LIBROS

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jueves, 16 de mayo de 2019

#PonLosVerdes el 26M en Gandia





     El próximo domingo 26 de mayo los gandienses decidirán cuál ha de ser su gobierno durante los cuatro años que están por venir. Habrá ocho candidaturas --cuatro de derechas (el PP del imputado Víctor Soler, Ciudadanos y su escisión Demòcrates Valencians y el partido ultraderechista Vox) y otras cuatro de izquierdas (PSOE, Compromís Més Gandia Unida, Podemos y Els Verds)--, entre las cuales los ciudadanos deberán elegir a los veinticinco concejales que conformarán el nuevo ayuntamiento. Els Verds de Gandia han apostado por una candidatura abierta a la ciudadanía en la que encontramos a candidatos que representan a muchos de los diferentes sectores de la ciudad.  

     Joan Francesc Peris será su candidato a la alcaldía. Otra vez Peris, se ha criticado desde algunos de los restantes partidos que concurren a los comicios. Otros partidos en los que, por cierto, hay varios candidatos que llevan en el ayuntamiento entre veinte y treinta años. Muchos más que el candidato ecologista. Además, estos partidos olvidan que son los miembros de cada partido --y no los competidores o rivales-- quienes eligen a su máximo representante con total libertad e independencia. Faltaría más, ¿verdad? 

     También se le ha criticado a la dirección del partido el hecho de no ser unitarios, en referencia a su no inclusión en la candidatura formada por Compromís, Esquerra Unida y Esquerra Republicana de Catalunya. Una coalición en la que tampoco está Podemos y a la que nunca se invitó a entrar a Els Verds, ni hace cuatro años ni ahora. Además, varios de los partidos que la conforman no se han dirigido a los ecologistas durante estos cuatro años y realmente no ha habido ninguna propuesta concreta para integrar en ella a Els Verds. Sobre el PSOE debo decir una cosa: que critique a alguien por no ser unitario es digno de ser respondido con una amplia sonrisa. Como mínimo. Ellos, que no ofrecen nada a nadie y que pretenden que los demás batallen para luego investir a su candidato/a, olvidando por completo aquello de que la tierra es de quien la trabaja

     Els Verds, en cambio, saben que entrar ahora en una coalición que se formó hace cuatro años significa dar por buenos todos los actos realizados por esta durante dicho período de tiempo. Máxime cuando ha formado parte muy activa del gobierno de la ciudad. Lo cual supone, por tanto, un silencio cómplice ante temas tan importantes como las injusticias sociales, las carencias políticas o los incumplimientos de anteriores promesas electorales. Algo a lo que alguien honesto y digno jamás se prestaría. Por contra, Els Verds se muestran muy críticos con el actual gobierno gandiense.

     Los ecologistas, acompañados por los animalistas --la número dos de la lista es la profesora Rosa Tormos--, uno de los sectores más perjudicados por el gobierno de los últimos cuatro años, ven incomprensible que la gestión de recogida de animales abandonados haya sido adjudicada a una empresa privada en detrimento de SPAMA, la protectora comarcal. Asimismo, critican que no se haya encontrado una solución para la playa-can, servicio del que finalmente carecerá la playa gandiense durante la próxima temporada estival, con el perjuicio turístico consiguiente. La propia falta de dinamización turística y económica es otro de los aspectos que cabe mejorar a partir del 26M.

     Els Verds denuncian que la tarifa del agua potable no haya bajado en 8 euros mensuales desde el 2015, tal y como correspondía. El aumento de la tarifa era en principio transitoria durante diez años (2005-2015) con la finalidad de pagar las dos plantas potabilizadoras que garantizan que la ciudad cuente con una de las mejores aguas potables del país. Los 55 millones del canon recibidos por el ayuntamiento en el momento de la concesión no se gastaron, además, en lo que se debía --mejora de la red de distribución del agua, disminución de las pérdidas, eliminación del fibrocemento o finalización de los depósitos contra inundaciones en la playa--, sino en la cuenta general. Es decir, en el funesto crucero del quinto centenario y en demás dudosas partidas.

     La urbanización de los terrenos de Sancho Llop --donde se ubica el nuevo hospital comarcal-- constituye, para Els Verds, un auténtico escándalo. Tras años y años de agónico y doloroso proceso urbanizador para los propietarios de la zona, este ha sido recuperado por el ayuntamiento, sin que haya quedado claro en absoluto qué va a pasar, cómo se va a solucionar el problema o qué responsabilidades se van a pedir a la empresa urbanizadora apartada del proceso y al resto de los agentes implicados (incluido el propio ayuntamiento).

     Otro de los grandes escándalos de los últimos cuatro años es el de la zona azul (ORA). Esta ha sido casi duplicada, su horario ampliado y su precio subido sin ni siquiera modificarse su Ordenanza fiscal. Así, se han pintado de azul calles sin justificación y no se han borrado otras que ya no requieren de esta medida (como la zona comprendida alrededor del viejo hospital). Además, no se han cumplido las promesas gubernamentales de febrero de 2018 respecto a las bonificaciones en el precio a los residentes de dichas zonas.

     Pese a la más que gravosa carga impositiva a la que el gobierno saliente ha sometido a la ciudadanía --entre la que encontramos a siete mil parados (la mitad de ellos sin cobrar ningún subsidio ni ayuda, por cierto)--, todavía no se han iniciado las necesarias obras ni rehabilitaciones de colegios e institutos públicos de la ciudad. Tampoco se ha visto al gobierno muy interesado en crear empleo, apoyar al maltrecho sector agrícola y exigir mejoras como el tren Gandia-Denia, la duplicación de la vía en el tramo Gandia-Cullera o la desaparición del peaje de la autopista AP-7. 

     Por no hablar de otras promesas incumplidas: Gandia no ha sido reintegrada en la Mancomunidad de Municipios de La Safor, de la que es capital; en los terrenos del viejo hospital no se va a ubicar finalmente un Hospital de Crónicos; de la reforma de la Carta de Participación Ciudadana no se sabe nada de nada; tampoco del cumplimiento del artículo 103 de la Constitución de mérito y capacidad, que garantizaría la no profesionalización de los cargos públicos y la no creación de muchos puestos de trabajo de designación directamente partidista (los conocidos enchufados, para mejor comprensión). 

     Por todo ello, Els Verds no ven que Gandia brille ni funcione como debería. Más bien al contrario. Así, piden a la ciudadanía una honda reflexión a la hora de acudir a votar el 26M, dejando de lado los pretendidos votos útiles, que muy a menudo acaban siendo estériles, y valorando los programas de los partidos, sus hechos --tanto por acción (lo hecho durante estos cuatro últimos años por el gobierno y la oposición) como por omisión (promesas incumplidas)-- y sus propuestas. Así que: si eres ecologista, progresista y animalista y te interesan temas como la justicia social, la economía sostenible, el fomento del turismo o el correcto funcionamiento interno del ayuntamiento, esta es tu papeleta para las elecciones municipales del 26M... #PonLosVerdes.  
                         
                                  



lunes, 29 de abril de 2019

28A: España dice NO al fascismo





     La imagen que ilustra las siguientes reflexiones es muy significativa. El pueblo español, que habló alto y claro ayer, parece haberla asumido hasta las últimas consecuencias. Y lo ha hecho como es debido: de forma democrática. Votando y botando del gobierno de este país a quienes han hecho del discurso del odio y del miedo su particular bandera. Así es como se combate al enemigo en democracia. Quizás, visto lo visto, este país todavía tenga arreglo. Aunque habrá que esperar para ver qué gobierno se forma a partir de las negociaciones que desde anoche mismo están ya en marcha. Sin prisa pero sin pausa. Pero una cosa está clara: gracias a la amplia movilización de los votantes de izquierda y al denominado voto útil antifascista, gobernará Pedro Sánchez, y los fascistas estarán en la oposición. Una oposición que amenaza con seguir agitando sus banderas en aras de una mayor crispación.  

