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lunes, 14 de abril de 2025

A través de los ojos. Andrés Suárez. Aguilar. 2021. Reseña

 




    El cantautor de Pantín Andrés Suárez (1983) escribió A través de tus ojos durante los peores meses de la pandemia. Pero no, no se trata de un diario de pandemia. La casualidad quiso que el covid-19 irrumpiera en nuestras vidas justo cuando el bueno de Andrés había comenzado a escribir este libro de recuerdos, estampas y pequeñas historias. Reconoce en sus primeras páginas que no entraba en mis planes, pero nos asoló un tsunami y alguna referencia habela haila. La cuestión es que pasó lo que pasó y admite que no se me ocurre mejor motivo que publicarlos (los textos) a modo de lacónico homenaje de vida. Y es cierto. Porque, aunque el desamor ocupa buena parte de las letras de sus canciones y también de estos escritos, la pasión que le pone a todo lo que hace -componer, cantar, interpretar y escribir- convierte a su obra en un canto a la vida. En toda su expresión: amistad, solidaridad, infancia, inocencia, naturaleza, animales domésticos, plantas y flores. Andrés ama. Y amar es vida. Pura y dura.

    Tras el enorme éxito de sus más recientes discos, sus conciertos multitudinarios -llenando varias veces recintos como el Wizink Center madrileño- y la publicación de su anterior libro, Más allá de mis canciones (2017), también reseñado en este mismo blog, A través de los ojos (2021) supuso un paso más en ese abrirse en canal ante sus fans y ante él mismo. A lo largo de sus páginas reconoce algunos de sus errores del pasado. Por ejemplo, no haberse cuidado mucho durante su etapa universitaria en Santiago, haberse comportado como un cabrón con una de sus ex de aquella época o haberse enamorado de quien no debía. Andrés se sincera. Y la sinceridad se aprecia cada vez más en un mundo cada vez más falso e hipócrita. Algo de lo que él mismo se queja constantemente a través de estos escritos. Unos escritos en los que critica, con mayor o menor dureza pero siempre desde la empatía y a veces desde la mirada de otros, determinados aspectos de una sociedad que parece no entender. 

    Sus orígenes rurales, campestres y costeros -y a mucha honra- salpican las letras de sus canciones y también estos textos. Pese a que confiesa amar Madrid y estar cada vez más a gusto en Torrelodones, son constantes las referencias a Pantín y su playa -de allí son las fotos de las portadas de Más allá de mis canciones y de Todavía más allá de mis canciones, su nuevo libro, recién salido del horno editorial-, Cedeira, Baleo, Santiago y Ferrol. Ya sabemos que los gallegos que no viven en Galicia padecen una enfermedad crónica llamada morriña. Andrés es uno de ellos, por supuesto. Y lo demuestra en todo lo que hace. Nunca dejes de cantarle a los rosales ni a las mujeres que te lo pidan, recuerda que le dijo su abuelo. Así lo hice, abuelo. Vaya si lo hice, pues no me fío de un alma que no atiende a sus rosales antes que a cualquier otra cosa. Algo que ya cantó, entre emocionados susurros, en su magnífico tema Rosa y Manuel

    Como lector, me gustan los libros de escritores valientes -Vilas, Landero, Aramburu- que se desnudan en las páginas de sus libros. Puedes conocer aspectos de sus vidas. Y, algo más interesante todavía, los orígenes de sus obras. En el caso de Suárez, de sus canciones. Ocurre con sus tres libros. También en este. Y es que al lector no le cuesta mucho reconocer en algunos escritos referencias -a veces más veladas, otras menos- a sus canciones. Sin embargo, en A través de los ojos, va un paso más allá. Nos cuenta lo que supone hacerse mayor. Cada vez se muere más gente y ya no sé si es que me hago mayor o si es que hice algo mal. Como cuando habla de la que fue la persona más importante de mi infancia y a la que tanto, tanto quise, un neno que conocí donde y cuando se conoce a los amigos: en verano, en la playa. Un niño que ya debe ser adulto, como él, y del que no ha vuelto a saber nada en treinta años. Eso es hacerse mayor: perder, de unas maneras u otras, a las personas queridas.    

