LIBROS

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jueves, 26 de febrero de 2015

El último judío. Noah Gordon. Ediciones B. 2000. Reseña





     Publicado en 2000 tras la exitosa trilogía dedicada a la familia Cole - compuesta por El Médico (1986), Chamán (1992) y La doctora Cole (1996) -, El último judío retoma el tema estrella de la carrera literaria del escritor norteamericano Noah Gordon: la epopeya judía a lo largo y ancho del mundo en busca de nuevos asentamientos tras sus sucesivas expulsiones de los que habían sido sus hogares hasta entonces. En el caso que nos ocupa, la España de los Reyes Católicos de agosto de 1492.

     Con su estilo ya claramente definido, basado en el rigor histórico, un lenguaje accesible, estructura en capítulos cortos y atractivos y narración directa y entretenida, el autor de origen judío por vía materna nos sitúa en el Toledo de la última década del siglo XV. En un país en el que acababa de ser re-implantada la Santa Inquisición, una institución dedicada a la represión de la herejía en el seno de la Iglesia católica. Un país cuyos reyes decretaron la expulsión de la comunidad judía en 1492.

     La novela, que intercala fragmentos y situaciones de ficción con otros reales, muestra la compleja sociedad española de finales del siglo XV y comienzos del XVI, con la difícil relación de convivencia entre las comunidades católica y judía, en un contexto dominado por la corrupción, el robo y tráfico de reliquias de santos, la superstición, una brutal represión y una intolerancia que llega a la barbarie. En definitiva, un país en el que campaban a sus anchas las traiciones, los asesinatos, la intriga, el miedo y la incertidumbre. 

     En El último judío la Inquisición aparece representada por la figura del sacerdote Bonestruca, asesino y corrupto, que no duda en mandar a la hoguera a quien se opone a sus malévolos planes. Unos planes que van mucho más allá de lo que la bula de creación otorgada por vía papal dictamina. Un personaje siniestro que, además, se salta los preceptos de castidad y tiene una mujer y tres hijos, naturalmente ilegítimos. Un ser maquiavélico que pese a su dulce apariencia carece de escrúpulos, valores y del más mínimo sentido de lealtad. 

     El protagonista principal de la historia, Yonah Toledano, es uno de esos personajes que conmueve por su coraje, valores, firmes creencias, fortaleza mental y capacidad de adaptación a las peores situaciones. Su periplo le llevará, tras perder a sus padres y hermanos, a ciudades como Granada, Gibraltar, Valencia, Zaragoza o Huesca. Y en todos los referidos lugares, y merced a su buen hacer, entablará entrañables amistades que le llevarán a ir superando un sinfín de dificultades. Sus cambios de identidad para mantenerse a salvo de sus perseguidores y su valía humana y actitudinal - trabajará en oficios tan variados como platero, agricultor y ganadero, herrero, carcelero, traductor, personal naval y hasta de médico - serán sus grandes aliados en su lucha por sobrevivir a toda costa.

     La novela narra veinte años de la vida de Yonah, desde 1489 hasta 1509. A lo largo de la narración el chico irá madurando a marchas forzadas y hará frente a todo tipo de situaciones. Conocerá el sexo con distintas mujeres y se hará hombre en el pleno sentido de la palabra. La soledad será un aspecto básico en un hombre taciturno y a veces poco comunicativo por obligación. Un hombre que asume que un mayor contacto con las gentes supone también un mayor riesgo para su propia vida. Un hombre que debe aprender a conocer a las personas y discernir si conviene o no relacionarse con ellas. 

     La profusa documentación histórica - procedimientos de la Santa Inquisición, autos de fe, métodos de interrogatorio y tortura y descripción de lugares y tradiciones, tanto católicas como judías - se acompaña de una gran multitud de informaciones sobre la medicina y la cirugía de la época. En este sentido, podríamos decir que el autor se plagia a sí mismo en algunos momentos de la obra que parecen sacados de su anterior obra titulada El médico. Y es que las enseñanzas de Galeno, Avicena y Maimónides aparecen de nuevo en las nuevas páginas de Gordon, así como distintos conocimientos sobre hierbas curativas y métodos quirúrgicos ya aparecidos en la citada novela.

     Como conclusión, El último judío es una novela rica en personajes, tradiciones y documentos históricos que nos ilustra y entretiene y nos muestra valores personales y humanos dignos de reseñar. Las aventuras y desventuras de Yonah Toledano, siendo ficticias como tales, bien pudieron ser protagonizadas por alguno de los miles de judíos que fueron desterrados de sus casas a fines del siglo XV. Algunos de ellos, como nuestro protagonista, debieron demostrar unos principios y una lealtad, familiar y religiosa, que en nuestra sociedad cuestan cada vez más de encontrar. 

      

lunes, 23 de febrero de 2015

Las pequeñas memorias. José Saramago. Alfaguara. 2007. Reseña





     Desde el poblado de Azinhaga, que le vio nacer y de donde partió de la mano de sus padres cuando solo tenía dieciocho meses, hasta las diez casas diferentes en las que vivió junto a sus padres en distintos barrios de Lisboa; desde sus primeros recuerdos junto a sus abuelos maternos hasta que cumplió los dieciséis años de edad; desde sus primeras correrías por los olivares y los ríos cercanos a su residencia hasta sus primeras experiencias, más o menos fructíferas, en el mundo del sexo. Todo ello forma parte de Las pequeñas memorias, una autobiografía que todo el mundo, sobre todo los devotos de Saramago, debería leer.

     Con su característico estilo narrativo, su afilado sentido del humor, su ácida crítica incluso hacia sí mismo, y sus grandes dotes como contador de historias, el bueno de Saramago desnudó su niñez y adolescencia en este exquisito libro de memorias escrito a los 84 años. Por cierto, algo digno de elogio. No ya por lo difícil de recordar sucesos acaecidos hace más de 70 años, sino por el hecho de mantener una lucidez tan asombrosa a tan tardía edad. Una prueba más, en definitiva, de la grandeza del genio portugués ganador del Premio Nobel de Literatura entre muchos otros galardones que no vienen aquí al caso.

     Lo primero a destacar de esta autobiografía es cómo está escrita. No narra los sucesos solo desde la madurez del presente (2006) sino desde la ingenuidad e ignorancia de la edad correspondiente a cada una de las secuencias contadas. Y, todo ello, para explicarnos quién fue y por qué fue así y no de otra manera. A través de la escritura, José de Sousa - ese debió ser su verdadero nombre, pues el Saramago que todos conocemos era el apodo que recibía su padre, algo que explica de forma irónica en uno de los pasajes del presente libro - recobra la niñez tantos años antes perdida para mostrársenos tal cual era en aquellos momentos.

     Así, Saramago, lejos del pudor que la mayoría podríamos sentir, no duda en mostrarnos el origen extremadamente humilde de su familia; sus diez cambios de residencia en apenas diez años; las necesidades que hubieron de pasar; las correrías de las cucarachas por encima suyo por las noches, en el catre en el que dormía en el suelo, en la misma habitación que sus padres; los maltratos recibidos por su madre a manos de su padre; o la mala relación (por no decir nula) que tuvo con sus abuelos paternos, bastante poco acostumbrados a mostrar cariño por su nieto. 

     Uno de los puntos centrales del libro lo constituye su proceso de aprendizaje lector. En él nos muestra su facilidad a la hora de aprender a leer - al margen de las enseñanzas de la escuela, leía todo lo que cayera en sus manos (diarios, libros, panfletos, etc) - y cómo poco a poco comenzó a no hacer faltas de ortografía. Sin embargo, nos extraña sobremanera el hecho de que el propio autor reconozca no haber escrito nada, literariamente hablando, hasta la plena adolescencia (un protopoema para una chica que le gustaba en aquella época). 

     Según avanzamos en la lectura comenzamos a ver cómo los recuerdos de su vida como niño y como adolescente influyeron después en su carrera literaria. Estos recuerdos son las largas horas pasadas en la encrucijada de los ríos que bañaban los olivares de su aldea, la contemplación del atardecer o del amanecer, los cines de barrio de Lisboa, su soledad de adolescente, sus primeros y tímidos escarceos con el sexo femenino o las tareas del campo junto a su abuelo y su tío y el apego a la tierra que de ello surgió con el tiempo.

     Mención especial merece la descripción de las relaciones con su familia (sobre todo la materna) y los vecinos a los que fue conociendo con el paso del tiempo y de las diferentes viviendas donde pasó sus primeros años de existencia. Cabe reseñar sucesos como la felicidad sentida por el adolescente Saramago al concluir una tarea encomendada por su abuelo bajo una copiosa lluvia, la visión de la luna más luminosa que jamás vio una noche en que acompañaba a su tío a una feria de ganado, la contemplación de un cielo repleto de estrellas mientras su abuela reconocía ante él estar triste ante la muerte que se le avecinaba o la especial relación que tuvo con su madre, mujer trabajadora, sacrificada, maltratada y humillada.

     La muerte de su hermano Francisco, a la edad de cuatro años a causa de una bronconeumonía, es uno de los sucesos más mencionados a la largo de Las pequeñas memorias. Saramago reconoce no tener casi recuerdos de él, pues tan solo tenía dos años cuando aconteció. Conserva alguna foto suya, que aparece al final del libro, junto a otras del propio escritor, de miembros de su familia y otros conocidos y vecinos de la época. Como es obvio, la vida de una persona se compone de momentos buenos y malos, de recuerdos propios y de otros que, de tanto nombrarlos, al final nos resulta casi imposible discernir si son recuerdos de verdad o si realmente no sucedieron nunca. En cualquier caso, lo que aparece en este libro es el resultado de una vida digna de ser conocida por los amantes de la buena literatura. 

