LIBROS

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miércoles, 25 de marzo de 2015

Niebla. Miguel de Unamuno. Espasa-Calpe (Colección Austral). 1939. Reseña





     Cuando Don Miguel de Unamuno escribió Niebla en 1907 - publicada en 1914 y reescrita y re-publicada en 1939 - era plenamente consciente de la magnitud de su obra. Algo muy poco común. Salvo en contados casos. En casos como el que nos ocupa: el de un genio de las letras. Conocedor de las maneras de escribir y presentar las creaciones de su época, en la que el realismo dominaba la escena literaria y artística en general, y sabedor de las críticas que recibiría esta obra maestra, hubo de crear para su original puesta en escena un género literario nuevo denominado nivola.

     Como él mismo explica, en boca de uno de los personajes de la obra que nos ocupa, la nivola es un neologismo que define a una creación literaria que decide apartarse de los principios encorsetados del realismo de fines del siglo XIX y comienzos del XX, es decir, de la caracterización psicológica de los personajes, la ambientación descriptiva de cada detalle y de la narración omnisciente en tercera persona. En este nuevo género el argumento, la trama y los personajes se van haciendo a sí mismos según avanza la historia. Una historia que se mueve a través de los abundantes diálogos que explican los hechos, los caracteres de los personajes y la propia trama. 

     En febrero de 1935, cuando el autor había terminado de reescribir la obra - que finalmente sería re-publicada en 1939, ya fallecido Don Miguel -, incluyó un prólogo escrito por uno de los personajes de la historia, Víctor, el mismo que definiera casi treinta años atrás el término de nivola. En él, el personaje llega a disentir del propio autor sobre el fin del protagonista, Augusto Pérez, prueba más que fehaciente de que, en efecto, los personajes se hacen a sí mismos, llegando incluso a discutir las acciones descritas por el dios creador-narrador, en este caso, Don Miguel. Hecho este que, quienes escribimos, aunque sea de forma no profesional, conocemos de primera mano, pues, no en pocas ocasiones, nuestros protagonistas se empeñan en llevarnos la contraria y actuar por cuenta propia, echando por tierra nuestros esquemas previos de la obra.

     La originalidad de Niebla es manifiesta por lo expuesto. Pero también por incluirse el propio autor como personaje de la nivola. No obstante, este apartado no va a ser más comentado en la presente reseña, puesto que supondría revelar aspectos importantes del desarrollo de la trama de la obra. Un error que jamás debe cometer un reseñador, en este caso, yo. Lo importante es que, como en toda buena nivola - tenemos otros ejemplos en obras unamunianas como La tía Tula, Amor y pedagogía o Abel Sánchez -, el contenido domina sobre la forma, los personajes son planos y muestran únicamente el rasgo más básico que los define como personas y se nos hace presente lo que Unamuno calificó como gestación vivípara, es decir, un nacimiento de la historia rápido, urgente, sin documentación, preparación ni planificación.

     Toda la obra es una confusión, una niebla perpetua que se cierne sobre la mente de Augusto Pérez y, por extensión, sobre el lector. Un lector que también se siente confundido en muchos de los pasajes del libro. Los constantes juegos de palabras y hasta de personajes nos hacen reflexionar sobre el rol que cada uno de nosotros jugamos en nuestras vidas y las de quienes nos rodean. Augusto es un rebelde, pero es visto por los demás como un pelele, un hombre que no había sentido la necesidad de conocer hembra hasta dos años después de fallecer su santa madre. Nuestra existencia, física y espiritual, es otro de los temas tratados en la obra. La certidumbre de la muerte se nos hace presente a los humanos en un momento determinado de la vida. 

     Un momento que Unamuno califica en Niebla como segundo nacimiento. Y es esa certidumbre, y su miedo, la que nos hace despertar del sueño en que hasta entonces vivíamos. El hecho de que la muerte sea algo ineludible para todos nosotros nos puede llevar a buscar una especie de inmortalidad a través de nuestras obras en vida. Sin duda, Unamuno es un gran ejemplo de ello, pues tres cuartos de siglo después de su muerte estamos escribiendo o leyendo sobre una de sus mejores creaciones. Sin embargo, para quienes no somos genios, la inmortalidad se circunscribe a ser recordados, o soñados, por quienes nos sobrevivan en este mundo. Una inmortalidad que tiene fecha de caducidad: el del día de la muerte de nuestro último familiar, amigo o conocido.

     A través de sus treinta y tres capítulos se vislumbran otras temáticas que, aunque menores, no dejan de aportar riqueza y variedad a la historia: la falta de decisión de los humanos, la igualdad de la mujer respecto al hombre, la mezcla de realidad y ficción en las mentes de casi todos nosotros, la hipocresía humana o la lealtad hacia los humanos de parte de los animales (ejemplificada en el perro de Augusto: Orfeo). Todo ello explicado desde la peculiar teoría literaria unamuniana. Una teoría que le otorgaba al autor el poder de escribir lo que quisiera y como le diera la real gana. 

     Niebla es una de las obras más insignes de Don Miguel. Y por méritos propios. No es de extrañar que, a comienzos del siglo XX, fuera tan bien acogida por el público - que no por la crítica, al menos por parte de ella -. Enseñó el camino a seguir a todo autor novel que quisiera ser original y abandonar el dogmatismo literario de su época. Y así fue. Sin ir más lejos, tenemos ejemplos actuales de esa originalidad en La mujer loca, de Juan José Millás - en cuyas páginas cobra vida el propio autor valenciano -, e incluso en Un millón de gotas, de Víctor del Árbol - en cuyo epílogo el magnífico escritor catalán realiza un excelente ejercicio de mezcla de realidad y ficción -. Y es que los maestros siempre sientan cátedra...           

  

miércoles, 18 de marzo de 2015

Un verano en la casa azul. David Casado Aguilera. Editorial Círculo Rojo. 2014. Reseña





     Cuando uno finaliza la lectura de un libro y siente un nudo en la garganta es que la historia que acaba de terminar le ha dejado huella. Sé, por experiencia propia, que lo mejor que le puede pasar a un escritor es que alguien que ha dado buena cuenta de su obra le comente este hecho. Sin duda, David tiene motivos para sentirse orgulloso de Un verano en la casa azul. Si hace tres años escribí una reseña sobre El grito del silencio en la que recomendé su lectura, ahora me siento en la obligación de compartir con los lectores de este blog otra historia emocionante y conmovedora.

     Desde un presente indeterminado, Leonardo, un anciano nostálgico y melancólico, narra la historia de amor interrumpida con el primer y único gran amor de su vida, Valeria, acaecida en los veranos de 1960 y 1961 en un pequeño pueblo de la Costa Brava. Ya en las primeras páginas se nos deja claro que la pareja de adolescentes no está ya junta, y que la causa de ello es un suceso trágico cuyo desarrollo se nos irá presentando de forma gradual, a base de pequeñas píldoras que nos mantendrán atados a las páginas del libro sin que el lector desee deshacerse de las ligaduras. Al contrario, uno disfruta con las idas y venidas de las acciones contadas por el narrador, sintiéndose feliz en la maraña de sucesos, emociones y bellas y certeras frases ilustrativas. Uno de los puntos fuertes de la novela, sin duda.

     Un verano en la casa azul es un canto a la vida, a la libertad y a la dignidad humana. Una novela de contrastes entre la inocencia y las ganas de comerse el mundo de la juventud y la madurez y la añoranza de la vejez. Una amalgama de sentimientos, muchas veces contradictorios, como la vida misma, que van de la valentía a la cobardía, de la cordura a la locura adolescente, de la razón a los modales. Una historia que deja claro algo que sabemos pero queremos a menudo ignorar: que "el pasado jamás regresa" y que "se necesita toda una vida para comprender que la vida es un instante, un suspiro".

     La ambientación de la novela es exquisita. El pueblo y sus alrededores cobran vida ante nuestros ojos, de tal manera que podemos llegar a sentir el calor veraniego, el sofocante sol, la brisa de los atardeceres, el frío de las noches estivales, el olor a naturaleza de los montes, la forma de vida de los pueblerinos - dicho esto con el mayor de los respetos - del lugar y hasta los hormonas de los adolescentes protagonistas. En efecto, David consigue que el pueblo sea un personaje de la novela. Y no uno más, sino uno de los centrales. Al terminar la lectura cuesta despedirse de lugares tan fascinantes como la Cala de La Tortuga, el Acantilado de los Cuchillos, la Casa Azul, el faro, la Plaza de la iglesia y hasta del banco del jardín de la casa de los padres de Valeria. Otro tanto en favor del libro.

     Según vamos leyendo vamos comprobando cómo la vida no es una sucesión de veranos, tal y como se nos dice en las primeras páginas del libro, sino que el verano de 1961 va a suponer un punto y aparte en la vida de la mayoría de los protagonistas de la historia. Para el pueblo será así por la explosión turística del lugar, lo cual queda reflejado en esa desconfianza de sus moradores respecto a los primeros visitantes desconocidos. El boom turístico de los años 60 se encargaría, como reconoce desde el presente Leonardo, de cambiar por completo la fisonomía de un pueblo al que cuesta reconocer.

     Lo mismo ocurre con el resto de protagonistas de la novela. El abuelo de Leonardo, su gran sustento moral y psicológico por ser el único que comprende al joven - los recuerdos de niñez, pesca, barca y mar son recurrentes a lo largo y ancho de la narración -, muere en el invierno que separa los dos veranos objeto de la narración. La historia de amor de Leonardo y Valeria cambiará para siempre la vida de ambos. A Leonardo, un buen chico bastante tímido de solo 17 años, le hará madurar a marchas forzadas y le obligará a tomar decisiones cuyas consecuencias le acompañarán hasta el fin de sus días. A Valeria, una jovencita a la que, por razones obvias que no desvelaré en la reseña, la vida obliga a vivir de forma diferente al resto de chicas de su edad, le hará creer que la felicidad sí existe. En este sentido, el personaje de Valeria es toda una oda a la libertad, a la dignidad y a la vida misma.

