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jueves, 4 de junio de 2026

El nombre de la rosa (novela gráfica). Milo Manara/Umberto Eco. Lumen. 2026. Reseña

 



    El nombre de la rosa, la famosísima novela histórica y de intriga y misterio publicada en 1980 por el italiano Umberto Eco, está inspirada en las leyendas de la Sacra di San Michele della Chiusa, complejo arquitectónico monástico erigido en la cima del monte Pirchiriano, en el Piamonte (norte de Italia). En febrero del presente año, coincidiendo con el décimo aniversario de la muerte de Umberto Eco y con el cuarenta aniversario del estreno de la película dirigida por Jean-Jacques Annaud y protagonizada por Sean Connery y Christian Slater, la Editorial Lumen completó el esperado segundo volumen de la novela gráfica ilustrada por Milo Manara, cuya primera entrega había sido publicada en 2023. Manara, también italiano, es uno de los maestros internacionales del cómic desde hace más de cuarenta años, cuando apareció su serie de cómics eróticos El clic (1983), que también fue adaptada al cine. Más tarde colaboró con las editoriales norteamericanas Marvel y DC Comics y con guionistas de la talla de Neil Gaiman -Sandman-, Alejandro Jodorowski -Los Borgia- y Chris Claremont -X-Men: mujeres en fuga-. En apenas unas semanas lanza su última obra: la adaptación a novela gráfica de la Odisea de Homero.

    Como la novela de Eco y la película de Annaud, la adaptación gráfica de Manara nos transporta a la Italia de 1327, más concretamente a la abadía benedictina que contiene la mayor y más completa biblioteca de la cristiandad. De aspecto inexpugnable, tétrico y frío, la abadía ha de ser el lugar de celebración de un importante cónclave que ha de regir el futuro de la iglesia. Los monjes benedictinos acogen a las legaciones franciscana y papal para debatir sobre si la iglesia ha de ser pobre o no. Sin embargo, el cónclave se ve amenazado por una serie de crímenes horrendos que provoca el terror entre la mayoría de los monjes, quienes creen ver en esas muertes la llegada del Anticristo y el inicio del Apocalipsis. Guillermo de Baskerville, monje franciscano y antiguo miembro de la Inquisición -en la primera época del Santo Oficio, en la que su misión todavía no era castigar sino iluminar-, un hombre ya de cierta edad, muy perspicaz y locuaz, investigará las muertes e instruirá a su joven novicio, Adso de Melk, que es quien escribe la historia muchos años después.

    La adaptación gráfica comienza con un pequeño cameo de Umberto Eco, un nuevo homenaje al mundo de los libros. En el papel, Eco realiza una visita al monasterio Stijt, en las inmediaciones de Melk, en agosto de 1968. Busca un antiguo y famoso manuscrito del abate Vallet que contiene otro de Adso de Melk. El viaje y la búsqueda lo llevan posteriormente hasta París y Buenos Aires, donde encuentra un librito de Milo Temesvar con numerosas citas del manuscrito de Adso. No obstante, la fuente no era el abate Vallet sino el padre Athanasius Kircher, aunque los hechos narrados sí hacían referencia a los traducidos por Vallet. Así, Eco decide fabular la historia de Adso, porque es una historia sobre libros, no de miserias cotidianas. Conociendo su amor por los libros y las bibliotecas, no es de extrañar que cualquier excusa fuera buena para él con tal de situar la acción de la novela en la abadía que alberga la mayor biblioteca de la cristiandad de 1327. 

    Guillermo de Baskerville nos muestra toda su sagacidad y humanidad durante su ajetreada estancia en la abadía. Hace valer su experiencia como inquisidor en Inglaterra e Italia para investigar los crímenes según se van sucediendo. El abad Abbone le da libertad de movimiento por todo el monasterio, excepto en la biblioteca. Hecho que le hace suponer que los libros allí contenidos son, además de ricos en cuanto a sus enseñanzas, todo un peligro para quien quiera acercarse a ellos sin ser el bibliotecario -Malaquías de Hildesheim- o su ayudante -Berengario de Arundel-. La perspicacia de Guillermo lo lleva a entender que el verdadero control sobre la biblioteca es ejercido por un monje ciego, Jorge de Burgos, uno de los personajes más oscuros de la historia. Es él quien anticipa la llegada del Anticristo y de los últimos siete días. Cree que el humor y la risa destruyen el miedo a Dios y, por ende, el orden establecido.