    En las páginas de A través de los ojos encontramos la nostalgia de una infancia y una juventud ya dejadas atrás ante la adultez; la melancolía hacia esa Galicia tan querida a la que no puede retornar a causa del covid -mi patria es un folio en blanco con el nombre de mis padres, mis abuelos, mis hermanos, mis amigos-; la constante pérdida de seres queridos -su abuelo y algunos amigos de juventud y un Aute del que ya no habrá una nueva canción-; la incertidumbre vivida en un monótono mes de abril ante una pandemia que no se sabía cómo iba a acabar -pido perdón a quien corresponda si en algún momento de lo que conocimos como antigua realidad le herí. Puede que este sea el final, quién sabe. Debo irme en paz-; la extrema soledad -la del artista tras bajarse del escenario después de cada concierto y la de la persona que debe pasar una pandemia en solitario-, y el agradecimiento -me ha tocado pasarlo solo y resulta que las tres Marías (a saber, la educación física, la música y la religión) de la educación me están salvando el cuerpo y la mente-. Pero no solo eso.

    Además, aparecen también la nobleza animal de sus perros, Bala y Boss; constantes referencias a sus antiguos amores -como Nina y Rúa Xelmírez (¡hay que tener valor para citarlas por su nombre y hasta su apellido!)-; y críticas a quienes causan las guerras, a la hipocresía de quienes están en contra de la llegada de pateras y al acogimiento de los MENAS, a la frágil memoria y a la desmemoria, a la maldad y la cobardía en las redes sociales, a la envidia de quien deja de hablarle a uno porque ha alcanzado el éxito -haciéndole pagar el IRE: impuesto revolucionario de la envidia-, a la pérdida o ruptura de las viejas amistades a causa de discusiones políticas -esa maldita puerta que no debería abrirse jamás-, a ese asqueroso patriotismo basado únicamente en banderas de España por doquier, y a una sociedad que aplaude a los sanitarios pero que se muestra egoísta y antisocial pensando solo en una libertad basada en SUS vacaciones, SU puente, SU dinero, SUS planes frustrados y SU vida. 

    Con una mirada siempre lúcida, Andrés nos escribe, en relación a lo anterior, que tengo una horrible sensación: la de que no hayamos aprendido nada con esto. No es que me rinda, nunca lo he hecho, pero no estoy seguro de si realmente vamos a ser mejores personas después de esto. Escucho a pocos hablar de cómo podemos ayudar entre todos, del agotamiento de los sanitarios, de en qué hemos fallado. Ni en esto estamos juntos, así que tal vez salgamos distanciados, divididos. Es horrible. No obstante, cuando acaba uno de leer A través de los ojos no puede evitar sentirse mínimamente optimista. Quizá sean precisamente esa tres Marías de la educación las que, con ayuda de ciertos personajes públicos valientes, más si cabe si son gentes de cultura, como el propio Andrés -desde luego, no creo que sean nuestros nada desinteresados políticos-, puedan volver a unirnos como sociedad. Por eso son necesarios los libros como este. Libros en los que el autor no solo se desnuda a sí mismo, sino que también desnuda al lector. Un lector que no tiene más remedio que reaccionar ante lo que le muestra el espejo que aparece reflejado a través de sus ojos. Por eso: mil gracias, Andrés.                       

  

viernes, 27 de diciembre de 2019

Mis diez mejores lecturas de 2019



     Finalizado un nuevo año, Jungleland despide sus publicaciones con su ya clásica lista de libros preferidos de entre todos los leídos durante los últimos doce meses. En esta ocasión, se incluyen hasta siete novedades editoriales (2017-19) y tres clásicos de la literatura universal. Como siempre, os deseo un feliz año nuevo a todos. Nos leemos, Dios mediante, en 2020. 




10. Más allá de mis canciones. Andrés Suárez. Aguilar. 2017 En su primer libro, el cantautor de Ferrol repasa esos momentos, esas sensaciones, esos sucesos que han ido originando algunas de las mejores canciones de sus siete discos de estudio, desde aquel lejano De ida (2002) hasta Desde una ventana (2017). La colección reúne una quincena de temas, entre los que destaca quizá el más autobiográfico de ellos, Tengo 26, en el que nos narra cómo era su vida en 2009, momento de composición de la canción, y nos cuenta la importancia que para él tienen sus padres y su familia. Auténtico artesano de la música que hace diez años tocaba para cuatro personas y hoy llena pabellones de grandes aforos, ya no tiene 26 sino 36, pero sigue siendo igual de pasional, original, enérgico y vital. y, aunque afirma no ser poeta, sus letras son pura poesía. 

9. El fotógrafo de Mauthausen. Salva Rubio, Pedro J. Colombo y Aintzane Landa. Norma Editorial. 2018 Norma Editorial lanzó el pasado 2018 esta novela gráfica sobre el guión del escritor, guionista e historiador Salva Rubio y los dibujos y coloreados del matrimonio formado por Pedro J. Colombo y Aintzane Landa. La obra narra las proezas realizadas por Francisco Boix, un joven fotógrafo español que sobrevivió a la barbarie nazi en el campo de concentración de Mauthausen entre el 27 de enero de 1941 y el 5 de mayo de 1945, cuando fue liberado por los aliados. En total, cuatro años, tres meses y diez días. Toda una eternidad teniendo en cuenta el modo de vida --y de muerte-- del temible escenario de sus gestas. Su gran documentación histórica y el realismo de sus dibujos y colores nos llevan de la mano a esta cruda pero magnífica historia. 