     El PP obtuvo anoche su peor resultado histórico con gran diferencia --4,3 millones de votos, el 16,7% del total y tan solo 66 escaños--, puesto que la antigua Alianza Popular de Fraga jamás contó menos papeletas. El liderazgo de Casado queda en tela de juicio a las primeras de cambio y, según sus propios tesoreros, las cuentas del partido están tan poco claras que quizás haya de venderse la sede central de la calle Génova. Casi nada. Los populares solo han ganado en cuatro provincias, han desaparecido del País Vasco (Javier Maroto, jefe de campaña, se ha quedado fuera del Congreso), solo cuentan con un escaño en Cataluña (el de Cayetana Álvarez de Toledo) y han quedado emparedados, como si de un sándwich se tratara, entre VOX por la derecha y Cs por el centro. Aunque no está muerto --no vendamos la piel del oso todavía--, ni mucho menos, su futuro político se presenta muy complicado. Sobre todo, económicamente.

     Ciudadanos ha estado a punto de arrebatar a los populares el liderazgo de la derecha española. Sus 4,1 millones de votos, sus 57 escaños y su 15,9% del total de los sufragios --a tan solo 0,8 puntos del PP-- hacen de Rivera el segundo gran ganador de la noche electoral. Y eso que las últimas encuestas no le daban tan buen resultado. Suma 25 escaños a los 32 que ya tenía, resiste el embate de VOX, que por momentos parecía incluso con opciones de superarle, y se afianza con claridad como probable sucesor del PP como principal partido de la oposición al gobierno socialista. Eso sí, analizando los resultados, puede que los miembros de la dirección del partido se muerdan las uñas de manos y hasta de pies, puesto que si en lugar de escorarse hacia la derecha y colocar el cordón sanitario al PSOE de Sánchez, dejándole el centro en exclusividad a los socialistas --otra de las claves de estos resultados, sin duda--, hubieran optado por seguir en el centro, podrían haber recogido una cosecha mucho mayor todavía.

     Capítulo aparte merece VOX. La formación de Abascal, viendo la situación actual del país y sabiendo lo que consiguió hace tres años Podemos (73 escaños partiendo desde cero), pensó que podía repetir el éxito de los morados. Pero ni VOX es Podemos ni Abascal es Iglesias. Podemos estuvo a punto de superar entonces al PSOE, sin embargo, VOX se ha quedado a años luz de Cs y PP. Sus 24 escaños le apartan de sus notables aspiraciones iniciales, pero muy mal haremos todos si seguimos despreciándolos. Su presencia en el Congreso es un paso atrás para todos los demócratas, y 24 diputados es un cifra que debemos poner en valor. Con el PP en caída libre, VOX tiene mucho margen para seguir creciendo. Demasiado. Y la izquierda deberá gobernar bien estos cuatro años para conseguir mantener la movilización de sus votantes. Porque si esta baja, VOX crecerá de forma imparable en 2023, tal y como sucedió en Andalucía. Y eso sí sería una noticia trágica para España.
     
     La fragmentación de la derecha, la movilización izquierdista contra la amenaza fascista y el voto útil han aupado al gobierno a los socialistas. El PSOE recupera votos y escaños, pero está por ver si consigue lo mismo con el crédito político perdido durante los últimos años. No podrá gobernar en solitario, por lo que deberá elegir con quién pactar o aliarse. Así, Sánchez, presionado ya por el IBEX35, FAES, los propios barones de su partido, la banca y demás poderes fácticos, deberá elegir entre el conservadurismo junto a Cs o el progresismo junto a Podemos. Dependiendo de su decisión, nos encontraremos ante un acto de cobardía y traición hacia sus propios militantes --que le votaron como secretario general y que anoche le gritaron aquello de Con Rivera no y Sí se puede-- y hacia Podemos --que organizó junto a él la moción de censura que eliminó políticamente a Rajoy y le dio la presidencia-- o, al contrario, ante un doble acto de valentía y agradecimiento hacia ellos --militantes y Podemos--, exactamente por los motivos ya reseñados.

     Podemos ha obtenido 3,7 millones de votos, 42 escaños y el 14,3% de los votos totales. Ha perdido, pues, casi millón y medio de votos y 29 escaños. Tras el PP, es el segundo gran perdedor de estas elecciones. No obstante, en ocasiones, menos es más. Los 73 escaños de la anterior legislatura lo dejaron fuera del gobierno, pero sus 42 actuales pueden acercarle a él. Pese a contar con la mitad de votos y la tercera parte de escaños que el PSOE, se sitúa como la muleta más recomendable del gobierno socialista según sus propios militantes. Iglesias, que tras su paternidad --la cual, por cierto, parece haberle sentado de maravilla--, se está mostrando más precavido, tranquilo, sosegado, ha evitado mediante una gran campaña lo que perfectamente podría haber sido una verdadera catástrofe para él y su partido. Se le ve más errejoniano en algunos aspectos, mucho más hombre de estado, lo cual le puede venir muy bien a la formación morada.

     Sigo con Podemos. Varios factores explican su caída electoral. A saber: sus errores propios y batallas internas; el Watergate contra ellos ejercido por las cloacas del Estado --no me cansaré jamás de decirlo y de repetirlo las veces que haga falta: es una auténtica vergüenza y una enorme anormalidad democrática que el resto de los partidos políticos de este país, especialmente el PSOE, hayan guardado silencio ante una trama criminal-política-policial-mediática de semejante envergadura para impedir que un partido político pueda llegar al poder--; el ya mencionado voto útil contra el fascismo; y la no continuación de la política de las conocidas confluencias, que tan bien funcionaron en 2015 y 2016 y que inexplicablemente no se han renovado en esta ocasión (salvo la excepción catalana de En Comú Podem). 

     Este último aspecto requiere una mayor atención, pues es muy llamativo en mi humilde opinión. En Marea ha obtenido 17 mil votos en Galicia, perdiendo sus cinco escaños; Compromís ha sumado 172 mil papeletas, perdiendo tres de sus cuatro escaños (solo Baldoví repetirá como diputado); PACMA --cuya confluencia con los morados llegó a sonar en un momento dado-- no ha conseguido representación parlamentaria pese a sumar 325 mil votos. En total, un solo diputado (Baldoví) con más de medio millón de votos tirados a la basura. Con esa cantidad de votos, Podemos habría llegado hasta los 4,2 millones, y habría estado junto a PP (4,3) y Cs (4,1), luchando por ser segundos o terceros en estas elecciones. Aún así, Podemos sigue siendo el principal baluarte del verdadero progresismo, puesto que sin él, el timón del PSOE puede volver a desviarse hacia el centro o el centro-derecha.

     En definitiva: el fascismo ha sido derrotado, al menos por el momento, y corresponde al PSOE elegir entre una política conservadora u otra progresista durante los cuatro años de una legislatura que se nos antoja la más crispada de la historia: con 24 diputados de extrema derecha; con una derecha más radicalizada que nunca; con los nacionalismos catalán y vasco claramente al alza --PNV sube de 5 a 6 escaños; Bildu, de 2 a 4; ERC, de 9 a 15; y JXCat mantiene sus 7 escaños--; y con una convivencia parlamentaria que puede ser más que complicada. Así las cosas, que Sánchez tenga mayor o menor valentía marcará claramente la agenda política durante los próximos años.                               


viernes, 26 de abril de 2019

El fotógrafo de Mauthausen. Salva Rubio, Pedro J. Colombo y Aintzane Landa. Norma Editorial. 2018. Reseña





     Norma Editorial lanzó el pasado año la novela gráfica El fotógrafo de Mauthausen sobre el guión del escritor, guionista e historiador especializado en proyectos de tipo histórico Salva Rubio y los dibujos y coloreados del matrimonio formado por Pedro J. Colombo y Aintzane Landa. La obra narra las proezas realizadas por Francisco Boix, un joven fotógrafo español que sobrevivió en primera instancia al horror nazi en el campo de concentración de Mauthausen --falleció en 1951, seis años después de la liberación del campo a causa de una enfermedad que lo hirió de muerte durante su estancia en él-- entre el 27 de enero de 1941 y el 5 de mayo de 1945. En total, cuatro años, tres meses y diez días. Toda una eternidad teniendo en cuenta el modo de vida --y de muerte-- del temible escenario de sus gestas.

