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viernes, 29 de junio de 2018

Mis diez mejores lecturas del primer semestre de 2018





     Como cada año por estas fechas, Jungleland cierra por vacaciones estivales. Pero, antes, siguiendo con su tradición, os deja las diez mejores lecturas de lo que llevamos de 2018. Esta es la lista de recomendaciones veraniegas. ¡Felices vacaciones y lecturas!

10. El jugador. Fiodor Dostoievski. Servilibro ediciones. 2012. Constituye una obra de gran magnitud, pues nos permite conocer de primera mano hechos reales de la vida de uno de los más importantes escritores del siglo XIX, así como elementos de la sociedad en que vivió: la emigración rusa, los balnearios-casinos germanos, las relaciones interpersonales y las bajas pasiones (y, con ello, no me refiero únicamente a las que tienen que ver con el juego). Es una novela que puede servir perfectamente como una magnífica primera toma de contacto con el genio ruso. Y hablo con conocimiento de causa. 

9. Carta de una desconocida. Stefan Zweig. Acantilado. 2002. Publicada en 1922, se trata de una novela corta (apenas 80 páginas) que se lee en una hora larga. La misiva, enviada por una mujer desconocida a un famoso escritor vienés en el día de su cumpleaños, resulta ser toda una declaración de amor, por un lado, y, por otro, una descripción desgarradora de la vida de esta peculiar mujer. Una persona capaz de renunciar a todo en la vida solo por amor hacia alguien para quien tan solo es eso: una completa desconocida.

8. Frankenstein. Mary W. Shelley. Ediciones Rueda. 2002. Publicada hace 200 años bajo el título Frankenstein o el moderno Prometeo, aborda temas tan controvertidos como la moral científica, la creación y la destrucción de la vida, la naturaleza humana o la relación de los humanos con Dios. El hecho de que el doctor Frankenstein actúe como una especie de Dios, con el cual rivaliza, justifica su subtítulo, en referencia a ese Prometeo de la mitología griega que robó el fuego de los dioses para dárselo a los mortales. El hecho de que Zeus acabara castigándolo por ello también se relaciona directamente con esta obra, pues el propio doctor Frankenstein acabará recibiendo el peor castigo. 

7. La librería. Penelope Fitzgerald. Impedimenta. 2010. Una de esas novelas que nos hablan del amor por los libros y de la vergüenza ajena que los escritores y los lectores padecemos cuando comprobamos que vivimos en una sociedad que no lee lo que debiera. Estamos, pues, ante una novela que gustará a lectores y libreros, sobre todo a aquellos cuyos negocios no han podido sobrevivir a una sociedad poco dada a la cultura y a la lectura pero que, en cambio, pueden caminar con la cabeza bien alta por haberlo intentado.

6. El coronel no tiene quien le escriba. Gabriel García Márquez. Mondadori. 1987. El mundo mítico, casi ascético, que lo haría mundialmente conocido --Macondo o Aureliano Buendía ya aparecen en las páginas de la historia del coronel-- comienza a asomar en esta novela breve. Su estilo se hace más puro, más transparente, y su economía expresiva se pone de manifiesto al narrar esta historia de injusticia y violencia como consecuencia de una situación histórica provocada por las guerras, la tiranía de los gobernantes y la rebelión de las clases sociales más bajas. No obstante, todavía no encontramos los rasgos del realismo mágico propiamente dicho. Y tampoco los característicos saltos en el tiempo que más tarde serían tan habituales en las obras de Gabo.

5. Se llamaba Manuel. Víctor Fernández Correas. Ediciones Versátil. 2018. El Madrid y su ambiente, sus gentes y sus vestuarios, sus luces y sus sombras cobran vida ante nuestros ojos de la mano de un autor versátil que progresa con cada una de sus obras. Ésta se podría calificar como thriller por cuanto mantiene el suspense en todo momento. Sin embargo, también presenta rasgos de la novela histórica e incluso de la costumbrista. Además, entretiene, enseña e ilustra sobre nuestro pasado. Un pasado que vuelve, una y otra vez. Contra el que debemos luchar. Aunque sea derrochando coraje y corazón.

4. El círculo del alba. Luisa Ferro. Planeta. 2016. Una gran novela. De las que puede atraer a todo tipo de público, pues abarca prácticamente todos los grandes temas de la historia de la literatura. Y, todo ello, a través de una narrativa impecablemente sugestiva, descriptiva y reflexiva que, además, recuerda a las formas narrativas de antaño, haciendo un claro guiño a los estilos narrativos de la época --principios del siglo XX-- que tan bien recrea en la novela. Al margen de los personajes carnales, la gran protagonista de la obra es Madrid, esta ciudad que es mujer, que reparte hostias como panes, también sabe encandilar con dulces besos de violetera.  

3. La insoportable levedad del ser. Milan Kundera. Tusquets Editores. 1985. Novela temáticamente coral. Algunos la consideran filosófica-moral por sus ideas existencialistas y sus continuas referencias a ideas como el eterno retorno de Nietzsche y a teorías y obras tan conocidas como el psicoanálisis o el Edipo de Sófocles. Para otros, se trata de una novela político-social, por cuanto describe cómo fue la vida en la capital checa en el período de 1968, en plena Guerra Fría. Por ello, además, no faltan quienes le otorgan también un componente histórico, aunque parece complicada su categorización como novela histórica. Por último, muchos hablan de ella como obra sexual, afectiva y de pareja. Es probable que todos ellos tengan parte de razón. 

2. Asesinato en el Orient Express. Ágatha Christie. RBA Libros. 2013. Basta una sola tarde-noche para comprobar que la fama de reina del suspense y del misterio que acompaña a la novelista que más obras ha vendido a lo largo de la historia según el libro Guinness de los récords es absolutamente merecida. La obra más conocida de la escritora británica se escribió a la antigua usanza, es decir, siguiendo el esquema clásico de introducción, nudo y desenlace. Tras su lectura, queda claro que nada atrapa más a un lector que una novela negra bien estructurada, narrada y desarrollada.