    Uno de los puntos fuertes de la novela es el enfrentamiento entre el dogmatismo reinante en la Curia de Juan XXII, afincado en Aviñón, defendido por personajes como Jorge de Burgos y los líderes de la legación papal -el cardenal Bertrando del Pagetto y el inquisidor Bernardo Gui-, basado en el miedo y la opulencia, y las ideas radicadas en la pobreza y la austeridad, defendidas sobre todo por los franciscanos. Un enfrentamiento que llega al clímax en una escena casi salvaje en la que ambas legaciones llegan al desprecio, al insulto y a la blasfemia. Todo ello, mientras mueren hasta seis monjes y la biblioteca se convierte en la gran protagonista de la historia. Una biblioteca con forma de laberinto. Que encierra libros prohibidos, textos de autores infieles, sustancias alucinógenas, un espejo deformante, una habitación secreta tapiada, relaciones promiscuas protagonizadas por los monjes y meretrices y, en definitiva, un mundo bastante alejado de lo que hubiera aceptado el mismísimo Dios.

    El libro segundo de la Poética de Aristóteles es una de esas obras literarias que no se sabe si existió y desapareció durante la Edad Media por cualquier motivo o si directamente nunca fue escrita. Supuestamente trataría estudios sobre la comedia como medio de la liberación anímica -catarsis-. Existe un documento bizantino del siglo X titulado Tractatus Coislinianus en el que se resume el supuesto contenido de la obra. Conservado en la Biblioteca Nacional de París, hace hincapié en la risa y el placer como depuración de las emociones. En la obra se describirían los dispositivos utilizados y la forma en que debe suscitarse la catarsis. Pues bien, el manuscrito original de ese libro es el que con tanto recelo esconde en la habitación tapiada el monje Jorge de Burgos en la ficción de la novela. El mismo que busca con ansia Guillermo de Baskerville. Y ese manuscrito es el que encierra el gran secreto que relaciona a cada una de las muertes acaecidas en la abadía durante la semana de finales de 1327 en que transcurre la historia.

    Las ilustraciones de los dos volúmenes que componen esta adaptación gráfica de Milo Manara complementan y completan la obra de Eco. Muestran toda la oscuridad de la obra original y, a la vez, iluminan zonas que antes estaban tan oscuras que a muchos lectores se les pasaban por alto. El resultado es una obra deslumbrante que mezcla lo mejor de dos auténticos genios en lo que desde ya es una obra de arte, todo un clásico del noveno arte. Si a las aportaciones de este mago del dibujo sumamos el don de la palabra de Umberto Eco obtenemos una obra sublime que combina la realidad histórica de la época -las luchas intestinas dentro de la iglesia, las persecuciones por herejía, los juicios inquisitoriales, el dilema de los actos carnales como pecado, las torturas y las quemas por brujería, etc- con la ficción añadida por su autor y que trata temas tan humanos como el amor, la pasión, la lujuria, la soberbia, el sexo, el pecado, el crimen o el misterio, obtenemos uno de los thrillers históricos más atractivos e influyentes de la Historia de la Literatura. Una Historia que no sería la misma sin personajes como Guillermo de Baskerville y Adso de Melk.                                        





lunes, 19 de septiembre de 2022

Las leyes de la frontera. Javier Cercas. Mondadori. 2012. Reseña





    En septiembre de 2012, hace justamente una década, Mondadori publicó una de las mejores novelas del escritor Javier Cercas. Inspirada originalmente en la figura de Juan José Moreno Cuenca, más conocido como El Vaquilla, el delincuente más famoso de España durante la década de 1980, Las leyes de la frontera sirvió también como excusa --o quizá no tanto-- para que el autor describiera, con todo lujo de detalles, la época inmediatamente posterior al franquismo en la ciudad de Gerona, lugar que acogió al niño y adolescente Cercas, quien había llegado a la ciudad junto a su familia de clase media desde Extremadura por motivos laborales y económicos. Así, el protagonista, el Zarco --Antonio Gamallo--, personaje de ficción, como todos los que forman parte de la novela, es un delincuente local muy conocido en la Gerona de la época. Más concretamente, la acción de la historia se desarrolla en el verano de 1978, cuando el Zarco y Tere, su chica, conocen a un joven --Ignacio Cañas-- al que pronto apodarán Gafitas. 