     Tras huir a Francia al finalizar la Guerra Civil Española, Boix, al igual que miles de sus compatriotas españoles, decidió seguir combatiendo al fascismo en la Segunda Guerra Mundial. Fue detenido en Francia y llevado en tren, en condiciones inhumanas --centenares de personas llegaron muertas a su destino--, a Mauthausen. Ser enviado allí era prácticamente lo mismo que una condena de muerte en vida. No obstante, tuvo la suerte (también desgracia) de cruzarse en el camino del comandante Ricken, un perverso esteta nazi al que le complacía fotografiar el horror del exterminio. Boix se convirtió muy pronto en su principal ayudante, mejorando sus condiciones de vida y también sus posibilidades de sobrevivir al campo.

     Francisco Boix, catalán y socialista para más señas, entendió de inmediato que tenía ante sí una gran oportunidad para dejar un valiosísimo testimonio de lo que allí estaba aconteciendo. Así, decidió, poniendo en riesgo su vida y la de varios reclusos más, que debía sacar del campo la mayor cantidad de fotos posible para asegurarse de que el mundo algún día conociera las barbaridades de Mauthausen. Para ello, se rodeó de gente de su entera confianza --algunos perdieron la vida, por desgracia-- que le ayudó a poner el material bajo buen recaudo. Todo ello para que la verdad venciera a la barbarie y a la manipulación. El comandante Ricken, sin quererlo --seguramente pensó que los alemanes iban a ganar la guerra y que todo estaba bajo control--, le puso en bandeja tan peligrosa tarea.

     Había mil formas de morir en Mauthausen: frío, cansancio, inanición, enfermedades de todo tipo, suicidio, accidentes de trabajo, asesinato, etc. Las fotografías tomadas por Ricken y el propio Boix nos dejaron muy buenos testimonios de todo ello. Y, de paso, hicieron de Boix un personaje que pervivirá para siempre como gran ejemplo de valentía, organización y lucha por la verdad y por la justicia. Porque Mauthausen fue un lugar en el que para lograr sobrevivir por más tiempo uno debía tratar de pasar lo más desapercibido posible, hacerse casi invisible a los ojos de los nazis y, sobre todo, tener suerte. Y todo ello pasaba por hacer lo que se le pedía, no llamar la atención y, ante todo, no meterse en ningún lío. Y Boix, sin dudarlo, se metió en uno. Y bien gordo.

     Lo que más nos llama la atención al leer El fotógrafo de Mauthausen es el excelente trabajo de documentación realizado por el guionista Salva Rubio --quien demuestra no haber escatimado tiempo ni esfuerzo a la hora de abordar el tema para que el resultado final fuera una obra de gran claridad que se hace absolutamente creíble y convincente a los ojos del lector--, el cual queda patente --y es digno de ser agradecido-- a través del dossier histórico de casi sesenta páginas que acompaña a la novela gráfica. En él aparecen documentos históricos, escritos de historiadores y supervivientes del campo y grabados, dibujos y fotos del campo, del propio Boix, de reclusos conocidos y desconocidos, de viles asesinatos y de las formas de vida en uno de los mayores campos de muerte nazi.

     En el referido dossier encontramos importantes informaciones y documentos sobre la llegada de los españoles al campo, sobre cómo vivían los reclusos del mismo, sobre las fotos del comandante Ricken, sobre cómo Boix organizó y perpetró el robo de las fotos y su salida del campo hacia un lugar más seguro, sobre la visita de Himmler, sobre la liberación del campo por parte de las tropas norteamericanas, sobre el exilio parisino del fotógrafo --aspecto este que no por ser menos conocido deja de ser realmente horrible-- y sobre sus testimonios en los conocidos juicios de Nuremberg contra los líderes del nacionalsocialismo --Boix fue el único testigo español en los referidos procesos--. En definitiva, un dossier que hará las delicias de los más curiosos, los que desean ahondar en la Historia.

     Y si nos hemos hecho eco del guión y de la documentación histórica no podemos dejar de lado los dibujos. Sin ser espectaculares --quizás la historia narrada no necesitaba de mayores alardes-- resultan explícitos y definitorios. De predominantes colores oscuros --¿qué otras tonalidades podrían acompañar la narración de un episodio de la historia tan trágico?--, cumplen perfectamente con su función: la de que vale más una imagen que mil palabras. Porque ese es el fin último de una buena novela gráfica: explicar con unas pocas imágenes lo que necesitaría de muchas páginas de texto explicativo. Y de lo que no cabe duda alguna es de que El fotógrafo de Mauthausen es una muy buena novela gráfica. Digna de ser recomendada desde este blog.

     Despido esta reseña con las siguientes palabras de Salva Rubio como justificación de la obra: Nuestra intención es contar la historia de lo que ocurrió en Mauthausen hasta que todo el mundo la conozca. De otra forma, los supervivientes y sus descendientes vivirán el mismo destino que los deportados, a la vez españoles y apátridas, como atestiguaba la "S" sobre un triángulo azul: mientras otras nacionalidades pudieron volver a sus países a disfrutar de su libertad, los españoles quedaron exiliados, sin lugar a donde ir, abandonados por los gobernantes y sin obtener la compensación u honores que merecen por luchar por la libertad de la que ahora disfrutamos. Así que mientras tengamos voz, contaremos su historia.          

jueves, 18 de abril de 2019

Trampantojo. Marina Lomar. Ediciones Babylon. 2019. Reseña





     Marina Lomar, Doctora en Cultura y Literatura Francófona, profesora en la Universitat Jaume I de Castellón y articulista, ensayista y autora de relatos, ha dado el salto a la novela este 2019 de la mano de Ediciones Babylon (Ontinyent) con su primer trabajo como narradora, Trampantojo. Una novela en la que, como su título indica, nada ni nadie es lo que parece. Una historia de superación personal y de hacer frente a la soledad a la que, en definitiva, nos vemos abocados en determinados momentos de nuestra existencia. En el mundo actual, en efecto, casi todo el mundo vuelca sus intenciones a tratar de aparentar lo que no es y en ocultar la realidad de sus vidas. Sobre todo en unas redes sociales que, muy a menudo, más que unir socialmente crean mundos paralelos en los que dominan las apariencias. 

     Un Café Literario --claro guiño a Bibliocafé--, regentado por Andrea y Carla, es el nexo de unión de las historias personales de cuatro mujeres --las dos referidas y sus amigas Paula y Elda-- que ocupan las 180 páginas de la novela. Andrea es la protagonista principal. Divorciada de Paco, vive con su hija Gisela y su nueva pareja, Andrés. La relación entre hija y padrastro no es nada buena, lo cual redunda en la familia recién creada. Andrea se empeña en hacer ver a sus amigas (y también a sí misma) que es feliz, pero no lo es. Andrés es un mujeriego y Andrea, aunque quiere creer que no está siendo engañada, tampoco puede poner la mano en el fuego por su pareja. La relación entre ellos parece resquebrajarse por momentos y Gisela disfruta de ello.

     Carla, su socia en el Café Literario, y una década mayor que Andrea y Paula, ha estado durante años cuidando de su esposo, Evaristo, gravemente enfermo. Tampoco era una relación sana la suya, y la muerte de su marido se le presenta como una oportunidad para iniciar una nueva vida. Parece anquilosada, amargada y aburrida, pero vive una tórrida aventura sexual muy peculiar con un extraño hombre que esconde su verdadera identidad tras un bigote postizo y una gabardina. Por supuesto, Carla guarda su secreto a los ojos de sus amigas. Hasta que Andrea observa cosas extrañas y la realidad cae por su propio peso y es ya tan evidente que ha de hacer frente a su situación y confiar en ellas a pesar de los pesares.