     

lunes, 16 de febrero de 2015

La gente feliz lee y toma café. Agnès Martin-Lugand. Alfaguara. 2014. Reseña





     Cuando en diciembre de 2012 la psicóloga clínica francesa Agnès Martin-Lugand autopublicó en la plataforma digital Amazon su primera novela, La gente feliz lee y toma café, nadie podía pensar el fenómeno en que se iba a convertir aquella historia de pérdida, duelo y reconstrucción personal. En pocas semanas la novela alcanzó los primeros puestos en las listas de venta de la conocida página y pronto una editorial tradicional apostó por editarla en papel en todo el país. Su éxito en Francia conllevó la traducción a varios idiomas más, entre ellos el castellano, y pronto podremos ver una adaptación a la gran pantalla gracias a una coproducción internacional.

     La novela comienza con la conmoción desatada por la muerte de Colin y Clara, esposo e hija de la protagonista del libro, Diane, copropietaria del café literario La gente feliz lee y toma café. Afincada en uno de los conocidos barrios de París, solo la mantiene a flote la ayuda de su mejor amigo, un homosexual de nombre Félix que se convierte en su ángel de la guardia. Su familia y la de su marido no entienden cómo Diane se sume en el pozo en que se mantiene ya un año después del fatal accidente que la dejó sola en la vida. Ante tal situación, sintiéndose incomprendida y agobiada por su círculo familiar, decide huir de París. El pequeño pueblo de Mulranny, en la costa oeste de la República de Irlanda, lugar al que siempre había querido ir de vacaciones su fallecido esposo, es su destino.

     Entre su equipaje, fotos familiares, la colonia de su hija y algunas prendas de su marido, además de su propia ropa y algunos libros tomados prestados de su café literario. Félix se queda al cargo del mismo, algo que ya había comenzado a hacer tras el accidente y el hundimiento de su amiga. La acomodada situación económica de Diane y la entrega de su amigo y socio le permiten esa huida de la realidad y la inhibición laboral respecto a su ocupación anterior.

     En Mulranny Diane comenzará a sentirse extraña. Es consciente de que no está en su casa, aunque tampoco en ella se había notado cómoda tras el trágico suceso que había puesto patas arriba su existencia. Sin embargo, poco a poco irá conociendo los alrededores de su cottage y a sus pocos vecinos. El más cercano, sobrino de sus caseros, la sacará muy pronto de sus casillas debido a su agrio carácter y a sus violentos gestos hacia ella. No obstante, se sentirá atraída hacia él, hasta el punto de decidir hacerle la vida imposible. Edward se convierte, así, en alguien en quien descargar su ira, su odio, sus frustraciones.

     Con el tiempo, sabremos que también Edward tiene en su haber una serie de condicionantes que le han convertido en alguien huraño, salvaje y antipático. Lo cual nos descubrirá, de forma progresiva, a un personaje nuevo que se nos hará entrañable y que querremos ir conociendo con mayor profundidad. La relación entre los vecinos cambiará desde un suceso inesperado y la novela nos conmoverá, emocionará y hará que no nos separemos de ella hasta su finalización. Las almas humanas de sus protagonistas serán diseccionadas hasta hacer encajar todas las piezas que componen el puzzle de cada uno de ellos.

     Al cerrar el libro cuesta despedirse de sus personajes. Su mensaje, directo al corazón del lector, nos hace ver la vida de manera diferente. La vida misma se nos muestra como un regalo que debemos aprovechar durante cada minuto. El viaje interior y exterior que emprende Diane para superar el peor momento de su vida nos arrastra con ella. Su historia es una lección que queremos (y debemos) aprender. Y además es un libro que se lee de forma rápida debido a su lenguaje directo, sus escasas descripciones y sus ágiles diálogos, convirtiéndolo en una montaña rusa de sensaciones y emociones de la cual no queremos bajar.

     El único "pero" que le pongo a La gente feliz lee y toma café es que en determinados momentos es un poco predecible. Lo cual se vuelve a su favor a la hora del desenlace. No, no estamos ante la típica novela romántica que acaba con la manida frase de ...y fueron felices y comieron perdices. Más bien, ante una introspección, una reflexión profunda sobre la facilidad con la que a veces buscamos un clavo que quite otro clavo. Sobre la extrema dificultad - pese a ser algo totalmente necesario - que conlleva coger el toro por los cuernos y tomar nuestras propias decisiones, analizando los pros y las contras de las situaciones.

     En definitiva, La gente feliz lee y toma café es una novela adictiva, original y ágil, de las que se leen en una sentada (o dos, dependiendo del tiempo disponible), que nos invita a reflexionar sobre nuestras propias vidas. Resulta difícil abordar su lectura sin un cigarrillo y una taza de café como compañeros - quien la haya leído ya sabe a qué me refiero - y nos deja un buen sabor de boca. Aunque también, quizás, con el mono de saber más sobre ciertos aspectos que, como en la vida misma, en ocasiones quedan sin cerrar de forma definitiva...      

        

lunes, 9 de febrero de 2015

The Imitation Game (Descifrando Enigma). Morten Tyldum. 2014





     Alan Turing fue un matemático, lógico, criptógrafo y científico de la computación inglés. Considerado uno de los padres de la ciencia de la computación y el precursor de la informática moderna fue, además, homosexual. Esta información, que a día de hoy carecería de importancia para la mayoría de gente - aunque siempre hay algún retrógrado - colocó al científico en un callejón sin salida a mediados de los años cincuenta en la Inglaterra de la posguerra. Hecho que convirtió a uno de los máximos responsables de la victoria aliada en la II Guerra Mundial en un ser socialmente visto como depravado, vicioso e indecoroso.

     Turing consiguió descifrar los códigos nazis contenidos en la máquina Enigma, con lo que contribuyó de manera casi decisiva al triunfo sobre el nazismo. Nada de ello le sirvió para ser reconocido públicamente en la Inglaterra de su tiempo. Es más, acabó cayendo en desgracia cuando, siete años después de terminar la guerra, fue acusado y condenado a castración química para atajar sus inclinaciones sexuales. Ser homosexual fue su pecado mortal. Y por ello, pagó bien caro. Su trabajo en Bletchley Park, la formalización del concepto de algoritmo, la creación de la máquina de Turing, dar el pistoletazo de salida a la inteligencia artificial y diseñar y crear una de las primeras computadoras electrónicas promagrables digitales pesaron mucho menos que el hecho de ser gay en aquella Inglaterra conservadora e intransigente.

     Hasta aquí lo que es de dominio casi público. A partir de ahora paso a analizar aquellos aspectos de la película que me parecen más llamativos. En primer lugar, debo destacar la extraordinaria interpretación de Benedict Cumberbatch en el papel de Alan Turing. Conocido por sus apariciones en la serie televisiva Sherlock y en films como El Hobbit, Star Trek, 12 años de esclavitud o War horse, entre otros, está ante el papel de su vida (hasta el momento). Un trabajo que le ha situado como uno de los grandes candidatos al Oscar. Es un personaje complicado, emocional, explosivo y solo al alcance de un actor de enorme talento. Su gran trabajo ante las cámaras permite conseguir un retrato creíble de cómo debió vivir aquellos años Turing. Nos transmite de manera realista y fiel el dolor, el sufrimiento y la obstinación del genio que fue. Cumberbatch es, sin duda, el pilar en el que sostiene la película. Como en su día el propio Turing lo fue en el proceso de descifrado de Enigma.

     La mayoría de genios de la historia de la humanidad han sufrido una tremenda soledad en sus vidas. Solo unos pocos se han salvado de este hecho. Turing no pudo. La película muestra cómo, ya de niño, hubo de hacer frente a la pérdida de su único amigo, su compañero Christopher, con quien tuvo una amistad mucho más cercana de lo habitual. Veinte años después, bautizará a su máquina descifradora de Enigma con ese mismo nombre, mostrando el anhelo y la melancolía del genio inglés. Algo que le acompañó hasta el final, según el film. 

     Su único sostén durante el complicado proceso de descifrado de Enigma fue Joan Clarke, interpretada por Keira Knightley (Anna Karenina, Piratas del Caribe, Orgullo y prejuicio o El Rey Arturo). Nominada al Oscar como mejor actriz de reparto por su papel, cumple con lo que se espera de ella en cada momento, en cada situación. Clarke se enamorará de Turing pese a vislumbrar sus inclinaciones y estará a su lado en todo momento. Su mente prodigiosa, casi a la altura de la del propio protagonista, será clave en la perseverancia de aquel.

     Matthew Goode (Belle, Watchmen, Match Point o Al sur de Granada) interpreta a Hugh Alexander, campeón de Inglaterra de ajedrez. Inteligente y guapo, es el típico gentleman inglés, seductor y conquistador. El giro que se da en la relación entre los dos principales protagonistas masculinos es otro de los fuertes de la cinta. El reflejo más patente de que la unión siempre hace la fuerza, de que remar todos en la misma dirección es la mejor opción. De que el trabajo en equipo es el más productivo. Porque en el mundo, además de ciencia, debe haber también humanidad. 