    La novela se divide en dos partes bien diferenciadas. La primera, Más allá, se centra en la descripción de los hechos acaecidos en el verano de 1978. Trata de cómo un joven Ignacio Cañas es captado por la bellísima Tere y el Zarco para formar parte de su banda de delincuentes, así como de los golpes que dieron y las fiestas que se sufragaron con los respectivos botines. La segunda, Más acá, ocupa los intentos del Gafitas, convertido en uno de los mejores abogados de la ciudad veinte años después de los hechos anteriores, de conseguir que su antiguo amigo pueda salir por fin de la cárcel. También de las pesquisas de un escritor que pretende contar toda la verdad sobre el Zarco y su banda. Así, toda la novela es en realidad una especie de transcripción de un conjunto de entrevistas mantenidas por el escritor con tres personajes que hacen de narradores: el Gafitas --Ignacio Cañas--, el inspector Cuenca , quien capturó al Zarco y acabó disolviendo su banda, y Eduardo Requena , antiguo director de la cárcel de Gerona.

    La novela bebe directamente de un proceso de documentación muy costoso pero altamente efectivo a la hora de servir como telón de fondo al decorado de la historia contada: de la inmundicia y la pobreza del barrio ubicado al otro lado del río Ter a su paso por Gerona, donde se ubicaban los denominados albergues provisionales para pobres; de delincuencia juvenil, robos y persecuciones policiales; de drogas, prostitución, fiestas surrealistas y eclosión de una nueva enfermedad, el SIDA, que no deja de cobrarse vidas; de antros de mala muerte frecuentados por una juventud muy desubicada con un presente, el de finales de los años 70, que no ofrecía demasiadas oportunidades de reinserción para quienes se habían desviado del camino (o jamás estuvieron en él); de bullying y todo tipo de acosos; de la lastimosa situación de las cárceles post franquistas; de las innumerables dificultades de la adolescencia; de charnegos, españolistas e independentistas; de amor (como siempre, presente en todos los lugares y situaciones); de sombras y ambigüedades; de dudas (demasiadas) y certezas (muy pocas).  

    Gracias a esa ingente documentación que maneja Cercas la ciudad de Gerona y sus alrededores se convierten en uno de los personajes principales de la novela. Una Gerona que, con todo lo agradable y lo aborrecible de aquellos años, se nos muestra viva en todo momento. Especialmente en la segunda parte de la obra, en la que luce mucho más radiante y madura que en la primera. Así, encontramos en la ciudad una doble gran frontera espacio-temporal: la de ambas orillas del río Ter (por un lado, el temible barrio chino; por otro, la parte más amable de la ciudad) y la que hace referencia respectivamente a los años 70 y 80 --primera parte de la novela-- y a los años 2000 y 2010 --segunda parte de la novela--. De esta manera, Gerona se constituye como el sexto gran protagonista de la acción junto a Tere y el Zarco y los ya enumerados narradores de la historia: el Gafitas, el inspector Cuenca y el antiguo director de la cárcel de Gerona, Eduardo Requena. Entre todos ellos componen una novela coral que, finalmente, se cuenta casi sola.

    El amor, como ha quedado dicho más arriba, es uno de los motores de la acción de la novela. De hecho, no incurro en ningún spoiler si afirmo que el Gafitas entra en la banda del Zarco tras caer rendido ante los encantos de Tere nada más conocerla en los recreativos Vilaró del señor Tomàs. En un momento de la primera parte de la obra, cuando la policía estrecha el cerco sobre la banda, el Zarco le dice al Gafitas: más pronto que tarde nos pillarán. Si no tienes suerte acabarás muerto como el Guille o en una silla de ruedas como el Tío; y si tienes suerte acabarás en el trullo, como el Colilla o como el Drácula. Aunque para un tío como tú no sé qué es peor. Yo pasé por el trullo unos meses, pero el trullo pasará por ti, te pasará por encima. Ya puedes ser todo lo duro y lo hijo de puta que quieras. También por eso tú no eres como nosotros. Además, nosotros no tenemos donde elegir, solo tenemos esta vida, pero tú tienes otra. No seas gilipollas, Gafitas: déjalo. Pero ya sabemos que el amor mueve montañas. Y que también hace cometer grandes errores. Y solemnes estupideces.