1. Ordesa. Manuel Vilas. Alfaguara. 2018. Muchas de las más grandes novelas de todos los tiempos nacieron de los momentos más complicados de la vida de sus autores. Ejemplos de ello podemos encontrar un sinfín a poco que naveguemos por los libros o por internet. Claramente, estamos ante un nuevo caso. Ordesa es el resultado de un momento crucial en la vida de Vilas: su divorcio y la muerte de su madre (que cerró el círculo abierto unos años atrás con la pérdida de su padre). El autor hace un ejercicio de introspección, individual, familiar y hasta nacional, para transportarnos, sin ningún tipo de orden cronológico, a los años 60, 70 y 80 del siglo pasado de esta España nuestra. 


lunes, 5 de febrero de 2018

El coronel no tiene quien le escriba. Gabriel García Márquez. Mondadori. 1987. Reseña





     En 1961, cinco años después de publicar su primera novela, La hojarasca, Gabriel García Márquez vio cómo salía al mercado su segunda obra, El coronel no tiene quien le escriba, pequeña historia --no más de ochenta páginas-- terminada de escribir en enero de 1957 en París. Cuatro años hubo de esperar hasta verla publicada. Demasiado tiempo. El colombiano llegó a la ciudad de la luz como corresponsal de prensa, aunque con el secreto deseo de estudiar cine. El cierre del periódico para el que trabajaba lo sumió en la pobreza. Mientras, redactó hasta tres versiones diferentes de la obra reseñada, las cuales fueron rechazadas por diversos editores hasta su definitiva publicación.

     El mundo mítico, casi ascético, que lo haría universalmente conocido --Macondo o Aureliano Buendía ya aparecen en las páginas de la historia del coronel-- comienza a asomar en esta novela corta. Su estilo se hace más puro, más transparente, y su economía expresiva se pone de manifiesto al narrar esta historia de injusticia y violencia como consecuencia de una situación histórica provocada por las guerras, la tiranía de los gobernantes y la rebelión de las clases sociales más bajas. No obstante, todavía no podemos hablar de realismo mágico propiamente dicho. Y tampoco aparecen los característicos saltos en el tiempo que más tarde serían tan habituales en los trabajos literarios de Gabo. 

     El autor siempre habló de esta obra como la más simple pero también como la mejor de todas sus novelas. Aunque tuvo que escribir Cien años de soledad --publicada en 1967-- para que la gente leyera la predecesora. El desasosiego, la pérdida, el hambre y el remordimiento son los temas centrales de la historia. Sin olvidar algo que se puede considerar una consecuencia de todo lo anterior: la crisis matrimonial de los cónyuges protagonistas de la misma. En efecto, nada parece atacar más la estabilidad de un matrimonio de toda la vida como la escasez de recursos económicos, la miseria y el hambre. Y es que la falta de sustento y la carestía alimenticia son elementos ante los que se antoja imposible no sucumbir.

     El viejo coronel retirado y su asmática mujer son huérfanos de un hijo víctima de un atentado político acaecido pocos meses antes del desarrollo de la trama de la novela. Todo ocurre en una gallera, en torno a las apuestas de peleas de gallos. Precisamente es el gallo de su hijo lo único que parece poder sacarlos de la ruina. Pero antes de que llegue la temporada de las peleas y, con ella, las ganancias económicas a través de las apuestas, el gallo debe ser alimentado. Incluso en perjuicio de sus nuevos amos, que deberán elegir entre comprar alimentos para humanos o alpiste para el animal. Dilema muy difícil de enfrentar cuando el recuerdo de su único hijo no les deja tomar una decisión suficientemente lógica.

     El coronel acude cada viernes al puerto para esperar la llegada del administrativo de correos. Espera una carta desde hace quince años. Pero el gobierno al cual ayudó a llegar al poder durante la última guerra civil no contesta a su petición en forma de pensión compensatoria por los servicios prestados a la patria. Una patria que permanece injusta y cruelmente muda ante un coronel que por momentos sucumbe a la desesperación. Así las cosas, el gallo de pelea heredado de su hijo se convierte en la última esperanza del coronel y su esposa. Porque no solo está en juego su alimentación. También la salud de una esposa que cada vez sufre crisis asmáticas más continuadas y horribles.

     La incertidumbre de no saber qué van a poder comer al día siguiente, el empeoramiento de la salud de los cónyuges --también el coronel sufre de dolores estomacales (a menudo se siente como si tuviera animales en las tripas, en las cuales le nacen hongos y lirios venenosos)--, el sentimiento de pérdida ante el vil acribillamiento de Agustín, los cada vez más vanos intentos de disimular su delicadísima situación económica ante los vecinos del pueblo --ya no pueden vender más objetos de la casa, salvo un viejo reloj y un cuadro-- y la represión y la censura (desde los periódicos hasta los cines) del régimen imperante contribuyen a crear un ambiente general de agobio del que resulta imposible si quiera pensar en escapar. 

     El coronel debe afeitarse al tacto (puesto que carece de espejo desde hace años), no puede usar ya un paraguas que solo sirve para contar las estrellas (ya que solo conserva un misterioso sistema de varillas metálicas), posee unos zapatos que son monstruos que tienen cuarenta años y a menudo se avergüenza de haber dormido porque casi siempre sueño que me enredo en telarañas. Pero, aún con todo, lo peor para él es que una noche comprobó que cuarenta años de vida común, de hambre común, de sufrimientos comunes, no le habían bastado para conocer a su esposa. Sintió que algo había envejecido también en el amor.

