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jueves, 5 de noviembre de 2015

Y de repente, Teresa. Jesús Sánchez Adalid. Ediciones B. 2014. Reseña





     Con motivo del quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, el reconocido autor de novelas históricas Jesús Sánchez Adalid recibió la petición del padre Emilio Martínez, vicario general de la orden Carmelita Descalza, de escribir una nueva obra sobre la figura de la santa de Ávila. Pese a la enorme responsabilidad que ello conllevaba, el padre -porque, para quien no lo sepa, Adalid es párroco en una pequeña ciudad extremeña- decidió aceptar la propuesta y se puso a documentarse sobre tan insigne protagonista.

     Dado que en la obra aparecen personajes reales de la España de la segunda parte del siglo XVI, algunos de ellos tan conocidos como la propia Teresa, la tarea de documentación fue ardua e intensa. Hasta tal punto que el propio autor ha manifestado que es el mayor esfuerzo de investigación y documentación que he hecho desde que empecé a escribir novelas. De manera que, si ya de por sí, los trabajos de este magnífico escritor cuentan con una vasta documentación, uno no puede llegar a saber cuántas horas habrá invertido en este nuevo y duro trabajo.

     Sin duda, Teresa de Jesús fue una mujer adelantada a su tiempo. No solo por sus tareas cotidianas de fundación y predicación, sino en el sentido de la valentía, la fortaleza y la intrepidez. Como resalta Adalid en esta novela, no dudó nunca de su fe, ni de sus métodos ni de su misión en este mundo. Pero, además, ello tuvo lugar en un momento -el siglo XVI- en que las mujeres no debían destacar en ninguna faceta que no fuera mantener una casa y una familia. En cambio, Teresa no solo no siguió la norma, sino que se aventuró a desafiar a la mismísima Santa Inquisición, que siempre anduvo tras ella. Alumbradismo, dejadez y excesivo atrevimiento fueron sus causas.

     Y es que la vida y los escritos de Teresa constituyen una defensa permanente del derecho de la mujer a pensar por sí misma y a tomar sus propias decisiones. Su Libro de la Vida fue incluido en la lista de libros prohibidos por el Santo Oficio, lo cual no amedrentó a una mujer para la que la muerte en la hoguera no sería más que el camino más directo para reunirse al fin con Su Amado, como ella misma definía a Dios, de quien se declaraba siempre fiel esposa. Sus éxtasis y su atrevimiento para contarlos por escrito le granjeó no pocos enemigos. Enemigos poderosos que bien podrían haber puesto fin a su vida. Pero la providencia, quizás, se encargó de que ello no ocurriera.

     Personajes tan ilustres como fray Luis de León o el obispo de Toledo, Bartolomé de Carranza, fueron presos por la Inquisición. Y otros, como Juan de Ávila, Ignacio de Loyola o Francisco de Borja, fueron también objeto de las sospechas y subsiguientes pesquisas por parte de una Inquisición que veía nacer focos de alumbrados por doquier. ¡Qué no iban a hacer, pues, con una mujer! El inquisidor general, el cardenal Espinosa; don Rodrigo de Castro, jefe inquisitorial de Madrid; y Sancho Bustos de Villegas, gobernador de Toledo, tenían ya preparados los documentos para apresar a la futura santa. Pero la muerte del cardenal Espinosa y su sustitución por Gaspar de Quiroga, el único de los citados que realmente conocía en persona a Teresa e intercedió por ella, lo impidieron.

     La novela trata básicamente de uno de los temas menos conocidos de la vida de la monja: la persecución a la que la sometió la Santa Inquisición. Desde Ávila hasta Sevilla, pasando por el resto de lugares en donde esta consiguió, no sin antes vencer multitud de negativas y obstáculos, fundar pequeños conventos que debían vivir únicamente de la limosna. Pastrana y Toledo fundamentalmente. Lugares, todos ellos, donde dejó huella en sus habitantes: para bien en la mayoría de los casos; para mal, en otros pocos. Y es que la envidia ya era, por aquella época, uno de los deportes nacionales españoles.