    El triángulo amoroso entre Tere, el Gafitas y el Zarco constituye el eje central de la historia. Los delincuentes aparecen y desaparecen de la vida del abogado como si de guadianas se tratasen. Sus idas y venidas, apariciones y desapariciones, siempre de la mano, marcan las divagaciones de Ignacio Cañas a lo largo de sus conversaciones con el escritor que pretende contar la verdad sobre el Zarco. Y lo paradójico es que ni el propio Gafitas parece tener nada clara cuál es esa verdad. Como mínimo, en algunos aspectos. Así, acaba por reconocer que no sabía nada. Nada salvo que no era verdad que todo encajase en aquella historia y que había en ella una ironía infinitamente seria o una malicia absolutamente irónica o un enorme malentendido. Y pensé que después de todo aquello quizá no era el final de la historia, que quizá no me había pasado ya todo lo que me tenía que pasar y que, si Tere volvía alguna vez, yo la estaría esperando. ¡Qué bonito y a la vez aborreciblemente jodido es el amor!, ¿verdad?  

    El éxito de la novela se prolongó tanto en el tiempo que finalmente, en 2021, fue llevada a la gran pantalla por el director Daniel Monzón (Celda 211, El Niño), el guionista Jorge Guerricaechevarría (Los crímenes de Oxford, Cien años de perdón) y los actores Marcos Ruiz (como el Gafitas), Begoña Vargas (interpreta a Tere) y Chechu Salgado (da vida al Zarco) entre otros. La película, que se basa prácticamente en su totalidad en la primera parte de la novela --la presencia de las acciones de la segunda es más bien testimonial-- y es muy fiel a la novela original, fue también un gran éxito, logrando hasta cinco premios Goya en 2022 (mejor guión adaptado, mejor dirección artística, mejor diseño de vestuario, mejor maquillaje y peluquería y mejor actor revelación (Chechu Salgado)). Me consta que somos muchos, yo el primero, los que hemos decidido leer la novela tras disfrutar de la película. Y añado: alegra mucho comprobar que el cine a veces sí hace justicia a las grandes obras literarias. Sirva este caso como ejemplo de ello. 

    Tanto la novela como la película son altamente adictivas. Bien sea sobre el papel, bien sobre la pantalla, la historia de Las leyes de la frontera engancha de principio a fin. La amplia variedad temática, la magnífica ambientación, la riqueza psicológica de cada uno de sus protagonistas --principales y secundarios-- y los diferentes puntos de vista y opiniones que los narradores de la acción nos ofrecen, algunas veces concordantes pero muy a menudo contrapuestos y/o radicalmente contradictorios, hacen de esta historia una especie de puzzle que poco a poco se va completando --si es que realmente eso es posible en una historia con tantos puntos muertos y ambigüedades como esta-- para construir un cuadro del que resulta imposible apartar los ojos. Lean la novela, vean la película. ¡Y disfruten de esta magnífica historia!                   

 

lunes, 3 de mayo de 2021

Desayuno en Tiffany´s. Truman Capote. Anagrama. 1990. Reseña

 




    En 1958, con tan solo 34 años de edad, Truman Capote publicó en EE. UU. su novela Desayuno en Tiffany´s. Quienes pudieron tener el privilegio de leer aquella edición de Random House durante los tres años siguientes se imaginaron una Holly Golightly diferente de todos aquellos que la hemos ido leyendo después. Y es que en 1961 el director Blake Edwards rodó la película, cuyo título se tradujo en España como Desayuno con diamantes, interpretada por Audrey Hepburn. Y desde entonces resulta imposible ya leerla sin ver el rostro de la actriz cada vez que aparece en escena el personaje de Holly. Lógico, porque hablamos de una de las mejores y más bellas actrices que ha dado Hollywood a lo largo de toda su historia. Razón por la cual la desdichada Holly Golightly adquiere una nueva dimensión. La censura de la época, además, privó al film de las aficiones de la protagonista (fumar marihuana), su forma de ganarse la vida (mediante la prostitución), su bisexualidad y su anterior aborto. 


