miércoles, 10 de junio de 2026

Insolación. Emilia Pardo Bazán. Mondadori. 2000. Reseña

 




    Publicada por primera vez en 1889 y recibida con ferocidad por parte de la crítica y la sociedad de su época, Insolación, de la escritora, ensayista y periodista gallega Emilia Pardo Bazán, se ha ido revalorizando con el paso del tiempo. Su feminismo resultó transgresor y crítico con la doble moral decimonónica y fue objeto de comentarios y críticas durísimas, como la que recibió de Leopoldo Alas Clarín, que calificó a la obra como un lugar intermedio entre la obra artística y la pornográfica. Dicha calificación, viniendo de un autor tan anticlerical como fue el escritor de La regenta, evidencia el ambiente de mala, malísima acogida que hubieron de soportar tanto la novela como la propia autora. La mayoría de las críticas hicieron hincapié en la falta de decoro y en el exceso de libertad -rayando el libertinaje- de la protagonista. Lo cierto es que, leída en la actualidad, cuesta creer que se pueda aludir al desenfreno o a la falta de respeto hacia los demás por su parte, ya que se trata de alguien que se hace la cabeza trizas con tal de buscar la manera de hacer las cosas de la manera más recatada e invisible posible. 

    Asís Taboada, marquesa de Andrade y viuda del marqués desde hace dos años, vive una vida monótona y aburrida. Sale poco y siempre a casa de familiares y conocidos. Como a la tertulia general de la casa de la duquesa de Sahagún. Allí coincide, por ejemplo, con el comandante de artillería don Gabriel Pardo de la Lage, quien opina que los españoles son como animales y que en el país reinan las corridas de toros, las ferias, las fiestas y, en definitiva, la jarana y la pandereta. Es un personaje que se mantiene a la espera de que llegue el momento oportuno para pedir una relación formal a Asís. Un pretendiente, vamos. Uno de esos progresistas que defienden el feminismo siempre y cuando sus avances no los afecte a ellos directamente. Al final, cuando descubre que la protagonista tiene un romance con otro hombre, piensa en voz alta: me ha engañado la viuda... Yo que la creía una señora impecable... En fin, cosas que suceden en la vida: chascos que uno se lleva. Cuando pienso que a veces se me pasaba por la cabeza decirle algo formal...

    Ese otro hombre es Diego de Pacheco, un gaditano al que también conoce de las tertulias de la casa de la duquesa de Sahagún y que con su acento y su buen hacer con el sexo femenino encandila a la más pintada. Incluso a una marquesa que, tras siete años de matrimonio con su tío, mucho más mayor que ella, lleva dos años de viudez, tedio y multitud de convencionalismos. La presa perfecta, vaya, para alguien cuya mayor virtud en este mundo es saber trastornar la cabeza de las mujeres. Un hombre de quien hasta la propia protagonista piensa que es altanero, mequetrefe, inútil, tarambana e insoportable. No obstante, su gracia, salero y desparpajo la hacen sentir una creciente curiosidad hacia él. Y, claro, la curiosidad mató al gato, en este caso, a la marquesa de Andrade. Una mujer viuda, rica, libre, bella, alma serena, una perita en dulce en un mundo pícaro que hace de ella una mujer deseable en todos los sentidos de la palabra.

    La contraposición en los comportamientos y las actuaciones de los dos pretendientes de Asís -uno, más mayor y con la vida económicamente resuelta; el otro, un joven vivalavirgen sin oficio ni beneficio- es uno de los puntos fuertes de la novela. Pero no el único. El estudio psicológico de los tres protagonistas principales roza el estudio espiritualista, incluyendo sus propios pensamientos y maquinaciones, especialmente en los casos de Gabriel y Asís. Sin embargo, el punto fuerte, el elemento central y básico de la obra es el retrato psicológico de la propia Asís y de la sociedad y de la ciudad de Madrid -sus calles, palacios, parques, merenderos, iglesias y ermitas-, que se convierte en un personaje más de la novela. Asís siente curiosidad y detesta a la vez al gaditano. Ansía verlo, pero trata de rehuir sus citas, algo que no puede evitar. Le resulta un hombre irresistible. Y, como último recurso, cuando se siente ya flaquear y estar a punto de caer rendida ante él, decide adelantar su regreso a su Vigo natal, donde pasa todos los veranos. Huir a Vigo es su única salida antes de sucumbir definitivamente.

    La acción de la novela comienza in media res, es decir, en la mitad de la historia, cuando Asís y Pacheco ya se han conocido y han pasado juntos el día de la romería de San Isidro. Cuando una copiosa comida en un merendero cerca de la ermita de San Isidro le provoca una insolación que en realidad es una enorme mareo provocado a su vez por una fuerte resaca a causa de los licores que han acompañado a la comida. Durante esa noche se ha sentido como si fuera en un barco, sufriendo una modorra invencible. Considera al gaditano el gran culpable de lo sucedido. Decide remediar el daño sufrido y dejar de lado a su acompañante, del que opina que es un pillo. Siente un gran remordimiento y una gran culpabilidad por lo ocurrido durante esa noche. Una noche en la que realmente no ha sucedido nada grave a ojos de la actualidad, pero sí a los de finales del siglo XIX. Unos ojos que no veían de igual manera una borrachera de un hombre que una simple resaca en una mujer.