8. Un mundo que agoniza. Miguel Delibes. Plaza & Janés. 1979 Brillante ensayo en el que el genio castellano reflexionó sobre los problemas del mundo en aquella ya lejana década de los setenta. Resulta muy llamativo leerlo en la actualidad, en plena crisis climática, más de cuarenta años después. Cierto es que la problemática actual viene de lejos, pero pensar que hace casi medio siglo Delibes ya vaticinó, siempre apoyado en los últimos estudios científicos de su época, lo que estaba por venir, habla de su gran compromiso con la naturaleza y también de su manifiesto interés por documentarse e informarse sobre la problemática. No en vano, en su texto, que se lee en un par de horas, cita a numerosos especialistas de diversos campos para ilustrar sus opiniones. La escritura de Delibes permanece vigente. Normal al tratarse de un genio. 

7. Sidi. Arturo Pérez-Reverte. Alfaguara. 2019 El académico narra en su última novela las vivencias de Ruy Díaz de Vivar desde el momento de su destierro de tierras castellanas (principios de 1081) hasta su victoria ante las tropas del conde de Barcelona y de al-Mundir, rey de la taifa de Lérida, en la batalla de Almenar (1082). Tras dejar en su Vivar natal a Jimena y sus tres hijos (dos hembras y un varón), Rodrigo hubo de buscarse la vida (y la de su fiel hueste) en tierras fronterizas. Se convirtió, pues, en un mercenario que servía a quien le pagara por guerrear por su causa. Leal siempre a su rey, Alfonso VI, contra quien prometió no luchar jamás a pesar de todo lo ocurrido con anterioridad, y rechazado por el conde de Barcelona, hubo de servir a Yusuf al-Mutamán, rey de la taifa de Zaragoza. 

6. Largo pétalo de mar. Isabel Allende. Plaza & Janés. 2019 La escritora chilena Isabel Allende ganó el Premio Internacional de Novela Histórica Barcino 2019 con esta obra, que salió a la venta a finales de mayo del presente año. La novela rinde homenaje a la travesía del Winnipeg ochenta años después de que transportara a tierras chilenas a más de dos mil republicanos españoles exiliados de su patria tras la finalización de la Guerra Civil Española. El trayecto duró un mes exacto (cuatro de agosto-tres de septiembre), tiempo que tardó el barco en recorrer la distancia entre Pauillac (Francia) y Valparaíso (Chile). El viaje fue gestionado por el canciller Abraham Ortega Aguayo y el cónsul y poeta Pablo Neruda, simpatizante del bando republicano que decidió poner su granito de arena para sacar a los refugiados españoles de los campos de concentración franceses. 

5. Jaque al psicoanalista. John Katzenbach. Ediciones B. 2018 Quince años después del éxito mundial de El psicoanalista, el escritor y periodista judicial estadounidense John Katzenbach resucitó al temible Rumpletiltskin para volver a poner entre la espada y la pared al doctor Ricky Starks. No obstante, en la novela no han transcurrido tres lustros, sino tan solo cinco años. Tiempo en el que el psicoanalista ha rehecho su vida y retomado su actividad profesional. No en Nueva York sino en Miami. Un lugar en el que comenzar desde cero una nueva existencia repleta de sol, trabajo, paz y tranquilidad. Hasta que una noche, el hombre que quiso acabar con él cinco años atrás --y al que creía muerto desde entonces-- reaparece como si nada en su consulta. Los amantes del género del thriller pensarán que la espera bien ha valido la pena.

4. El lobo estepario. Hermann Hesse. Edhasa. 2017 Viaje filosófico-psicoanalítico por el interior de un alma dolida con un mundo en el que no encaja. Un alma que se distancia de un mundo falso e hipócrita, pero que se odia a sí misma precisamente por no encajar en él. Es un claro ejemplo de que la auto indulgencia ayuda poco o nada a superar una situación dolorosa. Al contrario, en lugar de encerrarse en uno mismo, lo que se debe hacer es, aunque le cueste horrores a uno, abrirse y conocer otras almas. Independencia, soledad y libertad son algunos de los temas que brillan en las páginas de esta novela, que combina el género autobiográfico (Harry Haller, el protagonista, es un alter ego del propio autor, cuyas iniciales coinciden) y la fantasía (a través de lo que se da en llamar el teatro mágico). 