     Paula también está en los cuarenta. Es pintora, da clases en academias y busca en los chats a alguien con quien acabar con su soledad --para mí, la soledad y el miedo a padecerla es uno de los hilos conductores de la trama de la novela--. Junto a Andrea, acude al Centro Benéfico a un curso de cocina afrodisíaca que imparte Mara, una belleza de persona que pronto hará amistad con ellas y se sumará al grupo de protagonistas. El gerente del mismo, Álvaro, el típico galán que se encapricha de Andrea y cree que puede seducirla con facilidad, contribuye a que la imagen de los hombres en general no salga muy bien parada en este conjunto de historias. Suerte que Graham, profesor de Gisela, mantiene alto el pabellón masculino.  

     Elda es la más jóven de las protagonistas. Tiene treinta años, echa de menos a una antigua pareja con la que no tuvo un final feliz, es una buena traductora de textos y busca pareja hasta debajo de las piedras. Curiosamente, siempre se fija en hombres casados o con pareja. Relaciones imposibles o casi imposibles que no la conducen por el buen camino. Hasta que establece una relación, también extra familiar, que amenaza seriamente la estabilidad de la joven. Y del mundo tal y como está construido en esa etapa de su vida. Como ha quedado dicho más arriba, de nuevo el miedo a la soledad es capaz de crear estragos en la vida de las personas. Algo solo superado por la infidelidad como aspecto generador de sufrimiento humano.

     Las escenas desarrolladas en la Albufera de Valencia, el Oceanográfico, el Bioparc y ese Café Literario que bien podría llamarse Bibliocafé nos sitúan la historia en la capital valenciana. Además, las cinco partes en que divide la historia transcurren entre un indeterminado mes de octubre de un año y el julio siguiente. Los diálogos son directos y correctos, dando en ocasiones la información necesaria que no aparece en la narración. Una narración, por cierto, que en ocasiones está cerca de la prosa poética y que explica las sentimientos y las sensaciones de las protagonistas con una gran sensibilidad. Y es que a veces la poesía puede salvarnos de los golpes más fuertes. Algo que la autora parece conocer y saber transmitir con maestría.

     El diario de Gisela, hija de Andrea, con el que se inicia la novela, mantiene a través de la lectura de Andrea un aura de misterio que dura hasta sus últimas páginas. ¿Es real todo lo descrito en él? ¿Es una invención? Andrea se debate, junto a sus amigas, en torno a un par de encrucijadas de difícil resolución: creer o no lo leído en ese diario y determinar si es ético o no leer unos escritos privados. El lector puede ir estableciendo sus criterios en relación a estos temas e ir montando las piezas del rompecabezas en que se convierte la información que va apareciendo en el diario. Eso sí, debe estar muy atento a cada detalle, pues a menudo algún aspecto puede parecer poco importante y acabar estallándole en la cara más adelante.

     Trampantojo es una novela ágil, bien estructurada y montada, narrada de forma detallista y real a través de unos personajes que lo son a causa de sus bondades y sus defectos, sus fortalezas y sus debilidades. Una novela de soledades compartidas y de sentimientos y emociones cotidianos que podrían corresponder a las vidas de todos los lectores. Una novela de gran profundidad psicológica que nos hace reflexionar sobre nuestras propias vidas. Porque qué fácil resulta siempre ver la paja en el ojo ajeno, y cuánto nos cuesta juzgarnos a nosotros mismos. Quizá por ello recurramos a ese trampantojo particular del que tan bien nos habla Marina en esta novela de debut que hace presagiar otras y más exitosas todavía.                    

   

sábado, 30 de marzo de 2019

España. Manuel Vilas. Alfaguara. 2008. Reseña





     A finales de 2018, justo diez años después de su primera publicación y aprovechando el más que merecido éxito de su última novela, Ordesa, la editorial Alfaguara relanzó España. Una novela de relatos, elucubraciones, visiones y recuerdos en la que el escritor de Barbastro Manuel Vilas realiza un espectacular ejercicio de construcción de un país en el que sentirse más a gusto, con él y consigo mismo. Porque, como el propio autor reconoce en las primeras páginas, recuerdo que titulé así esta novela, con título tan temerario, porque me parecía que la palabra más incómoda y casi maldita que existe en mi país es precisamente el nombre de mi país. Me parecía que ya solo ese hecho objetivo merecía un libro. Merecía una comedia, una celebración, un suspiro y un beso misterioso.

     Vilas escribió esta novela en un momento de su vida, poco después de cumplir los cuarenta años de edad y de perder a su padre, en el que ansiaba romper con las convenciones y la injusticia y buscar la libertad. Para ello se inventó una manera diferente de estar en este país, creando desde la nada un libro en el que la imaginación y el delirio campan a sus anchas. Lo consiguió, pues hay diferentes momentos de la novela que nos recuerdan al más puro surrealismo. Y también al vanguardismo. Porque lo que encontramos en España es una mezcla de Kafka, Frankenstein, Patti Smith, los poetas de la generación del 27, Bob Dylan y varios Manuel Vilas. Y es que el propio autor se convierte en personaje en varios fragmentos del libro.

     Vilas asimiló entre 2002 y 2007 que todo lo que yo era, había sido y sería formaba parte de un tiempo concreto, una sociedad y una identidad cultural. Me di cuenta de que mi vida era un suceso insignificante que ocurría dentro del descomunal, anónimo y terrible océano de la Historia. Sin duda, la España de esa época no le gustó --probablemente la actual todavía le debe gustar mucho menos--, y emergió desde su interior un fuerte espíritu de rebeldía. Su corazón le dictó una España diferente, y también un mundo diferente, pariendo esta nueva España que encontramos en las doscientas páginas que componen la novela. Un país en el que, por ejemplo, un padre no haya de sufrir por el maltrato laboral al que está siendo sometido su hijo.

     El ser humano olvida la verdad; hay que repetirla; por triste que sea, la conciencia humana se entrega enseguida a la mentira o al olvido, que son lo mismo, afirma Vilas en referencia al canterismo y a la tecnología moral de la repetición. Por eso hay que repetir aquello de un te quiero, una caricia y un adiós. Porque la maldad existe. Y un crítico literario puede cargarse la carrera de un gran escritor a base no de criticar sus trabajos sino de simplemente ignorarlos. Lo peor no es una crítica negativa, sino no ser nombrado y, por tanto, no existir. Y la música y la literatura juegan un papel excepcional en la vida y obra de Manuel Vilas, convirtiéndose en formas de lucha contra la locura y la desesperación. Por eso, España está llena de poetas, narradores y músicos. 

     Max Brod, amigo de Kafka, salvó sus tres novelas póstumas --El proceso, América y El castillo-- huyendo de Praga la noche anterior a la llegada de los nazis, que asesinaron a las tres hermanas del famoso escritor. El pintor zaragozano Víctor Mira se suicidó en unas vías de tren en Alemania, harto de tanto Mal, el tema central de sus pinturas. El escritor Valle-Inclán creyó que España era el infierno cómico que Dante no supo escribir. Un injustamente condenado a muerte por electrocución afirmó que no me importa la muerte, sino la condena. Me importa que no quieran que viva. Me duele que haya gente que quiera la aniquilación de mi pensamiento. La injusticia, en suma, es uno de los temas de la novela. 

     En ella aparecen también las ideas del desarraigo y de los desfavorecidos. Y vemos a hombres que se suicidan en lugar de simplemente divorciarse, catedráticos que lo dejan todo para irse a las misiones, amantes que cambian a su amante por otra, pequeñoburgueses que se presentan a las tres de la mañana en pisos cochambrosos de las afueras pidiendo un talego de costo, políticos sin voluntad de transformación histórica, literatos que se mueren de hambre --literatura y hambre en España son lo mismo-- y terroristas metidos a jueces que discuten entre sí sobre si conviene o no ejecutar a su joven e inocente rehén --deberíamos matar a obispos y senadores y ministros y generales y al rey de España..., pero no hay huevos, solo tenemos huevos para matar a estos desgraciados, que encima son clase obrera--. Desarraigo, Mal, injusticia, de nuevo.