     Los protagonistas secundarios también aparecen perfectamente caracterizados psicológicamente. Santos, Enrique y Beatriz, cada uno a su manera, son ejemplos vivos de lealtad y de amistad. De modales y apariencias marcadamente diferentes, todos ellos juegan un papel importante en la historia tan bien narrada por Leonardo. Enrique aparece como el típico líder del grupo de jóvenes, siendo un personaje que finalmente se quitará la careta con la que vive. Santos es ese amigo que todos quisiéramos tener y que tan pocas veces se encuentra en la vida. Un amigo que acompaña sin hacer demasiadas preguntas ni recriminaciones. Beatriz podría ser la versión femenina de Santos. Rafael, en cambio, es un personaje que va variando más en cuanto a percepción por parte del lector. Tampoco en este caso comentaré mucho más al respecto, pues ha de ser precisamente el lector quien averigüe el por qué de mis afirmaciones.

     La política de la época - pleno franquismo - marca las formas de vida del pueblo. La existencia de las dos Españas queda bien patente en diversos fragmentos de la obra, algo que a nadie ha de extrañar, pues ese enfrentamiento, por desgracia, todavía a día de hoy sigue presente en nuestra sociedad. Como no podía ser de otra manera, la política tendrá importancia en el desarrollo de algunos de los pasajes de la historia. Quizá convendría olvidar de una vez el odio y la amargura subyacentes de aquella guerra que jamás debió acontecer. Justamente lo contrario que el recuerdo de nuestros seres queridos ausentes. Porque una de las enseñanzas que podemos destacar de la novela es que la muerte no es el fin de todo. Porque la verdadera muerte es el olvido...    

       

lunes, 16 de marzo de 2015

La Ropavejera, el génesis del mal. Ramón Cerdá. El fantasma de los sueños. 2014. Reseña





     La Ropavejera, la génesis del mal, última novela del ontinyentí Ramón Cerdá, forma parte de un ambicioso proyecto completado con el corto, de idéntico título, dirigido por Nacho Ruipérez. Sin embargo, a diferencia del film, abarca toda la vida de la protagonista de la historia, Enriqueta Martí, más conocida como La Ropavejera o la Vampira del Raval de Barcelona. Personaje real, la prostituta, proxeneta, secuestradora de niños y asesina en serie natal de Sant Felíu de Llobregat, estuvo a punto de poner en jaque a la alta burguesía barcelonesa de principios del siglo XX. De ahí, quizás, su polémica muerte en la prisión de mujeres Reina Amalia de la ciudad condal.

     La historia de La Ropavejera es un conjunto de situaciones que explican unas a partir de otras. Y es que en la psique humana nada sucede por casualidad. Probablemente Enriqueta no hubiera sido como fue si su padre, alcohólico y maltratador, no hubiera abusado de ella desde temprana edad. Ante las repetidas vejaciones sufridas, la protagonista de la novela hubo de huir de casa y buscarse la vida en la capital catalana de finales del XIX y principios del XX. Y lo hizo como pudo: prostituyéndose en la calle y en burdeles y utilizando a los hombres dejando que éstos pensaran que era realmente al revés. 

     Enriqueta fue un monstruo cruel, despiadado y sin ningún tipo de escrúpulos. Su inteligencia y su frialdad, altamente elevadas, hicieron el resto. Siempre tuvo claro cuáles eran sus propósitos y los métodos para alcanzarlos. Consciente de que algunos hombres gustan de los placeres sexuales con jovencitas y niños, dedicó su vida a conseguir regentar un burdel de alto standing para la gente rica de la ciudad. Su dinero le serviría para alcanzar la libertad tan anhelada desde su infausta niñez. Y no escatimó gastos ni depravadas acciones.

     En su lujoso meublé de la calle Ponent La Ropavejera supo ofrecer a la alta burguesía barcelonesa de la época todo aquello que fuera capaz de proporcionarle placer: sexo con mujeres, sexo con niños / as y toda clase de ungüentos y elixires elaborados con la sangre y la grasa de los niños de la casa. Quizás lo más llamativo de esta asesina en serie sea que estaba convencida de que los niños eran más felices con ella en esa casa que en la calle. Y es que la mayoría de niños que ofrecía a sus adinerados y pervertidos clientes habían sido previamente recogidos e incluso secuestrados y adoctrinados.

     Pero todo ello no habría sido posible sin que la madame de la casa, ¡que llegaba a vender la virginidad de los niños y niñas hasta por cien pesetas de hace más de un siglo!, tuviera una ayudante fiel y dispuesta a todo. Y esa era Angelita. La joven era, en realidad, hija de la cuñada de Enriqueta, quien se la robó nada más nacer con la ayuda de otra mujer tan poco escrupulosa como ella. Angelita fue educada como hija de Enriqueta, quien siempre pensó en ella como su heredera en el negocio del meublé. La Ropavejera, sin duda, lo tenía todo muy bien pensado. Angelita era una pieza básica tanto en el engranaje de adoctrinamiento de los rapaces como en el propio funcionamiento de la casa.

     En previsión de futuros problemas, Enriqueta llevaba registro, en un diario personal, de todo cuanto acontecía en la casa. Todo aparecía en él: nombres de clientes, servicios prestados a ellos, elixires y ungüentos vendidos, etc. Todo ello podía servirles a ella y a su hija en caso de ser detenidas algún día. Esperaba que, en caso de extrema necesidad, sus clientes les echaran una mano, aunque solo fuera para salvar sus identidades y escapar de cualquier acusación por parte de la justicia. No obstante, como suele ocurrir, hasta en los mejores planes siempre falla algo. Y Enriqueta acabó con sus huesos en la cárcel en 1912. Y allí falleció, en muy extrañas circunstancias, en 1913. Probablemente, a esos burgueses clientes suyos no les interesó que la causa llegara a juicio.

     La novela atrapa al lector desde el principio, algo ya acostumbrado en Ramón Cerdá, autor ya conocido por los seguidores de este blog. Con un lenguaje directo, sin artificios y con las descripciones justas, Cerdá desgrana la historia de manera original, empleando hasta tres narradores diferentes a lo largo de la narración: el clásico omnisciente en tercera persona, la propia Enriqueta en primera persona (lo que otorga a la obra una mayor dosis de verosimilitud) y Angelita, también en primera persona, que aclara en última instancia un final sorprendente.  

     Y he dejado para el final el retrato psicológico de la protagonista porque me parece lo más acertado de una novela ya de por sí magnífica. Cerdá pinta un retrato profundamente realista de La Vampira del Raval. Tanto es así que llegamos a comprender - ¡nunca a justificar ni a compartir, por supuesto! - sus acciones. Y en ocasiones, hasta a admirarla. No evidentemente sus crímenes, pero sí su tenacidad, su confianza en sí misma y su capacidad para conseguir todo aquello que se propone. Tengamos en cuenta que le tocó vivir una época (finales de siglo XIX y principios del XX) y una sociedad (la revolucionaria barcelonesa) en que las mujeres, sobre todo las de origen modesto, estaban destinadas a mendigar y a malvivir. Enriqueta, en cambio, llegó a codearse con la alta burguesía. 

     Lástima que todo ello no fuera usado para hacer el bien a la sociedad, sino para servir a una clase social (políticos, comerciantes, banqueros, etc) corrupta, enferma y despreciable. Porque los verdaderos monstruos de la historia tan bien llevada por Cerdá son precisamente ellos: unos seres depravados que usaron su poder para vivir por encima de la ley a la que en ocasiones representaban en su actividad diaria. Quizás algún día se haga justicia con ellos y aparezca el diario de Enriqueta. Más de uno de aquellos ricos y famosos personajes, cuyas identidades se desconocen todavía a día de hoy, pasen a ser conocidos por motivos bien diferentes a los de la actualidad...        

         

lunes, 9 de marzo de 2015

Cinco horas con Mario. Miguel Delibes. Destino. 1966. Reseña





     Cinco horas con Mario es una de las novelas más conocidas de Delibes. Publicada hace casi medio siglo, no ha perdido vigencia, ni literaria ni humanamente. Es lógico que el país haya cambiado mucho desde entonces. También la mentalidad de sus ciudadanos. Sin embargo, los sentimientos de los personajes, salvando las distancias, sí permanecen. Y, desde luego, el monólogo interior que cada uno de nosotros mantiene en las horas y días posteriores a la pérdida de un ser querido existe de forma innegable. ¿Quién no ha hablado con un muerto, sobre todo en esas primeras horas sin él, aunque todavía con su cuerpo visible y con algo de calor en su interior? ¿Quién no le ha agradecido lo bueno y reprochado (en menor medida, pues parece que la muerte casi todo lo perdona) lo malo?

      La novela comienza con la impresión de la esquela aparecida en los periódicos de marzo de 1966, fecha del extraño y desde luego inesperado fallecimiento de Mario Díez Collado, a la temprana edad de 49 años. Además de informar de la muerte de Mario, la esquela nos sirve para conocer a su familia: su esposa Carmen, sus hijos Mario, María del Carmen, Álvaro, Borja y María Aránzazu y hermanas, cuñadas, etc. Esto es importante, pues todos los personajes citados en la esquela, y algunos más, irán apareciendo en el monólogo de Carmen ante el féretro de su esposo.


     El monólogo, de 27 capítulos, va precedido de una introducción y seguido de un epílogo o desenlace en el que aparecen los signos y gestos más o menos típicos de momentos tan desagradables como el que la novela trata. Los besos, los pésames, los apretones de manos, los golpecitos en la espalda, las frases que vienen (o no) a cuento en esos instantes, los reconocimientos, los susurros, las alabanzas, las críticas, el recogimiento de unos, la entereza de otros, los aspavientos de los más exagerados, etc. Todo ello, para realzar, más si cabe, la parte central de la obra, esa especie de diálogo entre Carmen y su esposo ya fallecido.