3. Nueva visita a un mundo feliz. Aldous Huxley. Seix Barral. 1984 En 1958, veintiséis años después de la publicación de la distopía Un mundo feliz, Aldous Huxley recopiló una docena de ensayos sobre su novela original en la revista estadounidense Newsday. De ese conjunto de ensayos nació Nueva visita a un mundo feliz, a partir de la cual revisitamos los contenidos de la novela, verificando sus muchos aciertos y sus pocas equivocaciones sobre lo que en ella se vaticinó en relación a la evolución de la civilización occidental durante ese cuarto de siglo. Además, se comparan algunos hechos respecto a la otra gran distopía del momento: 1984, de George Orwell (1948). En cambio, obvia --el autor sabría sus motivos, los cuales desconozco-- la tercera en discordia: Fahrenheit 451, de Ray Bradbury (1953).

2. Antes de los años terribles. Victor del Árbol. Destino. 2019 Para contar la verdad hay que tener coraje. Sobre todo cuando esa verdad atenta directamente contra la forma de vida de toda una civilización. Y es que en la nuestra cuenta mucho más el valor de un producto que la forma en la que éste ha sido producido. Poco nos importan los genocidios, asesinatos y demás atrocidades perpetradas en el mundo. Sobre todo, si estas suceden en otro mundo. Uno tan lejano como, por ejemplo, África (Uganda, más concretamente). Por eso, ante el silencio cómplice general, debemos poner en valor la valentía de algunas personas a la hora de dar a conocer historias como las de Isaías Yoweri, Lawino, Joel o Samuel Abu. Porque, como dice el autor de esta gran novela que trata sobre los niños soldado de Joseph Kony, a través de ellas podemos también aprender mucho sobre nosotros mismos.

1. Lluvia fina. Luis Landero. Tusquets Editores. 2019 Una historia familiar que encierra en sí misma muchas más. Las de cada uno de los personajes que la componen. Los lectores se verán identificados en muchos de los momentos y hechos narrados y reflexionarán sobre sus propias vidas, la personal y la familiar, y deberán extraer sus propias conclusiones. Porque, si ningún relato es inocente, tampoco lo es quien lo relata. Y eso nos incluye a cada uno de nosotros. Lean y disfruten de esta narración, pues nos recuerda al El jugador, de Dostoyevski, a Stoner, de John Williams, y a La elegancia del erizo, de Muriel Barbery. Lluvia fina es la obra cumbre de uno de los grandes escritores españoles de los últimos años. No en vano, Fernando Aramburu aconseja leer de Landero hasta su lista de la compra. Y esta historia merece, por méritos propios, acabar siendo la mejor novela del año en este modesto blog. 





lunes, 23 de diciembre de 2019

Más allá de mis canciones. Andrés Suárez. Aguilar. 2017. Reseña





     En su primer libro, Más allá de mis canciones, el cantautor de Ferrol Andrés Suárez (1983) repasa esos momentos, esas sensaciones, esos sucesos que han ido originando algunas de las mejores canciones de sus siete primeros discos, desde aquel lejano De ida (2002) hasta su último trabajo, titulado Desde una ventana (2017), aparecido unos meses antes que el presente libro. La colección reúne una quincena de temas, entre los que destaca quizá el más autobiográfico de ellos, Tengo 26, en el que nos narra cómo era su vida en 2009, momento de composición de la canción, y nos cuenta la importancia que para él tienen sus padres --no hay concierto en el que no los nombre, sobre todo a su madre--, sus hermanos, sus amigos y la música de autor.

     Hubo de abandonar Pantín para ir a buscarse una carrera musical al Madrid del Libertad 8, lugar de culto para los amantes del género de los cantautores, donde antaño se gestaron los Pedro Guerra, Ismael Serrano, Tontxu o Javier Álvarez, y más recientemente el propio Andrés, Luis Ramiro o Alfredo González. Como canta en el ya reseñado Tengo 26, echó de menos a sus padres, a sus hermanos (los mellizos Laura y Pablo) y a sus amigos (los tres mosqueteros: Javi, Brais y Miguel), bebió demasiado, trabajó mucho más, porque a nadie le regalan un éxito, se vio muerto en un lavabo teñido del rojo de su propia sangre, vivió feliz, aunque sin dinero, conoció gente nueva (sus inseparables Jorge y Raúl) y cantó en las calles y en muchos locales todavía vacíos para recibirlo.

