenido. En efecto, Santiago es casi destruido, pero no derrotado por el enorme pez y los tiburones.

     El gran éxito de la novela conllevó casi de inmediato la firma de un contrato para llevarla a la gran pantalla. En 1958 John Sturges dirigió un film protagonizado por Spencer Tracy, gran amigo personal de Hemingway. Y en 1990 se realizó otra versión de la mano del director Jud Taylor y del también genial actor Anthony Quinn. Ambas películas son fieles a la historia escrita por Hemingway. Las tres  - la novela y los films - son auténticas joyas para disfrutar de una historia cotidiana y a la vez increíble.   
         

jueves, 9 de enero de 2014

Intemperie. Jesús Carrasco. Seix Barral. 2013. Reseña





     Un par de personajes y una buena historia. Son las únicas cosas necesarias para escribir una gran novela. Parece fácil, ¿verdad? Y, sin embargo, no lo es. En absoluto. Si lo fuera, todo el mundo sería escritor. No, la realidad es mucho más complicada que todo esto. Lo que se necesita, ante todo, es ser un buen "juntaletras", un buen "expresador" de sentimientos, un buen descriptor de personajes, ambientes y objetos. Un gran escritor, vamos.

     Y, aún así, sigue siendo harto difícil conseguir construir una gran novela. Para ello, se requiere poseer un basto bagaje cultural y léxico, una maestría para saber cambiar el ritmo y el tono de la narración en cada escena, en cada situación. Señoras y señores: ante ustedes, Jesús Carrasco, escritor extremeño (Badajoz, 1972) afincado en Sevilla que, con "Intemperie", su primera novela, ha hecho que servidor se emocione leyendo una historia sencilla pero magníficamente construida y magistralmente escrita.

     Elena Ramírez, de Seix Barral, dice de él en la solapa interior de la novela, entre otras cosas, que tiene "la riqueza de Miguel Delibes". Estas palabras podrían entenderse como una  forma de márketing, de querer vender bien a un escritor hasta ahora desconocido. Pero yo, que nada tengo que ver con la editorial ni con el autor, no puedo estar más de acuerdo con las palabras de Ramírez. "Intemperie" bebe directamente de "Los santos inocentes" del genio vallisoletano. 

     Su riqueza léxica (recomiendo leer la novela con un diccionario a mano), sus grandes dosis de realismo, su alto valor descriptivo (de personajes, ambientes y objetos) y el hecho de que los diálogos entre los personajes sean los justos otorgan a la obra una originalidad extraordinaria en los tiempos que corren. Por todo ello, esta genialidad merece, desde ya mismo, ser elevada a la categoría de clásico de la literatura nacional.

     Y, por si todo lo anteriormente reseñado fuera poco, "Intemperie" constituye todo un manual de supervivencia en el campo y el desierto y del oficio del pastoreo; un compendio de, a la vez, todo el esplendor y la peligrosidad de una naturaleza cambiante que emociona pero que también puede matar; y una honda reflexión sobre la condición humana, de las buenas y de las malas personas.

     Una novela atemporal y ageográfica en la que no conocemos los nombres de los lugares ni de los personajes pero sí su naturaleza, su modo de vivir la vida y cómo se relacionan con el medio que los rodea. Que combina la violencia con la solidaridad, la codicia con la bondad, la malicia con la entrega a los demás. Un cruce de caminos entre dos personajes muy diferentes, pero a la vez parecidos, cuyas vidas ya no serán igual. 

     Una historia emocionante, íntima y psicológica. Dura, muy dura. Un fiel relato de la "España profunda" (¿probablemente de principios del sigo pasado?), con interesantes flash-backs que hacen entendibles los comportamientos de los personajes (sobre todo, del joven y del alguacil) y con algunos cambios de ritmo que nos hacen vibrar y no nos dejan cerrar el libro.

     Y, dentro de ese ambiente agobiante, tanto por el medio hostil como por la situación que viven el cabrero y el joven ante la persecución del alguacil y sus hombres, un sentimiento cristiano que no deja de asombrarnos. Entierros, cruces, promesas y un intento de evitar que los cadáveres sean pasto de los carroñeros.

     Parece fácil, pero no lo es. Y si Jesús Carrasco ha logrado esta obra maestra en su debut literario, ¿qué podemos esperar de él en el futuro? El tiempo lo dirá. Pero es un autor a seguir muy de cerca. Sin duda.