     Lo primero que llama la atención de la novela es la forma en que la esposa se dirige a Mario. Le habla como si aquel todavía estuviera vivo y, por tanto, pudiera escucharla. Algo que se mantiene hasta la última línea del monólogo, que conmueve y sobrecoge a la vez. Algo que indica que Carmen se resiste a la idea de que su marido, con sus mil y un defectos, no volverá ya a la vida. La impotencia que siente al ver que él no le responde irá creciendo a lo largo de novela, hasta un final que no desvelaré (por si alguien todavía no la ha leído).

     Del monólogo, por no demorarme demasiado - pues daría para muchos párrafos -, me centraré en la presentación de las dificultades y momentos tensos del matrimonio, que los ha habido, desde luego; y en la crítica social que Delibes hace de la sociedad de la época: hipócrita, fingida y vivida de la cara a los demás. Carmen es presentada como una mujer conservadora, estricta, intransigente, defensora a ultranza de su familia y de la moral y los valores cristianos y criticona de todo lo que atente contra lo anteriormente expuesto. Por contra, Mario representa el polo opuesto: luchador, comprometido, inconformista, intelectual, moderno y no expuesto a la norma de la época. Las discusiones entre ambos, pues, serán la norma durante el casi cuarto de siglo de convivencia en común.

     La novela aborda temas tan importantes e interesantes como la falta de comunicación en el matrimonio, la necesidad de compartir aspectos básicos sobre la educación de los hijos, el machismo (visto desde ambas perspectivas, la femenina y la masculina), el conflicto de las "dos Españas" - recordemos que la época abordada por la novela es 1966, en pleno franquismo - y hasta la lucha de clases. El lenguaje coloquial de la época, el desorden temporal en la exposición de los hechos y las repeticiones de los más importantes (para Carmen) otorgan a la novela mayor verosimilitud, agobio y también carácter cómico.

     Los largos párrafos de cada capítulo - todos ellos comienzan con introducciones sacadas de la Biblia que Mario leía a menudo y que descansaba en su mesita de noche, con algunos pasajes subrayados -, con muchas comas pero pocos puntos, imprimen una velocidad a la lectura y a los pensamientos que en ocasiones llegan a provocar vértigo. Un vértigo que es, precisamente, el que debe sentir la propia Carmen al pronunciar su soliloquio. Una amalgama de hechos, acciones y sentimientos que amenazan con desprenderse de su boca y perderse para siempre. De ahí esa urgencia en sacarlos a toda velocidad antes de que sea demasiado tarde.

     Con todo, pese a que Carmen es presentada de forma que caiga mal al lector - sobre todo de género masculino -, tampoco Mario sale bien parado en algunos temas: desatención de su esposa y de sus hijos, falta de ímpetu en las tareas domésticas, incomprensión hacia su mujer, depresión, etc. Y es que cuando un matrimonio fracasa - y lo hace con mayor facilidad de la mostrada por el número de divorcios -, aunque una de las partes tenga más responsabilidad que la otra, ambas son copartícipes del mismo. Eso sí, como bien demuestra Carmen a lo largo de las cinco horas que pasa a solas con su esposo, siempre quedan los "te quiero", los "cariño" y los "amor". Sobre todo cuando uno siente la pérdida...     

           

lunes, 2 de marzo de 2015

El héroe discreto. Mario Vargas Llosa. Alfaguara. 2013. Reseña





     Con El héroe discreto, Mario Vargas Llosa vuelve a su Perú natal tras recibir el Premio Nobel de Literatura y publicar El sueño del celta, novela también reseñada en este mismo blog en su momento. Para ello, retoma algunos personajes que ya aparecieran en trabajos anteriores: Lituma (Lituma en los Andes o ¿Quién mató a Palomino Molero?), Rigoberto (Elogio de la madrastra o Los cuadernos de don Rigoberto), Lucrecia (Elogio de la madrastra) y Fonchito (Elogio de la madrastra). La novela viene a recuperar algunos de los valores humanos que parecen perderse por momentos en esta profunda crisis social y humana que venimos padeciendo durante más años de los que en principio apreciamos.

     Realmente en la historia podemos encontrar a varios héroes discretos. El primero de ellos, Felícito Yanaqué, transportista y dueño de Transportes Narihualá. Casado con Gertrudis y padre de dos hijos (Tiburcio y Miguel, cuya paternidad pone en duda desde siempre), decide seguir el consejo de su padre - Nunca te dejes pisotear por nadie, hijo. Este consejo es la única herencia que vas a tener - y poner en manos de la policía un caso de extorsión por el cual uno o varios individuos le exigen el pago de una cuota para preservar su seguridad y la de su familia. Negarse a pagar la referida cuota le pondrá entre la espada y la pared. Solo su coraje le hará salir del entuerto.

     El segundo héroe discreto de la novela es el millonario Ismael Carrera, dueño de la aseguradora más prestigiosa de Lima, que decide tomar como esposa a su criada, de nombre Armida, para vengarse de sus hijos, Miki y Escobita, quienes ansían tanto disponer de su herencia que llegan a festejar su muerte antes de tiempo, mientras su padre se debate entre la vida y la muerte víctima de un infarto. El matrimonio deja a sus hijos sin herencia, lo que provoca un escándalo de grandes dimensiones en todo el país. 

     El tercer héroe discreto es don Rigoberto, gerente de la aseguradora, que firma como testigo para el enlace de su antiguo jefe. Se verá acosado por los hijos de aquel, verá cómo su jubilación queda paralizada y deberá anular un viaje ya pagado a Europa con su mujer y su hijo, Fonchito. Su casa se convertirá, como la de Felícito Yanaqué, en el centro de la noticia y será rodeada por los periodistas de todos los medios. Por cierto, parte importante de la novela es esa crítica velada a unos medios cada vez más sensacionalistas y asquerosos que confunden la libertad de expresión con el atosigamiento y el agobio.

     Y el cuarto héroe discreto es Narciso. Chófer personal y hombre de confianza de Ismael Carrera, será el segundo de los testigos de boda de su jefe, con lo cual también habrá de sufrir el incordio de las hienas, adjetivo calificativo de los hijos del millonario. Su situación será mucho peor que la de los demás, pues su posición económica, mucho menos acomodada, no le permitirá actuar de igual manera en las causas judiciales a las que debe enfrentarse por culpa de los despechados desheredados. La lealtad de Narciso y don Rigoberto hacia su jefe y amigo es el otro valor que Vargas Llosa busca destacar en su última novela.

     Cada uno de los referidos héroes discretos trata de vivir su vida según sus respectivos anhelos e ideales, dejando de lado las mezquinades humanas. Sus vidas se convertirán en laberintos de los que solo su astucia, temple y valores les sacarán. Para ello, deberán enfrentar lo peor de las personas: la avaricia, la traición, la maldad. Los escenarios, Piura y Lima, son otros personajes importantes de la novela, en los que también encontramos la maldad y la bondad en sus habitantes. Y es que los personajes principales no dudan en ayudarse los unos a los otros con tal de derrotar a quienes se empeñan en amargar sus vidas. Por tanto, El héroe discreto es una historia moral y ejemplar.

     La novela es un retrato fiel del Perú actual. Con su prosperidad (sobre todo en su capital) y también su atraso. En efecto, Lima y Piura se nos muestran como son, con sus virtudes y sus defectos. Como lugares habitados, vivos. Como recipientes de mezquindades y maldades; de bondades y valores. Lugares donde resistirse al chantaje y a los convencionalismos sociales se convierten en actos de valentía, como si se pretendiera rescatar del olvido viejos valores olvidados por sus respectivas sociedades. Donde se pueden encontrar, aunque para ello haya que escarbar a gran profundidad en la tierra, algo más que dinero y poder.

     A pesar de todo lo expuesto con anterioridad, lo que más me ha gustado de la novela, al margen de esos valores destacados por su autor, es cómo enlaza las historias. La narración es fluida y amena, y va incluyendo personajes, situaciones y diálogos con una gran maestría, narrando a la vez ¡hasta tres situaciones diferentes! Una maestría al alcance de muy pocos escritores. No en vano, Mario Vargas Llosa fue uno de los más grandes escritores latinoamericanos del siglo XX. Y, por lo visto en El sueño del celta y El héroe discreto, también lo es del XXI...                     


jueves, 26 de febrero de 2015

El último judío. Noah Gordon. Ediciones B. 2000. Reseña





     Publicado en 2000 tras la exitosa trilogía dedicada a la familia Cole - compuesta por El Médico (1986), Chamán (1992) y La doctora Cole (1996) -, El último judío retoma el tema estrella de la carrera literaria del escritor norteamericano Noah Gordon: la epopeya judía a lo largo y ancho del mundo en busca de nuevos asentamientos tras sus sucesivas expulsiones de los que habían sido sus hogares hasta entonces. En el caso que nos ocupa, la España de los Reyes Católicos de agosto de 1492.

     Con su estilo ya claramente definido, basado en el rigor histórico, un lenguaje accesible, estructura en capítulos cortos y atractivos y narración directa y entretenida, el autor de origen judío por vía materna nos sitúa en el Toledo de la última década del siglo XV. En un país en el que acababa de ser re-implantada la Santa Inquisición, una institución dedicada a la represión de la herejía en el seno de la Iglesia católica. Un país cuyos reyes decretaron la expulsión de la comunidad judía en 1492.