    Ciñámonos a la novela, que es lo que aquí nos ocupa, puesto que tampoco la mayoría de acciones de la película tienen mucho que ver con ella. La Holly Golightly de Truman Capote oculta un pasado sombrío que antes o después será descubierto por el narrador y el lector. Por eso mismo, jamás habla de su pasado ni de nada que tenga que ver con ella directamente. Es una escort o chica de compañía que vive una vida extravagante. Por ejemplo, tiene por costumbre desayunar frente a la mítica joyería Tiffany´s. Porque me calma de golpe, ese silencio, esa atmósfera tan arrogante; en un sitio así no podría ocurrirte nada malo, sería imposible, en medio de todos esos hombres con los trajes tan elegantes, y ese encantador aroma a plata y a billetero de cocodrilo. Si encontrase un lugar de la vida real en donde me sintiera como se siento allí, me compraría unos cuantos muebles y le pondría nombre al gato. En el fondo, en efecto, Holly es una desarraigada y una farsante. Una desgraciada. 


    Y, además, en el pasado más reciente ha rechazado un papel para la película de Hollywood The Story of Dr. Wassell. ¡De David O. Selznick, ni más ni menos! ¿Por qué abandona Los Ángeles y la posibilidad de ser una actriz rica y famosa y se establece finalmente en Nueva York para ejercer una profesión tan humillante? Así se lo explica ella misma al narrador de la historia, un escritor de poca monta del que desconocemos hasta el nombre: ser una estrella de cine es demasiado esfuerzo, hay que ser tremendamente narcisista. No quiero decir que el ser rica y famosa fuera a fastidiarme. Ésas son cosas que ocupan un lugar importante en mis planes, y algún día trataré de conseguirlas; pero, si las consigo, querría seguir gustándome a mí misma. Quiero seguir siendo yo cuando una mañana, al despertar, recuerde que tengo que desayunar en Tiffany´s. Pero, bajo ese halo de seguridad en sí misma se oculta la verdadera Holly. Una mujer que solo busca, sin encontrarlo, un camino que seguir en la vida.


    La verdad es que la protagonista vive en un edificio medio destartalado del Upper East Side de Manhattan y tiene como vecinos al escritor narrador de la historia, a Mr. Yunioshi y a la temible Madame Spanella, vieja que critica sus comportamientos y sus fiestas nocturnas y que siempre la amenaza con denunciarla a la policía. Bebe a menudo en el bar de Joe Bell, es la protegida de O. J. Berman, hombre de cine que sigue queriendo introducirla en Hollywood pese a sus demostradas reticencias, sale con el millonario Rusty Trawler, que quiere prometerse con ella a toda costa, y acaba compartiendo su piso con Mag Wilwood, una chica altísima que ansía marido. Además, a través de Mr. Shaughnessy, se gana un dinero extra visitando en la cárcel a un mafioso de nombre Sally Potato, de quien afirma ser su sobrina. En realidad, sin saberlo --o quizás sí lo sabe--, pasa el parte meteorológico antes de cobrar. Un parte y unas visitas que acabarán complicándole mucho la vida en cualquier momento. Más pronto que tarde, además.


    Holly enamora de forma irremediable a todos los hombres que pasan por su vida. Entre ellos, al narrador, a Joe Bell, a Mr. Yunioshi, a O. J. Berman y a Rusty Trawler. Y no solo lo hace por su belleza. También porque, pese a su modo de vida, es una buena chica. Una buena chica que huye de unos problemas mientras se mete en otros incluso más graves. Una buena chica que no quiere cambiar de vida o que simplemente ya no puede hacerlo porque es algo imposible para ella. Una buena chica capaz de regalar una preciosa jaula de tres cientos cincuenta dólares para hacer prometer al nuevo dueño de la misma que jamás meterá en ella a ningún ser vivo. Una buena chica que, no obstante, también va partiendo los corazones de todos esos hombres que forman parte de su vida de una u otra manera. Algo que, según se irá viendo con el discurrir de su historia, viene ya de lejos. De su vida anterior. De esa que quiere mantener oculta. De esa que acabará por explotar ante sus ojos en cualquier momento.