    En efecto, Pacheco es un tipo calculador, un embaucador. Pero no es menos cierto que Asís es una chica joven, caprichosa y malcriada que todavía no ha vivido lo que a una chica de su edad correspondería haber vivido. Su matrimonio con un señor que le doblaba la edad -y más-, los siete años pasados junto a él y los dos que lleva de viuda la han obligado a vivir una vida diferente de la esperada. Su alta posición social ha propiciado que tampoco haya tenido que trabajar. Conoce muy poco o casa nada de la vida. Y ello la hace propicia a caer en las redes de cualquier ser aprovechado y malintencionado. A lo cual hay que añadir la curiosidad que siente hacia alguien absolutamente diferente al resto de personas que se mueven en sus estrechos e inamovibles círculos sociales. En definitiva, que en la vida todo pasa por algo. Y estaba escrito que a ella le iba a ocurrir lo que le ocurre. Por ejemplo, en las páginas de una novela de Emilia Pardo Bazán.

    Digo esto último por la correspondencia final que la también escritora Ángeles de Irisarri envía a la protagonista de la novela más de cien años después del desarrollo de esta historia. Una carta demoledora, mucho más feminista -los tiempos han cambiado mucho, y en este aspecto, para bien- que la propia obra de Pardo Bazán y que reprende a la joven por su forma de actuar a lo largo de la novela. Esta carta no aparece en todas las ediciones de la obra -obviamente, tampoco en la original-, pero merece la pena leerla. Completa y complementa muchas de las acciones y decisiones descritas en la obra. Critica en algunos aspectos a la autora, pero (sobre todo) avisa a la protagonista de lo que está por venir en su vida a tenor de la decisión tomada en las últimas páginas de la novela. Ruego encarecidamente que el lector busque esta misiva final en cualquier otra edición si la que posee no la incluye. No tiene desperdicio alguno. Como tampoco la tienen Insolación y la propia autora. Autora de la que servidor leerá, Dios mediante, más obras.                  

  

jueves, 4 de junio de 2026

El nombre de la rosa (novela gráfica). Milo Manara/Umberto Eco. Lumen. 2026. Reseña

 



    El nombre de la rosa, la famosísima novela histórica y de intriga y misterio publicada en 1980 por el italiano Umberto Eco, está inspirada en las leyendas de la Sacra di San Michele della Chiusa, complejo arquitectónico monástico erigido en la cima del monte Pirchiriano, en el Piamonte (norte de Italia). En febrero del presente año, coincidiendo con el décimo aniversario de la muerte de Umberto Eco y con el cuarenta aniversario del estreno de la película dirigida por Jean-Jacques Annaud y protagonizada por Sean Connery y Christian Slater, la Editorial Lumen completó el esperado segundo volumen de la novela gráfica ilustrada por Milo Manara, cuya primera entrega había sido publicada en 2023. Manara, también italiano, es uno de los maestros internacionales del cómic desde hace más de cuarenta años, cuando apareció su serie de cómics eróticos El clic (1983), que también fue adaptada al cine. Más tarde colaboró con las editoriales norteamericanas Marvel y DC Comics y con guionistas de la talla de Neil Gaiman -Sandman-, Alejandro Jodorowski -Los Borgia- y Chris Claremont -X-Men: mujeres en fuga-. En apenas unas semanas lanza su última obra: la adaptación a novela gráfica de la Odisea de Homero.

    Como la novela de Eco y la película de Annaud, la adaptación gráfica de Manara nos transporta a la Italia de 1327, más concretamente a la abadía benedictina que contiene la mayor y más completa biblioteca de la cristiandad. De aspecto inexpugnable, tétrico y frío, la abadía ha de ser el lugar de celebración de un importante cónclave que ha de regir el futuro de la iglesia. Los monjes benedictinos acogen a las legaciones franciscana y papal para debatir sobre si la iglesia ha de ser pobre o no. Sin embargo, el cónclave se ve amenazado por una serie de crímenes horrendos que provoca el terror entre la mayoría de los monjes, quienes creen ver en esas muertes la llegada del Anticristo y el inicio del Apocalipsis. Guillermo de Baskerville, monje franciscano y antiguo miembro de la Inquisición -en la primera época del Santo Oficio, en la que su misión todavía no era castigar sino iluminar-, un hombre ya de cierta edad, muy perspicaz y locuaz, investigará las muertes e instruirá a su joven novicio, Adso de Melk, que es quien escribe la historia muchos años después.