     Y, como en todas las películas debe haber un malo, en este caso aparece Charles Dance (Underworld, Scoop, Gosford Park), el superior de Turing, el comandante Alastair Denniston, quien espera el más mínimo error del jefe de los descifradores para despedirlo y despellejarlo vivo. Ante él, más que ante nadie, deberá Turing cifrar sus pensamientos, sus inclinaciones sexuales y su personalidad para defenderse ante ese poder material, perverso e inmoral dominante en su Inglaterra natal. Y también este punto queda resuelto en el film por el buen hacer de Cumberbatch.

     El director noruego Morten Tyldum (Headhunters) y el guionista novel Graham Moore, ambos también nominados a los Oscars en sus distintas parcelas, contribuyen a dar vida a Turing con sus grandes trabajos. Sobre todo a la hora de adaptar a la pantalla la biografía escrita por Andrew Hodges, pionero y líder del movimiento de liberación gay inglés en los años setenta. Hodges escribió Alan Turin: the Enigma para recuperar la figura del denostado científico. Un homenaje justo y merecido que el propio gobierno británico tardaría todavía treinta años más en realizar. Sea como sea, el film hace justicia con un personaje sin el cual el mundo en que vivimos podría ser muy diferente de lo que es. No en vano, como queda demostrado en The Imitation Game (Descifrando Enigma), el amor puede hacer perder guerras...      

    

lunes, 2 de febrero de 2015

Opiniones de un payaso. Heinrich Böll. Seix Barral. 2000. Reseña





     Heinrich Böll, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1972 por, según la Academia Sueca, contribuir a la renovación de la literatura alemana por su combinación de una amplia perspectiva sobre su tiempo y una habilidad sensible en la caracterización, fue el máximo exponente de lo que se conoció en la Alemania de su tiempo, en plena posguerra, como literatura de escombros. Böll nació en 1917, cuando la Gran Guerra giró de curso gracias a la retirada del conflicto del imperio soviético y la entrada en el mismo de los USA. Vivió las posguerras de las dos grandes conflagraciones mundiales y retrató la situación en que quedó Alemania tras el desmoronamiento del III Reich.

     En 1963 escribió Opiniones de un payaso, novela escrita en primera persona que analiza el estado de una Alemania dividida por el muro de Berlín y en plena Guerra Fría. El narrador de la historia es Hans Schnier, un payaso de solo 29 años que, pese a su edad, vive en una penumbra que se antoja definitiva. Ateo empedernido, siente que la felicidad le ha sido vetada por completo por tres hechos diferentes pero coincidentes en el tiempo que amenazan con acabar con él para siempre: su abandono por parte de Marie, su compañera sentimental desde la adolescencia, para casarse con un católico; su ruina física y económica; y las críticas de los más conocidos críticos artísticos, que le dan prácticamente por acabado.

     Schnier llega a su piso de Bonn en plena crisis personal y se refugia en su piso, desde donde analiza su delicada situación y busca posibles alternativas: pedir dinero a su familia o a alguna de sus amistades y preparar la revancha, incluso en forma de asesinato, respecto a quienes le han traicionado. Böll, católico declarado, realiza, en boca del payaso, una exacerbada crítica de la sociedad alemana de posguerra, sobre todo en el tema religioso, donde no deja títere con cabeza. Ni en el bando protestante ni en el católico. Además, el autor hace varios guiños al dialecto renano en comparación con el alemán.

     Böll y Schnier se unen en las páginas del libro para criticar la hipocresía de una Alemania que afirma arrepentirse del nazismo y de unos demócrata-cristianos que buscan la fórmula perfecta para conservar una importante parcela en el poder político del país germano. Aunque, en mi opinión, lo verdaderamente importante en la novela es la afirmación de que el mundo de la política sí se inmiscuye en la vida personal de los ciudadanos. Un payaso que solo quiere ensayar y trabajar y ser amado por su esposa - porque, pese a no estar casados, la considera como tal - habrá de rendirse a la evidencia de que todo aquello que sucede a su alrededor - política, economía y sociedad - le aboca a cambiar sus números cómicos para no ofender a nadie. Y, además, verá cómo su compañera cede a las presiones de un grupo de activistas católicos y acaba dejándolo por uno de sus más afamados miembros.

     Parte importante de esa crítica a la doctrina católica imperante es el tema de la concupiscencia carnal. Böll critica la manera en que los católicos vulgarizan el instinto sexual hasta llegar a sublimarlo, impidiendo que las personas vivan el sexo como algo normal e inherente al género humano. Se refiere a la cuestión como hacer la cosa, hasta ridiculizar la hipocresía demo-cristiana. La elección de un payaso como protagonista le da a la obra un mayor dramatismo. Porque, ¿qué puede haber peor que un payaso desencantado que ha perdido la sonrisa con que hacer feliz a la gente?

     Sin duda, el objetivo de Böll al escribir Opiniones de un payaso fue devolver al catolicismo la conciencia de su espiritualidad y de sus deberes con las personas. Y, viendo el notable éxito y las ventas del libro en la época en que fue publicado, cabe pensar que sus demandas eran compartidas por millones de alemanes que vieron en esta historia una manera perfecta de hacer reflexionar seriamente a la sociedad alemana sobre el camino a seguir en la reconstrucción nacional. Y todo ello lo consigue Böll mediante una ironía capaz de conmover y hacer carcajear a la vez.

     El ejemplo de cómo estaba la Alemania de la posguerra lo tenemos en el círculo del propio Schnier. El payaso tiene un hermano seminarista, una hermana muerta en la II Guerra Mundial, una madre rígida e inmóvil, un padre prácticamente ausente, una ex-mujer convertida al catolicismo más bárbaro y un agente artístico que parece ajeno a la realidad de su representado. Su vida, como la de Alemania en general, se caracteriza por la división, la hipocresía, el arrepentimiento, la culpa y la lucha por mantener el poder a toda costa.

     Con todo, lo que más me ha llamado la atención de esta novela es la evolución del propio protagonista. Comienza clamando venganza contra las traiciones recibidas y pensando en pedir dinero a sus conocidos para poder salir adelante. Más tarde, sintiéndose incapaz de sobrevivir y viendo que nadie está realmente dispuesto a ayudarle, llega a verse en el espejo como un futuro suicida. Y, finalmente, decide tomar las riendas de lo que le queda de su vida y hace lo único que en verdad puede y debe hacer para salir del embrollo en que está metido: tira de sus propios recursos y comienza a actuar a las puertas de la estación de tren de Bonn. Un bonito final en el que la esperanza de un futuro todavía posible hace ver algo de luz al final de un túnel realmente muy sombrío.           

         

martes, 27 de enero de 2015

Los girasoles ciegos. Alberto Méndez. Anagrama. 2004. Reseña





     El madrileño Alberto Méndez (1941-2004) es uno de esos autores poco conocidos para el gran público pero capaz de escribir un magnífico libro para la posteridad. Los girasoles ciegos fue su única novela y se publicó meses antes de su muerte. Como si quisiera dejarnos un legado justo antes de abandonarnos para siempre, nos regaló estos cuatro cuentos o relatos basados en historias reales y anónimas de la Guerra Civil Española. Anónimas hasta que dio cuenta de ellas en este libro tan breve como emotivo e intenso. Hijo del traductor y poeta José Méndez Herrera, se licenció en Filosofía y Letras, perteneció al Partido Comunista hasta 1982, trabajó en diversos grupos editoriales tanto nacionales como internacionales y participó en el Premio Internacional de Cuentos Max Aub en 2002 con el segundo de los relatos aparecidos en este libro. Fue finalista del referido certamen. Con Los girasoles ciegos recibió el Premio de la Crítica, el Setenil y el Nacional de Narrativa. Este último ya a título póstumo.

     Estamos ante uno de esos libros en los que el cómo es casi tan importante como el qué. Las cuatro historias narradas nos emocionan, conmueven e invitan a reflexionar sobre las devastadoras consecuencias que una guerra, en este caso la civil española, tienen en personajes de la calle. Personajes cuyas vidas dan un giro radical sin vuelta atrás que, en multitud de ocasiones, les pueden llevar a la muerte misma. Con todo, la secuencia de las acciones narradas llega a quedar en ocasiones en segundo plano debido a la exquisitez lingüística empleada por Méndez. 

     Si el corazón pensara dejaría de latir es el cuento que abre el libro. Nos relata la historia de Carlos Alegría, capitán del ejército victorioso de Franco que, justo cuando va a ser tomada Madrid, decide renunciar a la victoria y rendirse al enemigo. Ese mismo día, al llegar a su cárcel provisional los que habían sido sus compañeros hasta escasas horas antes, es declarado traidor y condenado a muerte por fusilamiento. Los últimos días de vida del capitán son dignos de ser como mínimo leídos y recordados. Todo un ejemplo de lo cara que puede resultar una victoria y también de la importancia de los valores y la esperanza en un mundo mejor.

     El libro sigue con Manuscrito encontrado en el olvido, el relato finalista del Premio Internacional de Cuentos Max Aub, recuperado y modificado para esta recopilación. Es el más breve (18 páginas), pero a mi modesto entender también el más descorazonador - junto al que da título al libro -. Nos sitúa en los altos de Somiedo, entre Asturias y León, y nos golpea directo a la conciencia con la historia de un aprendiz de poeta que ha huido con su novia, embarazada de ocho meses, con el propósito de que su hijo nazca en un país libre, en este caso Francia. El invierno y las circunstancias llevarán al joven Eulalio a madurar y a sufrir mucho más de lo normal en un chico de solo 18 años.

