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viernes, 14 de agosto de 2026

Comerás flores. Lucía Solla Sobral. Libros del Asteroide. 2025. Reseña

 




    Comerás flores, de Lucía Solla Sobral, se convirtió el pasado año en uno de los libros revelación en nuestro país. Recibió el Premio Cálamo como libro del año y el Premio El Ojo Crítico de Narrativa. Los jurados destacaron la lucidez, madurez y originalidad de la autora, la crítica contra el amor romántico y el retrato de los mecanismos psicológicos de la manipulación en parejas con relaciones desiguales. Aunque se trata de una obra de ficción, contiene varias temáticas que sí son reales e incluso auto biográficas. Como el duelo de la protagonista, Marina, tras el fallecimiento de su padre cuando ella tenía 25 años de edad. En cuanto a la descripción de la relación entre los grandes protagonistas de la novela, Marina y Jaime, la autora se basó en vivencias personales y ajenas, es decir, en testimonios reales de amigas y conocidas de su entorno. Una mezcla de vivencias diferentes que se fusionan en pos de dar una gran verosimilitud a la trama. Demostrando, una vez más, que la realidad supera a la ficción.

    Tal y como reconoce la coordinadora de El Club de las Letras Salvajes, escribió dos párrafos en el taller de escritura creativa de la también escritora Marta Jiménez Serrano, quien la convenció de que el tema daba para alargarse hasta acabar convirtiéndose en una novela. Y qué novela. Una que llama la atención ya desde su misma portada, donde se aprecia a una joven inerte, muerta, atravesada por una gran flor. El significado parece estar claro: te ofrecerán muchas y bonitas flores, te las tendrás que comer y finalmente perecerás. En efecto, queda patente, ya antes de comenzar la lectura del libro, que este no es un libro para disfrutar. Por lo menos por su temática, que es dura, bastante dura. Otra cosa bien diferente es el estilo y la narrativa: ahí sí se disfruta, y a lo grande, gracias a su lirismo y su prosa poética. Sí, la autora gallega afincada en Oviedo deja claro que es una escritora como la copa de un pino. Una autora a la que habrá que seguir de ahora en adelante bien de cerca.

    Al comienzo de la narración Marina todavía tiene 24 años, es valiente y decidida y ha perdido a su padre solo unos meses atrás. El duelo no resuelto la deja en una situación de vulnerabilidad afectiva que la echa en brazos de Jaime, que tiene 20 años más que ella. La juventud, la ingenuidad y la precariedad económica de ella -comparte piso con su mejor amiga, Diana, y trabaja en una agencia de marketing digital y, aunque independiente, subsiste como puede ya que su salario no es muy elevado- contrasta con la adultez, la experiencia en la vida y la situación económica y laboral de él -renombrado compositor de atmósferas-, quien, además, es un consumado manipulador capaz de encantar y deslumbrar a cualquier mujer, máxime a una que tiene la misma edad que su hija, Jimena, y que, por tanto, sucumbe ante la adulación de un ser que, poco a poco, se irá mostrando como lo que es: un hombre egoísta, narcisista, violento, tóxico e insano.

    Así, lo que al principio eran flores, alabanzas, regalos caros, comidas y cenas en buenos restaurantes, viajes y alojamientos en hoteles exquisitos y una vida en bandeja de plata para Marina, se va convirtiendo con el paso del tiempo en un mero espejismo, en una relación de sumisión, miedo, terror por momentos, anulación y pérdida de la identidad, toxicidad, sustitución del amor inicial por el abuso final, amenazas y coacciones. Marina, casi sin darse cuenta y sin querer, deja de salir con sus amigos y amigas, rompe su amistad con Diana, deja el piso que compartía con ella, se va a vivir a la magnífica casa de su novio, donde convive con la hija de él, que tiene su misma edad, cambia radicalmente de vida y se sume en una auténtica montaña rusa de emociones al pasar, a veces en cuestión de segundos, de tocar el cielo a hundirse en un purgatorio. Jaime siempre le compra prendas más grandes que su talla, le hace el vacío cuando ella no se comporta como él quiere, la obliga a comer carne y pescado siendo vegana porque luego no me sigues en la cama y pone el coche a doscientos cuando se enfada con ella.   

    Comerás flores trata diversas temáticas, algunas de las cuales guardan relación entre sí. A saber: las diferentes caras del amor -Jaime es tan halagador y encantador como manipulador y temible-; la llegada del desencanto, de la frustración, del desamor, del miedo, del odio; la amistad como refugio -que se lo digan a Marina respecto a su amiga Diana (que la advierte de que más que un novio Jaime parece un padre, un padre chungo), su nuevo jefe, Martín, que la apoya en todo, o Eduardo, a quien conoce en un festival de música cuya ambientación corre a cargo de Jaime-; la dificultad que supone haber de compartir el amor de tu pareja con el de una hija que tiene tu misma edad pero que no tiene nada que ver contigo y que, además, te crea repulsión; la peligrosidad de los manipuladores, detallistas, atentos y carismáticos, que se ganan a tu madre y hermanos, dejándote fuera de lugar cuando vienen mal dadas; la angustia que supone que te obliguen a comer algo que luego has de vomitar porque te hace daño; o cómo pintarlo todo del color de rosa te obliga finalmente a tragar cuando todo se vuelve negro y no ha sido precisamente de repente pero tú has preferido callar por vergüenza. 

    Sin embargo, no todo es negativo en la vida de Marina. Todo lo que le ocurre fuerza una reacción en ella. El desequilibrio de poder y el refuerzo intermitente -las idas y venidas, las peleas y las reconciliaciones, los silencios y los gritos- conllevan, a la fuerza ahorcan, un proceso de maduración de su parte. Una maduración que se apoya en la fiel compañía de Frida, su perra, que tiene una mayor importancia de la que se pudiera imaginar en un principio; en los pocos amigos que todavía conserva tras haber sido abducida por su novio; en los constantes recuerdos de su padre, que sigue presente en su vida y en su toma de decisiones aunque haya muerto; y en la familia, que comparte con ella ese duelo inacabado e insuperable que hace que en algunas cuestiones cada uno vaya a su rollo pero que también los acerca cuando la situación así lo requiere. En definitiva, que la novela hace bueno aquello de que Dios aprieta pero no ahoga. 

    Hay muchas grandes novelas que destacan por su temática y su contenido (el fondo). Otras lo hacen por su estilo y su narrativa (la forma). Pero solo unas pocas mezclan ambos aspectos para crear una obra perfecta o casi perfecta. Es el caso de Comerás flores, de Lucía Solla Sobral. Porque estamos ante una historia en la que es igual de importante lo que se cuenta que cómo se cuenta. Solo así es posible que una historia complicada, fea, angustiosa, acabe haciendo disfrutar al lector. Un lector que se cabrea con las situaciones por las que la protagonista ha de pasar -en parte, obviamente, por su culpa- y que, a la vez, se maravilla con la belleza con la que se cuenta todo ello. Una prosa que convierte lo feo en bonito. Que hace que todo lo duro que se nos cuenta sea finalmente más llevadero. Que nos deja varias frases y varios párrafos de los que se suelen subrayar, fotografiar, copiar y compartir con los familiares, amigos y conocidos. Frases y párrafos capaces de mantenernos a salvo durante la peor de las tormentas. Leed Comerás flores. Y si lo regaláis junto a una rosa, al más puro estilo de Sant Jordi, mejor que mejor.