     La novela, que intercala fragmentos y situaciones de ficción con otros reales, muestra la compleja sociedad española de finales del siglo XV y comienzos del XVI, con la difícil relación de convivencia entre las comunidades católica y judía, en un contexto dominado por la corrupción, el robo y tráfico de reliquias de santos, la superstición, una brutal represión y una intolerancia que llega a la barbarie. En definitiva, un país en el que campaban a sus anchas las traiciones, los asesinatos, la intriga, el miedo y la incertidumbre. 

     En El último judío la Inquisición aparece representada por la figura del sacerdote Bonestruca, asesino y corrupto, que no duda en mandar a la hoguera a quien se opone a sus malévolos planes. Unos planes que van mucho más allá de lo que la bula de creación otorgada por vía papal dictamina. Un personaje siniestro que, además, se salta los preceptos de castidad y tiene una mujer y tres hijos, naturalmente ilegítimos. Un ser maquiavélico que pese a su dulce apariencia carece de escrúpulos, valores y del más mínimo sentido de lealtad. 

     El protagonista principal de la historia, Yonah Toledano, es uno de esos personajes que conmueve por su coraje, valores, firmes creencias, fortaleza mental y capacidad de adaptación a las peores situaciones. Su periplo le llevará, tras perder a sus padres y hermanos, a ciudades como Granada, Gibraltar, Valencia, Zaragoza o Huesca. Y en todos los referidos lugares, y merced a su buen hacer, entablará entrañables amistades que le llevarán a ir superando un sinfín de dificultades. Sus cambios de identidad para mantenerse a salvo de sus perseguidores y su valía humana y actitudinal - trabajará en oficios tan variados como platero, agricultor y ganadero, herrero, carcelero, traductor, personal naval y hasta de médico - serán sus grandes aliados en su lucha por sobrevivir a toda costa.

     La novela narra veinte años de la vida de Yonah, desde 1489 hasta 1509. A lo largo de la narración el chico irá madurando a marchas forzadas y hará frente a todo tipo de situaciones. Conocerá el sexo con distintas mujeres y se hará hombre en el pleno sentido de la palabra. La soledad será un aspecto básico en un hombre taciturno y a veces poco comunicativo por obligación. Un hombre que asume que un mayor contacto con las gentes supone también un mayor riesgo para su propia vida. Un hombre que debe aprender a conocer a las personas y discernir si conviene o no relacionarse con ellas. 

     La profusa documentación histórica - procedimientos de la Santa Inquisición, autos de fe, métodos de interrogatorio y tortura y descripción de lugares y tradiciones, tanto católicas como judías - se acompaña de una gran multitud de informaciones sobre la medicina y la cirugía de la época. En este sentido, podríamos decir que el autor se plagia a sí mismo en algunos momentos de la obra que parecen sacados de su anterior obra titulada El médico. Y es que las enseñanzas de Galeno, Avicena y Maimónides aparecen de nuevo en las nuevas páginas de Gordon, así como distintos conocimientos sobre hierbas curativas y métodos quirúrgicos ya aparecidos en la citada novela.

     Como conclusión, El último judío es una novela rica en personajes, tradiciones y documentos históricos que nos ilustra y entretiene y nos muestra valores personales y humanos dignos de reseñar. Las aventuras y desventuras de Yonah Toledano, siendo ficticias como tales, bien pudieron ser protagonizadas por alguno de los miles de judíos que fueron desterrados de sus casas a fines del siglo XV. Algunos de ellos, como nuestro protagonista, debieron demostrar unos principios y una lealtad, familiar y religiosa, que en nuestra sociedad cuestan cada vez más de encontrar. 

      

lunes, 23 de febrero de 2015

Las pequeñas memorias. José Saramago. Alfaguara. 2007. Reseña





     Desde el poblado de Azinhaga, que le vio nacer y de donde partió de la mano de sus padres cuando solo tenía dieciocho meses, hasta las diez casas diferentes en las que vivió junto a sus padres en distintos barrios de Lisboa; desde sus primeros recuerdos junto a sus abuelos maternos hasta que cumplió los dieciséis años de edad; desde sus primeras correrías por los olivares y los ríos cercanos a su residencia hasta sus primeras experiencias, más o menos fructíferas, en el mundo del sexo. Todo ello forma parte de Las pequeñas memorias, una autobiografía que todo el mundo, sobre todo los devotos de Saramago, debería leer.

     Con su característico estilo narrativo, su afilado sentido del humor, su ácida crítica incluso hacia sí mismo, y sus grandes dotes como contador de historias, el bueno de Saramago desnudó su niñez y adolescencia en este exquisito libro de memorias escrito a los 84 años. Por cierto, algo digno de elogio. No ya por lo difícil de recordar sucesos acaecidos hace más de 70 años, sino por el hecho de mantener una lucidez tan asombrosa a tan tardía edad. Una prueba más, en definitiva, de la grandeza del genio portugués ganador del Premio Nobel de Literatura entre muchos otros galardones que no vienen aquí al caso.

     Lo primero a destacar de esta autobiografía es cómo está escrita. No narra los sucesos solo desde la madurez del presente (2006) sino desde la ingenuidad e ignorancia de la edad correspondiente a cada una de las secuencias contadas. Y, todo ello, para explicarnos quién fue y por qué fue así y no de otra manera. A través de la escritura, José de Sousa - ese debió ser su verdadero nombre, pues el Saramago que todos conocemos era el apodo que recibía su padre, algo que explica de forma irónica en uno de los pasajes del presente libro - recobra la niñez tantos años antes perdida para mostrársenos tal cual era en aquellos momentos.

     Así, Saramago, lejos del pudor que la mayoría podríamos sentir, no duda en mostrarnos el origen extremadamente humilde de su familia; sus diez cambios de residencia en apenas diez años; las necesidades que hubieron de pasar; las correrías de las cucarachas por encima suyo por las noches, en el catre en el que dormía en el suelo, en la misma habitación que sus padres; los maltratos recibidos por su madre a manos de su padre; o la mala relación (por no decir nula) que tuvo con sus abuelos paternos, bastante poco acostumbrados a mostrar cariño por su nieto. 

     Uno de los puntos centrales del libro lo constituye su proceso de aprendizaje lector. En él nos muestra su facilidad a la hora de aprender a leer - al margen de las enseñanzas de la escuela, leía todo lo que cayera en sus manos (diarios, libros, panfletos, etc) - y cómo poco a poco comenzó a no hacer faltas de ortografía. Sin embargo, nos extraña sobremanera el hecho de que el propio autor reconozca no haber escrito nada, literariamente hablando, hasta la plena adolescencia (un protopoema para una chica que le gustaba en aquella época). 

     Según avanzamos en la lectura comenzamos a ver cómo los recuerdos de su vida como niño y como adolescente influyeron después en su carrera literaria. Estos recuerdos son las largas horas pasadas en la encrucijada de los ríos que bañaban los olivares de su aldea, la contemplación del atardecer o del amanecer, los cines de barrio de Lisboa, su soledad de adolescente, sus primeros y tímidos escarceos con el sexo femenino o las tareas del campo junto a su abuelo y su tío y el apego a la tierra que de ello surgió con el tiempo.

     Mención especial merece la descripción de las relaciones con su familia (sobre todo la materna) y los vecinos a los que fue conociendo con el paso del tiempo y de las diferentes viviendas donde pasó sus primeros años de existencia. Cabe reseñar sucesos como la felicidad sentida por el adolescente Saramago al concluir una tarea encomendada por su abuelo bajo una copiosa lluvia, la visión de la luna más luminosa que jamás vio una noche en que acompañaba a su tío a una feria de ganado, la contemplación de un cielo repleto de estrellas mientras su abuela reconocía ante él estar triste ante la muerte que se le avecinaba o la especial relación que tuvo con su madre, mujer trabajadora, sacrificada, maltratada y humillada.

     La muerte de su hermano Francisco, a la edad de cuatro años a causa de una bronconeumonía, es uno de los sucesos más mencionados a la largo de Las pequeñas memorias. Saramago reconoce no tener casi recuerdos de él, pues tan solo tenía dos años cuando aconteció. Conserva alguna foto suya, que aparece al final del libro, junto a otras del propio escritor, de miembros de su familia y otros conocidos y vecinos de la época. Como es obvio, la vida de una persona se compone de momentos buenos y malos, de recuerdos propios y de otros que, de tanto nombrarlos, al final nos resulta casi imposible discernir si son recuerdos de verdad o si realmente no sucedieron nunca. En cualquier caso, lo que aparece en este libro es el resultado de una vida digna de ser conocida por los amantes de la buena literatura. 

     

lunes, 16 de febrero de 2015

La gente feliz lee y toma café. Agnès Martin-Lugand. Alfaguara. 2014. Reseña





     Cuando en diciembre de 2012 la psicóloga clínica francesa Agnès Martin-Lugand autopublicó en la plataforma digital Amazon su primera novela, La gente feliz lee y toma café, nadie podía pensar el fenómeno en que se iba a convertir aquella historia de pérdida, duelo y reconstrucción personal. En pocas semanas la novela alcanzó los primeros puestos en las listas de venta de la conocida página y pronto una editorial tradicional apostó por editarla en papel en todo el país. Su éxito en Francia conllevó la traducción a varios idiomas más, entre ellos el castellano, y pronto podremos ver una adaptación a la gran pantalla gracias a una coproducción internacional.

     La novela comienza con la conmoción desatada por la muerte de Colin y Clara, esposo e hija de la protagonista del libro, Diane, copropietaria del café literario La gente feliz lee y toma café. Afincada en uno de los conocidos barrios de París, solo la mantiene a flote la ayuda de su mejor amigo, un homosexual de nombre Félix que se convierte en su ángel de la guardia. Su familia y la de su marido no entienden cómo Diane se sume en el pozo en que se mantiene ya un año después del fatal accidente que la dejó sola en la vida. Ante tal situación, sintiéndose incomprendida y agobiada por su círculo familiar, decide huir de París. El pequeño pueblo de Mulranny, en la costa oeste de la República de Irlanda, lugar al que siempre había querido ir de vacaciones su fallecido esposo, es su destino.