    La adaptación gráfica comienza con un pequeño cameo de Umberto Eco, un nuevo homenaje al mundo de los libros. En el papel, Eco realiza una visita al monasterio Stijt, en las inmediaciones de Melk, en agosto de 1968. Busca un antiguo y famoso manuscrito del abate Vallet que contiene otro de Adso de Melk. El viaje y la búsqueda lo llevan posteriormente hasta París y Buenos Aires, donde encuentra un librito de Milo Temesvar con numerosas citas del manuscrito de Adso. No obstante, la fuente no era el abate Vallet sino el padre Athanasius Kircher, aunque los hechos narrados sí hacían referencia a los traducidos por Vallet. Así, Eco decide fabular la historia de Adso, porque es una historia sobre libros, no de miserias cotidianas. Conociendo su amor por los libros y las bibliotecas, no es de extrañar que cualquier excusa fuera buena para él con tal de situar la acción de la novela en la abadía que alberga la mayor biblioteca de la cristiandad de 1327. 

    Guillermo de Baskerville nos muestra toda su sagacidad y humanidad durante su ajetreada estancia en la abadía. Hace valer su experiencia como inquisidor en Inglaterra e Italia para investigar los crímenes según se van sucediendo. El abad Abbone le da libertad de movimiento por todo el monasterio, excepto en la biblioteca. Hecho que le hace suponer que los libros allí contenidos son, además de ricos en cuanto a sus enseñanzas, todo un peligro para quien quiera acercarse a ellos sin ser el bibliotecario -Malaquías de Hildesheim- o su ayudante -Berengario de Arundel-. La perspicacia de Guillermo lo lleva a entender que el verdadero control sobre la biblioteca es ejercido por un monje ciego, Jorge de Burgos, uno de los personajes más oscuros de la historia. Es él quien anticipa la llegada del Anticristo y de los últimos siete días. Cree que el humor y la risa destruyen el miedo a Dios y, por ende, el orden establecido.

    Uno de los puntos fuertes de la novela es el enfrentamiento entre el dogmatismo reinante en la Curia de Juan XXII, afincado en Aviñón, defendido por personajes como Jorge de Burgos y los líderes de la legación papal -el cardenal Bertrando del Pagetto y el inquisidor Bernardo Gui-, basado en el miedo y la opulencia, y las ideas radicadas en la pobreza y la austeridad, defendidas sobre todo por los franciscanos. Un enfrentamiento que llega al clímax en una escena casi salvaje en la que ambas legaciones llegan al desprecio, al insulto y a la blasfemia. Todo ello, mientras mueren hasta seis monjes y la biblioteca se convierte en la gran protagonista de la historia. Una biblioteca con forma de laberinto. Que encierra libros prohibidos, textos de autores infieles, sustancias alucinógenas, un espejo deformante, una habitación secreta tapiada, relaciones promiscuas protagonizadas por los monjes y meretrices y, en definitiva, un mundo bastante alejado de lo que hubiera aceptado el mismísimo Dios.

    El libro segundo de la Poética de Aristóteles es una de esas obras literarias que no se sabe si existió y desapareció durante la Edad Media por cualquier motivo o si directamente nunca fue escrita. Supuestamente trataría estudios sobre la comedia como medio de la liberación anímica -catarsis-. Existe un documento bizantino del siglo X titulado Tractatus Coislinianus en el que se resume el supuesto contenido de la obra. Conservado en la Biblioteca Nacional de París, hace hincapié en la risa y el placer como depuración de las emociones. En la obra se describirían los dispositivos utilizados y la forma en que debe suscitarse la catarsis. Pues bien, el manuscrito original de ese libro es el que con tanto recelo esconde en la habitación tapiada el monje Jorge de Burgos en la ficción de la novela. El mismo que busca con ansia Guillermo de Baskerville. Y ese manuscrito es el que encierra el gran secreto que relaciona a cada una de las muertes acaecidas en la abadía durante la semana de finales de 1327 en que transcurre la historia.

    Las ilustraciones de los dos volúmenes que componen esta adaptación gráfica de Milo Manara complementan y completan la obra de Eco. Muestran toda la oscuridad de la obra original y, a la vez, iluminan zonas que antes estaban tan oscuras que a muchos lectores se les pasaban por alto. El resultado es una obra deslumbrante que mezcla lo mejor de dos auténticos genios en lo que desde ya es una obra de arte, todo un clásico del noveno arte. Si a las aportaciones de este mago del dibujo sumamos el don de la palabra de Umberto Eco obtenemos una obra sublime que combina la realidad histórica de la época -las luchas intestinas dentro de la iglesia, las persecuciones por herejía, los juicios inquisitoriales, el dilema de los actos carnales como pecado, las torturas y las quemas por brujería, etc- con la ficción añadida por su autor y que trata temas tan humanos como el amor, la pasión, la lujuria, la soberbia, el sexo, el pecado, el crimen o el misterio, obtenemos uno de los thrillers históricos más atractivos e influyentes de la Historia de la Literatura. Una Historia que no sería la misma sin personajes como Guillermo de Baskerville y Adso de Melk.