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lunes, 19 de mayo de 2014

Épica para una Liga (2013-2014). El retorno del Atlético de Madrid





     Esto no es solamente una Liga. Muchachos, mujeres: es algo más importante. Si se cree y se trabaja, se puede. Las palabras de Simeone en plena celebración en Neptuno, resume a la perfección la clave del éxito del Atlético de Madrid en esta temporada mágica que quizás, quién sabe, podría coronarse con la consecución de la primera Champions League de su historia.

     El entrenador argentino ha conseguido lo que parecía imposible: hacer mejor a cada jugador y, por ende, construir un gran equipo, y terminar con el aplastante dominio merengue-culé en nuestra Liga. Y todo ello apelando a la fe, a la solidaridad, a la fuerza y a la psicología. Una mezcla capaz de derrumbar a los gigantes Barça y Real Madrid (auténticos mastodontes-máquinas de sacar dinero y más dinero hasta de debajo de las piedras para hacerse con Bale, Neymar o quien se ponga por delante).

     Los cimientos del nuevo campeón han sido sólidos: una defensa casi inexpugnable donde la figura de Courtois es alargada, muy alargada, sobre todo protegida por Godín y Miranda (que han aportado también en ataque con sus ya míticos cabezazos hacia la gloria) y Filipe Luis y Juanfran; un centro del campo que igual destruye (Gabi y Mario Suárez) que construye (Arda y Koke); y una delantera que ya ha pasado a ser histórica en el club (Villa y Diego Costa).

     Sin embargo, como siempre ha asegurado El Cholo, en este equipo todo el mundo es importante. Así, podríamos hacer un equipo suplente con los siguientes jugadores: Aranzubía, Insúa, Manquillo, Alderweireld y Giménez; Tiago, Diego, Sosa y Cebolla Rodríguez; y Raúl García y Adrián. Todos ellos han aportado su granito de arena para que su equipo se alzara con este título, dieciocho años después del anterior.

     El Atleti ha sumado 90 puntos (2,36 por partido), ha marcado 77 goles (2 por partido) y ha encajado 26 (0,68 por partido). Es el club que más encuentros ha ganado (28) y el que menos ha perdido (4). Además, ha sido el único equipo invicto en su estadio y el que más puntos ha sumado como visitante (41). Únicamente en el apartado de goles marcados no ha sido el mejor (tercero, con 77 tantos, tras los 100 del Barcelona y los 104 del Real Madrid), hecho compensado con su enorme solidez defensiva. Courtois, gracias a ello, ha vuelto a hacerse con el trofeo Zamora al portero menos goleado. 

     La pieza clave del perfecto engranaje de este Atlético de Madrid es, sin duda, su entrenador. El Cholo ha sido capaz de calmar el temperamento de un Diego Costa que no ha sido expulsado ni una sola vez en toda la temporada, ha recuperado para la causa a un Adrián que estaba casi desaparecido en los últimos años, ha conseguido que David Villa encajara en un equipo en el que ha sido suplente en numerosísimas ocasiones a lo largo de la Liga (siempre sin perder los nervios y la compostura, tanto en el campo como en el vestuario, algo nada fácil de alcanzar en un futbolista de su nombre y valía) y ha dirigido desde la banqueta no solo a sus hombres sino a toda la grada. La filosofía del partido a partido ha calado tanto que hasta sus aficionados han mantenido la calma incluso en los peores momentos.

     Simeone ha sido listo e inteligente a la hora de hablar sobre las posibilidades de su equipo acerca de luchar por el campeonato. Ha quitado presión a sus hombres, ha eludido el favoritismo incluso cuando se veía que la Liga estaba muy cerca del Manzanares y ha sabido motivar como nadie a cada uno de sus jugadores. Pero, sobre todo, ha encajado cada pieza del puzzle en su lugar y ha sabido mantener la calma y la confianza en sus hombres hasta en las peores situaciones.

     Y, para quienes han estado todo el año anunciando el desfonde físico del equipo y han criticado los planteamientos defensivos de su entrenador, los jugadores han terminado con una fuerza tremenda (a diferencia de culés y merengues) y han sabido ganar un campeonato que parecía perdido en el descanso del último partido. Con dos lesionados en los veinte primeros minutos, con el marcador en contra y ante cien mil espectadores, tomaron la manija del partido y le dieron la vuelta al resultado. Y, todo ello, sin perder la fe y los valores que habían practicado a lo largo de todo el año. Sin desesperarse, despreciando la vieja leyenda del pupas (que amenazaba con volver tras el gol en propia puerta ante el Levante, el extraño gol concedido ante el Málaga y algunos disparos a las maderas en los últimos encuentros) y creyendo hasta sus últimas consecuencias en su juego, sus fuerzas y sus planes.

     Trabajo, trabajo y más trabajo ha sido uno de los lemas del técnico argentino durante esta campaña. Algo que queda reflejado en la gran cantidad de goles conseguidos a balón parado, tanto en faltas como en córners. Precisamente en un saque de esquina consiguió Godín el gol que vale un campeonato, el primero no ganado por Barça o Real Madrid desde 2004 (Valencia). Un partido, el de Barcelona, que ya forma parte de la historia de la Liga y de este magnífico club. El Atleti, en eso sí plenamente fiel a su estilo e historia, no podía ganar la Liga de manera más épica. ¡Bienvenida sea la Décima...!
     

lunes, 3 de febrero de 2014

Luis Aragonés (1938-2014). Genio y figura...