     Entre su equipaje, fotos familiares, la colonia de su hija y algunas prendas de su marido, además de su propia ropa y algunos libros tomados prestados de su café literario. Félix se queda al cargo del mismo, algo que ya había comenzado a hacer tras el accidente y el hundimiento de su amiga. La acomodada situación económica de Diane y la entrega de su amigo y socio le permiten esa huida de la realidad y la inhibición laboral respecto a su ocupación anterior.

     En Mulranny Diane comenzará a sentirse extraña. Es consciente de que no está en su casa, aunque tampoco en ella se había notado cómoda tras el trágico suceso que había puesto patas arriba su existencia. Sin embargo, poco a poco irá conociendo los alrededores de su cottage y a sus pocos vecinos. El más cercano, sobrino de sus caseros, la sacará muy pronto de sus casillas debido a su agrio carácter y a sus violentos gestos hacia ella. No obstante, se sentirá atraída hacia él, hasta el punto de decidir hacerle la vida imposible. Edward se convierte, así, en alguien en quien descargar su ira, su odio, sus frustraciones.

     Con el tiempo, sabremos que también Edward tiene en su haber una serie de condicionantes que le han convertido en alguien huraño, salvaje y antipático. Lo cual nos descubrirá, de forma progresiva, a un personaje nuevo que se nos hará entrañable y que querremos ir conociendo con mayor profundidad. La relación entre los vecinos cambiará desde un suceso inesperado y la novela nos conmoverá, emocionará y hará que no nos separemos de ella hasta su finalización. Las almas humanas de sus protagonistas serán diseccionadas hasta hacer encajar todas las piezas que componen el puzzle de cada uno de ellos.

     Al cerrar el libro cuesta despedirse de sus personajes. Su mensaje, directo al corazón del lector, nos hace ver la vida de manera diferente. La vida misma se nos muestra como un regalo que debemos aprovechar durante cada minuto. El viaje interior y exterior que emprende Diane para superar el peor momento de su vida nos arrastra con ella. Su historia es una lección que queremos (y debemos) aprender. Y además es un libro que se lee de forma rápida debido a su lenguaje directo, sus escasas descripciones y sus ágiles diálogos, convirtiéndolo en una montaña rusa de sensaciones y emociones de la cual no queremos bajar.

     El único "pero" que le pongo a La gente feliz lee y toma café es que en determinados momentos es un poco predecible. Lo cual se vuelve a su favor a la hora del desenlace. No, no estamos ante la típica novela romántica que acaba con la manida frase de ...y fueron felices y comieron perdices. Más bien, ante una introspección, una reflexión profunda sobre la facilidad con la que a veces buscamos un clavo que quite otro clavo. Sobre la extrema dificultad - pese a ser algo totalmente necesario - que conlleva coger el toro por los cuernos y tomar nuestras propias decisiones, analizando los pros y las contras de las situaciones.

     En definitiva, La gente feliz lee y toma café es una novela adictiva, original y ágil, de las que se leen en una sentada (o dos, dependiendo del tiempo disponible), que nos invita a reflexionar sobre nuestras propias vidas. Resulta difícil abordar su lectura sin un cigarrillo y una taza de café como compañeros - quien la haya leído ya sabe a qué me refiero - y nos deja un buen sabor de boca. Aunque también, quizás, con el mono de saber más sobre ciertos aspectos que, como en la vida misma, en ocasiones quedan sin cerrar de forma definitiva...      

        

lunes, 9 de febrero de 2015

The Imitation Game (Descifrando Enigma). Morten Tyldum. 2014





     Alan Turing fue un matemático, lógico, criptógrafo y científico de la computación inglés. Considerado uno de los padres de la ciencia de la computación y el precursor de la informática moderna fue, además, homosexual. Esta información, que a día de hoy carecería de importancia para la mayoría de gente - aunque siempre hay algún retrógrado - colocó al científico en un callejón sin salida a mediados de los años cincuenta en la Inglaterra de la posguerra. Hecho que convirtió a uno de los máximos responsables de la victoria aliada en la II Guerra Mundial en un ser socialmente visto como depravado, vicioso e indecoroso.

     Turing consiguió descifrar los códigos nazis contenidos en la máquina Enigma, con lo que contribuyó de manera casi decisiva al triunfo sobre el nazismo. Nada de ello le sirvió para ser reconocido públicamente en la Inglaterra de su tiempo. Es más, acabó cayendo en desgracia cuando, siete años después de terminar la guerra, fue acusado y condenado a castración química para atajar sus inclinaciones sexuales. Ser homosexual fue su pecado mortal. Y por ello, pagó bien caro. Su trabajo en Bletchley Park, la formalización del concepto de algoritmo, la creación de la máquina de Turing, dar el pistoletazo de salida a la inteligencia artificial y diseñar y crear una de las primeras computadoras electrónicas promagrables digitales pesaron mucho menos que el hecho de ser gay en aquella Inglaterra conservadora e intransigente.

     Hasta aquí lo que es de dominio casi público. A partir de ahora paso a analizar aquellos aspectos de la película que me parecen más llamativos. En primer lugar, debo destacar la extraordinaria interpretación de Benedict Cumberbatch en el papel de Alan Turing. Conocido por sus apariciones en la serie televisiva Sherlock y en films como El Hobbit, Star Trek, 12 años de esclavitud o War horse, entre otros, está ante el papel de su vida (hasta el momento). Un trabajo que le ha situado como uno de los grandes candidatos al Oscar. Es un personaje complicado, emocional, explosivo y solo al alcance de un actor de enorme talento. Su gran trabajo ante las cámaras permite conseguir un retrato creíble de cómo debió vivir aquellos años Turing. Nos transmite de manera realista y fiel el dolor, el sufrimiento y la obstinación del genio que fue. Cumberbatch es, sin duda, el pilar en el que sostiene la película. Como en su día el propio Turing lo fue en el proceso de descifrado de Enigma.

     La mayoría de genios de la historia de la humanidad han sufrido una tremenda soledad en sus vidas. Solo unos pocos se han salvado de este hecho. Turing no pudo. La película muestra cómo, ya de niño, hubo de hacer frente a la pérdida de su único amigo, su compañero Christopher, con quien tuvo una amistad mucho más cercana de lo habitual. Veinte años después, bautizará a su máquina descifradora de Enigma con ese mismo nombre, mostrando el anhelo y la melancolía del genio inglés. Algo que le acompañó hasta el final, según el film. 

     Su único sostén durante el complicado proceso de descifrado de Enigma fue Joan Clarke, interpretada por Keira Knightley (Anna Karenina, Piratas del Caribe, Orgullo y prejuicio o El Rey Arturo). Nominada al Oscar como mejor actriz de reparto por su papel, cumple con lo que se espera de ella en cada momento, en cada situación. Clarke se enamorará de Turing pese a vislumbrar sus inclinaciones y estará a su lado en todo momento. Su mente prodigiosa, casi a la altura de la del propio protagonista, será clave en la perseverancia de aquel.

     Matthew Goode (Belle, Watchmen, Match Point o Al sur de Granada) interpreta a Hugh Alexander, campeón de Inglaterra de ajedrez. Inteligente y guapo, es el típico gentleman inglés, seductor y conquistador. El giro que se da en la relación entre los dos principales protagonistas masculinos es otro de los fuertes de la cinta. El reflejo más patente de que la unión siempre hace la fuerza, de que remar todos en la misma dirección es la mejor opción. De que el trabajo en equipo es el más productivo. Porque en el mundo, además de ciencia, debe haber también humanidad. 

     Y, como en todas las películas debe haber un malo, en este caso aparece Charles Dance (Underworld, Scoop, Gosford Park), el superior de Turing, el comandante Alastair Denniston, quien espera el más mínimo error del jefe de los descifradores para despedirlo y despellejarlo vivo. Ante él, más que ante nadie, deberá Turing cifrar sus pensamientos, sus inclinaciones sexuales y su personalidad para defenderse ante ese poder material, perverso e inmoral dominante en su Inglaterra natal. Y también este punto queda resuelto en el film por el buen hacer de Cumberbatch.

     El director noruego Morten Tyldum (Headhunters) y el guionista novel Graham Moore, ambos también nominados a los Oscars en sus distintas parcelas, contribuyen a dar vida a Turing con sus grandes trabajos. Sobre todo a la hora de adaptar a la pantalla la biografía escrita por Andrew Hodges, pionero y líder del movimiento de liberación gay inglés en los años setenta. Hodges escribió Alan Turin: the Enigma para recuperar la figura del denostado científico. Un homenaje justo y merecido que el propio gobierno británico tardaría todavía treinta años más en realizar. Sea como sea, el film hace justicia con un personaje sin el cual el mundo en que vivimos podría ser muy diferente de lo que es. No en vano, como queda demostrado en The Imitation Game (Descifrando Enigma), el amor puede hacer perder guerras...      

    

lunes, 2 de febrero de 2015

Opiniones de un payaso. Heinrich Böll. Seix Barral. 2000. Reseña





     Heinrich Böll, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1972 por, según la Academia Sueca, contribuir a la renovación de la literatura alemana por su combinación de una amplia perspectiva sobre su tiempo y una habilidad sensible en la caracterización, fue el máximo exponente de lo que se conoció en la Alemania de su tiempo, en plena posguerra, como literatura de escombros. Böll nació en 1917, cuando la Gran Guerra giró de curso gracias a la retirada del conflicto del imperio soviético y la entrada en el mismo de los USA. Vivió las posguerras de las dos grandes conflagraciones mundiales y retrató la situación en que quedó Alemania tras el desmoronamiento del III Reich.