    Su esposa está cansada de los problemas de la casa, de poner a hervir piedras para que los vecinos no sepan que tenemos muchos días de no poner la olla, de esperar durante veinte años los pajaritos de colores que te prometieron después de cada elección, y de que de todo eso no nos queda nada más que un hijo muerto. En definitiva, está harta de remilgos y contemplaciones. Hasta la coronilla de resignación y dignidad. Y su postrero ataque de cólera la lleva a un enfrentamiento tan cruel como despiadado con su marido, a quien dirige muy duras palabras: Ahora todo el mundo tiene su vida asegurada y tú estás muerto de hambre, completamente solo. 

     Por todo lo expuesto, El coronel no tiene quien le escriba es una pequeña gran obra maestra de la literatura castellana y universal que condensa en muy pocas páginas muchos de los males de las sociedades contemporáneas. Una joya que conviene leer. Siempre.                                 

      

lunes, 8 de enero de 2018

Mis diez mejores lecturas de 2017





10. La buena letra. Rafael Chirbes. Anagrama. 2000 La buena letra es el disfraz de las mentiras, afirma Ana en boca de Isabel. Unas palabras dulces que encubren una gran amargura. Ciertamente, la novela no es bella sino muy dura. En ella es casi más importante lo que se deja entrever, lo que se intuye que lo realmente narrado. Un fiel reflejo de una sociedad y una época a través de una pluma seria, original y fuerte que se echa mucho de menos en nuestra literatura actual. Y es que la intención de Chirbes nunca fue escribir bonito sino escribir bien. Y ello se nota en cada una de sus obras.

9. El cielo es azul, la tierra blanca. Hiromi Kawakami. Alfaguara. 2017 Nos encontramos ante una escritora que hay que seguir con mucha atención a partir de ahora. Sobre todo, viendo cómo narra y cómo utiliza su prosa para golpearnos sin siquiera tocarnos. La novela es una maravillosa historia de amor (como ya indica su subtítulo en esta reedición de Alfaguara) como hacía tiempo no leía. No, no es la típica historia romántica prefabricada de moda, sino una original, delicada, cuidada y exquisita historia de amor en el más amplio sentido de la palabra. 

8. Desgracia. J. M. Coetzee. Círculo de Lectores. 2000 La rápida sucesión de acontecimientos, la introspección y una narración directa, sencilla, casi sin descripciones y a menudo más insinuadora que efectivamente mostradora, nos conducen a una especie de montaña rusa de emociones, sentimientos, toma de decisiones y actos más o menos preconcebidos. La historia nos captura, conmociona, zarandea y hasta cabrea. Los personajes no son perfectos pero sí cercanos. Tienen defectos, dudas, frustraciones. Y quizá sea eso lo mejor de la novela, lo que la hace tan descarnada y a la vez tan bella (literariamente hablando).

7. La tristeza del samurái. Víctor del Árbol. Editorial Alrevés. 2011 Las culpas, los dolores y las traiciones de los personajes de la Extremadura de 1941 han sido heredadas por sus hijos, los protagonistas de la acción que transcurre en la Barcelona de 1981. Algunos de ellos han nacido culpables y marcados por un pasado en el que todavía no existían. Otros tratan de sobrevivir a pesar de sus pasados. La venganza, el ansia de la destrucción, la lucha por el poder y el amor como única vía de salvación son algunos de sus modos de vida. Pero para poder seguir con ella han de cerrar el círculo. Algo que cada uno hará a su manera. El pasado no se puede cambiar, pero el futuro está en nuestras manos. 

6. Crónica de una muerte anunciada. Gabriel García Márquez. Mondadori. 1987 El día en que que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Así comienza una de las novelas más representativas e imprescindibles de la literatura contemporánea. En apenas un centenar de páginas García Márquez realiza un tour de force genuino y extraordinario, atrapando al lector en una lectura cuyo desenlace conoce ya desde su primera frase. Y para ello, además de un lenguaje exquisito, empleó una acción a la vez colectiva y personal, clara y ambigua. hasta el punto de que los recuerdos de unos y otros protagonistas llegan a contradecirse. 

5. Clavícula. Marta Sanz. Anagrama. 2017 Novela intensa, singular, diferente, original, sorprendente, talentosa, clarividente, lúcida, valiente, arriesgada, honesta, social, moral, políticamente incorrecta y que sabe dirigir la atención del lector exactamente hacia donde apunta la flecha. Digna, sin un ápice de duda, de quien afirma que me gustan los libros que abren estigmas en las palmas de las manos, los que aprietan la garganta y nos cortan la respiración. Todo ello, a pesar de que no tolero mostrar debilidades en público porque el público es siempre un enemigo. ¡Pues vaya manera de demostrarlo! 

4. Por encima de la lluvia. Víctor del Árbol. Ediciones Destino. 2017 Comentó Víctor del Árbol hace unos meses que con esta novela, en la que nos cuenta una historia arrolladora sobre el valor de vivir siempre intensamente, no pretende otra cosa que arañar el alma del lector. Cuestión que enlaza este nuevo trabajo con cualquiera de sus anteriores. Por algo se le conoce como el escritor del dolor. Etiqueta de la que siempre huye, por otra parte. Como de todo tipo de clichés y tópicos. Especialmente en un momento tan convulso como el actual, en el que la sinrazón de unos y otros nos está llevando, a todos, al abismo. 

3. La vida negociable. Luis Landero. Tusquets. 2017 Una novela en la que la soledad, la psicología humana y las bajas pasiones --los celos, las infidelidades, el sexo por el sexo-- son su leitmotiv. Y, sin embargo, el amor --sea o no correspondido--, la esperanza y la necesidad de tener, mantener o crear nuevos sueños son los factores que mantienen con vida a sus protagonistas. Ya se sabe: reinventarse o morir. Porque, a veces, la vida se convierte en un valle de lágrimas y la redención es la única salida para poder seguir adelante y comprobar lo que nos espera al final de nuestro camino. Y es que puede que lo mejor esté a la vuelta de la esquina...