     El tercero de los relatos se titula El idioma de los muertos. Juan Senra, soldado republicano preso en una de las cárceles franquistas, roba días a la muerte inventándose historias sobre Miguel Eymar, hijo del coronel que debe dictar sentencia de muerte sobre el protagonista. Gracias a los sucesos ficticios acaecidos en Porlier Juan convierte a un villano en héroe para regocijo de sus padres. Pero seguir con las mentiras llegará a resultar insoportable para Senra, que deberá decidir entre la vida y la muerte, entre lo injusto y lo digno.  

     Los girasoles ciegos pone punto final - y título - al libro. Es el cuento más conocido por ser llevado a la gran pantalla, con el mismo título, por el director José Luis Cuerda (2008). Los tres narradores - el niño Lorenzo, el diácono lascivo Salvador y el acostumbrado narrador omnisciente en tercera persona - cuentan la historia de la familia Mazo-López, que esconde en un armario al padre de familia, buscado por sus ideas. La vida cotidiana y poco normal de su esposa Elena y su hijo Lorenzo se verá obstruida por Salvador, diácono y maestro del niño que se irá enamorando de una madre que cree viuda. El desenlace trágico es también digno de ser conocido por el lector. 

     Los subtítulos de cada cuento - que rezan primera derrota (1939), segunda derrota (1940), tercera derrota (1941) y cuarta derrota (1942) - hacen referencia a algunas de las miles y miles de derrotas individuales, anónimas, que se sucedieron en los años posteriores al fin del conflicto nacional. Años en que demasiada gente contó estas historias en voz baja porque el simple hecho de demostrar su conocimiento podía complicar su existencia y la de su familia. La derrota, la persecución y la represión son los temas principales de los cuatro cuentos de este libro. 

     Los girasoles ciegos fue la única novela de Alberto Méndez. No necesitó escribir ninguna más. Con estos relatos nos dio a conocer algunas de las más desgarradoras historias de nuestra posguerra. Con ellos recuperó la memoria de unos pocos seres anónimos que sufrieron y perecieron por proteger la libertad. La suya y la de los demás. Y todo ello con el valor añadido de contar sus historias de manera que, pese al drama y el horror narrados, los lectores puedan disfrutar también del placer de la buena literatura. Una muestra más del enorme poder de la palabra.      

   

lunes, 19 de enero de 2015

La teoría del todo. James Marsh. 2014. Crítica





     Inspirada en las memorias Travelling to Infinity: My life with Stephen, de Jane Hawking, primera esposa del conocido físico y cosmólogo Stephen Hawking, La teoría del todo nos da a conocer el comienzo de la relación, el diagnóstico de la enfermedad degenerativa del científico, su progresivo declive físico y su modo de vida durante más de un cuarto de siglo de convivencia. La adaptación de las memorias al guión de la película ha sido realizada por el escritor y guionista Anthony McCarten, también productor en este caso.

     James Marsh (Doble agente y The King) dirige el film de forma admirable, sabiendo destacar los momentos más agrios y aquellos en que el sentido del humor del protagonista principal cobra tal importancia que llega a llenar la pantalla. Eddie Redmayne (Los miserables y Mi semana con Marilyn) ejecuta, impecable, el papel de su vida. Algo solo posible después de estudiar durante seis meses cada gesto del Hawking verdadero, quien llegó a bendecir su trabajo y le prestó su voz electrónica (que aparece en las escenas finales del metraje). El trabajo de Redmayne le ha valido el Globo de Oro y la nominación a los Óscars y los demás grandes Premios del mundo del cine.

     Felicity Jones (Amazing Spiderman 2 y Como locos) encarna a Jane Hawking, una joven anglicana estudiante de Filología que se enamora del joven Hawking en la Universidad de Cambridge y decide estar a su lado desde el primer momento del diagnóstico de la enfermedad conocida como ELA (esclerosis lateral amiotrófica). Pese a que la esperanza de vida del científico se cifra en apenas dos años la joven pareja irá superando dificultades y consiguiendo que la vida de Hawking pueda seguir su curso de la mejor manera posible, incluso cuando los propios doctores aconsejan un final más digno y menos doloroso para él. 

     Aunque el papel estelar de la película es el de Redmayne - capaz de hacernos reír y llorar en el transcurso de apenas unos pocos segundos - haríamos mal en no destacar el enorme trabajo realizado por Jones, que interpreta a una mujer abnegada y sacrificada por amor a su marido, madre de tres hijos que debe criar en unas duras condiciones de vida y casi sin padre y que deja de lado su prometedora carrera para ayudar a vivir a un Hawking que en determinados momentos está demasiado centrado en sus teorías y en su propio estado y que no es capaz de comprender la vida que ha de llevar su inseparable esposa. 

     La teoría del todo es una película de amor por cuanto muestra la lucha conjunta de una pareja por superar las dificultades diarias a las que la vida los enfrenta. Y lo hace mostrando el drama personal de cada uno de ellos y respetando sus respectivos puntos de vista. Todo por sobrevivir de forma individual y como pareja. El trabajo, la familia y el sentido del humor de Hawking se juntan para vencer la desesperanza. Mientras tanto, ella es esposa, madre, enfermera y ama de casa, convirtiéndose en toda una heroína. Llega a tal punto el amor que ambos se profesan que finalmente acuerdan el distanciamiento para poder seguir con sus vidas por separado, manteniendo una relación íntima que va más allá del amor. 

     La escena de la ruptura de la pareja es una de las más conmovedoras que uno ha podido ver en los últimos tiempos en una sala de cine, así como otras dos de la parte final del film: aquella en que ambos observan orgullosos a los tres hijos surgidos durante su historia de amor y otra en que un adulto Hawking afirma que mientras hay vida hay esperanza. La película termina y la mayoría de los espectadores quedan en silencio, quietos, reflexionando en sus butacas sobre todo aquello que acaban de ver.

     Puede que los seguidores de las teorías del científico echen en falta una mayor mención de los logros y méritos del protagonista, pero el director, basándose en las memorias de Jane Hawking, ha preferido dar a conocer algunos de los detalles menos conocidos de la existencia del genio británico: su historia de amor, su lucha por la supervivencia, su modo de vida y su esperanza. Sin duda, estamos ante una de las películas del año. Y probablemente ante la ganadora de varias estatuillas. Así, cuenta con cinco de las nominaciones más importantes: mejor película, mejor actor, mejor actriz, mejor guión adaptado y mejor banda sonora. 

     Más allá de los galardones que pueda acumular La teoría del todo es una de esas películas que todo el mundo debería ver. Y por varios motivos. Como muestra de lo que ha de ser una relación amorosa sin condiciones; como ejemplo de superación de las adversidades; como medio de alcanzar objetivos a través del esfuerzo y la esperanza; como manera de conocer una vida, la de Hawkin, igualmente dramática y gloriosa; y como forma de divertimento y disfrute de dos interpretaciones realmente fabulosas.
                            

miércoles, 14 de enero de 2015

La acabadora. Michela Murgia. Salamandra. 2011. Reseña





     Conocí la existencia de esta novela hace unas semanas, gracias a una buena amiga de mi Facebook que me la recomendó. Jamás antes había escuchado nada sobre este libro ni su autora. Y lo primero que debo decir es que esta lectura me ha hecho reflexionar bastante sobre varios aspectos de su trama, ambiente y discurso. Tras dar las gracias a Olga por darme a conocer esta obra, paso a explicar mis impresiones sobre la misma.

     Desde el punto de vista del contexto me han llamado la atención tres aspectos. El primero, la forma en que Murgia nos presenta el pequeño pueblo de Soreni, en el interior de la isla de Cerdeña. Me ha recordado aquella España profunda que Delibes retrató en Los santos inocentes. Lo arcaico y lo moderno (años cincuenta en la novela) conviven, a menudo de forma violenta, en un pueblo perdido de la Cerdeña de la posguerra. El segundo tema a abordar es el de la adopción del alma, inmemorial costumbre sarda por la cual una familia o un individuo (Bonaria Urrai en este caso) adoptaban a un hijo o hija (María Listru en esta historia) proveniente de otra familia que no podía mantenerla económicamente. La adopción se realizaba tras el acuerdo de las tres partes, y la adoptada no perdía ni contacto ni vínculos con su familia real. Hija y madre de alma quedaban así unidas mediante un vínculo sagrado. Y el tercer punto que me ha marcado durante la lectura de La acabadora ha sido la propia existencia de la referida figura: una mujer que consuela, acompaña y ayuda a morir a quienes están sufriendo y no tienen posibilidad ninguna de sobrevivir a su enfermedad.

     Michela Murgia, nacida en Cabras, Cerdeña, en 1972, donde todavía reside en la actualidad, estudió teología y escribió algunos ensayos de cierto éxito en su país. Pero fue en 2011 cuando saltó a la primera plana de la literatura italiana al alzarse con el Premio Campiello, el más importante de Italia, por la obra que nos ocupa. En ella trata, con un lenguaje nítido y directo, sin perderse en mayores artes, el tema de la eutanasia y el fin de nuestra existencia. Y lo hace a través de una comunidad, la propia, que afronta este último paso hacia la muerte de forma colectiva, sin pudores ni falsos tabúes. Una forma nueva y diferente de ver el tema de la muerte que contrasta con lo arcaico de su forma de vida. Además, la autora no toma partido en favor ni en contra del asunto. Simplemente narra la historia. Sin más.