     Uno de los capítulos que más llama la atención de Y de repente, Teresa es el que hace referencia a las relaciones entre la protagonista y la princesa de Éboli. La futura santa consiguió fundar un convento en Pastrana de la mano de la princesa. Pero la segunda quiso inmiscuirse demasiado en el funcionamiento interno del mismo, lo que provocó distensiones y disputas entre ambas. Huelga decir que Teresa, lejos de amilanarse, volvió a salirse con la suya. Pero eso deberá leerlo el interesado en la historia.

     Fray Tomás y su acompañante Monroy serán los designados por el Santo Oficio para indagar en la vida de la de Ávila. A través de sus pesquisas consiguen información interesante. Como su ascendencia judía. Algo que servirá para ampliar las investigaciones y estrechar el cerco sobre ella. Sin embargo, la referida divina providencia hará que todo cambie merced a la muerte del cardenal Espinosa justo cuando se iba a cursar la orden de detención en Sevilla. La historia de Fray Tomás y de Monroy también es digna de ser leída. 

     Como siempre, con su lenguaje característico, su narración amena y su extensa documentación, Sánchez Adalid consigue, con esta novela también, entretener, divertir, enseñar historia -y hasta teología- y, lo más importante, impartir un mensaje en el que los valores se hacen presentes en cada una de sus páginas. La honestidad, la bondad y la solidaridad se imponen a las fuerzas del mal, por mucho que estas se disfracen en ocasiones de supuestos defensores del dogma y de la fe de la cristiandad. De nuevo, estamos ante una gran novela que servidor no puede dejar de recomendar a todo buen lector que se precie.      

                  

jueves, 26 de febrero de 2015

El último judío. Noah Gordon. Ediciones B. 2000. Reseña





     Publicado en 2000 tras la exitosa trilogía dedicada a la familia Cole - compuesta por El Médico (1986), Chamán (1992) y La doctora Cole (1996) -, El último judío retoma el tema estrella de la carrera literaria del escritor norteamericano Noah Gordon: la epopeya judía a lo largo y ancho del mundo en busca de nuevos asentamientos tras sus sucesivas expulsiones de los que habían sido sus hogares hasta entonces. En el caso que nos ocupa, la España de los Reyes Católicos de agosto de 1492.

     Con su estilo ya claramente definido, basado en el rigor histórico, un lenguaje accesible, estructura en capítulos cortos y atractivos y narración directa y entretenida, el autor de origen judío por vía materna nos sitúa en el Toledo de la última década del siglo XV. En un país en el que acababa de ser re-implantada la Santa Inquisición, una institución dedicada a la represión de la herejía en el seno de la Iglesia católica. Un país cuyos reyes decretaron la expulsión de la comunidad judía en 1492.

     La novela, que intercala fragmentos y situaciones de ficción con otros reales, muestra la compleja sociedad española de finales del siglo XV y comienzos del XVI, con la difícil relación de convivencia entre las comunidades católica y judía, en un contexto dominado por la corrupción, el robo y tráfico de reliquias de santos, la superstición, una brutal represión y una intolerancia que llega a la barbarie. En definitiva, un país en el que campaban a sus anchas las traiciones, los asesinatos, la intriga, el miedo y la incertidumbre. 

     En El último judío la Inquisición aparece representada por la figura del sacerdote Bonestruca, asesino y corrupto, que no duda en mandar a la hoguera a quien se opone a sus malévolos planes. Unos planes que van mucho más allá de lo que la bula de creación otorgada por vía papal dictamina. Un personaje siniestro que, además, se salta los preceptos de castidad y tiene una mujer y tres hijos, naturalmente ilegítimos. Un ser maquiavélico que pese a su dulce apariencia carece de escrúpulos, valores y del más mínimo sentido de lealtad. 