2. Tierra de campos. David Trueba. Anagrama. 2017 Creo que no resulta exagerado afirmar que estamos ante una de las mejores novelas españolas del año. Una historia que perfectamente se podría adaptar a la gran pantalla. Y con una portada que rinde un fiel homenaje a esa tierra de campos que marca el origen de un Dani Mosca que pasará a la historia de la literatura española por méritos propios. Como amante de la música que soy, me ha cautivado la recreación que realiza Trueba de la movida madrileña. Y la división de la novela en cara A y cara B es ciertamente original pero también necesaria. Trueba es auténtico y genuino. Y esta obra no será la última suya que lea. 

1. Los renglones torcidos de Dios. Torcuato Luca de Tena. Planeta. 1979 La mejor lectura del 2017 viene de la mano del escritor y periodista Torcuato Luca de Tena, que en 1979 pasó hasta 18 días seguidos encerrado en un manicomio para documentarse para escribir esta novela. Convivió como un loco más entre los locos del Hospital Psiquiátrico de Conxo, en Santiago de Compostela. El autor de esta verdadera obra maestra de la literatura española contemporánea pidió permiso al reconocido psiquiatra Juan Antonio Vallejo-Nágera para ingresar en su manicomio. Llegaron a discutir ante la negativa del segundo. La trama de la historia va dando una serie de inesperados giros que, aspectos psiquiátricos al margen, mantienen el interés por conocer el desenlace hasta la última página. Una novela digna de ser el número 1 de esta lista. 


viernes, 15 de diciembre de 2017

Memoria de mis putas tristes. Gabriel García Márquez. Mondadori. 2004. Reseña





     El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen. Me acordé de Rosa Cabarcas, la dueña de una casa clandestina que solía avisar a sus buenos clientes cuando tenía una novedad disponible. Nunca sucumbí a esa ni a ninguna de sus muchas tentaciones obscenas, pero ella no creía en la pureza de mis principios. También la moral es un asunto de tiempo, decía, con una sonrisa maligna, ya lo verás. Era algo menor que yo, y no sabía de ella desde hacía tantos años que bien podía haber muerto. Pero al primer timbrazo reconocí la voz en el teléfono, y le disparé sin preámbulos: "hoy sí".

     Así de directo y crudo comienza el relato de Memoria de mis putas tristes, la última novela que escribió Gabriel García Márquez allá por 2004. Una novela corta que recuerda a una obra suya anterior, Doce cuentos peregrinos (1992), cuya historia se basa también en un amor a edad muy tardía, cuando parecía que la vida ya no podía deparar nada más que la muerte a su protagonista, y a La casa de las bellas durmientes, del japonés Yasunari Kawabata, escrito que siempre influyó en el Premio Nobel colombiano, tal y como siempre confesó él mismo en vida, y en el que el protagonista también mantiene extrañas relaciones con prostitutas dormidas. Y, sin embargo, Memoria de mis putas tristes es diferente a la obra del gran escritor nipón.

     Porque la novela que nos ocupa en estas líneas, a diferencia de la de Kawabata, sí se puede inscribir en el género de novela romántica en el sentido de que el nonagenario se obsesiona hasta tal punto con Delgadina --nombre que le pone a su amante pasiva dormida-- que llega a sentir hasta celos. Así, en su relato en primera persona llega a afirmar que esto es algo nuevo para mí. Él, que reconoce además sin tapujos que nunca me he acostado con ninguna mujer sin pagarle, y a las pocas que no eran del oficio las convencí por la razón o por la fuerza de que recibieran la plata aunque fuera para botarla en la basura. No obstante, todo cambia al conocer a Delgadina.
                 
     Porque, de repente, como por arte de magia, esa noche descubrí el placer inverosímil de contemplar el cuerpo de una mujer dormida sin las urgencias del deseo o los obstáculos del pudor. Y es que Rosa Cabarcas, constatando el miedo de la niña, de tan solo quince años, ante el hecho estar a punto de perder su virginidad decide atiborrarla de valerianas para relajarla. Tanto que esta se queda dormida y no se entera de nada de lo que ocurre en la habitación de la casa de Rosa. De nada salvo de que no ha perdido la virginidad, claro. El caso es que a nuestro protagonista le encanta la experiencia y no duda en repetirla cada vez que tiene la más mínima ocasión. Hasta que ha de rendirse, por primera vez en su nonagenaria vida, al amor verdadero.

     El Sabio o el Filósofo, como lo llaman los demás personajes de la obra, es un periodista mediocre, un soltero sin futuro, un feo ejemplar que jamás ha tenido una relación medianamente normal con ninguna mujer durante su larga vida. Vive en la ciudad colombiana de Barranquilla de los años sesenta y asiste, perplejo, a un drástico y caprichoso cambio del destino. Y lo que se presentaba como una historia de amor desenfrenado sin compromiso se convierte en una oportunidad única para conocer el amor verdadero. Y, claro, una vez superado el shock inicial, el protagonista no está dispuesto a dejar pasar la ocasión. Y se mostrará dispuesto a cualquier cosa con tal de vivir algo nuevo antes de morir.  