     Repasa en las primeras páginas del libro una infancia feliz en la que los abuelos a los que conoció, Mundo y Soledad, que nunca abandonaron la playa de Baleo, fueron preparándolo para la vida: escuchándole cantar sonriente ella, para la que a veces sigue cantando en exclusiva; introduciéndolo en el horrible mundo del alzheimer, él, que jamás olvidó, no obstante, las letras de los boleros que cantaba a sus rosales y a su nieto Andrés. Confiesa nuestro protagonista que no llevó muy bien el nacimiento de sus hermanos mellizos, siempre juntos ellos. Y afirma ser quien es gracias a sus padres, dos obreros de costa que jamás impusieron mi camino. Así, nos canta que Soy fruto de un cuento que escribió mi padre, mi madre lo cantó

     Rosa y Manuel es el primero de los temas de los que nos habla Andrés en este libro. Es la historia de sus abuelos, aunque con diferentes nombres. La canción que años después provocaría que el gran Víctor Manuel se ahogara en sus lágrimas describe la terrible enfermedad del alzheimer y cómo esta devasta todos los recuerdos que encuentra a su paso. Una gran canción de amor eterno entre dos seres que no pueden vivir el uno sin el otro. Difícil imaginar cómo vivió aquello un niño que se daba cuenta de que su abuelo no le devolvía besos y abrazos, olvidaba fechas y cómo vestirse, pero no las letras de los boleros y la forma en que cuidar de sus rosales. Como si el disco duro de su cerebro solo se borrara en partes desiguales e inconexas.

     El sexo, el amor y el desamor, como no podía ser de otra manera, juegan un papel fundamental en las letras de un cantautor. Andrés no podía ser una excepción. La mayoría de sus canciones nos hablan de todo ello. Te doy media noche es un ejemplo. Un amor no correspondido por una mujer que ofrece media noche a alguien que estaría dispuesto a darle una vida y media. Algo tremendo y cruel, pero cotidiano. Así es esto del amor, claro. Aunque a veces le cambia a uno la vida. Como le ocurre en La vi bailar flamenco, canción en la que un gallego sueña bulerías en Cádiz, un diez de abril, al conocer y enamorarse perdidamente de una bailadora de flamenco a la que, a pesar de buscarla una y otra vez, no volverá a ver jamás. Toda una maldición, sin duda.

     Y es que Andrés ha viajado mucho --no menos que sus canciones, por supuesto--, y ello le ha permitido conocer mucho mundo y algunos/as de sus habitantes. Los bares son un buen lugar para ello. Nada de lo que ocurre en los bares es azar, afirma. Los del sur, mejor todavía. A Andrés, que jamás renegará del norte, le encanta el sur. Muchas de sus canciones se desarrollan allí. Como Dama que pinta en el sur, tema en el que una dama capaz de pintarlo todo no fue capaz de pintarme feliz. También la letra de Una noche de verano hace referencia a un bar andaluz. En este caso, también al desamor. No maldigo su mentira, solamente este querer. Complicado resulta no sentirse identificado con semejante sentimiento.

     Apenas te conozco cuenta la historia de cómo una cajera de supermercado con dos carreras salvó un vida con solo una sonrisa. A veces hay más vida en los mercados que en los bares, escribe Suárez. Y, sin embargo, a menudo uno ha de decirle a alguien que No te quiero tanto para poder afrontar una pérdida tras una época de borrachera sexual y/o amatoria. Un bálsamo sanador que nos prepare para el próximo amor, quizás el definitivo, siempre resulta más amable. Porque encontrar otro amor al que decirle que no latiré sin ti, como en la canción Estrellas, tema en el que dos jóvenes deciden largarse juntos para crear entre ambos la historia más dulce en el cielo, es una bonita forma de despedirse del mundo hasta entonces conocido. 

     Si llueve en Sevilla --¡otra vez el sur!-- es la historia de una persecución que finaliza cuando el perseguidor ya ha creído en su derrota. Se refugia en un bar --¡otra vez un bar!-- y resulta que, casualmente, quien le sirve su copa es aquella a la que acababa de perder por las calles mojadas del barrio de Triana. Nunca antes había deseado el cierre de un bar, nos cuenta Andrés en la explicación del origen de este tema. El hombre, la guitarra y el mar se unen para dar vida al amor eterno. Y, aunque de nuevo la historia no fructificó del todo y la cuestión solo queda en su memoria, en sus retinas y en sus canciones pasadas, presentes y futuras, nos canta que si llueve en Sevilla es que estoy recordando su piel.   

