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miércoles, 6 de noviembre de 2013

Sobre el cierre de Canal 9: una responsabilidad colectiva





     Recuerdo como si fuera ayer mismo aquel 9 de octubre de 1989. El día en que nació la televisión pública valenciana. Poco después llegó su hermana, la radio. Todos los valencianos, grandes y pequeños, castellano y valenciano parlantes, anhelábamos una televisión nuestra, sólo nuestra. Prácticamente todo el mundo pasó aquella tarde frente a su tele para ver nacer a una criatura a la que se le auguraba una vida feliz y larga. Qué ignorantes éramos. ¿He escrito éramos? No, somos.
 
     Han pasado 24 años que se nos han antojado apenas 24 horas. Y no porque no hayan pasado cosas sino por la velocidad a la que han sucedido. El cierre de Nou no es algo que haya sucedido ayer. Se veía venir desde hace tiempo. Era un enfermo terminal que hacía ya tiempo que vegetaba. Es muy fácil culpar de lo sucedido al PP o al President Fabra. Estamos indignados y buscamos alguien en quien descargar nuestra ira. Pero, como ciudadanos que somos, debemos ser también mínimamente objetivos y reflexionar. Y, sin duda, la responsabilidad de lo sucedido es colectiva.
 
     Nou enfermó cuando los sucesivos gobernantes de nuestra Comunitat (Zaplana, Camps, Fabra) comenzaron a enchufar a sus amigos en el ente público, como si de una agencia de colocación se tratase. Algo que, huelga decir, no sólo ha ocurrido en Nou sino en multitud de empresas. Empeoró cuando comenzó la manipulación de los informativos de la cadena, cuando pasó a ser, en definitiva, la tele del PP valenciano. Los periodistas, que desde ayer critican cada gesto de Fabra o de sus consellers al más mínimo detalle, callaron durante demasiados años lo que ahora están destapando sin tanto pudor ni miramiento: el caciquismo y la verguenza del gobierno valenciano. No les culpo ni les juzgo: cuando lo que está en juego es el plato de sopa de nuestros hijos todos actuamos de igual manera. Lo cual no nos exime de nuestra parte de responsabilidad.
 
     Nou fue desconectado de la máquina que lo mantenía con vida ayer, cuando el TSJ ordenó la readmisión de los mil trabajadores afectados por el ERE. La totalidad de los trabajadores del ente público, tanto los afectados como los no afectados, hicieron piña en defensa de sus derechos colectivos. Y Nou cierra como venganza. Venganza del gobierno ante quienes durante tantos años habían cedido a sus presiones, ante quienes ya comenzaban a no callar ante tanta injusticia. No, Fabra no cierra Nou por temas económicos.
 
     Esta misma mañana el President ha afirmado que "es mejor cerrar Nou que un hospital o un colegio". Hipocresía pura y dura. Por la misma regla de tres, habría sido mejor no traer a Valencia la Copa América o la Formula 1 e invertir ese dinero en cosas de mayor interés público. Y, ya puestos, también sería mejor dejar morir a otro enfermo terminal, el Valencia Club de Fútbol, un saco con un enorme agujero en su fondo. Pero el fútbol no se toca. Entonces se armaría una revolución, claro. Y no conviene exaltar a las masas. 
 
     Antes he hecho referencia a la responsabilidad colectiva. Y ahora es el momento de volver a ello. Cada valenciano es responsable, no sólo del cierre de Nou, sino de permitir que nuestros gobernantes nos roben. Porque nos roban a todos, sin distinción. Y no me refiero únicamente a nuestras carteras. Como ciudadanos y telespectadores, hemos dejado que camparan a sus anchas aquellos a los que estamos gobernando (que no ellos a nosotros), aquellos quienes han terminado con lo que tanto costó de levantar hace 24 años. Lo que nació como un nexo de unión de todos los valencianos (lengua, cultura, identidad) acabó siendo un elemento de discordia entre nosotros. Y todos somos corresponsables de ello. Nuestro "meninfotisme" (pasotismo), una vez más, vuelve a condenarnos al ostracismo cultural, lingüistico e identificativo.
 
     Cierto es que del Canal 9 de hace 24 años al Nou de hoy hay mucha diferencia, demasiada diferencia. De "El show de Joan Monleón" y "Babalà" se fue pasando a "Tómbola" o "Tela marinera". En la actualidad, pocos programas se salvaban de la quema (¿"L´Alqueria blanca"?). Y los informativos, como ya he comentado, se habían convertido en "Nodos peperianos". Evidentemente, no se podía seguir así. No se debía seguir así.
 
     Una vez más, en lugar de actuar, de luchar, los valencianos hemos dejado que otros decidan por nosotros. Entre agotar las oportunidades de curación y desconectar la máquina hemos optado por la segunda opción. "Muerto el perro se acabó la rabia", pensarán muchos. Pero no. La muerte de este perro simboliza un nuevo fracaso de la sociedad valenciana en su conjunto. Y es responsabilidad también tuya y mía.
 