     Pero no podemos olvidar la política. Es el otro gran tema de España. Hay sitio para Aznar y Zapatero, por ejemplo. Y, ciertamente, no salen muy bien parados en estas páginas. Mejor les va a Fidel Castro y al Che Guevara. Así, Vilas da voz a Fidel para decir palabras como estas: Ernesto es nuestra forma de estar en la Historia. Y nadie quiere que estemos en la Historia. El Che es el cuerpo y la sangre de América Latina. Hemos existido gracias a Ernesto y a la Revolución cubana. No nos dejaron otra forma de existencia. ¿Por qué nos han odiado y robado tanto? ¿Por qué nos han condenado a la pobreza? ¿Quién les dio el derecho ?¿Dónde se obtiene ese derecho? ¿Por qué callan España y Europa?

     España es una novela muy arriesgada. Para poder escribir algo así, el autor debe ser plenamente consciente de cuáles son sus intenciones. Y queda claro que las intenciones de Vilas a la hora de planear estas páginas eran la originalidad, la imaginación llevada hasta el mismo delirio, la libertad y un total desprejuicio. El autor se nos muestra brillante, lúcido, crítico y también ameno. Algo fuera del alcance de la mayoría de los escritores actuales. Sobre todo en nuestro país.              

     

miércoles, 27 de marzo de 2019

Reencuentro. Fred Uhlman. Tusquets Editores. 1987. Reseña





     Fred Uhlman (1901-1985), abogado alemán de origen judío, huyó de su Stuttgart natal en 1933 por miedo a sufrir la persecución nazi. No cabe duda que su temor estuvo fundamentado. Pasó por Francia, España e Inglaterra, donde vivió sus últimos años, dedicado principalmente a la pintura y a la escritura. Se casó con una inglesa a la que conoció en España, y pronto se mudó a tierras británicas, donde se enamoró de la campiña inglesa por los recuerdos que le traía de los lugares en los que pasó la mayor parte de su juventud: el lago Constanza y la Selva Negra principalmente. De hecho, la añoranza de su tierra ocupa páginas importantes de su principal novela: Reencuentro (1960). Una obra que, pese a lo que pueda parecer en un principio, solo es autobiográfica en parte.

     El narrador (en primera persona) de esta historia es Hans, un joven judío procedente de una familia pequeño-burguesa que asiste a clases en la prestigiosa escuela Eberhard-Ludwig Gymnasium, la más antigua institución de enseñanzas medias de Würtemberg. Solitario, de ideas socialdemócratas, conoce a un nuevo alumno que llega a su clase en enero de 1932: Konradin, de su misma edad (16 años), un rico aristócrata perteneciente a una de las más antiguas familias de Europa. Ni más ni menos que los condeses de Hohenfels. Su elegancia, su pulcritud y su saber estar despierta muy pronto el interés de sus nuevos compañeros de clase. Sin embargo, solo Hans capta el de Konradin, que resulta ser también un joven tímido y solitario necesitado de amistad.

     Hans duda al principio --¿Qué podía ofrecerle yo, hijo de un médico judío, nieto y bisnieto de rabinos, y descendiente de un linaje de pequeños mercaderes a ese muchacho rubio cuyo solo nombre me llenaba de temor reverencial? ¿Cómo podía entender él, con toda su gloria, mi apocamiento, mi orgullo receloso y mi temor a ser herido? ¿Qué tenía en común  él, Konradin von Hohenfels, conmigo, Hans Schwarz, tan escaso de aplomo y de savoir faire?-- y anhela después --No recuerdo exactamente cuándo decidí que tenía que ser mi amigo, pero lo sería--, pero finalmente surge la amistad entre ellos --a partir de ese instante mi vida ya no sería hueca ni tediosa, sino que estaría llena de esperanzas y satisfacciones para ambos-- y, recuerda Hans, a partir ese día fuimos inseparables.

     Pese a que el país vivía momentos críticos en lo económico --debía hacer frente a las reparaciones de guerra y a la subida de los precios-- y en lo político --el temible ascenso del poder nazi a las instituciones--, la política era cuestión de adultos y nosotros debíamos resolver nuestros propios dilemas: aprovechar la vida y dilucidar qué sentido tenía. Estos eran los problemas de trascendencia auténtica y eterna, mucho más importantes para nosotros que la existencia de figuras tan efímeras y ridículas como Hitler y Mussolini. Todo un ejemplo de confiada ignorancia. Como el hecho de que para Hans y su familia ser judío no tenía mayor importancia. En primer lugar éramos suabos, luego alemanes y después judíos. ¿Qué otro sentimiento podíamos alimentar?  

     Porque para el padre de Hans, quien aborrecía el sionismo, era tan absurdo reclamar Palestina después de dos mil años como lo habría sido que los italianos reclamaran Alemania porque en otra época la habían ocupado los romanos. Eso solo podría desembocar en una matanza interminable y los judíos deberían combatir a todo el mundo árabe. Le parecía increíble que los compatriotas de Goethe y Schiller, de Kant y Beethoven, se dejaran engatusar por Hitler. No en vano, tan convencido estaba de que Alemania era su país, que estaba dispuesto a luchar por él nuevamente pese a haber resultado herido dos veces en la Primera Guerra Mundial. Como se puede observar, la novela traza un retrato fiel, casi milimétrico, de la situación alemana de la preguerra.

     La relación entre Hans y Konradin comienza a resquebrajarse ante las negativas de los padres del aristócrata a que su hijo se mezcle con los judíos. Konradin vive haciendo frente a un contínuo dilema, pero no quiere perder la amistad de Hans. Algo que cada vez resulta más complicado. La novela aborda un año, que transcurre entre enero de 1932 y enero de 1933. La llegada de Hitler a la cancillería alemana marcará un antes y un después en las vidas de ambos: Hans es enviado por sus padres al exilio en EE.UU. y Konradin entra en las fuerzas nazis. Parece que la amistad se ha roto para siempre. Treinta años después, Hans se reencuentra con su amigo perdido y escribe un relato conmovedor sobre el valor de la amistad, el fin de la infancia y la barbarie de la política radical.

     Antes del momento del exilio, no obstante, recuerda Hans que había comenzado el largo y cruel proceso de desarraigo, y las luces que me habían guiado ya se habían amortiguado. Ahora me hallaba solo. Casi nadie me hablaba. Incluso los antiguos profesores parecían haberme olvidado. Y llega el inevitable momento de la despedida: Quizás algún día nuestros caminos volverán a cruzarse. ¡Siempre te recordaré, querido Hans! --le escribe Konradin-- Has influido mucho sobre mí. Me has enseñado a pensar, y a dudar. Una nueva vida espera a Hans en EE.UU.. Un nuevo desarraigo. Una nueva soledad. Ha perdido a su amigo del alma, y debe seguir hacia adelante con su vida sin la presencia, además, de sus padres, quienes deciden quedarse en el que consideran es su país.

     Reencuentro, en sus escasas ciento veinte páginas, constituye un fiel reflejo de la Alemania de entreguerras y de la pre guerra. Además, narra los sentimientos de juventud y adultez de un personaje que ha debido seguir con su vida pese a haber vivido el horror nazi. Y debo confesar que hay ciertos pasajes en los que, como lector, he llegado a sentir impotencia, rabia y hasta ganas de llorar. Y eso que la historia que nos cuenta Uhlman la conocemos todos de sobra. Sin embargo, su forma de contarla, a base de pequeñas y descorazonadoras pinceladas, nos llega hasta lo más hondo de nuestro ser. Más pronto que tarde habrá que leer Un alma valerosa, la continuación de una de esas historias que todo el mundo debería leer algún día.           

              

sábado, 23 de marzo de 2019

Nueva visita a un mundo feliz. Aldous Huxley. Seix Barral. 1984. Reseña





     En 1958, veintiséis años después de la publicación de la distopía Un mundo feliz, Aldous Huxley recopiló una docena de ensayos sobre su novela original en la revista estadounidense Newsday. De ese conjunto de ensayos nació Nueva visita a un mundo feliz, a partir de la cual revisitamos los contenidos de la novela, verificando sus muchos aciertos y sus pocas equivocaciones sobre lo que en ella se vaticinó en relación a la evolución de la civilización occidental durante ese cuarto de siglo. Además, se comparan algunos hechos respecto a la otra gran distopía del momento: 1984, de George Orwell (1948). En cambio, obvia --el autor tendría sus motivos, los cuales desconozco-- la tercera en discordia, Fahrenheit 451, de Ray Bradbury (1953).