     De aquel chaval, auténtico artesano de la música, como a él le gusta calificarse --y doy fe de que lo es en el pleno sentido de la palabra--, que hace una década llegó a tocar para tan solo cuatro personas y que hoy llena estadios de veinte mil espectadores, poco ha cambiado. Ya no tiene 26, sino 36, y sigue siendo como fue por aquel entonces: original, pasional, enérgico y vital. Sigue bebiendo de los mismos maestros a los que siempre defiende --Serrat, Sabina, Aute, Silvio, Milanés, etc-- y leyendo libros de todo tipo, sobre todo poesía. Afirma que no soy poeta. No soy tanto. Pero cualquiera de sus seguidores, y cada día somos y seremos más, no compartimos su opinión a este respecto. Muy pronto, a principios de 2020, será publicado su octavo disco, en el que volverá a demostrar que, aunque él se empeñe en decir lo contrario, sí es poeta. Es tanto...             

      

jueves, 20 de diciembre de 2012

La música de "Almas Suspendidas"



     Estos días previos a la presentación de mi segundo libro me están preguntando a través de diversas entrevistas y demás medios por la importancia que en ella tiene la música. Y siempre estoy respondiendo lo mismo: sin ella, la novela no sería la misma. Como bien es sabido, hay una parte de la misma que es autobiográfica. Como a Jaime, el protagonista de "Almas Suspendidas", la música me sirvió de terapia en los primeros meses después de divorciarme. Todos los cantautores cuyas letras aparecen en mi nuevo trabajo formaron parte de mi vida - y siguen haciéndolo, por supuesto, aunque ya de otra manera - en mi peor momento.
 
     Las canciones que aparecen en este libro lo hacen principalmente por tres motivos: el ya aludido a modo de terapia pura y dura (creedme: es cierto aquella afirmación de que "la música puede cambiar el mundo"); porque ilustran perfectamente cómo se siente Jaime en las diversas escenas y situaciones que describe la historia narrada; y porque es una manera simbólica de devolver a estos cantautores el favor que, a lo mejor sin saberlo, me hicieron en una situación tan angustiosa como la vivida por mí en primera persona y por Jaime en la novela.
 
     La mayoría de los temas aparecen en el momento idóneo de la trama de la novela. Y digo trama porque a partir de una base autobiográfica, como es lógico, he debido trazar diferentes historias paralelas en torno a Jaime. Como comprenderéis, es imposible escribir una novela que trate únicamente de la relación entre un padre recién divorciado y su hijo de escasos meses de edad. El resto de situaciones narradas son ficticias o están convenientemente disfrazadas respecto a la realidad. Como he repetido en numerosas ocasiones, se trataba de escribir una novela, no una auto-biografía ni mis memorias. 
 
     Seguidamente, paso a enumerar los músicos que han tenido a bien autorizarme a incluir fragmentos de sus canciones en "Almas Suspendidas":
 
- Luis Eduardo Aute: en mi opinión, sin ninguna duda, el mejor cantautor que ha dado nuestro país en los últimos cuarenta años. Un genio en el pleno sentido de la palabra. Su variedad temática y su manera de cantar, tanto por la textura de su voz como por cómo recita sus propias poesías - porque, entre otras genialidades, Aute es un gran poeta - lo convierten en un auténtico placer para los sentidos (no sólo para el oído). En el libro aparecen dos temas bien diferentes en cuanto a temática: "Abrázame" y "Mojándolo todo".
 
- Tontxu: el cantante vasco afincado desde hace años en la capital de España me acompañó, de la mano de su maravilloso disco "En el nombre del padre", en los referidos tiempos de desguace (como diría Aute) en que mi nuevo hogar de alquiler se me venía encima. Antes he aludido a la música como terapia. Pues bien, el disco de Tontxu fue, literalmente, la banda sonora de mi vida durante bastantes meses. Aparecen en la novela sus temas "Marinero madrileño", "Monedita de mamá", "Te amaré mejor", "Dejar de quererte" y "Corazón de mudanza".  
 
- Andrés Suárez: uno de los grandes descubrimientos de los últimos años. En aquella época, una promesa. Hoy, toda una realidad. Estamos, seguro, ante otro auténtico genio. Y cuando digo auténtico me refiero a que este gallego de Pantín (El Ferrol) es un tipo así: auténtico. Todo carácter a veces, todo ternura cuando la ocasión lo requiere. Tiene ante sí una carrera musical larga y muy fructífera, comenzando por un disco en vivo que ya está grabando. En "Almas Suspendidas" he introducido fragmentos de sus canciones "A oscuras", "Marinero" y "Números cardinales", todas ellas de su primer trabajo, titulado "Maneras de romper una ola".
 
