Fonsi Loaiza es un periodista y escritor de investigación español que se ha especializado en las redes de corrupción que entrelazan los mundos de la política y de la economía con el del fútbol. Conocido por su presencia en redes sociales y por la publicación de sus libros Qatar. Sangre, dinero y fútbol (2022), en el que denunció la corrupción y las sistemáticas violaciones de los derechos humanos en relación a la concesión, preparación y desarrollo del Mundial de Fútbol de 2022, y Oligarcas (Los dueños de España) y Sospechosos habituales (ambos de 2024), donde expone las estructuras de poder de la oligarquía española -desde la Conferencia Episcopal hasta el palco del Santiago Bernabéu, pasando por los medios de comunicación, los cuerpos armados, la Casa Real, el Consejo General del Poder Judicial y la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales)- que perpetúan la desigualdad social nacida al amparo del franquismo, su libro más famoso y polémico es, sin duda, Florentino Pérez. El poder del palco (2022).
Los libros de Loaiza son de los que van al grano. No son especialmente extensos, pero sí muy directos. En cada una de sus páginas aparecen datos, estudios y constataciones de hechos constitutivos de delitos, sean o no estos castigados por la justicia española. Florentino Pérez. El poder del palco consta apenas de 180 páginas. Pero no tiene desperdicio. Además, transcribe conversaciones, declaraciones en juicios, entrevistas y recuerdos de muchas personas que guardan relación con el gran protagonista del relato, al que el propio Loaiza llega a comparar con Vito Corleone, el personaje protagonista de El padrino, de Francis Ford Coppola. Un personaje que busca mandar, ejercer el poder y perpetuarse en él. Algo que estaría en la base de la modificación de los Estatutos del Real Madrid (2012), que demanda a quien quiera presentarse a las elecciones del club un prohibitivo aval que debe responder al patrimonio personal. En fin, que el club ya no es de los socios, sino de su presidente.
Y es que, como el propio Florentino reconoció en una ocasión: a mí lo que más me ha gustado siempre es la política. Es donde se tiene el poder. La época más bonita de mi vida fue cuando era político. Yo no seguí en ella porque me echaron. Ser presidente del Real Madrid es lo más parecido que he encontrado. Algo muy lógico. Sobre todo si nos atenemos a lo que declararon en sendos juicios Luis Bárcenas, extesorero del PP -Florentino no necesitaba intermediarios, ya que los negocios se hacían en el palco, donde políticos y empresarios cerraban los tratos- y Francisco Correa, el cabecilla de la Gürtel -OHL de Villar Mir y ACS de Florentino eran corruptoras de la trama y pagaban mordidas a cambio de contratos-. Todo esto, y más, lleva al propio Loaiza a afirmar que el palco del Bernabéu cumple en democracia la función de las cacerías de Franco en la dictadura. Así, si el Pardo era el templo del Caudillo, el palco del Bernabéu es el del Ser Superior, tal y como lo apodó Emilio Butragueño.
Loaiza explica cómo un político arribista fracasado se convirtió en no mucho tiempo en en constructor de éxito gracias a los partidos políticos. Y es que fue gracias a sus contactos con Miquel Roca y Jordi Pujol que el joven Florentino -cuyo nombre aparece en el sumario del caso del 3% (donaciones de ACS a CiU para conseguir los contratos públicos con un patrón sistémico de funcionamiento durante años, según el propio juez José de la Mata)- consiguió, a peseta la acción, hacerse con Construcciones Padrós (1983) y OCISA (1986). Asegura el autor, pues, que a Florentino le fue muy mal en el mundo de la política, pero que su breve paso por ese mundo le granjeó contactos que le vinieron muy bien en el futuro. Lo cual lo ayudó a ejercer el ambicionado poder a través no de la política sino del mercado. Así, el libro nos presenta una red de corrupción sistémica que implica a políticos, banqueros, periodistas, etc y que se sostiene a base de recalificaciones ilegales, contratos fraudulentos y amañados, adjudicaciones ilícitas, financiaciones ilegales, pelotazos, cuentas en paraísos fiscales y un apagón informativo que impide que Florentino aparezca relacionado con las distintas tramas.
El libro, que bebe a su vez del del también periodista Juan Carlos Escudier -Florentino Pérez: retrato en blanco y negro de un conseguidor, 2005-, repasa lo que el autor califica como escándalos mayúsculos. Como la recalificación de los antiguos terrenos de la Ciudad Deportiva del Real Madrid -medio regalados por Franco-, que aportó al club más de quinientos millones de euros, con el beneplácito de Aznar, Gallardón y Álvarez del Manzano, pero también de personas afines a UGT, CCOO, Izquierda Unida y PSOE (Lissavetzky y Rubalcaba) -todos ellos se juntaban en el palco del Bernabéu- o la compra de Figo gracias al Banco Zaragozano -de los Albertos-, que pagó la cláusula de rescisión al Barcelona, y de Caja Madrid -de Blesa-, que puso el aval para la compra del jugador gracias a la creación de una empresa fantasma con un capital ridículo que en un solo día pudo prestar 60 millones de euros al Real Madrid para pagar el crédito al Banco Zaragozano -algo que ya explicó en su día detalladamente José María García en la famosa entrevista censurada de Jesús Quintero al Butanito-.
Otros escándalos de los que habla Loaiza son, por ejemplo, las compras de Beckham, Cristiano Ronaldo o Kaká al amparo de la denominada Ley Beckham, creada por Aznar y desarrollada por Zapatero, por la cual los jugadores no tributan como millonarios sino como mileuristas en lo referente a los derechos de imagen; la polémica compra de Dragados, por 450 millones de euros, con la inestimable ayuda de Caja Madrid -otra vez- y del Banco de Santander (de la familia Botín); los contratos de la M-30 concedidos por Gallardón y Esperanza Aguirre; las privatizaciones de las residencias madrileñas, muchas de las cuales pasaron a estar a cargo de Clece -perteneciente al emporio de Florentino, y cuyo lema de negocio se basa en ganar dinero y no en ayudar a los ancianos, tal y como se vio durante la pandemia-; el control que ejerce nuestro protagonista en escuelas de educación infantil, en servicios de limpieza y en hospitales; o el apagón informativo -por la no información puede pagarse más y mejor que por la información- acerca del Ser Superior, a cargo del matrimonio Antonio García Ferreras-Ana Pastor, Eduardo Inda, Josep Pedrerol y los Tomás Roncero, Siro López o Susana Guasch de turno.
En definitiva, en Florentino Pérez. El poder del palco, su autor nos retrata lo que para él es una red corrupta de intereses comunes a todos los niveles: político, económico, empresarial, policial, judicial, mediático y periodístico. Una red fundamentada en el miedo -o terror- en la que o se está con sus miembros o se está contra ellos. Y ¡ay de quienes estén contra ellos! Porque han caído torres tan altas como los periodistas José Antonio Abellán, Santiago Segurola o el mismísimo José María García -bueno, este último, lo que se dice alto no es, pero su talla periodística es imposible de alcanzar, sobre todo en una época dominada por bufones, monos de feria, chiringuitos y demás desinformadores y hooligans (que nunca periodistas) vendidos a un sistema podrido y nauseabundo dominado por unas élites que se creen por encima de ley. Y, con todo, lo peor sin duda, visto lo visto, es que lo están. Por eso es tan importante la valiente labor periodística de tipos como Fonsi Loaiza.