     La novela trata temas muy controvertidos, como la trata de menores, el comercio sexual y la pederastia. Y, sin embargo, no se puede acusar a su autor de fomentar ninguna práctica ilícita, pues, pese a que la intención inicial del protagonista sí es mantener relaciones sexuales con una joven de quince años, lo que se narra realmente es una historia de amor casto y puro. En cualquier caso, es indudable que la temática puede resultar polémica según el tipo de lector que se sumerja en las páginas de una novela que también fue llevada a la gran pantalla --bajo título homónimo-- de la mano del director danés Henning Carlsen y del guionista Jean-Claude Carriére. Emilio Echevarría interpretó el papel de el Sabio, Paola Medina Espinoza hizo de Delgadina y Geraldine Chaplin encarnó a Rosa Cabarcas.

     En sus encuentros, mientras la niña duerme, el Sabio le susurra canciones, historias y piropos al oído. Se establece entre ellos una especie de comunicación a base de gestos, sonrisas y movimientos. El anciano le regala a la joven pendientes, collares, cuadros, etc. Incluso convierte la habitación de la casa de Rosa Cabarcas en la que se encuentran en un nidito de amor en el que estar más cómodos, solos, desnudos y abrazados. Y, como se ha referido más arriba, el viejo comienza a sentir celos y a preguntarse cómo es la vida de la niña durante el día. Solo sabe por Rosa que es obrera y que cose botones en un almacén de moda. Y ese sentimiento de pertenencia comienza a provocar en el Sabio un maremágnum de pensamientos y sentimientos contradictorios difíciles de llevar por alguien que jamás antes se ha enamorado.

     Gabo publicó esta novela diez años antes de su fallecimiento. Y a la polémica de la supuesta incitación a la pedofilia se sumaron el expreso deseo de su autor de que nunca más fuera llevada al cine ninguna de sus novelas y la teoría de si la narración estaba basada o no en algún extraño capítulo de su propia vida. No en vano, el protagonista de la historia es un periodista de edad avanzada (García Márquez contaba en aquel momento 77 años). El autor siempre indicó que sus fuentes bebían de la obra de Kawabata comentada al principio de la presente reseña. Sea como sea, y conjeturas al margen, estamos ante una gran novela de amor y desamor, de ansias de vivir cada momento con la máxima intensidad posible --sabiendo su protagonista que su muerte está cada vez más cercana-- en la que está también presente el característico realismo mágico, especialmente en las escenas en que el Sabio se relaciona con su madre ya muerta.      


jueves, 14 de septiembre de 2017

Relato de un náufrago. Gabriel García Márquez. Círculo de Lectores. 1988. Reseña





     El 28 de febrero de 1955 ocho miembros de la tripulación de un destructor colombiano denominado A. R. C. Caldas cayeron al mar apenas un par de horas antes de su llegada a Cartagena. Se dijo que el accidente se debió a una tormenta en el mar Caribe. Sin embargo, con el tiempo, se demostró que la tragedia fue ocasionada por el balanceo de una extraña y excesivamente pesada carga transportada por el buque: neveras, televisores, lavadoras y demás electrodomésticos. Algo ilegal según las normas de la marina imperantes en aquella época. La reconstrucción del relato del único superviviente del accidente, Luis Alejandro Velasco --dado por muerto, como sus siete compañeros, cuatro días después del incidente--, por parte del periodista y escritor Gabriel García Márquez demostró que la carga ilegal del buque traspasaba incluso los límites políticos y morales.

     La colaboración entre el superviviente y el periodista-escritor dio como resultado la publicación por episodios, en catorce días consecutivos, de la verdadera historia del buque y de los diez días que pasó a la deriva el náufrago que estuvo en una balsa sin comer ni beber, que fue proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de belleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido y olvidado para siempre. Todos los miembros del diario El Espectador de Bogotá --incluido el futuro Premio Nobel-- y el superviviente, Luis Alejandro Velasco, cayeron en desgracia ante el régimen dictatorial del general Gustavo Rojas Pinilla. El protagonista pasó de héroe a villano, teniendo que abandonar una marina que anteriormente lo había condecorado; el diario acabó cerrando; y el genial escritor hubo de abandonar su país natal, iniciando ese exilio errante y un tanto nostálgico que tanto se parece también a una balsa a la deriva. 

     Más allá del valor de un documento real mediante el cual el náufrago destruyó tanto la estatua como el pedestal que su país le había dedicado, la narración es tan descriptiva y dramática que el mismísimo Miguel Delibes confesó haberse mareado al leerla, algo que, añadió, jamás me había pasado leyendo un libro. En efecto, la escena de la caída de los marineros al mar y las siguientes, en las cuales Luis Alejandro consigue subirse a una balsa y trata de ayudar, sin éxito, a algunos de sus compañeros, provocan que el corazón del lector se encoja y lata a mayor velocidad de la habitual. La tragedia cobra vida ante nuestros ojos y su magnitud nos golpea hasta la desolación.

     A partir del capítulo cuarto se narra, siempre en primera persona, cómo el náufrago comienza poco a poco a buscar un motivo para no dejar de luchar pese a verse solo y abandonado en la inmensidad del mar. La soledad, la sed, el hambre, el picor de una herida en la pierna y un sol abrasador que progresivamente quema su piel constituyen sus primeras preocupaciones tras comprobar que los aviones de rescate pasan de largo sin verlo. Así, interioriza que está perdido y comienza a luchar consigo mismo para no rendirse. Precisamente eso, el no rendirse, será lo que lo convierta en héroe nacional tras su llegada a la costa colombiana de Urabá.

     La soledad se manifiesta de muchas maneras a lo largo de la novela. Una de ellas provoca alucinaciones en el náufrago, al que visita varias noches uno de sus compañeros. Dialogan, se miran y se hacen compañía durante las largas horas de la noche. Tan largas que el narrador llega a confesar que la noche es muchísimo más extensa que el día. Sobre todo en pleno invierno (conviene no olvidar que los hechos se desarrollaron durante los primeros días del mes de marzo). Cualquier punto negro en el horizonte, cualquier brillo, cualquier destello crean falsas esperanzas de salvación. Pese a ser falsas, siempre conviene agarrarse a ellas con tal de seguir viviendo. Aunque sea malviviendo.