     La propia isla de Cerdeña es tratada por Murgia como una hija de alma, separada de Italia, su madre de alma, pero conservando con ella sus vínculos de italianidad. Y el contraste entre lo arcaico y lo moderno se hace si cabe más evidente en los breves capítulos en que María Listru se desplaza a vivir y trabajar a Turín. Se trata de una huida, un distanciamiento respecto de Bonaria Urrai, su madre adoptiva, tras conocer el motivo real de sus extrañas salidas nocturnas, del enorme respeto que todo el mundo le profesa, de los ojos temerosos de quienes con ella se cruzan por las calles del pueblo. María, no conforme con la otra dedicación de su madre - que trabaja, además, como modista -, huye de ella y busca comenzar una nueva vida. Una huida que, paradójicamente, acabará trayéndola de vuelta al pueblo y al lado de Bonaria.

     La vejez y la infancia (el paulatino conocimiento de los entresijos de la vida) también se contraponen en la novela. Bonaria Urrai, modista, solitaria, seca y estricta, pero bieintencionada y de marcado régimen ético - el cual le lleva a no aceptar todos los casos que se le presentan - es viuda. Su marido desapareció en la guerra, aunque según algunos vecinos realmente la abandonó y se hizo desaparecer. María Listru es la cuarta hija de una familia humilde que no se podía permitir una cuarta hija. Al lado de su tía - madre de alma - vive de manera humilde aunque no le falta de nada. Su amistad con algunos jóvenes del pueblo le hará conocer una especie de amor primario (Nicola) que no desarrollará plenamente hasta su estancia en Turín (Piergiorgio).                        

     Y entre Nicola y Piergiorgio y sus respectivos mundos se establece una nueva contraposición en la que María hará también de bisagra. Nicola es el clásico arquetipo masculino: viril, fuerte, trabajador, defensor (hasta la muerte si hace falta) de cada metro de su propiedad y decisor último de su destino tras sufrir un desgraciado accidente. Piergiorgio, por contra, es un adolescente de ciudad que vive encerrado en sí mismo, atemorizado, tras sufrir una violación. La relación de María con Nicola será el motivo de su huida a Turín. Y su relación con Piergiorgio ocasionará su retorno a Soreni.

     La acabadora es una novela impactante, turbadora, conmovedora y reflexiva sobre la vida, la muerte y la forma de llevar una y otra. Un testamento vital de una comunidad que vive el tema de la muerte con la mayor naturalidad posible. Una historia de amor, piedad y misericordia. Un libro que nos enseña costumbres provenientes de tiempos inmemoriales que nos harán pensar sobre nuestro presente y nuestro futuro. Sobre nuestra vida y nuestra muerte.

     Y, como reflexión final, nos anima a no juzgar con tanta facilidad a los demás y a escuchar de manera diferente aquella máxima que afirma que de esta agua no beberé. Por todo ello, como en su día hizo Olga conmigo, no dudo en recomendar a quien lea esta reseña una novela que creo que no dejará a nadie indiferente. Una joyita de 190 páginas, de las que se saborea de principio a fin...  


miércoles, 7 de enero de 2015

Veinticuatro horas de la vida de una mujer. Stefan Zweig. Plaza & Janés. 1963. Reseña





     En 1929, en plena época productiva, Stefan Zweig escribió y publicó Veinticuatro horas de la vida de una mujer, una novela corta de apenas cien páginas dividida en seis capítulos en la que una anciana aristócrata inglesa desvela sus confidencias más ocultas a un joven narrador que, como el propio autor - o quizás ambos sean en realidad la misma persona -, también pertenece a una familia acomodada. Zweig, que por aquella época colaboraba en la difusión de la obra de Freud desde Viena, demostró sus enormes capacidades para comunicar y desentrañar la psicología de sus personajes con una facilidad pasmosa.

     Un suceso acaecido en el hotel en el que residen dos matrimonios, varios personajes solitarios y un joven viajero provoca el acercamiento entre la anciana y el narrador de la historia. Ambos son los únicos que defenderán la huida, con un joven al que acaba de conocer, dicharachero, apuesto y simpático, de una mujer casada con dos hijos. La relación que nacerá entre los defensores de la huida hará que la aristócrata se decida a contarle las veinticuatro horas más decisivas de su historia personal pasada. Y, para ello, retrocede dos décadas y se traslada de nuevo al Montecarlo de principios de siglo. En su famoso casino conocerá a un joven atrapado por el juego que, por perder, ha perdido hasta la esperanza de seguir viviendo. 

     La desesperación, la resignación y la pasividad del joven al fracasar en el casino serán las causas de que piense en el suicidio como única y más fácil manera de terminar con una vida que considera infame. La protagonista, desde la madurez de sus cuarenta años, se sentirá obligada a tratar de salvarle la vida. Impedir su suicidio se convertirá en su principal objetivo, esa noche y la mañana siguiente. Al principio incluso llegará a pensar en el joven como su tercer hijo, al tener este la misma edad que aquellos. 

     Resulta gratamente sorprendente la aptitud del autor austriaco a la hora de describir las debilidades psicológicas del joven jugador de ruleta; su imposibilidad de abandonar el juego, hasta el punto de dejarse hasta la última moneda; los gestos de sus expresivas y nerviosas manos sobre el tapiz verde; el capricho hipnótico que sobre él ejerce la ruleta; el desmoronamiento físico y psicológico del que lo acaba de perder todo; la desesperada decisión de que la muerte es ya el único horizonte.

     Por contra, la protagonista femenina de la historia, viuda y apartada por decisión propia de las relaciones personales con hombres desde el fallecimiento de su marido, también gran jugador - aunque, eso sí, pleno dominador de sus actos con respecto a la ruleta -, se verá enfrascada en la labor salvadora del joven. Una labor que la llevará a realizar actos impensables para ella y la sociedad de su tiempo y que la introducirá en una especie de ruleta en la que acabará perdiendo la posición que hasta entonces había tenido.

     Zweig aborda la trama de manera magistral. La novela es uno de esos escasos casos en que aquello que no se cuenta es casi más importante que lo que sí es contado. Con una prosa ágil, directa y con las descripciones justas, retrata a la perfección a unos personajes que se mueven por instintos, altos o bajos según los casos, que buscan satisfacerlos a toda costa. El peligro del juego, la soledad, la traición hacia uno mismo, la traición hacia los demás, la bondad y la desesperanza serán los puntos fuertes de una novela que se hace más corta de lo que en realidad es.

     De esta manera, el lector queda enganchado, atrapado, a sus páginas. De la misma manera que el joven lo está a la ruleta. Lo que ocurre, y cómo se cuenta, le convierte en un adicto a las palabras escritas por el autor. Y poco a poco cae en la cuenta de lo extremadamente fácil que a todos nos resulta criticar y juzgar a los demás sin conocerlos - a ellos y a sus circunstancias personales -. Este hecho, precisamente, es el que acabará uniendo a los huéspedes del hotel, haciendo posible que nosotros mismos conozcamos los hechos acaecidos veinte años antes.        

     ¿Quién no ha sentido en ocasiones una extraña sensación, una repentina necesidad de huir de todo, incluso de nuestra propia vida? ¿Quién, incluso teniendo pareja, no ha pensado alguna vez en escapar con otra persona a la que acaba de conocer física pero no psicológicamente? ¿Qué nos lleva a que estos pensamientos pueblen nuestra mente? ¿Qué decide finalmente si debemos dejarnos llevar - quizás al abismo mismo - y quedarnos o marcharnos? ¿Acertamos al cortarnos las alas nosotros mismos? ¿Acertamos al actuar sin pensar en las consecuencias que una huida podría tener en nuestras vidas y las de quienes nos rodean? ¿Acaso no somos libres, incluso para cometer locuras? ¿Tiene límites la libertad? Quizás a muchos lectores les surjan preguntas como estas tras leer esta novela. Porque, a veces, bastan tan solo veinticuatro horas para cambiar nuestras vidas...


jueves, 1 de enero de 2015

Mis diez libros preferidos de 2014





     El recientemente extinguido año 2014 ha sido uno de los más lectores de mi vida. He finalizado la lectura de 33 libros. Y he abandonado unos cuantos a medias por falta de interés o de calidad. Como no me considero nadie como para criticar negativamente la labor de escritura de mis compañeros de letras solo reseño y comento en este blog los libros que me han gustado, obviando aquellos que he dejado sin terminar, sea por el motivo que sea.

     En la presente entrada, primera de 2015, paso a hablaros de los diez que mejor sabor de boca me han dejado. Por desgracia, es complicado entrar entre los mejores, por lo que he debido dejar fuera de esta lista obras que me han deleitado, como Quedaos en la trinchera y luego corred, de John Boyne, Lo que encontré bajo el sofá, de Eloy Moreno, Yonqui, de Paco Gómez Escribano, Besos de arena, de Reyes Monforte, Días de Nevada, de Bernardo Atxaga, El viaje del elefante, de José Saramago, El síndrome del delfín, de Ramón Cerdá o incluso El hereje, de Miguel Delibes. Sin duda, todas ellas podrían estar entre las más destacadas en cualquier otra lista. Mil perdones.