     En 1963 escribió Opiniones de un payaso, novela escrita en primera persona que analiza el estado de una Alemania dividida por el muro de Berlín y en plena Guerra Fría. El narrador de la historia es Hans Schnier, un payaso de solo 29 años que, pese a su edad, vive en una penumbra que se antoja definitiva. Ateo empedernido, siente que la felicidad le ha sido vetada por completo por tres hechos diferentes pero coincidentes en el tiempo que amenazan con acabar con él para siempre: su abandono por parte de Marie, su compañera sentimental desde la adolescencia, para casarse con un católico; su ruina física y económica; y las críticas de los más conocidos críticos artísticos, que le dan prácticamente por acabado.

     Schnier llega a su piso de Bonn en plena crisis personal y se refugia en su piso, desde donde analiza su delicada situación y busca posibles alternativas: pedir dinero a su familia o a alguna de sus amistades y preparar la revancha, incluso en forma de asesinato, respecto a quienes le han traicionado. Böll, católico declarado, realiza, en boca del payaso, una exacerbada crítica de la sociedad alemana de posguerra, sobre todo en el tema religioso, donde no deja títere con cabeza. Ni en el bando protestante ni en el católico. Además, el autor hace varios guiños al dialecto renano en comparación con el alemán.

     Böll y Schnier se unen en las páginas del libro para criticar la hipocresía de una Alemania que afirma arrepentirse del nazismo y de unos demócrata-cristianos que buscan la fórmula perfecta para conservar una importante parcela en el poder político del país germano. Aunque, en mi opinión, lo verdaderamente importante en la novela es la afirmación de que el mundo de la política sí se inmiscuye en la vida personal de los ciudadanos. Un payaso que solo quiere ensayar y trabajar y ser amado por su esposa - porque, pese a no estar casados, la considera como tal - habrá de rendirse a la evidencia de que todo aquello que sucede a su alrededor - política, economía y sociedad - le aboca a cambiar sus números cómicos para no ofender a nadie. Y, además, verá cómo su compañera cede a las presiones de un grupo de activistas católicos y acaba dejándolo por uno de sus más afamados miembros.

     Parte importante de esa crítica a la doctrina católica imperante es el tema de la concupiscencia carnal. Böll critica la manera en que los católicos vulgarizan el instinto sexual hasta llegar a sublimarlo, impidiendo que las personas vivan el sexo como algo normal e inherente al género humano. Se refiere a la cuestión como hacer la cosa, hasta ridiculizar la hipocresía demo-cristiana. La elección de un payaso como protagonista le da a la obra un mayor dramatismo. Porque, ¿qué puede haber peor que un payaso desencantado que ha perdido la sonrisa con que hacer feliz a la gente?

     Sin duda, el objetivo de Böll al escribir Opiniones de un payaso fue devolver al catolicismo la conciencia de su espiritualidad y de sus deberes con las personas. Y, viendo el notable éxito y las ventas del libro en la época en que fue publicado, cabe pensar que sus demandas eran compartidas por millones de alemanes que vieron en esta historia una manera perfecta de hacer reflexionar seriamente a la sociedad alemana sobre el camino a seguir en la reconstrucción nacional. Y todo ello lo consigue Böll mediante una ironía capaz de conmover y hacer carcajear a la vez.

     El ejemplo de cómo estaba la Alemania de la posguerra lo tenemos en el círculo del propio Schnier. El payaso tiene un hermano seminarista, una hermana muerta en la II Guerra Mundial, una madre rígida e inmóvil, un padre prácticamente ausente, una ex-mujer convertida al catolicismo más bárbaro y un agente artístico que parece ajeno a la realidad de su representado. Su vida, como la de Alemania en general, se caracteriza por la división, la hipocresía, el arrepentimiento, la culpa y la lucha por mantener el poder a toda costa.

     Con todo, lo que más me ha llamado la atención de esta novela es la evolución del propio protagonista. Comienza clamando venganza contra las traiciones recibidas y pensando en pedir dinero a sus conocidos para poder salir adelante. Más tarde, sintiéndose incapaz de sobrevivir y viendo que nadie está realmente dispuesto a ayudarle, llega a verse en el espejo como un futuro suicida. Y, finalmente, decide tomar las riendas de lo que le queda de su vida y hace lo único que en verdad puede y debe hacer para salir del embrollo en que está metido: tira de sus propios recursos y comienza a actuar a las puertas de la estación de tren de Bonn. Un bonito final en el que la esperanza de un futuro todavía posible hace ver algo de luz al final de un túnel realmente muy sombrío.           

         

martes, 27 de enero de 2015

Los girasoles ciegos. Alberto Méndez. Anagrama. 2004. Reseña





     El madrileño Alberto Méndez (1941-2004) es uno de esos autores poco conocidos para el gran público pero capaz de escribir un magnífico libro para la posteridad. Los girasoles ciegos fue su única novela y se publicó meses antes de su muerte. Como si quisiera dejarnos un legado justo antes de abandonarnos para siempre, nos regaló estos cuatro cuentos o relatos basados en historias reales y anónimas de la Guerra Civil Española. Anónimas hasta que dio cuenta de ellas en este libro tan breve como emotivo e intenso. Hijo del traductor y poeta José Méndez Herrera, se licenció en Filosofía y Letras, perteneció al Partido Comunista hasta 1982, trabajó en diversos grupos editoriales tanto nacionales como internacionales y participó en el Premio Internacional de Cuentos Max Aub en 2002 con el segundo de los relatos aparecidos en este libro. Fue finalista del referido certamen. Con Los girasoles ciegos recibió el Premio de la Crítica, el Setenil y el Nacional de Narrativa. Este último ya a título póstumo.

     Estamos ante uno de esos libros en los que el cómo es casi tan importante como el qué. Las cuatro historias narradas nos emocionan, conmueven e invitan a reflexionar sobre las devastadoras consecuencias que una guerra, en este caso la civil española, tienen en personajes de la calle. Personajes cuyas vidas dan un giro radical sin vuelta atrás que, en multitud de ocasiones, les pueden llevar a la muerte misma. Con todo, la secuencia de las acciones narradas llega a quedar en ocasiones en segundo plano debido a la exquisitez lingüística empleada por Méndez. 

     Si el corazón pensara dejaría de latir es el cuento que abre el libro. Nos relata la historia de Carlos Alegría, capitán del ejército victorioso de Franco que, justo cuando va a ser tomada Madrid, decide renunciar a la victoria y rendirse al enemigo. Ese mismo día, al llegar a su cárcel provisional los que habían sido sus compañeros hasta escasas horas antes, es declarado traidor y condenado a muerte por fusilamiento. Los últimos días de vida del capitán son dignos de ser como mínimo leídos y recordados. Todo un ejemplo de lo cara que puede resultar una victoria y también de la importancia de los valores y la esperanza en un mundo mejor.

     El libro sigue con Manuscrito encontrado en el olvido, el relato finalista del Premio Internacional de Cuentos Max Aub, recuperado y modificado para esta recopilación. Es el más breve (18 páginas), pero a mi modesto entender también el más descorazonador - junto al que da título al libro -. Nos sitúa en los altos de Somiedo, entre Asturias y León, y nos golpea directo a la conciencia con la historia de un aprendiz de poeta que ha huido con su novia, embarazada de ocho meses, con el propósito de que su hijo nazca en un país libre, en este caso Francia. El invierno y las circunstancias llevarán al joven Eulalio a madurar y a sufrir mucho más de lo normal en un chico de solo 18 años.

     El tercero de los relatos se titula El idioma de los muertos. Juan Senra, soldado republicano preso en una de las cárceles franquistas, roba días a la muerte inventándose historias sobre Miguel Eymar, hijo del coronel que debe dictar sentencia de muerte sobre el protagonista. Gracias a los sucesos ficticios acaecidos en Porlier Juan convierte a un villano en héroe para regocijo de sus padres. Pero seguir con las mentiras llegará a resultar insoportable para Senra, que deberá decidir entre la vida y la muerte, entre lo injusto y lo digno.  

     Los girasoles ciegos pone punto final - y título - al libro. Es el cuento más conocido por ser llevado a la gran pantalla, con el mismo título, por el director José Luis Cuerda (2008). Los tres narradores - el niño Lorenzo, el diácono lascivo Salvador y el acostumbrado narrador omnisciente en tercera persona - cuentan la historia de la familia Mazo-López, que esconde en un armario al padre de familia, buscado por sus ideas. La vida cotidiana y poco normal de su esposa Elena y su hijo Lorenzo se verá obstruida por Salvador, diácono y maestro del niño que se irá enamorando de una madre que cree viuda. El desenlace trágico es también digno de ser conocido por el lector. 

     Los subtítulos de cada cuento - que rezan primera derrota (1939), segunda derrota (1940), tercera derrota (1941) y cuarta derrota (1942) - hacen referencia a algunas de las miles y miles de derrotas individuales, anónimas, que se sucedieron en los años posteriores al fin del conflicto nacional. Años en que demasiada gente contó estas historias en voz baja porque el simple hecho de demostrar su conocimiento podía complicar su existencia y la de su familia. La derrota, la persecución y la represión son los temas principales de los cuatro cuentos de este libro. 

     Los girasoles ciegos fue la única novela de Alberto Méndez. No necesitó escribir ninguna más. Con estos relatos nos dio a conocer algunas de las más desgarradoras historias de nuestra posguerra. Con ellos recuperó la memoria de unos pocos seres anónimos que sufrieron y perecieron por proteger la libertad. La suya y la de los demás. Y todo ello con el valor añadido de contar sus historias de manera que, pese al drama y el horror narrados, los lectores puedan disfrutar también del placer de la buena literatura. Una muestra más del enorme poder de la palabra.      