    Sobre la bisexualidad y la libertad sexual, temas que rehúye la película, hay una frase en la novela que lo dice todo. Su amiga y compañera de piso, Mag, afirma que me conformaría también con la Garbo. ¿Por qué no? Tendríamos que poder casarnos con hombres o mujeres o... Mira, si me dijeras que pensabas liarte con un buque de guerra, yo respetaría tus sentimientos. No, hablo en serio. Habría que permitir toda clase de amor. Arriesgada frase para una novela de los años cincuenta del siglo pasado, la verdad. Y Holly opina igual. Porque, aunque es una farsante, es una farsante que siente. Una farsante auténtica. Solo alguien como ella diría que tu país es aquel en donde te sientes a gusto. Y aún estoy buscándolo. Solo alguien como ella añadiría que no estoy dispuesta a dar testimonio contra un amigo. Trato a las personas como ellas me tratan a mí, y el viejo Sally, de acuerdo, no fue del todo sincero conmigo, digamos que se aprovechó un poco de mí, pero de todos modos sigue siendo un buen tipo, y prefiero que esa policía gorda me secuestre antes que ayudar a que esos leguleyos fastidien a Sally.


    No obstante, la gran frase de la novela, la que resume el pasado de Holly, y también quizá lo que está todavía por venir, es esta que le dice a Joe Bell: No se enamore nunca de ninguna criatura salvaje. No hay que entregarles nunca el corazón a los seres salvajes: cuanto más se lo entregas, más fuertes se hacen. Hasta que se sienten lo suficientemente fuertes como para huir al bosque. O subirse volando a un árbol. Y luego a otro árbol más alto. Y luego al cielo. Así terminará usted si se entrega a alguna criatura salvaje. Terminará con la mirada fija en el cielo. Pero créeme, es mejor quedarse mirando al cielo que vivir allí arriba. Es un sitio tremendamente vacío. No es más que el país por donde corre el trueno y todo desaparece. Es cierto. A veces, caminar con el peso a cuestas de tu pasado es algo muy complicado. Se hace difícil seguir caminando de esa manera. Y a Holly se la ve cansada, además de desarraigada. Y piensa en una huida hacia adelante.


    Desayuno en Tiffany´s es una magnífica novela corta que se acompaña --en esta edición de Anagrama-- de tres relatos breves, titulados Una casa de flores, Una guitarra de diamantes y Un recuerdo navideño, en los que queda de manifiesto la gran capacidad de Truman Capote a la hora de combinar un tono mundano, un bello lirismo y un mundo repleto de sentimientos a flor de piel. Tanto la novela como los relatos demuestran que no hace falta alargar las historias sin motivo y que la belleza literaria no está formada por páginas sino por palabras. Las justas y necesarias. Así, apenas cien páginas pueden consagrar a un autor para siempre. Y este Desayuno en Tiffany´s es un buen exponente de lo afirmado.           


          

viernes, 15 de abril de 2016

Altamira. Huhg Hudson. 2016. Crítica





     Hace un par de semanas se estrenó Altamira, la nueva película del malagueño Antonio Banderas en la cual encarna a Marcelino Sanz de Sautuola, hombre proveniente de una familia aristócrata cántabra y, lo más interesante para la Historia en general y esta historia en concreto, arqueólogo aficionado, que descubrió, junto a su hija María, de nueve años, la cueva y las pinturas rupestres más importantes de Europa. Fue en 1879. Y ese descubrimiento, que debería haber constituido un hito histórico de primer orden mundial, amenazó con destrozar la hasta entonces tranquila vida de los Sautuola. 