     En un mar interminable una bandada de gaviotas, un banco de peces o incluso la peligrosa visita de los tiburones --que rodean la balsa cada atardecer, a partir de las cinco de la tarde--, pueden lograr que uno aparque la soledad, por perturbadora que esta pueda llegar a ser. Cualquier suceso basta para mantener las ansias de vivir. Más aún cuando la supervivencia se ve definitivamente afectada. Poniendo en evidencia que tanto la mente como el cuerpo humano están capacitados para soportar toda clase de inconvenientes. De esta manera, para sorpresa del lector, el narrador llega a hablar de su buena estrella ante situaciones que uno no podría ni imaginar.

     El náufrago, en circunstancias tan extremas, es capaz de alimentarse a base de gaviotas, peces crudos, tarjetas de almacenes comerciales y hasta suelas de zapatos. Todo con tal de sobrevivir. No obstante, en determinados momentos, los acontecimientos pueden con él, lo sobrepasan y lo obligan a dejarse llevar, a abandonarse, a dejarse morir, a desear la muerte por encima de todo. La desesperación se apodera de él de tal manera que el lector cree que en cualquier momento va a perder la cabeza y a lanzarse ante los tiburones. Sin embargo, de nuevo la fortuna, el destino o la buena estrella le permiten volver a la lucha por seguir con vida.

     Y, cuando por fin tiene tierra a la vista y la salvación parece tan cercana, el cansancio, la debilidad, las ansias y la desesperación se abalanzan sobre él, poniendo en riesgo la consecución del objetivo perseguido durante diez días de dura deriva física y mental. La solidaridad de los lugareños de Urabá y los pueblos cercanos, los sabios cuidados del doctor y el hecho de verse de repente centro de atención de todo el mundo --¡no olvidemos nunca que poder contar todo lo sucedido es la máxima urgencia del protagonista en esa situación!-- mantienen al superviviente alejado de ese estado de irrealidad que lo persigue por momentos desde hace ya tantos días. Lo cual indica que la pesadilla no siempre finaliza cuando uno despierta del horrible sueño.

     En definitiva, nos encontramos ante un relato (aparecido por fin en formato libro en 1970, quince años después de su primigenia publicación en El Espectador) de pura supervivencia, lucha y superación personal extraordinariamente bien narrado por un autor que pocos años después (1982) recibiría el merecido Nobel de Literatura. Una novela que nos habla, además, de las corruptelas políticas, de los peligros --y urgentes necesidades-- de hacerles frente, de la valentía de quienes alzan su voz contra las injusticias y de las mil y una argucias de los periodistas a la hora de detectar una noticia y ser los primeros en darla a conocer a la sociedad.              
             


viernes, 30 de junio de 2017

Mis diez mejores lecturas del primer semestre de 2017





     Como cada mes de junio, justo antes de las vacaciones estivales--el mejor momento del año para leer según la mayor parte de la gente--, os dejo mi particular lista de las diez mejores lecturas de lo que va de año. Espero que os animéis a leer algunas de ellas y, si es así, las disfrutéis tanto como yo. Como siempre, podéis observar cómo hay todo tipo de libros: novedades, publicaciones más o menos actuales y alguna pieza clásica de la literatura nacional y universal. Ahí va la lista:


10. 84 Charing Cross Road. Helene Hanff. Anagrama. 2006 Una de esas obras clásicas que nos enseñan el amor por los libros. Unos personajes inmortales de los que cuesta despedirse y a los que a todos nos gustaría poder conocer algún día. Una maravillosa novela epistolar que dio pie a una igualmente maravillosa película. Y también una gran desdicha: la de dos personas que comparten el amor por la literatura sin poder llegar a conocerse jamás en persona.

9. Cáscara de nuez. Ian McEwan. Anagrama. 2017 La última novela de uno de los escritores actuales más originales, innovadores y arriesgados. Un feto nos cuenta la historia del asesinato de su padre por parte de su futura madre y su amante, su futuro tío paterno. Impotencia, rabia, culpabilidad y búsqueda de la salvación. Una especie de thriller psicológico que no dejará indiferente ni al más pintado de los lectores.

8. El monarca de las sombras. Javier Cercas. Random House. 2017 La historia que Javier Cercas nunca quiso contar pero sabía que algún día contaría. La búsqueda, personal, familiar e histórica, de un familiar directo del propio escritor que no se sabe bien si es héroe o villano, valiente o cobarde. Uno de esos textos que le ponen a uno un nudo en la garganta. Porque a veces no se sabe qué es mejor: conocer o no conocer.

7. Escucha la canción del viento / Pinball 1973. Haruki Murakami. Tusquets Editores. 2015 Las dos primeras novelas del genio japonés, por fin traducidas y publicadas en castellano. Los inicios de alguien que, pese a su juventud, ya prometía ser un grande. Los primeros signos de lo que en el futuro se conocería como el universo Murakami. Los secretos de un escritor todavía anónimo y, por ello, también genuino y directo. 

6. Fahrenheit 451. Ray Bradbury. Ediciones DeBolsillo. 2000 Una de las tres distopías más conocidas del siglo XX. Una obra en la que la ciencia-ficción y el futuro se dan la mano y caminan una al lado del otro para enseñarnos, tantos años después, que el autor de esta obra fue un auténtico visionario. Esperemos no terminar como él vaticinó: aprendiendo de memoria un libro para rescatarlo de las llamas de una civilización que parece agotarse por momentos.