   

lunes, 19 de enero de 2015

La teoría del todo. James Marsh. 2014. Crítica





     Inspirada en las memorias Travelling to Infinity: My life with Stephen, de Jane Hawking, primera esposa del conocido físico y cosmólogo Stephen Hawking, La teoría del todo nos da a conocer el comienzo de la relación, el diagnóstico de la enfermedad degenerativa del científico, su progresivo declive físico y su modo de vida durante más de un cuarto de siglo de convivencia. La adaptación de las memorias al guión de la película ha sido realizada por el escritor y guionista Anthony McCarten, también productor en este caso.

     James Marsh (Doble agente y The King) dirige el film de forma admirable, sabiendo destacar los momentos más agrios y aquellos en que el sentido del humor del protagonista principal cobra tal importancia que llega a llenar la pantalla. Eddie Redmayne (Los miserables y Mi semana con Marilyn) ejecuta, impecable, el papel de su vida. Algo solo posible después de estudiar durante seis meses cada gesto del Hawking verdadero, quien llegó a bendecir su trabajo y le prestó su voz electrónica (que aparece en las escenas finales del metraje). El trabajo de Redmayne le ha valido el Globo de Oro y la nominación a los Óscars y los demás grandes Premios del mundo del cine.

     Felicity Jones (Amazing Spiderman 2 y Como locos) encarna a Jane Hawking, una joven anglicana estudiante de Filología que se enamora del joven Hawking en la Universidad de Cambridge y decide estar a su lado desde el primer momento del diagnóstico de la enfermedad conocida como ELA (esclerosis lateral amiotrófica). Pese a que la esperanza de vida del científico se cifra en apenas dos años la joven pareja irá superando dificultades y consiguiendo que la vida de Hawking pueda seguir su curso de la mejor manera posible, incluso cuando los propios doctores aconsejan un final más digno y menos doloroso para él. 

     Aunque el papel estelar de la película es el de Redmayne - capaz de hacernos reír y llorar en el transcurso de apenas unos pocos segundos - haríamos mal en no destacar el enorme trabajo realizado por Jones, que interpreta a una mujer abnegada y sacrificada por amor a su marido, madre de tres hijos que debe criar en unas duras condiciones de vida y casi sin padre y que deja de lado su prometedora carrera para ayudar a vivir a un Hawking que en determinados momentos está demasiado centrado en sus teorías y en su propio estado y que no es capaz de comprender la vida que ha de llevar su inseparable esposa. 

     La teoría del todo es una película de amor por cuanto muestra la lucha conjunta de una pareja por superar las dificultades diarias a las que la vida los enfrenta. Y lo hace mostrando el drama personal de cada uno de ellos y respetando sus respectivos puntos de vista. Todo por sobrevivir de forma individual y como pareja. El trabajo, la familia y el sentido del humor de Hawking se juntan para vencer la desesperanza. Mientras tanto, ella es esposa, madre, enfermera y ama de casa, convirtiéndose en toda una heroína. Llega a tal punto el amor que ambos se profesan que finalmente acuerdan el distanciamiento para poder seguir con sus vidas por separado, manteniendo una relación íntima que va más allá del amor. 

     La escena de la ruptura de la pareja es una de las más conmovedoras que uno ha podido ver en los últimos tiempos en una sala de cine, así como otras dos de la parte final del film: aquella en que ambos observan orgullosos a los tres hijos surgidos durante su historia de amor y otra en que un adulto Hawking afirma que mientras hay vida hay esperanza. La película termina y la mayoría de los espectadores quedan en silencio, quietos, reflexionando en sus butacas sobre todo aquello que acaban de ver.

     Puede que los seguidores de las teorías del científico echen en falta una mayor mención de los logros y méritos del protagonista, pero el director, basándose en las memorias de Jane Hawking, ha preferido dar a conocer algunos de los detalles menos conocidos de la existencia del genio británico: su historia de amor, su lucha por la supervivencia, su modo de vida y su esperanza. Sin duda, estamos ante una de las películas del año. Y probablemente ante la ganadora de varias estatuillas. Así, cuenta con cinco de las nominaciones más importantes: mejor película, mejor actor, mejor actriz, mejor guión adaptado y mejor banda sonora. 

     Más allá de los galardones que pueda acumular La teoría del todo es una de esas películas que todo el mundo debería ver. Y por varios motivos. Como muestra de lo que ha de ser una relación amorosa sin condiciones; como ejemplo de superación de las adversidades; como medio de alcanzar objetivos a través del esfuerzo y la esperanza; como manera de conocer una vida, la de Hawkin, igualmente dramática y gloriosa; y como forma de divertimento y disfrute de dos interpretaciones realmente fabulosas.
                            

miércoles, 14 de enero de 2015

La acabadora. Michela Murgia. Salamandra. 2011. Reseña





     Conocí la existencia de esta novela hace unas semanas, gracias a una buena amiga de mi Facebook que me la recomendó. Jamás antes había escuchado nada sobre este libro ni su autora. Y lo primero que debo decir es que esta lectura me ha hecho reflexionar bastante sobre varios aspectos de su trama, ambiente y discurso. Tras dar las gracias a Olga por darme a conocer esta obra, paso a explicar mis impresiones sobre la misma.

     Desde el punto de vista del contexto me han llamado la atención tres aspectos. El primero, la forma en que Murgia nos presenta el pequeño pueblo de Soreni, en el interior de la isla de Cerdeña. Me ha recordado aquella España profunda que Delibes retrató en Los santos inocentes. Lo arcaico y lo moderno (años cincuenta en la novela) conviven, a menudo de forma violenta, en un pueblo perdido de la Cerdeña de la posguerra. El segundo tema a abordar es el de la adopción del alma, inmemorial costumbre sarda por la cual una familia o un individuo (Bonaria Urrai en este caso) adoptaban a un hijo o hija (María Listru en esta historia) proveniente de otra familia que no podía mantenerla económicamente. La adopción se realizaba tras el acuerdo de las tres partes, y la adoptada no perdía ni contacto ni vínculos con su familia real. Hija y madre de alma quedaban así unidas mediante un vínculo sagrado. Y el tercer punto que me ha marcado durante la lectura de La acabadora ha sido la propia existencia de la referida figura: una mujer que consuela, acompaña y ayuda a morir a quienes están sufriendo y no tienen posibilidad ninguna de sobrevivir a su enfermedad.

     Michela Murgia, nacida en Cabras, Cerdeña, en 1972, donde todavía reside en la actualidad, estudió teología y escribió algunos ensayos de cierto éxito en su país. Pero fue en 2011 cuando saltó a la primera plana de la literatura italiana al alzarse con el Premio Campiello, el más importante de Italia, por la obra que nos ocupa. En ella trata, con un lenguaje nítido y directo, sin perderse en mayores artes, el tema de la eutanasia y el fin de nuestra existencia. Y lo hace a través de una comunidad, la propia, que afronta este último paso hacia la muerte de forma colectiva, sin pudores ni falsos tabúes. Una forma nueva y diferente de ver el tema de la muerte que contrasta con lo arcaico de su forma de vida. Además, la autora no toma partido en favor ni en contra del asunto. Simplemente narra la historia. Sin más.

     La propia isla de Cerdeña es tratada por Murgia como una hija de alma, separada de Italia, su madre de alma, pero conservando con ella sus vínculos de italianidad. Y el contraste entre lo arcaico y lo moderno se hace si cabe más evidente en los breves capítulos en que María Listru se desplaza a vivir y trabajar a Turín. Se trata de una huida, un distanciamiento respecto de Bonaria Urrai, su madre adoptiva, tras conocer el motivo real de sus extrañas salidas nocturnas, del enorme respeto que todo el mundo le profesa, de los ojos temerosos de quienes con ella se cruzan por las calles del pueblo. María, no conforme con la otra dedicación de su madre - que trabaja, además, como modista -, huye de ella y busca comenzar una nueva vida. Una huida que, paradójicamente, acabará trayéndola de vuelta al pueblo y al lado de Bonaria.

     La vejez y la infancia (el paulatino conocimiento de los entresijos de la vida) también se contraponen en la novela. Bonaria Urrai, modista, solitaria, seca y estricta, pero bieintencionada y de marcado régimen ético - el cual le lleva a no aceptar todos los casos que se le presentan - es viuda. Su marido desapareció en la guerra, aunque según algunos vecinos realmente la abandonó y se hizo desaparecer. María Listru es la cuarta hija de una familia humilde que no se podía permitir una cuarta hija. Al lado de su tía - madre de alma - vive de manera humilde aunque no le falta de nada. Su amistad con algunos jóvenes del pueblo le hará conocer una especie de amor primario (Nicola) que no desarrollará plenamente hasta su estancia en Turín (Piergiorgio).                        

     Y entre Nicola y Piergiorgio y sus respectivos mundos se establece una nueva contraposición en la que María hará también de bisagra. Nicola es el clásico arquetipo masculino: viril, fuerte, trabajador, defensor (hasta la muerte si hace falta) de cada metro de su propiedad y decisor último de su destino tras sufrir un desgraciado accidente. Piergiorgio, por contra, es un adolescente de ciudad que vive encerrado en sí mismo, atemorizado, tras sufrir una violación. La relación de María con Nicola será el motivo de su huida a Turín. Y su relación con Piergiorgio ocasionará su retorno a Soreni.

     La acabadora es una novela impactante, turbadora, conmovedora y reflexiva sobre la vida, la muerte y la forma de llevar una y otra. Un testamento vital de una comunidad que vive el tema de la muerte con la mayor naturalidad posible. Una historia de amor, piedad y misericordia. Un libro que nos enseña costumbres provenientes de tiempos inmemoriales que nos harán pensar sobre nuestro presente y nuestro futuro. Sobre nuestra vida y nuestra muerte.