     Estas han sido mis diez mejores lecturas de 2014, siempre dejando claro que no todos los libros leídos han sido publicados en el citado año.      

10. Intemperie. Jesús Carrasco. Seix Barral. 2013. Jesús Carrasco debutó con una novela redonda que recuerda al mejor Delibes de Los santos inocentes, al cual incluso supera en riqueza léxica. Una historia sencilla muy difícil de escribir. Un escritor a seguir muy de cerca en lo sucesivo.

9. El sueño del celta. Mario Vargas Llosa. Alfaguara. 2010. Una novela histórica y de viajes que rescata al gran Joseph Conrad de El corazón de las tinieblas. La biografía de Roger Casament, figura clave en la lucha contra el imperialismo británico de comienzos de siglo y sus atrocidades coloniales.

8. El mundo de Sofía. Jostein Gaarder. Siruela. 1991. Obra maestra que acerca la Filosofía y su historia a los estudiantes de secundaria. Una lectura obligada para todos los profesores y alumnos de la disciplina. Muchas de nuestras preguntas quedan respondidas en esta maravillosa novela. 

7. El hijo de César. John Williams. Ediciones Pàmies. 2008. La biografía del emperador Octavio Augusto contada, de forma tan original como magistral, a través de cartas y escritos de quienes le acompañaron, quisieron y hasta odiaron. Un escritor poco conocido para lo grande que fue, es y será.

6. Treinta doblones de oro. Jesús Sánchez Adalid. Ediciones B. 2013. Una nueva genialidad del gran dominador de la novela histórica española actual. Un fiel retrato de la Sevilla que pierde su otrora grandeza. Pobreza, corrupción y ruina moral y económica. Una historia que parece más actual ahora.

5. La ladrona de libros. Markus Zusak. Lumen. 2007. Una novela narrada por la muerte en persona. Una historia que crece hasta devorarnos. Unos personajes construidos con una maestría digna de elogio. Conmueve y enamora tanto que nos hace amar la lectura y los libros. Una maravilla.

4. El abogado de pobres. Juan Pedro Cosano. Ediciones Martínez Roca. 2014. Una de las revelaciones del año. Una alegría comprobar que la novela histórica y de abogados está bien viva. Una obra de documentación minuciosa, escritura impecable, mensaje claro y valores rectos. 

3. Cartas a Palacio. Jorge Díaz. Plaza & Janés. 2014. Novela coral en la que personajes, tramas y escenarios acaban confluyendo en el momento preciso, sin florituras ni encorsetamientos, para traernos una historia poco conocida pero digna de ser llevada a las pantallas en breve.

2. Un millón de gotas. Víctor del Árbol. Destino. 2014. Otra de las grandes alegrías de este 2014 que se nos fue. Un conjunto de historias y personajes caracterizados al mínimo detalle que golpea nuestra conciencia. Una novela que hay que leer sí o sí. Un escritor que amenaza con reinar en nuestra literatura.

1. El paciente. Juan Gómez-Jurado. Planeta. 2014. Como ya hiciera en 2012 con La leyenda del ladrón, Gómez-Jurado ha vuelto a hacerme pasar horas de sueño. Una novela que involucra al lector de tal manera que uno llega a querer acabar con el mismísimo presidente de los EE.UU. Thriller, en mayúsculas, que hace que los corazones lectores bombeen con mayor fuerza de la habitual.

     Como siempre sucede, estas listas pueden ser rebatidas, criticadas o compartidas. En cualquier caso, cada una de las obras que aparecen - o no - en ella, son dignas de ser leídas y disfrutadas. Para gustos, colores. Pero leer es lo principal, sin duda. ¡Feliz 2015 de lecturas!


lunes, 29 de diciembre de 2014

Respirar por la herida. Víctor del Árbol. Editorial Alrevés. 2013. Reseña





     Reseñar una novela de Víctor del Árbol es algo complicado. Sus historias contienen tantas intra-historias, tantos matices, tantas cosas por comentar que se hace difícil abordar una correcta mención de sus obras. Ya me pasó hace unos meses con Un millón de gotas, su último trabajo, y me ha ocurrido de nuevo con Respirar por la herida. Volvemos a encontrarnos ante una novela-puzzle en que a medida que avanza la acción vamos entendiendo lo que realmente ocurre y, tan importante como lo anterior, por qué.

     Lo que en un principio parece un libro que va a narrar la triste historia de Eduardo, un pintor de éxito que pierde a su mujer y a su única hija en un trágico accidente de tráfico provocado por un conductor imprudente que se da posteriormente a la fuga y cae en una profunda depresión que le lleva a beber, a dejar de pintar y a malvivir en definitiva, se va convirtiendo poco a poco en un thriller en el que aparecen nuevos personajes que irán tejiendo una trama que pondrá a prueba la inteligencia de los lectores más acostumbrados a este tipo de lecturas.

     Estamos ante una de esas novelas en que las certezas pueden de repente desvanecerse, haciendo caer el castillo de naipes que el lector había ido construyendo en su mente según avanzaba en la lectura; en que no se sabe quienes son los buenos y quienes los malos; en que ni siquiera hay buenos y malos, sino personas que han de seguir viviendo a pesar de las desgracias del pasado, las ausencias, el vacío y las pocas ganas de continuar con sus existencias. Personas que, ante la desgracia y el fracaso, pueden volverse anti-sociales y tener como su único objetivo por cumplir en el presente-futuro la venganza y hacer el mal al prójimo, aunque este no sea culpable de ninguna de sus tragedias.  

     La desesperanza, la maldad y la culpa llenan las páginas de Respirar por la herida. El mal va engendrando todavía mayor maldad, sumiendo a muchos de sus protagonistas en un bucle del que no pueden escapar. Del que, muchos de ellos, ni siquiera intentan escapar, entregados como están a conseguir una venganza que tampoco les permitirá seguir viviendo. Más bien al contrario, los sumirá en un mayor estado de culpabilidad y desesperación. Y, todo ello, contado con una gran maestría y una gran prosa.

     Como ya ocurriera con Un millón de gotas, también en Respirar por la herida disfrutará el amante de la psicología con la caracterización de cada uno de los personajes de la novela. La disección que realiza de todos ellos Víctor del Árbol es realmente magistral. La información sobre ellos se va desgranando en su justa medida según avanzan los capítulos. Ese lento discurrir de los hechos pasados y de la formación del carácter de los protagonistas otorga mayor misterio - y también veracidad - a los acontecimientos narrados. Y solo puede ser resultado de un gran trabajo por parte del autor.

     Nada de ello sería posible sin un guión previo trazado al milímetro. Para que el lector pueda ir encajando las piezas del puzzle es necesario que antes el autor haya pensado cada dato necesario y, ante todo, cuándo y cómo hacerlo visible a sus ojos. Es decir, uno de los éxitos de esta novela es la preparación minuciosa de cada detalle, cada suceso, cada paso que se da en pos de alcanzar la verdad de cada uno de sus protagonistas. Y ese es otro de los éxitos: que cada personaje tiene una verdad que defender ante los demás.

     Solo a tenor de lo anteriormente reseñado es posible que quepan en esta novela personajes tan dispares como Eduardo, la afamada violinista Gloria Tagger, el rico empresario Arthur Fernández, el aclamado director de cine Ian McKenzie, el señor Who o los matones Guzmán e Ibrahim. Y, aunque pueda parecer mentira, sus historias están más conectadas de lo que podamos pensar en un principio. Porque a veces no todo es lo que parece y debemos indagar más para descubrir la realidad.

     Respirar por la herida es una novela de intriga, de realidades que no lo son, de venganzas, de traiciones, de amores pasados que quizá pueden volver a nuestras vidas, de matrimonios fracasados aunque no rotos, de héroes y villanos que no son ni héroes ni villanos, de corazones solitarios, de vidas destrozadas, de desesperanza, de viajes sin retorno, de heridas que supuran y agonizan...y , ante todo, de personas corrientes - o no tanto - que deben seguir respirando para sobrevivir a este valle de lágrimas.             

lunes, 22 de diciembre de 2014

Treinta doblones de oro. Jesús Sánchez Adalid. Ediciones B. 2013. Reseña





     El extremeño Jesús Sánchez Adalid, sin duda el gran dominador de la novela histórica en nuestro país durante los últimos años merced a sus numerosos relatos sobre la libertad y la convivencia entre los distintos credos y razas durante la Edad Media y Moderna, narra en Treinta doblones de oro la historia de Cayetano Almendro Calleja, joven escribano y contable de una familia arruinada de la también venida a menos Sevilla de 1680. El ganador de varios premios de novela histórica por trabajos como Alcazaba, El alma de la ciudad, La sublime puerta o El mozárabe, utiliza la técnica del relato omnisciente en primera persona para que sea el propio protagonista de la historia, Cayetano, quien nos cuente de primera mano sus desventuras por la Sevilla de fines del siglo XVII.