  

viernes, 24 de febrero de 2012

La Primavera Valenciana es la vergüenza española


     Sinceramente: estoy harto. Harto de que, en pleno siglo XXI, sucedan cosas como las acaecidas en la capital del Turia durante esta última semana. Harto de que Sanidad y Educación, los dos grandes bastiones de toda sociedad que pretende llegar a ser civilizada algún día, sufran recortes y escalofriantes descensos en cuanto a calidad y cantidad. Y, sobre todo, harto de una clase política que debería reflexionar, de una vez por todas, sobre adónde quiere ir como país. Y eso, suponiendo que le importe algo esta cuestión, cosa que, por otra parte, cada día que pasa cuesta más creer. Sí, a día de hoy, creer en nuestra clase política es un acto de fe. 

     Debemos reconocer, de entrada, que cortar una de las arterias principales de una ciudad como Valencia no es de recibo. Se equivocaron los jóvenes estudiantes del IES Lluís Vives de Valencia. Esto es indudable. Sin embargo, las acciones policiales sobrepasaron, con creces, los límites legales de procedimiento de dicho cuerpo. Sobre todo teniendo en cuenta que se trataba de menores de edad, no de delincuentes. Curiosamente, los mismos cuerpos que protegían al señor Camps en la lectura de su tesis doctoral hace unos días se liaban a mamporros con menores de edad. ¡Ver para creer, señores!

     Como era de esperar, tras los sucesos del primer día, multitud de personas de todas las edades y condiciones se lanzaron a las calles valencianas en defensa de los más jóvenes. Y, claro, este hecho fue utilizado por la propaganda gubernamental para justificar el totalitario y rastrero comportamiento de la policía al amparo de que "no son menores de edad sino personas de edades mucho más maduras". Ya no hacía falta seguir defendiendo que "los menores estaban librando una guerra que no era la suya". No obstante, lo más espeluznante de todo esto es que se denominara a los manifestantes "enemigos". ¿Enemigos? O_O

     Ciertamente, pensando bien el significado del término "enemigo", puede que hasta tenga razón la policía. Según la RAE, el término tiene seis posibles acepciones. La más común: "contrario, que se muestra completamente diferente". La verdad es que, en ese caso, sí pueden considerarse enemigos los jóvenes del IES Lluís Vives de Valencia. Porque, claro está, son contrarios a que se recorten sus universales derechos a una educación digna y de calidad; y, por supuesto, se muestran completamente diferentes al pensamiento de nuestros gobernantes, quienes creen que no pasa nada si nuestros hijos (¡los de todos!) pasan frío y llegan a enfermar porque no hay calefacción en sus centros de estudio o si los recortes provocan un claro mengue tanto en la cantidad como en la calidad de su enseñanza. ¿Será porque los hijos de los políticos suelen acudir a centros privados tal vez? Llegados a este punto: ¿quién es el enemigo de quién, señores políticos?

     Por desgracia, la cosa no acaba ahí. Paralelamente a las manifestaciones, pacíficas por parte de los estudiantes, cuyas únicas armas son sus manos y sus libros (¡qué maravilla ver a miles de jóvenes enseñando sus libros a la policía!), los políticos autodenominados "de izquierdas" no tardaban en subirse al carro y participar en diversos actos estudiantiles, algo que, a mí, me repugna. Más que nada porque los recortes que ahora el PP está ampliando ya vienen de meses o de un año, cuando todavía gobernaba el PSOE, el partido que tardó dos años en ver que la situación era "de crisis". Sí, a los políticos les gustan más las cámaras de fotos y de vídeo que a los tontos los globos.

     ¿Y qué me decís de la cobertura de los medios? Más repugnante todavía. Todos, sin distinción, manipulando la información. Unos, hacia la izquierda; otros, hacia la derecha. Y, al final, unos por otros, la casa por barrer. ¡Qué pena me da el periodismo actual: una profesión que siempre he admirado, y estuve a punto de estudiar en su día, por ser libre y medianamente objetiva (la objetividad completa es utópica, por supuesto) está llegando a unos extremos que empiezan a parecerme repulsivos! Los periodistas de hoy ya no son periodistas sino panfletistas, publicistas, propagandistas!

     Ante semejante panorama: una Sanidad y una Educación que se caen a pedazos, unos policías que han visto demasiadas películas estilo "Los hombres de Harrelson" o "Harry El Sucio", unos políticos corruptos cuyo principal interés es asegurarse su porvenir y el de sus familiares y amigos, unos medios vendidos a sus mecenas políticos PPSOE y una sociedad que parece retornar a la época en la que "se corría ante los grises", ¿quién está libre de sufrir una úlcera de estómago? Sin duda, la Primavera Valenciana es la vergüenza española...


Una imagen vale más que mil palabras...