5. La buena letra. Rafael Chirbes. Anagrama. 2000 Otra obra eterna del inmortal escritor de Tavernes de la Valldigna. Una pluma clara, directa y sin artificios que nos enseña que el peor sufrimiento es aquel que no sirve para nada y que la buena letra no es más que el disfraz de las mentiras. Una historia durísima que se nos hace todavía más dura por lo bien escrita que está. Placer + angustia = exquisitez literaria. 

4. La tristeza del samurái. Víctor del Árbol. Editorial Alrevés. 2011 La novela que encumbró a un autor al que hoy ya todo el mundo conoce y disfruta. Varias épocas, varios ambientes, distintos personajes acaban confluyendo antes o después para mostrarnos, por ejemplo, que el pasado y el mal nunca desaparecen, y que los vicios y las malas actitudes hacia la vida en general y hacia la política en particular cuestan mucho de cambiar.

3. Crónica de una muerte anunciada. Gabriel García Márquez. Mondadori. 1987 Una novela absolutamente imprescindible. Tanto para la legión de seguidores de su autor como para los que no lo son. El alma humana queda milimétricamente dibujada y desmenuzada en esta corta pero impactante novela en la que nunca se pierde el interés por el desarrollo de la trama pese a conocer su fin desde la primera frase. Algo al alcance solo de un genio. 

2. Clavícula. Marta Sanz. Anagrama. 2017 Una de las grandes alegrías de los últimos meses. Si con su anterior novela, Farándula, Marta Sanz ya deslumbró, con esta nos ha dejado ciegos por completo. Sinceridad, integridad, honestidad, humor hasta la burla de sí misma, maestría a la hora de reflejar sentimientos íntimos y clarividencia para mostrarnos su mundo son los rasgos utilizados por la autora madrileña para bordar la (hasta el momento, y sin duda) novela del año.  

1. Los renglones torcidos de Dios. Torcuato Luna de Tena. Planeta. 1979 El personaje de Alice Gould pasó a formar parte de la historia de la literatura nacional por méritos propios. Y el autor que la creó, también. La obra es fruto de una mente ENORME y también de un proceso de documentación sobre la psiquiatría española de los años setenta que necesitó de 18 días de internamiento voluntario por parte de Luca de Tena. Una novela que te atrapa desde la primera hasta la última escena, te zarandea por los hombros, te lleva a trompicones por las distintas salas del hospital psquiátrico y te deja estupefacto con un final digno de una historia como la que cuenta. Una obra maestra que merece ser el número uno de mi lista de libros preferidos de este primer semestre del 2017.   
   


lunes, 3 de abril de 2017

Crónica de una muerte anunciada. Gabriel García Márquez. Mondadori. 1987. Reseña





     El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Así comienza una de las novelas más representativas e imprescindibles de la literatura contemporánea. El Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez realiza en esta novela corta --apenas un centenar de páginas-- un tour de force genuino y extraordinario, atrapando al lector en una lectura cuyo desenlace conoce ya desde su primera frase. Y para ello, además de un lenguaje exquisito, empleó una acción a la vez colectiva y personal, clara y ambigua. Hasta el punto de que los recuerdos de unos protagonistas y otros llegan incluso a contradecirse.

     Y es que esta crónica del asesinato de Nasar está escrita 23 años después de los hechos, por lo que el narrador, de quien no sabemos su nombre pero sí que era amigo del fallecido, relata los hechos y cita los testimonios de aquellos testigos que llegan a contradecirse en algo tan simple, tan sencillo como si llovía o lucía el sol aquel lunes trágico. García Márquez realiza un exhaustivo trabajo literario-periodístico para acercarnos unos hechos tan claros como ambiguos, tan objetivos como subjetivos. Y, todo ello, para convertir esta novela en una obra maestra de la literatura.

     El narrador avanza y retrocede en la historia para trazar los hechos fundamentales que llevan a los hermanos Vicario a buscar la muerte de Nasar, un turco de tercera generación afincado en un pequeño pueblo colombiano (motivo por el cual el genial escritor conoce de primera mano el hecho histórico real contado). Su escritura es tan mágica que, pese a conocer el lector el más importante de los hechos: el asesinato, no puede dejar de leer para saber más. Y es que la acción va in crescendo, hasta desembocar en la escena del asesinato. 

     Tres ideas clave están detrás de la intra historia de esta novela: la caza de amor es de altanería (cita de inicio que pertenece a Gil Vicente y que utiliza el autor como introducción a un hecho fundamental en la trama de la novela: el matrimonio concertado entre Bayardo San Román y la joven Ángela Vicario, devuelta por su marido pocas horas después de la boda por no haber llegado virgen al matrimonio); dadme un prejuicio y moveré el mundo (anotación del juez instructor del sumario tras preguntar a Ángela Vicario sobre el supuesto culpable de la pérdida de su virginidad); y la fatalidad nos hace invisibles (nueva anotación del juez instructor tras hacerse una opinión de los hechos acaecidos).

     Esta última cita es muy importante para la trama de la historia, pues todo el pueblo --convertido en un personaje más, al más puro estilo de La colmena, de Cela, por ejemplo-- conoce la intención de los hermanos Vicario de asesinar a Santiago Nasar para salvar el honor de su repudiada hermana, pero por diferentes motivos nadie, absolutamente nadie es capaz de impedirlo. Y eso que los hermanos anuncian a todos los vecinos del pueblo de sus intenciones. Intenciones que o no son tenidas por verdaderas o simplemente son pasadas por alto por todos los vecinos. Precisamente la gran cantidad de vecinos provoca que existan tantos protagonistas en la novela, pues todos ellos juegan un papel más o menos importante en la acción de la misma. 