     Treinta doblones de oro es, como siempre sucede en las novelas de Adalid, un fiel relato de la España de la época tratada. Un cuadro realista de los sucesos que en nuestras tierras acontecieron en un pasado que nunca conviene olvidar. En este caso, nos lleva a una decadente Sevilla, desplazada de su pretérita preponderancia por Cádiz, cuyo puerto sustituyó al sevillano como centro de operaciones desde mediado el siglo XVII. De esa Sevilla deben salir él, su amada Fernanda, su ama, doña Matilda, viuda de don Manuel de Paredes y Mexía, y el administrador de la casa, don Raimundo, para hacerse cargo en la isla de La Palma de una herencia en forma de finca que debe ser el comienzo de una nueva vida para todos ellos tras ser desahuciados de la que había sido su hogar durante los últimos tiempos.

     La extrema ruina económica tanto de la familia como de todo el país, cuya situación recordará al lector la España actual de tal manera que quedará perplejo, les obliga a navegar hacia Canarias vía norte de África, acompañados por dos frailes trinitarios que deben hacerse cargo del puesto que ha quedado vacante en La Mamora, una población-fortaleza española de apenas tres cientos habitantes cristianos que viven aislados de los árabes, que los rodean y sitian de vez en cuando en busca de cautivos. Su forma de vida. 

     La desgracia querrá que justo durante la que iba a ser breve estancia en la fortaleza se produzca el mayor de todos los ataques, que pondrá fin de forma dramática a la dominación española del enclave norte-africano. Las tropas del sultán Mulay Ismail los apresarán y los llevarán a Mequinez, la capital de su sultanato. Allí deberán subsistir de la mejor manera posible en espera del pago de su rescate por los frailes trinitarios que, según se dice, viajan ya hasta tierras africanas para hacer efectivo el pago que los redima.

     La exacerbada religiosidad de los cristianos de fines del siglo XVII se hace patente a lo largo de toda la novela. Pese a las cada vez mayores dificultades y situaciones límite a las que se ven sometidos los protagonistas, siempre aparecen la fe y la esperanza para iluminar el camino hacia un futuro mejor para todos. La imagen del Jesús Nazareno de La Mamora emergerá en cada ocasión para mantener los ánimos cristianos en territorio beréber. 

     Y es que, en medio de tanta pobreza, corrupción y ruina - tanto moral como económica -, el siglo XVII vio nacer lo que se conoce como Siglo de Oro de las letras y las artes españolas, destacando figuras como las de Góngora, Quevedo, Cervantes, Lope de Vega o Calderón de la Barca; y también las de Juan Martínez Montañés y Juan de Mesa, máximos exponentes de la imaginería barroca española y autores de varias de las más importantes imágenes de Cristos y Nazarenos. Otro fiel retablo de las creencias de los españoles de la época.

     Estamos ante una novela muy bien escrita, que utiliza la narración en primera persona y presenta el vocabulario de la época de manera precisa. Una narración amena, descriptiva, reflexiva y hasta apasionada en diversos momentos de la trama. Con unos personajes que resultan cercanos y totalmente creíbles. Y que muestra con pelos y señales las vivencias de un país para el que cualquier tiempo pasado fue, sin duda, mejor. Mucho mejor.

     Además, como anexo, el autor incluye unas notas históricas que harán las delicias de los lectores más ávidos en dicha materia y que, en caso contrario, tampoco aburrirá, al explicar y hacer entender mejor todo aquello leído en la novela. Todo ello para ilustrar mejor si cabe las desventuras de Cayetano, Fernanda, etc, y hacer bueno aquel manido dicho español que afirma que Dios aprieta pero no ahoga. Que este botón sirva de muestra... 

lunes, 15 de diciembre de 2014

El viaje del elefante. José Saramago. Alfaguara. 2009. Reseña





     El escritor portugués José Saramago - Premio Nobel de Literatura en 1998 - acudió a la Universidad de Salzburgo para dar una charla a un grupo de estudiantes. Tras la charla, cenó en un restaurante de nombre El elefante decorado a base de figuras de paquidermos. El bueno de Saramago no pudo evitar preguntar sobre ello. Los motivos decorativos - pequeñas esculturas de madera puestas en fila - hacían referencia al poco conocido viaje de un elefante llamado Salomón desde Lisboa hasta Viena a mediados de siglo XVI. De ahí nació el libro a reseñar.

     En 1551 la reina de Portugal, doña Catalina de Austria, propuso a su esposo, Juan III, aprovechar la presencia en la Valladolid de Carlos V de su primo, el archiduque Maximiliano de Austria, futuro emperador alemán, para completar un anterior regalo de bodas que no le acababa de convencer ni a ella misma. El presente consistió en un elefante asiático (indio) de nombre Salomón (en honor al sabio rey Salomón). Los reyes portugueses mataban, así, dos pájaros de un tiro: se acercaban más al primo de la reina y, de paso, se deshacían de la presencia de un paquidermo que, pasado un primer momento de alegría y expectación, se había convertido en un problema.

     La novela narra de forma pormenorizada la epopeya vivida por el elefante y el séquito de acompañantes y cuidadores del animal a través de la Europa de mediado el siglo XVI. Un auténtico absurdo en el que nadie parece caer a lo largo de los seis meses que duró la gran caminata. Pese a ser una novela histórica, Saramago aprovecha el hecho del viaje en sí para volver a abordar temas ya conocidos en su obra, como la mezquindad humana, las flaquezas, las desigualdades, el egoísmo o la falta de compasión. Una nueva reflexión sobre la imperfección de las personas a través del humor y la ironía.

     El escritor nos muestra cómo eran las sociedades de los países por los que discurrió la caravana que acompañó a Salomón. Desde la Lisboa y el Portugal de Juan III hasta la Viena imperial, pasando por la España de Carlos V y una Italia en plena lucha contra un luteranismo que amenazaba con destruir las bases de la Iglesia católica del momento - como así acabó ocurriendo, dicho sea de paso, por fortuna -. Todo ello, como ya se ha señalado con anterioridad, haciendo gala de una sorna y una burla que otorgan a la novela un punto extra de interés.

     Los personajes más poderosos de cada una de las sociedades de la época son objeto de discreta (o no) burla por parte del autor. Hasta el punto de que no en pocas ocasiones han de ser simples lacayos, con la máxima sensibilidad posible, quienes les saquen de errores poco creíbles en casos provenientes de tan alta alcurnia. Por no hablar de Subhro, el cornaca o conductor del paquidermo, quien a lo largo de toda la novela haca gala de una locuacidad y una inteligencia bastante más elevadas que la de los altos mandatarios a los que sirve.

     En efecto, Subhro, un cuidador de elefantes que acompaña siempre a Salomón, donde quiera que él deba ir, se permitirá aconsejar a los capitanes de los pelotones portugués, primero, y austriaco, después, e incluso a reyes y archiduque. Hecho este que deja patente que todos los humanos somos imperfectos y que, en realidad, lo que nos diferencia es, más que la inteligencia y el buen hacer, la pertenencia a una clase social u otra.

     Lo que más me ha gustado de la novela es la descripción psicológica de los personajes, con todos los matices y peculiaridades individuales que ellos conllevan, y la forma de abordar la relación entre paquidermo y cornaca, Salomón y Subhro. Y es que merced a ello el elefante acaba por poseer mayores atributos humanos que muchas de las personas (o personajes) que forman parte de la acción narrada. Y, gracias a algunas de sus acciones, llega a conmover al lector como no lo hacen los humanos. Algo más sobre lo que reflexionar tras la lectura de la obra.

     Para finalizar, me quiero centrar en la forma de escritura utilizada por Saramago en El viaje del elefante. Pese a estar narrada en pasado, el autor hace una serie de incisos desde el presente de la acción, lo que nos acerca a los pensamientos de los protagonistas y a sus acciones. Pero es que, además, encontramos otros incisos a base de explicaciones históricas sobre hechos pasados (y también futuros) que también nos llevan a estar presentes en los ambientes descritos. Lo cual convierte al autor en un narrador pleni-omnisciente (por decirlo de alguna manera) que no conoce únicamente el pasado y el presente, sino también el futuro. No un futuro inmediato, no, sino un futuro de incluso varios siglos. Así, encontramos referencias a las incursiones cartaginesas de la mano de Aníbal, pero también a alguna película de Vittorio Mussolini, hijo del dictador italiano y también productor cinematográfico.

     En resumen: aunque intuyo que no estamos, ni de lejos, ante una de las mejores novelas del Premio Nobel portugués, pienso que está bien como aproximación a su obra. Aunque, claro, la mayoría de vosotros pensareis, con toda la razón del mundo, que cualquier obra es válida para acercarse a un genio de tal magnitud. Pues eso: sigamos leyendo obras de este escritor, periodista y filósofo que, como destacó la Academia Sueca al concederle el premio Nobel, es capaz de volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía.    

         
             

martes, 9 de diciembre de 2014

Días de Nevada. Bernardo Atxaga. Alfaguara. 2014. Reseña





     El escritor guipuzcoano Bernardo Atxaga, conocido hasta ahora por obras como Obabakoak - Premio Nacional de Narrativa en 1989 -, El hijo del acordeonista - Premios Mondello y Grinzane Cavour en 2004 - o Siete casas en Francia (2009), miembro de la Academia de la Lengua Vasca y autor traducido a treinta y dos lenguas ha deslumbrado al público con la reciente publicación de un trabajo autobiográfico y de viajes que se ha colocado como uno de los libros de este 2014 que ya casi toca a su fin.