     El protagonista principal de la historia, Yonah Toledano, es uno de esos personajes que conmueve por su coraje, valores, firmes creencias, fortaleza mental y capacidad de adaptación a las peores situaciones. Su periplo le llevará, tras perder a sus padres y hermanos, a ciudades como Granada, Gibraltar, Valencia, Zaragoza o Huesca. Y en todos los referidos lugares, y merced a su buen hacer, entablará entrañables amistades que le llevarán a ir superando un sinfín de dificultades. Sus cambios de identidad para mantenerse a salvo de sus perseguidores y su valía humana y actitudinal - trabajará en oficios tan variados como platero, agricultor y ganadero, herrero, carcelero, traductor, personal naval y hasta de médico - serán sus grandes aliados en su lucha por sobrevivir a toda costa.

     La novela narra veinte años de la vida de Yonah, desde 1489 hasta 1509. A lo largo de la narración el chico irá madurando a marchas forzadas y hará frente a todo tipo de situaciones. Conocerá el sexo con distintas mujeres y se hará hombre en el pleno sentido de la palabra. La soledad será un aspecto básico en un hombre taciturno y a veces poco comunicativo por obligación. Un hombre que asume que un mayor contacto con las gentes supone también un mayor riesgo para su propia vida. Un hombre que debe aprender a conocer a las personas y discernir si conviene o no relacionarse con ellas. 

     La profusa documentación histórica - procedimientos de la Santa Inquisición, autos de fe, métodos de interrogatorio y tortura y descripción de lugares y tradiciones, tanto católicas como judías - se acompaña de una gran multitud de informaciones sobre la medicina y la cirugía de la época. En este sentido, podríamos decir que el autor se plagia a sí mismo en algunos momentos de la obra que parecen sacados de su anterior obra titulada El médico. Y es que las enseñanzas de Galeno, Avicena y Maimónides aparecen de nuevo en las nuevas páginas de Gordon, así como distintos conocimientos sobre hierbas curativas y métodos quirúrgicos ya aparecidos en la citada novela.

     Como conclusión, El último judío es una novela rica en personajes, tradiciones y documentos históricos que nos ilustra y entretiene y nos muestra valores personales y humanos dignos de reseñar. Las aventuras y desventuras de Yonah Toledano, siendo ficticias como tales, bien pudieron ser protagonizadas por alguno de los miles de judíos que fueron desterrados de sus casas a fines del siglo XV. Algunos de ellos, como nuestro protagonista, debieron demostrar unos principios y una lealtad, familiar y religiosa, que en nuestra sociedad cuestan cada vez más de encontrar. 

      

lunes, 16 de junio de 2014

El hereje. Miguel Delibes. Círculo de Lectores. 2013. Reseña





     Quince años después de su publicación original por Ediciones Destino, y tres más tarde de la muerte del autor, Círculo de Lectores editó el pasado año una edición de lujo conmemorativa del décimo quinto aniversario del lanzamiento de la última obra publicada por el genial escritor vallisoletano. La incursión de Delibes en la novela histórica constituyó toda una novedad en su momento. Y logró una descripción magistral de cómo fue su ciudad natal cuatro siglos antes.

     Cipriano Salcedo es el protagonista de la novela. Dos hechos marcarán su vida desde el mismo día de su nacimiento: su madre fallece pocas horas después del parto a causa de unas fiebres y su padre le considera por ello un parricida, lo que origina su eterno odio; y la coincidencia de todo lo anterior con la publicación de las 95 tesis de Witternberg a las puertas de la catedral alemana. Su padre, por quitárselo de encima y como acto de venganza, lo interna en un colegio de niños expósitos de la capital vallisoletana, separándolo de Minervina, la joven que lo había amamantado y cuidado desde la muerte de su madre.