     Y, como reflexión final, nos anima a no juzgar con tanta facilidad a los demás y a escuchar de manera diferente aquella máxima que afirma que de esta agua no beberé. Por todo ello, como en su día hizo Olga conmigo, no dudo en recomendar a quien lea esta reseña una novela que creo que no dejará a nadie indiferente. Una joyita de 190 páginas, de las que se saborea de principio a fin...  


miércoles, 7 de enero de 2015

Veinticuatro horas de la vida de una mujer. Stefan Zweig. Plaza & Janés. 1963. Reseña





     En 1929, en plena época productiva, Stefan Zweig escribió y publicó Veinticuatro horas de la vida de una mujer, una novela corta de apenas cien páginas dividida en seis capítulos en la que una anciana aristócrata inglesa desvela sus confidencias más ocultas a un joven narrador que, como el propio autor - o quizás ambos sean en realidad la misma persona -, también pertenece a una familia acomodada. Zweig, que por aquella época colaboraba en la difusión de la obra de Freud desde Viena, demostró sus enormes capacidades para comunicar y desentrañar la psicología de sus personajes con una facilidad pasmosa.

     Un suceso acaecido en el hotel en el que residen dos matrimonios, varios personajes solitarios y un joven viajero provoca el acercamiento entre la anciana y el narrador de la historia. Ambos son los únicos que defenderán la huida, con un joven al que acaba de conocer, dicharachero, apuesto y simpático, de una mujer casada con dos hijos. La relación que nacerá entre los defensores de la huida hará que la aristócrata se decida a contarle las veinticuatro horas más decisivas de su historia personal pasada. Y, para ello, retrocede dos décadas y se traslada de nuevo al Montecarlo de principios de siglo. En su famoso casino conocerá a un joven atrapado por el juego que, por perder, ha perdido hasta la esperanza de seguir viviendo. 

     La desesperación, la resignación y la pasividad del joven al fracasar en el casino serán las causas de que piense en el suicidio como única y más fácil manera de terminar con una vida que considera infame. La protagonista, desde la madurez de sus cuarenta años, se sentirá obligada a tratar de salvarle la vida. Impedir su suicidio se convertirá en su principal objetivo, esa noche y la mañana siguiente. Al principio incluso llegará a pensar en el joven como su tercer hijo, al tener este la misma edad que aquellos. 

     Resulta gratamente sorprendente la aptitud del autor austriaco a la hora de describir las debilidades psicológicas del joven jugador de ruleta; su imposibilidad de abandonar el juego, hasta el punto de dejarse hasta la última moneda; los gestos de sus expresivas y nerviosas manos sobre el tapiz verde; el capricho hipnótico que sobre él ejerce la ruleta; el desmoronamiento físico y psicológico del que lo acaba de perder todo; la desesperada decisión de que la muerte es ya el único horizonte.

     Por contra, la protagonista femenina de la historia, viuda y apartada por decisión propia de las relaciones personales con hombres desde el fallecimiento de su marido, también gran jugador - aunque, eso sí, pleno dominador de sus actos con respecto a la ruleta -, se verá enfrascada en la labor salvadora del joven. Una labor que la llevará a realizar actos impensables para ella y la sociedad de su tiempo y que la introducirá en una especie de ruleta en la que acabará perdiendo la posición que hasta entonces había tenido.

     Zweig aborda la trama de manera magistral. La novela es uno de esos escasos casos en que aquello que no se cuenta es casi más importante que lo que sí es contado. Con una prosa ágil, directa y con las descripciones justas, retrata a la perfección a unos personajes que se mueven por instintos, altos o bajos según los casos, que buscan satisfacerlos a toda costa. El peligro del juego, la soledad, la traición hacia uno mismo, la traición hacia los demás, la bondad y la desesperanza serán los puntos fuertes de una novela que se hace más corta de lo que en realidad es.

     De esta manera, el lector queda enganchado, atrapado, a sus páginas. De la misma manera que el joven lo está a la ruleta. Lo que ocurre, y cómo se cuenta, le convierte en un adicto a las palabras escritas por el autor. Y poco a poco cae en la cuenta de lo extremadamente fácil que a todos nos resulta criticar y juzgar a los demás sin conocerlos - a ellos y a sus circunstancias personales -. Este hecho, precisamente, es el que acabará uniendo a los huéspedes del hotel, haciendo posible que nosotros mismos conozcamos los hechos acaecidos veinte años antes.        

     ¿Quién no ha sentido en ocasiones una extraña sensación, una repentina necesidad de huir de todo, incluso de nuestra propia vida? ¿Quién, incluso teniendo pareja, no ha pensado alguna vez en escapar con otra persona a la que acaba de conocer física pero no psicológicamente? ¿Qué nos lleva a que estos pensamientos pueblen nuestra mente? ¿Qué decide finalmente si debemos dejarnos llevar - quizás al abismo mismo - y quedarnos o marcharnos? ¿Acertamos al cortarnos las alas nosotros mismos? ¿Acertamos al actuar sin pensar en las consecuencias que una huida podría tener en nuestras vidas y las de quienes nos rodean? ¿Acaso no somos libres, incluso para cometer locuras? ¿Tiene límites la libertad? Quizás a muchos lectores les surjan preguntas como estas tras leer esta novela. Porque, a veces, bastan tan solo veinticuatro horas para cambiar nuestras vidas...


jueves, 1 de enero de 2015

Mis diez libros preferidos de 2014





     El recientemente extinguido año 2014 ha sido uno de los más lectores de mi vida. He finalizado la lectura de 33 libros. Y he abandonado unos cuantos a medias por falta de interés o de calidad. Como no me considero nadie como para criticar negativamente la labor de escritura de mis compañeros de letras solo reseño y comento en este blog los libros que me han gustado, obviando aquellos que he dejado sin terminar, sea por el motivo que sea.

     En la presente entrada, primera de 2015, paso a hablaros de los diez que mejor sabor de boca me han dejado. Por desgracia, es complicado entrar entre los mejores, por lo que he debido dejar fuera de esta lista obras que me han deleitado, como Quedaos en la trinchera y luego corred, de John Boyne, Lo que encontré bajo el sofá, de Eloy Moreno, Yonqui, de Paco Gómez Escribano, Besos de arena, de Reyes Monforte, Días de Nevada, de Bernardo Atxaga, El viaje del elefante, de José Saramago, El síndrome del delfín, de Ramón Cerdá o incluso El hereje, de Miguel Delibes. Sin duda, todas ellas podrían estar entre las más destacadas en cualquier otra lista. Mil perdones.

     Estas han sido mis diez mejores lecturas de 2014, siempre dejando claro que no todos los libros leídos han sido publicados en el citado año.      

10. Intemperie. Jesús Carrasco. Seix Barral. 2013. Jesús Carrasco debutó con una novela redonda que recuerda al mejor Delibes de Los santos inocentes, al cual incluso supera en riqueza léxica. Una historia sencilla muy difícil de escribir. Un escritor a seguir muy de cerca en lo sucesivo.

9. El sueño del celta. Mario Vargas Llosa. Alfaguara. 2010. Una novela histórica y de viajes que rescata al gran Joseph Conrad de El corazón de las tinieblas. La biografía de Roger Casament, figura clave en la lucha contra el imperialismo británico de comienzos de siglo y sus atrocidades coloniales.

8. El mundo de Sofía. Jostein Gaarder. Siruela. 1991. Obra maestra que acerca la Filosofía y su historia a los estudiantes de secundaria. Una lectura obligada para todos los profesores y alumnos de la disciplina. Muchas de nuestras preguntas quedan respondidas en esta maravillosa novela. 

7. El hijo de César. John Williams. Ediciones Pàmies. 2008. La biografía del emperador Octavio Augusto contada, de forma tan original como magistral, a través de cartas y escritos de quienes le acompañaron, quisieron y hasta odiaron. Un escritor poco conocido para lo grande que fue, es y será.

6. Treinta doblones de oro. Jesús Sánchez Adalid. Ediciones B. 2013. Una nueva genialidad del gran dominador de la novela histórica española actual. Un fiel retrato de la Sevilla que pierde su otrora grandeza. Pobreza, corrupción y ruina moral y económica. Una historia que parece más actual ahora.

5. La ladrona de libros. Markus Zusak. Lumen. 2007. Una novela narrada por la muerte en persona. Una historia que crece hasta devorarnos. Unos personajes construidos con una maestría digna de elogio. Conmueve y enamora tanto que nos hace amar la lectura y los libros. Una maravilla.

4. El abogado de pobres. Juan Pedro Cosano. Ediciones Martínez Roca. 2014. Una de las revelaciones del año. Una alegría comprobar que la novela histórica y de abogados está bien viva. Una obra de documentación minuciosa, escritura impecable, mensaje claro y valores rectos. 

3. Cartas a Palacio. Jorge Díaz. Plaza & Janés. 2014. Novela coral en la que personajes, tramas y escenarios acaban confluyendo en el momento preciso, sin florituras ni encorsetamientos, para traernos una historia poco conocida pero digna de ser llevada a las pantallas en breve.

2. Un millón de gotas. Víctor del Árbol. Destino. 2014. Otra de las grandes alegrías de este 2014 que se nos fue. Un conjunto de historias y personajes caracterizados al mínimo detalle que golpea nuestra conciencia. Una novela que hay que leer sí o sí. Un escritor que amenaza con reinar en nuestra literatura.

1. El paciente. Juan Gómez-Jurado. Planeta. 2014. Como ya hiciera en 2012 con La leyenda del ladrón, Gómez-Jurado ha vuelto a hacerme pasar horas de sueño. Una novela que involucra al lector de tal manera que uno llega a querer acabar con el mismísimo presidente de los EE.UU. Thriller, en mayúsculas, que hace que los corazones lectores bombeen con mayor fuerza de la habitual.

     Como siempre sucede, estas listas pueden ser rebatidas, criticadas o compartidas. En cualquier caso, cada una de las obras que aparecen - o no - en ella, son dignas de ser leídas y disfrutadas. Para gustos, colores. Pero leer es lo principal, sin duda. ¡Feliz 2015 de lecturas!