     Pese a que la taquilla le ha dado la espalda --ha recaudado mucho menos de lo esperado en un principio a pesar de contar con uno de los actores más mediáticos de nuestro cine-- la película cumple a la perfección con el doble cometido de enseñar historia y a la vez entretener. Altamira está considerada como la Capilla Sixtina del arte rupestre por contener en su bóveda pinturas de bisontes datadas en 20.000 a. C. No obstante, su descubrimiento se vio envuelto en varias polémicas, las cuales son tratadas en la película con gran rigurosidad.

     La cinta, dirigida por Hugh Hudson (Carros de fuego (1981), Greystoke, la leyenda de Tarzán (1984) o Los secretos de la inocencia (1999)), cuenta con unas magníficas fotografía (José Luis Alcaine), música (Mark Knopfler y Evelyn Glennie) y efectos visuales (las imágenes de los bisontes cobrando vida a partir de las pinturas son dignas de mención, sin duda). Y la ambientación, en Santillana del Mar y la costa cántabra, transportan al espectador a aquella Cantabria de fines del siglo XIX que, al igual que el resto del país, pugnaba por dejar atrás el atraso para tomar el camino del (a veces) mal llamado progreso.

     Son básicamente dos las polémicas desatadas por el descubrimiento de las pinturas rupestres de Altamira. Ambas, tratadas minuciosamente en el film. Por un lado, el eterno dilema --en aquella época-- entre razón y fe; entre ciencia e Iglesia; entre evolución y creación. Los ataques recibidos por Sautuola por parte de la Iglesia Católica fueron muchos y muy duros, incluso llegando a tratarle de herético por sostener que las pinturas eran anteriores a Adán y Eva. Algo inaceptable para una Iglesia retrógrada, inflexible y carente por completo de valores y de buenos modos. Impecable el papel interpretado por Rupert Everett, autoridad eclesiástica local que acusa a Sautuola de atacar las verdades bíblicas.  

     La segunda polémica viene desde el mundo de la ciencia y la controvertida relación que desde hace tanto tiempo ha habido entre España y Francia. A fines del siglo XIX el mundo científico y prehistórico estaba liderado por Émile Cartailhac, respetado arqueólogo francés que no aceptó como reales las pinturas de Altamira. Su nacionalismo y su colonialismo científico le llevaron a acusar de falsificador a su descubridor, que cayó en el descrédito más absoluto. De nada sirvió su conocida rectificación tras similares hallazgos en su país natal. Sautuola no vivió para ver públicamente recompensadas su entrega y dedicación. 

     Pero, Historia al margen, la película trata también la historia familiar de los Sautuola. En ese sentido, cabe resaltar la magnífica relación paterno-filial entre los personajes de Banderas y Allegra Allen, que encarna a María. La dedicación del primero y la adoración mutua entre ellos es uno de los fuertes de la cinta. Hasta el punto de que la niña sigue tan a pies juntillas las explicaciones de su padre que imagina a los bisontes y hasta llega a darles vida. Y sus ojos nos miran tan fijamente desde la pantalla que también nosotros los sentimos como plenamente reales.  

     Sin embargo, lo que de verdad nos tiene en vilo durante la hora y media de duración del film es la relación entre el matrimonio. Porque Conchita (Golshifteh Farahani (Éxodo: dioses y reyes o Red de mentiras)), la esposa de Sautuola, es tan dulce como devota, y según se introduce su esposo en su intento por dar a conocer su hallazgo a la comunidad científica internacional observamos cómo se va resquebrajando la relación entre los cónyuges. Sobre todo cuando su marido es acusado de falsificador y decide cerrar la cueva. Marcelino y Conchita pugnan por sus respectivas verdades y, a la vez, por salvar su matrimonio. Ellos encarnan a la perfección esa dicotomía entre razón y fe, entre ciencia y religión.

     Altamira no es la octava maravilla del mundo del cine. Tampoco la película del año ni la que más pueda recaudar. Ni falta que le hace. Cumple con sus pretensiones de mostranos un pedacito de la historia de nuestros antepasados --los del siglo XIX y los del Paleolítico--, retrata convincentemente la intrincada sociedad de la época en que está ambientada y nos enseña que el amor puede tener algo de redentor y que en ocasiones puede con todo. Incluso con la razón, la fe, la ciencia, la Iglesia y los fracasos.