     La tierna juventud de Cipriano cuenta únicamente con el amor de Minervina y la atención de Ignacio, oidor de la Chancillería de Valladolid y tío suyo - hermano de su padre -, quien lo toma como hijo propio al carecer de descendencia. Este hecho se verá reafirmado al fallecer Bernardo Salcedo, el padre de Cipriano. El joven se verá forzado a madurar de forma precoz ante las desgracias que se suceden en su vida. Eso sí, como hijo único, hereda todas las posesiones y negocios de su padre, pudiendo llevar una vida cómoda al menos en lo económico. 

     En uno de sus viajes por sus posesiones conoce a Teodomira, apodada la reina del Páramo al ser considerada la mejor esquiladora de la región del Páramo. Acaban casándose e incluso serán felices unos años, hasta que la obsesión de su esposa de ser madre chocará frontalmente con la escasa fertilidad de los hombres de la familia Salcedo. La obsesión se convertirá en enfermedad y la convivencia será casi insoportable hasta el internamiento de la enferma en un hospital. 

     Pese a su gran visión de los negocios - amplía enormemente las riquezas heredadas en pocos años -, su corazón está vacío. Y sus contactos con la familia Cazalla - el párroco Pedro, el doctor Agustín y Leonor de Vivero, madre de ambos, personajes todos ellos reales de la Valladolid y sus alrededores del siglo XVI, que aparecen también en otras geniales obras ambientadas en la época, como La conspiración de Yuste, del gran escritor extremeño Víctor Fernández Correas - le permitirán ir adentrándose en el círculo luterano de la ciudad. 

     Su discreción y su fe inquebrantable en las enseñanzas de Lutero harán que los Cazalla vean en él un vehículo óptimo de cara a viajar hasta Alemania y reunirse con Melanchton, seguidor de las enseñanzas de Lutero a la muerte del precursor de la doctrina de la bendición de Cristo, de la crítica de los sacramentos imperantes y defensor de la inexistencia del purgatorio y la necesidad de terminar con viejas supersticiones como la venta de indulgencias. Esa nueva espiritualidad llenará de verdad el corazón y la vida de Cipriano.

     Los diecisiete capítulos de la novela explican detalladamente las inmorales prácticas inquisitoriales, sus inhumanos métodos de tortura, la estancia de los herejes en sus cárceles, el desarrollo de los autos de fe contra ellos e incluso el inapelable cumplimiento de las condenas. Asimismo, el clima y el entramado social de la Valladolid del siglo XVI está descrito magistral y minuciosamente, al igual que las estancias y los ambientes. En sus tres partes - los primeros años, la herejía y el auto de fe - Delibes nos cuenta cómo cayó el primigenio núcleo luterano de la por entonces capital castellana.

     La novedad de la inclusión de Delibes en el género histórico se ve acompañada de las características que tuvo el genio castellano del siglo XX a lo largo de su extensa obra: un lenguaje sencillo y coloquial, una continua aparición de motes o malnombres de los distintos personajes y una exquisita descripción psicológica tanto de cada uno de los personajes como de la sociedad de la que estos formaron parte. En definitiva, una novela absolutamente recomendable que todo el mundo debería conocer y disfrutar.          
       

viernes, 1 de febrero de 2013

La conspiración de Yuste. Víctor Fernández Correas. 2008. Reseña




     Un relato de tan sólo ocho folios ("Epílogo imperial", premiado en el Primer Certámen de Relato Corto Princesa Jaraiz en 2001) acabó convertido, siete años después, en una novela de 765 páginas publicada por La esfera de los libros. Víctor Fernández Correas, periodista y escritor, debutó con una obra extensa y rica en abundantes descripciones. Cuatro años más tarde publicó su segundo trabajo, "La tribu maldita", la cual también reseñé en este humilde blog.
 
     "La conspiración de Yuste. Hay que matar a Carlos V" es una novela histórica perfectamente documentada en cuanto a escenarios (monasterio de Yuste, Valladolid, Garganta la Olla, Quacos, Medina del Campo o Valverde de la Vera) y personajes (desde el propio Carlos V hasta Jeromín, su hijo bastardo, que se convertirá en Don Juan de Austria en el futuro, pasando por todos los que acompañaron al Emperador en sus últimos tres años en el monasterio, así como distintos personajes relacionados con la nobleza, la Inquisición y las altas esferas de Castilla).
 