- Luis Ramiro: el madrileño es otro de los cantautores que dominarán el panorama musical de los próximos años. En la novela aparecen sus canciones "Romper", "La distancia", "La sirena" y "El tiovivo". Todas pertenecen a sus dos primeros trabajos (salvo la última, que sólo es interpretada en vivo). Está grabando ya su cuarto disco. Las letras de sus temas son básicos en la novela por razones que no debo desvelar pero que descubrirá el lector según avance en la lectura.
 
- Alfredo González: músico asturiano que participa en la novela con sus temas "Golfo" y "Piernas de marioneta", de su álbum "Dudas y precipicios". Su aparición en el libro es también importante porque hace reflexionar a Jaime y a su hermano Manolo acerca de sus respectivas vidas.
 
- Manolo Tarancón: paisano mío, es un enorme ejemplo de lucha y tenacidad. Su disco "Imperfectos" también sonó en multitud de ocasiones en mi piso de alquiler. "Alfama", "Con la magia a otro lugar" y "Cómo me acuerdo de ti" son los tres temas elegidos para formar parte de esta novela-homenaje. Su ya dilatada carrera parece que, por fin, está devolviéndole todo lo que él merece.
 
- Celtas Cortos: grupo que a estas alturas no necesita ninguna presentación. Con las referencias a sus temas "Skaparate nacional" y "Lluvia en soledad" ilustro perfectamente el contexto en que viven los personajes de nuestra historia, así como los sentimientos de su principal protagonista.
 
- Pedro Guerra: para mí, el que más se acerca a la genialidad de Luis Eduardo Aute. Sus canciones "5.000 años", "Alma mía", "Cuando Pedro llegó", "El aire en que no estás", "El marido de la peluquera" y "Casas antiguas" van ilustrando, a modo de cita (sin incluir fragmentos de las letras), muchas de las escenas de la novela. No poder incluir dichas letras ha supuesto la espina clavada en mi corazón de este libro. 
 
- Bruce Springsteen: los que me conocéis ya sabéis mi fanatismo - eso sí, sano - que tengo por el Boss. Pese a no ser español debía aparecer en esta novela. Ha sido mi banda sonora desde que lo conocí - musicalmente hablando, claro - con sólo doce años, allá por 1987. Su presencia en esta historia viene dada por la asistencia de Jaime y compañía a un concierto suyo en Benidorm en 2009. Si "Almas Suspendidas" es un homenaje a mis músicos favoritos el Boss debía tener cabida de forma obligatoria. Aparecen citadas en ella sus obras maestras "Land of hope and dreams", "Waitin´ on a sunny day" y "Jungleland".
 
     "Almas Suspendidas" es un libro con banda sonora, lo cual no quiere decir que incluya un CD con las canciones que forman parte de ella. Pero para quien quiera entretenerse y conocer a cada uno de los músicos con mayor profundidad sólo debe visitar el apartado "banda sonora" del blog de la novela. Que la disfruten...
 

martes, 29 de marzo de 2011

En el nombre del padre. Tontxu (2008)


     El pasado viernes, 25 de marzo, Tontxu dio un maravilloso concierto en Elvaradero de Gandía dentro del ciclo Gandiautor 2011. Tras el concierto me firmó-dedicó el disco que me dispongo a reseñar, nos hicimos una foto juntos y charlamos unos minutos. Me contó que su nuevo trabajo discográfico, grabado en unos paisajes idílicos en la Patagonia argentina, saldrá a la luz en un par de meses. Se trata de una caja con dos cds en acústico, un dvd, un libreto y diversas postales. Se llamará "Tontxu Solo" y constará de guitarra y voz.

     Hasta entonces, "En el nombre del padre" sigue siendo su séptimo y último trabajo. Grabado en los estudios CATA de Madrid y coproducido por el propio Tontxu, Txarlie Solano y Andrés Suárez (un tipo muy a tener en cuenta: para mí, la revelación musical de los últimos años en España), el disco nos habla de un tema que está de rabiosa actualidad últimamente: la custodia compartida y los derechos (y no solo obligaciones) del padre divorciado respecto a su hijo. Además, como no puede ser de otra manera, se abordan temas tradicionales como el amor, el desamor o las diversas caras que una misma persona puede ofrecer en según qué situaciones y escenarios.

     La portada del disco evidencia, de entrada, la división o separación existente en muchos casos entre la madre y el padre de una misma criatura. La madre sostiene a su hijo en brazos. Tontxu aparece, separado y aislado de su hijo, cabizbajo, en el otro extremo de la portada. En mi opinión, pocas veces una carátula es elegida de forma tan admirable como en este caso. Es, por desgracia, el caso más típico en los casos de divorcio. En un momento del concierto, el cantautor pide a las mujeres un favor: "no olvidéis que vuestros hijos son también nuestros".