     La principal diferencia entre 1984 y Un mundo feliz responde directamente a los diferentes momentos de su escritura: en 1931 todavía no había alcanzado el poder Hitler y Stalin no había mostrado su peor cara. En 1948, por contra, el nazismo había provocado una auténtica catástrofe mundial y el comunismo estalinista campaba a sus anchas por una Europa devastada. Así, mientras que la sociedad de la obra de Huxley era regulada por el poder mediante métodos manipuladores, psicológicos y genéticos, en la obra de Orwell se recurre al castigo violento y a un miedo que roza el terror. Sin embargo, en 1958, en el momento de escritura del conjunto de ensayos que nos ocupa, Stalin había fallecido y el comunismo comenzaba a emplear métodos más acordes a Un mundo feliz que a 1984

     El problema de una población en rápido aumento en relación con los recursos naturales, la estabilidad social y el bienestar de los individuos será el problema central de la humanidad en el siglo XXI, vaticinó Huxley. En su opinión, existe una correlación íntima entre la demasiada gente y la formulación de filosofías autoritarias y la aparición de sistemas totalitarios de gobierno. Si la economía es precaria, el gobierno debe tomar medidas restrictivas, lo cual provoca inquietud política entre los ciudadanos. Asegurar el orden público y la propia autoridad del gobierno conlleva, a su vez, una mayor concentración del poder en manos del Poder Ejecutivo y de su administración burocrática. Y todo ello puede suponer el auge de una dictadura totalitaria y la pérdida de la libertad ciudadana.

     El progreso tecnológico provoca una centralización y una concentración del poder. La democracia difícilmente puede florecer en sociedades donde el poder político y económico se concentra y centraliza progresivamente. Así, el hombre modesto estará en clara desventaja respecto a la dictadura de la Gran Empresa. La Gran Empresa y el Gran Gobierno tienden a convertir al individuo en un autómata frustrado, trastornado y desesperado que vive bajo un frenético afán de trabajo y supuestos placeres. El hombre, en cambio, no está hecho para ser autómata, y si se convierte en tal, la base de su salud mental quedará destruida. Una organización excesiva sofoca el espíritu creador y suprime la libertad. De ahí a la servidumbre no hay más que un pequeño paso. Y parece que vamos de camino hacia ella.

     Huxley dedica un capítulo a la propaganda ejercida desde el poder, y advierte de algunos de sus numerosos peligros: trata de influir en sus víctimas mediante la mera repetición de consignas, la furiosa denuncia contra víctimas propiciatorias extranjeras o nacionales y la astuta asociación de las más bajas pasiones con los más altos ideales, de modo que las atrocidades se perpetran en nombre de Dios y la más cínica de las realpolitik se convierte en cuestión de principio religioso y de deber patriótico. La comunicación en masa es una fuerza, y como tal, puede ser bien o mal empleada. Así, en muchos lugares están dominados por el Estado o por la Élite del Poder. Además, siempre les quedará entretener a los ciudadanos con el opio del pueblo: el circo romano o el fútbol presente, por ejemplo.

     En la actualidad (1958), el arte de gobernar las mentes ajenas lleva camino de convertirse en ciencia, afirmó Huxley. Y lanza una pregunta: ¿Cómo podemos preservar la integridad del individuo humano y reafirmar su valor en la época de un exceso de población y un exceso de organización que se están acelerando, y de unos medios de comunicación en masa cada vez más eficientes? Conviene recordar que las campañas electorales no se basan ya en programas de gobierno futuro ni en principios políticos e ideológicos, sino que los diferentes partidos presentan a un candidato que parezca sincero, repita eslóganes hasta la saciedad y no aburra al electorado con explicaciones farragosas que nadie entiende. Es decir, que los peritos publicitarios mandan en la política más que la propia política.

     El arte de vender, el lavado de cerebros, la persuasión química y la hipnopedia ocupan un tercio de los capítulos de la obra. En condiciones favorables, no hay prácticamente nadie que no pueda ser convertido a cualquier cosa, afirma Huxley. El lavado de cerebros combina el empleo sistemático de la violencia (como en 1984) con una hábil manipulación psicológica (como en Un mundo feliz). La persuasión química aparece en la novela original de la mano del soma, una especie de anti depresivo que evocaba visiones de otro mundo mejor, ofrecía esperanza y promovía la caridad con la finalidad de actuar contra la inadaptación personal, la inquietud social y la difusión de ideas subversivas. En definitiva, lo que los gobernantes buscan con todo ello es que sus gobernados estén apaciguados.

     La educación para la libertad se antoja, pues, como la gran batalla de los próximos años y décadas según el autor. Y es que, en palabras de Huxley, los gobernantes del futuro tratarán de imponer la uniformidad social y cultural a los adultos y sus hijos. Utilizarán todas las técnicas de manipulación de la mente a su disposición y no vacilarán en reforzar estos métodos de persuasión no racional con la coacción económica y las amenazas de violencia física. El futuro pasa, por tanto, por volver a descentralizar el poder en manos de la Gran Empresa y el Gran Poder. Tal vez las fuerzas que amenazan a la libertad son demasiado fuertes, sin embargo, tenemos el deber de hacer cuanto podamos para resistirlas. Pues eso: en nuestras manos está mantener el mundo libre...                                        
       

  

miércoles, 27 de febrero de 2019

La familia de Pascual Duarte. Camilo José Cela. Destino. 1942. Reseña





     De forma consciente o simplemente casual, cuando Camilo José Cela publicó, en 1942, La familia de Pascual Duarte, dio el pistoletazo de salida a una técnica literaria narrativa que hoy conocemos con el nombre de tremendismo. Técnica que se puso de moda a partir de entonces y que se caracterizó por la cruda presentación de la trama, que recurre a hechos violentos muy a menudo, el particular tratamiento de los personajes, seres marginados de la sociedad (criminales, prostitutas, personas con defectos psíquicos o físicos, etc) y el uso de un lenguaje desgarrado, duro, realista al detalle. La relación entre esta tendencia y el contexto histórico --pos guerra civil española-- es clara, habida cuenta de las duras experiencias que los autores de la época hubieron de sufrir durante la contienda.

     Los personajes viven, pues, en ambientes marginales y atenazados por la incultura, el dolor y la angustia vital. Lo grotesco y lo repulsivo juegan un papel central en la narración, por lo que el lector asiste a ella impactado. Nada mejor si lo que se pretende con ello es precisamente realizar una honda crítica social. Y, sin duda, La familia de Pascual Duarte, lo es. Porque Pascual Duarte, su protagonista, vivió entre fines del siglo XIX y 1937, años en los que la inestabilidad política, social y económica provocaron que la violencia, a falta de cultura, se extendiera por la sociedad cómo único recurso para solucionar los problemas. Así, Duarte se convierte en criminal. Y, como todo criminal, antes o después habrá de pagar por sus actos.      

     Gracias a esta obra, la literatura española volvió al mundo popular y campesino, poblado por seres primitivos y elementales en cuyos instintos primarios y pasiones salvajes retornamos a la barbarie ancestral de una tierra marcada por el odio y la violencia. Y lo hace de forma audaz y original, a través de varios narradores --el principal de ellos, el propio Duarte, quien narra en primera persona los hechos de su vida, haciendo especial hincapié en aquellos en los que actuó movido por sus graves accesos de ira y rabia, los cuales lo han llevado a esperar en una celda extremeña el momento de su ejecución--, y recurriendo a menudo al refranero español cuando estos no encuentran las palabras necesarias para expresar sus sentimientos o pensamientos.