     En su parte de ficción, que también la hay, por supuesto, sorprende el hecho de que los principales personajes de la trama, Bertrand de Brugge (Capitán de los Ejércitos Imperiales de Carlos V y encargado de su custodia en Yuste), Rodrigo Cifuentes (curtidor de Valladolid y luterano) y Martín Sanjuan (aprendiz y fiel seguidor del anterior) están igual o incluso mejor caracterizados que los reales, lo que demuestra un perfecto dominio de la realidad de la época, algo sin lo cual habría resultado imposible crear ficción a partir de ella.
 
     Merced al magnífico trabajo de investigación desarrollado por su autor, la acción nos transportará a cualquier rincón de la majestuosa Valladolid del siglo XVI, a las callejuelas de cualquier villa de los alrededores del monasterio de Yuste, a la zona cercana al puerto de Brujas o incluso a la mismísima cámara imperial de Carlos V. Y todo ello con amplias y detalladas descripciones (en ocasiones hasta demasiadas, siendo ésta la única crítica que se le puede hacer a la novela), las cuales aportan gran realismo a cada una de las escenas.
 
     En efecto, los últimos meses de la vida del Emperador fueron una lenta agonía a causa de la gota y otras enfermedades que fueron apagando su existencia. Pero, además, un hecho añadido convirtió dicho mal trago en algo mucho más trágico y dramático para Carlos V: las noticias que le llegaban desde Valladolid, donde fue descubierto un enorme foco luterano que inquietó sobremanera al ya de por sí debilitado monarca.
 
     La novela narra, milimétricamente, cómo es descubierto el núcleo luterano vallisoletano, las acciones inquisitoriales para hacerle frente, los esfuerzos por dominarlo a cualquier precio y cómo algunos de los protestantes consiguieron huir hacia otros lugares. Entre ellos, el curtidor y su aprendiz. La figura de El Agrandao (Rodrigo Cifuentes) hace honor a su apodo y se convertirá en alguien capaz de poner en jaque a la Inquisición y al propio Emperador. Siempre con la inestimable ayuda de Martín Sanjuan. Ambos decidirán dar muerte al hombre más poderoso del mundo tras la tragedia sufrida por la madre del curtidor a manos de un fraile de la Inquisición que los persigue con la firme convicción de regresar a Valladolid con ellos.
 
     Bertrand de Brugge es otro de los personajes que a todo el mundo caerá genial. Militar, sí, pero, a la vez, muy humano. Nada que ver con la típica imagen de capitanes y soldados bárbaros sedientos de sangre. Él y su sempiterno acompañante Ángel Dávila, soldado extremeño de los Ejércitos Imperiales, conocerán el valor de la amistad hasta la última escena de la novela, provocando en el lector altas dosis de emoción contenida en diversas escenas y situaciones. Lo mismo que ocurre con la relación existente entre Cifuentes y Sanjuan.
 
     He de confesar que durante el primer tercio de "La conspiración de Yuste" me costó avanzar en su lectura debido a las numerosas y profusas descripciones tanto de personajes como de lugares. Ello la hace hasta pesada en ocasiones (algo que me pasó a mí mismo con mi primera novela, "El Círculo de las Bondades", por lo que no seré yo quien tire la primera piedra contra un compañero literario). Sin embargo, desde ese momento, la he devorado hasta el final, terminándola con un sentimiento de pena por acabar un libro que ha sido merecido objeto de mi aprecio.
 
     En definitiva, un más que correcto debut literario de un escritor que, en "La tribu maldita", ha terminado de demostrar que debe ser tenido muy en cuenta a partir de ahora. Sin duda, la progresión alcanzada con su segunda novela le coloca como uno de los referentes a seguir. Al menos para mí.