     Resulta sobrecogedor el hecho de que nadie pueda hacer nada por salvar a Santiago pese a ser su muerte tan largamente anunciada. También el cúmulo de circunstancias que impiden su salvación por parte de los poquísimos vecinos que sí querrían haber impedido su asesinato. Algo que, en parte, incluye a los propios hermanos Vicario. La cuestión es que el narrador consigue que el lector empatice con la historia y con el fallecido hasta el punto de llegar a sentirse impotente por no poder alterar los hechos que conducen a tan trágico final. Cuestión esta que compunge su corazón hasta la última línea de la narración.  

     La mayoría de los personajes se sienten de alguna manera culpables de los hechos ocurridos 23 años atrás. Y, sin embargo, también la mayoría quiere formar parte de la tragedia. Casualidad, destino, violencia, la incapacidad para conocer toda la verdad de los hechos, el machismo, la traición, la venganza, el honor y sus crueles códigos, el fetichismo, la superstición, la milagrería, la credulidad y el simplismo son temas que se tratan con mayor o menor profundidad a lo largo de la exposición de los hechos. Todo, desde un punto de vista multi perspectivo que va sembrando dudas, inconsistencias y ambigüedades.  

     En 1987, año en que editó la obra Mondadori, se estrenó también la película de mismo título, dirigida por Francesco Rosi e interpretada por Rupert Everett, Ornella Muti, Anthony Delon e Irene Papas. El propio García Márquez afirmó que era una adaptación paupérrima y muy poco fiel a su obra, lo que repercutió negativamente a la hora de posteriores permisos para futuras adaptaciones. No en vano, no hubo más hasta 2007, cuando se llevó al cine El amor en los tiempos del cólera. En definitiva, Crónica de una muerte anunciada supuso el acercamiento entre lo periodístico y lo narrativo y una aproximación a la novela policíaca. Estamos, muy probablemente, ante la obra más realista del genial escritor colombiano.   

  

lunes, 18 de noviembre de 2013

La Hojarasca. Gabriel García Márquez. 1955. Reseña





     Justo antes de abandonar su país (Colombia) para instalarse en París (luego residiría también en Caracas, Méjico y Barcelona) García Màrquez publicó su primera novela: "La Hojarasca". Se trata de una novela corta, de esas que se leen en una tarde y del tirón, en la que el futuro ganador del Premio Nobel de Literatura (1982) dio vida a un pueblo imaginario a escasos kilómetros de la costa atlántica colombiana que lleva por nombre Macondo.  
 
     La historia transcurre en el mediodía de un día de septiembre de 1928, concretamente entre las 14:30 y las 15:00 horas. Sin embargo, los tres personajes vivos principales de la obra (un viejo coronel, su hija Isabel y su nieto) narran la historia del pueblo desde fines del siglo anterior hasta ese preciso instante, en el cual el abuelo se enfrenta al resto del pueblo y hasta al alcalde con el firme propósito de dar cristiana sepultura a un viejo médico que se acaba de ahorcar.
 
     El odio acumulado en Macondo durante los últimos veinticinco años es la clave para entender cómo prácticamente todo un pueblo entero se propone dejar insepulto a uno de sus vecinos. A su vez, para comprender este extraño e incivilizado comportamiento es básico avanzar en la lectura de la obra. ¿Cómo pueden llegar a darse comportamientos de tal calibre? Uno de los puntos fuertes del por entonces autor novel García Márquez en la narración de esta novela es ir introduciendo los datos con cuentagotas, manteniendo en vilo al lector en todo momento.
 
     El retrato de la miseria de un pueblo que había conocido tiempos de mayor prosperidad en un tiempo no demasiado lejano todavía es otra de las características de la obra. Las crisis, las guerras, la aparición de una empresa ferroviaria (la compañía bananera, como se refiere a ella el colombiano a lo largo de la acción) y "la hojarasca" son los grandes responsables de que Macondo esté llegando a extremos de inhumanidad realmente relevantes.
 
     El uso de múltiples perspectivas otorga a la acción diferentes formas de apreciar las escenas. Así, se consigue crear enfoques y lecturas variadas en cada uno de los personajes que presencian la escena, que se desarrolla en la habitación del doctor recién fallecido. Es la unión de todas ellas, al final de la novela, lo que permite al lector desentrañar los misterios familiares y del resto del pueblo y entender las antagónicas posturas sobre la muerte y entierro (o no) del cuerpo del doctor suicida.
 
     Los toques de realismo mágico salpican la trama de la novela. La difícil explicación de algunos fenómenos, las supersticiones y la introducción de elementos fantásticos percibidos por los personajes como reales y, por tanto, normales contribuyen a ahondar, más si cabe, en el aura de misterio que envuelve tanto al ambiente como a algunos de los protagonistas (principalmente al fallecido).
 
     La "hojarasca" simboliza los nuevos vientos que corren por la costa atlántica colombiana tras las guerras civiles y la llegada de nuevos pobladores a la recóndita región en la que se desarrolla la acción de la novela. Resulta magnífica la contraposición entre los fundadores de Macondo (ejemplificados en el viejo coronel) y los recién llegados (tanto los desplazados a causa de las guerras como los advenedizos que buscan empleo en la compañía extranjera allí asentada).
 
     La prosa, tan sencilla como magistral, nos sumerge en una historia de decadencia, ante todo moral, en la que la inmovilidad social, el calor, el polvo, los malos augurios y el afán de venganza (de la práctica totalidad de la población) o de redención (en el caso del coronel) llegan a provocar sensación de agobio en el lector en multitud de escenas.
 
     Resulta obvio que todo el mundo debería conocer la obra de uno de los grandes genios de la historia de la literatura en lengua castellana. Sin embargo, es más que conveniente remontarse a los orígenes de tal grandeza. Más todavía en el caso que nos ocupa, pues en "La Hojarasca" encontramos muchas de las características que más tarde explotaría el talentoso escritor colombiano en obras como "Cien años de soledad" o "Crónica de una muerte anunciada".