     Se llevaban mal mis padres, afirma Pascual Duarte, aludiendo a su poca educación, a su escasez de virtudes y a que se cuidaran bien poco de refrenar los instintos, añadiendo que solían llegar a las manos en sus discusiones. Además, explica que mi instrucción escolar poco tiempo duró. Habla del carácter autoritario y violento de su padre y de que su madre se metía con él a la mínima ocasión. Y recuerda el nacimiento de su hermana pequeña, Rosario, quien si bien tardó algo más de lo corriente en aprender a andar, rompió a hablar con tal soltura que a todos nos tenía como embobados con sus gracias. De todo ello se desprende que su hermana fue, en realidad, la única persona a la que Duarte amó de verdad a lo largo de su azarosa vida.

     La muerte de su padre, a causa de la mordedura de un perro rabioso, y sobre todo la de su hermano pequeño, Mario, marcó su infancia. Y su odio hacia su madre se acrecentó. De ella dice que no lloró la muerte de su hijo y que, por ello, tal odio llegué a cobrar a mi madre, y tan deprisa había de crecerme, que llegué a tener miedo de mí mismo. Y, así, a mi madre llegué a perderle la respeto, primero, y el cariño y las formas al andar de los años. Dejó de ser una madre en mi corazón y llegó a convertírseme en un enemigo rabioso que me gastó toda la bilis. El futuro crimen comienza a tomar forma en la cabeza del protagonista. Antes de él, sin embargo, hubo más. Concretamente, los de Lola, su primera esposa, que lo engaña con el Estirao, y el del propio el Estirao, que ha deshonrado tanto a su esposa como a su hermana Rosario.

     A lo largo de su relato, Duarte se lamenta de su mala suerte y de su desgracia. ¡Quién sabe si no sería Dios que me castigaba por lo mucho que había pecado y por lo mucho que había de pecar todavía! ¡Quién sabe si no sería que estaba escrito en la divina memoria que la desgracia había de ser mi único camino, la única senda por la que mis tristes días habían de discurrir! Porque a los malos tratos recibidos por parte de sus padres y la muerte de su hermano pequeño a corta edad habría que añadir la muerte de su propio hijo y la deshonra de su hermana, que llega a ejercer la prostitución de la mano de el Estirao. Y en pleno subidón de ira, reflexiona sobre que si los hombres del campo tuviéramos las mismas tragaderas de los de las poblaciones, los presidios estarían deshabitados como islas.

     Pero, como todo es susceptible de empeorar, Lola llega a decirle, justo antes de morir, que la sangre parece como el abono de tu vida, palabras que, añade Duarte, como con fuegos grabadas conmigo morirán. Y, tras cumplir condena por los asesinatos de Lola y el Estirao, es liberado. Por contra, el sentimiento de Duarte respecto a su libertad resulta muy significativo por cuanto anticipa lo que está por venir todavía: creyendo que me hacían un favor, me hundieron para siempre. Así narra su vuelta al pueblo: un poco más adelante estaba el cementerio. El cementerio donde descansaba mi padre de su furia; Mario, de su inocencia; mi mujer, su abandono; el Estirao, su mucha chulería. El cementerio donde se pudrían los restos de mis dos hijos, del abortado y de Pascualillo, que en los once meses de vida que alcanzó fuera talmente un sol...

     Al reunirse de nuevo con su hermana, la única persona a la que puede acudir tras haber cumplido su condena, la Rosario se sonreía con su sonrisa de siempre, esa sonrisa triste y como abatida que tienen todos los desgraciados de buen fondo. Su hermana le ha buscado hasta novia: Esperanza, enamorada de él desde antes de su primer matrimonio con Lola, quien le ha esperado para ser su segunda esposa. La mala relación de su madre con su esposa, sumada al odio de siempre y los deseos incumplidos, truncados de poder comenzar una nueva vida desde cero, precipita los acontecimientos definitivamente. Frustrado y desesperado, Duarte piensa que hay ocasiones en las que más vale borrarse como un muerto, desaparecer de repente como tragado por la tierra, deshilarse en el aire como el copo de humo. Todas estas reflexiones en voz alta constituyen buena parte de lo mejor de la novela de don Camilo.

                                


miércoles, 20 de febrero de 2019

Green Book. Peter Farrelly. 2018. Crítica





     Películas sobre la historia del racismo en los EE. UU. hay muchas. Desde en blanco y negro hasta en color. Desde las que muestran épocas remotas hasta las que se centran en otras más actuales. Desde las que ofrecen crítica y denuncia de los hechos tratados hasta los que apenas pasan de puntillas sobre ellos. Desde obras de ficción hasta otras basadas en hechos reales. El film de Peter Farrelly --director, productor y guionista-- cuenta la historia supuestamente real --más adelante volveremos sobre ello-- del pianista de color Don Shirley, quien decidió embarcarse en los años sesenta en una gira musical por los peligrosos estados sureños de EE. UU. con un chófer muy peculiar, un rudo italo-norteamericano llamado Tony Lip.

     Nick Vallelonga, hijo de Tony Lip, participa en el guión de la película de forma activa, contando los recuerdos transmitidos por su padre. Lip, interpretado por Viggo Mortensen --Captain Fantastic, La carretera, Un método peligroso, Good, Una historia de violencia--, es un gran bebedor de cerveza y un empedernido comedor de pollo frito. Un hombre poco o nada delicado que, tras el cierre del local nocturno en el que trabaja como relaciones públicas, acepta acompañar al por él absolutamente desconocido pianista, al que da vida Mahershala Ali --Moonlight, Figuras ocultas, tercera temporada de True detective--, alguien que aparece en el film como un hombre solitario, escrupuloso con el orden y amante de las buenas formas.

     Entre ambos, por increíble que parezca en un principio, va creciendo una especie de amistad y respeto mutuo que irá estrechándose según vayan avanzando por los pueblos y carreteras de la norteamérica profunda. Por estos lugares irán surgiendo una serie de problemas de mayor o menor consideración, los cuales requieren de la fuerza bruta de Lip en unas ocasiones y de la pericia y el saber estar de Shirley en otras. Las interpretaciones de Mortensen y Ali son totalmente creíbles y el humor que en determinadas situaciones introduce el guión aleja la idea de drama de la mente de los espectadores. Parece obvio que la historia se podría haber presentado de forma diferente, sin estos edulcorantes, haciendo del film un drama sin contemplaciones.

     Acompañados en todo momento por el Green Book, una guía que indicaba los muy escasos establecimientos en donde se aceptaba a los afroamericanos en la década de los sesenta, habrán de hacer frente al racismo y a los prejuicios de los estados sureños. Así, se verán obligados a dejar de lado sus propios prejuicios --Lip se nos ha mostrado al principio de la cinta como racista y Shirley se sabe muy superior al chófer en cuanto a cultura, valores y economía-- para sobrevivir y seguir adelante con un viaje que marcaría sus respectivas vidas. Todo esto, como ha quedado dicho más arriba, supuestamente, puesto que, llegados a este punto, es momento de hablar de las polémicas en torno a esta película.

     Maurice Shirley, hermano de Don, ha calificado el film de una sinfonía de mentiras, negando tres aspectos principalmente: la estrecha amistad futura entre su hermano y Tony Lip, la soledad del pianista y el hecho de que no se mezclara con gente de su propia raza, incluida su familia. Además, según parece, el propio Don, antes de fallecer, se negó taxativamente a que su historia fuera llevada al cine. Aspecto que, de ser así, sería ampliamente criticable, dejando en mal lugar al guionista e hijo de Tony Lip, Nick Vallelonga. Algo que no debería ser usado por los detractores de la película como arma arrojadiza para desprestigiarla justo antes de la entrega de los Oscars, para los cuales Green Book tiene cinco candidaturas: mejor película, mejor guión, mejor montaje, mejor actor y mejor actor secundario.

     Polémicas al margen, Green Book es una más que interesante e ilustrativa película que se desarrolla en gasolineras, moteles, lujosas mansiones, cenas y demás fiestas solo para blancos, baños separados para blancos y negros e incluso locales de color en los que la sola presencia del pianista y su chófer-guardaespaldas ya es sospechosa de entrada. Y, sin artificios, la historia se desarrolla en torno a dos personajes interpretados a las mil maravillas por dos magníficos actores que dan credibilidad no solo a esos personajes sino al conjunto de la historia narrada. No en vano, ambos, como ha quedado dicho ya, lucharán por hacerse con la estatuilla de mejor actor y mejor actor de reparto en la gala de este próximo domingo.                  