     La obra pone de manifiesto todo aquello que una persona siente cuando se desplaza a vivir a un nuevo lugar, aunque solo sea temporalmente, con lo que ello conlleva, especialmente la morriña y el retorno de recuerdos de infancia, juventud o ya plena adultez que, en algunos casos, parecían olvidados en la mente del viajero. Hasta que, por arte de magia, vuelven a aparecer al ocurrir en el presente una situación que enciende la bombillita del cerebro del referido individuo.

     En la novela de Atxaga los sucesos del presente - situado entre agosto de 2007 y junio de 2008 en la ciudad de Reno, Nevada, USA - nos hacen retornar al País Vasco de décadas anteriores de la mano de una narración original, conmovedora y realmente atractiva. Sin duda, el autor ha hecho en esta obra un gran trabajo de reflexión, hilvanando una historia que entrelaza presente y pasado, desierto y monte, marrón aridez y verde boscoso, Nevada y País Vasco con una maestría al alcance de muy pocos elegidos.

      Con un lenguaje directo, sin artificios, unas descripciones minuciosas de sensaciones, ambientes, personajes y recuerdos - incluso oníricos -, un sentido del humor afilado y en ocasiones causante de carcajadas y una elocuencia digna de mención, Atxaga nos transmite el temor familiar vivido ante una oleada de violaciones y hasta un asesinato en su barrio de residencia en Reno, la sensación de inmensidad del desierto de Nevada, la curiosidad por conocer en vivo la lucha por la supremacía demócrata en USA entre Hillary Clinton y Barack Obama, la desaparición del héroe nacional Steve Fossett en pleno desierto o el ambiente en torno a la presencia de las tropas norteamericanas en Irak y Afganistán.

     Pero también los recuerdos de su País Vasco natal: la enfermedad y muerte de su padre y la de un demasiado joven primo, sus primeros bailes y sus primeras chicas, sus primeras amistades - algunas de ellas muy duraderas en el tiempo -, la música que le ha ido acompañando durante toda su vida, su madre leyendo aquellos volúmenes del Reader´s Digest, la historia familiar del conocido boxeador Paulino Uzcudun o la forma de vida de los pastores vascos.

     Todo ello mientras asiste, desde la distancia, al lento declive de su anciana madre, con la que casi resulta imposible comunicarse vía telefónica ya que está como en otro planeta debido a su estado de (semi) ausencia. El autor establece una serie de conexiones entre todas y cada una de las historias que, a modo de piezas de puzzle, van encajando antes o después ayudándonos a comprender mejor la personalidad de este magnífico escritor. Los caballos, el boxeo, la música, la literatura y el amor a su familia y a su tierra de origen nos acercan a él de forma tal que, también como personaje de la novela, se convierte en un personaje carismático y a la vez humilde, de alta capacidad intelectual, deseoso de conocer todo lo posible de aquello que le rodea y escrutador de cada mínimo detalle.

     Días de Nevada constituye un magnífico retrato de su autor, pero también una completa guía turística de Reno y sus alrededores - en ella se encuentran excursiones a San Francisco, Las Vegas, Virginia,  el extenso desierto de Nevada y sus zonas escarpadas y las escasas pero todavía presentes minas y reservas indias -; una revisión de las vidas de personajes conocidos, como los boxeadores Paulino Uzcudun o Ringo Bonavena, la saga de poetas de origen vasco Laxalt (Dominique, Robert y Bruce) o el referido hombre-récord Steven Fossett; y un repaso a los músicos y cineastas de las últimas cuatro décadas.

     En definitiva, Días de Nevada es una novela muy intimista sobre la multitud de vivencias, experiencias, historias y emociones que van creando entre sí vínculos personales, espaciales y temporales que tienen como consecuencia la creación de la personalidad de las personas. Una personalidad que sería diferente únicamente eliminando alguna de las características anteriormente reseñadas. Y es que es esa suma de elementos, que permanecen indelebles en nuestro cerebro, la que nos hace ser tal y como somos. Por ello se afirma que no hay dos personas iguales en el mundo...
     

miércoles, 3 de diciembre de 2014

25 años sin Fernando Martín: del hombre al mito





     Recuerdo perfectamente aquella tarde. Yo tenía 14 años, estaba loco por el deporte en general y el baloncesto en particular. Me disponía a ver el partido de la ACB entre el Real Madrid y el CAI de Zaragoza. Cuando TVE conectó con el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid para el previo del encuentro dieron la noticia: un jugador del Real Madrid acababa de fallecer en accidente de tráfico camino del partido. Las primeras informaciones eran confusas. No se sabía a ciencia cierta la identidad del fallecido. Se especuló con que fueran Fernando Romay o Quique Villalobos.

     A los pocos minutos se hizo oficial: Fernando Martín, el primer español en jugar en la NBA - y el segundo europeo - había muerto al estrellarse con su Lancia Thema en la M-30. Iba a recoger a Villalobos para ir juntos al Palacio. Sus dolores de espalda le impedían jugar aquel partido, aunque iba a estar en el banquillo para animar a sus compañeros. Pero no llegó.

     Aquella tarde fue larga, muy larga. Nadie podía creer lo ocurrido. El partido fue suspendido y en una silla del banquillo madridista apareció la camiseta con el número 10, el de Martín, y una rosa. La gente que había acudido al pabellón lloraba desconsolada al conocer la noticia. En aquella época, sin internet ni teléfonos móviles, era más difícil enterarse de las noticias. Casi todos supieron lo ocurrido allí mismo. Las escenas vividas, con TVE en directo, fueron realmente emocionantes. Pronto hubo conexiones con el lugar del accidente. El ocupante del vehículo contra el que chocó Martín estaba grave. Al final sobrevivió y pudo volver a su vida normal, aunque pasó una temporada en el hospital a causa de las heridas.

     En la televisión se sucedieron, durante la tarde y la noche, imágenes de partidos y jugadas de Fernando Martín. Con el Estudiantes, con el Real Madrid, con los Portland Trail Blazers y con la selección española. El baloncesto en aquella época había alcanzado casi al fútbol en índices de popularidad y seguimiento. Estaban muy frescos los éxitos del equipo nacional - como Antonio Díaz-Miguel siempre decía - en los últimos tiempos: la plata olímpica en Los Angeles 84 y la plata europea en Nantes 83. Además, el propio Martín había estado en la NBA hasta hacía apenas dos años y medio. Era el jugador europeo más conocido del momento - junto a Sabonis y Petrovic, que también moriría en accidente pocos años después tras jugar en el Real Madrid y en los Portland Trail Blazers entre otros - y el país quedó en estado de shock.

     A su entierro acudieron representantes de todos los clubs e instituciones deportivas del país, entre ellos jugadores del FC Barcelona como Epi y Audie Norris, su gran rival en la pista, con quien había dirimido duelos épicos. El norteamericano apenas pudo disimular las lágrimas. Sus compañeros de selección y del Real Madrid estaban si cabe más impactados por su repentino y trágico fallecimiento. Sobre todo su hermano, Antonio, quien se convirtió en el gran protagonista de las ceremonias.

     Fernando Martín nació 27 años antes en Madrid. Deportista nato, despuntó en el colegio en balonmano y en natación (llegando a proclamarse campeón de Castilla en su categoría hasta en cinco ocasiones), aunque su vida fue el baloncesto. En 1977 llegó a las categorías inferiores del Estudiantes. Debutó en la ACB en 1979 de la mano del conjunto estudiantil, con el que llegó a la titularidad siendo todavía junior y se proclamó subcampeón de la competición en la temporada 1980-81. Ese mismo año debutó también con la selección absoluta de la mano de Díaz-Miguel. Y, como en tantos otros casos a lo largo de la historia, el Real Madrid se hizo con los servicios de la joven perla estudiantil.

     En el Real Madrid consiguió los títulos ligueros de 1982, 84, 85 y 86, las Copas de 1985, 86 y 89, la Recopa europea de 1989 y el Mundial de Clubes de 1982. Ese mismo año se proclamó subcampeón de la Copa de Europa. Se convirtió en el mejor pívot español de la época - y en uno de los mejores de Europa - pese a sus escasos 2,05 de estatura. Poco en comparación a los Romay, Sabonis, Tachenko y compañía. Su manera de jugar, su garra y su lucha hizo que se fijaran en él varios ojeadores de la NBA. 

     En 1986 se convirtió en el primer español en jugar en la NBA. Las lesiones y la poca confianza que por aquel entonces tenían en los foráneos los entrenadores estadounidenses hicieron que su estancia en Portland fuera bastante poco exitosa. Jugó 24 partidos, distribuidos en 146 minutos, en los que anotó 22 puntos y capturó 28 rebotes. En 1987 retornó al Real Madrid, con el que consiguió la Copa del Rey y la Recopa de Europa de 1989. El Barcelona de Epi, Solozabal y Norris reinaba en la España baloncestística del momento.

     El 3 de diciembre de 1989, hace hoy 25 años, murieron la persona y el jugador. Pero nació un mito: el del mejor jugador de la historia del baloncesto español - hasta la llegada de Pau Gasol -, el del eterno 10 blanco. Nadie más ha lucido el número 10 en la camiseta del Real Madrid. Más allá de sus éxitos y logros, Fernando Martín formó parte de una generación, de la que fue su líder, que tendió el puente que ha servido al baloncesto español actual para lograr medallas y títulos hasta hace poco impensables. El baloncesto de este país no sería el que es de no ser por figuras como la de Fernando Martín. ¡Que viva el ba-lon-ces-to!