     Recordar a Luis Aragonés únicamente por haber llevado a la selección española a vencer en la Eurocopa de 2008 es realmente injusto. El Sabio de Hortaleza ha significado para el fútbol español mucho, muchísimo más. Los triunfos no vienen de la nada. Nunca. Para conseguirlos hace falta un cambio de mentalidad, una nueva manera de ver las cosas y una nueva forma de afrontar las distintas situaciones. Luis hizo que la selección se convirtiera en un equipo, y que de la conocida Furia Española se pasara a jugar al fútbol con más cabeza que corazón.

     No obstante, Aragonés comenzó a gestar su leyenda hace muchos años. Cuando el fútbol era en blanco y negro, cuando la selección española optaba a todo para no ganar nunca nada. Y, sobre todo, cuando vestía los colores rojiblancos y lucía sus conocidos zapatones. Porque, más allá de sus éxitos con La Roja, Luis Aragonés siempre tuvo el corazón rojiblanco. 

     Llegó a la ribera del Manzanares a los 26 años de edad y lució la elástica colchonera durante diez temporadas, en las que consiguió 3 Ligas (66, 70 y 73), 2 Copas (65 y 72) y un subcampeonato de Europa (1974, tras marcar un gol de falta que pudo significar la primera Copa de Europa para su equipo). Pese a ser centrocampista, en 1970 ganó el trofeo Pichichi como máximo goleador de la Liga. El Atlético de Madrid le marcó tanto que nada más retirarse se puso a entrenar a sus ex-compañeros. Se sentó en el banquillo del Calderón durante 15 temporadas (hasta en cuatro épocas diferentes), consiguiendo 1 Liga (77), 3 Copas (76, 85 y 92), 1 Supercopa de España (85), 1 Copa Intercontinental (74) y la Liga de Segunda División (2002), con la que volvió a situar a su equipo en la Primera División.

     Además, logró la Copa del Rey del 88 con el F. C. Barcelona, el Premio Don Balón al mejor entrenador de la Liga en el 77 y la Medalla de Oro de la Real Orden del Mérito Deportivo en 2001. Luego, ya con la selección española, llegaron la Eurocopa del 2008, el trofeo al mejor entrenador según la IFFHS en el 2008 y el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes en 2010 (junto al resto de los componentes de la selección española de fútbol).   

     Entrenó a otros siete equipos españoles de Primera División y hasta al Fenerbahce turco en la temporada 2008-9. Fue el último equipo al que entrenó (y el único fuera de nuestras fronteras), aunque no anunció su retirada hasta diciembre de 2013, ya enfermo de leucemia. Una enfermedad que mantuvo en silencio hasta el final. Porque, si algo tuvo siempre El Abuelo, fue el sentimiento de querer estar en un segundo plano. Sus jugadores recuerdan que siempre decía que cuando el equipo ganaba "lo hacía por sus jugadores" y que cuando perdía "era por culpa del entrenador". En las celebraciones se mantenía apartado de sus pupilos, cediéndoles todo el protagonismo. Y en las derrotas, salía a dar la cara por ellos y "a recibir las hostias se hacía falta".

     Indudablemente, Don Luis no fue ningún santo. Le gustaba disfrutar al máximo de la vida. Fumador incansable, bebedor un poco más que ocasional y jugador nato de quinielas (en más de una ocasión llegó a ser agraciado con algún que otro premio), primitivas y casinos (los trabajadores del Casino Monte Picayo de Valencia, ciudad en la que entrenó entre los años 95 y 97 pueden dar buena fe de ello), tenía un carácter muy marcado. En más de una ocasión tuvo alguna salida de tono bastante desafortunada. Pero siempre, siempre iba de cara hacia la persona que tenía enfrente.

     Sin embargo, todos sus jugadores hablan maravillas de él. Incluso hombres como Samuel Eto´o, camerunés al que empujó contra el banquillo del Mallorca tras una protesta del jugador posterior a un cambio; Raúl González, mítico jugador del Real Madrid al que "jubiló" de La Roja; o Paolo Futre, capitán atlético con el que tuvo en algunas ocasiones sus más y sus menos. Todos ellos han hablado de su míster como alguien sin el cual el fútbol - y ellos mismos - no serían como es en la actualidad. ¿Y quién no recuerda sus discusiones con presidentes de clubes (por ejemplo, con Jesús Gil, de quien fue amigo pese a defender posiciones diferentes en no pocas situaciones)?

     Ganador nato (para él, el fútbol era "ganar, ganar, ganar y volver a ganar"), pidió a los médicos que le atendieron de su corta pero demoledora enfermedad mortal que no hicieran público su estado. "Se marchó", en palabras de Pedro Guillén, su médico y colaborador en muchos de los clubes en los que militó como entrenador, "en silencio; sin hablar. Como el deportista que medita y se concentra antes de saltar al terreno de juego. En el anonimato de quien se va mirando de frente a la muerte". Genio y figura...  

     Don Luis se ha ido. Pero su leyenda, su carácter, su genio y su particular forma de ver y de vivir la vida y el fútbol permanecerán en todos los que pudimos disfrutar de él en vida. Sea desde la parcela que sea. Descanse En Paz, míster.