     Culturalmente hablando, la larga soledad de estos dos personajes durante su periplo sureño provocará que Tony Pit aprenda de la virtuosidad de Don al piano y a la hora de escribir sus sentimientos, así como de sus modales y sus valores, desterrando su anterior racismo, pues se da cuenta de que Don es un negro que no parece negro. Por contra, el pianista aprende de su acompañante la baja cultura de los afroamericanos, la gran importancia que tiene en su país la música de color, que él desconocía por completo, y que comer pollo frito y ensuciarse las manos no son algo de lo que avergonzarse. Es decir, ambos personajes se culturizan el uno al otro, se completan y se hacen mejores personas. Y eso, sea verídico o no, es digno de ser alabado.

     Porque, aunque en la película el viaje de nuestros protagonistas duró un par de meses, en realidad ocupó sus vidas durante un año y medio. Tiempo para que, efectivamente, surgiera una amistad. Mayor o menor, pero amistad al fin y al cabo. Porque nada acerca más a dos personas que la soledad, la lejanía respecto a sus familias y la dependencia la una de la otra a la hora de resolver situaciones delicadas. Y viajar de la mano de un libro en el que uno debe fijarse cada día para saber dónde podrá comer, cenar y dormir une más todavía. Por fortuna, ese libro ya no existe. Sin embargo, el racismo, los prejuicios y la intolerancia sí. Por ello, resulta conveniente refrescar de vez en cuando de dónde venimos y hacia adónde queremos ir. Y el visionado de Green Book puede servir perfectamente a dicha tarea.   

            

lunes, 11 de febrero de 2019

Réquiem por un campesino español. Ramón J. Sender. Destino. 2003. Reseña





     Escrita en 1950 y publicada por primera vez en México en 1953 bajo el título Mosén Millán, la novela corta del escritor español en el exilio Ramón J. Sender tomó el título definitivo de Réquiem por un campesino español en 1960. La historia de su huida de la persecución franquista, el fusilamiento de su esposa y su posterior exilio en Francia primero y en EE. UU. después tras pasar por un campo de concentración galo es tan rocambolesca como apasionante. Llegó a Nueva York en 1939 y terminó por establecerse de forma definitiva en San Diego, donde vivió junto a sus hijos hasta su muerte, acaecida en 1982. A día de hoy sigue siendo considerado como uno de los grandes escritores españoles de la posguerra.

     Antes de escribir la novela que nos ocupa Ramón J. Sender ya había alcanzado una gran fama gracias, sobre todo, a los primeros volúmenes de la serie Crónica del Alba, una trilogía de trilogías --o enealogía-- autobiográficas de su infancia, adolescencia y compromiso político, que se fueron publicando sucesivamente hasta 1966. Además, en 1935 ya había recibido el Premio Nacional de Literatura por su obra Mr. Witt en el Cantón. En su exilio estadounidense se dedicó a escribir y a dar clases de literatura en diversas universidades del país. Entre sus numerosos alumnos y alumnas cabe mencionar a Lucía Berlin, autora de reconocido prestigio en la actualidad gracias a la reciente publicación de sus obras en castellano. Más vale tarde que nunca.

     Réquiem por un campesino español recoge los recuerdos del cura del lugar, Mosén Millán, respecto a la vida y muerte del campesino Paco el del Molino. El párroco se dispone a oficiar la misa en sufragio del alma de un joven al que quiso casi como a un hijo. Mientras espera la llegada a la iglesia de los asistentes al réquiem, reconstruye los hechos que llevaron al conocido Paco a la muerte. Un relato sobrio, casi frío, pero a la vez estremecedor que profundiza en la naturaleza humana. La narración aterra por su enorme realismo. También por el hecho de que tanto el párroco como el lector ven llegar una tragedia sin poder hacer nada por evitarla. La impotencia y el horror ante los hechos narrados constituyen una de las claves de que esta novela corta llegue directa al corazón del lector.

     La historia se ubica cronológicamente en los momentos inmediatamente anteriores y posteriores a la decisión del rey Alfonso XIII de abandonar España en abril de 1931 tras el triunfo electoral de los republicanos. Triunfo cimentado en las grandes ciudades, pero no en los pueblos pequeños. Es allí, en un pequeño pueblo aragonés, donde se desarrolla la reacción de determinadas fuerzas monárquicas que se resisten a dejar el poder sobre los lugareños. El propio Sender describió este episodio como el esquema de toda la guerra civil nuestra, donde unas gentes que se consideraban revolucionarias lo único que hicieron fue defender los derechos feudales de una tradición ya periclitada en el resto del mundo.

     Paco el del Molino, joven idealista, puro y sincero se convierte en el líder de la lucha del pueblo. Y Mosén Millán trata de justificarse pese a ser consciente de ser en parte el culpable de la captura y posterior asesinato del joven. Sus reflexiones nos muestran un cuadro de oscuros colores que representan el pensamiento de la época. La maestría de Ramón J. Sender a la hora de mostrarnos cada detalle, por sutil que este sea, es digna de mención. Porque la historia de Paco se nos antoja una excusa para trasladarnos de primera mano el ambiente social del momento, la verdadera historia, y el compromiso del autor ante el choque entre dos ideologías diametralmente opuestas. En torno a ellas, la ya clásica hipocresía española. Que parece que viene desde muy atrás en el tiempo.

     La antítesis entre comunismo y fascismo se muestra con total claridad en las páginas del relato. Por un lado, Don Valeriano, Don Gumersindo y Don Cástulo, los señoritos del pueblo. Por otro, Paco el del Molino, su padre y familia, y algunos otros personajes. Y en el centro, la iglesia, es decir, Mosén Millán. El cura representa el papel que jugó en la preguerra, en la guerra y en la pos guerra la iglesia católica española. Inacción, falta de compromiso y hasta cobardía. Para él, todo es cuestión de resignación, de aceptación y de poner la otra mejilla. En suma, el autor da un serio correctivo no solo al párroco sino a la iglesia católica en su conjunto. Y es que historias parecidas a la aquí narrada hubo demasiadas en esa etapa histórica de nuestro país.

     Para terminar, transcribo algunos de los fragmentos que más me han llamado la atención y que muestran las acciones de unos --los republicanos-- y las reacciones de los otros --los fascistas--: Hubo que repetir la elección en la alcaldea porque había habido incidentes que, a juicio de Don Valeriano, la hicieron ilegal. En la segunda elección el padre de Paco cedió el puesto a su hijo. El muchacho fue elegido... En Madrid suprimieron los bienes de señorío, de origen medieval, y los incorporaron a los municipios. Aunque el duque alegaba que sus montes no entraban en aquella clasificación, las cinco aldeas acordaron, por iniciativa de Paco, no pagar mientras los tribunales decidían... La respuesta telegráfica del duque fue la siguiente: doy orden a mis guardas de que vigilen mis montes, y disparen sobre cualquier animal o persona que entre en ellos. El municipio debe hacerlo pregonar para evitar la pérdida de bienes o de vidas humanas... Había oído decir que aquellos señoritos iban a matar a todos los que habían votado contra el rey..Nadie sabía cuándo mataban a la gente. Es decir, lo sabían, pero nadie los veía. Lo hacían por la noche, y durante el día el pueblo parecía en calma... Al día siguiente hubo una reunión en el ayuntamiento, y los forasteros hicieron discursos y dieron grandes voces. Luego quemaron la bandera tricolor y obligaron a acudir a todos los vecinos del pueblo y a saludar levantando el brazo cuando lo mandaba el centurión... Ahora yo digo en sufragio de su alma esta misa de réquiem, que sus enemigos quieren pagar.

     La novela está considerada, por méritos propios, una de las grandes obras sobre la Guerra Civil Española. Y leerla bien vale la pena. Además de entretener, enseña historia contemporánea de nuestro país. Por todo ello, es altamente recomendable.