     El disco, en cuanto a sus letras, lo podría haber firmado el mismísimo Sigmund Freud. Y me explico. Constituye toda una terapia para el alma de cualquier hombre, y por qué no mujer, que haya pasado o esté pasando por una situación de divorcio con hijo / s. Remueve sentimientos para crear una catarsis de la que, después de llorar a lágrima viva, salimos victoriosos. Para los que creáis que exagero os diré que yo mismo he experimentado esas sensaciones. Cuando Tontxu sacó este pedazo de disco hace dos años y medio yo estaba recién divorciado y con un niño de escasos meses de vida. Y os aseguro que "En el nombre del padre" fue la mejor terapia que me pude encontrar en unos tan dramáticos momentos. Este disco fue mi banda sonora durante todo un año. Y me ayudó a reflotar. 

     Como en "Marinero madrileño", también yo veía a mi hijo "la tarde de los martes y los jueves", vivía "de alquiler" y jugaba con él "menos de lo que soñé". Nadie que no haya pasado por esa situación puede entender bien la letra de esta canción. Para mí, el alma del disco. Sin duda, la que más lágrimas me hizo derramar. Y aún hoy, casi tres años después, lo consigue en ocasiones gracias a la estrofa en que Tontxu escribe "Verás cuando se arranque a hablar. Prepárate. Preguntan niños índigo, ¿por qué?, y ¿con quién?...Y yo no sé qué responder".  

     "Monedita de mamá" es otra de las grandes canciones del disco. En ella explica a su hija Leire, a quien dedica todo el trabajo (honor compartido con el abuelo de la pequeña y padre del artista), por qué no ha podido "disfrutar" de ella tanto tiempo como él mismo desearía y que "estaré siempre a tu lado, viva o muera, cerca o lejos" porque "no habrá sentencia que nos pueda separar jamás". Sin duda, padre e hij@ "somos víctimas, verdugos, fruto de un "big bang", y el resto sólo una mentira de la sociedad". La canción termina con "un beso fuerte" para ella. 

     El disco comienza con un mensaje muy optimista: "Te amaré mejor". Una canción en la que se nos indica cómo hemos de amar: "mejor, porque mucho y demasiado es un error". Eso sí, a renglón seguido viene la canción más dura y desgarradora del álbum. Porque "Dejar de quererte" es un tema para cantar a gritos en el salón de casa y echar toda esa "mierda", en palabras del propio Tontxu, que llevamos dentro. Una canción en la que "el mar es infinito, como tu mala suerte. Que me has perdido, tonta, por querer tenerme. Querer cortar mis alas y el fruto de mi vientre...Qué buena idea fue dejar de quererte". Una canción cien por cien terapéutica y llena de desamor y rencor ("tus ojos no merecen mirar lo que yo miro, sentir lo que yo siento, vivir lo que yo vivo") y, sobre todo, de esperanza: "sin ti yo soy más grande, mucho mejor que antes".

     El amor también se trata en "Libre", en la que "a su lado me siento grande como el mar, libre como el viento" y "cegado de amor, miro a mi alrededor y ninguna más veo". No obstante, el elemento más repetido a lo largo del disco es el cinismo y la mala leche, tal y como afirma el mismo cantautor. Canciones como "Yo no he sido", "La otra cara del amor", "Canciones prudentes de amor" o "Doble moral" son auténticos alegatos de rabia, para nada contenida, contra todo bicho viviente, "hipócritas, falsos". Sin duda, un disco escrito en un momento de gran amargura y cabreo en el que se abre, sin embargo, el camino a un futuro mejor, con amor y felicidad. Es evidente que tras un divorcio todos necesitamos un período de cinismo y rabia contra la humanidad. Superado este paso, estamos sobradamente preparados y capacitados para amar ni mucho ni demasiado, pero sí mejor.

     Por ser uno de mis cantantes favoritos y por ser este disco mi banda sonora durante el peor trago que he vivido hasta ahora en mis 36 años de existencia, debía a Tontxu una reseña. No soy profesional de la música, así que deberéis perdonar mis más que posibles errores y deslices. Eso sí, todo lo que habéis leído está escrito desde mi corazón. Igual que el disco.
    
     Por cierto, antes de acabar, ¿sabéis qué me escribió Tontxu en la dedicatoria del disco? Pues ahí va:

Jose & Tiago!
Ya pasó!
Ahora a ser felices
Siempre!
Tontxu
2011

Muchas gracias! ¡Te la debía, maestro! ¡Hasta la próxima!